miércoles, 27 de enero de 2021

A la intemperie de la vida

 


Hay personas como edificios vaciados. Una desolación que nadie ocupa.

En las casas vacías siempre hay un trozo de papel escrito a mano, un pedazo del mapa existencial de los antiguos habitantes.

Con un descorazonador te sacan las entrañas. Quedas ya expuesto a la intemperie de la vida.

El aire fresco de la mañana se enreda en los rincones de la casa abandonada, saneándola de sombras.

Yo me crie en las afueras. Más allá comenzaba el campo. En mi barrio abundaban las casas vaciadas a las que el tiempo había reventado las puertas y las ventanas. Después, un agujero del tejado, un desgarrón en el papel pintado, manchas de humedad y el polvo acumulado en los rincones. En mitad de una sala, una silla de formica colocada mirando hacia la entrada de la casa.

lunes, 25 de enero de 2021

De la última noche

 


De la última noche no se despierta. Por eso, cuando amanece, me cercioro de que no sueño, pero nunca estoy seguro de si me engaño.

sábado, 23 de enero de 2021

Qué para poco te has quedado

 


Miro la ciudad desde la ventana. Atardece y llueve y el paisaje se ha llenado de pequeñas luces que la humedad difumina y ennoblece. Desde hace unos diez días, tengo un dolor en el costado izquierdo, abajo, más hacia la espalda. No es demasiado fuerte, pero sí constante, o quizá yo no me queje lo suficiente. Estoy esperando a que remita, las recomendaciones son las de no acercarse al centro de salud o al hospital salvo en caso de extrema gravedad. Esta noche me ha despertado de madrugada y tardó en algo en pasarse. A veces, cuando el dolor se rebrinca un poco, me da la risa floja. Es algo que me pasa también cuando tengo lumbago o tortícolis, que no es el caso. Me echo a reír aunque esté solo y me digo, qué para poco te has quedado. La risa suele aumentar el dolor y el dolor la risa y así estoy un rato, entretenido.

Como todos, anoche, cuando me desperté, he mirado en un buscador de internet qué puede causar el dolor y es una lista tan larga que para cuando llegaba a la mitad, me ha entrado el sueño. Está bien eso, leer las cosas de las que puedes morirte para entrar plácidamente en el sueño. No suelen agobiarme estas búsquedas, porque luego no voy con ellas al médico, digo, cuando se podía ir al médico. No soy de los que dicen qué tiene uno antes de saludar al entrar en la consulta. Me limito a describir lo que siento, porque para eso ellos son los profesionales de esta cosa. Incluso ahora, que todos los médicos que visito son más jóvenes que yo. Se me han ido jubilando los médicos de siempre. Ahora, además, la mayoría están poco tiempo en la misma consulta. Desde la precariedad de los servicios médicos públicos y la política de negocio duro de las empresas privadas de seguros, cualquier día te cambian al médico cuando lo acabas de saludar, antes de que le puedas decir qué te pasa y luego, antes de que te extienda la receta o el volante. A veces da un poco igual, porque la tensión laboral les obliga a no levantar la vista de la pantalla del ordenador en la que escriben lo que les cuentas.

Es tan precario todo en estos tiempos, que lo más estable de estas noches de dolor son estas luces de la ciudad bajo la lluvia.

viernes, 22 de enero de 2021

Punto y coma, de Javier García Riobó


Punto y coma, la nueva exposición de Javier García Riobó (Béjar, 1957), se muestra en la Sala de exposiciones del Teatro Zorrilla de Valladolid hasta el próximo 14 de marzo. Los más antiguos visitantes de este espacio conocen lo que este artista significa para mí en los últimos años. Para el catálogo de la exposición escribí el texto que os copio íntegro a continuación.

Javier García Riobó: La mirada como método

  Hay personas que llegan a tu vida en el momento adecuado. Es lo que me sucedió a mí con Javier García Riobó. Andábamos los dos experimentando con todas las posibilidades de la web 2.0 en los primeros tiempos de expansión de los blogs en España y, de pronto, apareció en el mío con breves comentarios de una exactitud y concisión pasmosas. Con apenas una frase no solo sabía sintetizar mi texto, sino que lo empujaba más allá. En pocos días, ya había leído el contenido completo de mi bitácora virtual y me proponía reunirnos tomando un café. Devolví sus visitas a la suya para comprobar allí que me encontraba ante un artista con una idea precisa de su arte, una mirada peculiar basada en la meditación profunda sobre el mundo que nos rodea.

