viernes, 3 de abril de 2026
Mil mandarinos florecidos
jueves, 2 de abril de 2026
Si fuera que una abubilla
Desde hace un tiempo persigo más amaneceres. ¿Cómo eran los movimientos del sol que nos explicaron en la escuela? Hoy sé que esto que veo cada amanecer es aparente, provocado por el movimiento de la Tierra, por la inclinación del eje del planeta y la órbita elíptica, pero no le quita misterio. Nunca había prestado tanta atención como ahora, quizá es la certeza de que me quedan menos de los que me pasaron inadvertidos. A veces salgo a la terraza con la taza de desayuno en la mano, a nada, a ver amanecer. Hace nada, el sol me amanecía en el cerro y hoy ya está más al noreste y comenzará su camino de regreso al sureste a partir de San Juan. ¿Cuántos días así sobre la ciudad? Ni la Tierra ni el Sol están fijos, en su caminar hacia el verdadero tiempo que los hace y deshace.
Cuatro astronautas van ahora camino de la Luna en la nave Orion, dentro de la misión Artemis II. Artemisa/Diana fue una diosa muy popular en el mundo clásico. Era la divinidad de la caza y de la vida salvaje, hermana melliza de Apolo. Con el tiempo, Apolo sería el dios del Sol y Artemisa la diosa asociada a la Luna. En este viaje hay una mezcla, como en todo lo humano. Ahí van las ganas de aventuras, conocimiento, descubrimiento y perfeccionamiento técnico de esta curiosa especie que somos; ahí van también el ansia de dominio, la competencia entre países, los intereses comerciales y la necesidad de explotar todo lo que tenemos a nuestro alcance. El cohete más potente del mundo al servicio de la etapa de mayor desarrollo de la inteligencia humana mientras perviven los rasgos más sanguinarios y depredadores de lo que somos. Aquí abajo seguimos matándonos, permitiendo que los intereses más depredadores del mundo financiero controlen nuestras emociones y buscando cualquier grieta para demostrar nuestros sentimientos más despreciables. El ser humano capaz del prodigio y la ternura y de la violencia más extrema. Se nos olvida tan pronto todo lo conseguido.
A media mañana bajé a comprar miel de los montes Torozos que venden en la panadería del barrio. Miel de las colmenas de las ondulaciones del sur de Tierra de Campos, campos de encinas. En cada ocasión, cambio: miel de espliego, tomillo, encina. Se me está terminando el tarro de espliego y me he subido la miel de encina, más oscura. Al guardarla en la estantería he recordado los encinares desde el límite con Zamora hasta la misma ciudad de Palencia y su monte El Viejo, en donde colgamos hace tiempo la vieja estructura de un reloj de cuco con la esperanza de que se convirtiera en nido. Si fuera que una abubilla.
miércoles, 1 de abril de 2026
En el mes más cruel, ha florecido el jaramago
Ahora que ya es el mes más cruel, ha florecido el jaramago. Se ha ido el invierno y la primavera ha comenzado variable, pero todo anuncia que subirán las temperaturas como si quisiera ser verano. En las cunetas, andan ya en flor la mostaza silvestre, los dientes de león, margaritas. Basta alejarse un poco de la ciudad o buscar en ella las huellas de las afueras, que mantienen su tozuda condición fronteriza con el campo. No tan lejos: las afueras están siempre en mí. Soy consciente de que todo lo demás es ropa de temporada.
Al salir del portal de mi edificio, me encontré con una vecina a la que hacía tiempo que no veía. La perrilla con la que paseaba de regreso a casa era otra, de color negro y blanco, retozona y animada. Me ha contado que la anterior, una perra ya vieja de hermoso pelo blanco, se le murió en noviembre y que ha pasado unos meses muy malos hasta que se decidió a tener esta otra. Hay nostalgia en sus palabras, pero también curiosidad por la alegría de esta nueva compañera.
