domingo, 22 de mayo de 2022

Aracnea, una excelente relectura del mito clásico

 


El sábado 21 de mayo asistí al preestreno del espectáculo de danza Aracnea de Blueberry Dance Project en el Espacio Andén 47 de Valladolid, producido por el Colectivo Fresas con Nata. Aracnea parte del mito de Aracne, fijado por Ovidio en Las metamorfosis, con una larga trayectoria textual y artística. En su versión clásica, narra el conflicto entre la joven Aracne, envanecida por los halagos que recibe como tejedora, y la diosa Atenea, a la que reta con la elaboración de un tapiz en el que se escenifican episodios de infidelidades de los dioses. La soberbia de Aracne y el motivo elegido para su obra indignan a Atenea, que destruye el tapiz y golpea a la joven, que acabará huyendo y ahorcándose. Atenea se apiada y trasforma la soga en telaraña y a Aracne en araña. El mito clásico castiga la soberbia humana y advierte de sus consecuencias cuando se atreve contra los dioses. En la propuesta de Blueberry Dance Project se modifican inteligentemente algunas de las claves del mito para proponer un crecimiento de las figuras protagonistas, ajustándolas a una lectura moderna de las mismas. No solo es Aracne quien se trasforma a lo largo del espectáculo, sino también Atenea, a partir de un relato que indaga en la psicología de ambas.

Comienza el espectáculo planteando la primera parte del conflicto mítico en un taller de costura. Aracne y Atenea combaten, oscilando el resultado entre la soberbia humana de la primera y el poder y la distancia de la segunda. Las dos siguientes escenas son monólogos de cada una de ellas, que muestran la complejidad de su carácter y su evolución, que permite llegar al diálogo final entre ambas, una vez trasformadas por la experiencia y su relación. Finalmente, Aracne consigue humanizar a Atenea, invirtiendo expresamente el cuadro con el que se iniciaba la obra, con la victoria de la condición y las pasiones humanas sobre el destino trágico.

Aracnea es un excelente espectáculo de danza en el que Silvia Reguera (Atenea) interpreta magníficamente la condición etérea y distante de su papel y su marcada evolución final y Serena Manserra (Aracnea) parte del carácter terrenal de su personaje profundizando en toda su complejidad. Son dos bailarinas que se complementan eficazmente y dialogan sobre la escena con una gran calidad técnica. Parte esencial de Aracnea es la música interpretada en directo por sus compositores Galen Fraser y María San Miguel. La música no solo subraya los movimientos escénicos, sino que se convierte en un personaje más de la acción -en algunos momentos se eleva a la condición de coro trágico-, consiguiendo una adecuada fusión de estilos que también trascurre por lo mediterráneo (así la pieza en italiano que recuerda la tarantella, bien enraizada con el mito y la lectura feminista del mismo) y se crece con los ecos galaicos para crear un ambiente atemporal muy apropiado, que contribuye a que el mito tenga condición también legendaria entreverado con el folklore. Es muy eficaz también el diseño del vestuario por José Ramón Aparicio Iglesias, que permite que los tejidos construyan los personajes y la acción. No puede decirse lo mismo de la iluminación, irregular y en algunos casos desacertada, y que necesita repensarse para la trayectoria escénica del espectáculo.

Aracnea es un magnífico ejemplo de creatividad y trabajo a partir de una brillante idea de actualización del mito clásico, que merece tener buen éxito y que avala la trayectoria del Colectivo Fresas con Nata y el interesante espacio Andén 47.

viernes, 13 de mayo de 2022

De donde la luz no permite distinguir el malva sutil de la lila en flor

 


En el jardín del antiguo Hospital Militar de Burgos en el que ahora está mi Facultad, permanecen florecidas las lilas. Aquí la primavera llega tarde. Iba yo cabizbajo, de mis cosas a mi oficio, pero me llegó el olor de las lilas. Dice el mito que la flauta de Pan procede de una rama del hermoso lilo en el que la ninfa Siringa había pedido convertirse para huir de él, que la perseguía. Es similar este mito al de Dafne, convertida en laurel para huir del deseo de Apolo. Apolo, abrazado al laurel, lloraba y con su llanto hacía crecer el árbol que le recordaba más lo perdido. Pan, cada vez que paraba el mundo con su música, recordaba a la ninfa. ¿Por qué no comenzaron estos dioses por el final, por la emoción sincera, en vez de por el deseo criminal de imponerse, en vez de acosarlas? 

