viernes, 17 de septiembre de 2021

Qué podría decirles

 

Estos depósitos de agua para las antiguas locomotoras de vapor tienen más de cien años. Me gusta su elegancia, muy diferente a las construcciones industriales actuales. Y se conservan mejor que yo. Solo tienen óxido por fuera.

He comenzado las clases en la Universidad el lunes pasado. Un nuevo curso. Aunque la materia sea la misma que he dado en los anteriores, todo es nuevo cuando entro en el aula. También en mis asignaturas de la docencia a distancia. Son los alumnos los que me hacen sentir diferente cada año.

En el jardín central de mi facultad (el antiguo Hospital Militar de Burgos), todavía hay rosas. Las miro al pasar, camino de clase o de mi despacho. No me atrevo a hacerles una fotografía, no se deshojen. Me gustan las rosas que llegan al otoño en estas tierras. Rosas que brillan en la mañana fría de noviembre.

Abro mi despacho con la sensación de que allí me esperan Antonio Machado, Juan Ramón, García Lorca. Tantos. Lo primero que he hecho es ofrecerles un café, con unas galletas de mantequilla. Luego, me he sentado en el sofá a escuchar su conversación. Yo, callado, qué podría decirles.

Comenzamos.

domingo, 12 de septiembre de 2021

Entrega de los 32º Premios Amigos del Teatro Ciudad y Provincia de Valladolid

 


Por invitación de la Junta directa de la Asociación de Amigos del Teatro de Valladolid y su presidente, Ignacio García Llanes, esta mañana he conducido la gala de entrega de los 32º Premios Amigos del Teatro Ciudad y Provincia de Valladolid, celebrada en el hermoso patio renacentista del Palacio de Pimentel, sede de la Diputación Provincial. Desde hace unos años, estos premios están patrocinados por el Ayuntamiento de la ciudad y la Diputación Provincial y el acto de entrega se lleva a cabo por riguroso turno en las instalaciones de una o de otra institución. Es de agradecer el apoyo de ambas instituciones a estos premios y a la Asociación de Amigos del Teatro, que los creo y mantiene desde hace tantos años.

Con la gala de hoy se cierra el paréntesis que supusieron los primeros meses de la pandemia. La suspensión de las representaciones durante meses hizo aconsejable que el año pasado no se concedieran tanto por las limitaciones sanitarias como porque la temporada teatral se había visto seriamente afectada, por lo que hoy se entregaban los premios correspondientes a las temporadas 2019-2020 y 2020-2021. Estos premios establecen varias categorías, son de carácter honorífico e implican que los premiados acudan a recogerlos. En el pasado se ha premiado a los grandes actores y actrices profesionales del país, actores y actrices no profesionales y personas que han trabajado de forma relevante por el mundo del teatro con estudios y críticas. Los nombres y calidad de los que figuran en la lista avalan la importancia de estos premios, que se han constituido en un referente en el mundo teatral.

En mi alocución introductoria, he partido del capítulo XI de la segunda parte del Quijote de Miguel de Cervantes. En él hallamos al protagonista apesadumbrado porque le han encantado a Dulcinea o, quizá porque ha comprendido que el guion de su juego caballeresco va a ser compartido y no conseguirá dominarlo como había sucedido hasta ese momento. Sancho, que es en gran medida el causante de esta pesadumbre de don Quijote, le invita a olvidar la tristeza:

Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres, pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias: vuestra merced se reporte, y vuelva en sí, y coja las riendas a Rocinante, y avive y despierte, y muestre aquella gallardía que conviene que tengan los caballeros andantes.

A Cervantes, para invitarle a salir de la pesadumbre, no se le ocurre mejor estrategia que un encuentro con una compañía de cómicos, la de Angulo el Malo, que se trasladan de una población a otra caracterizados como sus personajes necesitan para representar el auto de Las Cortes de la Muerte: 

Aquel mancebo va de Muerte; el otro, de Ángel; aquella mujer, que es la del autor, va de Reina; el otro, de Soldado; aquel, de Emperador, y yo, de Demonio, y soy una de las principales figuras del auto, porque hago en esta compañía los primeros papeles

Tras la sorpresa inicial, resalta don Quijote esa primera función de entretenimiento que tiene el teatro. En sus palabras encontramos al mismo Cervantes:

Andad con Dios, buena gente, y haced vuestra fiesta, y mirad si mandáis algo en que pueda seros de provecho, que lo haré con buen ánimo y buen talante, porque desde mochacho fui aficionado a la carátula, y en mi mocedad se me iban los ojos tras la farándula.

