He reconocer que esta exposición ha supuesto toda una agradable sorpresa para mí. No conocía la afición de la actriz Jessica Lange a la fotografía -que le viene de joven, cuando obtuvo una beca de la Universidad de Minnesota para estudiar este arte y que se desarrolla definitivamente a partir de los noventa, cuando Sam Shepard le regaló una Leica M6-. Las fotografías que se exponen (Sala municipal de exposiciones de San Benito de Valladolid, hasta el 4 de noviembre) han sido tomadas en sus muchos viajes por motivos profesinales o personales y en ellos, a pesar de la variedad de paisajes y asuntos, se percibe una mirada común y una forma de acercarse peculiar a las personas y los objetos en las que se resalta el dramatismo del blanco y negro, los excelentes juegos con la luz, los volúmenes y la geometría. Son especialemente llamativas las que toma en México, a partir de su sorpresa ante costumbres y tipos peculiares.
Esta entrada debería terminar aquí, con la recomendación para visitar esta muestra de fotografías, pero lamentablemente he de aludir, de nuevo, a la desacertada costumbre de muchas salas de exposiciones en las que la mala iluminación, junto a la protección de lo expuesto mediante cristal, impide contemplar en condiciones óptimas lo que se muestra. En ocasiones, puedes verte mejor a ti y a tus acompañantes y lo expuesto en la pared de enfrente que lo que miras directamente. No pienso que sea voluntad de los comisarios y programadores un inteligente juego de espejos mediante el cual el espectador se convierte en protagonista de la obra, por lo que sería conveniente recordar que no todas las exposiciones deben iluminarse de la misma manera, con luces generales, y que no cuesta tanto -ni en tiempo ni en dinero ni en esfuerzo- hacerlo de la mejor forma para que se pueda ver aquello que se expone. No basta con colgar las obras ordenadamente.