¿Cuándo han florecido estas lilas del jardín? Habré pasado por aquí unas cuantas veces en las últimas semanas, ¿tan absorto iba? Es este aroma el que me ha hecho regresar, por suerte. Regreso de muy adentro, de donde la luz no permite distinguir el malva sutil, para salir a la creciente luz del mes de mayo.

jueves, 14 de abril de 2022

No tengo más patria

 

Mis padres no han vivido los últimos acontecimientos y, desde que se desencadenó la última pandemia, me he preguntado reiteradamente cómo habrían llevado todo lo ocurrido desde hace dos años y, especialmente, la deriva hacia la crispación social que vivimos y el desencadenamiento del insulto y la negación y la falsedad como arma política que tanto ha calado en buena parte de la sociedad para desgracia de todos. Mi madre se fue en 2019. Mi padre falleció un día como hoy en 2011. Hace justo once años esta noche. Siempre mantuvieron la conciencia de pertenecer a la clase trabajadora, aquella que no tiene más legado que su capacidad de esfuerzo y resistencia a las adversidades. Se casaron sin nada, vivieron sus primeros tiempos en una habitación con derecho a cocina, luego en una casilla y décadas en una casa propiedad de la empresa para la que trabajaba mi padre, que pagaba en especie de esa manera una parte del sueldo. No tuvieron casa en propiedad hasta que no se les compensó con una vivienda humilde un despido casi al final de su vida laboral. No gozaron nunca de vacaciones porque mi padre trabajaba los veranos para comprarnos los libros de texto. Siempre se esforzaron porque estudiáramos, era la única herencia que podían dejarnos a los hijos. En realidad, yo no tengo más patria que ese legado, el recuerdo de mi origen y el deseo de trabajar para que no nos devore la crispación y el enfrentamiento.

lunes, 11 de abril de 2022

Venus

 


Si tú sales del mar,
nace sin más trabajo
la luz sobre este día.
Vienes a mí, sonriendo,
y divides el mundo
entre ellos y nosotros,
la frontera feliz
de tu piel tras el baño.
Qué brillante el océano
fragmentado en tu cuerpo,
todo fértil y verde.

Recogemos las cosas,
toallas, besos y risas,
el sol que cabe entero
en tus manos almueza,
como un polluelo frágil
caído de su nido.

En la arena, dejamos
la hermosa levedad,
el peso del poema.

©Pedro Ojeda Escudero, 2022

domingo, 10 de abril de 2022

El reportaje necesario. El hombre mojado no teme la lluvia. Voces de Oriente Medio de Olga Rodríguez

 


Hace unos cuantos meses, Mª Carmen Ugarte me sugirió incorporar El hombre mojado no teme la lluvia. Voces de Oriente Medio de Olga Rodríguez a las lecturas de este curso. Vi lo que ella me decía, eché un vistazo al libro y no dudé en hacerle caso. Me pareció un libro interesante y necesario, un tipo de libro que no suele escribirse en España, aunque tiene buenos y recomendables precedentes escritos por los reporteros de guerra españoles desde el siglo XIX.

En aquel momento, ni ella ni yo podíamos imaginar que Rusia invadiría Ucrania. Leer las primeras páginas del libro de Olga Rodríguez en este mes de marzo pasado supone comprobar los parecidos de lo relatado en él y lo que hemos podido ver estas semanas a través de nuestros monitores de televisión. También las diferencias. Estas mueven a reflexión sobre cómo nos afectan más unas guerras que otras a pesar de sus similitudes; sobre cómo se vive la noticia de una guerra desde dentro, cómo se destruyen las vidas y las sociedades y cómo se siembra el odio enracimando las funestas consecuencias futuras, puesto que del odio que siembran las guerras se tarda en salir varias generaciones y solo es posible hacerlo si no se dan más conflictos durante un tiempo y hay una tenaz voluntad de acercamiento. Si se suman los conflictos, si todas y cada una de las generaciones de una nación viven en guerra continua alimentada por políticos criminales e intereses económicos, estratégicos y religiosos, nos esperan siglos de muertes.

El hombre mojado no teme la lluvia. Voces de Oriente Medio suma siete magníficos reportajes periodísticos sobre lo acontecido en Oriente Medio y Oriente Próximo (por necesidades editoriales se reduce en el título) en lo que va de siglo XXI. La autora aborda lugares y conflictos en los que ha sido reportera: Irak, Palestina y los Territorios Ocupados, Israel, Líbano, Siria, Egipto y Afganistán. Cada uno de ellos es una brillante muestra del necesario trabajo de los periodistas que relatan los acontecimientos que han vivido como testigos profesionales, pero una vez trascurridos, lo que permite elevarlos más allá de la actualidad inmediata y dotarlos de un poso de reflexión que ilumina el relato.

