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martes, 15 de febrero de 2022

"un tipo que va a su aire": lo cotidiano y el extrañamiento del mundo en El escenario de Karmelo C. Iribarren y noticias de nuestras lecturas

 



La voz poética de Karmelo C. Iribarren está sólidamente definida en sus libros precedentes (es uno de los poetas españoles que mejor han sabido construir un estilo propio en las últimas décadas) y El escenario nos la muestra de la misma manera, pero con matices que ya aparecieron en Mientras me alejo (2017) que apuntan hacia alguien que quiere pasar desapercibido mientras el mundo se convierte en algo cada vez más extraño y alejado. De ahí que el poeta quisiera ser un gorrión de ser un pájaro:

No tener que resultar interesante
supondría para mí una gran ventaja;
más o menos, seguiría siendo
el que soy: un tipo que va a su aire.

Algo así como esos paraguas que abundan en su poesía, usados casi sin darnos cuenta, sin apreciarlos, y abandonados en cualquier lugar cuando ya no nos sirven. De esta manera, se agudiza la sensación de que el poeta es, sobre todo, un observador de la vida, de las pequeñas cosas que definen la vida. Sus poemas se llenan de fragmentos cotidianos en los que se condensa toda una historia, una experiencia, una biografía completa, cazados por el poeta observando a los demás o sugeridos por la lluvia o el estado del mar. La actitud con la que nos los ofrece oscila entre la ironía, la nostalgia, la distancia, la aceptación, la emoción. Aparecen esos momentos tan queridos por Karmelo C. Iribarren: una conversación en un café, una escena en la calle, la chica joven que pasa (Ya ni de figurante/ quiero salir/ en esa escena), el recuerdo de los tiempos de excesos (magnífico el poema Unas palabras a mis viejos zapatos), la presencia constante del amor (Los poemas de amor). El poeta camina por las calles de su ciudad, se para en algunos lugares porque algo le llama la atención, se sienta en un café. En cada uno de los gestos habituales surge la provocación de un poema. En algunos ya se siente la amenaza del final, como en la consulta de las esquelas en el periódico mientras el camarero le sirve un café que da pie a El francotirador, uno de los textos que mejor definen esta actitud del poeta. Es un gesto tan habitual que consigue que nos reconozcamos en él (Abro el periódico/ y ahí está). Esta universalidad de los gestos es uno de los rasgos más sobresalientes de sus poemas.

Y mientras tanto, el poeta envejece:

lo único que veo,
ahí delante,
es un lugar solitario, frío, triste,
como una pista de baile
abandonada.

La poderosa sensación de extrañamiento que se agudiza aquí consigue versos inolvidables en este libro  mientras el poeta camina por las calles de una ciudad que sigue siendo, de alguna manera, la suya, pero se le ha ido trasformando casi inapreciablemente mientras él iba y venía de sus rutinas.

(Esta entrada debió publicarse el pasado jueves, pero la acumulación de trabajo me lo impidió. Continuaremos este próximo jueves con la lectura de El escenario de Karmelo C. Iribarren.)

Noticias de nuestras lecturas

María Ángeles Merino, que había dado cuenta previamente de nuestra reunión para valorar Insolación de Emilia Pardo Bazán, publica ahora la entrada con el comentario de Mil amaneceres de José Luis Alonso de Santos, el libro, que leímos el pasado mes de diciembre, indicando sus impresiones. Después, pasea bajo la lluvia con Karmelo por los lugares de su libro y aquí lo cuenta.

También Carmen Ugarte sale a la calle para demostrar, en una deliciosa entrada, que Karmelo C. Iribarren nos cuenta, en gran medida, nuestra propia vida.

En la entrada en la que da cuenta del inicio de su lectura de El escenario, Luz del Olmo acierta en el enfoque y, además, nos regala un poema.

Paco Cuesta llega a la poesía de Karmelo Iribarren tras un recorrido: solo ese camino hacia el poema aparentemente sencillo puede ayudar a comprenderlo mejor. No os perdáis su entrada.

Ya se ha convocado la reunión mensual del formato presencial del Club de lectura de La Acequia y Alumni UBU, en este caso para comentar El escenario de Karmelo C. Iribarren. Los lectores de este formato habrán recibido ya la circular correspondiente.

