domingo, 1 de noviembre de 2026

Federico. No hay olvido ni sueño: carne viva, de Proyecto 43-2

 

Federico. No hay olvido, ni sueño: carne viva parte de un encargo de la Diputación de Granada recibido en 2023 por María San Miguel para construir una obra de carácter documental sobre la relación de Federico García Lorca con Valderrubio (hasta 1943, Asquerosa), Granada, en donde el poeta vivió años de su infancia y juventud y gran parte de sus veranos. Actualmente, la casa familiar es una Casa-Museo propiedad del Ayuntamiento. La obra es la parte última de un proceso colectivo de trabajo que comenzó con una investigación profunda, recogida en la representación, y la realización de un podcast. Quizá al espectador final pueda no interesarle esto, pero lo que se escenifica es una parte de un gran proceso de trabajo previo, conectado no solo con el pasado (aquella relación entre Lorca y Valderrubio) sino con presente de los acontecimientos más recientes relacionados con la memoria histórica, las exhumaciones y la vivencia social, personal y creativa actual con todo ello.

La obra está estructurada en una serie de secuencias, precedidas de una loa, en las que se abordan desde acontecimientos relacionados con los últimos días de vida de Federico García Lorca y su asesinato hasta la necesidad de conservar la memoria de los fallecidos y lo que ocurrió. Desde la aparición de los actores en escena queda claro que el montaje es teatro comprometido y que se inserta dentro del género de teatro documental, en auge desde hace unas décadas. Tras un resumen del argumento de La casa de Bernarda Alba -subrayado y actualizado por las réplicas entre los personajes-, la obra parte de lo ocurrido a García Lorca para trascenderlo. La figura de Lorca, sin dejar de ser una víctima real, se convierte en un símbolo inicial y la mirada se amplía a los miles de asesinados en la represión que tuvo lugar en Granada en los meses posteriores al fracasado intento de golpe de Estado de julio de 1936, enterrados en fosas como el propio poeta, muchas de ellas aún sin abrir: el cadáver de García Lorca no estuvo solo en la geografía que va del barranco de Víznar al municipio de Alfacar. Y esto es lo que se trabaja en el resto de la obra: casos particulares que son parte de un drama colectivo y de una memoria silenciada hasta años después de la recuperación de la democracia en España. Ir y venir de lo individual a lo colectivo para recuperar no solo la memoria sino también y, sobre todo, la identidad y la historia de cada una de las víctimas, su nombre y apellidos y sus circunstancias de vida y muerte. Por eso, el uso metateatral de la propia investigación para la elaboración de la obra, con referencias a testimonios y personas que facilitaron el trabajo a la compañía. Hay un momento en el que la obra sale de ese espacio de Andalucía con la conocida historia del alcalde de Alcanadre (La Rioja), Agustín Martínez Royo, al que tras asesinarlo lo enterraron en una fosa con los almendrucos que llevaba en el bolsillo: de ellos nació un almendro. Con esta historia se amplía el significado y la intención claramente. Esta ampliación hacia el presente se podría resumir en la impactante escena en la que se procede a borrar con pintura los nombres de varias personas del público escritos sobre un simbólico muro.

Federico. No hay olvido, ni sueño: carne viva es también teatro objetual. Los objetos que se muestran y usan en escena se convierten en el centro de las escenas y de las historias: libros, palas, casquillos de balas, unas gafas, un lapicero, el aparato con el que Ian Gibson grabó las entrevistas realizadas en sus investigaciones, los pinceles y brochas usados en las exhumaciones, unos almendrucos que dan motivo a la historia de Martínez Royo, los huesos de un esqueleto, etc. Estos objetos, animados por los actores, cuentan su propia historia y son parte de la trabazón final de la memoria. El objeto animado se convierte también en acción y palabra.