Los siete reportajes están unidos por la mirada de Olga Rodríguez y presentan una rigurosa unidad de intención. En primer lugar, los territorios y los hechos sobre los que se escriben tienen muchos puntos en común: su pasado postcolonial y su significado peso en la guerra fría y la política de bloques; la trascendencia de lo allí ocurrido en las últimas décadas y su implicación con cuestiones geoestratégicas, recursos naturales, sociales y religiosas; también, un choque permanente entre las maneras occidental y oriental de ver el mundo y su tortuosa relación con el concepto de progreso tal y como lo entendemos los occidentales.

La verdadera unión de los reportajes, lo que construye el discurso del libro, es la manera de ver los conflictos relatados a través de personas reales, de familias con apellidos concretos, una mirada humana y no política. Personas como cualquiera cuya vida se ha sometido constantemente a los avatares históricos que las grandes ideologías y creencias han provocado. Personas que sufren la historia, pero no la protagonizan y que solemos categorizar como grandes masas, tal y como dice la autora en el prólogo, como si no tuvieran identidad propia más allá de ser árabes, musulmanes o judíos, porque los protagonistas tienen todas estas procedencias. Esto permite al lector ir más allá de la simplificación que supone acercarse a estos conflictos desde la exclusiva mirada árabe, musulmana o judía y, por elevación, desde la de los occidentales cristianos.

Un libro necesario que nos ayuda a comprender mejor lo que allí ocurre, pero también lo que ocurre en una guerra como la de Ucrania, en tantas guerras en las que las víctimas son siempre las mismas y se siembra el odio como se minan los campos.

Dedicaré alguna entrada más a este libro.

Noticias de nuestras lecturas

Como he recordado, la lectura de este libro se la debemos a la sugerencia de Carmen Ugarte, que supo ver en él toda su profundidad y quiso compartirlo con el club. No puedo más que agradecérselo. Sobre este texto ha escrito tres entradas. En la primera, del mes octubre pasado, ya ponía de relieve alguno de los aciertos del libro, como esa fusión de voces y territorio. En su segunda entrada, presta atención a dos de las mujeres que pasan por estas páginas, Mona y Layla y relaciona su lectura con la triste actualidad de estos días.  En la tercera, apunta con acierto que una de las virtudes del libro es que busca siempre una polifonía de voces que completan el reportaje y le dan la amplitud e interés de lo humano.

María Ángeles Merino dio cuenta del encuentro que mantuvimos  el pasado martes 29 de marzo en el formato presencial del club de lectura para comentar esta obra. Con su acierto habitual, resume todo lo que allí ocurrió. Antes, había escrito su entrada sobre el libro de Olga Rodríguez. El dolor de lo que lee le lleva hasta Galdós para regresar a nuestra actualidad. Una acertadísima entrada que no debes perderte.

---
Como saben los seguidores habituales de este club, habíamos dejado sin cubrir los títulos de abril y mayo, recordando que uno de ellos debía ser de autor fallecido. Para completar el listado propongo:

  • Abril: Memorias de Leticia Valle de Rosa Chacel. Recuperamos así un libro que fue lectura recomendada en secundaria hace unas décadas, para comprobar su actualidad. Hay varias ediciones baratas en el mercado, fáciles de encontrar.
  • Mayo: Pájaros en un cielo de estaño de Antonio Tocornal (Premio València de narrativa Institució Alfons el Magnànim), publicada por Versátil Ediciones en 2020. Un libro imaginativo, que derrocha sabiduría narrativa atractiva para el lector. Puede encontrarse en librerías o directamente en la página de la editorial (aquí).
Para conocer la forma de seguir las lecturas de este club y sus características y la lista del presente curso, pinchar sobre este enlace.
ADVERTENCIA: Las entradas de La Acequia tienen licencia Creative Commons 4.0 y están registradas como propiedad intelectual de Pedro Ojeda Escudero. Pueden ser usadas y reproducidas sin alterar, sin copias derivadas, citando la referencia y sin ánimo de lucro.

