lunes, 6 de diciembre de 2021

El aire de la casa

 

La acción te saca del pesimismo. Hoy, por ejemplo, he construido el aire de la casa porque los muros se levantan más fácilmente.
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Me recuerdo paseando con los ojos cerrados por el borde de la tapia. Era la imagen de mi madre la que me sostenía.
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Pareidolia, del griego, parecido a una figura. Se aplica al fenómeno que consiste en ver caras en objetos. De niño siempre dibujé así las casas. Hoy me he preocupado, no recuerdo cuándo fue la última vez que vi un rostro.
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Una, dos, diez..., cuántas mudanzas he tenido ya en mi vida. ¿Cuántas me esperan? A veces, las mudanzas más dolorosas son las que te roban un paisaje. Ya no está, así, de pronto, aunque regreses y consigas asomarte a la misma ventana.
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He aprendido que el frío lo llevas siempre dentro.

jueves, 2 de diciembre de 2021

Actualidad de Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín y noticias de nuestras lecturas, con anuncio de la próxima.

 


El pasado martes día 30 de noviembre mantuvimos el encuentro mensual del Club de lectura en su faceta presencial, sostenida por ALUMNI UBU. El debate que allí se suscitó sobre la comprensión última de la obra de Federico García Lorca que hemos leído en el mes último, Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín, me ha impulsado a retrasar una semana el comienzo de mis entradas sobre Mil amaneceres de José Luis Alonso de Santos. No es la primera vez que ocurre en estas reuniones que, tras la sesión, muchos de los asistentes salen con la idea de releer la obra comentada después de las intervenciones de todos los lectores. Esta es una de las ventajas de las lecturas colectivas, que nos aportan visiones diferentes y nos llevan a profundizar mejor en el conocimiento de lo leído primero en soledad.

Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín no ha perdido un ápice de su actualidad como obra teatral. En primer lugar, provoca todavía la perplejidad en la recepción y eso mueve a pensar que todavía causa uno de los efectos buscados por el autor. Esta extrañeza lleva a muchos lectores (hablo de lectores porque es el caso, pero también porque una correcta dramaturgia soluciona la cuestión o debería hacerlo, por lo menos) a rechazar la obra por entenderla como demasiado elemental, sin sustancia o errática. Hay que reconocer que en España no se está acostumbrado a leer teatro, que pide una práctica más especializada que la lectura de narrativa. Lo sé por experiencia: en este club me he propuesto introducir todos los años obras de teatro y no suelen ser la más populares al final del curso, pero también me ocurre con mis alumnos universitarios.

Para poder explicar las razones de la extrañeza de alguno de los lectores al enfrentarse a esta obra, elegimos comentar detenidamente la escena de los duendes del cuadro segundo. En ella podemos hallar la razón metateatral de la obra. Los dos duendes interrumpen la acción y se sientan en la concha del apuntador, cara al público. Acaban de romper la cuarta pared y se proponen comentar lo que ha sucedido y va a suceder con referencias explícitas a la condición teatral de la obra (que luego el público se encargue de destaparlas), a la vez que propician que la parte más evidente del conflicto no se represente directamente para no afectar al protagonista (porque no es justo poner ante las miradas del público el infortunio de un hombre bueno), pero esto, que podría haberse hecho sin decir, se dice. Apelan al público porque piden de él su participación, su complicidad, alejándose del espectador acomodado del teatro convencional al que, por entonces -y por ahora- se le daba explícitamente la moraleja del conflicto en un parlamento final. En efecto, frente al teatro comercial de entonces, no busca García Lorca explicitar el mensaje de la obra ni pensar por el espectador, sino que lo provoca para que sea parte esencial del proceso teatral.

