martes, 11 de noviembre de 2025
El Arlanzón a la altura del puente de Malatos
martes, 7 de octubre de 2025
Manuel Machado en Burgos
Hoy han sido dos horas de clase especiales. Siempre que puedo, me gusta contextualizar las cosas que trabajamos en literatura con recursos de todo tipo y alusiones a otras artes. El primer día, invité a mis estudiantes a salir al jardín de la Facultad, antiguo Hospital Militar de Burgos, para comprender mejor el espacio en el que desarrollaremos las clases. En este curso, que dedicamos al tiempo que trascurre desde las décadas finales del siglo XIX hasta la guerra civil de 1936 a 1939, tiene mucho sentido hacerlo por el protagonismo del espacio: la construcción de este hospital tuvo lugar en ese período, así como muchas otras cosas de las que ocurrieron por entonces (las guerras de Cuba y Filipinas, la guerra de Marruecos, la utilización del ejército en las tensiones políticas durante toda aquella época, la dictadura de Primo de Rivera, la sublevación militar de 1936 y la guerra que ocasionó, etc.). Este grupo de estudiantes es excelente: variado, motivado, dialogante y con muchas ganas de comprender las razones de lo que estudian. Me siento afortunado.
Estos días, estamos con la explicación de la poesía modernista y quise concretar algunos aspectos en la figura y en la obra de Manuel Machado (Sevilla, 1874 - Madrid, 1947) al que, por cierto, debía una entrada en este blog. Pocos autores como él definen qué es la poesía modernista en España: el impacto de Rubén Darío, la búsqueda de nuevos ritmos y fronteras para una definición diferente de la poesía, etc.; también por la dedicación a la bohemia, su estancia en París... En él se afirman algunos de los principios más vivos del modernismo que han llegado hasta nosotros y que aún influyen en una línea de poetas contemporáneos: el ritmo y la perfección formal del poema, el parnasianismo, el aire culto y la mezcla de lo español y lo cosmopolita, el cultivo de la voz poética en su relación con la propia poesía. Algunos de sus libros lo convierten en un imprescindible de la historia de la poesía española: Alma (1902), El mal poema (1909), Apolo (1911), Ars moriendi (1921).
A Manuel Machado, la sublevación militar de julio de 1936 le sorprendió en Burgos, en donde visitaba anualmente por la festividad de la Virgen del Carmen a su cuñada, monja en el monasterio de las Esclavas del Sagrado Corazón. Residía en una pensión seria de la ciudad, de esas a las que se podía ir con la familia, la pensión Filomena, sita en la calle de Aparicio y Ruiz, número 8. No tuvieron la habilidad o la oportunidad suficiente para subirse al último tren con destino a Madrid y se quedaron en la ciudad a esperar acontecimientos. La espera se prolongó hasta el final de la guerra, en 1939. Regresaron entonces a Madrid, en donde Manuel recuperó su cargo como director de la Hemeroteca y el Archivo Municipal de Madrid hasta su jubilación. Aparte de la guerra y todo lo que trajo consigo, dos acontecimientos hirieron profundamente al poeta.
En primer lugar, fue detenido el 29 de septiembre de 1936. Mariano Daranas, corresponsal del ABC en París, lo había delatado por sus declaraciones a una revista francesa que, leídas hoy, resultan inocentes, pero imprudentes en el ambiente del momento. Estuvo en prisión hasta el 1 de octubre. Su liberación se produjo por las innumerables cartas, visitas y llamadas telefónicas que intercedieron por él. Manuel no volvió a ser el mismo. En prisión tuvo la oportunidad de presenciar actos violentos y las sacas de presos camino del pelotón de fusilamiento. Supongo que su edad y la familia le inclinaron a escribir poemas de exaltación a Franco en los años posteriores.
En segundo lugar, el fallecimiento en Colliure de su hermano Antonio (22 de febrero de 1939) y de su madre (25 de febrero). La noticia le llegó a Manuel, que realizó un viaje penoso junto a su mujer Eulalia hasta la localidad francesa, en donde estuvo dos días. Aquel viaje de ida y vuelta, debió suponer una tristeza infinita.
Esta vinculación con Burgos hizo que la viuda del poeta donara su biblioteca y archivo a la Diputación Provincial de Burgos y a la Institución Fernán González, que aún custodian el legado, del que han salido interesantísimas aportaciones académicas. Por esta razón, la Institución Fernán González colocó en 2021 una placa en el edificio en el que se encontraba la pensión Filomena.