Recojo en estas noticias las entradas que hayan publicado los blogs amigos (si me he olvidado de alguien, agradezco que se me avise). Entrada del Club de lectura cada jueves (salvo casos no tan excepcionales), en este blog.

sábado, 9 de abril de 2022

Sobre la muerte

 


Procura morirte después que tus enemigos.

Fue un muerto aséptico: tiró antes todo lo que le delataba como vivo.

La danza de la muerte es un género literario medieval en el que muchos se consolaban de las miserias de la vida creyendo o soñando un juicio justo tras la muerte. Servía como advertencia ante la maldad, un aviso para que se recondujera al bien antes de la inevitable muerte. De tanto repetirlo, los malvados lo escuchaban como quien oye llover. Francisco de Quevedo elevó el tiro en el Sueño del juicio final: todos acabamos condenados. Además, en el valle en el que se celebró, no llovía.

No hay muerte justa, tampoco vida.

Le extrañó que oliera, solo había visto la muerte a través de la televisión.

En la morgue se acumulaban los cuerpos de las víctimas. A él solo le interesó la palabra morgue, se quedó días dándole vueltas después de la visita, era un esteta.

En una guerra, los muertos son siempre los mismos.

Morir nos salva de la vida ajena.

No es la muerte la cruel, sino los vivos.

Desde que se extendió el uso de internet, no hay manera de morirse en paz.

Por mucho que los entierres muy hondo, los asesinados tardan en morir.

©Pedro Ojeda Escudero, 2022

viernes, 8 de abril de 2022

Pongamos algo de orden

 


El mundo tiene tantas sogas que se te enredan en los pies que, en muchas ocasiones, no sabemos bien dónde nos llegamos ni a qué hora sale el sol, pero, aunque no lo veamos, sale y se pone. Y desde febrero, ya calienta algo los cuerpos en las solanas, que para eso están, para pararse a refugio de los vientos fríos y calentarse el rostro y si puede ser con un libro en las manos, mejor.

Después de lo ocurrido estas últimas semanas por acumulación de fatiga y trabajo, toca poner algo de orden en mis entradas correspondientes al Club de lectura que sostengo en este blog desde el año 2008 (el más antiguo en español con este formato) y que sostiene Alumni UBU en su formato presencial.



Cerrada la lectura de El escenario de Karmelo C. Iribarren, pasamos a El hombre mojado no teme la lluvia. Voces de Oriente Medio de Olga Rodríguez, propuesto muy acertadamente por Carmen Ugarte. Su lectura, indicada para el pasado mes de marzo, ya tuvo su reunión presencial y falta una entrada aquí sobre ella, que publicaré en los próximos días.

Publico abajo las colaboraciones de los lectores que no pude incluir en su lugar correspondiente. Si me falta alguna, por favor, no me lo tengáis en cuenta y avisadme.

Este mes de abril leemos Memorias de Leticia Valle de Rosa Chacel, libro sobre el que comenzaré a publicar la próxima semana.

Para finalizar el curso, tendremos:

  • Mayo: Pájaros en un cielo de estaño de Antonio Tocornal (Premio València de narrativa Institució Alfons el Magnànim), publicada por Versátil Ediciones en 2020. Un libro imaginativo, que derrocha sabiduría narrativa atractiva para el lector. Puede encontrarse en librerías o directamente en la página de la editorial (aquí).
  • Junio: Recuperamos el libro Hijos del carbón de Noemí Sabugal, que no pudimos leer el curso pasado. Nuestra idea es que esta lectura nos permita un viaje a las cuencas mineras en las que se ambienta y mantener un encuentro con la autora.
Esperemos que nada altere el desarrollo del club en las próximas semanas.

Noticias de nuestras lecturas

Recupero aquí las entradas de los blogs amigos correspondientes a la lectura de El escenario de Karmelo C. Iribarren, dejando las del libro de Olga Rodríguez para la próxima entrada de nuestro club de lectura. Pido disculpas a todos y espero no olvidar a nadie.

María Ángeles Merino continuó su lectura de El escenario. Aquí, participa de forma doblemente creativa, su hermano, Agustín Merino, que ya nos ha regalado su presencia en otras ocasiones: un dibujo de un paseante y un poema. Gracias por ello. En esta segunda, relaciona el espacio literario en el que se mueve la poesía de nuestro autor con sus vivencias y pensamientos. Son una acierto sus entradas de este tipo. Y en esta acierta por completo al recordar la humanidad esencial de la poesía de Karmelo C. Iribarren y la enlaza con su no a la guerra, en lo que me sumo.

