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viernes, 1 de mayo de 2026

El campo, verde y azul

 


El prodigio de este valle lo han hecho las aguas que nutren los arroyuelos que nacen por fuentecillas naturales y escorrentías de los cerros calcáreos del páramo: Prado (que viene de Baltanás), Tojanco (que nace en el paraje de Carrodueñas), Valdemadera, Boquillas... Todos ellos se rinden en el padre Pisuerga, que está ya muy cerca. Es curioso cómo llenan la boca estos términos. Tojanco, que parece venir de las tojas, como se dicen por aquí o decían a las charcas, abundantes en tiempos de lluvia en la zona por las características del terreno, que retiene el agua hasta que se desborda y mana de forma natural en las fuentes o escurre por la pendiente del terreno o hasta que el verano las seca. Me dicen que tojanco en el Cerrato puede significar tozudo. No sé si es cierto, pero algo de obstinados sí tienen estos arroyos que rebajan la tierra para hacerla fértil en la tablada del valle. 

Miro el campo, miro los tonos de verde: hojas de los árboles, cereal, hierbas. Arriba, azul, un azul escolar, como el de aquellas pinturas de madera que llevaba en el estuche. Qué torpe fui siempre para pintar, qué torpe para hacer los caminos, los árboles, las casas, el cielo, la vida.

sábado, 25 de octubre de 2025

Una lejana franja en la que se juntan cielo y tierra

 



En Castilla, en cuanto subes a una torre (iglesia, castillo o palacio), todo es horizonte. Aquí es tierra de pinares y las copas verdes se extienden entre los campos dedicados a otros menesteres agrícolas. Buena tierra esta para trabajar la madera y la resina y, según la variedad, piñones sabrosos. Como acaba de llover, habrá ya níscalos, algún boletus, setas de cardo, pero lo que hay sobre todo es una gran extensión de vuelo. Ni desde la torre del homenaje del castillo de Portillo, a la que se accede por una estrecha y difícil escalera (no está hecha para el turismo, sino para la defensa), se ven las montañas. Algún otero que señala la altitud antigua del páramo y la lejana franja en la que se juntan cielo y tierra. Tan lejana, que parece que el mundo es ancho y sin límites. Qué diminutos resultamos ante tanta vista, qué perdidas todas las vanidades del mundo. Ni siquiera los que construyeron este castillo como símbolo de su poder pudieron hacer nada para conservarlo. Toda una lección la de este paisaje.

sábado, 6 de mayo de 2023

Qué lejos está el mundo cuando el corazón se sosiega

 


Es tan ancha Castilla, que puedes levantarla en la palma de la mano.

En el páramo abierto, los besos que se dan los enamorados regresan al cabo del tiempo, después de viajar por lugares remotos. Al volver, huelen al azul violáceo de la flor de la jacaranda, suenan a la quietud del colibrí mexicano y tienen la brisa del añil mediterráneo.

Por aquí, los manantiales abren vetas habitadas por ninfas y sátiros. Más abajo, en los valles, corren los centauros mientras el labrador ve atardecer desde la cabina de su tractor. En los buenos años, las cosechadoras han interrumpido las miradas impuras de los dioses.

Me sorprendió la media mañana junto a la fuente de una ermita, en la chopera. De la mochila saqué mi bocadillo de tortilla de patata y la botella de agua. Mientras comía, una bandada de torcaces hacía equilibrios en el aire.

En esta chopera cerré los ojos para oír la brisa del mar entre las ramas.

Parece mentira qué lejos está el mundo cuando el corazón se sosiega.

miércoles, 3 de mayo de 2023

Como las vidas bien aprovechadas

 


Se ha perdido la cosecha de cereal por esta tierra debido a la sequía. He soñado olas verdes en los campos, sentado sobre la mota. Atardecía.

Del largo paseo, anoto el polvo del camino que se vino conmigo.

¿Quién soy yo para decirle al zorro que no se agazape, al cernícalo que no se pare en el aire, al ratonero que no clave el viento?

Qué ancha es Castilla. Desde aquí llega hasta la madriguera de los conejos, los nidos de las perdices y el vuelo de las rapaces.

En la mochila he cargado esta mañana las palabras que no me dijo y las semanas de silencio. Tenía intención de abandonarlas en las revueltas de los caminos. Pesan ahora, de regreso, conmigo.

En su desnudez, qué hermosa esencia la de esta llanada. Horizonte puro, como las vidas bien aprovechadas.

miércoles, 6 de julio de 2022

El palomar

 


Busca el palomar surcar la mies. Zurean las aves mientras llega a puerto.

Los palomares de esta tierra están y no están, incluso los mejor conservados. Como aquel del escudero del Lazarillo, que de no estar derribado daría más de doscientos palominos. Por la ensoñación conocemos al personaje, quien quizá solo era hidalgo en Toledo porque era forastero y desconocido. Fingir ser donde no te conocen para terminar comiendo de la mano de Lázaro.

