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domingo, 6 de noviembre de 2022

Como si me hubiera soñado el monte

 



Más allá del molino de Las Pascuas, el río se ha salido del antiguo cauce y lame los troncos de los robles. El agua baja fresca y vidrio limpio por la garganta y aquí se remansa unos segundos gracias al antiguo dique de la toma de agua, antes de precipitarse urgente y decidido. Si metiera mi mano, enturbiaría su rumor. Baja el río hacia el Barquillo y más allá, hacia el enigmático Cuerpo de Hombre. He llegado aquí sin aliento, con el corazón en un puño, quizá el robledal sepa dónde buscarme, me haya guardado amoroso todos estos años, como al lobezno perdido. Los robles, en formación, buscan la luz de este otoño: izan banderas de despedida. Detrás de ellos, la peña. Todo, como si me hubiera soñado el monte y no existiera.

*

Hoy he viajado al origen de las cosas. Tengo la sensación de haberme sacado las vísceras a puñados, el cálido corazón al sol de la sierra. La tormenta me ha arrancado los miembros. He sangrado y he amado como solo se ama en el fin del mundo, en dientes y labios, en el abismo verde que palpita en el robledal, en la ansiedad de la piel, en la saliva que brota de los manantiales en la umbría. He sentido la humedad del monte pegarse a mi cuerpo, preparándolo para ser curtido. El viento me ha descuajado: he abierto los brazos para que me zarandeara. Sin embargo, de rodillas he recogido todos mis restos y los he enterrado bajo una manta de hojas secas de los robles -con qué cuidado, con qué ternura del que se despide de uno mismo-. Todo queda ahí, como alimento de los seres del bosque -las fieras más humanas, el ligero sonido del amanecer entre las ramas de los árboles-, como simiente futura. Yo habré pasado ya cuando el mundo siga.


domingo, 5 de abril de 2020

Hoy me gustaría estar en Candelario. Los mensajes en las redes sociales.


Cada uno de nosotros somos testigos de lo que ocurre durante esta epidemia vírica, pero eso no nos hace poseedores de la verdad. La verdad científica vendrá por los experimentos en los laboratorios y la verdad de lo que ha ocurrido nacerá de la estadística y de las pruebas. Viene esto a cuento porque circulan por las redes sociales todo tipo de opiniones que parten de lo que uno ha visto en su pequeño círculo de acción y que el mal uso que damos a estas redes sociales convierten en verdad por consenso del pánico o de la rabia.

Lo decía el poeta, Antonio Machado, en un proverbio que es aplicable a tantas situaciones en la vida:

¿Tu verdad? No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.

Hay un médico que ha hecho circular un mensaje por Watsapp aportando su experiencia en el tratamiento de los casos de su hospital. He visto hoy que ha tenido que matizar sus palabras ante la avalancha de preguntas, reconociendo que una red social no es el lugar adecuado para dejar una experiencia médica y debatir sobre ella de forma científica y que, en todo caso, la solución vendrá del consenso médico y que no pueden aplicarse sin más soluciones que parecen dar resultado en algún caso particular. Estoy seguro de que este médico llevaba horas sin dormir, trabajando frenéticamente y viendo cómo se morían varios pacientes sin que pudiera hacer nada por ellos y se redactó el texto en su teléfono móvil en estas circunstancias. Me han llegado mensajes de personal sanitario -celadores, enfermeros, médicos-, contando sus sensaciones, carencias y opiniones desde su puesto de trabajo, fatigados, conmocionados, indignados o abatidos, algunos como si quisieran hacerse famosos desde que pulsaron el botón de grabación. En realidad no nos cuenta su opinión, sino que nos trasmiten su emoción, como este médico del que hablo. Emoción a la que tienen derecho, pero que los receptores no debemos tratar como información. Sin embargo, su mensaje ha circulado por todo el mundo y me temo que lo seguirá haciendo durante semanas, confundiendo a quienes buscan una rápida solución a lo que está ocurriendo.

