miércoles, 23 de enero de 2019

Ayer nevó


Ayer nevó. Lo hizo sin ganas, como si se estuviera practicando para nevadas próximas. Ya no nieva como antes, decimos. Y nos quedamos así, mirando cómo caen estos copos de ahora, que no nos gustan. En el monasterio de las Huelgas apenas se cubrieron los tejados y la hierba. Las manzanas tampoco saben como sabían aquellas manzanas como las mordíamos. Quizá no sea la nieve la que nos falte sino lo que recordamos al verla caer. Pronto dejó de nevar y volvió la normalidad gris de un día de invierno plomizo y cubierto.

lunes, 21 de enero de 2019

Nuestras ruinas


La hierba fresca brota del tajo: quiere romperlo todo, rehacernos. Es todo mejor sin nuestra huella. ¿No ves cómo la vida se agarra a nuestras ruinas? 

sábado, 19 de enero de 2019

Dibujar pájaros



Dibujar pájaros en los muros para levantar en vuelo la casa entera.

Recuerdo haber salido un tiempo con una mujer a la que le daban miedo las aves. En la plaza de aquella ciudad del sur, llena de palomas, se me agarró para cruzarla. Ornitofobia, se llama. Sentí el delicado tacto de su corazón en la palma de mi mano.

En días como estos, en los que estoy tan triste, han desaparecido todos los pájaros de mi ciudad.

Hace unos años, al arreglar el alero del edificio e instalar canalones nuevos, quitaron todos los nidos de aviones. Fue como si hubieran desalojado el taller del mejor artesano de la ciudad, vendiéndolo a un fondo buitre.

Anoto: el obispillo de los aviones es blanco, el de la golondrina claro. Se dan casos de hibridación entre la golondrina común y el avión común. Casi siempre predominará el aspecto de las golondrinas, pero en algunas ocasiones el obispillo blanco delata la hibridación.

Recuerdo aquella cría de avión común en Ayamonte, caída del nido sobre la acera, junto al árbol. En sus ojos estaban ya las pupilas del gato.

jueves, 17 de enero de 2019

Y la humanidad se volvió loca: la guerra en Los cuatro jinetes del Apocalipsis de Blasco Ibáñez y noticias de nuestras lecturas.


Al declararse la guerra, el viejo Marcelo Desnoyers tuvo la sensación de que la humanidad se había vuelto loca. Su mente capitalista, basada en el progreso constante de la sociedad y no en su destrucción, no podía entenderlo:

¿Era posible una guerra con tantos ferrocarriles, tantos buques de comercio, tantas máquinas, tanta actividad desarrollada en la costra de la tierra y sus entrañas?... Las naciones se arruinarían para siempre. Estaban acostumbradas a necesidades y gastos que no conocieron los pueblos de hace un siglo. El capital era dueño del mundo, y la guerra iba a matarlo; pero a su vez moriría ella a los pocos meses, falta de dinero para sostenerse. Su alma de hombre de negocios se indignó antes los centenares de miles de millones que la loca aventura iba a invertir en humo y matanzas.

Marcelo Desnoyers evolucionará mucho a lo largo del libro. Sin dejar su fe en el capitalismo como progreso de la humanidad, la guerra lo trasformará radicalmente. De hecho, Blasco Ibáñez ensaya en esa evolución un tipo de capitalista humano y pacifista que le gustaría ver en la sociedad. En su estancia en el frente, para defender su posesión del castillo de Villeblanch, comprenderá que el dinero poco vale en el horror de la guerra y que su posesión antes debe servir para evitarla y para realizar una generosa mirada hacia la humanidad, que la mera acumulación de riquezas que pueden perderse en medio de la violencia desatada. Su presencia en el frente de batalla le sirve al autor para dar cuenta del relato de atrocidades que supone cualquier guerra pero también para incidir ideológicamente en la crueldad de la que ha provocado Alemania, de su actitud poco noble en el avance de las tropas, que culmina convirtiendo el hospital amparado por la bandera de la Cruz Roja en un fortín militar desde el que atacar. La finalidad de este relato es doble: por una parte, levantar testimonio de las atrocidades del ejército germánico; por otra, servir de propaganda de la causa aliada, de la guerra defensiva de Francia y de la necesidad de apoyar la lucha contra quienes así se comportan.