En Tierra de Campos tengo la sensación del origen del mundo. Aquí todo nació, pero nada queda. ¿Nada? Queda la tierra y el cielo, los regatos. En las lentas tardes de verano, las chicharras. En ese momento, el tiempo parece detenido sobre la rastrojera y el cementerio. De aquí para allá, caminos polvorientos a la espera de una tormenta.

lunes, 4 de julio de 2022

Desde Palazuelo de Vedija.

 


Está la tierra sedienta. Recogido el cereal, en los campos quedan las pacas en montones imposibles. La luz azul y dorada es implacable. Los caminos, polvorientos, cruzan Tierra de Campos con vocación de horizonte. Antes de regresarme, soplé una nube para que se deshilachara. Tan cerca está del cielo esta tierra.

A veces tengo la sensación de que esta comarca no existe. Se oculta en los marrones del otoño, el verdor de la primavera y la dorada sed del verano. Atravesarla es soñarla. Soñarla es dotarla de una existencia que se nos ha ido despoblando. Por los caminos de concentración solo se va adentro, al desierto. Sucede lo mismo con este cielo puro, que empuja a emigrar hacia el ensimismamiento. En las tierras en las que todo es horizonte, todo falta. Ser menos cada vez.

La hermosura del despojamiento cuyo secreto se guarda en esa fina línea en la que cielo y tierra se juntan.

lunes, 24 de enero de 2022

Una tapia de tierra amasada no tiene voluntad eterna

 


Al adobe no hay que dinamitarlo. Cuando el tejado se hunde, las paredes desaparecen con el tiempo. Barro y paja dejan apenas una huella del paso del ser humano. En nuestros tiempos, todo exige una brigada especializada en descontaminación y tratamiento de residuos.

Ancha es Castilla, se decía para significar que aquí cabían todos, que quien no estuviera a gusto o molestara, buscara otro lugar o ensanchara la tierra. Y uno echaba a andar y tardaba en llegar a sus límites. Más ancha que nunca hoy, despoblada.

Una tapia de tierra amasada no tiene voluntad eterna.

domingo, 9 de enero de 2022

Malos passos

 






Ayer estuve, estuvimos, en Palazuelo de Vedija para celebrar la aparición del tercer número de la segunda época de Malos Passos, publicación que conserva la estética e intención de los fanzines de hace unas décadas, cuando todos éramos no solo más jóvenes sino también más desesperadamente libres, irresponsables y creativos. En ella hay de todo: reseñas de libros y películas, relatos, poemas, ilustraciones, fotografías, etc. (Te sugiero ampliar la segunda imagen para ver el listado de colaboradores).

Como Diego Irimia afirma en la "Intro", vivimos un tiempo en el que con mayor intensidad que nunca debemos resistir y construir nuestra guarida a la espera del final implacable porque "ahora falta poco para que pase cualquier cosa", recordando el cartel de un relato de Richard Ford. La dirección de la revista ha tenido el gesto de dedicar la doble página central de este número a un poema de Luis Ángel Lobato, otro de Abel García Pantín y dos míos, con ilustraciones de Pep Vanaclocha, autor también de las excelentes pinturas de la portada y contraportada. Y todo ha quedado estupendo gracias a una eficaz maquetación que es y no es la de aquellos fanzines, que conserva el gusto de la inexperiencia pero aportando la mucha experiencia. Quizá no quede otra, ante tanta censura, autocensura, temores, crispación y convulsión, que volver al espíritu de aquellas publicaciones que tan pocos ejemplares tiraban, pero se conservan imborrables en la memoria y en el impulso por su carácter libre y necesario. Ojalá se inunden los bares de ellas.

La comida fue estupenda, como propia del Dulcinea, el bar restaurante en el que sabes que tendrás acogida, buenos platos y mejores caldos. Qué cocina la de allí, que no envidia a ningún restaurante de primera fila sin dejar de ser un restaurante de cocina casera. Dejo aquí constancia que hace tiempo que no saboreaba unas manitas tan bien guisadas y que el hojaldre de rabo de San Epifanio es de lo mejor que he comido en años. En la fachada, colgaban, en un tendal, ejemplares de Malos Passos sujetos con pinzas de ropa y una familia de gatos estaba absorta en su lectura.

Echamos el día en Palazuelo de Vedija, pueblo con mucha historia y recursos naturales que, como todos los de esta zona de Tierra de Campos, ha sufrido varios procesos de emigración que han reducido notablemente el número de habitantes censados y más aún el de los que residen de forma habitual, proceso en el que han tenido responsabilidad las ansias de una vida mejor empujadas por la miseria de un tiempo no tan lejano, que muchos añoran ahora inexplicablemente, y el poco impulso y visión de las autoridades regionales y nacionales, pero que lucha por no perder ni sus señas de identidad ni su futuro. En Palazuelo, a diferencia de lo que ocurre en otros lugares de la zona, no se ha tirado la toalla.