Yo mismo caí en el error de creerme completamente un titular de prensa redactado velozmente según el cual el ejército había descubierto cuerpos de fallecidos por el virus junto a enfermos y sanos en nuestros geriátricos, dando la imagen de un caos apocalíptico. Creo recordar que se decía conviviendo: como filólogo, el uso de esa palabra me debería haber despertado la alarma y llevado a situar el titular en su lugar correspondiente, la duda sobre su veracidad informativa. Pronto hablaron los expertos, a los que nadie escuchó ya: los que atendían en esas residencias no podían tocar a los fallecidos por lógicas razones sanitarias y debían esperar a que llegara el personal de la funeraria con los equipos adecuados. En ese tiempo de espera, siempre dramático y excesivo, más en tiempos en los que la epidemia ha desbordado durante unos días los servicios funerarios, entró el ejército encargado de desinfectar los lugares contaminados y alguien filtró la noticia a la prensa, quiero pensar que con buena intención. Pero era un testigo que no controlaba todo lo que ocurría, por mucho que pueda asegurar que él lo ha visto con sus propios ojos. En este caso, en las residencias de ancianos referidas, aplicaban el protocolo correcto. Se confirma que la peculiaridad española de los números de fallecidos en esta epidemia son los fallecimientos registrados en las residencias de ancianos, pero eso no tiene nada que ver con lo que decía el titular y que algún escritor popular difundió en sus redes sociales asociándolo con un geriátrico que encontró en el frente de batalla de la guerra de los Balcanes, lleno de muertos mezclados con ancianos abandonados a su suerte, creando una distorsión en la circulación de la noticia. Tiene más que ver con una sociedad que lleva años aparcando a sus ancianos en establecimientos que tienen menos controles que los deseables y que debería corregir de forma inmediata esta forma de actuar. El titular apocalíptico se olvidaba de esto, de los errores del pasado que nos han llevado a la situación presente.

No hay nada más peligroso que la verdad de un testigo. Quien está presente trasmite un testimonio, pero no la verdad de los hechos. Su testimonio no es nunca despreciable, pero debemos tratarlo como tal y no como certeza. Hay soldados en las batallas que se piensan ganadores de una batalla que han perdido, supervivientes a un accidente que creen haber salido adelante por algo contrario a lo que les salvó la vida.

Estoy abrumado por el alto número de mensajes que me llegan con soluciones rápidas a la pandemia, con opiniones de supuestos testigos, con memes cargados de odio político. Algunos son un burdo traslado de consignas partidistas o teorías conspiranoicas y que ya había visto, con ligeros matices, hace años, en otras circunstancias y que ahora se adaptan con cuatro pinceladas de brocha gorda a la presente. Mucha gente está necesitada de certezas en tiempos como los que sufrimos y cree o difunde estos mensajes en los que se entremezclan verdades y mentiras, datos contrastados con suposiciones y opiniones de testigos. En los peores, se introducen intereses políticos. En ninguno de ellos he visto verdaderas soluciones ni cooperación para salir de esta situación sino pánico o un intento condenable de ganar en río revuelto. Más que nunca, ahora se impone la necesidad de tranquilidad, colaboración y empatía. Que sean los expertos los que trabajen en las soluciones. Un sosiego que permita salir de esto con las menores heridas posibles en una sociedad que ya estaba crispada antes de la pandemia. Llegará el tiempo de que se aclaren los errores y se solventen las responsabilidades, pero me temo que durante mucho más tiempo seguirán circulando estos mensajes que ningún bien hacen en estos momentos y que pueden llevarnos a la rabia o a aumentar la crispación, que siempre nos hacen más débiles.

En casa, todo más o menos igual. Al amanecer, las nubes asomaban por el lado de la sierra que aún está nevado, el más alto, el que va desde la Covatilla hasta el Calvitero. Poco a poco se ha ido anublando el día, han caído algunas gotas. Reconozco que estoy triste.

Me acuerdo hoy de mis amigos de Candelario, de ese pueblo tan hermoso que trepa en la ladera de la sierra. Si cierro los ojos puedo recorrer sus calles, desde la ermita del Humilladero hasta la Cuesta de la Romana, bajar luego hasta la fuente de Perales y llamar a la puerta de la Casa de la Sal para preguntar a Luis cómo le va y si las ramas de los bonsais de su hermoso patio se han llenado ya de hojas.

domingo, 5 de mayo de 2019

De la luz, el agua y la lengua de buey


En la dehesa todo era luz. En la sombra frío, al sol calor.  Metí el brazo hasta el codo en el agua fría del arroyo que corría bravo y joven hacia el Cuerpo de Hombre. Bajaba nevoso aún pero con el sol de mayo en la piel. A la hora de preparar la ensalada de limones, tan típica por esta sierra a primeros de mayo, me hice el perdido y busqué las maravillas: la flor del ranúnculo silvestre, orgullosamente amarilla; los elegantes jacintos del bosque, que están sin mirar nada de lo que les rodea; las diminutas gotas de extraño azul de la lengua de buey. Volví a tiempo del primer descorche, que celebramos con un bocadillo de panceta. Todo fue así, con la sencillez de las cosas del monte. Llegó la paella, a la que saludamos con vehemencia. Y la conversación amena y en su debido orden. Miraba de vez en cuando a mis amigos, cada uno de su vez y manera, todos sabiéndose mejores juntos. Y el sol, desde lo alto. Primavera al fin, primavera.  Ranúnculos, jacintos. Es curiosa la lengua de buey, llamada así por la forma de sus hojas, pero azurea en latín: azul profundo. Gotas de sangre azul por todo el monte. Y arriba la luz de este feliz sol de mayo.



miércoles, 9 de diciembre de 2015

Reportaje fotográfico de la presentación de piel en el Museo Casa Chacinera de Candelario.