Las razones más evidentes de la subversión que hallamos en Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín son la contestación al sentido barroco de la honra, la lectura diferente del tema del viejo que se casa con una mujer joven, la modificación del concepto de sacrificio por amor, la recuperación del cuerpo en las relaciones amorosas -tema nada frecuentado en el teatro español hasta ese momento-, etc., pero las claves teatrales de la revolución que implica esta obrita frente al teatro convencional se hallan aquí y guardan todavía toda su validez. Las raíces son claras (el teatro popular, el mundo de los títeres, la  vanguardia más radical europea que apenas se conocía en España). El espectador y el lector acostumbrado a que el autor le facilite todas las claves se desorienta y el que las comprende pero es partícipe de aquello que en la obra se destruye -la mirada tradicional sobre los temas señalados-, se indigna y rechaza esta aleluya.


Noticias de nuestras lecturas

Pancho publica su segunda entradas sobre Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín de Federico García Lorca. Una entrada excepcional en la que el lector encontrará todas las claves para su correcto entendimiento, incluidas las canciones a las que da lugar el texto de Lorca. Y termina con Sabina y Paez, qué más se puede pedir.

María Ángeles Merino publica en su blog un detallado resumen de la reunión que mantuvimos el martes pasado. Le agradezco mucho su enorme trabajo, sobre todo por aquellos que no pueden estar en las sesiones presenciales.

Anuncio de la próxima lectura



En este mes de diciembre leemos Mil amaneceres, el monólogo de José Luis Alonso de Santos, última obra publicada por este autor, con la que anuncia que deja la escritura dramática. José Luis Alonso de Santos es uno de los grandes dramaturgos de la historia del teatro español. Con esta obra retorna a sus inicios con un texto cargado con toda su sabiduría teatral y de hondo pensamiento sobre la piedad, la amistad y la búsqueda del lugar en el mundo. La obra ha sido editada por el Ayuntamiento de Valladolid en 2019 y obtuvo el Premio de la Crítica de Castilla y León.


Recojo en estas noticias las entradas que hayan publicado los blogs amigos (si me he olvidado de alguien, agradezco que se me avise). Entrada del Club de lectura cada jueves (salvo casos excepcionales), en este blog.

Para conocer la forma de seguir las lecturas de este club y sus características y la lista del presente curso, pinchar sobre este enlace.

ADVERTENCIA: Las entradas de La Acequia tienen licencia Creative Commons 4.0 y están registradas como propiedad intelectual de Pedro Ojeda Escudero. Pueden ser usadas y reproducidas sin alterar, sin copias derivadas, citando la referencia y sin ánimo de lucro.

martes, 30 de noviembre de 2021

Sobre la hiedra


Los antiguos griegos creían que usando una corona tejida con hiedra se curaban los efectos de la borrachera. Si hacéis la prueba prolongadamente, la hiedra terminará creciendo sobre vosotros hasta asfixiaros. Extraña manera de terminar con la resaca.
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La hiedra es buena para ocultar los defectos de un muro, como el gotelé en las paredes de las casas.
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Las fachadas cubiertas con hiedra tienen vocación de portada de revista. Hecha la fotografía, se llenan de abejas y erosionan el mortero. Es el precio de la belleza.
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Miro la hiedra y sonrío. Es toda una lección de adaptación a las circunstancias. Todavía se debate si la hiedra puede matar el árbol sobre el que crece. Se aprovecha de los nutrientes, la luz y el agua del terreno y sobrecarga al árbol de un peso que puede dañarlo con las nevadas y los vientos más fuertes. El abrazo de la hiedra podría así terminar con quien lo acoge y sobre el que se alza. A la hiedra no le importa, puede crecer sobre el suelo hasta encontrar otro tronco.

lunes, 29 de noviembre de 2021

Hasta que la muerte nos separe. Minicrímenes, de Elías Moro

 