La evolución de su hijo, Julio, es igual de marcada. Su amor por Margarita y la entrega de esta a lo que entiende su deber como esposa que intenta reparar el sufrimiento causado, le hace encontrar un motivo para su vida en la causa de la guerra de defensa del mundo occidental frente al imperialismo alemán. Se alista y tiene un comportamiento heroico, convirtiéndose también en un compañero de armas generoso con quienes le rodean. Su muerte es necesaria como reparación de su vida superficial anterior pero también como estrategia narrativa para atrapar las emociones del lector. El bailarín de tango se trasforma en un héroe.

Blasco Ibáñez no escamita detalles en el relato de la guerra: mutilaciones, violaciones de derechos, agresiones, descripción de las heridas y de la suciedad, del hambre... La crudeza del relato, de los efectos físicos y morales de los combates, de las condiciones materiales de la vida de soldados y civiles en la primera línea de batalla, del comportamiento brutal de los soldados y oficiales alemanes... Llega a una tensión narrativa que debió conmocionar a los lectores de su tiempo. Desde la aparición de los cronistas de guerra a mediados del siglo XIX, se cuenta con precedentes en la prensa periódica. También en la novela. Sin duda, el precedente directo de Los cuatro jinetes del Apocalipsis es La Débâcle (1892), la novela en la que Émile Zola narra el final del Segundo Imperio y la guerra francoprusiana de 1870. Tal es así, que el interés biográfico del personaje Marcelo Desnoyers nace al fugarse de Francia para no participar en dicha guerra y la referencia a esa guerra es constante en los motivos de la primera guerra mundial.

El relato bélico resulta perfecto también en su ritmo y estructura, desde el vértigo inicial hasta la detallada descripción de la guerra de trincheras. Hasta tal punto que puede afirmarse que se convierte en un modelo de narración para un conflicto militar y su herencia es reconocible en muchas novelas posteriores. Y en otra cosa también resulta ejemplar: la forma en la que cuenta la capacidad de la guerra para detener las vidas, replantear la sociedad y la existencia individual. Nada puede ser ya igual a como era antes.

Noticias de nuestras lecturas

Sobre el éxito en los EE.UU. de Blasco Ibáñez, Paco Cuesta escribe una gran entrada en estilo e intención, que no puedes perderte de ninguna de las maneras.




Desde el árbol de José Arcadio Buendía al que se pega Aureliano cuando muere hasta Poveda nos lleva Pancho en esta entrada sobre Cien años de soledad en la que deja muy clara esa forma de ser entreverado del realismo mágico, incluso con los sentidos agudizados tras la ceguera.Un feliz recordatorio de la lectura que nos ocupó hace unas semanas.

Cambios en el listado de lecturas del presente curso
 y otras noticias






  • El próximo martes 22 de enero celebraremos la sesión presencial para comentar Los cuatro jinetes del Apocalipsis. Será una reunión muy especial, porque la haremos conjunta con el Aula de historia de Alumni UBU, que ha abordado la primera guerra mundial en un curso titulado De la euforia de la catástrofe a la catástrofe de la historia.  Una ocasión inigualable para charlar sobre la primera guerra mundial, sus causas y consecuencias. Tendrá lugar a las 16:30 hs., en el salón de actos de la sede del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, en el burgalés Palacio de la Isla. La entrada es libre hasta completar el aforo (se reservarán plazas para los miembros del club y los asistentes al curso del aula de historia).