Finalmente nos conocimos el 9 de noviembre de 2007, en el desaparecido Café España de Valladolid, un lugar propicio para la charla. En contra del fingimiento que corre por internet, Javier García Riobó era tal y como se me había presentado virtualmente. Lo anoté en La Acequia, mi blog: “Su mirada pausada y silenciosa sobre las cosas y el arte dicen más que las voces y gritería de muchos. Hemos enlazado nuestros caminos, como me ha ocurrido tantas veces con este blog, proyectado cosas y viajes, pero sobre todo amistad. Venía con un regalo que le define como persona: un año entero de La Acequia encuadernada. Con morosidad cariñosa había editado cada entrada del blog para ofrecerme el resultado de su atento trabajo”. A cambio, yo le regalé una fotografía de una vieja puerta, un tema que me obsesionaba entonces, cuando necesité regresar a esos espacios abandonados que todos guardamos en la memoria para encontrarme, con el convencimiento de que él pensaría, al observar la imagen, más cerca, Pedro, más cerca. Y cuánta razón tiene Javier, que me enseñó la distancia justa en el arte fotográfico, aquella que permite reconocer la textura de las cosas y huir de la toma común. La poética de sus imágenes se define precisamente por haber encontrado la distancia precisa para mirar y comprender, para la que no es preciso filtros especiales ni cámaras costosísimas. La realidad se trasforma en un rectángulo digital, un fragmento en el que se encuentra toda ella, pero de otra manera. Es esta condición de igual y diferente su trabajo artístico, que parte de algo que está ahí y que podemos ver todos, pero solo mira así García Riobó. El artista selecciona ese fragmento de realidad, dotándolo de independencia y ordenándolo en una sucesión de imágenes con un ritmo peculiar. La mirada y el ritmo profundizan en su significado, que se muestra para quien sepa comprender. Para Javier García Riobó la fotografía artística consiste en robar ese fragmento de la realidad y ofrecerlo a la contemplación. Se trata de un concepto del arte propio de los filósofos que parten de lo concreto y de los científicos que trabajan con una parcela de la vida. La metodología de la mirada artística eleva ese particular fragmento y lo trasforma en la clave de explicación del mundo.

Desde aquel primer día, hemos mantenido muchos encuentros. Recuerdo cómo buscábamos un lugar para establecer nuestra tertulia semanal y descubrimos que la mayor parte de las cafeterías han sido colonizadas por los monitores televisivos y la música alta que impiden la conversación. A ambos nos molestaba el ruido que el uso incorrecto de la tecnología ha introducido en nuestras vidas, destruyendo la mayoría de los espacios de sociabilidad convirtiéndolos en lugares para el consumo. Javier es de conversación en voz baja y sin aspavientos. Terminamos recalando en La flor de la canela, en donde surgieron nuestras obras en común.

Por entonces, Javier García Riobó trabajaba sobre la imagen digital. Su punto de partida era, unas veces, el recorte de algo que le había llamado la atención en el periódico, que digitalizaba y convertía en otra cosa. Al indicar un fragmento del periódico del día, se le dota de un nuevo significado. Mediante esa fragmentación, la superposición y la variación del mismo tema, alcanza un valor metafórico que no olvida nunca el punto de partida, que es la prensa diaria, nacida para ser consumida en el momento y arrojada a la papelera. El proceso artístico la eleva en su destino y nos revela un mensaje que estaba oculto inicialmente. En el proceso, el artista nos enfrenta con todas nuestras contradicciones: lo que se destinaba a convertirse en desecho y despojo, en olvido por la sucesión de nuevas noticias, se convierte en algo que permanece; lo que era un bien de consumo rápido se convierte en un objeto artístico que nos revela la falsedad del consumismo. De nuestra extrañeza por la trasformación de lo cotidiano se extrae el triunfo de lo artístico. La mirada del artista provoca la recepción del espectador que se detiene lo suficiente en estos fragmentos seleccionados.

Punto y coma, la propuesta que nos muestra Javier García Riobó en esta ocasión parte de este procedimiento. Seleccionadas unas frases de los titulares o de la publicidad diaria aparecida en la prensa, los recortes, sobre fondo negro, se digitalizan. La selección y ordenación trasforman su significado y se convierten en dos poemas visuales que sirven de guion para toda la exposición, pero también de poética. El texto sigue guardando su significado del día concreto en el que se publicaron en un periódico, pero alcanzan otro, más profundo.