Como saben los seguidores habituales de este club, habíamos dejado sin cubrir los títulos de abril y mayo, recordando que uno de ellos debía ser de autor fallecido. Para completar el listado propongo:
  • Abril: Memorias de Leticia Valle de Rosa Chacel. Recuperamos así un libro que fue lectura recomendada en secundaria hace unas décadas, para comprobar su actualidad. Hay varias ediciones baratas en el mercado, fáciles de encontrar.
  • Mayo: Pájaros en un cielo de estaño de Antonio Tocornal (Premio València de narrativa Institució Alfons el Magnànim), publicada por Versátil Ediciones en 2020. Un libro imaginativo, que derrocha sabiduría narrativa atractiva para el lector. Puede encontrarse en librerías o directamente en la página de la editorial (aquí).
Para conocer la forma de seguir las lecturas de este club y sus características y la lista del presente curso, pinchar sobre este enlace.
ADVERTENCIA: Las entradas de La Acequia tienen licencia Creative Commons 4.0 y están registradas como propiedad intelectual de Pedro Ojeda Escudero. Pueden ser usadas y reproducidas sin alterar, sin copias derivadas, citando la referencia y sin ánimo de lucro.

Recojo en estas noticias las entradas que hayan publicado los blogs amigos (si me he olvidado de alguien, agradezco que se me avise). Entrada del Club de lectura cada jueves (salvo casos excepcionales), en este blog.

jueves, 6 de enero de 2022

Sentido de la metateatralidad de Mil Amaneceres y noticias de nuestras lecturas con anuncio de la próxima.

 


(Léanse antes la primera y la segunda entradas sobre esta obra.)

La metateatralidad de Mil amaneceres es evidente. En el nivel más directo, Benjamín es un dramaturgo de éxito en Madrid, que ha ganado la máscara de plata, premio que se otorga a la mejor comedia de la temporada y en toda la obra se habla mucho de teatro; Antón tiene un pasado como cómico antes de ser condenado a galeras y, por esa razón, propone a Benjamín, matar el hambre representando por los pueblos que encuentren en su camino, contando su historia (Es condición humana disfrutar con las penalidades ajenas). Un buen puñado de las anécdotas del monólogo surgen de esta decisión. Estas historias vienen a demostrar la necesidad general de risa, aun a costa ajena -sobre todo a costa ajena, para olvidar las miserias propias-, y el peligro de la misma cuando el comediante traspasa algunas barreras, incluso sin saberlo. El mundo, se les presenta siempre como una lucha y el trabajo de cómico, por eso mismo, es muy arriesgado en cuanto toca creencias o cualquier otra cosa relacionada con el poder -sea este una masa de espectadores o el monarca.

Cuando se les agota el primer objetivo de su viaje (ni Antón ni Benjamín podrán reencontrase con sus familias), deciden marchar a la Corte. Necesitados de obras de mayor impulso, Benjamín muestra sus habilidades para componer versos, casi siempre inspirados en obras ajenas, cosa a la que resta importancia Antón (Los poetas famosos también copian todo lo que pueden... Las palabras y los versos son del que los usa, no del que los inventa, que ni se sabe quién ha sido). Y es ese el momento en el que se encuentran con la compañía de cómicos de Carcoma -personaje que procede de la primera obra teatral de José Luis Alonso de Santos, Viva el Duque nuestro dueño- que marcha hacia Almagro y en la que Benjamín termina de aprender los rudimentos del arte teatral. De Carcoma recibe la lección última: Lo mejor del teatro no se puede explicar

Ya sabemos que Antón renuncia a representar ante el rey como les ofrece sor Adela. La vida le ha enseñado que ese es el límite de su arte. Sin embargo, Benjamín sale a escena, impulsado por las palabras de la hermana y pasa de ñaque a bululú (Tienes que escribirlo pensando que lo va a hacer un solo actor que representa al mundo entero). En efecto, Mil amaneceres debe interpretarse como un bululú, en el que el actor debe ser el mundo entero sin dejar de interpretar todo desde su propio personaje, cargado del conflicto que lo ha marcado y que expone desde su entrada en escena.