En definitiva, Federico. No hay olvido ni sueño: carne viva es teatro comprometido que trabaja excelentemente con las herramientas propias del más actual teatro documental y objetual para buscar la conmoción y la reflexión de los espectadores (en la función a la que asistí, el público aplaudió puesto en pie durante minutos). En ese camino, todo en la obra funciona: el trabajo de documentación previo y su uso en el texto, la interpretación de los actores y su manera de apelar al público constantemente, una escenografía funcional que se va llenando de los objetos que cuentan las historias, una iluminación perfectamente adecuada para subrayar lo que ocurre en escena (hasta el punto de que llega a no percibirse, lo que habla magníficamente de este aspecto) y un ambiente sonoro más que acertado para generar los silencios, los ruidos y la presencia de lo que está fuera de la escena pero influye en ella.


María San Miguel (creadora, autora de la dramaturgia y directora de la obra) ha recibido el premio El Ojo Crítico 2025 por su trayectoria, en la que se mencionan varios proyectos, incluido este. 

El dossier de la obra, con toda la ficha técnica, puede descargarse aquí.

Vi la obra en la función de las 19:00h el domingo 25/10/2026 en el espacio Al Norte a la Izquierda de Valladolid, un magnífico proyecto de Azar Teatro, Premio Amigos del Teatro 2026.

Federico. No hay olvido, ni sueño: carne viva se estrenó el 29 de mayo de 2024 en la Casa Museo de Federico García Lorca en Valderrubio, Granada y estaba programada en el Centro Cultural Miguel Delibes de Valladolid para el pasado sábado 24 dentro de la sexta edición del ciclo Comunidad a Escena (suponía su primera puesta en escena en Valladolid, sede de la compañía), pero la Fundación Siglo para el Turismo y las Artes de Castilla y León, que lo gestiona, comunicó hace unos pocos días al público que ya había comprado las localidades que se cancelaba la representación por obras en la sala, lo que ha provocado una gran polémica sobre los verdaderos motivos de la cancelación, que ha llegado a las redes sociales y a los medios de comunicación. Proyecto 43-2 emitió un comunicado al respecto, explicando que no tuvo conocimiento de la decisión hasta el pasado 2 de octubre (cuando ya se habían vendido el 70% de las entradas) y denunciando la cancelación ante la Fiscalía, alegando posibles motivos ideológicos. Según algunas informaciones, el pasado viernes 23 (un día antes de la fecha inicialmente fijada), la Fundación Siglo propuso a la compañía y a la Asociación profesional de las Artes Escénicas de Castilla y León (ARTESA) reprogramar la obra para el próximo 9 de enero, lo que esta institución ha hecho público a través de un comunicado el mismo sábado 24, negando que haya otras razones que las aducidas obras de acondicionamiento del espacio. Finalmente, la sala Al Norte a la Izquierda acogió una función para el mismo día en el que se había programado en el Centro Cultural Miguel Delibes. Ante la alta demanda del público, la sala ha terminado ofreciendo tres funciones (dos el sábado 24 y una el domingo 25), cuyas localidades se vendieron por completo en muy poco tiempo. La obra ha contado con financiación del INAEM y de la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte de la Junta de Castilla y León (una ayuda obtenida en proceso de concurrencia competitiva en 2024).

lunes, 26 de octubre de 2026

Flor seca del cardo

 


Cuando se seca, la flor del cardo es un ejemplo arquitectónico de cómo la vida deja un rastro. Frágil, temporal, hermoso. Antes se usaba para coagular la leche a falta de cuajo animal (es el secreto a voces de algunos quesos), para cardar la lana y otros tejidos, para la medicina tradicional. También como amuleto protector o como decoración. Hay que ver el cardo, quiero decir, hay que mirarlo en ese estado. Cuánta belleza.

¿Dónde escapar de la mala política? En lo más cercano. Pasar, de una vez, del otro al nosotros. Nosotros, los seres humanos. Ese momento de alumbramiento en el que descubrimos que el otro se parece tanto a nosotros.

En el café, una conversación en la mesa de al lado. Miran la televisión encendida con todos los altercados en las ciudades europeas de estos días y afirman que esto no ha pasado nunca, culpan de todo a los que no piensan como ellos, dos hombres y una mujer. Hablan desde el rencor, un rencor profundo que no tiene un origen concreto más que el miedo que les ha llovido como cae el agua en esas lluvias que parecen no mojar -voy ahí mismo, no necesito paraguas-, lluvia fina, hasta que cala.

