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viernes, 31 de octubre de 2025

Aquí está Don Juan Tenorio

 


El drama Don Juan Tenorio de José Zorrilla se estrenó en marzo de 1844 con un relativo éxito. Esto sorprenderá a muchos porque, en contra de lo que se cree, la obra no se escribió para las festividades de noviembre sino para los carnavales. De ahí, el arranque de la misma. Debería entenderse no como una conmemoración de los difuntos sino como una meditación de que el carnaval termina. Esa es la raíz inicial a la que se superpone un concepto moderno de la religión católica como religión del amor y no del castigo. Por eso la separación radical e inteligente con respecto a la lectura barroca del mito, en el que el pecador es irremediablemente condenado porque no se le otorga la posibilidad de salvarse cambiando su manera de entender la vida. El Tenorio de Zorrilla se salva porque cambia a partir del amor que siente por doña Inés, que es el personaje del que se sentía orgulloso el autor. No fue hasta tiempo después que el drama ocupara las funciones que conmemoran el Día de los Difuntos (es decir, el 2 de noviembre, no el 1, como piensan algunos) y gozara de un enorme éxito popular que llega, en gran medida, hasta hoy. La espectacularidad de las escenas del cementerio de la segunda parte de la obra hicieron el encaje perfecto con esa conmemoración.

El caso es que, resumiendo, estamos ya en las fechas tradicionales de representación del Don Juan Tenorio y la Asociación Amigos del Teatro de Valladolid, de la que soy presidente, puede asegurar que ostenta la calidad de ser a quien le corresponde la más larga tradición actual de su montaje en España y, por lo que sé, del mundo. La Asociación ha representado la obra de forma ininterrumpida desde 1977 recogiendo la tradición de la compañía de Ángel Velasco (fundador de la Asociación), que la montaba desde décadas antes. Desde que se restaurara el Teatro Zorrilla de Valladolid, la Asociación pasó a representar la obra en su sala principal gracias al apoyo inestimable de Enrique Cornejo, convirtiéndolo en su lugar natural. Se da la circunstancia de que este teatro se inauguró el 31 de octubre de 1884 con la presencia del propio José Zorrilla. Y, por cerrar el círculo, la Asociación tiene su sede desde que yo soy presidente en la Casa Zorrilla, el museo instalado en la casa natal del poeta. Por lo tanto, se puede asegurar que la puesta en escena del Don Juan Tenorio de Zorrilla por parte de la Asociación de Amigos del Teatro reúne todas las características para entenderse como un hecho teatral de gran relevancia y con un significado único, toda una seña de identidad cultural de la ciudad.

La producción actual está dirigida de forma brillante por Elena Benito, que en el mundo teatral de Valladolid no necesita presentación. Nuestro montaje respeta el texto de Zorrilla hasta el punto de recuperar algunas escenas que, en versiones anteriores, se habían amputado restando comprensión a varias actitudes de los personajes y el desarrollo del conflicto de la misma. No diré más que estoy orgulloso del trabajo de todo el grupo, desde la directora hasta el último de los actores que pisa el escenario, sin olvidarme del excelente equipo técnico. Debajo de estas líneas puede encontrarse el programa de mano. Me limitaré a anunciar que don Juan está de regreso para quien quiera algo de él e invitar al lector de estas líneas a comprobar el resultado por sí mismo y acercarse este fin de semana al Teatro Zorrilla.

Teatro Zorrilla de Valladolid
Sábado 1 de noviembre: 19:00h.
Domingo 2 de noviembre: 11:45h y 19:00h.



Este vídeo de anuncio de la obra se grabó en las dependencias de la Casa Museo Zorrilla de Valladolid, en la que la Asociación de Amigos del Teatro tiene su sede. Agradecemos todas las facilidades dadas para su realización.




miércoles, 1 de noviembre de 2023

Días del Don Juan Tenorio

 


Desde mediados del siglo XIX, estos días son días del Don Juan Tenorio de José Zorrilla. La obra, que en su estreno en marzo de 1844 cosechó un éxito mediano tirando a pobre debido a que no se había ensayado lo suficiente y que algunos de los actores estaban completamente fuera del papel, cuando se repuso en un mes de noviembre encontró su lugar adecuado. Especialmente por el empeño del primer actor Pedro Delgado. La historia ya la sabemos, Zorrilla vendió los derechos de edición y representación de la obra (bien, pero sin las ganancias que le hubiera deparado reservárselos). A su regreso de México en 1866 se encontró con que el drama se representaba en noviembre en todos los teatros de España y salvaba económicamente las temporadas de las compañías. Fue inútil que batallara por recuperar los derechos, que combatiera contra su propia obra denunciando los defectos que veía en ella décadas después y que intentara sustituirla por una curiosa zarzuela con el mismo título y música de Nicolau Manent: no puedo hacer nada. La obra ya no le pertenecía y no solo porque no tuviera los derechos sobre ella, sino porque se había hecho un bien común tanto en España como en América. Lo mismo ha ocurrido con los detractores del drama, que los ha tenido y muy importantes. Aunque ya no es lo que fue en cuanto al monopolio de los escenarios en octubre y noviembre, el drama sigue representándose y gustando al público, permitiendo todo tipo de innovaciones y parodias e, incluso, lecturas contrarias al original. Como repertorio ha desaparecido prácticamente, porque también han desaparecido las compañías con repertorio, salvo excepciones. Sin embargo, ahí está siempre, como apuesta de producción y reto para directores de escena y actores.

Ya he explicado en este espacio las causas de la permanencia del drama. En primer lugar, se ha convertido en un rito escénico, uno de los pocos que conserva de verdad el teatro en español. Incluso contando con los montajes teatrales que celebran historias locales, no hay nada parecido al Tenorio salvo, quizá, El misterio de Elche, que no es exportable fuera de esa localidad. De hecho, parte del rito es, sin duda alguna, la lectura teológica de la obra, incluso para los no creyentes, como sucede también en Divinas palabras de Valle Inclán, por ejemplo (no cito por citar a Valle, puesto que fue un fervoroso admirador y plagiador de Zorrilla). Esto hace que al público no le importe verlo año tras año y que espere con atención la manera en la que uno u otro director resuelve las escenas más populares.

En segundo lugar, a pesar de todo lo que el propio autor denunció en su obra, es un engranaje escénico perfecto, que funciona y entretiene. A parte del público le sigue conmocionando la presencia de espectros en escena o emocionando la escena amorosa del balcón; pero también puede interesar a los que ven en todo ello algo ingenuo o hasta naif visto desde hoy (cosa que sucede desde el siglo XIX: reléase el capítulo en el que Ana Ozores acude al teatro en La Regenta).

En tercer lugar, la evolución del personaje principal y el papel otorgado por Zorrilla a Doña Inés (de la que siempre dijo que era el personaje central de su visión del mito), tienen lecturas muy actuales, incluso en sus aspectos más polémicos y que nos siguen interrogando en el presente: ¿es posible el cambio del burlador, su arrepentimiento?, ¿aceptamos que un burlador, un personaje violento que desprecia todo, pueda cambiar? En contra de los que piensan que está muy forzado en el drama, soy de los defienden que está motivado y ajustado al mensaje de la obra. El problema no es del texto, sino casi siempre de dramaturgia.

En definitiva, ahí está Don Juan Tenorio, para quien quiera algo de él.