En la frutería que regenta el joven peruano, compro cuatro cosillas que necesito y un manojo de cebolletas. Me advierte de que es más cara de lo habitual porque vende muy pocas y las adquiere en otra tienda, no en el mercado. Aquí, en el barrio, no compran muchas cebolletas. No es temporada, le digo, la costumbre es usarlas en las ensaladas refrescantes de verano, pero a mí también me gusta cocinar con ellas. Las tengo veinte céntimos más caras que donde las compro. No importa, veinte céntimos no es nada, pero pueden significar que el próximo mes siga esta frutería abierta.
Cada día, las noticias son más desalentadoras. ¿Se ha quebrado definitivamente el intento de establecer los valores humanos como derechos universales, el horizonte de que la ley nos lleve a ellos antes que a los intereses económicos y a la conducta depredadora que tanto recuerda al neocolonialismo de tiempos pasados? Cuántos acogen estos nuevos valores viejos pensando estar en el lado de los que saldrán triunfantes, conformándose con la migajas de los que comen en la mesa del poder.
Tengo que ordenar mi agenda. Estoy retrasando, no sé por qué, los análisis para mi urólogo y el de la vesícula para mi médica, cortarme el pelo, comprarme unas gafas nuevas, revisar el armario, ordenar las decenas de libros que han llegado a casa en estos meses, arreglar una persiana, escribir un par de cartas que me cuesta redactar, decidir si lo dejo todo ya o aguanto un poco más, darme crema en los nudillos, que me andan un poco resecos.
domingo, 15 de marzo de 2026
La pérdida de la intimidad
¿Existe aún la intimidad? No es solo aquello que expones en las redes sociales digitales voluntariamente, a veces de manera irresponsable; no es solo que todos tus datos sean ya productos que se compran y venden con cualquier fin; no es solo que tus contactos de confianza copien y compartan las confidencias, opiniones y bromas que escribes en una conversación privada de una aplicación de mensajería en tu móvil; no es solo que tantos graben con el teléfono las reuniones de trabajo o de familia, sin avisar al resto; no es solo que cualquiera pueda grabar tu imagen y compartirla en el instante sin que tú tengas conocimiento, seas o no famoso; no es solo que las aplicaciones basadas en la IA puedan duplicarte en un vídeo a partir de todos esos datos con los que se las alimenta sin tu permiso y hacerte decir lo que nunca has dicho.
En el año 2000, la actriz chilena Daniela Tovar vivió durante un tiempo en la Casa de Vidrio, una estructura trasparente en un centro comercial. Le sucedió un actor. La performance se presentaba como un experimento sociológico para analizar la actitud de quienes se acercaban a contemplar su vida.
En el año 1949, el arquitecto Philip Johnson diseñó la conocida Casa de Cristal en New Canaan, Connecticut, sin paredes interiores y completamente trasparente. Se declaró Monumento Histórico Nacional de EE.UU. por su modernidad y rediseñar la relación con el paisaje de la arquitectura. La casa se levanta en una finca de gran amplitud y rodeada de árboles.
Todavía existen algunas culturas en las que la vida en comunidad es lo habitual y en la que todo está sometido a las miradas de los demás. En parte, está detrás de algunas utopías comunitarias modernas en las que se veía al yo como el origen de todos los males mentales. Si cedes tu individualidad al grupo, es el control social el que rige tu vida, para bien o para mal. Sin embargo, ahora la comunidad no es un grupo pequeño de seres y no conoces a todos los que la componen, no sabes cuáles son las reglas aunque las intuyes (el consumismo, el control ideológico, la manipulación a escala global). Ya se ha ensayado en todos los regímenes totalitarios del mundo, en las ideologías y en las creencias que anulan al individuo.
Hoy la intimidad es el último reducto de libertad del ser humano y es cada vez un espacio más estrecho.
viernes, 13 de marzo de 2026
Azahar
Un día u otro, traes, dejas, vas, atiendes. Atento a tus cosas en esta Castilla infinita que se asoma al tiempo, acodada en los páramos. Abres cuadernos. Escribes. Has ventilado la casa y te sorprende el primer zumbido de un insecto. ¡Tan pronto! Anotas una pregunta: ¿Hay azahar ya en las calles de Sevilla?
lunes, 9 de marzo de 2026
La dificultad de los colores
En la cafetería, un grupo de hombres se queja porque ya no atienden en mesa. Cada vez peor, dicen. Uno del grupo se levanta a pedir en barra. No creo que vuelvan.
