Mostrando entradas con la etiqueta Adolfo García Ortega. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Adolfo García Ortega. Mostrar todas las entradas

sábado, 18 de abril de 2026

Los racimos de flores de las falsas acacias de Medina del Campo y un atardecer de regreso

 


En en la avenida de la Estación de Medina del Campo comenzaban a florecer las falsas acacias. Percibí su olor antes de ver los racimos de las flores y no pude resistir la tentación de comer algunas mientras caminaba hacia la plaza Mayor. Aquellas cuatro acacias del camino al colegio en mi infancia que anunciaban ya el final del curso y abrían los minutos de aroma a verano...

También trajinaban ya las hormigas abriendo la boca de los hormigueros entre las baldosas. Este calor tan repentino de abril se ha saltado la primavera. Me quedé embobado un rato, mirándolas, como de niño, antes de seguir camino.

Me tomé un café en una terraza de la plaza Mayor de Medina del Campo, para ordenar un poco las ideas y descansar algo la fatiga que arrastro desde hace unos días. Vino a mi encuentro José Ignacio García, que dirige la Feria del Libro de Medina del Campo desde hace unos años. Mejor que dirigirla, se la ha inventado con esfuerzo y mucha generosidad, como suele. Los amigos, a su llamada, no podemos dejar de acudir. Ha tenido a bien invitarme al diálogo inicial con el pregonero de esta edición, Adolfo García Ortega, uno de los mejores novelistas españoles desde hace décadas. De los que ha labrado una trayectoria personal y sólida fuera del ruido comercial de las editoriales. Cuando uno se adentra en cualquiera de sus obras (novela, ensayo, poesía), sabe que ha entrado en el terreno de la gran literatura desde el primer párrafo. Sus novelas jamás pasarán de moda porque están escritas con el pulso auténtico de esa literatura que nos lleva a comprender al ser humano como si nos embarcáramos en un gran viaje del que nunca saldremos igual que entramos. De eso hablamos y del compromiso ético de su literatura, antes de abordar su última novela, Madre mujer muerta, una historia ambientada a finales del siglo XIX con alguna vinculación con su historia familiar, pero con el pulso narrativo de esas grandes historias de la literatura universal. Una excelente novela.

En el tren, de regreso a casa, anochecía en rojos y naranjas. Hacía calor, un calor desusado, pero al que parece que tendremos que acostumbrarnos.

martes, 6 de marzo de 2007

Resumen apresurado de doce días


He procurado recuperarme, aunque no he hecho mucho caso al médico puesto que no he faltado a mis clases. Y es que, según parece, necesito reposo para cortar esto.

Doce días.


He dedicado buena parte del tiempo a la lectura en el sofá. Devoré los libros que me faltaban por leer de la docena de títulos seleccionados para la fase final del V Premio de la Crítica de Castilla y León. Y entre los últimos, saltó la sorpresa: Autómata, de Adolfo García Ortega (Barcelona, Bruguera, 2006), que ya tenía en el montón de pendientes antes de que me llegara la lista definitiva.
Los miembros del Jurado nos reunimos en el Teatro Liceo de Salamanca el pasado viernes, día 2 de marzo. Y la mayoría coincidimos. Autómata es una magnífica novela que crecerá con el tiempo -se prepara ya su traducción al inglés-. El autor juega con diferentes niveles de narración. La historia, plagada de referencias literarias, se deja leer con apasionamiento en su ropaje de novela de aventuras que surca varios siglos. No desvelaré más sorpresas, porque animo a leerla. Y más cuando este tipo de literatura no es nada frecuente en este país. Enhorabuena a Adolfo García Ortega.

Entre los finalistas, quiero resaltar Calle del Paraíso, de Gustavo Martín Garzo, que se lee con placer. Y Leyendo las piedras, de Antonio Colinas: novela entreverada de relatos breves, o colección de relatos con consistencia de novela.

El año 2006 ha sido una buena cosecha para la literatura.

Por cierto: Salamanca, bellísima. Hace tiempo que no la visitaba (antes era casi obligada cita anual) y me reencontré con una ciudad que siempre me gustó.

Mi libro de cabecera no es novedad sino una novela de Vargas Llosa que se me pasó en su día: Historia de Mayta. Voy a saltos de cuarto de hora, así que tardaré en terminarla.

Fatigado del tren, del mismo cansancio y de mi cuerpo, he pasado estos días. Gracias a los amigos que se han preocupado. Y perdón a aquellos a los que no he podido dar debida cuenta de los trabajos pendientes. Los plazos de entrega incumplidos pesan sobre mi cabeza. Pero no doy más de mí (por ahora).