
Tengo un monumental catarro. Desde hace unos días me duele todo, tengo la cabeza congestionada y me llora el ojo izquierdo (en efecto, el izquierdo, ¿premonición?). Como no me gusta parar, no paro y he seguido trabajando y cumpliendo con los compromisos. Pero estoy como si no estuviera: como si viera las cosas desde lejos. A lo mejor podría entenderse como distanciamiento brechtiano pero es algo más prosaico. Es curioso, en la Wikipedia hasta puede verse la definición del resfriado. He de anotar, por aquí, que algún día debo hablar de la Wikipedia. Ayer jueves era tan lamentable mi estado que uno de mis alumnos de la Universidad de la Experiencia se apiadó de mí y me recomendó una receta infalible: tomarme un vaso de leche caliente con una aspirina y beber copas de coñac hasta que dudara del número de dedos de la mano y meterme en la cama. Quizá debí hacerle caso.
Así, a media consciencia, hoy he estado en Salamanca, que aparecía luminosa, rodeada de niebla. Siempre me ha gustado esta ciudad, a la que escapo en cuanto tengo una excusa. Y sin tenerla. Me viene asociada a mi primer viaje con los compañeros del Instituto, pero también a muchos otros viajes para perderme por sus calles y ambiente, admirar el mucho arte que contiene o destapar la construcción del símbolo de esta ciudad o rastrear en local antiguo de la librería Cervantes a la caza de libros que no se podían encontrar en otros lugares.
Mi viaje de hoy se debía a que formo parte del Jurado del VI Premio de la Crítica de Castilla y León. Los nueve finalistas son textos recomendables y cuya lectura aconsejo desde aquí:
-Marcos Ana, Decidme cómo es un árbol. Memorias de la prisión y la guerra. Un emocionado testimonio del luchador antifranquista que comienza a su salida de la cárcel en 1961. Texto que revisa una época y unas sensaciones desde el poso del tiempo, con ganas de mirar hacia el futuro. De obligada lectura para los que vivieron aquellos días y para los que no lo conocen más que por los libros de texto.
-Juan Manuel González, Tras la luz poniente. Poemario que recoge un viaje a Portugal lleno de amor, reflexión y literatura. Lleno de hallazgos.
-Juan Antonio González Iglesias, Eros es más. Poemario sobre el amor, escrito con una sencillez y entusiasmo que atrapa a pesar de contener toda la cultura amorosa.
-Jesús Hilario Tundidor, Fue. Libro de poemas en el que Tundidor profundiza, a partir de la enfermedad, en el lenguaje y el tiempo.
-Andrés Martínez Oria, Más allá del olvido. Novela de trabajado estilo que atrapa en la construcción de un mundo propio, lleno de sombras y nostalgias.
-Luis Mateo Diez, La gloria de los niños. Una de las mejores narraciones de los últimos años de este novelista, en el que se acerca a un tratamiento duro de la infancia con un formato de cuento.
-Juan Manuel de Prada, El séptimo velo. Novela que me ha reconciliado con este autor, del que me había alejado desde hace años. Resultó la obra ganadora en la votación final. Se trata de una narración ambientada en la Francia de finales de la II Guerra Mundial, con una búsqueda de la memoria personal y colectiva.
-Tomás Sánchez Santiago, Calle Feria. Soberbia colección de tipos e historias ambientadas en una calle, con tono costumbrista y deslumbrantes hallazgos.
-Francisco Solano, La trama de los desórdenes. Volumen de relatos breves sobre la existencia humana.
Y al volver a casa, enfebrecido y con la camisa empapada de sudor, me hallo con un libro que esperaba: Lecturas del Pensamiento Filosófico, Estético y Político. Se trata de las Actas del XIII Encuentro de la Ilustración al Romanticismo que con tanto esfuerzo y brillantes resultados sacan adelante todos los años mis amigos de la Universidad de Cádiz. Este Congreso tuvo lugar en noviembre del 2006 y releo aquí los textos que oí, entre los que se encuentra mi trabajo sobre Martínez de la Rosa (Revisión conservadora del siglo XVIII: los últimos años de Martínez de la Rosa). ¡Cádiz! Ya echo de menos esta ciudad y su gente.
Por hoy nada más, voy a sudar en la cama.