Por aquí pasaba el tren burra, un ferrocarril de vía estrecha que recorría la planicie cerealística desde Valladolid, que comenzara a funcionar en 1884, pero que no pasó por Palazuelo hasta 1915. Cuando se dispuso que la mejor manera de comunicar todas estas localidades era la carretera y se apoyó el crecimiento industrial y los puestos de trabajo que generaba la fabricación de automóviles, esta línea ferroviaria entró en franca decadencia y abandono de inversiones que la mejoraran, lo que provocó que se cerrara definitivamente en 1969. Aquella modernidad de lo inmediato, que no supo mirar hacia el futuro, llevó (no solo aquí, sino también por toda España) a levantar las vías y malvender la infraestructura y edificios. Hoy ya es imposible recuperarlas como paso de tranvías rápidos que dieran servicio a los pueblos, cada vez más abandonados. Las decisiones políticas que se han tomado en estas tierras desde hace ochenta años han favorecido siempre que la gente se vaya, no que llegue.

Al ir hacia Palazuelo tomé esta fotografía desde la ventanilla. Al revisarla ahora para su publicación, me ha parecido la ilustración digital más popular del escritorio de Windows y me quedo un tanto perplejo ante la realidad de nuestro mundo, en el que parece tener más peso un campo generado por un código binario que esta Tierra de Campos, que ondula verde tras las últimas lluvias, hacia un horizonte de nubes azuladas. Espera, a su tiempo, la primavera.


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martes, 21 de diciembre de 2021

La tierra, vocación de invierno

 


Tiene ya la tierra por aquí vocación de invierno. Ha entrado en ella el silencio y se recoge el aire en los regatos y choperas desnudas. Cuesta respirar porque hasta el respirar interrumpe la pausa. Qué hermosa sorpresa del frío. 

domingo, 7 de noviembre de 2021

Balance de ¡Responda el pueblo! Una visión romántica de la rebelión comunera. XIV Semana de Estudios Románticos

 


Dentro de las conmemoraciones con motivo de los quinientos años de la revolución de las Comunidades de Castilla (1520-1521), que toman como eje la batalla de Villalar (23 de abril de 1521) y la ejecución, al día siguiente, de Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado, la ciudad de Valladolid ha centrado sus actividades en el programa Valladolid Comunera. También con este motivo, la XIV Semana de Estudios Románticos que coordino dentro del programa Valladolid Letraherido, se ha centrado en el análisis del significado de las Comunidades. En este caso, a través de la mirada del siglo XIX sobre lo que suponen los comuneros para la historia de España. La conmoción que provocó la revolución y la durísima represión posterior explica mucho de lo ocurrido en Castilla y en España desde el siglo XVI. El silencio, la persecución de las ideas defendidas por los comuneros y la destrucción de lo castellano para asimilarlo al proyecto imperial que terminaría asociándose con la Iglesia, provocó un territorio sin la dinámica de modernización y demandas de progreso que ha llegado hasta nuestros días. Es más, Castilla y lo castellano sufrió y sufre del estigma de esa forzada asimilación al Imperio, como si hubiera tenido que conformarse con nutrirlo a cambio de ser despojada de una estructura económica y social sostenible. De todo esto y otras cuestiones se ha hablado los días pasados en esta Semana, celebrada en la Sala Cossío de la Casa Revilla de Valladolid.

La recuperación del legado comunero y la construcción de la imagen colectiva actual sobre las Comunidades se nutre de la mirada que sobre ellas generó el liberalismo que desde finales del siglo XVIII combatía contra el absolutismo. El título de la Semana está tomado de un verso de José Zorrilla que, en la introducción a la leyenda que da lugar, alude a una consideración romántica del pueblo y a que lo que comenzara como rebelión terminaría, gracias a la mirada y reinterpretación del siglo XIX, en una revolución, puesto que las ideas comuneras sustentan en gran medida el cambio de régimen que se produjo entonces y seguirá inspirando a grandes intelectuales de la II República española.

El martes día 2, inauguró la semana María Isabel del Val (Catedrática jubilada de la Universidad de Valladolid) con una charla sobre La presencia de la mujer en las Comunidades de Castilla: María de Pacheco. De la mano de la figura protagonista de la mujer de Padilla y el núcleo de su actividad en la ciudad de Toledo, repasó su actuación y los hechos esenciales de la revolución, sin olvidar la presencia de otras mujeres, como han venido demostrando las más recientes investigaciones. María de Pacheco, por su origen familiar, su formación y su posición central en los últimos meses de las Comunidades, es un hecho singular dentro del contexto europeo. Aunque se trataba de una mujer procedente de la gran nobleza española del momento, su casamiento con alguien cuya familia era de rango inferior y la decidida actuación al frente del gobierno de Toledo, no tiene parangón en aquel siglo.
(Puede consultarse la grabación de la charla en este enlace:  https://fb.watch/97WL59Q9Hg/https://fb.watch/97WL59Q9Hg/)