La obra, como le insiste sor Adela, tiene que ir precedida de la loa, que tiene que gustarle a su majestad. Ese es el precio que debe pagar como artista frente al poder, el pacto para poder salir del Hospicio de locos y menesterosos y tener la posibilidad de seguir su vida y obtener éxito en Madrid y su conflicto.

En sus últimas palabras, Benjamín le dice a Antón que ha escrito una obra titulada Mil amaneceres en la que cuenta su historia y sale hasta esa misma escena final. El teatro se convierte, por lo tanto, en la representación de la vida, quizá para que podamos intentar comprenderla, si lo conseguimos, porque, como decía Carcoma, el teatro -la vida- es lo que no se puede explicar.

(Estas entradas sobre Mil amaneceres debieron publicarse en diciembre, pero la acumulación de trabajo me lo impidió. Por lo tanto, mis comentarios a esta obra, que corresponde a la lectura del mes pasado, se publicarán en estos días siguientes para dar paso al siguiente título en el resto del mes de enero.)


Noticias de nuestras lecturas

Carmen Ugarte finaliza su comentario de Mil amaneceres analizando el uso de refranes y frases hechas en la obra, que, sin duda, contribuyen a darle verdad al monólogo. No te pierdas esta entrada.



En este mes de enero leeremos Insolación (Historia amorosa) de Emilia Pardo Bazán. Con motivo del centenario de su fallecimiento, regresamos a esta autora, de la que ya leímos Los pazos de Ulloa en mayo de 2016. La obra, dedicada al que fuera escritor, bibliófilo y coleccionista José Lázaro Galdiano, se publicó en 1889 y siempre se ha puesto como ejemplo del feminismo tal y como lo entendía la autora. De la novela hay suficientes ediciones en el mercado y también una correcta edición digital en la Biblioteca Virtual Cervantes.

Recojo en estas noticias las entradas que hayan publicado los blogs amigos (si me he olvidado de alguien, agradezco que se me avise). Entrada del Club de lectura cada jueves (salvo casos excepcionales), en este blog.

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lunes, 3 de enero de 2022

El conflicto de Mil amaneceres de José Luis Alonso de Santos y noticias de nuestras lecturas

 



El lector de la obra en su versión escrita o el espectador de la misma sobre la escena no debería olvidar en ningún momento que Mil amaneceres es un monólogo teatral. Parte del juego literario consiste en que el autor, el director de escena y el actor que la representa nos hagan entrar en la ilusión de todo lo que se cuenta en ella y creeremos ver un mundo lleno de escenarios y personajes diversos aunque no salgamos nunca, en realidad, del lugar en el que se vela el cadáver de Antón. Sin embargo, como en la estructura picaresca tradicional, quien narra es el protagonista y lo hace siempre desde su perspectiva y con su conflicto. En su engaño, sin embargo, siempre se debe mostrar el truco en toda gran obra literaria, lo contrario sería ventajista y así lo hace José Luis Alonso de Santos desde que el personaje sale a escena. El Lázaro adulto se esconde detrás del Lázaro niño, que es el que retiene el lector de El Lazarillo de Tormes, pero desde el principio nos dice que quiere justificar su condición de cornudo consentidor y, por lo tanto, todo lo que viene detrás tiene esa intención, incluida la recreación de su niñez con tanta fuerza que algunos lectores se olvidan de casi todo lo que viene detrás, también del motivo del relato.

Benjamín Campos entra en escena para pronunciar el panegírico de su amigo fallecido, Antón Toledo, a petición de sor Adela, pero nos muestra su conflicto desde las primeras frases. De esta manera, convierte a lectores/espectadores en asistentes al velatorio, pero no olvidemos que quienes habitan el Hospicio de las Hermanas de la Caridad (es decir, nosotros), son locos y menesterosos. Antón Toledo no es exactamente un personaje ausente porque se encuentra de cuerpo presente en el escenario y Benjamín se dirige a él en varias ocasiones. Antón está y no está, es segunda y tercera persona, pero, por supuesto, no puede responder ni alegar nada, está muerto, pero Benjamín se dirige a él porque solo Antón puede comprender lo que lleva dentro.