Con Luis Felipe Comendador, editor del libro.

Me llegaron ya las fotografías que dan testimonio de la presentación el lunes pasado de mi poemario piel en el Museo Casa Chacinera de Candelario. Selecciono alguna de las que hizo Elena Cajal (Elena Martínez Peña), magnífica fotógrafa profesional afincada en Cáceres (podéis ver parte de su trabajo en su recomendable página en este enlace) y que dan cuenta del espacio tan cercano y en el que el recital tomó el camino de la intimidad cómplice, que era lo que yo buscaba para que mi libro comenzara su caminar público. Hay más, que guardo para mí porque me recuerdan momentos más privados de las reuniones que he tenido estos días (un cinefórum que organizamos con la asistencia de un puñado de buenos amigos para visionar la primera etapa de Buñuel, la inolvidable cena en la Peña de la Cruz con quienes quisieron acompañarnos después de la presentación).

(Luz del Olmo, que estuvo presente, ha publicado un poema en su blog en el que deja constancia de sus sentimientos sobre la jornada. Cómo te lo agradezco, querida Luz.)














Al comienzo del acto, mientras llegaba el público.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Presentación de mi nuevo poemario, piel

Cubierta de piel (lf ediciones, 2015).

El próximo lunes día 7 de diciembre, a las 19:00 horas, presento mi nuevo poemario, piel. El lugar es uno de esos espacios mágicos que me acompañan en los últimos años, el Museo Casa Chacinera de Candelario (Salamanca). La entrada es libre hasta completar el aforo.

En esta ocasión, el espacio pide una presentación cargada de cercanía e intimidad y está próximo a algunos de los lugares en los que se encuentran parte de los paisajes presentes en el libro. Quiero agradecer al Ayuntamiento de Candelario y, sobre todo, a su Alcalde y a la Concejala de Cultura, las facilidades dadas para que la primera presentación de este poemario sea en esa localidad, una de las más hermosas que conozco y en la que tengo tantos amigos.

piel ha sido editado por lf ediciones en la colección Libros del Consuelo, una colección nacida con fines solidarios, cuidadosamente elaborada por Luis Felipe Comendador y que siempre me ha resultado muy atractiva como lector por sus características de papel, tipografía y diseño. Una de las colecciones más cuidadas en el panorama editorial de la poesía española actual. En ella sale ahora el trabajo poético que me ha ocupado en los últimos catorce meses. En este libro están los paisajes en los que fue escrito (Burgos, Cantagallo, Béjar, Ayamonte, Sepúlveda, Tetuán, Chaouen, Asilah, Valladolid, etc.). He intentado escribirlo a partir de sensaciones físicas que despertaban en mí la reflexión y el impulso de la poesía. En él he escrito sobre el amor, el paisaje, la poesía y sus circunstancias actuales y contiene algo que cada vez aprecio más: cantos que celebran la amistad. Son los refugios que me han hecho salir del tono de mis dos anteriores poemarios (Esguevas, de 2013, y Echo al fuego los restos del naufragio, de 2014). O, al menos, así lo he intentado. El motivo central del poemario es esa piel a la que hace referencia el título (con minúscula), porque he querido -o así han salido los poemas- que los textos sean muy sensoriales, que las cosas fluyan desde ese contacto con la piel de las personas a las que amas. Por eso, buena parte de los poemas amorosos tienen una carga directa de erotismo o se canta a la amistad a partir del necesario abrazo.

Comienzo de esta manera una gira de presentaciones del libro. La siguiente tendrá lugar en el Museo de la Evolución Humana en Burgos, el viernes 18 de diciembre, de la mano de Álvaro Manso, librero excepcional que está al frente de la librería Luz y Vida. Poco a poco daré cuenta del resto de presentaciones.