  • Como a la ocasión la pintan calva, los miembros del club de lectura nos sumamos al proyectado viaje de Alumni UBU a Sevilla con motivo de la exposición que conmemora a Bartolomé Esteban Murillo en el Museo de Bellas Artes de aquella ciudad. Por esta razón, en el mes de febrero leeremos la novela El color de los ángeles de Eva Díaz Pérez (Planeta, 2017), que recrea la vida del pintor y la Sevilla de su tiempo. Así, las lecturas continuarán de la siguiente manera:

- Enero: Tras el comentario de Los cuatro jinetes del Apocalipsis, leeremos Cuaderno de vacaciones, el poemario de Luis Alberto de Cuenca, premio nacional de poesía.
- Febrero: El color de los ángeles, de Eva Díaz Pérez.
- Marzo: Los amores equivocados, de Cristina Peri Rossi.
- Abril: Concierto barroco, de Alejo Carpentier.
- Mayo: Tea Rooms, de Luisa Carnés.
- Junio: La Tesis de Nancy, de Ramón J. Sender.


Recojo en estas noticias las entradas que hayan publicado los blogs amigos. Entrada del Club de lectura cada jueves (salvo casos excepcionales) en este blog, Información sobre el presente curso en el club en este enlace.

ADVERTENCIA: Las entradas de La Acequia tienen licencia Creative Commons 4.0 y están registradas como propiedad intelectual de Pedro Ojeda Escudero. Pueden ser usadas y reproducidas sin alterar, sin copias derivadas, citando la referencia y sin ánimo de lucro.

miércoles, 16 de enero de 2019

Paisaje interior


El jardín de la imagen ha salido en varias ocasiones en este blog. Se trata de un jardín interior de un hospital. En cada una de las ocasiones en las que he visitado el lugar he tomado una fotografía. Cada una de ellas es igual y diferente. No solo por la luz que entra por el ventanal de la derecha según la hora o la estación del año, sino porque mi estado de ánimo era diferente, como las circunstancias por las que me encontraba allí. El arquitecto y el paisajista que lo diseñaron obraban de acuerdo a una acertada idea de llevar la naturaleza a lugares en las que no esperamos hallarla. Ahora, porque antes convivíamos siempre con la naturaleza. Me gusta el término: paisajista, constructor de paisajes, hacedor de un lugar de encuentro entre la construcción humana y lo natural.

Paisaje interior este por el que pasan muchos sin verlo. Para mí supone un alto en el que pienso. Yo me detengo siempre, me permite respirar como si estuviera en la cuerda del Calvitero, contemplando Gredos en el horizonte.

martes, 15 de enero de 2019

La bestia


Llegará la bestia y destruirá la belleza. Algunos lo encontrarán hermoso. Depende de qué lado esté la bestia y para qué haya sido usada la belleza. Pero hay una belleza que va más allá, esa que no puede ser controlada ni poseída por unos pocos. Durante un tiempo no podremos verla, ni sentirla. El ruido será atronador y las luces cegadoras y nos parecerá que ya no es posible porque ya no habrá calma en los pechos ni en las mentes.

lunes, 14 de enero de 2019

Sobre la tristeza


Cuando regreso a la tristeza, encuentro que guarda la forma de mi cuerpo.

Como el invierno, la melancolía es necesaria, pero no siempre debe ser invierno.

A muchos escritores les gusta la tristeza como estado de ánimo para escribir. Otros esperan a la alegría. A la escritura le da igual cómo esté el escritor.

Estuve triste incluso cuando brotó una yema del almendro pero con la primera hoja nueva me traicionó la sonrisa.

Una vez escribí que fui un hombre triste hasta que me nació un paisaje dentro, pero de vez en cuando se echa la niebla.

La tristeza oculta el sol.

Ensayó su cara más alegre, pero el espejo no le correspondía.

La melancolía tapa los oídos.

El día no está triste, solo invernizo.

En el prospecto de la tristeza se previene de que acorta la vida, pero conozco tristes nonagenarios que han enterrado a todos sus alegres familiares.

Al estirar las piernas para despejarme, vi el Arlanzón alegre en el Puente de Malatos. Al atravesar el Paseo de la Isla tuve ya una premonición de primavera.

domingo, 13 de enero de 2019

¿Dónde vamos?