En el monólogo, Benjamín da cuenta de todas las peripecias vividas junto al amigo, desde que lo conociera condenados ambos a galeras -el mayor, Antón, por consentidor; el joven, Benjamín, por hurto-, hasta que se separaron unos años antes en el Hospicio. Por el camino, quedan todas las aventuras vividas juntos, comenzando por el sufrimiento de los tiempos en los que fueron galeotes. Este sufrimiento no ha nacido solo desde que embarcaron, sino que es muy anterior, procede de la radical injusticia social que los ha conducido hasta allí, del conflicto como individuos ante una sociedad que tiene unas dinámicas perversas: a Antón le hubiera bastado matar a su mujer para lavar su honra, tal y como le insistió el cura de su parroquia, y no hubiera sido condenado; a Benjamín le hubiera salvado una mayor habilidad o el capricho del nacimiento en otra familia. Antón, por su edad y forma de ser, utiliza el humor y la risa para sobrellevar el sufrimiento y se agarra a la posibilidad de cada amanecer. Benjamín, joven, inexperto e impulsivo, se desespera por su suerte y le cuesta comprender a su amigo. El mayor ejerce de maestro, no siempre dulce y protector, del más joven. Es precisamente la risa -una de las acciones más revolucionarias y de resistencia posibles ante una sociedad y una vida injusta e inexplicable, pero que es la que a uno le ha tocado-, la que permite que ambos sobrevivan a las galeras. Una vez desembarcados, su viaje se convierte en una continua mezcla de esperanza y desesperanza, un caminar de supervivencia entre el frío y el hambre, por los caminos de una España -de un mundo- implacable en el que encuentran mucha crueldad, pero también algunos rasgos humanitarios. El más importante, aquel por el que sor Adela los salva de una situación muy comprometida y los acoge en el Hospicio. Sor Adela les abre también la oportunidad de regresar al mundo en mejores condiciones, pero para hacerlo tienen que transigir con las normas sociales y ahí es en donde se separan. Antón ya no puede más, ha encontrado el refugio ante el sufrimiento y la fragilidad en que consisten la vida y su lucha. Sin embargo, Benjamín es más joven, tiene la necesidad de regresar al mundo y explorar la posibilidad de dejar el sufrimiento viviendo en sociedad, aunque tenga que pactar con ese mundo y la injusticia con la que se rige la vida de los individuos como él. No está dispuesto a desaprovechar la oportunidad que le brinda sor Adela. Además, se ha convertido en dramaturgo, lo que permite explorar a José Luis Alonso de Santos las relaciones entre el artista y el poder, entre el artista y la sociedad.

Quizá el lector o el espectador no atento se haya entretenido con los episodios anteriores, que van de lo festivo al drama, como en la vida, pero no debería olvidar que el verdadero motivo de la obra nace ese día en el que ambos se separaron. Benjamín ha tenido posteriormente una vida de éxito, pero finalmente ha comprendido las razones de Antón sin dejar de aceptar su propio camino en la vida, pero cuestionándose hasta qué punto ha transigido con un mundo injusto. Por eso mismo, recoge el trozo de remo que Antón había guardado hasta el final de su vida desde que lo recogiera al desembarcar de galeras, para que no se le olvide el lugar del que viene y las razones de su vida. Ese es su conflicto, el que le ha motivado a regresar al Hospicio.


(Esta entradas sobre Mil amaneceres debieron publicarse en diciembre, pero la acumulación de trabajo me lo impidió. Por lo tanto, mis comentarios a esta obra, que corresponde a la lectura del mes pasado, se publicarán en estos días siguientes para dar paso al siguiente título en el resto del mes de enero, Insolación (Historia amorosa), de Emilia Pardo Bazán. Continúa en próximas entradas.)


Noticias de nuestras lecturas

Mª Carmen Ugarte publica una muy necesaria entrada para la comprensión de Mil amaneceres. En ella explica con todo acierto cómo una obra puede parecer del siglo XVII sin dejar de ser del XXI. No dejes de leerla.

María Ángeles Merino, hizo, como es habitual, un magnífico resumen de la reunión presencial del club, muy útil para aquellos que no pueden acudir a ella. Nunca agradeceremos suficientemente su trabajo. En su segunda entrada, indica la enseñanza optimista de la obra y, de paso, felicita el año a todos los lectores del club.