(Desde que fuera elegido como Presidente de Amigos del Teatro de Valladolid, me he puesto al frente del reto de montar el drama de Zorrilla, una tradición que está en la asociación desde 1987, recogiendo la que promovía su fundador, Ángel Velasco, con su propia compañía. En este ciclo bianual hemos contado con la dirección de Francisco Pardal, que ha contribuido a humanizar la lectura de la obra. A lo largo del año, la representamos en junio en la calle, en Valladolid, y en estas fechas en el Teatro Zorrilla de la mano del empresario Enrique Cornejo, al que agradecemos la generosa ayuda para que este montaje sea posible desde que se hizo cargo del teatro en 2010. También la hemos llevado a otras localidades. Sin embargo, yo no soy más que una demostración de la tradición del Tenorio: recojo lo que tantos han hecho antes y lo dejaré en las manos de quienes me sucedan.
En el presente año las representaciones tienen lugar en el Teatro Zorrilla de Valladolid los días 31 de octubre, 1, 2 y 3 de noviembre, a teatro lleno, como es habitual.)

sábado, 1 de octubre de 2022

El reto de Don Juan Tenorio

 


Cuando asumí la presidencia de Amigos del Teatro de Valladolid el pasado mes de enero, uno de los retos más importantes que se me presentaba era la representación del drama Don Juan Tenorio de José Zorrilla que esta asociación ha programado anualmente desde su fundación en 1977 sin faltar un solo año a la cita. No es nada fácil mantener durante tanto tiempo la tradición de un montaje tan complejo, que implica a tantas personas y que supone una apuesta por la mejora continua. En efecto, la propuesta escénica de Amigos del Teatro ha crecido continuamente y se ha adaptado a los tiempos y posbilidades, con la exigida renovación de actores, directores, cuadro técnico, etc. Desde hace unos años, se ha establecido en el Teatro Zorrilla de Valladolid durante las fechas tradicionales en torno a los primeros días de noviembre, gracias al apoyo del empresario Enrique Cornejo, pero también se ha promovido un montaje anual en la calle, en las proximidades del día de San Juan, en junio, apoyado por el Ayuntamiento de Valladolid. Como es de suponer, son dos circunstancias muy diferentes, que necesitan un tratamiento distinto.

Antes de ser presidente, fui responsable, junto a Mayca Martínez Peña, de llevar esta producción al teatro de la Capitanía General de Sevilla (un espacio que pocos pueden presumir de haber pisado) y al Teatro Principal de Béjar. Aún no se me ha olvidado la emoción que supuso ver a todo el público puesto en pie aplaudiendo al final de aquella función sevillana, encuadrada dentro de las actividades relacionadas con la celebración del bicentenario de José Zorrilla.

Por mucho que conociera la obra -que he comentado aquí en varias ocasiones- y por mucho que tuviera experiencia previa en la gestión y organización de todo tipo de actividades, no sabía la dimensión exacta del reto que me aguardaba y no solo por lo complejo que resulta siempre movilizar tantas voluntades, actores e infraestructura. El drama de Zorrilla es muchas cosas -una lectura romántica en la tradición del burlador; un engranaje endiabladamente atractivo para el público; un poderoso artefacto escénico que funciona más allá de los lunares que tantos han indicado, comenzando por el propio autor; un reto para cualquier actor o actriz y, por supuesto, para un director de escena-, pero ante todo es un clásico del teatro español. Por ese mismo concepto de clásico tiene en sí una permanente tensión entre la tradición y la novedad en cada uno de los montajes, especialmente en la exacta dosis de ambas. Como todos los clásicos, arrastra, en la tradición de sus montajes, añadidos que no estaban en el original, pero se han instalado en la mentalidad colectiva y que una reflexión más detenida nos lleva a preguntarnos sobre su verdadera utilidad y si no están adulterando el sentido de la obra y enturbiando su comprensión actual. Es interesante ver cómo una buena parte del público se aferra a una manera de representar la obra afirmando que siempre se ha hecho así, pero desconociendo que no tienen razón en tal aseveración y que, si fuéramos al propio dramaturgo este afirma lo contrario. En efecto, fue Zorrilla quien primero negara alguno de esos amaneramientos en la representación que se le fueron acumulando a la obra.

Pongamos un ejemplo de muchos posibles. Para la mayor parte de los espectadores del Tenorio, la famosa escena del sofá en la que Don Juan y Doña Inés sellan su amor debe representante como la fijaron en el ideario colectivo Francisco Rabal y Concha Velasco en la producción de 1966 para el programa Estudio 1 de Televisión Española, quienes, a su vez, recogían parte de la tradición que no estaba en el texto de Zorrilla, pero sí en los añadidos acumulados posteriormente a su escritura. Quizá no perciban estos espectadores que aquel montaje era televisivo y, por lo tanto, obedecía a un código diferente al escénico y que acarrea males terribles cuando se lleva directamente a un escenario. Y, si fuéramos al origen, la famosa escena del sofá no es escena de sofá, sino de balconada: Zorrilla no puso jamás un sofá en la quinta de Don Juan. No se puede entender de otra manera que los personajes vean el Guadalquivir y lo señalen con sus palabras: en la escena Don Juan describe lo que se ve desde el balcón de su quinta. Sucede lo mismo con las motivaciones y acciones presentes en tantas representaciones del Don Juan Tenorio, que ni se entienden ni se matizan, especialmente en lo tocante a las relaciones paternofiliales y de amistad, por no hablar de las modulaciones del proceso de enamoramiento de Don Juan o el comportamiento de los fantasmas o la forma de decir el verso. Quien se haya adentrado en los entresijos de la obra habrá comprobado todos los matices, tonos y ritmos que tiene. No se nos debería olvidar que Zorrilla no escribió la obra por escribirla, sino como producto de un encargo para la compañía del teatro de la Cruz en 1844, para la que trabajaba. A todo esto, se une el descrédito de la obra en algunos sectores, basado en el desconocimiento de lo que verdaderamente dice el drama y del contexto en el que fuera escrita y su significado para la historia del teatro español. De hecho, la mayor parte de las reacciones contra la obra suceden contra la tradición de la misma y no contra el texto, que pocos se han parado a leer de verdad.

Por eso mismo, es un gran reto montar Don Juan Tenorio, porque hay que saber conjugar la tradición y la renovación en las dosis adecuadas. Nuestra intención no es reescribir el Don Juan Tenorio, tampoco aligerarlo en un montaje lleno de didactismo o de explicaciones y saltos que se relacionan artificialmente. Nuestra intención no es romper el drama y llevarlo a un lugar en el que resulte irreconocible, tal y como se ha visto en algunas ocasiones, sino respetarlo incluso contra alguna de las adherencias que lo han traicionado, para proponer una dramaturgia actual coherente siempre con el texto escrito por José Zorrilla y con lo que el autor dejó escrito sobre su obra. Permitir que un espectador nuevo vea la obra como si acabara de ser escrita y asistiera a la primera representación y que un espectador que ya la conoce, la reconozca pero se cuestione alguna de las cosas que siempre ha visto de la misma manera.

En el pasado mes de junio, en nuestra representación en la Pérgola del Campo Grande de Valladolid ante más de quinientas personas, ya pudimos presentar algunos cambios en la dramaturgia teniendo en cuenta la peculiaridad de una representación en la calle con luz natural, un ciclo que culminará en 2023 y que hemos querido hacer explícito con el cambio del cartel que anuncia las funciones, obra de Marta Hdez H. Continuaremos en este sentido el 29 de octubre en el Teatro Principal de Medina de Rioseco (19:30 h) y el 30 y 31 de octubre y 1 y 2 de noviembre en el Teatro Zorrilla de Valladolid (19:00 h).