Aprovecho aquí también para corregir el enlace a la entrada de María Ángeles Merino sobre nuestra lectura de Insolación, la novela de Emilia Pardo Bazán que leímos hace unas semanas. El anterior dejó de funcionar. Como veréis, tuvo que regresar Austri para que se lanzara a escribirla...

Para conocer la forma de seguir las lecturas de este club y sus características y la lista del presente curso, pinchar sobre este enlace.
ADVERTENCIA: Las entradas de La Acequia tienen licencia Creative Commons 4.0 y están registradas como propiedad intelectual de Pedro Ojeda Escudero. Pueden ser usadas y reproducidas sin alterar, sin copias derivadas, citando la referencia y sin ánimo de lucro.

Recojo en estas noticias las entradas que hayan publicado los blogs amigos (si me he olvidado de alguien, agradezco que se me avise). Entrada del Club de lectura cada jueves (salvo casos excepcionales), en este blog.

miércoles, 6 de abril de 2022

Ucraniana

 


Subieron al tren en el último momento. Los acompañaba el vigilante de seguridad de la estación de Burgos, que no se apartó de su lado hasta que no aparecieron los interventores. Casi sin resuello: una mujer de unos treinta y tantos años, un niño de unos cuatro y un anciano chiquito que me recordó a los habitantes de los pueblos castellanos, curtidos por el sol del verano y el frío del invierno. No hablaba, pero permanecíó atento a todo, se dejaba llevar por ella, quizá su hija o su nuera. Ella tenía unos hermosos ojos tristes entre azules y grises, aparentaba mucho mayor de lo que era, como esas personas que en días envejecen años, y no paraba de repetir la única palabra que parecía conocer en español: gracias. Lo hacía repetidamente, gracias, gracias, gracias. El niño se desentendió de la situación y contemplaba el paisaje que veía a través de la ventanilla. Los dos interventores hablaron entre sí y, con la ayuda de una aplicación del teléfono móvil, tradujeron los mensajes al ucraniano. Le explicaron que, con la falta de tiempo, se había subido a una composición diferente, que debería cambiar en Madrid a la suya, pero que no se preocuparan. Poco más tarde, le dijeron que no hacía falta, les habían buscado plaza en esta. Con discreción, uno de ellos se agachó junto a ella y le enseñó el móvil. ¿Necesitáis algo de comer, un café? Como ella dijo que no, el interventor le preguntó dos veces si estaba segura, que no se preocupara, que si necesitaba algo para el niño, pero ella repetía que no, gracias, gracias, gracias. Cuando recogieron sus cosas -una mochila grande para los tres que el anciano cargaba- y se dirigieron al coche que les habían asignado, acompañados por los interventores, me quedé mirándolos, deseándoles que tuvieran suerte. Parecían andar en sueños.

domingo, 3 de abril de 2022

A esta imagen tampoco le queda mucho. Conclusiones a una lectura de El escenario de Karmelo C. Iribarren

 


El escenario comienza con un poema, El puente, que contiene la expresión filosófica de la forma de entender la vida por la voz poética construida por Karmelo C. Iribarren: mientras se cruza de uno a otro lado suceden otras cosas, es decir, la vida misma. El río que pasa por debajo, es un llanto eterno que no puede retenerse. Con este punto de partida en la que actualiza la antigua metáfora del río y el puente, es fácil de comprender que la vida pasa inevitablemente y que, al entrar en la vejez, cada vez queda menos tiempo. Algunos de los versos más certeros de este libro abordan esta cuestión:

Igual que a tantas otras
que forman parte de mi vida,
a esta imagen tampoco le queda mucho.

Pero la expresión no es dramática ni esta reflexión conduce a la desesperación. Iribarren no pierde nunca el tono que ha caracterizado su obra, que le ha ayudado a construir una de las más sólidas y reconocibles poéticas de las últimas décadas en la poesía española. Como mucho una nota triste de aceptación de lo inevitable (Envejecer). Esto le permite mirar la vida desde su rutina: paseos, cafés, lecturas, trenes, habitaciones de hotel. También desde sus espacios habituales (la ciudad). Al pasado se regresa constantemente como recuerdo inevitable, como una nota que refuerza sus decisiones presentes y como una constatación de que las cosas pudieron haber salido de otra manera, no siempre mejor:

Da vértigo pensarlo.
                                    Pensar
que todo pudo suceder de otra manera,
que tú perfectamente
podrías ahora no estar a mi lado.