El miércoles 3, Jesús Urrea (Catedrático emérito de la Universidad de Valladolid), intervino con una charla sobre La invención figurada de los comuneros: pintura y escultura. Partiendo del análisis de la obra más icónica sobre el movimiento comunero, Ejecución de los comuneros de Castilla, cuadro pintado por Antonio Gisbert en 1860, conservado en el Palacio de las Cortes de Madrid, hizo un repaso extenso sobre las principales obras dedicadas al tema, especialmente a la figura de la viuda de Padilla. Aparte de la reinterpretación de los cuadros históricos del siglo XIX, dio oportunas pinceladas sobre cómo debemos mirarlos hoy y noticia de alguno que lamentablemente está enrollado en los sótanos del Museo del Prado.
(Puede consultarse la charla, aquí: https://fb.watch/97X5tSSSEB/)

El jueves 4, me tocó el turno para abordar la construcción de la mirada romántica sobre los comuneros a través de la literatura en Padilla y libertad. De cómo los escritores románticos construyen el mito comunero. La asociación que los liberales hicieron de las Comunidades con la lucha de la libertad frente a la tiranía es central para comprender las razones que tuvieron para su recuperación. Desde la Oda a Padilla de Quintana el tema provoca cientos de títulos. Muchos de ellos sirven para fijar la imagen colectiva de los comuneros, pero también para que su legado se encuentre detrás del constitucionalismo del siglo XIX y de lo mejor de la reflexión política del siglo. A partir de los años cuarenta, la aproximación romántica se nutre fundamentalmente de rasgos sentimentales y legendarios.
(Puede consultarse la charla, aquí: https://fb.watch/97XxnExYQ_/)

El viernes 5, intervino el historiador Francisco Cánovas Sánchez para charlar sobre El movimiento de las Comunidades, la historiografía del siglo XIX y la reconstrucción del Estado Liberal, que abordó cómo la historiografía y la actuación política de aquel siglo tiene como una de sus bases fundamentales la recuperación del significado de los comuneros, en el que se encuentra el precedente más evidente de la propuesta de cambio frente al Antiguo Régimen para asentar un proyecto político basado en los conceptos de nación y soberanía nacional.
(Puede consultarse la charla, aquí: https://fb.watch/97XMmcn1xG/)

El jueves 4 por la noche, tuvo lugar la acostumbrada representación de las escenas del cementerio del drama Don Juan Tenorio de José Zorrilla a cargo de la Asociación Amigos del Teatro de Valladolid, que representa la obra desde hace más de cuatro décadas, todos los meses de noviembre, y que colabora en la Semana desde su inicio hasta el punto de que no puede entenderse la misma sin la reunión de todo el público en torno a los cipreses del jardín romántico de la Casa de Zorrilla en la media hora que dura la representación de estas escenas.`




No han terminado los actos que conmemoran la revolución de las Comunidades de Castilla y reflexionan sobre lo que fue y su significado para la historia española posterior. El V Centenario no terminará hasta el próximo 32 de abril, pero lo más importante es que las reflexiones que se están elaborando continuarán con posterioridad porque el análisis de aquellos hechos y el replanteamiento de su influencia en nuestro presente seguirán de actualidad.

Quiero dar las gracias a todo el público que ha asistido a las sesiones y que ha visto su emisión en directo o la grabación posterior.

lunes, 7 de junio de 2021

Castellano. Lorenzo Silva

 


En 2011, Lorenzo Silva (Madrid, 1966) decidió escuchar durante un viaje en automóvil la versión musical del poema Los Comuneros del grupo folclórico segoviano Nuevo Mester de Juglaría. El poema de Luis López Álvarez (La Barosa, 1930; Premio Castilla y León de las Letras, 2015) se publicó en Cuadernos para el Diálogo en 1972 y contiene una visión muy crítica sobre el decaimiento de Castilla, el desconocimiento de su historia, la manipulación interesada desde posiciones ideológicas diferentes sobre su significado y el abandono del conocimiento de las claves que motivaron y constituyeron la revolución de las Comunidades y su gran importancia histórica (1520-1521). La versión musical data de 1976 y contribuyó eficazmente al conocimiento del poema y la construcción de un castellanismo emergente en la Transición hacia la democracia en España, con carácter netamente progresista, que nunca ha llegado a cuajar del todo por varias razones. Dentro de Castilla no existe una conciencia de identidad clara, a lo que no ha ayudado el desmembramiento del territorio debido a la reorganización del estado en autonomías, entre las que no se le dotó de valor de autonomía histórica, que merecía. Fuera de Castilla ha existido siempre una mirada errónea sobre lo castellano en la historia, perpetuada en el arte y la literatura y en la interesada ligazón con el neoimperalismo franquista. De hecho, Castilla y lo castellano se han convertido en conceptos desemantizados tanto por la ignorancia histórica y la mixtificación como por su extensión e identificación fácil con lo español.