Tiempos malos estos en los que se siembra la ira sin pensar que la cosecha solo puede ser terrible.

miércoles, 14 de octubre de 2026

Puesto ya un pie en el estribo. La España que casi nunca ha podido ser

 


La  primera vez que vine por estas tierras fue con mi padre, en los años setenta, en la cabina de un Pegaso recién comprado por la empresa para la que trabajaba como conductor. De chaval, me gustaba acompañar a mi padre en aquellos camiones durante las vacaciones de verano. Así me recorrí muchos quilómetros de las viejas carreteras españolas, serpenteantes, con olmos pintados de blanco. Aprendí mucho con él en esos viajes, de su conversación, pero sobre todo de su manera de estar en el mundo y de la geografía verdadera de las cosas.

La primera vez que bajé La Mazorra fue en aquel Pegaso de palanca trasera. Aún recuerdo cómo parte de la cabina se asomaba al precipicio, la habilidad de mi padre y el resoplido de los frenos en la descarga del aire comprimido. Es un valle hermoso, abajo: Valdenoceda, Villarcayo, Medina de Pomar. Las Merindades, el origen del condado de Castilla. Hoy viajo en el coche de la directora del Programa Interuniversitario de la Experiencia y de la Universidad Abierta a Mayores de la Universidad de Burgos, que me ha invitado amablemente a dar la charla inaugural de la sede de Medina de Pomar. El viaje es distinto, pero también muy agradable. He sido profesor de este programa desde su inicio y siempre he sentido que es un programa necesario en el que me he visto muy bien acogido a lo largo de estas dos décadas. Al finalizar el curso pasado le comuniqué que no iba a continuar. No por descontento, todo lo contario, sino porque va llegando la hora de ir haciéndose a un lado, de aceptar que ya le va tocando a uno la hora de jubilarse. Me alegra mucho ver cómo ha crecido la iniciativa, las miles de personas que se han matriculado y han participado de las clases, conferencias y todas las actividades. Cuando comencé, yo no hubiera podido matricularme, pero desde hace años podría haber sido un alumno más. He conocido tres directoras: Carmen Palmero, Gemma Miguel y Vanesa Baños, todas excelentes, personas entregadas a un programa que es mucho más que una actividad académica, a las que siempre estaré agradecido por su trabajo y la manera en la que me han acogido. Está en buenas manos.

Titulé mi charla "Puesto ya el pie en el estribo. Las lecciones de vida de Cervantes", arrancando de la dedicatoria al conde de Lemos de Los trabajos de Persiles y Sigismunda, historia setentrional, que se publicaría póstumamente en 1617. La dedicatoria lleva fecha, diecinueve de abril de 1616. Sobrecoge por lo que dice Cervantes a tres días de su fallecimiento. Finalicé mi intervención con dos historias del Quijote cuya relectura es más que interesante hoy. La primera, la del rebuzno: dos alcaldes buscan un burro perdido rebuznando para que el animal les responda. Rebuznan tan bien que se engañan el uno al otro en el monte, pensando que el burro es el otro y caminando hacia el sonido. Cuando lo cuentan en sus pueblos, alabándose el uno al otro, desencadenan las burlas de los pueblos cercanos, lo que provoca altercados y, finalmente, una guerra, para la que se hacen con lanzas y otras armas. Los vecinos de esos pueblos van a morir porque dos alcaldes rebuznan. Imagino la sonrisa de Cervantes al redactar la historia.