De ahí el refugio adecuado de la melancolía frente al engaño de la esperanza y la distancia con aquellos que parecen haber triunfado (Compañeros de viaje). Al poeta le basta con mirar al mar en soledad para comprender la vida de verdad: ser a la vez / sedentario y nómada (El mar triste).

En El escenario hay un poema (Hotel frente al mar) que lo concreta todo en la ratificación del presente como único espacio en el que es posible hallar la afirmación de la vida sin tener que contar su argumento biográfico y sus anécdotas, uno de esos pocos momentos en los que la vida parece explicable, con una forma que desestructura el haiku y otras formas poéticas tan de moda en la actualidad, mejor, que las invalida y supera desde la verdad y que no me resisto a copiarlo entero porque es deslumbrante:

El día
arde
en el horizonte.

Nosotros
aquí.

También hay una concreción de todo en el contexto de la pandemia que todavía sufrimos y que data el libro (Días de pandemia): el poeta aún puede contarlo. Al final, la lección aprendida se hace filosofía y poética en Las cosas importantes, las únicas que merecen de verdad que el paseante detenga su paso.

En El escenario, Karmelo C. Iribarren ratifica que es uno de los poetas españoles actuales con mayor coherencia en su voz poética, en la que la vida y la escritura son la misma cosa. Un libro en el que hallamos algunos de sus mejores poemas, esos en los que nos cuenta en gran medida nuestra vida contando la suya.

Noticias de nuestras lecturas

Disculpas. Una extraña mezcla de exceso de trabajo y melancolía se me ha sumado con las imágenes de la guerra de Ucrania que comenzara hace unas semanas. Esta circunstancia me ha tenido alejado del blog y de las entradas correspondientes del Club de lectura. No he querido cerrar abruptamente nuestra lectura de El escenario, que continúo aquí y prosigo en una próxima entrada. Después vendrá el comentario de un libro incorporado por acertadísima sugerencia de Carmen Ugarte y que, escrito sobre los conflictos últimos de Oriente Medio y Oriente Próximo, se ha convertido en terrible actualidad con lo que ocurre en Ucrania, El hombre mojado no teme la lluvia. Voces de Oriente Medio, de Olga Rodríguez, cuyo comentario llevamos acabo el pasado martes día 29 en el formato presencial del Club. En ese momento, incorporaré las aportaciones realizadas por los colaboradores habituales.

Próxima lectura



La lectura correspondiente al mes de marzo pasado fue este extraordinario libro de Olga Rodríguez, El hombre mojado no teme la lluvia. Voces de Oriente Medio (Debate, 2020). La autora, periodista y reportera de guerra, ha escrito un texto que emociona, ilustra y nos ayuda a comprender los conflictos últimos de Oriente Próximo y Oriente Medio, que conoce de primera mano. El azar ha querido que su lectura en este club haya coincidido con la guerra en Ucrania y que podamos cotejar las muchas similitudes entre lo relatado en el libro y lo que ocurre estas semanas. No dejará a nadie indiferente.

Aunque ya haya trascurrido el mes de su lectura y celebrado el encuentro del formato presencial del club, no quiero dejar pasar los comentarios que merece este libro, que publicaré en próximas entradas.

---
Como saben los seguidores habituales de este club, habíamos dejado sin cubrir los títulos de abril y mayo, recordando que uno de ellos debía ser de autor fallecido. Para completar el listado propongo:

  • Abril: Memorias de Leticia Valle de Rosa Chacel. Recuperamos así un libro que fue lectura recomendada en secundaria hace unas décadas, para comprobar su actualidad. Hay varias ediciones baratas en el mercado, fáciles de encontrar.
  • Mayo: Pájaros en un cielo de estaño de Antonio Tocornal (Premio València de narrativa Institució Alfons el Magnànim), publicada por Versátil Ediciones en 2020. Un libro imaginativo, que derrocha sabiduría narrativa atractiva para el lector. Puede encontrarse en librerías o directamente en la página de la editorial (aquí).
Para conocer la forma de seguir las lecturas de este club y sus características y la lista del presente curso, pinchar sobre este enlace.
ADVERTENCIA: Las entradas de La Acequia tienen licencia Creative Commons 4.0 y están registradas como propiedad intelectual de Pedro Ojeda Escudero. Pueden ser usadas y reproducidas sin alterar, sin copias derivadas, citando la referencia y sin ánimo de lucro.