Todo esto sucedió a menos de quince minutos andando del aula en donde imparto estas clases. El parque de la Isla, el conocido Palacio de la Isla levantado por el banquero Juan Muguiro y Casi y su esposa Francisca Muguiro y Cerragería en 1883 como vivienda de verano al que seguro que fueron invitados en ocasiones anteriores Manuel y Eulalia y que pasó a convertirse en la residencia de Francisco Franco y sede de la sección política de su gobierno tras la sublevación; el edificio en el que se encontraba la pensión Filomena; el convento de las Esclavas del Sagrado Corazón; la antigua estación del ferrocarril... He visitado hoy estos lugares con mis alumnos, caminando de uno a otro, y hemos hablado de poesía, pero sobre todo de la personalidad de Manuel y de sus vivencias en aquellos años. Cuando hemos leído algunos de sus textos ante la que fue la pensión en la que residió, nos hemos preguntado todos qué habríamos hecho en su lugar, qué hubiera pensado cada uno de nosotros en la prisión burgalesa aquellos días de septiembre y octubre de 1936; cuál hubieran sido nuestros pensamientos en el viaje de ida y vuelta a Colliure; el lamento interno del poeta por haber perdido aquel último tren hacia Madrid; la definitiva aceptación de la situación; el regreso definitivo a la capital en 1939 y las sensaciones al volver a ocupar el despacho correspondiente al cargo que había dejado en 1936. La pérdida de su hermano y de su madre en el exilio...
miércoles, 20 de octubre de 2021
Pasear
Dicen que Unamuno gustaba de pasear solo, las manos unidas a la espalda y la cabeza hacia adelante. A Machado, que llevaba siempre una cartera con un cuaderno para anotarlo todo, le gustaba también pasear solo para hablar consigo mismo con la esperanza de hablar con Dios un día. Mi vida también está llena de paseos solitarios, sin la intención urgente del primero y sin la esperanza del segundo. Me gusta pasear no para pensar, sino para dejar de hacerlo. Desprenderme de las palabras, de las imágenes, escuchar la naturaleza o mirar el color de las hojas de los árboles.
La fotografía de la imagen corresponde a una de las entradas del parque del Parral de Burgos, la que está enfrente de la ermita de San Amaro. Según la leyenda, Amaro fue un peregrino francés que en su camino de regreso desde Santiago de Compostela a su patria, decidió quedarse en Burgos. Es difícil saber si existió realmente. Las historias que se le adjudican son las mismas que las de otros peregrinos cristianos medievales. Siempre que la cancela de la ermita está abierta, entro. Me gusta ese espacio. Burgos todavía tiene lugares muy próximos al centro de la ciudad en los que se encuentra uno fuera del tiempo, carreteras de entrada a la ciudad en las que todavía se cultiva el campo al pie mismo de los primeros edificios modernos.
Suelo pasear para dejar de ser. A veces, lo consigo y me encuentro feliz.
viernes, 25 de enero de 2019
Sublevación de fincas
martes, 7 de febrero de 2017
Los parques románticos. El Paseo de la Isla de Burgos en riesgo.
miércoles, 14 de septiembre de 2016
El Hospital Militar de Burgos reconvertido en Facultad universitaria. Y una piña.
martes, 24 de mayo de 2016
piel en el encuentro con los clubs de lectura de Burgos
lunes, 24 de noviembre de 2014
De nuevo sobre el patrimonio histórico y el comportamiento de las instituciones públicas. La ruina de la plaza del Sobrado de Burgos.
lunes, 13 de enero de 2014
Vieja política y ciudadanía nueva
domingo, 12 de enero de 2014
El bulevar
miércoles, 11 de diciembre de 2013
El paseante descubre la Catedral de Burgos
martes, 5 de mayo de 2009
Brgs y Rosa de Lima

lunes, 15 de diciembre de 2008
Un poco de política local, pero no sólo.
viernes, 25 de abril de 2008
Nuevos usos para el burgalés Palacio de la Isla
Es curioso cómo algunos usos marcan un edificio en la memoria colectiva. En este inmueble burgalés, fijó su residencia Franco en los dos últimos años de la Guerra Civil española, cuando el avance de las tropas sublevadas contra el gobierno republicano le animaron a trasladar la sede de su gobierno provisional, que hasta entonces se fijaba en Salamanca, ciudad más cercana al refugio de Portugal que hubiera sido su destino si la solución de la guerra hubiera sido distinta. De hecho, fue aquí donde se redactó y firmó el parte que daba fin a la guerra , que se leería en la emisora local de Radio Nacional, y cuyas palabras tenemos grabadas todos los españoles mayores de 40 años. La estancia de Franco y su Estado Mayor hace soñado el pasado burgués de este edificio de finales del XIX y el fugaz paso por él de las instituciones preautonómicas de Castilla y León. Poco después sirvió también para acoger provisionalmente una comisaría de policía tras un atentado de ETA y para otros fines locales. Desde entonces, este edificio parecía un caserón fantasmal, a la espera de la rehabilitación de un pecado del que no tenía culpa.sábado, 15 de marzo de 2008
El no-lugar en la Plaza del Sobrado
jueves, 4 de octubre de 2007
El creador de leyendas.