La segunda historia es la del encuentro de Sancho Panza con el morisco Ricote, que vuelve a escondidas burlando la orden real de expulsión. La expulsión de los moriscos se dio entre 1609 y 1614 y la segunda parte del Quijote se publicó en 1615, Cervantes escribía sobre algo de rotunda actualidad. Aquella expulsión causó dramas familiares e individuales, pero también contribuyó a la ruina del país. Fue una de las causas más notables en un ejercicio de injusticia gravísima (hoy su calificación sería la del crimen de estado que busca la limpieza étnica) y una estupidez demográfica y económica, una verdadera traición al país. Se decretó por un enorme bulo de la época, una patraña construida: se alimentó la idea que conspiraban con los turcos y con los hugonotes para invadir la península y destruir el reino. En realidad, tuvo causas más sucias: la apetencia por algunas propiedades y el fomento del odio al diferente para uniformar artificialmente España y justificar la permanencia de la alianza férrea de trono y altar, que tanto daño ha causado en la historia, distrayendo de la ya evidente decadencia económica y social. Se fabricó la ira contra esa comunidad por parte de los "cristianos viejos", que veían en ellos una amenaza por su alta natalidad y la cohesión familiar que tenían. No podían aludir a que no fueran del terreno, puesto que todos ellos descendían de los más viejos pobladores de la península (la entrada de musulmanes fue mínima y sin verdaderas consecuencias demográficas): tan españoles como aquellos que los expulsaban. Era, sin más, odio al diferente, al que pensaba, sentía y creía de otra manera, pero todo ello escondía el afán de control basado en la uniformidad y en el temor. Según las órdenes reales, Sancho Panza debería haber denunciado a Ricote o haberlo matado allí mismo, pero no lo hizo. Vio en él a su vecino, con el que tantas preocupaciones había compartido sobre si llovía o no llovía, sobre si los hijos se criaban sanos o no. Se sentaron juntos, el cristiano viejo que era Sancho y el morisco que era Ricote,  para compartir la comida que llevaban encima y una buena bota de vino. Se despidieron deseándose suerte el uno al otro, después de ponerse al día. Sancho Panza y Ricote sabían que una cosa era lo que dictaminaban los gobernantes y otra bien distinta los que vivían día a día juntos y se comportaron como lo que eran: dos vecinos del mismo pueblo con una historia común. En el pasaje, Cervantes propuso una España que no era la de los poderosos, alejada de los miedos y patrañas creadas por los que quieren gobernar a la gente como si no hubiera otra posibilidad que la que ellos quieren imponer, la que mata y se deja matar porque dos alcaldes rebuznan. Otra España posible, que casi nunca ha podido ser.

domingo, 11 de octubre de 2026

Veinte años de escritura en este blog, La Acequia

 

El 11 de octubre de 2006, publiqué la primera entrada en este blog, Incertidumbre. Veinte años han pasado desde aquel día. El título del texto hacía referencia tanto a mi situación personal como a la del mundo. Tras los atentados de las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001 y la red de Cercanías de Madrid del 11 de marzo de 2004, la historia se abría a época con nuevas normas, en las que la transversalidad del postmodernismo, la apuesta por un encuentro de la humanidad en ámbitos no excluyentes que integraran la justicia social y el reconocimiento de los derechos de los menos poderosos, parecían no servir ya a pesar de su acertada denuncia del negativo efecto del predominio de grandes ideologías y creencias y el riesgo de la falta de control del capitalismo financiero de carácter extractivo y especulador. Ya no regían los conceptos que habían predominado en la postmodernidad iniciada a finales de los años cincuenta del pasado siglo, que venían a superar la deriva final de la modernidad que había provocado dos guerras mundiales y la posibilidad de una guerra nuclear, partiendo el mundo en dos bloques que parecían irreconciliables. Durante un tiempo, las instituciones nacidas de las grandes tragedias del siglo XX parecían tener todavía un peso en el mundo. Se han desmoronado de golpe, debido a la falta de efectividad provocada porque las grandes potencias han sido minadas por personajes sostenidos por unas ideologías incompatibles con la paz y con la justicia social. Sobre todo ello he dado mi opinión aquí, en la serie Pensar el mundo a principios de siglo, un análisis que se fue cargando de pesimismo a la luz de lo que acontecía.