¿Dónde vamos? ¿Dónde caminamos, de un lado a otro, entreteniéndonos? Si las cosas importantes exigen que nos paremos. Que nos agachemos a la altura de los niños para hablar con ellos, que escuchemos, que miremos las pequeñas cosas -una brizna de hierba agarrada a un muro, la garza detenida en la marisma-, que tengamos cuidado y mimo.

sábado, 12 de enero de 2019

Civilización y Kultur: las fuerzas opuestas en Los cuatro jinetes del Apocalipsis de Blasco Ibáñez y noticias de nuestras lecturas.


Inicialmente, Los cuatro jinetes del Apocalipsis se nos presenta como una saga familiar. Julio Desnoyers pertenece a una familia argentina en la que se mezclan diversas procedencias: americana, española, francesa y alemana. Su padre, Marcelo, emigró a Argentina huyendo del reclutamiento forzoso en tiempos del segundo imperio francés. Allí se casa con Luisa, la hija mayor de un rico hacendado, Julio Madariaga, para el que trabaja. La segunda hija, Elena, lo hace con Karl Hartrott, emigrante de origen alemán. Blasco Ibáñez detiene la narración inicial -el proyecto de matrimonio de Julio con Margarita, tras el divorcio de esta- para relatarnos la historia familiar. Para ello, salta de un París civilizado y superficial en las costumbres, en el que se desarrolla la historia de amor de ambos jóvenes, a la naturaleza inmensa del campo argentino en el que todo cobra dimensiones enormes y las relaciones humanas se rigen por normas bien distintas. En esas páginas, define los personajes con precisión, separando los fuertes de los débiles, aquellos que van de frente de los que esconden las razones de sus actos, los personajes que son pura acción de los soñadores. El núcleo familiar pronto se desintegra tras la muerte de Madariaga. Por un lado caminan los Hartrott, que aspiran a insertarse en la alta sociedad alemana. Por otro, los Desnoyers, que retornan a Francia y llevan una vida típica de un nuevo rico, que pueden permitirse por su gran fortuna.

Mientras tanto, Julio es un hombre sin demasiado carácter, enamoradizo y superficial en su forma de vida. Después de intentar otros caminos, desea ser pintor, pero no trabaja en su obra por falta de voluntad. Vive de noche y duerme de día: su vida es la de un joven de familia rica con un carácter bohemio y su mayor virtud es bailar con gran maestría el tango, que se ha puesto de moda en París. Al enamorarse de Margarita, una mujer casada, provoca un escándalo en la sociedad parisina y es rechazado por su padre.

Este rasgo de saga familiar en la que se enfrenta la naturaleza abierta de las tierras argentinas con el refinamiento parisino, es uno de los elementos que contribuyeron, sin duda, al éxito de la novela. La historia está armada con precisión y es fácil de seguir.

Blasco Ibáñez usa la historia de estas dos familias enfrentadas para su objetivo principal: contar cómo se pudo llegar a la primera guerra mundial en un mundo civilizado. Y lo hace sin ocultar su posición ideológica. Desde el primer momento, es claro su rechazo del belicismo y supremacismo germánico. La primera parte nos muestra a los alemanes partidarios de la guerra para imponer su forma jerárquica y racista de entender el mundo y su gobierno. Añade un elemento, insistiendo en su peligro: a diferencia de otras ocasiones, detrás del belicismo se encuentra una casta de profesores de universidad e intelectuales, que han fabricado el concepto germánico de la Kultur, que justifica ideológicamente todas las atrocidades que van a cometerse. En el otro lado, Francia es la representante de la Civilización, un concepto más integrador y democrático, que parte del respeto al individuo. Pero Francia no está preparándose para la guerra.

Blasco Ibáñez deja la explicación de ese brutal choque entre Civilización y Kultur a un curioso personaje, vecino del estudio de Julio, el socialista ruso Tchernoff, quien desarrolla las diferencias entre ambas y llega a igualar el socialismo y el cristianismo, solo diferenciados por el sentido de justicia del primero y de piedad del segundo.

En pocas horas, el despreocupado y superficial Julio Desnoyers, asiste a un curso intensivo de realidad: la conversación con su primo de Berlín, Julius von Hartrott, un intelectual racista y belicista, y el encuentro con Tchernoff, que termina de explicar toda la perspectiva ideológica con la que afronta el autor la novela y también la razón del título, no le permiten ya cerrar los ojos.