El primero de ellos (Punto y coma. / Desmemoria y aire. / Ser y querer ser. / Presente continuo) guarda una de las claves de la mirada artística de Javier García Riobó, lo fronterizo. En su concepción, la frontera entre texturas diferentes, concepciones de mundo diferentes, tipos de líneas opuestas, objetos que están donde no los esperamos, etc., establece siempre una oposición que provoca extrañeza, a veces rechazo. Solo el arte puede hacer dialogar lo diferente y buscar la suma de esos conceptos opuestos a partir del oxímoron. Javier García Riobó sitúa su mirada precisamente en ese diálogo. El segundo de ellos (Una forma de mirar. / El lugar exacto. / Sombra exacta. / La fuga horizontal) nos desvela el lugar preciso de esa mirada en ese espacio de transición.

Enmarcada por el guion inicial y la conclusión artística final, el núcleo de la exposición nos lleva hacia una técnica con la que ha experimentado en los últimos años García Riobó cada vez con mayor insistencia, la pintura. En sus primeros trabajos intervenía sobre imágenes fotográficas y, en ocasiones, devolvía el resultado al mundo digital, pero cada vez le ha interesado más la pintura en sí misma porque concibe este trabajo como un ofrecimiento a la mirada del otro. Si la imagen fotográfica era un robo de lo que ya existía, la pintura se da como una propuesta para que sea el espectador quien la tome. Antes de aplicar el acrílico y extenderlo con la espátula, buscando el contraste con la sutileza y elegancia que permite el pincel, el producto no existía. Estas piezas que se pueden contemplar parten del mismo concepto: un diálogo entre dos secciones cuyos colores y texturas son muy diferentes, intervenidos por un espacio que permite transición pero que es, en realidad, el centro de la mirada artística de Javier García Riobó.

Es en ese eje de transición entre la realidad y el arte, entre las texturas y los colores, en donde se ha situado la mirada artística de García Riobó. Lo que aparenta estático se profundiza en la dinámica intención de una metodología que nos conduce a reflexionar sobre nuestro mundo.

jueves, 21 de enero de 2021

Ambientes y personajes en dos cuentos de Algunas historias no sirven para escribir canciones de amor

 


Una de las características sobresalientes de los relatos incluidos en Algunas historias no sirven para escribir canciones de amor, de José Ignacio García, es la acertada caracterización de personajes y ambientes y su ajuste con el estilo de cada una de las historias. Como ejemplo, propongo aquí un acercamiento a dos de los más singulares de la colección, hasta donde nos permita la prudencia de no desvelar demasiado de la trama de ambos: Héroes de hojalata y Solitario. Se trata de dos relatos muy diferentes que esconden notas comunes. Son estas notas comunes las que nos permiten identificar la mirada del autor.

Héroes de hojalata se cuenta desde una tercera persona neutra, completamente ajena a la historia y que se limita a dar cuenta de las acciones, los ambientes y los diálogos. Esta elección es acertada porque nos lleva directamente a la factura de la escritura del siglo XIX en la que se desarrolla la historia, a caballo entre el realismo y lo fantástico. Como en los buenos relatos de misterio, hay cosas que no se nos desvelarán, porque la intriga es una característica del género que fomenta el misterio y las incógnitas sobre los personajes (León Monfort tenía que ser un embajador de un poder oculto y sobrenatural que se había adueñado de su voluntad). Nos encontramos en el Madrid de la década de los ochenta del siglo XIX. La documentación necesaria, ejemplar en su planificación, no agobia al lector sino que lo sitúan en un espacio necesario para el desarrollo del relato: las referencias al palacio de Linares, a los sastres Juan Utrilla y Ventura Vergara, que vistieron a la sociedad elegante de aquellos años, a la prensa del momento (parte esencial del relato) o la fotografía, los muebles, objetos y tejidos de los trajes, la condición de indiano de unos de los personajes, todo nos adentra, como lectores, en un espacio en el que puede desarrollarse con verosimilitud una historia que contiene en sí misma circunstancias procedentes de un mundo tan poco real como la profesión de nigromante del protagonista. En ese cruce entre la verosimilitud y la fantasía se propone una historia que nos interesa desde el principio porque parte de una pregunta que todos llevamos dentro sobre lo que haríamos si supiéramos con suficiente anticipación nuestro destino. Los héroes a los que hace referencia el título son las personas anónimas cuya vida se ha visto conducida por la irrelevancia y el fracaso y a los que se les da una única oportunidad para hacer algo que les haga recuperar la dignidad.