Recojo en estas noticias las entradas que hayan publicado los blogs amigos (si me he olvidado de alguien, agradezco que se me avise). Entrada del Club de lectura cada jueves (salvo casos excepcionales), en este blog.

viernes, 1 de abril de 2022

Sobre un poema de Shevchenko

 


Sobre Testamento, del poeta ucraniano Tarás Shevchenko.


Tarás Shevchenko (1814-1861) es considerado uno de los fundadores de la poesía nacional ucraniana. Siervo, hijo y nieto de siervos, demostró pronto sus condiciones como pintor. Algunos artistas que lo protegieron consiguieron su libertad por 2500 rublos. Enfrentado con el régimen zarista sufrió prisión y exilio. Su poema Testamento, en el que canta por la libertad de su patria, me ha conmocionado desde la primera vez que lo leí, hace años. Es fácil encontrar su traducción al castellano en internet. Sobre él he compuesto apresuradamente este poema en cláusulas latinas, que iré perfeccionando y ampliando con el tiempo.

Pide Shevchencko palabras que sean estepas en calma
cuando le llegue la hora de ser recordado y su tumba se cubra de flores,
pero reclama que antes rompamos cadenas, alcemos las voces,
busquemos las manos de todos, en lucha que traiga la paz de los libres.
Mira Schevchencko los campos dorados, el cielo de azul más intenso,
el agua del Dniéper fluyendo amorosa camino del mar.

Las familias recuerdan tu verso en la nieve teñida de púrpura hoy.

Pido que el Dniéper contenga la vida, Schevchencko, la paz en la estepa,
que los campos se cubran de mieses doradas al viento,
que la voz del poeta se escuche en los valles,
pido que canten los coros las tierras, las aguas, los cielos,
que las manos ofrezcan la paz
y que puedas, Schevchencko, según tu deseo, dormir en tu tierra.

jueves, 31 de marzo de 2022

La poesía en El escenario de Karmelo C. Iribarren y noticias de nuestras lecturas

 


En la obra de Karmelo C. Iribarren, la poesía y la vida se unen y distinguir una de otra es más una necesidad de interpretación crítica que otra cosa. Digo poesía y vida, pero debería decir poética, porque la definición de la poesía en el autor es la escritura de la vida, la vida como razón poética, que yo proponía en el primer texto que dediqué a El escenario el pasado 3 de febrero. Sin embargo, en este libro -como en otros suyos- hay un puñado de poemas (nueve, sabiamente distribuidos) que se dedican expresamente a la relación del poeta con la poesía.

En Karmelo C. Iribarren , la reflexión continua sobre la poesía va más allá de los poemas claramente metapoéticos de sus libros. La poesía, como la vida, es algo que sucede, algo que le sucede al poeta incluso aunque se limite a sus paseos habituales o a la rutina del café. Esta forma de enlazar vida y experiencia poética es una de las claves del autor:

que con ella no se sabe nunca
lo que puede pasar,
que va a su ritmo, a su aire,
y que, al igual que la vida,
tiene sus propios planes.

No se entiende la obra de Karmelo C. Iribarren sin esa estricta unidad entre lo poético y la vida, hasta un punto en el que el poeta juega con la recepción de esta unión entre biografía y poema (Gente). En la poesía tal y como la entiende el autor, no hay manera de fingir quien no se es. Esta es la verdad del estilo del autor, como en Mis palabras:

esas palabras que utiliza la gente
para hablar de los asuntos de la vida
cuando se encuentra por la calle.

Por eso, el juego irónico del texto La "gran poesía" y yo: la vida es demasiado corta como para perderla buscando algo que no coincide con su forma de ver las cosas (aquel no era mi sitio). Sin embargo, el poeta debe prestar atención permanente, A jornada completa, porque la poesía aparece en cualquier momento y podría no regresar, aunque una vez llegada el poeta debe determinar su escritura (Técnica y llanto), pero no dolerse mucho si no llegan porque se está viviendo (Los poemas de amor).

El poeta también es lector de poesía. Este ejercicio le es necesario para transitar por la tristeza y la falta de esperanza, a ver si así / duele menos (Leo poemas), hasta hallar en El último verso de Antonio Machado (Estos días azules y este sol de la infancia), la infinita condición de la poesía en las palabras más usuales. Qué gran poema este último con el que se cierra El escenario.