Es el 1º de agosto de 1914. Los cuatro jinetes del Apocalipsis (la Conquista o la Peste, la Guerra, el Hambre, la Muerte), saltan de las páginas de la Biblia y de los grabados de Durero, a las tierras europeas. Blasco Ibáñez necesita explicitarlo más, hurgando en la sensibilidad de su lector: una vecina embarazada, de origen alemán, se arroja desde la ventana de su casa.

Este es el gran acierto del autor que convertirá la novela en un libro de éxito. Lo que comenzaba como una historia de amor y adulterio y continuaba como una gran saga familiar, da el salto narrativo: Europa se convierte en un campo de batalla en el que se enfrentan dos concepciones antagónicas del mundo y se decide el futuro de la humanidad.

Noticias de nuestras lecturas

Paco Cuesta escribe un acercamiento a la novela por derecho: con esta entrada suya se comprende todo lo principal para quien comienza la novela, contexto, intención, esquema y recepción. Para no perdérsela.

Gelu comienza su lectura de la novela proponiendo que nos fijemos en unos pasajes de la introducción. Y completa su comentario con enlaces muy oportunos con referencias cinematográficas.

Luz del Olmo nos cuenta su recepción de la obra y un alegato final sobre la posibilidad de que no haya guerras... ¿Lo veremos?

Mª del Carmen Ugarte profundiza en la visión de la guerra en la novela y las relaciones con ella de hombres y mujeres. Una mirada muy interesante que te invito a leer.

Pancho se lanza al comentario de la novela de Blasco Ibáñez por derecho, indicando lo novelesco y personalísimo de su carácter y vida y el éxito de su obra. Para no perdérselo.




Pancho lo vuelve a hacer. No sé cómo, pero es capaz de enlazar a García Márquez, una historia de calendario sexual y dicción esmerada con Mark Nopfler. Aquí, si quieres saber cómo avanza en su lectura de Cien años de soledad, que nos ocupó hace unas semanas y aquí cómo comenta una de las claves de la novela: las relaciones de Macondo con el mundo exterior. Además, nos trae a Lorca en la voz de Estrella Morante, todo un regalo.

Cambios en el listado de lecturas del presente curso
 y otras noticias

  • El próximo martes 22 de enero celebraremos la sesión presencial para comentar Los cuatro jinetes del Apocalipsis. Será una reunión muy especial, porque la haremos conjunta con el Aula de historia de Alumni UBU, que ha abordado la primera guerra mundial en un curso titulado De la euforia de la catástrofe a la catástrofe de la historia.  Una ocasión inigualable para charlar sobre la primera guerra mundial, sus causas y consecuencias. Tendrá lugar a las 16:30 hs., en el salón de actos de la sede del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, en el burgalés Palacio de la Isla. La entrada es libre hasta completar el aforo (se reservarán plazas para los miembros del club y los asistentes al curso del aula de historia).


  • Como a la ocasión la pintan calva, los miembros del club de lectura nos sumamos al proyectado viaje de Alumni UBU a Sevilla con motivo de la exposición que conmemora a Bartolomé Esteban Murillo en el Museo de Bellas Artes de aquella ciudad. Por esta razón, en el mes de febrero leeremos la novela El color de los ángeles de Eva Díaz Pérez (Planeta, 2017), que recrea la vida del pintor y la Sevilla de su tiempo. Así, las lecturas continuarán de la siguiente manera:

- Enero: Tras el comentario de Los cuatro jinetes del Apocalipsis, leeremos Cuaderno de vacaciones, el poemario de Luis Alberto de Cuenca, premio nacional de poesía.

- Febrero: El color de los ángeles, de Eva Díaz Pérez.
- Marzo: Los amores equivocados, de Cristina Peri Rossi.
- Abril: Concierto barroco, de Alejo Carpentier.
- Mayo: Tea Rooms, de Luisa Carnés.
- Junio: La Tesis de Nancy, de Ramón J. Sender.


Recojo en estas noticias las entradas que hayan publicado los blogs amigos. Entrada del Club de lectura cada jueves (salvo casos excepcionales, como este), en este blog, Información sobre el presente curso en el club en este enlace.