Recojo en estas noticias las entradas que hayan publicado los blogs amigos (si me he olvidado de alguien, agradezco que se me avise). Entrada del Club de lectura cada jueves (salvo casos excepcionales), en este blog.


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martes, 28 de diciembre de 2021

Primera aproximación a Mil amaneceres de José Luis Alonso de Santos y noticias de nuestras lecturas.

 


El 2 de noviembre de 1626, reinando Felipe IV en España, Benjamín Campos, natural de Toledo y dramaturgo de éxito en Madrid, acude al Hospicio de las Hermanas de la Caridad de Ciempozuelos para pronunciar unas palabras en el velatorio del cadáver de Antón Toledo, natural de Talavera de la Reina y antiguo cómico. Antón había fallecido el día anterior y sor Adela, que gobierna el Hospicio que acoge a los locos, lo manda llamar para que pronuncie el panegírico de su antiguo amigo. Este es el motivo inicial de Mil amaneceres, monólogo dramático que quiere convertirse en la última obra teatral escrita por José Luis Alonso de Santos (Valladolid, 1942), en palabras del autor.

Bajo la propuesta argumental, se esconde un buscado viaje a los orígenes de la obra de este autor y una síntesis de todas las lecciones del dramaturgo -teatrales, pero también humanas-. En efecto, el monólogo conecta con su primera obra, Viva el Duque nuestro dueño (1975) en el viaje al siglo XVII para tratar en él temas de nuestra propia época, en la presencia de lo teatral como esencia misma de la acción y metáfora dela vida (en Mil amaneceres nos reencontramos con el personaje del cómico Carcoma, ya mayor), en la relación del arte con el poder, en la injusticia en la que consiste el reparto de papeles en la sociedad y la forma de afrontarla, etc., aunque con sutiles y significativas diferencias que proceden de toda la experiencia de los más de cuarenta años que trascurren entre la escritura de una y otra obras. En Mil amaneceres se refleja conscientemente toda la trayectoria del autor y las señas más importantes de su escritura dramática, así como un testamento vital. Este es el sentido de este ciclo que se cierra con Mil amaneceres.

Mil amaneceres, publicado por el Ayuntamiento de Valladolid en 2019 en conmemoración de la coronación de José Luis Alonso de Santos como Letraherido, un reconocimiento otorgado por la ciudad a través del programa Valladolid Letraherido, celebrado en la Fuente de la Fama del Campo Grande, obtuvo el Premio de la Crítica de Castilla y León en su edición de 2020, ex aequo con el libro de relatos Fábrica de prodigios de Pablo Andrés Escapa.  El lector no deberá despreciar la lectura de la excelente introducción de Margarita Piñero para mejor comprensión de la obra.

(Esta entrada debió publicarse el primer jueves de diciembre, pero la acumulación de trabajo me lo impidió. Por lo tanto, mis comentarios a esta obra, que corresponde a la lectura del mes de diciembre, se publicarán en estos días siguientes. Continúa en próximas entradas.)


Noticias de nuestras lecturas

María Ángeles Merino completó su entrada con los apuntes de lo que sucedió en la última reunión presencial del club para comentar Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín, de Federico García Lorca. Puedes leerla aquí.

Carmen Ugarte dedica una sustanciosa entrada a la hondura vital de la obra, preguntándose oportunamente si la obra no sucede hoy mismo. 

Luz del Olmo dedica su entrada al aprendizaje y la vida que contiene la obra de José Luis Alonso de Santos y lo resume de forma magnífica.

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jueves, 2 de diciembre de 2021

Actualidad de Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín y noticias de nuestras lecturas, con anuncio de la próxima.

 


El pasado martes día 30 de noviembre mantuvimos el encuentro mensual del Club de lectura en su faceta presencial, sostenida por ALUMNI UBU. El debate que allí se suscitó sobre la comprensión última de la obra de Federico García Lorca que hemos leído en el mes último, Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín, me ha impulsado a retrasar una semana el comienzo de mis entradas sobre Mil amaneceres de José Luis Alonso de Santos. No es la primera vez que ocurre en estas reuniones que, tras la sesión, muchos de los asistentes salen con la idea de releer la obra comentada después de las intervenciones de todos los lectores. Esta es una de las ventajas de las lecturas colectivas, que nos aportan visiones diferentes y nos llevan a profundizar mejor en el conocimiento de lo leído primero en soledad.

Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín no ha perdido un ápice de su actualidad como obra teatral. En primer lugar, provoca todavía la perplejidad en la recepción y eso mueve a pensar que todavía causa uno de los efectos buscados por el autor. Esta extrañeza lleva a muchos lectores (hablo de lectores porque es el caso, pero también porque una correcta dramaturgia soluciona la cuestión o debería hacerlo, por lo menos) a rechazar la obra por entenderla como demasiado elemental, sin sustancia o errática. Hay que reconocer que en España no se está acostumbrado a leer teatro, que pide una práctica más especializada que la lectura de narrativa. Lo sé por experiencia: en este club me he propuesto introducir todos los años obras de teatro y no suelen ser la más populares al final del curso, pero también me ocurre con mis alumnos universitarios.

Para poder explicar las razones de la extrañeza de alguno de los lectores al enfrentarse a esta obra, elegimos comentar detenidamente la escena de los duendes del cuadro segundo. En ella podemos hallar la razón metateatral de la obra. Los dos duendes interrumpen la acción y se sientan en la concha del apuntador, cara al público. Acaban de romper la cuarta pared y se proponen comentar lo que ha sucedido y va a suceder con referencias explícitas a la condición teatral de la obra (que luego el público se encargue de destaparlas), a la vez que propician que la parte más evidente del conflicto no se represente directamente para no afectar al protagonista (porque no es justo poner ante las miradas del público el infortunio de un hombre bueno), pero esto, que podría haberse hecho sin decir, se dice. Apelan al público porque piden de él su participación, su complicidad, alejándose del espectador acomodado del teatro convencional al que, por entonces -y por ahora- se le daba explícitamente la moraleja del conflicto en un parlamento final. En efecto, frente al teatro comercial de entonces, no busca García Lorca explicitar el mensaje de la obra ni pensar por el espectador, sino que lo provoca para que sea parte esencial del proceso teatral.

Las razones más evidentes de la subversión que hallamos en Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín son la contestación al sentido barroco de la honra, la lectura diferente del tema del viejo que se casa con una mujer joven, la modificación del concepto de sacrificio por amor, la recuperación del cuerpo en las relaciones amorosas -tema nada frecuentado en el teatro español hasta ese momento-, etc., pero las claves teatrales de la revolución que implica esta obrita frente al teatro convencional se hallan aquí y guardan todavía toda su validez. Las raíces son claras (el teatro popular, el mundo de los títeres, la  vanguardia más radical europea que apenas se conocía en España). El espectador y el lector acostumbrado a que el autor le facilite todas las claves se desorienta y el que las comprende pero es partícipe de aquello que en la obra se destruye -la mirada tradicional sobre los temas señalados-, se indigna y rechaza esta aleluya.


Noticias de nuestras lecturas

Pancho publica su segunda entradas sobre Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín de Federico García Lorca. Una entrada excepcional en la que el lector encontrará todas las claves para su correcto entendimiento, incluidas las canciones a las que da lugar el texto de Lorca. Y termina con Sabina y Paez, qué más se puede pedir.

María Ángeles Merino publica en su blog un detallado resumen de la reunión que mantuvimos el martes pasado. Le agradezco mucho su enorme trabajo, sobre todo por aquellos que no pueden estar en las sesiones presenciales.

Anuncio de la próxima lectura



En este mes de diciembre leemos Mil amaneceres, el monólogo de José Luis Alonso de Santos, última obra publicada por este autor, con la que anuncia que deja la escritura dramática. José Luis Alonso de Santos es uno de los grandes dramaturgos de la historia del teatro español. Con esta obra retorna a sus inicios con un texto cargado con toda su sabiduría teatral y de hondo pensamiento sobre la piedad, la amistad y la búsqueda del lugar en el mundo. La obra ha sido editada por el Ayuntamiento de Valladolid en 2019 y obtuvo el Premio de la Crítica de Castilla y León.


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