Solitario nos lleva al mundo rural. A un pueblo en el que solo quedan tres ancianos, llega un personaje a pie, que cuenta la historia en primera persona sin desvelarnos nada de su vida anterior. Todo lo que sucede en las primeras páginas es un prodigio de ambientación, como si camináramos con los cuatro personajes por las calles de la aldea. A los tres habitantes no les interesa conocer nada del pasado del viajero (Era como si aquel pueblo, casi devorado por las fauces de la soledad, hubiera amurallado todos sus acceso para ocultar la marca de mis huellas), sino tan solo si sabe jugar a las cartas, la única afición que los reúne cada día para pasar las jornadas. Han aprendido a vivir con ese único aliciente diario y a él lo subordinan todo. La descripción de la cocina en la que se desarrollan las partidas es tan plástica que nos es reconocible. En ese espacio es posible el desarrollo de unas relaciones entre los cuatro que conducen hacia un final sorprendente, acertadamente salido de lo que se nos ha contado.

Tanto en Héroes de hojalata como en Solitario el estilo de la narración se ajusta perfectamente a lo contado para crear los ambientes y caracterizar a los personajes. En dos relatos tan aparentemente diferentes, hay puntos en común: ignoramos todo del pasado de los protagonistas, nos hallamos de pleno en una acción que nos arrastra y se ofrece a personajes corrientes una posibilidad de afrontar la muerte con dignidad. Que no se caiga en el melodrama ni en emociones manipuladoras es un acierto del autor. El interés recae en la propia historia y en sus personajes, no en recursos fáciles para captar el interés emocional del lector, por lo que la historia y los personajes deben tener la fuerza suficiente para sostenerlo, como es el caso.

Todo ello le sirve al autor para dar una variedad al volumen que el lector agradece, pero debajo de esa diversidad es posible atar las características comunes de toda la colección que son, en gran medida, las marcas estilísticas de este narrador.

Continuamos el próximo jueves.

Aviso para los participantes en el formato presencial

 del Club de lectura

La evolución de la pandemia por COVID-19 en la llamada tercera ola, provoca que no podamos reunirnos presencialmente. Las instituciones con las que colaboramos habitualmente (Universidad de Burgos e Instituto de la Lengua de Castilla y León) tienen cerradas sus instalaciones para todo lo que no sea el funcionamiento ordinario de las mismas, por cuestiones sanitarias, y todo nos lleva a ser lo más prudentes posibles. Por este motivo, la sesión anunciada para el día 26 se cancela en su formato presencial y los participantes recibirán el día 26 un enlace a un comentario en vídeo que grabaré para orientar la lectura y responder a las preguntas que se me planteen por correo electrónico. También incorporaré los comentarios que me lleguen con anterioridad y se difundirán los comentarios en vídeos de los participantes, tal y como se ha indicado en las instrucciones que habéis recibido. Todo antes que detener completamente el funcionamiento del club. Sé que sabréis comprenderlo.

Noticias de nuestras lecturas

Paco Cuesta, escribe un comentario del volumen que no os podéis perder de ninguna de las maneras. Si una de las funciones de la literatura es proponernos situaciones similares a las que vivimos, el impulso de armarse con un lapicero y hacer una lista como la que propone Paco, convierte al libro que lo ha propiciado en inolvidable.

Recojo en estas noticias las entradas que hayan publicado los blogs amigos. Entrada del Club de lectura cada jueves (salvo casos excepcionales) en este blog.

Para conocer la forma de seguir las lecturas de este club y sus características y la lista del presente curso, pinchar sobre este enlace.