Todo esto  no sería posible sin la profesionalidad y trabajo generoso de nuestro director, Francisco Pardal, de quienes dirigen la sección de teatro de Amigos del Teatro (Álvaro Téllez y Elvira Abad), del cuadro completo de técnica, regiduría, sastrería, maquillaje, del resto de los miembros de la junta directiva y del extenso cuadro de actores con el que contamos y a los que agradezco su entrega y trabajo. Por supuesto, tampoco hubiera sido posible sin todos los que nos han precedido al frente de este reto en Amigos del Teatro.

La compañía trabajará intensamente las semanas que restan, las entradas ya están a la venta. Se abre el tiempo del público.

domingo, 31 de octubre de 2021

La modernidad de Don Juan Tenorio

 


Acabo de salir del Teatro Zorrilla de Valladolid. He visto, una vez más, Don Juan Tenorio, en el montaje de la Asociación de Amigos del Teatro, de la que soy socio. He hablado ya aquí de cómo se trata de una de las mejores representaciones de la obra que se pueden ver hoy en día, respetuosa con la tradición y el texto. Desde hace cuarenta años no han faltado al encuentro con el público en estas fechas.

No renuncio a cumplir con la tradición. El drama de José Zorrilla reúne todos los componentes de una fiesta teatral y esa es la razón primera para que sostenga en cartel desde su estreno en 1844. Permite montajes tradicionales, novedosos, antidonjuanes y tópicos, puestas en escena ripiosas y absoluta y radicalmente innovadoras, parodias y adaptaciones, todo. Y ahí sigue, año tras año. Que sea una fiesta del teatro, como supieron ver Buñuel, Dalí y García Lorca, que lo montaban cada año con entusiasmo en la Residencia de Estudiantes, es solo uno de sus valores. No el menor, porque le dota de una radical modernidad y una plasticidad en las manos de un buen director de escena, que puede jugar con toda la tradición escénica que implica. Claro, para eso hay que saber lo que se tiene entre manos.

Hay otros valores que dotan a la obra de modernidad. En primer lugar, seamos o  no católicos o creyentes, en el drama de Zorrilla se defiende una religión del amor por encima de la religión autoritaria. Esta evolución, en el momento en que fue escrita, significa un posicionamiento claro, en una España dividida entre sectores progresistas y conservadores, y se encuentra en el núcleo de la mirada del autor, en la creación del personaje de Inés y en la trasformación de su Don Juan. Hoy, que sectores cristianos parecen echar marcha atrás en la concepción de este mensaje de amor y retornar a una mirada autoritaria y severa de la religión, Don Juan Tenorio vuelve a estar de actualidad por esta razón y les da oportuna réplica a los comendadores de turno. Relacionada con esta, hallamos otra razón de la radical modernidad del drama de Zorrilla: la conflictiva relación entre padre e hijo, la rebelión de este basada en sus emociones y libertad, que es coherente incluso en su trasformación final, en la que el padre no existe como referente, puesto que no deja de proceder de un mundo antiguo. Nadie había dramatizado antes esta libertad de un hijo frente a la figura paterna, salvándolo finalmente.

Finalmente, hay algo clave para aceptar hoy a este Don Juan y es su evolución, su capacidad para el cambio. Cuando Zorrilla lo escribió, en 1844 era una propuesta nueva y hoy, un tiempo en el que vuelve la rigidez mental y negamos la oportunidad de cambiar a las personas, lo vuelve a ser. Posiblemente, nuestro época se ha convertido, de nuevo, en tiempo de Don Gonzalo de Ulloa. Por desgracia.

Frente a tantas críticas absurdas y estereotipadas, que suelen proceder de quien no ha leído la obra, Don Juan Tenorio sostiene bien su mensaje y teatralidad.

jueves, 7 de diciembre de 2017

De la épica a la realidad en La sirena de Gibraltar y noticias de nuestras lecturas y anuncio de la próxima.


Una de las cosas más difíciles cuando se comenta una novela negra o cualquiera de las que contienen un misterio es analizarla sin desvelar el desenlace. No sé si podré cumplirlo del todo en esta entrada, lo que advierto para aquellos que lean una historia solo por el argumento. Aquí he dado ya otras razones para leer La sirena de Gibraltar: está inusualmente bien escrita (lo que no suele ser muy habitual en este tipo de libros), de forma verosímil, con un protagonista que es un descubrimiento y que se ajusta con precisión a un nuevo tipo de aventurero español, con personajes secundarios que completan una gama que va desde lo costumbrista hasta la modernidad, que mantiene bien la tensión y está estructurada con acierto. Sin embargo, no puedo dejar de comentar, sin dar demasiados detalles por la razón dicha, una de las claves más acertadas de la novela.

Algunos novelistas que practican este género incurren en un error: pensar que las cosas grandes que nos amenazan a todos son épicas y tienen una dimensión de grandeza conspiranoica. La realidad nos desengaña, como vemos en cualquiera de los informativos que tratan de corrupción, crímenes y delincuencia. Hasta los mayores delincuentes son seres como nosotros. Cuando un político corrupto deja de ser intocable observamos en él las miserias más humanas y la prensa nos regala sus fotografías en actitudes cotidianas o participando en horteras fiestas de pijama o en orgías en calzoncillos. La épica es cosa de distancia y arte, no de la realidad. Por eso, algunas novelas del género negro nos parecen falsas o pretenciosas. Si algunas de las que toman este camino se salvan es porque son decididamente literarias, con todas las consecuencias.

Leandro Pérez no incurre en ese error tan habitual, sino que maneja sabiamente las claves de la realidad. Inicialmente, el caso de La sirena de Gibraltar parece enraizarse en las grandes palabras que nos han ocupado en la época de la corrupción política y económica que gobernó España -si es que esto es pasado- y las investigaciones llevan al protagonista por ese lado. Alfred Hitchcock fue un maestro en el manejo de ese suspense que comenzaba con una amenaza para el mundo que conocemos y terminaba en una interesante trama de pasiones humanas, muy humanas. Es lo mismo que hace Leandro Pérez con éxito. Son las pasiones más humanas las que explican La sirena de Gibraltar, como todas las cosas que nos ocurren en el mundo por mucha épica que luego le pongamos. De ahí que esta novela nos lleve con el MacGuffin hitchcocktiano hasta la raíz de nuestros comportamientos, que explica por qué puede aparecer una joven muerta en el Manzanares y por qué ninguno de nosotros estamos libres de parecernos a cualquiera de los personajes de la trama.

Noticias de nuestras lecturas


Mª Ángeles Merino ha publicado la segunda parte de su crónica del viaje a Valladolid realizado por el club de lectura con motivo del homenaje a José Zorrilla por el bicentenario de su nacimiento. Aquí la parte correspondiente a la exposición del Archivo municipal, una detallada descripción del recorrido que puede hacerse por la muestra. Y aquí, la tercera, en la que recoge la sesión académica en la que comentamos el drama Don Juan Tenorio. Y la cuarta, con la visita a la Casa Museo Zorrilla... con fantasma y todo, para no perdérsela.

De la cárcel al convento nos lleva Pancho siguiendo el rastro de don Juan en una entrada que termina y bien terminada con Bambino.  En la siguiente comenta el cuarto acto, pura acción... hasta Elton John (nos lleva hasta aquí seducidos como doña Inés). Con todo el acierto ve como dramatización del tiempo la segunda parte del drama. Y hacia el final llega con una magistral manera de percibir la actitud de don Juan ante lo que le sucede.