En ese momento, un integrante travieso de la compañía, armado de un palo con tres vejigas de vaca hinchadas, espanta a Rocinante y, aprovechando que Sancho Panza corre en ayuda de su amo, roba durante un tiempo al rucio. Don Quijote vuelve, por un momento, a la condición furiosa de la primera parte y quiere vengarse, pero Sancho, mucho más aprendido que su salida anterior, lo refrena:

tome mi consejo, que es que nunca se tome con farsantes, que es gente favorecida: recitante he visto yo estar preso por dos muertes, y salir libre y sin costas. Sepa vuesa merced que, como son gentes alegres y de placer, todos los favorecen, todos los amparan, ayudan y estiman, y más siendo de aquellos de las compañías reales y de título, que todos o los más en sus trajes y compostura parecen unos príncipes.

Sancho indica un segundo aspecto que le interesa a Cervantes y que es más la expresión de un deseo que de una realidad (aparte de introducir alguna puya contra personajes del momento): las compañías teatrales y los cómicos son tan importantes para la sociedad que deben ser protegidas por todos y, sobre todo, por las autoridades.

Como don Quijote no se calma fácilmente, los cómicos se preparan para apedrearlos:

en un instante saltó la Muerte de la carreta, y tras ella el Emperador, el Diablo carretero y el Ángel, sin quedarse la Reina ni el dios Cupido, y todos se cargaron de piedras y se pusieron en ala esperando recebir a don Quijote en las puntas de sus guijarros.

Y Sancho esgrime la razón última que hace que don Quijote abandone su intención:

se ha de considerar que es más temeridad que valentía acometer un hombre solo a un ejército donde está la Muerte y pelean en persona emperadores, y a quien ayudan los buenos y los malos ángeles; y si esta consideración no le mueve a estarse quedo, muévale saber de cierto que entre todos los que allí están, aunque parecen reyes, príncipes y emperadores, no hay ningún caballero andante.

Aquellos actores no son lo que representan, pero ostentan tales personajes. El teatro es ficción, pero esa propia imitación lo convierte en realidad gracias a un juego continuo de espejos que nos permite reflexionar sobre la vida mejor que la realidad misma. Don Quijote lo comprende mejor que nadie porque él mismo es ficción encarnada.

Le bastan estas pocas páginas a Cervantes para resaltar la grandeza e importancia del teatro como bien social y cultural y la responsabilidad de todos, incluidas las instituciones públicas, para protegerlo. En estos momentos tan difíciles para las artes escénicas, es sustancial que lo comprendamos así. Por eso mismo, hay que agradecer el apoyo a estos premios del Ayuntamiento de Valladolid y de la Diputación Provincial, cuyas máximas autoridades se encontraban presentes, esperando que no decaigan en la promoción continua del teatro. Es de agradecer también la presencia en el acto del Consejero de Cultura de la Junta de Castilla y León. En pocas ocasiones podemos hallar juntos a los representantes de estas tres instituciones colaborando en favor de la cultura y por eso mismo hay que celebrarlo.