El mundo se ha oscurecido por el predominio de la avaricia y la corrupción. Grandes corporaciones y fondos financieros son más poderosos que países enteros; sus representantes llegan al poder de los estados basándose en la extensión del miedo y en la movilización de los instintos basados en las emociones. Emociones que son viejas conocidas: el nacionalismo, la búsqueda de la protección bajo estados fuertes y militarizados y creencias e ideologías que parecen graníticas, el individualismo feroz, la confusión de la realidad a partir de la extensión de la mentira. La diferencia con aquellos desastrosos y sangrientos tiempos en los que predominaron esas viejas emociones controlados por el poder de cada caso, es que la tecnología actual acelera su extensión, destruye la cohesión social y provoca reacciones inmediatas que se instalan en la mente de los individuos como nuevas verdades de fe contra las que la racionalidad y los datos poco tienen que hacer.

Veinte años de La acequia durante los que he tenido períodos de publicación casi diaria y otros de silencio de semanas; etapas en las que el entusiasmo me llegaba a compartir y lanzar proyectos y otras en las que ha predominado la expresión más íntima, la decepción y la fatiga; años en los que he conocido personas excelentes, muchas de las cuales aún permanecen en este u otro formato. Por el camino, llegó el éxito de las redes sociales, que diversificaron las posibilidades de publicación, aunque la mayoría de ellas fueron convirtiéndose en un estercolero de opiniones en las que los algoritmos favorecen el enfrentamiento. Un conflicto que no se encontraba en la sociedad, pero que ha terminado apareciendo porque se ha estimulado interesadamente. 

Y así hemos llegado a 2026, un año en el que el mundo vive en conflicto permanente, en el que ascienden al poder las personas y las ideas que viven alterando la realidad y usando la confrontación y el insulto. Un mundo que se encamina a una guerra que una las que ya existen, que extienda la pobreza, el miedo y el odio al diferente.

Supongo que hay que seguir, mientras el cuerpo aguante y el aire no se convierta en totalmente irrespirable. 

jueves, 8 de octubre de 2026

Soñar acebuches

 


Soñar acebuches y jaras, suelos de pizarra milenarios. Estruendosos los rabilargos, aquí y allá saltan los herrerillos, jugando con el que avanza en sueños por los caminos de tierra, empujado por el deseo de estar, porque duda de que lo que recuerda existiera alguna vez. Quizá crearlo al avanzar, subiendo desde la marisma del Guadiana hacia las leves colinas, la hierba pajiza entre cardos y espinos secos. En su recuerdo es octubre, pero hace calor de mayo, casi junio. A veces es así la vida, un sueño que tira del pecho para llevarte a algún lugar que que conociste, pero quizá nunca existió. En una pequeña laguna artificial, una hermosa garza real. Arriba, un cielo depurado en nubes deshilachadas.

martes, 6 de octubre de 2026

Algunas reflexiones sobre la inteligencia artificial

 


En estos momentos la IA está dejando de ser una herramienta tecnológica que nos ayuda en los cálculos, en los procesos, en la fabricación de cosas, para ser algo más. Por ahora, en manos de oligarcas que ya no viven en nuestras comunidades. Dentro de un tiempo, no mucho, la mayoría de las personas no sabrán pensar, calcular, informarse, contextualizar, expresarse, etc., sin el uso de una herramienta de inteligencia artificial. También los sabios de la tribu serán algoritmos. Llegará un momento en el que no seremos los que controlemos nuestra forma de entender el mundo. No podemos detenerlo ya.

Un ejemplo: los profesores de universidad fabrican sus artículos y sus libros con inteligencia artificial, muchas veces sin conocer bien el terreno sobre el que escriben y, en las páginas de sus artículos y en clase, se limitan a volcar aquello que les dice el algoritmo. Muchos son ya incapaces de contextualizar un texto o un concepto básico de su rama de conocimiento o de ordenar la materia sin estos recursos. Por lo tanto, estos profesores son innecesarios.  Eso sí, en un año publican decenas de artículos e hinchan sus currículos exponencialmente.

Otro ejemplo: una novela en francés ha ganado varios premios de prestigio y se encontraba en la primera fila para el gran Goncourt. A muchos lectores no les ha importado saber que supuestamente estaba redactada con inteligencia artificial. Muchos libreros afirman que el negocio es el negocio, que lo que importa es vender. De hecho, algunos escritores redactan y estructuran sus novelas mejor desde que usan la inteligencia artificial. Los que escriben así son también innecesarios y a las presentaciones de los libros y las ferias del libro deberían acudir los programadores.