Anuncio de la próxima lectura



Laura Castañón es una de las escritoras que repiten en este Club de lectura. Ya nos acompañó con su anterior novela, Dejar las cosas en su día, incluso se reunió con los lectores en febrero de 2014. Ahora regresa con La noche que no paró de llover (Planeta, 2017), que nos ocupará todo el mes de diciembre. En enero tendremos un encuentro con la autora en Burgos para comentar la novela.


Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos.
Entrada del Club de lectura cada jueves, en este blog, aunque en las últimas semanas no haya podido cumplir esta promesa por diferentes cuestiones que espero se vayan remansando en las próximas.
Información sobre el presente curso en el club en este enlace.

jueves, 23 de noviembre de 2017

Que ya no valemos para nada o cómo Juan Torca comprende la realidad, homenaje del Club de lectura a José Zorrilla y noticias de nuestras lecturas.


Juan Torca, el protagonista de La sirena de Gibraltar de Leandro Pérez es un hombre maduro que está a un paso de dejar de serlo. Todavía puede correr por el Retiro como entrenamiento físico, se encuentra en una forma aceptable y resulta atractivo para las mujeres. Pero es un hombre que ya ha dejado de ser joven y que no tiene la agilidad ni la energía de unos años antes. Sucede lo mismo en todos los aspectos psicológicos, morales y de juicio sobre el mundo. Tanto él como su grupo de camaradas pertenece a un tiempo que ya comienza a no ser el presente. Nunca fueron protagonistas de la historia, tampoco. Todos ellos son secundarios que a veces estuvieron en los grandes campos de acción que relatan los libros históricos pero que tuvieron que protegerse en grupo más como camaradas que como héroes. Esta perspectiva es frecuente en la novela negra (solo hay que recordar a Pepe Carvalho) y Leandro Pérez sabe explotarla con inteligencia y eficacia como recurso. A diferencia de Rodrigo, su hijo policía, honesto y cumplidor, Juan Torca ve el mundo como quien sabe que tiene poco arreglo en general y cada uno debe actuar como puede en las circunstancias que le rodean. Como dice Jandro resumiendo las razones para que su amigo se encuentre recuperándose en la cama tras haber sido herido y perder a la mujer a la que custodiaba: Que a Juan le cayeron tres tiros y que se llevaron a la chica. Que ya no valemos para nada.

Este es un aspecto de la novela que me interesa mucho. Este cruce de tiempos y de mundos que se expresa incluso en la necesidad de correr cuatro o cinco días a la semana (Correr no era sólo correr. (...) Olvidarse, a veces, de uno mismo. Y, en otras ocasiones, en cambio, viajar al pasado y revivir desde los sucesos más nimios hasta los más extraordinarios.), explica en buena manera los relatos publicados de Torca. La sirena de Gibraltar -como antes Las cuatro torres (2014)- nos sitúan ante un mundo que cambia y que debemos comprender. Torca ya no es joven pero puede ayudarnos porque conoce la verdadera forma de actuar de quienes controlan de verdad la vida de la gente. Viene de un pasado reciente -no necesariamente mejor- y puede comprender que debajo de todas las novedades rigen las grandes pasiones de siempre. Se encuentra con personas honestas y criminales -en potencia o no- en un tiempo que ya comienza a no ser el suyo y su carga de experiencia ante las actitudes humanas le ayudan a resolver sus casos pero también a aceptar que nunca se alcanza ni la felicidad completa ni una sociedad perfecta. Lo importante, en todo caso, es darse cuenta y comenzar a actuar en consecuencia con el resto de moralidad que a uno le quede tras el paso del tiempo.

(El jueves de la semana que viene terminamos con la serie de comentarios sobre La sirena de Gibraltar.)


Homenaje del Club de lectura a José Zorrilla 
con motivo de su bicentenario


El pasado sábado, día 18 de noviembre, los miembros del Club de lectura que pudieron acercarse, nos vimos en Valladolid con motivo de homenajear la memoria de José Zorrilla cuando se conmemora el bicentenario de su nacimiento en esa ciudad. Los actos fueron sencillos pero emotivos y para nosotros fue un honor contar con la presencia de la responsable de la Casa de Zorrilla, Paz Altés, y de  Arsenio Tejedor Nieto, el concejal de cultura de Torquemada, pueblo natal del padre de Zorrilla y en donde el escritor aspirara un día a tener casa solariega en donde retirarse. Quiero agradecer el cariño y las facilidades dadas y a los guías del Archivo Municipal y de la Casa de Zorrilla. Especialmente a Javier Calaveras, que nos acompañó también en la comida.

Los actos comenzaron a primera hora de la mañana ante la tumba de José Zorrilla en el Panteón de Vallisoletanos ilustres del Cementerio del Carmen, con la lectura del poema que compusiera para el entierro de Larra. Intervino también Luz del Olmo leyendo un poema original en homenaje a la memoria del romántico. Después, se celebró la visita a la exposición conmemorativa que se muestra en el Archivo municipal gracias a las gestiones de su director, Eduardo Pedruelo, mi exclusivo nombre de poeta. El título es un verso del autor y alude a a lo que siempre quiso considerarse. La muestra presenta un sustancioso recorrido por la biografía y la obra de Zorrilla a través de la exposición de paneles y objetos, así como una colección de las ediciones de sus textos. Como hablaré de ella en otro momento, me limitaré aquí a recomendar la visita. Hubo también, como es lógico, visita a la estatua de Zorrilla en la plaza que lleva su nombre y un breve recorrido por Valladolid, seguido de comida necesaria y festiva.

Por la tarde, visitamos la Casa Museo Zorrilla. Además de su mucho interés como museo, pudimos disfrutar de la muestra temporal de moda romántica, de la diseñadora Inmaculada Cedeño, que sirve como excelente contextualización a lo que pudo ocurrir en aquellas dependencias en vida de Zorrilla. Y en la sala Narciso Alonso Cortés de la Casa celebramos la sesión académica con el comentario de la lectura del drama Don Juan Tenorio que nos ha ocupado los pasados días.

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Una jornada para el recuerdo. Podéis ver la crónica y las fotografías en la entrada que ha publicado María Ángeles Merino con todo ello y que me ahorra una descripción más detallada.

Paco Cuesta echa su cuarto a espadas sobre el aparente conflicto entre teología y teatralidad del Tenorio. Y bien echado, claro.

Pancho sigue con el Tenorio y en esta entrada da cuenta de las claves esenciales del éxito en la recepción del drama.


Otras lecturas



Como sabéis, hace tiempo leímos La saga / fuga de J.B. de Gonzalo Torrente Ballester y Pancho decidió bebérsela a buchitos. Aquí va desde los que mean en los muros hasta don Asterisco, alborotador nocturno... no digo más.


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jueves, 16 de noviembre de 2017

Ya es todo carnaval en la Hostería del Laurel y noticias de nuestras lecturas. Continuamos con La sirena de Gibraltar.


He escrito varias entradas sobre José Zorrilla y Don Juan Tenorio. En este espacio, suelo escribir una entrada llegado el día de los Fieles Difuntos (el Don Juan no es para Todos los Santos sino para los Fieles Difuntos, pero no nos pongamos quisquillosos). Pueden consultarse en este enlace (se recuperan en orden inverso), lo que me evita repetirme aquí.