El jurado, reunido a principios del mes de agosto, decidió que los premios de este año correspondieran de esta manera:

  • Premio Ángel María de Pablos: D. Fernando Herrero, escritor y crítico teatral que durante años ha ejercido esta labor en El Norte de Castilla. Entregado por el Consejero de Cultura de la Junta de Castilla y León.
  • Premio Clemen Madero: Dª Pilar Redondo, actriz no profesional de larga experiencia y formación, por su trabajo en La gata. Entregado por D. Alberto González Madero.
  • Premio Ángel Velasco: D. Félix Hernández Ramos (In memoriam), por su infatigable trabajo en pro del teatro al frente de la Asociación Amigos del Teatro, que dirigió durante once años hasta su fallecimiento en febrero pasado. El premio lo recogió su viuda, Candelas Izquierdo, y lo agradeció su hijo mayor. Entregado por Dª Ángela Velasco.
  • Premio al mejor actor profesional: D. Eusebio Poncela, por su trabajo en El sirviente. Entregado por el Alcalde de la ciudad de Valladolid.
  • Premio a la mejor actriz profesional: Dª María José Goyanes, por su trabajo en Galdós enamorado. Entregado por el Presidente de la Diputación Provincial de Valladolid. 

La Asociación de Amigos del Teatro de Valladolid, nacida en 1977, sigue promoviendo el amor por el teatro, favoreciendo su práctica por compañías no profesionales y apoyando al teatro profesional. Me precio de ser socio de la misma.

¡Larga vida al teatro!











Las fotografías que acompañan esta publicación son de María Hernández y Virginia Cuevas.

sábado, 11 de septiembre de 2021

Allá donde la ciudad termina

 



Hay un momento en el que la acequia se hace urbana. Atraviesa barrios y polígonos. Habría que decir lo contrario, que la ciudad ha crecido hacia ella. El trazado de la acequia refleja la condición agrícola que tenían nuestras ciudades hasta hace medio siglo, cuando todo era campo y lo rural se incrustaba en lo urbano. En aquellos tiempos era fácil salir de la ciudad que ahora te atrapa en la periferia interminable, como en un laberinto extenso.

Uno sabía los límites de la ciudad por la vía del ferrocarril, el río, las carreteras nacionales, las acequias. Más allá quedaban algunos barrios construidos por o para los emigrantes que venían de los pueblos y que todavía conservaban actitudes y formas de vida rurales, que entonces se despreciaban. Aquí todavía hay restos de aquellos barrios levantados casi siempre de forma ilegal, pero consentida por las autoridades. Una tierra de nadie que se llenaba de casas molineras que seguían la línea de un canal, un camino, una cañada merina. Casas de una sola planta, humildes, con patio trasero. Cada vecino cementaba la acera y plantaba árboles frente a la fachada: acacias, olmillos, plátanos. No hago un canto al pasado: las calles estaban sin asfaltar; las casas no contaron con alcantarillado ni agua corriente durante décadas. Sus habitantes eran personas huidas de las penosas condiciones del trabajo en el campo como peones, a cambio de cama y comida o un escaso jornal. En los nuevos barrios se tejían relaciones que eran más propias de los pueblos que de la ciudad, pero allí todos comenzaban una vida con algo más de esperanza. Era esa esperanza la que les mantenía. Ni siquiera eran los obreros que habitaban los edificios de los barrios populosos en pisos pequeños, con escasa luz natural y planos imposibles llenos de pasillos. Hace poco de todo esto, apenas un par de generaciones.

La acequia aún tiene vocación de campo. Atraviesa el polígono en busca de las tierras a las que regar, allá donde la ciudad termina.

viernes, 10 de septiembre de 2021

Pasa septiembre

 


He hecho un ramillete con hierbabuena y arroyuela que he cogido esta mañana junto a la acequia. Ambas están en flor, la humilde y aromática hierbabuena y la elegante y soberbia arroyuela. Blanca aquella, púrpura esta. Las contemplo ahora. De cerca, el aroma a menta lo llena todo, de lejos, la vara hermosa de la litrácea. Una de las ramas de hierbabuena salió con parte de la raíz y la he plantado en una maceta. Durante unos minutos he sido feliz. Las manos me huelen ahora a hierbabuena.