Cuando inició aquel viaje en automóvil, Lorenzo Silva, tal y como cuenta en el libro, era un español más de su generación, sin clara conciencia de identidad, sabiéndose parte de un país pero de forma un tanto vaga. Había crecido entre las mentiras extendidas por el régimen de Franco perpetuadas en el postfranquismo y la cómoda repetición acrítica de esquemas mentales después y la agresividad de las identidades de otros (la violencia etarra, que le afectaba muy cerca al residir en una colonia militar en su infancia). Por aquel entonces, vivía en Cataluña y percibía el crecimiento del nacionalismo catalán de corte independentista y excluyente, fabricado, como todos los nacionalismos, a partir de una lectura emocional de la historia y del presente plagada de falsedades y confrontación con otros extremos nacionalistas igualmente erróneos, que se alimentan mutuamente en la radicalidad. Nacido en Madrid, en un momento en el que tampoco había una conciencia de lo madrileño, sus orígenes familiares paternos le llevan a Andalucía y los maternos a un pequeño pueblo salmantino que apenas había visitado. Sin embargo, el disco le devolvió al recuerdo de su abuelo materno y sus diferentes experiencias en Castilla y algo se removió en su interior para que se sintiera fuertemente identificado con lo que escuchaba. A partir de ese viaje en automóvil comienza otros, que se trasforman en la novela Castellano (Destino, 2021), organizados de forma literaria por el mayor de todos, el descubrimiento paulatino de una identidad en la que se reconoce, la castellana. La novela se entiende así como un género abierto en el que se suma el relato de ese viaje físico y anímico, la investigación histórica y el ensayo sobre una manera de estar en el mundo.

En los capítulos impares hallamos a Lorenzo Silva recorriendo los tramos de ese viaje construidos con los recuerdos autobiográficos, la descripción de los lugares a los que le lleva la investigación y las emociones y reflexiones que le provocan, así como el encuentro a través de los libros con los hitos de la construcción de lo castellano desde las leyendas sobre el Conde Fernán González, el Cid, las grandes aportaciones de Castilla al progreso de la humanidad (la construcción del derecho de gentes de Francisco de Vitoria), las relaciones con el mundo musulmán y judío en las que es inevitable recordar la polémica entre Américo Castro y Sánchez Albornoz, etc. En esa búsqueda camina del presente al pasado, del paisaje a los habitantes, para intentar extraer sus propias conclusiones y confrontar la historia con el momento en el que vivimos, un recorrido que trascurre también por la gran literatura que ha abordado este tema. Es singular cómo corrige la tópica visión que la mal llamada Generación del 98 extendió sobre Castilla con los textos de Miguel Delibes. También cómo enfrenta la potencia castellana del siglo XVI (económica, demográfica, intelectual, etc.) al paisaje actual, tan carente de muchas cosas y abandonado por las administraciones y hasta por sus mismos habitantes que parecen desconocerse.

En los capítulos pares, Lorenzo Silva relata la historia novelada de la revolución de las Comunidades, de tanta relevancia histórica que hoy es difícil negarla. No solo fue un serio cuestionamiento de la legalidad del reinado del emperador Carlos V, sino que sus aportaciones sociales y jurídicas constituían un proyecto de una primera Constitución moderna. El fracaso de los comuneros no solo fue la pérdida de la identidad castellana difuminada en la construcción de la española, sino también una pausa en el avance de la limitación del poder absoluto y un freno en la idea de lo que, pasado el tiempo, se llamaría soberanía nacional. Como tal historia novelada, construye espacios y personajes en un acertado retrato sociológico y psicológico de los grandes protagonistas de aquellos hechos, pone en pie diálogos y escritos basados en los muchos documentos que recogieron los escribanos y los cronistas. La línea de la narración es inequívocamente favorable a los comuneros, pero sin ocultar sus disensiones y debilidades. En este relato histórico, Lorenzo Silva no busca sorprender porque se atiene a los hechos históricos, pero el fresco que levanta tiene la encarnadura de lo real.

Este viaje hacia la identidad basado en su experiencia biográfica, la certeza de los documentos históricos y la literatura, le llevan a asumir las claves de libertad frente a las tiranías, la poderosa fábrica intelectual de aquella Castilla anterior a la Contrarreforma, con figuras insignes en todos los campos del saber, la suma de elementos procedentes de todos los estratos sociales y singularmente del común y de la baja nobleza procedente del ámbito urbano, y la energía en el hacer y en el reclamar que la caracterizaba y que fue sepultada tras la derrota de Villalar. Esta fue causada, en gran medida, por la acción de la aristocracia y los intereses sociales y económicos que defendían. También por las disensiones internas provocadas por el mismo carácter castellano y los miedos y debilidades de unos personajes que eran conscientes de enfrentarse a un poder imperial de Calos V que trascendía con mucho el territorio de Castilla.