Siempre me ha gustado el Tenorio de Zorrilla. Su condición de fiesta teatral me atrae. Muchos miran el drama de forma ceñuda. El mismo autor lo hizo, despellejándola -tanto al texto como a la forma en la que se representaba- pero no consintiendo en que nadie lo hiciera. El problema es que muchos no soportan su popularidad, su éxito, su condición de engranaje perfecto para la escena, su potencial arrollador. Estos prejuicios les impide disfrutar de la obra como lo que es, puro teatro que puede tomarse en serio, en sentido paródico o en cualquiera de los muchos matices que permite el texto. Esto es lo que está detrás de su enorme éxito. El drama nos puede hacer pensar sobre la condición humana, sobre la sociedad, sobre la transgresión a las normas y sus consecuencias, pero sobre todo nos arrastra al juego. Esto es lo que se ha comprendido generación tras generación, lo que comprendieron los jóvenes del 27 cuando lo representaban todos los años en la Residencia de Estudiantes (qué inteligencia la de Federico García Lorca escogiendo para sí el papel del Escultor).

Siento pena por aquellos que no se dejan arrastrar por la fiesta teatral, la pura esencia de juego dramático que contiene Don Juan Tenorio. Allá ellos, me digo, nada más comenzar la obra de forma tan extraña para un drama decimonónico -hasta en eso se mostró osado Zorrilla-, con el protagonista en escena sin que el espectador sepa nada él, ofendido:

¡Cuál gritan esos malditos!

Y ya todo es carnaval en la Hostería del laurel de Sevilla. Incluso lo es en el panteón que Don Diego ha pagado para las víctimas de Don Juan. Porque, en el fondo, toda la vida humana es carnaval.


Noticias de nuestras lecturas

Este sábado día 18, el Club de lectura rendirá homenaje a José Zorrilla. Visitaremos su tumba en el Cementerio del Carmen de Valladolid, la Casa Museo que lleva su nombre y la exposición que con motivo del bicentenario se muestra en el Archivo Municipal de esa ciudad. Las plazas de las visitas son limitadas pero si estás interesado en el acto en el cementerio o asistir a la reunión presencial del club de lectura para comentar Don Juan Tenorio (abierta al público hasta completar el aforo), escríbeme un correo o un mensaje privado en Facebook.

Mientras se pide el papel de Brígida, Mª del Carmen Ugarte García recuerda sus Tenorios y comenta alguna de las cosas esenciales del drama y su recepción por el público.  No te lo pierdas.

Pancho nos presenta la biografía intensa de Zorrilla para que podamos comprender su obra: un bala perdida que se convierte en el autor más popular de su tiempo. Y termina con la M.O.D.A., no se puede pedir más de su entrada.

Mª Ángeles Merino recuerda su primer Don Juan, televisivo -qué añoranza de aquellos programas de Estudio1-, y define al Tenorio hoy como un yonqui del amor...

Paco Cuesta lee con finura ejemplar El burlador de Sevilla y el Don Juan Tenorio: de la teología del castigo a la del amor. Una entrada para enmarcar.

Y aquí podéis leer el poema que Luz del Olmo ha escrito para leer el sábado 18 ante la tumba de Zorrilla, en el homenaje al poeta que celebraremos todos los lectores que os queráis acercar por allí.

Continuamos con La sirena de Gibraltar


Tras el paréntesis en su lectura para acercanos a la figura de José Zorrilla a través de su Don Juan Tenorio, regresamos a La sirena de Gibraltar, la novela de Leandro Pérez que nos ocupará hasta el jueves 30 de noviembre.

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jueves, 9 de noviembre de 2017

Presentamos a Juan Torca y noticias de nuestras lecturas, con aviso de un paréntesis.


Torca no era un obseso del orden, pero se había pasado años comprimiendo sus pertenencias en petates, mochilas y maletas. Llega un momento, tras ver al protagonista en acción y charlando con su hijo Rodrigo, policía honesto y con principios, en el que la acción se detiene de forma oportuna para presentarnos a Torca. Es algo necesario, en especial para aquellos que no hayan leído la primera novela que protagonizó. Previamente lo ha caracterizado a pinceladas, en especial en la conversación con su hijo: La mayoría de los asesinos son gente corriente, como tú y como yo, le dice. Cuando su hijo se marcha del piso -excelente el detalle de la gorra-, se queda solo: A seguir cayendo.  Apenas un cajón con algunos recuerdos en el antiguo mueble bar, sobre todo los que le ataban con Raquel, su mujer. Un álbum de fotos en el que está todo lo que debe estar en una vida corriente excepto una cosa, él: El militar, el infiltrado, el mercenario, el tipo siempre dispuesto a enfrentarse a casi todo, pero incapaz de mantener un hogar. En estas tres citas se cifra el carácter de Torca, un personaje que guarda todas las historias dentro: las de su pasado, en el que hay pasajes los suficientemente oscuros como para no contarlos; las de su presente, en el que solo un puñado de personas y de cosas firmes le sostienen; las de su futuro, en el que unas pocas certezas le guiarán pero siempre en los márgenes de las vivencias más tremendas.

Torca habla poco, ha sobrevivido a su pasado y ha pactado consigo mismo. De joven, fue militar con gran ilusión y prestó servicios en la guerra sucia contra ETA y algún otro que también lo llevó a las cloacas del sistema; fue mercenario con sus compadres -antiguos compañeros de armas- hasta que regresó de Afganistán y se dedicó a la seguridad privada. Finalmente, se dedica a trabajar por libre. No lo necesita económicamente, pero acepta casos que le sitúan en la frontera del abismo. Es aficionado al fútbol y sale a correr por el Retiro. Viudo, solo tiene como familia a su hijo Rodrigo. Y unos pocos amigos y colaboradores. De amores, los justos.

Es un personaje sólido, creíble y moderno, bien justificado su paso por algunas de las situaciones más complicadas del ejército español de las últimas décadas, también las que le llevan como mercenario a un escenario de guerras contemporáneas y de regreso a una España inmersa en la corrupción. Con un personaje como Torca se puede recorrer un escenario lleno de incidencias desde lo local hasta lo global. Este es uno de los grandes atractivos de estas novelas de Leandro Pérez, que las hace distintas a las novelas negras convencionales.

Noticias de nuestras lecturas

Pancho entra en el comentario de la novela desde la portada, por derecho y al grano. Nos deja la faena de introducción completamente expedita y bien asentada. Una invitación a seguir leyendo. Pasa después a analizar con brillantez el estilo narrativo y la caracterización del personaje principal. No te pierdas esta entrada tampoco.


Mª Ángeles Merino escribe una entrada emotiva para abordar los personajes femeninos de las novelas de Mª de Zayas que comentamos el pasado mes. En ella da voz a su madre para asociar inteligentemente las novelas de la Zayas con un drama de Lope, El acero de Madrid. Y es cierto todo lo que dice y digo más: en las novelas de Zayas hay, prosificadas, varias comedias de capa y espada... No os perdáis esta entrada.

Don Juan Tenorio de José Zorrilla




Con motivo del bicentenario del nacimiento de José Zorrilla que se conmemora en el presente año, hacemos una pausa en nuestra lectura de La sirena de Gibraltar la próxima semana para leer y comentar la obra más popular del poeta romántico, sin duda la pieza teatral más representada en los escenarios españoles, el drama Don Juan Tenorio. Aunque en este blog ya he comentado varias cuestiones sustanciales de este drama, el hecho de ser el asesor de los actos del bicentenario organizados por la Casa de Zorrilla de Valladolid y participar directamente en alguno de los eventos y publicaciones que con este motivo se han programado, me han llevado a proponer a los que siguen este club de lectura revisitarla. De esta forma, el jueves que viene publicaré mi entrada dedicada al drama y os propongo que elijáis un tema, una escena, un motivo o un recuerdo personal y escribáis sobre él bien en vuestros blogs, bien en Facebook o con comentarios a la entrada que publique la próxima semana.