ADVERTENCIA: Las entradas de La Acequia tienen licencia Creative Commons 4.0 y están registradas como propiedad intelectual de Pedro Ojeda Escudero. Pueden ser usadas y reproducidas sin alterar, sin copias derivadas, citando la referencia y sin ánimo de lucro.

viernes, 11 de enero de 2019

Botar un barco de papel

Fotografía de José Luis Rúa.

En Ayamonte boté un barco de papel. Botar un barco es una esperanza, un deseo. ¿Resistirá el agua, llegará hasta la otra orilla? ¿Cuál es el destino de un barco de papel? Se me había olvidado ya la forma de hacerlo, como se me han olvidado tantas cosas de la infancia. Por donde nos lleva la vida no hay barcos de papel, pero deberíamos retomar la paciencia de chicos: barcos, aviones, pajaritas... Este barco llevaba poemas y fui feliz en el momento de botarlo, como cuando niños nos volaba en la dirección correcta el avión o el barco surcaba el agua hasta más allá de donde nuestra esperanza creía posible.

Estas semanas pasadas no han sido buenas. Me he despedido de dos seres muy queridos y cercanos, dos hombres buenos. De esas personas que siempre irán en mi barco de papel, muy frágil y esperanzado.

viernes, 4 de enero de 2019

Fandangos del Rúa


Este año comenzó ayer, en la barriada de Canela de Ayamonte, ante unas habas con choco y buenos amigos, poesía, complicidad y risas. Permanezco estos días casi desaparecido por complicaciones personales y familiares, refugiado en gente buena y con el móvil estropeado, pero no podía faltar a esta comida si quería comenzar bien el año. En la primera reunión de 2019 de los poetas del bajo Guadiana leí unos fandangos escritos para la ocasión en la misma mañana, que dediqué a quien nos convocaba, mi amigo José Luis Rúa. Alguno de ellos fue cantado por el maestro Cristóbal, mejorándolo. Allá va esta gavilla, con la que aprovecho para desearos a todos lo mejor para el 2019.

Quién sabe por qué he venido
ni por qué me iré mañana,
pero Rúa me ha querido
convocar en el Guadiana
para comer entre amigos.

Olía, bien de mañana,
a jara verde y tomillo
el rocío en la retama
y el campo se sacó brillo
por igualarse a tu cara.

Amanece la marisma
con niebla cerrada y triste,
le falta al hombre alegría
y al trabajo atado mide
si el jornal le paga el día.

Corre la ola el picafino
sin saber su condición,
corre y corre por el limo
y así corro y corro yo
sin encontrar mi destino.

Quién sabe por qué he venido
ni por qué me iré mañana,
pero Rúa me ha querido
convocar en el Guadiana
para comer entre amigos.

© Pedro Ojeda Escudero, 2019

sábado, 15 de diciembre de 2018

Me asombran las personas que están en posesión de la verdad


Me asombran las personas que están en posesión de la verdad. Somos en perspectiva y casi siempre nos falta un fragmento para el puzle.

Hoy tenemos más herramientas que nunca para comunicarnos. Y son tantos los que se empeñan en no escuchar al otro, que el ruido se ha hecho impenetrable.

La gran revolución pendiente es la del silencio.

Le fabricaron una forma de comunicarse y comenzó a lanzar consignas.

Es curioso, en los debates de sordos, el público suele dividirse en dos acercándose a cada uno de los oradores. Ay del que se quede entre dos aguas...

Hicieron dos trincheras para pelear a sus anchas con el menor riesgo posible. Todo aquel que pasó entre ellas fue oportunamente asesinado.

Era un poeta que solo se distinguía del otro poeta en el odio que le tenía.

Llama equidistante, como insulto, a todo aquel que no piensa como él.

Debatir no es convencer.

En un debate no hay vencidos.

Una de las dos Españas ha de helarte el corazón, decía el poeta y decía bien en unos versos que pocos han entendido. Como en España se lee mal, casi todos han pensado que esa España es la opuesta.