Castellano se lee con agrado y poco importa que se entre en él entendiéndolo como relato autobiográfico, ensayo o historia novelada (de todos estos géneros tiene buenas dosis) puesto que la capacidad como novela terminará imponiéndose en el concepto moderno de la narrativa de no ficción. Está muy bien escrita y en el viaje autobiográfico del autor se reconocerán muchos españoles nacidos o educados en el postfranquismo en estos tiempos en los que parece que retorna la necesidad de encontrar una identidad histórica en la que sustentarse, con el riesgo de caer en aquellas excluyentes y generadoras de conflictos o en las que se basan más en tópicos y modismos. También resultará muy atractiva la narración de los acontecimientos de la revolución comunera porque es algo que muchos desconocen. Descubrirán unos hechos y unos personajes tan atractivos que sorprenden por su relevancia. No tanto por su desconocimiento: durante siglos se ha trabajado para hacerlos desaparecer de los libros de texto o reducir su importancia. Lo mejor del descubrimiento de esta identidad castellana es que no sustenta hoy una confrontación con otras ni pretende ser excluyente, sobre todo en el amplio paisaje de un territorio vaciado. Eso sí, hay que procurar rescatarla de la contaminación interesada de patrioterismo españolista y el rancio neoimperalismo para que pueda entenderse correctamente y convivir con una forma abierta y plural de entender el mundo. Una contaminación buscada tanto por los que han querido apropiarse de su carácter para disolverlo o dominarlo en ámbitos localistas como por aquellos que la convirtieron en el fácil blanco de su crítica. Este libro es una aportación en el camino correcto.

El pasado sábado día 5 de junio acompañé al autor en la presentación del libro en la 54 Feria del Libro de Valladolid. Pienso que la conversación resultó amena y esclarecedora, se puede ver pulsando en este enlace.

lunes, 22 de marzo de 2021

Un palomar caído y un horizonte de aerogeneradores

 


En Hornillos de Cerrato, al lado de la ermita, un palomar caído y un horizonte de aerogeneradores. Detrás, las minas de yeso abandonadas y los restos del castillo. Abajo, una chopera para la sombra del verano.

El adobe de esta tierra se sujeta por el tejado. Caído este, la casa se hace tiempo.

A pesar de la larga historia, no conozco tierra más presente que esta. El horizonte es una línea divisoria que abre el tiempo en dos y nos deja la decisión a nosotros. Algunos se van y se hacen futuro, dejando atrás los arroyos y las tierras onduladas por las lomas y los valles. Otros se fueron y son ya pasado. El presente se agarra a los cerros. Mires donde mires no hay más tiempo aquí que el ahora.

Está la tierra de Castilla hermosa en este marzo. Verdean ya los campos y el cielo es del azul de los dibujos escolares.

lunes, 15 de marzo de 2021

Desde las minas de yeso de Valdeolmillos

 



Como en otros pueblos de El Cerrato palentino, en Valdeolmillos se horadaron las laderas para extraer yeso. La minería y comercialización del mineral fue muy importante en esta comarca durante décadas en el siglo XX, desde que se abrieran hacia 1914. Las minas, abandonadas hace años, peligrosas por los desprendimientos, tienen cientos de metros de galerías que se unen formando laberintos geométricos. Las bocas se ofrecen al paseante como la entrada sagrada a un templo. Toda profundidad de la tierra lo es. A mediodía, pegaba este sol de marzo. Desde la entrada, aquel laberinto se ofrece como ejemplo de la locura política que se ha desatado estos días en España, un juego de idas y venidas que dentro de unos años amenazará derrumbe. Todo pasa. Me di la vuelta para mirar el valle. Abajo, el arroyo Rioyo camina hacia el arroyo Mayor. Las aguas de esta tierra buscan ya el Pisuerga. Se tiene una idea equivocada de esta Castilla, a la que se cree seca. El observador descubre pronto en el campo los muchos regatos, arroyos, fuentes y manantiales, evidenciados por matas de árboles, hileras de chopos que siguen un cauce, charcas que reverdecen la hierba.

Durante un tiempo, cuando decayó la extracción del yeso, las minas se usaron para cultivar champiñón, pero aquello no cuajó, quizá por demasiado exótico. En otras tierras, a estas galerías se les ha sacado ese provecho o se han convertido en bodegas o en recurso turístico. No así por aquí, en donde todo tiene la condición de la espera a tiempos mejores.