Estamos en una de esas épocas en las que todos los informativos comienzan con las noticias de las guerras. De las guerras que conocemos desde aquí, claro. Busco en el móvil noticias de cuándo fueron conscientes los europeos de que en 1914 se había declarado la Primera Guerra Mundial. Los historiadores parecen haber llegado al consenso de que comenzó el 28 de julio y en septiembre ya se hablaba de guerra mundial. No en todos los países. Muchos siguieron hablando durante un tiempo de la Gran Guerra o la Guerra Europea. Sin embargo, en el siglo XIX también se mencionaba el concepto de guerra mundial en ocasiones. Por el uso de la anterior, el término Segunda Guerra Mundial apareció pronto, casi al momento de que Alemania invadiera Polonia el 1 de septiembre de 1939. Pero todo es complejo: hay un consenso creciente de que se podría hablar de guerra mundial desde la Guerra Civil española de 1936. La Primera también vino precedida de enfrentamientos anteriores. Dejo el móvil, sorprendido de mi búsqueda. Fuera ha comenzado a llover, una lluvia débil, pero constante. Ver llover desde los cristales, mientras tomo con lentitud mi café, como si no quisiera ver vacía la taza.
Esta mañana amaneció como si al mundo le costara cobrar los colores. Un blanco y negro que se fue alargando en los primeros minutos del día. A veces ocurre así, un día sin colores. Como aquella tormenta de 2019, en la que se unieron un frente que venía del norte y otro del sur -por aquí es extraño, casi siempre las lluvias vienen desde el oeste o suroeste: desde la raya portuguesa y más allá el Atlántico-. Al terminar, parecía que habían borrado los colores. Una lluvia arenosa había tapado las cosas.
domingo, 8 de marzo de 2026
Las esquinas del ruido
Atardece. Hay guerra. Se levanta una brisa fría que viene del mar. Me levanto las solapas del abrigo, meto las manos en los bolsillos. Mañana es día laborable. Esta tarde he buscado una nota que escribí el otro día. Hoy la soledad viene buscando las esquinas del ruido.
miércoles, 4 de marzo de 2026
Pruno
Después de los almendros son los prunos ornamentales. Con delicadeza, como si el mundo se moviera de puntillas para no despertarse, salpican el paisaje urbano. Camino bajo ellos, en silencio, por si el rumor de mis pasos pudiera deshojar la flor.
es su misterio.
martes, 3 de marzo de 2026
Escribir a mano
Se adelanta la floración del cardo en la cuneta. El mundo de los seres humanos se deshace y él nos ignora limitándose a ser. Esbelta, la flor, se ofrece a la mirada de quien pase y sea capaz de levantar la cabeza que lleva mirando su penar ensimismado. Quizá sea la hora de la flor del cardo, de que cada uno porte la belleza en las manos y la ofrezca de la misma manera, solo por ser.
Hoy se celebra el Día Internacional del Escritor. Más allá de la celebración: cuando todo sea Inteligencia Artificial, ¿qué libertad de expresión habrá en manos de algoritmos? Cuando todo lo decida un programa de generación artificial, ¿habrá posibilidad de que la creatividad humana se salga de lo que ha sido diseñado? Ahora mismo, cuando escribo, si me equivoco, el programa me lo indica con una línea roja, pero errar es humano. ¿Los libres del futuro volverán a escribir a mano?
lunes, 2 de marzo de 2026
Rostros en el agua
sábado, 28 de febrero de 2026
Yira
El algoritmo me llevó a Yira, yira no sé la razón. Verás que todo es mentira, dice, cuando estén secas las pilas / de todos los timbres que vos apretás / buscando un pecho fraterno / para morir abrazao. Qué bien lo dice Gardel. También he pensado que me gustaría acercarme al mar para verlo un momento, nunca defrauda. Al pensarlo me acordé de todas las mujeres con las que he visto el mar, pero ese es otro cuento más largo y ya está anocheciendo.
viernes, 27 de febrero de 2026
Un estudio de Felipe II y sus relaciones sexuales y afectivas: El universo femenino de Felipe II de Antonio Martínez Llamas