En estos tiempos en los que se opina antes de conocer la información, en los que la convulsión del momento impulsa al insulto, en los que se vive a golpe de impacto, en los que el estudio y la reflexión serena importan menos que la continua exposición en el foro público de las redes sociales, en los que la manipulación reina junto a la distorsión de la realidad, todo nos lleva al desasosiego y la crispación. De ahí la importancia del curso lento del agua que va a regar el campo, el ligero frescor de la mañana, la mata de hierbabuena junto a la acequia. Veo pasar septiembre. Llegarán pronto las lluvias y descenderán las temperaturas. En su justa medida, cada vez atardece antes y el sol nace a diario más tímido.

miércoles, 8 de septiembre de 2021

Como si solo el deseo de recoger estas nueces

 


Es un nogal hermoso, elegante. No en vano el nombre de la especie: Juglans regia. Juglans, fruto de Júpiter, el dios romano; regia, real, propio de los reyes. Este ejemplar solitario pide que lo admiremos, al pie del camino, junto a la acequia. Esta acequia que era la madre de la mía, ya desaparecida. En unos días, ya estarán maduras las nueces. Las ramas se presentan cargadas de frutos. Detengo mi paseo y me quedo un tiempo mirándolo, pensando en que a principios de la primavera eran solo promesa en flor. En unos días, se caerán del árbol y me agacharé a recoger una y abrirla allí mismo para comprobar si la semilla ya puede comerse. Me agacharé, digo, como si mi existencia tuviera más certeza que la de estas nueces, que cumplirán su ciclo. Como si solo el deseo de recogerlas del suelo me pudiera mantener con vida.

martes, 7 de septiembre de 2021

Fiestas

 


La ciudad está en fiestas y todas las noches hay fuegos artificiales. Al primer estruendo, asomo a la ventana para verlos y escuchar mejor los estallidos. Palmeras, lluvias de estrellas, humo, colores. Suena la traca final. La ciudad está en fiestas y todas las noches hay fuegos artificiales.

Hace mucho tiempo, en mi barrio a las afueras de la ciudad, las peñas de jóvenes construían endebles casetas para las fiestas, con troncos, ramas, cartones y plásticos, aprovechando cualquier material. Como todos éramos conocidos, se servía sangría a cualquiera que pasaba o un quinto de cerveza Entonces, las fiestas del barrio se celebraban pasado San Mateo y refrescaba al atardecer. Recuerdo una noche en la que una chica a la que apenas conocía me dio la mano casi sin querer mientras tocaba la orquesta. Éramos muy jóvenes. Tuvimos las manos enlazadas mientras duró aquella canción y la siguiente. Ella tenía la  mano fría. Yo le cedí mi cazadora y la abracé desde atrás.

¿Qué habrá sido de las chicas a las que besé en aquella época? Besos inexpertos, llenos de deseo y ansiedad. Una madrugada tuve que acompañar a unas amigas a su casa, pero antes de salir del bar me acerqué a una chica con la que me había estado mirando toda la  noche. Puse mi cara a unos centímetros de la suya para decirle hola y ella inició el beso. Su boca sabía a ron y Coca-Cola, estaba fresca y cálida. Tenía unos labios carnosos y una mirada de miel que brillaba. Ahora regreso, le dije. Ella me miró, con la boca entreabierta. Te espero, me dijo. Cuando volví, ya no estaba. Y eso es todo lo que sé de ella. Aquel beso no lo he olvidado.

En realidad,  mi barrio no estaba a las afueras de la ciudad, sino fuera. Es la ciudad la que fue creciendo hacia él, como amenaza. No queda nada de aquellos tiempos. Quizá una mano entrelazada en una noche de fiestas y un beso con sabor a ron y Coca-Cola. De todo ello hace ya más de cuarenta años.

viernes, 3 de septiembre de 2021

Bañeras a la deriva

 


La extrañeza hace el arte.

Una bañera en el campo nunca pierde su función de embarcar los sueños.

A mis padres les costó desprenderse de la bañera para instalar una ducha accesible. Entendían que habían perdido autonomía, pero también algo que solo tenían otros cuando eran jóvenes.

Las bañeras se beben a los que se duchan en ellas.

Cuando una vaca abreva en una bañera mira con ojos melancólicos su existencia.


jueves, 2 de septiembre de 2021

Con la brisa me quiebro

 


Baila la avena al viento
silvestre de la sierra.
Frágil, hermosa, leve,
exacta. 

               Cómo brilla
a la luz del verano.

Vibra y su delicada 
actitud me interroga.
Soy menos que su espiga,
con la brisa me quiebro.