Hace calor a mediodía bajo este sol de marzo. En unos días, dicen, se llega la nieve de nuevo y el frío. Más allá del páramo se escuchan rumores de juegos en los tableros políticos. Aquí ni se juega. Mientras tanto, tendimos el mantel bajo unos pinos.



viernes, 26 de febrero de 2021

Ya eres solo paisaje

 


Ejerzo de presente en la infinita tierra,
estoy sobre la mota que domina el valle,
pero quien permanece es el río que empapa los campos,
el viento de los páramos que llega desde la peña,
el beso horizontal del cielo sobre toda la extensión.
La mirada se pierde y te vacía,
ya eres solo paisaje
que desciende, con lento paso, al agua.

© Pedro Ojeda Escudero  (2021)

sábado, 11 de julio de 2020

Se pone el sol de julio en el páramo castellano


El campo de cereal se presenta recogido y limpio. Bajo el sol de julio, las pacas parecen pequeñas barcas varadas en la inmensidad del páramo. Aquí y allá, manchas verdes indican la línea de un arroyo, de un camino, de una división de tierras. Con el trabajo hecho, es tiempo de buscar la sombra de una chopera junto al rumor de una fuente para dar buena cuenta del almuerzo. Qué limpio el horizonte castellano de verano, geometría pura de belleza.

Al atardecer, paseo entre los caminos de estas tierras. Los pensamientos, aquí, se hacen verticales, como pequeños hitos que marcan nuestro caminar hacia el horizonte.

Cuando se pone el sol de julio en estos páramos, nada interrumpe la lucha amorosa entre la luz y la sombra. Aquí, el ser humano se sabe humildemente infinito.

jueves, 23 de abril de 2020

El día del libro y el morado comunero


Hoy las redes sociales se han llenado de la generosidad de todos para celebrar el día del libro en unas circunstancias tan especiales como las que vivimos. Yo mismo he colaborado en varias iniciativas. Con el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua he participado en un homenaje a Miguel Delibes con motivo del centenario de su nacimiento, presentando su figura y analizando uno de los textos más radicalmente actuales de este autor, su discurso de ingreso en la Real Academia en 1975, junto a mis colegas Carmen Morán y Natalia Álvarez (puede consultarse aquí), y un diálogo vivo e interesante con los ganadores del Premio de la Crítica de Castilla y León de este año, José Luis Alonso de Santos y Pablo Andrés Escapa (aquí); a Miguel Delibes también se le ha homenajeado desde el Ayuntamiento de Medina de Rioseco, con la lectura de fragmentos de sus obras y yo he seleccionado la parte del mencionado discurso que me ha parecido más emotiva y personal (aquí); a petición del escritor y promotor cultural José Ignacio García, he mandado un fuerte abrazo y un libro a la buena gente de Portillo, en una iniciativa del Ayuntamiento de esta localidad (aquí); he apoyado la campaña de la Asociación de libreros de Burgos recomendando la lectura del poemario Material de contrabando de José Gutiérrez Román, estupendamente editado por Difácil (aquí); también he compartido la lectura del famosísimo fragmento 7 de Rayuela de Julio Cortázar con la emisora municipal de Ayamonte, gracias a mi querido amigo José Luis Rúa y los Poetas del Guadiana. Además, he compartido públicamente algunos vídeos dedicados a mis alumnos en los que explico la narrativa cervantina (pueden verse en mi canal de Youtube, aquí). Ha de recordarse que este día del libro se celebra el día 23 de abril porque se creía que en esta fecha falleció Miguel de Cervantes, cosa que la investigación ha desestimado. Cervantes murió el 22 y fue enterrado tal día como hoy. En todo caso, ha sido un día del libro intenso, como nunca lo había vivido. Posible gracias a la tecnología actual, que nos acerca a todos los lugares y nos permite conversar con tanta gente querida.

Ahora solo es necesario un nuevo paso: no abandonar el impulso, apoyar la cultura en los duros tiempos que se avecinan de crisis económica gravísima en el sector y comprar en las librerías de toda la vida.

En Castilla y León hoy ha sido fiesta. Se rememora la derrota en la batalla de Villalar de 1521, en la que las tropas comuneras fueron vencidas por las del emperador Carlos V y ejecutados inmediatamente Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado. Cada vez está más clara la importancia de la Guerra de Comunidades y lo que supuso para la historia moderna no solo española sino europea. Como en todas las cosas de la vida, su significado es más complicado de lo que parece y por eso ha podido analizarse como la última revuelta medieval o la primera revolución moderna, pero la trascendencia de lo que ocurrió es innegable. Lo cierto es que a partir del siglo XIX se recuperó como un símbolo de la libertad frente al absolutismo por los sectores progresistas del liberalismo y algunas sociedades secretas. De aquella época parece venir la sustitución del rojo carmesí de las banderas por el morado con el que identificamos hoy el movimiento. La recuperación de los comuneros en los años setenta tuvo un claro significado antifranquista, de lucha frente a la dictadura de Franco y su intención de continuismo, y fue la seña de identidad castellana para proclamar la libertad y la igualdad. De allí me viene mi sentimiento comunero. Un sentimiento que no es nacionalista, sino todo lo contrario, porque hace mucho que aprendí a amar el terruño propio para admirar todos los ajenos sin jerarquizarlos ni excluirlos. No debe haber un nosotros frente a un ellos. El extraordinario poema del berciano Luis López Álvarez que relataba los hechos alcanzó pronto la condición de cantar de gesta musicado por el Nuevo Mester de Juglaría y para muchos es parte de la memoria personal y colectiva. Es mi caso. 