Noticias de nuestras lecturas

Disculpas. Una extraña mezcla de exceso de trabajo y melancolía se me ha sumado con las imágenes de la guerra de Ucrania que comenzara hace unas semanas. Esta circunstancia me ha tenido alejado del blog y de las entradas correspondientes del Club de lectura. No he querido cerrar abruptamente nuestra lectura de El escenario, que continúo aquí y prosigo en una próxima entrada. Después vendrá el comentario de un libro incorporado por acertadísima sugerencia de Carmen Ugarte y que, escrito sobre los conflictos últimos de Oriente Medio y Oriente Próximo, se ha convertido en terrible actualidad con lo que ocurre en Ucrania, El hombre mojado no teme la lluvia. Voces de Oriente Medio, de Olga Rodríguez, cuyo comentario llevamos acabo el pasado martes día 29 en el formato presencial del Club. En ese momento, incorporaré las aportaciones realizadas por los colaboradores habituales.

El pasado martes día 22 de febrero mantuvimos nuestro encuentro mensual del formato presencial del Club. Como siempre, María Ángeles Merino levanta acta de lo que allí ocurrió y puedes leerlo en esta magnífica entrada de su blog. Después, publicó su comentario sobre Insolación, la novela de Emilia Pardo Bazán que leímos hace unas semanas y que tenía pendiente. Y ha tenido que regresar su amiga Austri para que se atreva a convertir a doña Emilia en un interesante personaje secundario...


Qué alegría ver a Rita Turza regresar al club, seleccionando un poema de Karmelo C. Iribarren en su blog.

Como saben los seguidores habituales de este club, habíamos dejado sin cubrir los títulos de abril y mayo, recordando que uno de ellos debía ser de autor fallecido. Para completar el listado propongo:
  • Abril: Memorias de Leticia Valle de Rosa Chacel. Recuperamos así un libro que fue lectura recomendada en secundaria hace unas décadas, para comprobar su actualidad. Hay varias ediciones baratas en el mercado, fáciles de encontrar.
  • Mayo: Pájaros en un cielo de estaño de Antonio Tocornal (Premio València de narrativa Institució Alfons el Magnànim), publicada por Versátil Ediciones en 2020. Un libro imaginativo, que derrocha sabiduría narrativa atractiva para el lector. Puede encontrarse en librerías o directamente en la página de la editorial (aquí).
Para conocer la forma de seguir las lecturas de este club y sus características y la lista del presente curso, pinchar sobre este enlace.
ADVERTENCIA: Las entradas de La Acequia tienen licencia Creative Commons 4.0 y están registradas como propiedad intelectual de Pedro Ojeda Escudero. Pueden ser usadas y reproducidas sin alterar, sin copias derivadas, citando la referencia y sin ánimo de lucro.

Recojo en estas noticias las entradas que hayan publicado los blogs amigos (si me he olvidado de alguien, agradezco que se me avise). Entrada del Club de lectura cada jueves (salvo casos excepcionales), en este blog.

miércoles, 30 de marzo de 2022

¿Por qué no escribir?

 


Si florecen ya los perales, tienen brotes nuevos los cerezos, por qué no escribir. ¿Por qué no escribir si los bordes de los senderos y los solares se han llenado con la aparición púrpura de la ortiga muerta, por qué no escribir si hay más horas de sol, si las últimas lluvias han reverdecido los campos y el invierno se ha retirado discretamente dejando paso a la antojadiza primavera?

Desde el texto del pasado 13 de marzo sobre la guerra en Ucrania no he podido hacerlo. Antes incluso. ¿Por qué no escribir si hay tanto para hacerlo y tantos llenan páginas sobre cualquier cosa de moda, escriben sus opiniones sobre todo y se pronuncian sin pasar más allá del desahogo?

Oigo subir el café de media tarde en la cafetera y lo sirvo en una taza que recogí de la casa de mi madre cuando la vaciamos para venderla, apago la vitrocerámica, me siento en el sofá con un par de bizcochos duros, dejo la casa en silencio un tiempo. Pienso en la ortiga muerta que florece ahora, cómo ha adoptado la apariencia de la ortiga sin serlo, del género urtica esta, lamium aquella. Finge una forma similar para protegerse, aparenta ser peligrosa. Hasta que florece y, en ese momento, no puede disimular más no ser ella misma. Hay un momento en el que todo se aclara, pero es un momento tan fugaz que, si no estás atento no lo ves, se pasa.

¿Qué hacer, dejar de escribir, dejarlo todo porque ya no tengo esperanza? Escribir sobre la imposibilidad de la escritura mientras la naturaleza redacta su libro, infinitamente mejor que el mío, más apropiado, más cierto.