Con este motivo, el sábado 18 de noviembre los seguidores del Club de lectura realizaremos un sencillo homenaje a Zorrilla en su ciudad natal, Valladolid. Aquellos que queráis sumaros, escribidme un correo electrónico o un mensaje privado en Facebook.

En este enlace tenéis una más que correcta edición de la obra en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, aquí podéis ver la obra en una versión para Estudio 1 de TVE (con Francisco Rabal y Concha Velasco en sus principales papeles), aquí la versión itinerante del Tenorio de Alcalá de Henares de 2005 y aquí la que se hizo en 1988.

Después volveremos a La Sirena de Gibrarltar para cerrar con ella el mes de noviembre. De todas las formas, en estas noticias seguiré recogiendo las entradas y comentarios que hagáis indistintamente de una u otra obra.

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Paco Cuesta comenta las claves esenciales del drama de Zorrilla y de su éxito: el juego del puro teatro. Qué acierto de entrada, no os la perdáis.

Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos.
Entrada del Club de lectura cada jueves, en este blog, aunque en las últimas semanas no haya podido cumplir esta promesa por diferentes cuestiones que espero se vayan remansando en las próximas.
Información sobre el presente curso en el club en este enlace.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Devolución de la visita. Actividades del bicentenario de José Zorrilla en Valladolid.


En el marco del convenio firmado entre la Casa de Zorrilla de Valladolid y el Círculo Mercantil e Industrial de Sevilla para conmemorar el Bicentenario de José Zorrilla, del que he informado en otras ocasiones en este blog, este fin de semana ha tenido lugar la devolución de la visita de la delegación sevillana a la ciudad castellana.

La Casa de Zorrilla, anfitriona en esta ocasión, es un moderno museo con un programa de actividades culturales amplio y constante. Se ha convertido en uno de los lugares de referencia de la cultura de Valladolid. Se encuentra en la que fuera casa natal del poeta romántico (antigua calle de la Ceniza, acutal Fray Luis de Granada). Fue adquirida por el Ayuntamiento de la ciudad en 1917-1918 -con motivo del primer centenario del nacimiento de Zorrilla- y en las décadas finales del siglo XX se abrió al público. En ella se guardan diferentes recuerdos y muebles relacionados con el poeta donados por su viuda y otras personas. El impulso inicial del proyecto fue Narciso Alonso Cortés, a quien la memoria de Zorrilla en Valladolid debe un gran tributo. Tras la remodelación sufrida, su reapertura en 2007 la ha convertido en un ejemplo nacional de Casa Museo. Tanto su anterior responsable, Ángela Hernández como la actual, Paz Altés, han hecho una labor inmensa en este terreno. A la última se debe la organización de un programa amplio y variado de actividades para conmemorar el bicentenario, incluido el convenio entre estas instituciones de Valladolid y Sevilla que coordino.



Si el fin de semana pasado tuvo lugar la visita de la delegación vallisoletana a Sevilla, en este ha ocurrido al contrario. La parte central de esta visita era el intercambio de Tenorios aficionados: montajes de Don Juan por compañías no profesionales. En el teatro de Capitanía General se vio el de Amigos de Teatro de Valladolid, el pasado sábado pudimos disfrutar de Sevilla no existe en el teatro Zorrilla de Valladolidla personal versión de Pepe Gómez del drama romántico. El montaje del Grupo La Platea contiene una hábil versión en hora y media y tanto el público como los propios actores tuvieron una experiencia inolvidable. Hubo algo más emotivo. Recientemente, la compañía sevillana ha cambiado su nombre al de Grupo de Teatro Luisa Valles, que fue su directora, recientemente fallecida. Luisa Valles estuvo en la fase inicial del proyecto pero su muerte le ha impedido verlo culminado. Sirva esta representación como homenaje. En todo momento fueron acompañados y apoyados por los miembros de Amigos del Teatro y el personal del teatro Zorrilla, a los que hay que agradecer las atenciones y la entrega amistosa y generosa al proyecto.

Durante la visita de la delegación del Mercantil, presidida por los Vicepresidentes de la institución, Ángela Balbuena Caravaca y Fernando Rodríguez Galisteo y el Bibliotecario del mismo, Francisco Cárcamo Balboa, se celebraron varios actos protocolarios y de esparcimiento. El viernes se recorrió la ruta Ríos de luz y el sábado se visitaron el Museo de Escultura y la Casa de Zorrilla, en donde se realizó una sencillo acto de acogida lleno de cariño. Por la tarde tuvo lugar la recepción de las autoridades por parte de la Diputación -propietaria del teatro Zorrilla- y del Ayuntamiento y la representación en el teatro Zorrilla y por la noche una cena en el Círculo de Recreo, institución vallisoletana nacida en 1844 y consolidada en 1847, aunque hasta 1902 no ocupó el edificio en el que tiene su sede actual.





Finalmente, el domingo se visitó Medina de Rioseco. Aparte del interés de esta localidad, la excursión tuvo varios motivos. En Guadalcanal (Sevilla) había nacido el primer señor de Rioseco y Almirante de Castilla, Alfonso Enríquez; en esta ciudad castellana se vendía al mundo la plata de América que entraba por Sevilla; tanto en Sevilla como en Medina de Rioseco la Semana Santa es parte central del calendario anual; y el que fuera arzobispo de Sevilla, el cardenal Carlos Amigo, es natural de Rioseco. Motivos más que suficientes.




Este fin de semana ha resultado intenso, lleno de emoción y complicidad. Aún faltan actos importantes en el convenio, como el traslado de la exposición Mi exclusivo nombre de Zorrilla a las instalaciones del Mercantil en la calle Sierpes de Sevilla y alguna sorpresa más que anunciaré en próximas fechas.

lunes, 30 de octubre de 2017

Actividades del Bicentenario de José Zorrilla en Sevilla



Este pasado fin de semana se ha celebrado en Sevilla parte de los actos organizados con motivo del Bicentenario del escritor José Zorrilla. Como saben los lectores habituales de este espacio, soy asesor del extenso programa de actividades puesto en marcha con este motivo por la Casa de Zorrilla de Valladolid bajo la dirección de Paz Altés. También soy coordinador del convenio que se firmó entre el Ayuntamiento de Valladolid y la Casa de Zorrilla y el Círculo Mercantil e Industrial de Sevilla, con la intervención de la concejala de cultura del Ayuntamiento de Valladolid, Ana Redondo, y el Presidente del Círculo Mercantil e Industrial, Práxedes Sánchez Vicente. De la parte vallisoletana del convenio es responsable Paz Altés y de la parte sevillana Fernando Rodríguez Galisteo. Y nada de ello hubiera sido posible sin el impulso de Mayca Martínez Peña.

El Mercantil, como se conoce a esta institución, cumple 150 años. No conozco muchas instituciones en España que tengan esa historia y sigan en pleno vigor, con todo el impulso del proyecto inicial ampliado a las necesidades actuales de la sociedad. Su actividad es elogiable desde todos los puntos de vista. En lo que interesa para esta crónica, la organización de actividades culturales y la colaboración con asociaciones y artistas sevillanos es fecunda y redunda en un beneficio social impagable. El Mercantil es un pilar de la cultura sevillana, sin duda alguna, y he de agradecer la acogida calurosa que he tenido siempre en sus instalaciones y el entusiasmo que han mostrado en este proyecto.