El mundo es tan frágil e incierto que, para sobrellevarlo, necesitamos apoyarnos en narraciones mágicas. Todas ellas fueron creadas por alguien aunque no conozcamos su nombre. Algunas nos manipulan para ponernos el bocado como a las caballerías: freno a la originalidad del pensamiento o cauce forzado de sentimientos colectivos. A veces el bocado lo aceptamos mansamente por nuestro miedo a ser libres. Pero no quiero hoy caer en lo teórico y llevar la argumentación a lo político, lo teológico ni lo histórico. He pasado mala noche y llevo un mal día, estoy cansado y con desgana. Qué se le va a hacer. Quizá necesite descansar la mirada.
Voy a contar un secreto. Uno, en su vida, ha hecho muchas cosas, como todos. De algunas no quiero acordarme, de otras voy haciéndolo por aquí. De joven trabajé como guía turístico una temporada. Hablo de hace más de veinte años. Ya contaré mis experiencias en el interior de la Catedral de Burgos que merecerían ser narradas por Esquivias no sé si en su purgatorio o en su infierno. Pero hoy toca esta fachada barroca, la de la Universidad de Valladolid.
Un verano, con un grupo al que había acompañado a Salamanca mostrándoles el manido tópico de la rana de la fachada de la portada de la Universidad, surgió la pregunta de si en la de Valladolid no había animal emblemático. No sé por qué les dije que no pero que, si tuvieran la osadía de contar el número de columnas de la fachada, corría la tradición de que no aprobarían jamás los estudios. Algunos, los menos supersticiosos, iniciaron la suma. Otros se taparon los oídos, alarmados. Reconozco haber pasado un rato divertido. Volví a contar la anécdota varias veces ese mismo año y en los siguientes, a grupos de visitantes pero también a amigos y compañeros. Lo gracioso del asunto es que, tiempo después, cuando yo mismo lo había olvidado, una persona me la contó como algo que se decía desde antiguo. Ya no sé bien si me inventé la historia o la había oído de niño y la rememoré de forma inconsciente.
Quizá ahora debería pensar algo para mis gárgolas del Hospital del Rey de Burgos para recibirlo cuando esté a punto de jubilarme y dude ya, definitivamente, de todo. Si me sobrevivo.
Todavía hoy no he sumado el número de columnas, pero sí que le he contado la leyenda a mi hija Elena.
sábado, 29 de septiembre de 2007
Premio-meme.

martes, 25 de septiembre de 2007
En el pasaje de la Flora (a la espera del infierno).
Entrar en el pasaje es certificar como notario la oportunidad del escenario elegido por parte de los alucinados expedicionarios de Óscar Esquivias en La ciudad del Gran Rey. A la espera de la novela que cierre el ciclo dantesco iniciado con Inquietud en el Paraíso y nos lleve hacia el interior de nuestro propio infierno, el paseante cree atisbar, en las ventanas, miradas suspicaces de gente a la que la realidad se le ha hecho extraña y que aun no ha descubierto la clave para aventurarse segura en la ciudad cambiante.
jueves, 13 de septiembre de 2007
Ahogo de luz.
martes, 17 de julio de 2007
La Plaza del Sobrado
Ahora que las instituciones implicadas se han puesto a la labor de urbanizar esta plaza, que se encuentra justo detrás del edificio que ocupa el Rectorado de la Universidad de Burgos, es hora de publicar esta foto. La plaza se encuentra en un estado de abandono notable y tiene cierto sabor rural. A ella se accede por un arco de interés que deberá ser restaurado. Aunque las noticias no lo aclaran suficientemente, espero que en los solares de estas casas que serán derribadas antes o después aparezcan edificios administrativos y dotacionales que sabrán respetar el entorno y recordar con elegancia el origen de este lugar. No podría concebir un uso privado ni edificios tan espantosos como los que están tapando el cercano Monasterio de las Huelgas. Hablo de un lugar que está en el Camino de Santiago, anexo al Hospital del Rey, en pleno corazón del Campus universitario. Es decir, un espacio que, si se arregla con cuidado, podrá ser mostrado como ejemplo de tratamiento de un rincón sereno a los peregrinos, profesores visitantes de la Universidad y estudiantes de todo el mundo. Y, si se aprovecha con acierto, puede convertirse en una zona con dedicación cultural. Hay lugares en los que no se puede cometer errores, y este es uno de ellos. Me horroriza la idea de perder esta plaza, con lo que puede tener de provechosa para la comunidad universitaria (y, por lo tanto, para toda la sociedad).