Cualquier libro de Elías Moro (Madrid, 1959, pero extremeño de Mérida) resulta interesante para el lector sin prisa. No solo por su calidad literaria, sino porque el autor busca siempre ángulos diferentes en todo lo que hace. Moro no se permite la comodidad de lo ya conocido y explora territorios no usuales en la literatura en cada uno de sus títulos y, si lo son, procura transitar por la línea exterior de lo esperado, recuperando modalidades un tanto olvidadas en la línea comercial de las novedades editoriales.  Autor de cinco libros de poesía entre los que Hay un rastro y De nómadas y guerreros ya han sido reseñados en este blog, relato (Óbitos súbitos), diario (El juego de la taba), miscelánea (Manga por hombro), aforismos (Algo que perder, Morerías, Lo inseguro), microrrelatos (Microrrelatos domésticos) y memoria (Me acuerdo, Álbum de sombras), en cualquiera de estos volúmenes muestra ese riesgo del que hablo, pero también su cuidadoso manejo de los recursos literarios, el conocimiento de la tradición en la que se mueve y su compromiso ético con la escritura.

Hasta que la muerte nos separe. Minicrímenes (Eolas, 2021) es un perfecto ejemplo de lo que apunto. Desde la anotación inicial, desvela su fuente, los Crímenes ejemplares de Max Aub que, desde el año 2020, pueden leerse en un volumen editado por Reino de Cordelia en coedición con la Fundación Max Aub, con un completo estudio de Pedro Tejeda Tello, que suma veintidós textos a los antes conocidos. Aunque la primera edición saliera en 1957, recogía textos que vieron la luz, al menos, desde 1949. Con posterioridad, el libro ha sido publicado en numerosas ocasiones, recibió a título póstumo en Francia el Premio Forneret de Humor (entiéndase humor negro) en 1981 y en Italia ha sido llevado al teatro con buen éxito. En estos relatos, Aub mantuvo muchas de las características de la mejor vanguardia: utilización del humor, búsqueda de la ruptura de la expectativa del lector burgués, juegos lingüísticos y de estructura narrativa, etc. Lo hizo sin olvidarse de atraer al lector. Ahora, que la euforia de los monólogos de humor se ha extendido hasta la banalidad y la repetición, en estos textos tendría cualquier humorista material de primera categoría en el que inspirarse. Max Aub, uno de los grandes escritores españoles del siglo XX, fue otro de esos autores que buscaba siempre caminar por el lado exterior de la literatura y hacer una obra muy personal. Su exilio en México amputó dramáticamente su nombre de la literatura española y ha sido recuperado tarde, mal e insuficientemente hasta el punto de que hoy sigue siendo un gran desconocido para muchos lectores habituales.

Señalo lo anterior para que se entienda mejor que este volumen de Elías Moro no es una obra menor en absoluto y que desciende de una línea literaria de gran altura, que merece ser más conocida y apreciada, sobre todo cuando que el relato breve y el microrrelato están en auge. En la senda de Max Aub, Hasta que la muerte nos separe reúne ciento treinta y seis relatos breves -en extensión desde una línea hasta un poco más de una página-, en los que predomina el humor provocado por la sorpresa, sobre muertes violentas. En ellos se asesina por profesionalidad, ocasión o por cumplir con la palabra dada o el exacto contenido de una frase. A veces es un contrato, en otras la rabia momentánea, una simple manía personal o el hartazgo de una situación repetida. Abundan los casos en los que el asesinato se justifica por una frase hecha o porque alguien tienta la suerte deseando morirse por mala costumbre social o desahogo, ante quien no debe. Todos estos relatos se caracterizan por la inteligente habilidad para dar la vuelta a lo esperado, jugar con la moral convencional y el humor. Este deriva del ingenio verbal del autor, que consigue subvertir el significado habitual de las frases hechas y las palabras, dando valor a lo que aparece como desemantizado en el uso del hablante, y de la construcción de situaciones en las que todos los lectores pueden reconocerse bien en el lado de la víctima o bien en el del asesino (esta cotidianidad de los argumentos es otro de los recursos que Elías Moro maneja extraordinariamente bien). En muchas ocasiones, este último muestra su perplejidad ante la posible acusación por cometer un crimen, cuando se limita a cumplir con el significado literal de las cosas. Inspiran ternura estos asesinos que no son conscientes de que hayan hecho algo malo. Así, se puede morir por ser ingeniero y no saber programar una lavadora, por no saludar a quien te encuentras cada día, por no saber durante años dónde se han puesto las gafas o se puede ser criminal porque el negro le sienta bien al asesino.