ADVERTENCIA: Las entradas de La Acequia tienen licencia Creative Commons 4.0 y están registradas como propiedad intelectual de Pedro Ojeda Escudero. Pueden ser usadas y reproducidas sin alterar, sin copias derivadas, citando la referencia y sin ánimo de lucro.

miércoles, 20 de enero de 2021

Ramón Menéndez Pidal, paisaje de una vida

 


El 18 de marzo de 1910 se creó el Centro de Estudios Históricos por impulso de la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas de España. Fue una de las instituciones que, en las décadas iniciales del siglo XX, contribuyeron al desarrollo cultural y científico del país. Gracias a iniciativas como esta, España se convirtió en una de las potencias culturales de primer orden en las primeros treinta años del siglo, solventando en pocos años el atraso y el desnivel padecido con respecto a los grandes países europeos. Al frente del CEH se nombró a Ramón Menéndez Pidal (1869-1968), que, por entonces, contaba con cuarenta y un años y una brillante carrera como filólogo. Desde sus primeros trabajos sobre la Leyenda de los siete infantes de Lara de 1896, su obra no había hecho más que crecer y consolidar una trayectoria en un campo que, salvo contadas excepciones, en España carecía de rigor científico moderno. De 1904 data su Manual elemental de gramática histórica española, que durante décadas se convirtió en el libro de referencia en el campo y en 1910 dio a conocer un trabajo central para su obra y para la filología española: La epopeya castellana a través de la literatura española. De 1908 a 1912 publicó sus trabajos sobre el Cantar de mío Cid, que todavía hoy son la base para comenzar el estudio de la obra, aunque algunos aspectos hayan sido, con el tiempo y las nuevas metodologías, rebatidos y superados. Durante todos estos años fue dando a la imprenta sus investigaciones sobre el romancero antiguo y su pervivencia moderna. Los Orígenes del español, que aparecieron en 1926, hicieron ver el idioma de otra manera. En ese momento, Ramón Menéndez Pidal había conseguido rescatar definitivamente la historia de la lengua y de la literatura española de la dependencia que imponía el hecho de que fueran los grandes filólogos extranjeros los que las abordaran desde sus perspectivas nacionales. Cuando se habla de los logros concretos de Menéndez Pidal, incluso de lo que el tiempo ha dejado obsoleto, no debería olvidarse que fue el creador de una mirada filológica propia y moderna sobre estas cuestiones. De hecho, Menéndez Pidal es una figura conocida por el gran público en España, incluso aunque sus intereses estén alejados de la filología.

En el CEH, inspirado por las ideas de la Institución Libre de Enseñanza, estableció una sección de Filología (primero denominada de Orígenes de la lengua española), que se convirtió en el punto de encuentro de la denominada Escuela de Filología Española, en donde se formaron y trabajaron Vicente García de Diego, Tomás Navarro Tomás, Américo Castro, Homero Serís, Antonio García Solalinde, Federico de Onís, Samuel Gili Gaya, Pedro Salinas, Amado Alonso, Dámaso Alonso, Salvador Fernández Ramírez, José F. Montesinos, Rafael Lapesa, Alonso Zamora Vicente, Álvaro Galmés, Diego Catalán, etc.

En 2018 y 2019 se celebró el conocido como Bienio Ramón Menéndez Pidal, dada la coincidencia del 50 aniversario de su fallecimiento y el 150 de su nacimiento. Con aquel motivo, la Fundación Ramón Menéndez Pidal lanzó un programa de actividades y exposiciones para recordar la figura del filólogo y dar a conocer los fondos que custodia.

El programa Valladolid Letraherido que coordino para la Fundación Municipal de Cultura de Valladolid junto a Paz Altés, programa la exposición Ramón Menéndez Pidal, paisaje de una vida, en la Sala de exposiciones de la Casa Revilla hasta el 21 de marzo, con la colaboración del Instituto de la Lengua de Castilla y León, la Fundación Ramón Menéndez Pidal y la Fundación Ramón Areces. La muestra quiere dar cuenta de la vida del investigador a través de fotografías personales y públicas, que nos lo recuerdan en todas las etapas biográficas, y de libros y objetos personales. Para esta ocasión, se ha querido perfilar la exposición relacionándola con los trabajos sobre los romances recogidos en la provincia de Valladolid. También se ha buscado acercar a quienes la visiten la imprescindible figura de María Goyri, con la que se casó en 1900. María Goyri fue la primera mujer que en España realizó los estudios de Filosofía y Letras. Desconocida para el gran público por las mismas razones que han hecho desaparecer a grandes nombres de mujeres de aquella misma etapa, esta investigadora acompañó a Menéndez Pidal en sus trabajos de campo y contribuyó a la sistematización y presentación de la pervivencia de los romances antiguos en la España de su tiempo. Con este motivo, durante las jornadas de celebración del Día Internacional de la Mujer del 8 de marzo, el programa Valladolid Letraherido promoverá el conocimiento de su obra con varios actos y una charla.