Así que me he imaginado en la campa de Villalar, añorando el horizonte abierto de mi tierra. Y en casa lo hemos celebrado con una tortilla de patata y vino.

Cuando ha anochecido, hacia la Peña de Francia, el día se ha puesto tan hermoso que solo por eso ya ha merecido la pena.

lunes, 15 de julio de 2019

No es año este de lluvias


El sol es implacable en estas tierras. Agostado ya el cereal, cosechado incluso, la tierra ofrece el pecho desnudo a la certeza de la luz. No hay dónde esconderse. Al bajar la loma, un regato casi seco sustenta una fuente natural rodeada de chopos. En el tocón de uno me siento a respirar mientras se me seca el sudor encima. No es año este de lluvias. Dudo entre quedarme allí a esperar el atardecer, que vendrá delicado y fresco, o salir al sol de nuevo, buscando ya el camino que lleva a la carretera. Al pueblo más cercano habrá dos o tres quilómetros. En el único bar abierto -hubo tres y una tienda de ultramarinos y una farmacia- los parroquianos matarán la tarde del verano. Estas semanas hay gente en el pueblo.

*

Con el cambio de casa he tenido que tomar una decisión con mis libros. Nunca pensé que fueran tantos. Algunos llevan conmigo seis mudanzas ya. He regalado un puñado de los repetidos, otros los donaré al mercadillo solidario de SBQ para que tengan una segunda oportunidad. Y unos cuantos cientos han tenido que ir al trastero. No es un castigo: es muy accesible, cómodo y amplio y descansan en estanterías en los que es fácil encontrarlos o dejarse sorprender en una mirada rápida. ¿Qué bajar al trastero y qué no? En casa, comencé la ordenación como se debe o, al menos, como debe hacerlo alguien que ejerce mi profesión con el mismo amor que yo tengo por ella. Primero temática (cuestiones filológicas, historia, filosofía, arte, de consulta, etc.) y luego por épocas. Cuando llegué a la literatura comprendí pronto que lo que se ha escrito desde mediados del siglo XX no me cabía. No me dolió: al trastero con esos libros, al trastero. Qué bien se vive entre los clásicos. Subiré de vez en cuando brazadas cuando toque o me apetezca, como quien sube leña para encender la chimenea en invierno. O uno a uno, para degustarlos con calma, especialmente los de los amigos. Del resto, solo cuando adquieran ese peso que se reconoce pronto en los que permanecen.

martes, 6 de noviembre de 2018

El paisaje


Algunos ignoran el paisaje. Como si solo fuera telón de fondo. Estoy mayor, debería decir fondo de pantalla puesto que incluso esto se ha reducido en distancia. Cuántos son los que buscan en fotografías obsesivamente en internet, lo que tienen a la puerta de casa.

De la literatura actual, la de moda, lo que más me llama la atención es esa amputación del paisaje, que me impide creerme lo que leo.

Entre la adolescencia -ahora prolongada décadas- y la madurez está precisamente eso, la consciencia del paisaje.

A veces, con las botas puestas y la mochila a cuestas, tengo la tentación de no regresar a casa. Como cuando me adentraba en los libros de aventuras en mi juventud.

Cada uno tiene un paisaje, cada uno es un paisaje y lo lleva dentro toda la vida.

Una vez más, atravieso la meseta -quizá no he hecho nada más en toda mi vida-. Me acompaña este horizonte, lo llevo conmigo. ¿Cuántas veces he cruzado estos campos?

martes, 4 de septiembre de 2018

Castilla


He visto paisajes que no olvidaré nunca: el mundo desde Monte Albán y jardines íntimos y fragantes con colibríes; la ardiente tierra de la Sierra Madre del Sur y el océano inmenso. Sin embargo, atravieso hoy la planicie castellana y, a la altura de Pizarroso, levanto la vista al cielo con asombro. El campo está agostado y pardean las colinas que se mecen hacia el horizonte, esa línea pura y abierta que llevo siempre dentro y conmigo, mi casa.

sábado, 10 de junio de 2017

Azul silencio


Cruza el tren la meseta.
El paisaje se ha vuelto
horizontal profundo.
Llanura azul silencio.
Sobrecogido, todo
grita horizontes dentro.
© Pedro Ojeda Escudero, 2017