El 23 de marzo pasado tuvo lugar la apertura de los actos en el Mercantil, con un magnífico concierto de la Orquesta de Cámara de Sevilla, que interpretó música del período romántico. Y este fin de semana se ha celebrado la primera parte de las actividades contempladas en el convenio. El viernes 27, en las instalaciones deportivas del Mercantil tuvieron lugar un taller infantil y uno familiar, El teatrillo del traidor y Yo, José Zorrilla, en los que los más jóvenes pudieron acercarse a la obra y la personalidad del escritor romántico gracias a Paz Altés, Javier Calaveras y Charo Vergaz con la inestimable ayuda de Diego Irimia y del personal del Mercantil y recibir como regalo un teatrillo recordable y un libro con la biografía del autor escrito para niños por Ramón García. Asistieron más de 50 niños. También se inauguró la exposición de cuadros y poemas Zorrilla, mitos poéticos, del grupo vallisoletano Guardar como, con la presencia y guía de la escritora Inmaculada Calvo.




El sábado por la tarde tuvo lugar la representación del drama Don Juan Tenorio de José Zorrilla por la Asociación de Amigos del Teatro de Valladolid, que fue un éxito absoluto. La compañía recibió la ovación de un público puesto en pie, entregado y agradecido. Los Amigos del Teatro acometen un montaje de la obra muy respetuoso tanto con el texto como con la tradición de su representación anual en los primeros días de noviembre. Desde hace cuarenta años han llenado los diferentes locales en los que lo han interpretado y construido un personal acercamiento al drama de Zorrilla que se ha convertido ya en una referencia hasta el punto de que no parecen una compañía de aficionados y pueden presentarse ante cualquier tipo de público. No es este lugar para una reseña, pero mucho de lo que proponen la dirección y la intervención de los actores es una lección para aquellos críticos con la obra romántica y un montaje base sobre el que deberían partir las compañías profesionales que se aproximen al drama con rigor según la tradición teatral o para apartarse de ella.

La representación del sábado, a teatro lleno, guardaba otro motivo de interés. Tuvo lugar en el teatro de Capitanía General de Sevilla, una de las joyas ocultas de la ciudad. Obra del arquitecto Aníbal González, es una parte de todo el complejo arquitectónico levantado en la Plaza de España con motivo de la Exposición de 1929. Hay que agradecer al Cuartel General de las Fuerza Terrestre que cediera generosamente este maravilloso espacio con este motivo y a sus responsables, por facilitar todo lo necesario para el desarrollo del acto.



Como prólogo a la representación, Ángela Balbuena Caravaca y Fernando Rodríguez Galisteo, Vicepresidentes del Mercantil, hicieron entrega de un cuadro con el cartel conmemorativo del 150 aniversario de la institución, en mención y agradecimiento por su colaboración, a Félix Hernández, director de la asociación Amigos del Teatro y a Carlos Palacio, jefe del Estado Mayor de la Fuerza Terrestre.




Las actividades se completaron con el encuentro amistoso entre la delegación vallisoletana y la sevillana. Horas de visitas culturales (el sábado se recorrió el centro de la ciudad en busca de las huellas del Tenorio por el barrio de Santa Cruz) y confraternización compartiendo conversación y sobremesa. He de agradecer cómo se volcó la Junta Directiva del Mercantil pero también su personal, con mención especial de Ana Ávila y Pilar Picchi, que se entregaron a la organización y solucionaron todas las cuestiones que deben ponerse a punto en unas actividades de esta envergadura. Y, desde luego, capítulo aparte para Antonio Ocaña, que acompañó a la delegación vallisoletana en todo momento.

El próximo fin de semana las actividades del convenio se celebrarán en Valladolid, con la devolución de la visita por parte de los miembros del Mercantil. Su compañía de teatro, La Platea, representará Sevilla no existe, una personal versión del Don Juan Tenorio obra de Pepe Gómezcuyo texto sirve para plantearse la ciudad y el drama de Zorrilla como un sueño. Es parte de este intercambio de Tenorios aficionados que demuestran la actualidad de la obra y que se conserva la tradición de reponerla todos los años por esta fecha en los escenarios españoles. Tendrá lugar el sábado 4 de noviembre en el teatro Zorrilla de Valladolid.



Con posterioridad, del 2 al 16 de febrero, la gran exposición del Bicentenario, Mi exclusivo nombre de Zorrilla -que se muestra en el Archivo Municipal de Valladolid- se montará en las instalaciones del Mercantil en la calle Sierpes de Sevilla para que pueda ser contemplada por el público interesado de aquella ciudad. También impartiré una conferencia sobre el autor en las mismas fechas.


(La fotografía que encabeza esta entrada se ha tomado del cartel de la exposición Mi exclusivo nombre de poeta, que figura en la parte inferior; el resto las he tomado prestadas de la página de noticias del Círculo Mercantil e Industrial; por último, el cartel de la obra Sevilla no existe, de la página del teatro Zorrilla.)

domingo, 25 de junio de 2017

La sombra del Tenorio de José Luis Alonso de Santos por El Duende de Lerma


La sombra del Tenorio es un monólogo escrito por José Luis Alonso de Santos y estrenado por Rafael Álvarez, el Brujo, en 1994. No es una novedad, por lo tanto, pero su pervivencia en los escenarios habla del acierto de la obra. De la mano de Rafael Álvarez tuvo una exitosa vida. La crítica, desde su estreno, siempre la vinculó con el actor, como si no pudiera tener otra vida más allá que de la mano del extraordinario y personal que la pusiera sobre la escena. Es difícil tarea la de recoger un título tan popular, representado por uno de los actores españoles que ha creado una forma propia de estar sobre la escena. Yo vi la obra en la temporada de estreno y pensé esto mismo ya entonces.

Por otra parte, la obra es un reto para cualquier actor. José Luis Alonso de Santos escribió un monólogo de perfecta factura y eficacia -hay que decirlo: una obra maestra del teatro español contemporáneo en su género-, muy exigente para quien la interprete en la hora y media que dura. Cambia continua y endiabladamente de registro, de tono, de género incluso. Pasa de la comedia al drama, de la parodia al costumbrismo, del realismo a lo fantástico, del relato de anécdotas a las preguntas más graves sobre la identidad y las emociones humanas. Hay un momento, que toda compañía teatral teme, en el que se rompe la ilusión escénica para luego volver a levantar la famosa cuarta pared y en ese giro debe acompañarte el público.

La obra cuenta la historia de un viejo actor, Saturnino Morales, al que el azar llevó a interpretar, nada más ingresar en una compañía, el papel de Ciutti en la representación anual del Don Juan Tenorio de José Zorrilla, como era costumbre en toda España y gran parte de Hispanoamericana hasta hace unas décadas. Este azar condicionó toda su vida profesional. Ambientada en los años cincuenta, Saturnino Morales está a punto de morir y en su última noche confiesa, en un falso diálogo con la monja que lo cuida, que siempre quiso interpretar el papel del burlador protagonista y se propone realizar ese sueño. Las cuatro escenas de la obra juegan siempre con lo metateatral, la contravisión del mundo a partir de los que nunca ocupan en la historia el primer plano (una característica permanente de la obra de Alonso de Santos) y la propia biografía del personaje de Saturnino Morales, que atraviesa la primera mitad del siglo XX y la geografía española desde su condición de cómico de una compañía secundaria.