El libro se distribuirá a primeros de diciembre y contribuye a ese generoso esfuerzo que se canaliza a través de la ONG SBQ Solidario. Por esta razón no se comercializa de forma tradicional y se podrá adquirir solo en puntos muy concretos y en las presentaciones. Los fondos que se recauden se destinan íntegramente a los proyectos solidarios de esta ONG puesto que es una edición sin ánimo de lucro. Se ha abierto un corto período de suscripción pública para aquellos interesados en obtener el libro (información en esta página).

domingo, 8 de noviembre de 2015

Entre naturaleza y literatura. La sierra de Béjar y velada poética de Candelario.


Este ha sido uno de esos fines de semana en los que todo trascurre de forma amable entre amigos, naturaleza y literatura. Las temperaturas de este otoño hacen que salir al campo se convierta casi en una necesidad no tanto ya por dejar atrás el agobio del trabajo, la tristeza por la situación de la sociedad española -que no concuerda con las cifras oficiales ni con la propaganda electoral del partido en el gobierno- o las preocupaciones personales como por la misma naturaleza, que nos reclama. Desde hace tiempo me siento mal cuando pasan los días sin que pueda calzarme las botas y echarme a los senderos para recorrerlos.

Cuando uno no tiene más que el camino por delante, en compañía o en soledad, va dejando a los lados las cosas que se adhieren a la piel en la rutina diaria. Es necesario salir, casi huyendo, de la ciudad, para comprender, sobre todo, nuestra verdadera condición. Cuando se sale de marcha solo, la soledad puede ser nuestra más fiel aliada o nuestro peor enemigo. En grupo es fácil encontrar los puntos de conexión, las redes que tejen la verdadera solidaridad entre los cercanos.

La sierra de Béjar tiene un otoño extraño. La falta de lluvia ha dejado su marca y aunque el paisaje comienza a otoñar, los colores no tienen los matices de otros años. Aún así, merece la pena y los lugares con mayor umbría son un delicioso descanso cuando el calor de estos días aprieta.

Hemos recorrido las callejas que llevan desde las proximidades de Peña Negra a Puerto de Béjar, el antiguo camino que unía este pueblo con La Garganta. Algunas partes están intransitables por falta de cuidado y hay que atravesar los prados en donde pasta el ganado. En otras, la calleja te envuelve con la belleza de la vegetación respetada por la mano del ser humano. Nos premiamos, al final del recorrido, con un café en Puerto de Béjar, en donde nos volvimos a encontrar con los problemas reales, las dificultades para sacar adelante los negocios de alojamientos rurales que se crearon en los años de bonanza y un cierto grado de resignación ante la decadencia económica y las casas cerradas, algunas ya hundidas. 

Por eso es de alabar el empuje y la vida que se percibe en Candelario, uno de los pueblos más hermosos de España y en el que se aprecia de forma clara la ilusión del nuevo equipo municipal por diversificar las actividades tanto para atraer a los visitantes como para generar participación entre los vecinos (de por sí, los habitantes de Candelario siempre han sido muy participativos y han generado iniciativas de todo tipo), completando la oferta que ya tiene esta localidad, rodeada de una naturaleza privilegiada y que ha sabido conservar el sabor de un pueblo serrano. Por iniciativa de la Concejalía de Cultura se organizan con cierta frecuencia unas veladas de poesía coordinadas por Luis Felipe Comendador, una persona siempre generosa con su tiempo y su esfuerzo, aparte de uno de los mejores escritores de su generación. Este verano tuve oportunidad de asistir al encuentro con Francisco Castaño y Antonio del Camino y este sábado participábamos Antonio Gutiérrez Turrión y yo. La velada tuvo lugar en el Museo Casa Chacinera, un espacio recuperado por el Ayuntamiento de Candelario y ganado para las actividades culturales, con una sala muy apropiada para encuentros literarios puesto que permite la proximidad entre los que participan y desnuda toda falsa apariencia.

Como dentro de unas semanas tendré en las manos los ejemplares de mi nuevo poemario, no quise anticipar nada de su contenido y leí una selección de mis relatos sobre Magnicidios, algunos ya publicados en este espacio y otros nuevos.

Fue un encuentro muy agradable. Un paréntesis que permite afrontar la semana. De regreso a casa, pensaba que a veces se nos olvida que la realidad de este país también se teje de estos pequeños encuentros y que deberíamos hacer visible esta red de actividades para que podamos salvarnos de tanta mediocridad y mentira como aparece en los medios de comunicación generales como las únicas noticias. Como si este país solo fuera de un único color, gris, y no tuviera, por ejemplo, todas las tonalidades de un otoño.








Esta fotografía me la tomó Manolo Casadiego, como siempre buen guía en la excursión.


En compañía de Antonio Gutiérrez Turrión. Fotografía de Marina Hernández Martín.