© Pedro Ojeda Escudero  (2021)

miércoles, 1 de septiembre de 2021

Todo lo que hay detrás de una bellota. Parodia y demagogia.

 


Maduran ya las bellotas en los robles. Lo harán también en las encinas y alcornoques. En unos días, en cuanto bajen las temperaturas, estarán en su sazón y se desprenderán fácilmente. Caerán al suelo en lluvia fértil y nutritiva. Hubo tiempos en los que eran una base fundamental de la dieta, tanto molidas en harina como asadas o cocidas. Lo que fue sustento, ahora se desprecia como propio de animales. Quizá haya regiones en el mundo que todavía las consideren como parte esencial del alimento humano.

En el capítulo XI de la primera parte del Quijote, Cervantes juega con todo lo que significa la bellota. Don Quijote, ante unas bellotas avellanadas que le ofrecen los pastores que les han acogido a él y a Sancho, pronuncia un famoso discurso sobre la edad dorada en el que elogia lo que nunca fue para sentirse melancólico por lo que sucedía en su tiempo. Don Quijote tenía la sensación de que el ser humano se encontraba en decadencia. Qué hubiera dicho en nuestros tiempos.

Lo que no sabe don Quijote es que está enfermo de un mal literario. Quizá piensa que aquellos cabreros son pastores como los de la literatura y no presta atención a que son eso, cabreros. Iba a decir que son cabreros reales, pero tampoco lo son, puesto que están escritos por Cervantes. Son cabreros realistas, verosímiles, que es como si fuera la realidad sin serlo. Ese desajuste le viene bien a Cervantes para trabajar la parodia y el discurso, perfecto en todo, queda desarbolado en el primer requisito retórico: ajustarse al público.

Los cabreros no entienden nada de lo que dice don Quijote. Sin embargo, Cervantes no deja caer del todo a su protagonista: aquel público queda embobado por cómo suena lo que dice, no entienden, pero se ven atrapados por las palabras. Si Cervantes buscaba el juego paródico con la literatura pastoril, alcanza, quizá sin quererlo, otro más sutil, menos evidente: hay discursos que atrapan la atención de quien los escucha sin entenderlos del todo, por la música y las pocas cosas que pueden comprender en esta o aquella palabra, especialmente las que se dirigen a las emociones más primitivas y que se sitúan hábilmente para que el que escucha se crea que es a él a quien van dirigidas. No entiendo nada, pero qué bien habla; no entiendo todo, pero esto parece que me habla a mí. El que escucha así no puede cuestionar nada porque no comprende o quizá solo comprende una parte, pero no el alcance general del discurso, a dónde le quiere llevar el que lo pronuncia. No puede levantar la mano y protestar porque las cosas nunca fueron así como se dice que fueron en la edad de oro, sobre todo para ellos, los cabreros, que solo pudieron aspirar a cuidar las cabras. Quizá solo para un puñado de privilegiados, que sienten que el mundo ya no pueden dominarlo como hacían antes, ahora que todos reclaman su parte en la historia.

Sin quererlo, Cervantes nos lleva a uno de los núcleos más peligrosos de todo discurso pronunciado ante un público que no puede entender la complejidad de lo que se le dice, toda la profundidad de las palabras y sus contextos, el peligro de un encadenamiento sintáctico e ideológico que suena bien, pero no es bueno ni deseable. He tenido la oportunidad estos días de escuchar a una persona con mucha labia alabar el mercado libre sin regulación alguna y poner como ejemplo de tal mercado a China acto seguido, en la misma conversación, en un discurso trabado a la manera que se escucha ahora en internet y que consumen con tanta facilidad tantos. Cuánta falsedad peligrosa. Esta persona solo tiene disculpa si, como don Quijote, ignora su locura y las consecuencias de su discurso para la sociedad en la que vive, lo ha educado y lo protege y de la que se aprovecha sin cargo de conciencia ni rasgo alguno de generosidad. 