Elías Moro se defiende muy bien en el terreno corto del relato breve, sabe jugar con las palabras con las expectativas del lector y condensar los tiempos narrativos para desencadenar la sorpresa al final. Ciento treinta y seis relatos para disfrutar a breves bocados, no vaya a ser que se le atragante uno al lector por ansioso y haya que escribir el número ciento treinta y siete.

domingo, 28 de noviembre de 2021

Mientras espero que regresen las aves

 


A pesar del frío de estos días, el campo hermosea adaptándose a lo que viene. Sabia lección para nuestra mirada. La hierba ha amanecido helada, pero el tibio sol de este final de noviembre se impone sin prisa. Calienta el rostro y las manos y desata los nudos de la noche. Lo veo atravesando la hoja ya vieja del ciruelo. En el suelo, tapizado por las hojas caídas de los árboles, que serán tierra, se abre la flor de la falsa achicoria y su amarillo soberbio juega con la elegancia de la flor de la alfalfa. Se ofrece así el monte. Lo camino mientras espero que regresen las aves.



sábado, 27 de noviembre de 2021

Contemplación de Béjar desde el Ventorro Pelayo

 


Hoy contemplo Béjar desde el Ventorro Pelayo. Abajo, las antiguas fábricas textiles siguiendo el curso del Cuerpo de Hombre, tan impulsivamente joven aún que bate contra las rocas. Conoce que el tiempo está de su parte. Arriba, la sierra blanqueada por las últimas nieves. Las heladas de estos días asegurarán que la nieve llegue hasta la primavera. Se hará entonces manantial fresco y torrentera alegre. En el medio, la ciudad alargada pegándose al relieve curvo de la peña sobre la que se asienta. Desde aquí, si cierro los ojos, camino desde el antiguo puente del Riofrío hasta la puerta del Pico, subo y bajo la calle Mayor desde la Corredera y contemplo las fachadas, tan familiares. Lo he hecho a pie hace un momento, pero es aquí desde donde lo imaginado se retiene mejor en la memoria. Se despeña todo hacia el río y seguirá su curso hasta el Alagón, que es un río sin tiempo, propio de los mitos.

He tenido en mi vida una extraña mezcla entre ser social y eremita. Predomina ahora el ejercicio del refugio interior. La casa es lo que se puede llevar encima. Me despido de paisajes, de vidas, del sonoro aleteo primaveral de los vencejos, que regresarán cuando todo pase y yo no esté. Se atraviesa entonces un páramo deshabitado, azotado por el viento. Hay que abrigarse, llega el invierno.

viernes, 26 de noviembre de 2021

Nieblas


Encontró trabajo como marcador de niebla. Por mucho que miraba a un lado y a otro antes, un día lo sorprendieron guardándosela en los bolsillos. La cultivaba en las macetas de su terraza. No soportaba los días claros de junio.
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Recuerdo un noviembre de nieblas densas que no levantaban a mediodía. Un día tras otro, mi madre nos despedía a la puerta de la casa con preocupación. Tenía razón, no he regresado a casa desde entonces.
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Para caminar en la niebla como hacen en el cine se necesita levantar la solapa del abrigo y calarse el sombrero, caminar con los hombros encogidos y las manos en los bolsillos. Después del fundido a negro, tampoco sale el sol.
*
Es mentira que después de una mañana de niebla la tarde sea de paseo: se han difuminado para siempre los caminos.

jueves, 25 de noviembre de 2021

La dramaturgia de Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín de Federico García Lorca.