Cualquier persona, con una serie de instrucciones, puede generar una imagen o un vídeo casi indistinguible de uno real, salvo que se tenga conocimientos suficientes de informática. El éxito de algunas cadenas de manipulación mental y extensión de bulos se basa en que hay muchas personas que ya no saben distinguir si lo que ven es real o no. A gran parte de estas personas tampoco les importa. He usado el concepto real. Si una imagen falsa existe es real, pero su significado no lo es. Por ahora.

Un ejemplo más: un dron guiado por inteligencia artificial usado en un frente de guerra o en un acto terrorista decide a quién matar de las posibles víctimas que están frente a él. No decide no matar, sino que elige a quién hacerlo. Hace tiempo que se ha superado la Primera Ley de la Robótica escrita por Isaac Asimov,  que decía que un robot no podía hacer daño de ninguna manera a una persona. Un coche autónomo, sin conductor, cuando se encuentra en una situación crítica en la que cualquiera de las opciones que se le presentan supone atropellar a una persona, decide también a quién, por sexo, edad o color de piel.

Mientras puedas, siente en tu cuerpo y en tu cerebro, almacena en tu recuerdo todo lo que procede de lo humano y lo natural. En poco tiempo, dudarás de si ese recuerdo no está fabricado.

lunes, 5 de octubre de 2026

Porque ya no estamos

 


Estos días, el cielo es un espectáculo al atardecer. Cielos encendidos. Basta mirarlos. El horizonte se incendia como metáfora.

Un mirlo se posa
en el jardín, otoño.
Tiembla la rosa.

No sé si somos conscientes, pero el mundo es mudanza continua. No por el paso del tiempo, sino porque ya no estamos.

domingo, 4 de octubre de 2026

Qué me quiero decir y qué hacer con ello

 


A veces sale uno a la calle sin objetivo y se queda embobado ante lo inesperado. Puede suceder que haya salido también a un recado menor, cualquiera, y lo que ve le haga olvidarse. Este jabonero de la China ha estado ahí desde hace años y en alguna primavera me llamaron la atención sus flores amarillas, pero es ahora cuando me sorprende el fruto, cambiado ya de verde a este naranja fronterizo. Dicen que en China se plantaba en las tumbas de los más altos funcionarios, dada su elegancia, por aquí lo usamos como ajardinamiento de las calles porque sus raíces no dañan las aceras, al no ser superficiales, así disfrutamos todos de este árbol. Con sus semillas se fabrica un líquido jabonoso que se ha usado para lavar la ropa más delicada y el cabello, de ahí su nombre en español. ¿No he pasado nunca en estas fechas junto a estos árboles? ¿Por qué ahora veo estos frutos y no cualquiera de los años anteriores? ¿O los han plantado este año y ni siquiera soy consciente de que antes no había árboles en ese lado de la calle? Sé que no es el árbol, que soy yo, que nada ni nadie me envía una señal, pero qué me quiero decir y qué hacer con ello.