Se extiende hoy esta demagogia. Es fácil encontrarla en los discursos del odio, en los conspiranoicos, en la publicidad de las grandes corporaciones, en los nacionalismos, pero también en estos pequeños aprovechados que se limitan a recoger las migajas que caen de la mesa de los que han fabricado estas estrategias de depredación social y que los utilizan como piezas de un engranaje que necesitan para que todo siga funcionando. La actitud de su público es como la de los cabreros del Quijote: embelesados ante la música que les llega a través de las redes sociales o los servicios de mensajería de sus teléfonos móviles y ayudando a difundir estos mensajes que no comprenden, pero que se fabrican hábilmente para que parezca que sí. A los cabreros, don Quijote les hablaba a partir de una bellota, que ellos comprenden y aprecian, pero les contaba un relato sobre una edad de oro cuyo verdadero alcance real no entienden.

La demagogia tiene eso, que utiliza los tópicos y nos los facilita en un discurso que nos agrada, que nos reconforta, que da la razón a nuestros miedos y sueños o los estimula. Así, don Quijote peca de parodia y de demagogia, como muchos hoy. Lo malo es que a estos no los vemos venir, como sí ocurre con el pobre loco, que solo quería vivir en un libro.

La bellota, así tratada, es mucho más que una bellota.

martes, 31 de agosto de 2021

El sabor a tristeza de la zarzamora. Regreso.

 


Se regresa en septiembre aunque no te hayas ido a ninguna parte, aunque el verano no te haya servido para descansar y olvidarte de todo. Después de vaciar la maleta, poner una lavadora, ventilar la casa, hacer una compra urgente para que el frigorífico te permita tirar los primeros días, buscar un lugar para los recuerdos de agosto, te sientas en el sofá y te quedas en silencio. Dejas que la casa te acoja y se apacigüe el ruido que llevas dentro.

El final del verano lo marcan las moras de zarza. He escogido unas cuantas de la cuneta de un camino y las he preparado con azúcar, leche y una ramita de hierbabuena, dejándolas reposar en la nevera unas horas, a la manera de mi madre. Qué delicioso, sencillo y humilde regalo. Quizá no tenga tiempo de recoger más esta temporada. He recordado cuando aficioné a mi perro a comer moras y las comía directamente de la zarza, volviendo los labios para no pincharse con las espinas. Qué joven era yo entonces, cuando exploraba con Chispas aquella acequia de mi infancia, uno de los canales de riego de la acequia madre. En los bordes de la acequia, chopos, álamos, olmos, zarzas y los terrenos de cereal. La primera cucharada me supo al tiempo en el que todo lo que tenía se concentraba en aquel tazón de leche y moras preparado por mi madre. Qué vacías ahora las manos, tan llenas de otras cosas que no necesito.

Estoy triste, lo confieso. Estoy muy triste y este verano me ha dejado sin fuerzas para afrontar el siglo que comienza, el curso quise decir, en qué estaría yo pensando.

lunes, 16 de agosto de 2021

Mensaje en una botella

 


La marea dejó sobre la arena de la playa una botella lacrada. La tomó entre sus manos y la alzó a la altura de los ojos. A la vista, no contenía nada dentro, ni siquiera el esperado papel escrito con mano torpe por un náufrago. Se la llevó a casa y la puso sobre la mesa. Durante horas se preguntó las razones por las que una persona arrojara al mar una botella así, sin mensaje. Por la noche, había llegado a obsesionarse.

- Ábrela, tonto.
- ¿Seguro?
- Seguro.

Quitó el lacre. Nada más sacar el corcho, comprendió que alguien se había molestado en conservar dentro de la botella todos los silencios necesarios en el mundo. Demasiado tarde, se habían perdido para siempre.


sábado, 14 de agosto de 2021

Aforismos y versos en la playa

 


Borró tan eficazmente las huellas de su pasado que se quedó sin futuro.
*
Nos quieren desarraigados para doblarnos mejor.
*
Las huellas de las gaviotas en la playa al amanecer, como si hubieran pasado la noche buscando las palabras que se nos caen de los bolsillos.
*
Cuando vienes del agua,
si te miro, contienes, 
en tus ojos, secretos
en los que se comprende
la razón de este beso.