 


La dramaturgia de Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín guarda en su núcleo el parentesco con su punto de partida en un teatro guiñolesco, aparentemente inocente, como hemos dicho en las anteriores entradas dedicadas a esta lectura. Es sustancial que sea así para que la propuesta final resulte mucho más radical e impactante. La estrategia de Federico García Lorca en esta obra resulta impecable. Rescatando los efectos de la farsa guiñolesca consigue extremar la sorpresa del lector-espectador. De hecho, una lectura rápida de un lector no atento puede llevar a la perplejidad. Con esta obra, Lorca profundiza en la vanguardia: entra en el espectador provocando desde la primera escena que baje la guardia. Tanto el decorado (Paredes verdes, con las sillas y muebles pintados de negro) como el vestuario (PERLIMPLÍN, casaca verde y peluca blanca, llena de bucles; MARCOLFA, criada, el clásico traje de rayas) construyen el espacio del diálogo que se remonta al juego infantil:

PERLIMPLÍN.-  ¿Sí?

MARCOLFA.-  Sí.

PERLIMPLÍN.-  Pero ¿por qué sí?

MARCOLFA.-  Pues porque sí.

PERLIMPLÍN.-  ¿Y si yo te dijera que no?

MARCOLFA.-   (Agria.) ¿Que no?

PERLIMPLÍN.-  No.

Se introduce la escena con una sonata: es evidente el ritmo musical de toda la pieza. Amor de Don Perlimplín usa continuamente ese efecto y por ese motivo, Federico García Lorca insiste en las acotaciones que construyen el tiempo de la fábula, incluso en aquellas que refuerzan la comicidad más elemental, objetivando lo que sucede (Aparece DON PERLIMPLÍN en la cama, con unos grandes cuernos dorados. BELISA a su lado), forzándolo para que entre en lo poético: (Los cinco balcones del foro están abiertos de par en par; por ellos entra la luz blanca de la madrugada). Incluso en el momento dramático final todo se juega entre la fábula infantil y el sueño poético. 

La obra contiene todos los elementos subversivos para la sociedad de su época: un casamiento forzoso que acaba en amor trágico, un sacrificio por amor contra el concepto de la honra tradicional, la explicitación de la infidelidad de la joven Belisa y la ausencia de culpa. Sin embargo, lo que trasforma la obra y la hace un clásico del teatro es, precisamente, la forma en la que ha tejido el conflicto con la recepción del espectador, cuya expectativa inicial ante lo que parece una fábula inocente, estalla por completo con el desarrollo de la pieza.

Ante la falta de riesgo en el teatro convencional de su época, Federico García Lorca recurre al teatrito infantil para conseguir un teatro nuevo que todavía hoy es indispensable. Toda una lección de teatro del gran dramaturgo que fue Lorca.

Noticias de nuestras lecturas


AVISO: La reunión del formato presencial del Club de lectura, mantenido por Alumni UBU, tendrá lugar el próximo martes 30 de noviembre. Ruego a los miembros que estén atentos al correo, puesto que se cambia el lugar de celebración de la reunión.

Anuncio de la próxima lectura



En el mes de diciembre leeremos Mil amaneceres, el monólogo de José Luis Alonso de Santos, última obra publicada por este autor, con la que anuncia que deja la escritura dramática. José Luis Alonso de Santos es uno de los grandes dramaturgos de la historia del teatro español. Con esta obra retorna a sus inicios con un texto cargado con toda su sabiduría teatral y de hondo pensamiento sobre la piedad, la amistad y la búsqueda del lugar en el mundo. La obra ha sido editada por el Ayuntamiento de Valladolid en 2019 y obtuvo el Premio de la Crítica de Castilla y León.

Recojo en estas noticias las entradas que hayan publicado los blogs amigos (si me he olvidado de alguien, agradezco que se me avise). Entrada del Club de lectura cada jueves (salvo casos excepcionales), en este blog.

Para conocer la forma de seguir las lecturas de este club y sus características y la lista del presente curso, pinchar sobre este enlace.