Se nos olvida con mucha frecuencia que el valor de las cosas que adquirimos o que heredamos se debe en buena medida al trabajo y las aportaciones de otros, no al esfuerzo que nos ha llevado obtenerlas: nuestra ropa, nuestros automóviles, nuestras casas. Nada es nuestro en su totalidad y las cosas que tanto apreciamos valen por comparación. El especulador piensa que todo es suyo solo porque está a su nombre, ignorando que el valor de la cosa con la que especula depende de las aportaciones de la comunidad al fabricarlas, al ceder los suelos en los que se fabrican, con el trabajo físico e intelectual, con las aportaciones para que funcionen las comunicaciones o los servicios sociales y todo lo imprescindible para vivir en sociedad. En el antiguo principio calvinista del capitalismo existía la obligación teológica y moral de la administración, la mayordomía: los seres humanos son meros administradores de unos bienes que solo pertenecen a Dios. Esto permitió a los protestantes negociar con las propiedades y el dinero, introducir el valor de la economía en lo espiritual, a diferencia del mundo católico. Hasta hace relativamente poco, los grandes poseedores de fortunas devolvían esa parte que no se debía a su mero esfuerzo a través de donaciones o creando fundaciones en beneficio de la sociedad. No eran voluntarias ni fruto de un chantaje colectivo, como tantas veces se nos ha hecho creer, sino una obligación religiosa y social. En el mundo católico se practicaba la compasión y la caridad. En realidad, no eres cristiano si no asumes esto, si no va dentro de ti como norma de comportamiento. Todo ello dio paso a la justicia social, que acompañó siempre al nacimiento de conceptos liberales como el de ciudadanía y democracia: la sociedad contribuye al enriquecimiento individual de alguno de sus miembros y estos deben contribuir al bien social. Los principios rectores de los padres del liberalismo son muy claros al respecto. Esto era, claro, cuando el especulador vivía en la sociedad de los demás, cuando la especulación no era depredación. Hace tanto ya de eso...

En el siglo XIX, los liberales españoles en el gobierno promovieron varias desamortizaciones de bienes de manos muertas para que la burguesía española se hiciera en subasta con ellos y los volviera productivos. Salvo excepciones, los burgueses que adquirieron aquellos bienes expropiados a órdenes religiosas, ayuntamientos y fundaciones benéficas, se convirtieron en rentistas. Fue una de las grandes tragedias de la historia española, que provocó el retraso económico del país, que terminaron pagando las clases populares. El fracaso histórico de la burguesía española lo retrató como nadie Benito Pérez Galdós en los Episodios Nacionales, que no son la crónica inocente de los acontecimientos convulsos de aquel siglo, sino la denuncia de la traición de las clases adineradas al país, una de las mayores traiciones que se han cometido en España. Todo aquello terminó en la pantomima democrática de la Restauración, roída por el turnismo y el caciquismo. Las novelas de Galdós están llenas de personas malviviendo en casas que no eran suyas, llenas de gente casi sin nombre, pobreza y poca esperanza.

Asombra la violencia que se ha instaurado en las relaciones. Violencia verbal y física. Palabras desatadas, símiles bélicos, nostalgia de lo peor de la historia humana, insultos, gestos de agresividad, gritos, exhibición de músculos y de armas. Tantos como ambicionan un acto armado, la guerra. Tanto ruido.

Escribo en silencio, con la ventana abierta. En el parque, unos muchachos juegan al fútbol, unos perros ladran corriendo tras las pelotas. La temperatura es agradable. Atardece en rojos. Se hace la noche.




sábado, 3 de octubre de 2026

Si llueve

 



Ahora que va a llover
y que el otoño llega,
me temblarán las manos
al buscarte la piel
bajo la ropa.

© Pedro Ojeda Escudero, Del desconsuelo, 2025

jueves, 1 de octubre de 2026

Mañana será otro día

 


Al llegar a Nueva York, Juan Ramón Jiménez se preguntaba si ese cielo era el mismo de Andalucía. Ya ni siquiera podía llamarlo cielo, sino sky, cada día, new sky. Era tan nuevo que hasta el idioma era diferente. ¿Es este cielo el mismo de siempre? El de hoy, digo, este que parece nacido de sacudir una alfombra de tiza rojiza. No puede serlo. Cada día un cielo nuevo. No mejor o peor, diferente. ¿Mañana? Cierra este día ya, no da para más.

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Arroyuelas

 


Junto a la acequia, arroyuelas en flor. El verano pervive en ellas en este inicio de otoño. Mis padres reposan junto a las arroyuelas. Las manos de mi madre, la mirada de mi padre, las manos de mi padre, la mirada de mi madre. Arroyuela, salicaria, frailecillo. Sonrío al pasar junto a estas matas en el paseo. Aquí, allá. Aún en flor. La acequia lleva agua todavía, deben estar regando alguno de los campos por los que pasa, bordeando la ciudad, tan dentro de mí.

A veces no respiro
para que no se quiebre,
cristal de luz la vida,
tan frágil es su sombra.