La compañía de aficionados El Duende de Lerma asumió hace unos años el reto de incorporar en su repertorio La sombra del Tenorio y ha contado para ello con el asesoramiento del autor y la dirección de Ernesto Pérez Calvo. No he podido ver su montaje hasta ayer, cuando se programó en un escenario más que apropiado, levantado en los jardines de la Casa Museo Zorrilla de Valladolid. Luis Orcajo tiene una gran experiencia como actor y ha trabajado el difícil personaje desde sus propias condiciones actorales, dotando a la obra de una profunda condición dramática. Aunque estén presentes los momentos cómicos, que funcionan como el primer día, Orcajo sitúa su registro actoral sobre todo en la persona de Saturnino Morales y en sus conflictos interiores y desde esa perspectiva propone la obra, reduciendo también el relato de anécdotas sobre el Don Juan. Vemos, pues, a Saturnino Morales antes que a un juego metateatral, lo que es un acierto para separar su propuesta de la del Brujo. Una distancia inteligente, justa y acertada puesto que Orcajo no debe ser la sombra de Rafael Álvarez. Me ha gustado este montaje, que supera con mucho la condición de aficionados de la compañía y permite demostrar que la obra de Alonso de Santos tiene vida mucho más allá de la genialidad del actor que la estrenara y puede ser encarnada por actores de la solvencia y respeto por el mundo del teatro de Luis Orcajo. No me extraña la cosecha de premios que ha recibido El Duende de Lerma con ella. Merecidos, sin duda.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

¿Conoce don Juan a don Juan?


Don Juan Tenorio vuelve a Sevilla después de años fuera de España. Tuvo que huir de la justicia tras los crímenes cometidos en su quinta (el secuestro de doña Inés, robada del convento; las muertes de don Luis y don Gonzalo). En el antiguo palacio familiar se encuentra un panteón dedicado a guardar las sepulturas de alguna de las víctimas de sus desmanes. Las esculturas han sido terminadas tan solo un mes antes, excepto la suya, que no ha podido ser levantada por el escultor porque nadie le ha facilitado un retrato suyo.

ESCULTOR.- ¿También habéis conocido
                        a don Juan?
DON JUAN.-                     Mucho.

Y es cierto. Don Juan es quien mejor conoce a don Juan, quien mejor conoce su retrato a estas alturas del drama. Los demás solo saben de él por sus acciones y por lo que dice en ellas -sus palabras son acción, también- y porque o bien lo fijan en el tiempo sin dejarlo evolucionar porque pertenecen a una teología antigua (como hace don Gonzalo o su propio padre, don Diego, que levanta el panteón para lavar de alguna manera el honor familiar mancillado por aquel a quien desconociera en las primeras escena del drama) o bien porque, aunque pertenecen al mundo nuevo, fían en una vaga esperanza -incluso en contra de la opinión de Dios mismo- poder entrar en sus pensamientos y modificarlos (así, doña Inés). Su padre lo había negado como hijo en el primer acto, don Gonzalo vuelve al mundo como estatua para condenarlo porque no puede comprender que alguien sea capaz de cambiar; Inés se limita a esperar confiada en el amor. Pero todos lo desconocen. El mismo don Juan, cuando es un torbellino joven, pura acción, no se para a pensar en sí mismo y obedece al impulso de su personaje. Lo antiguo y lo nuevo se contraponen, dos formas de entender el mundo.

¿Qué ha pasado desde las famosas escenas de la quinta a las orillas del Guadalquivir con las que termina la primera parte del drama? Dos cosas: don Juan se ha enamorado y la edad. Don Juan se hace mayor en esos años en los que está fuera de Sevilla (eso es lo que facilitó a Gustavo Pérez Puig en el 2000 la dramaturgia que le llevara a proponer dos actores para don Juan: uno joven -Juan Carlos Naya-, otro mayor -Ramiro Oliveros-) y ese tiempo le ha permitido profundizar en sus cambios.

La suma de ambas cosas le provocan pensamientos extraños, como desvela el personaje en el eficaz monólogo que sigue al diálogo con el escultor. Don Juan ha cambiado y esto hace de la obra un drama más moderno que muchos de sus antecesores románticos, por mucho que pese a los que critican la obra.

El cambio se prepara en el diálogo con doña Inés en el que don Juan se enamora y sucede en la elipsis entre las dos partes pero aún el protagonista no es del todo consciente hasta este momento, cuando entra en el panteón familiar. A todo esto se refería el propio Zorrilla en la nota que acompañaba la versión para zarzuela de la obra con la que quería recuperar sus derechos -de autor y económicos- sobre la historia del Tenorio (de los ataques  de Zorrilla a su don Juan se ha escrito mucho y mal) cuando afirmaba que con su drama había despojado al Don Juan del absurdo y explicado el milagro sobrenatural con el que concluye de acuerdo a las exigencias realistas y filosóficas de su época. Es en virtud del amor como cambia don Juan. Del amor y del tiempo. Don Juan podrá fingir ser el mismo que era de joven pero en su pensamiento se ha instalado la culpa y la duda sobre sus acciones. El personaje se enriquece: la actitud social, la que debe ejercer ante los demás, es la misma pero por dentro piensa ya de otra manera. Esto es tan difícil de hacer en escena que casi todos los directores que se han enfrentado con el drama pasan de puntillas sobre esta parte, deseando que llegue pronto el final de la obra. El don Juan joven es mucho más ágil, popular y efectista. Más fácil de llevar con éxito a la escena, por lo tanto. Algo de eso es lo que dice Zorrilla en sus Cuatro palabras sobre mi Don Juan Tenorio, un texto lleno de zumbona gracia en el que critica con dureza la manera en la que se representa habitualmente su personaje. A él, además, le ocurre lo mismo que a don Juan: escribió la obra de joven, se fue de España, volvió y por todas partes fue perseguido por el éxito del drama:

En los años que han corrido
desde que yo le escribí,
mientras que yo envejecí
mi Don Juan no ha envejecido.

Y fama tal por él gozo
que se cree, a lo que parece,
porque Don Juan no envejece,
que yo he de ser siempre mozo.

Pero no, Zorrilla se había hecho mayor y se le nota muy harto de que todos se enriquezcan con una obra que a él no le reporta ni un centavo (mi drama D. Juan Tenorio es al mismo tiempo mi título de nobleza y mi patente de pobre de solemnidad). Que señale los defectos de su drama no significa que no lo considere y augure que viva diez mil soles. No es para menos: habla de la cuestión de la inmortalidad, del libre albedrío, del amor, de la rebelión ante todos y ante todo, de la oposición entre lo viejo y lo joven, de la aventura y de la tentación del abismo.

Y aquí estamos aún, como cada año, pese a quien pese, volviendo a Don Juan Tenorio. Ya me lo perdonaréis. Llevo unos cuantos años dedicándole entradas en este blog cada 2 de noviembre. Porque la obra aborda la tradicional fiesta del día 2 de noviembre y no la del 1, que siempre conviene recordar que no es lo mismo el día de Todos los Santos que el de los Fieles Difuntos. Para no mezclar churras con merinas, aunque a nadie le importen ya estas cosas.


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Otras entradas sobre el Don Juan de Zorrilla con motivo del Día de los fieles difuntos:
Los difuntos (2007) 
Un punto de contrición (2012)
¿Cómo se enamora Don Juan? (2013)
Por qué perdonamos a nuestros políticos o Don Juan Tenorio en el Día de los fieles difuntos (2014)
El conflicto del burlador (2015)
Y de propina, mi crítica sobre el Don Juan Tenorio de Blanca Portillo y Juan Mayorga.
Remito también a la Bibliografía que escribí con Irene Vallejo para el Ayuntamiento de Valladolid con motivo del centenario del autor (aquí).