ADVERTENCIA: Las entradas de La Acequia tienen licencia Creative Commons 4.0 y están registradas como propiedad intelectual de Pedro Ojeda Escudero. Pueden ser usadas y reproducidas sin alterar, sin copias derivadas, citando la referencia y sin ánimo de lucro.



miércoles, 24 de noviembre de 2021

Esta nieve que cae hoy sobre la ciudad

 


La primera blancura de la nieve
trae la feliz noticia del silencio.
La ciudad abandona su existencia,
deja de ser, no existe más, no importa.
Todo es ya cielo leve,
presente necesario,
imposición del tiempo que nos sana,
que busca nuestra infancia
como regalo. Tómala, eres tú
antes de ti. Tendrás un nuevo tiempo
de su mano si aceptas la promesa
de esta nieve que cae
hoy sobre la ciudad, 
sin que se dé importancia, 
como si siempre fuera 
la condición del ser, ver cómo nieva
sobre todas las cosas y la gente. 
La nieve, tiempo raso. 

©Pedro Ojeda Escudero, 2021

martes, 23 de noviembre de 2021

¿Sueña sonidos un corazón?


Dice San Juan de la Cruz que en la noche más oscura es posible guiarse por la luz que arde en el corazón, pero tengo un vago recuerdo de que el corazón lo dejé en alguna parte antes de salir de casa. Allá debe estar, iluminando algún rincón. Y eso que me palpé los bolsillos antes de salir: la cartera, las llaves, el móvil. ¿Me esperará desvelado, aguardando mi regreso con la inquietud de que algo me haya pasado por la ciudad, decidida ya hacia el invierno? Oscurece lluvia y frío. Quizá en el duermevela tenga el sueño de una sierra nevada y fría. Al amanecer, el silencio. ¿Sueña sonidos un corazón?

lunes, 22 de noviembre de 2021

El gato número 1

 


El gato número uno me miró como si me perdonara la vida, la única que me queda.
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Este gato de la fotografía es un gato ferroviario. Vive en la casa de un guardagujas, cerca de donde yo vivo. Se aburre porque es una vía de mercancías, con pocos convoyes a la semana y compensa el tedio cuidando el territorio. Aunque su mirada hosca puede deberse a algún desamor, a lo que dicen que son proclives los gatos.
*
Decían que tenía la mirada felina, pero no ignoraba su condición de perro abandonado. A veces suceden estas cosas, somos retales casi siempre mal cosidos.

domingo, 21 de noviembre de 2021

"Ya estoy fuera del mundo y de la moral ridícula de las gentes" y noticias de nuestras lecturas

 


En la primera entrada sobre esta lectura, expuse cómo Federico García Lorca tomaba como punto de partida el teatro de títeres, aparentemente infantil -en especial en aquel tiempo-, y el ingenuismo del mismo. Hace un siglo, este punto de partida era toda una declaración de intenciones que rompía con el teatro dominante, comercial en su propósito y convencional en su estructura y conflictos. El autor no fue el primero, pero sí estaba en la dirección correcta de la vanguardia más arriesgada en cuanto a renovación teatral y subversión de los valores morales de su tiempo. El espectador no advertido -o el lector del texto- cree encontrarse en un mundo plagado de didactismo y moraleja, un espectáculo para niños aunque no haya títeres sino actores: el lenguaje tratado como un juego infantil, la caracterización de los personajes, el movimiento en escena, los decorados, todo parece llevarlo hacia ese mundo. Una vez que la obra le instala en él, lo rompe desde dentro para provocar su conmoción y resaltar, por contraste, el conflicto.

Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín aborda un tema largamente tratado en el teatro: el del hombre viejo casado con una mujer joven. Desarrollado desde la caricatura hasta el drama y desde el origen del teatro hasta los mismos tiempos de García Lorca, siempre había tenido un fin moralizante que intentaba corregir los extremos de la situación y mostrar o bien la condición ridícula de la misma o bien el drama que provocaba. Regía el bien social. Especialmente desde el barroco se veía el problema que acarreaba el exceso de este tipo de matrimonios en los que el amor no existía y la descendencia era nula o cuestionable en su legitimidad. Las consecuencias atentaban contra la célula básica de la sociedad, la familia y su posición clave: honra, legitimidad de los hijos, mantenimiento del núcleo de los asuntos familiares, el cuestionamiento moral de la viuda joven y su posición social, etc. Hay abundancia de ejemplos, desde el entremés El viejo celoso de Miguel de Cervantes hasta la comedia amarga El viejo celoso de Moratín. El tema fue también central en la reivindicación del amor en el romanticismo, pero volvió a entrar en camino convencional en la alta comedia o en las sátiras del teatro breve desde finales del siglo XIX.

Lo que encontramos en Amor de don Perlimplín y Belisa en el jardín es muy diferente. García Lorca halla la manera de adentrarse en el tema y darle una vuelta que dinamita la moral del momento. El sacrificio de Don Perlimplín, enamorado de su mujer al contemplar a escondidas su cuerpo cuando la visten de novia (el uso de esta referencia al cuerpo ya es en sí misma novedosa), destruye toda la moral convencional. Sentir ese amor le hace feliz y no le importa saber que Belisa recibe a otros hombres. Su sacrificio lo trastorna todo y lleva a otros niveles los manidos temas del viejo casado con mujer joven o el del cornudo feliz. 

Es lógico que la obra fuera prohibida en 1928 bajo el gobierno de Primo de Rivera. La policía irrumpió en el teatro en el que el grupo Caracol iba a representarla, dirigida por Rivas Cherif. Cuando se pudo escenificar, en 1936, se hizo por un grupo de aficionados, Anfistora y con una única representación. No es que no se comprendiera la obra, es que se vio desde el principio toda la peligrosidad que contenía algo en apariencia inocente.

(El texto de Federico García Lorca puede leerse en abierto en este enlace. Esta entrada del Club de lectura corresponde a las dos que deberían haberse publicado en los jueves pasados, pero me fue imposible por la acumulación de trabajo. Os pido disculpas.)

Noticias de nuestras lecturas

Carmen Ugarte escribe una extraordinaria entrada en la que parte de la ingenuidad infantil del inicio de la obra y su recepción en el momento del estreno para desvelarnos algunas las claves de su engranaje que la convierten en una obra subversiva... No te pierdas la entrada. En su segunda entrada analiza a la perfección la recepción de la obra y su significado, por lo que percibimos mejor el choque que lo aparentemente ingenuo pudo provocar en la mente bien pensante de la época. En su tercera y última entrada sobre la obra, analiza la puesta en escena, interrogándose sobre la necesidad que tuvo Lorca de acotar tanto el texto...

Luz del Olmo, al comentar la obra, presta atención en el hondo sentido amoroso de la propuesta lorquiana. Y cuánta razón tiene.

Pancho inicia su lectura de esta obra de la mejor manera. Sintetiza quién era el autor antes de esta obra, toda la polémica de su estreno y analiza el primer cuadro de la pieza. Como bien dice, nada más levantar el telón, percibimos que Federico García Lorca acaba de hacer estallar el convencional teatro comercial del momento. Y termina con la Oda a Walt Whitman de Lorca cantada por Poveda, queda todo dicho para que vayáis a leer el texto.

AVISO: La reunión del formato presencial del Club de lectura, mantenido por Alumni UBU, tendrá lugar el próximo martes 30 de noviembre. Ruego a los miembros que estén atentos al correo, puesto que se cambia el lugar de celebración de la reunión.

Recojo en estas noticias las entradas que hayan publicado los blogs amigos (si me he olvidado de alguien, agradezco que se me avise). Entrada del Club de lectura cada jueves (salvo casos excepcionales), en este blog.

Para conocer la forma de seguir las lecturas de este club y sus características y la lista del presente curso, pinchar sobre este enlace.

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