Sin duda, es una exposición necesaria para acercarnos a la figura del creador de la filología moderna y uno de los grandes nombres de la cultura española de todos los tiempos.

La exposición retrasó su inauguración (prevista para el pasado 13 de enero) al día de hoy, porque la gran nevada de estos días pasados desaconsejó el traslado desde Madrid de los materiales expuestos. Estará abierta hasta el próximo 21 de marzo en un espacio que cumple con todas las medidas sanitarias. El horario de tarde puede variar por el toque de queda.



domingo, 17 de enero de 2021

No se puede andar por dos calles a la vez

 

Cada una de las veces que he regresado a esta casa, en la que pasé el confinamiento de la población decretado por el gobierno en marzo pasado, me asomo para ver si aún hay alguna sombra de lo vivido. Durante aquellas semanas, tomé dos fotografías al día. Una desde la ventana del salón, que da a la sierra; otra desde el balcón, que da a la calle mayor. Los dragones que embellecen la rejería del balcón me miran de soslayo cada vez que asomo. No se fían de mí, ahora que estoy libre. Parecen preguntarse qué quiero ahora de ellos. No les respondo, pero quizá sea cómo guardan la división de las calles que se ve desde aquí. Ellos saben, mejor que yo, que no se puede andar por dos calles a la vez, salvo en casos de bilocación, que no suelen ser frecuentes o, al menos, yo no estoy dotado para ello. Los epidemiólogos preferirían ahora otro confinamiento; los políticos sacan las cuentas económicas y de imagen y nos les salen. A mis espaldas, la casa aún se resiente de los paseos diarios de aquellos días, intentando quitarse nuestro peso de encima.


sábado, 16 de enero de 2021

Estatuas de sal. Cartas de Avelino Fierro

 


Que el fiscal de menores de León Avelino Fierro (Chozas de arriba, León, 1956) es uno de los mejores escritores de diarios actuales es conocido por los amantes del género, que va ganando adeptos en España. Una habitación en Europa (Diarios 2010-2012) (2014) llamó la atención sobre su nombre y su posición literaria se consolidó con las siguientes entregas: Ciudad de sombra (Diarios 2013-2014) con prólogo de José Luis García Martín (2015), La vida a medias (Diarios 2015-2017) con prólogo de Andrés Trapiello (2017, finalista del Premio de la Crítica de Castilla y León) y Contra tiempo (Diarios: 2017-2018) con prólogo de Julio Llamazares (2019). El gran público tuvo noticia de su labor a raíz de la entrevista que Juan Cruz le hizo para El País, publicada el 29 de febrero de 2020, en la que resaltaba su condición de lector voraz y que ponía como penas a los menores, leer, pero ya sabemos cómo son estas cosas del gran público.

Abandonó la publicación de su diario, pero la insistencia de Elosía Otero le llevó a la revista digital Tam Tam Press, en donde dio a luz una serie de textos reunidos bajo el título de Calendario, siguió con Desde mi celda y continuó con El cuaderno naranja, acompañados de dibujos propios. En las tres series, de manera diferente, juega con el diario como motor de una escritura literaria fronteriza, en unos casos como apuntes, en otros con la forma epistolar y en el último, con la novela. No se trata ya de un diario, pero no deja de serlo. Dada su ausencia de las redes sociales, los fieles lectores de Avelino Fierro compartían estas entradas en sus perfiles y a través del correo electrónico.

Precisamente las cartas Desde mi celda son el origen de Estatuas de sal (2020), que publica Ediciones Franz con prólogo de Jordi Doce (que es autor de un diario sobre el mismo tema, La vida en suspenso. Diario del confinamiento). Se trata de treinta cartas escritas durante el momento más estricto del  confinamiento de la población española el año pasado, entre el 13 de marzo y el 12 de abril. Curiosamente, estas cartas sí llevan fecha, a diferencia de lo que ocurría con las entradas de sus diarios, estrategia que le alejaba de la ortodoxia y definición del género. Las cartas se escribían para ser publicadas, dirigidas a una serie de amigos, entre los que se encuentran editores, escritores, periodistas, profesores, pintores y otros relacionados con su profesión. Con esta consideración de carta privada y pública juega inteligentemente en los textos el autor, así como con la idea de construir un diario que no lo es, a partir de la sucesión de epístolas. A diferencia de otros textos escritos durante aquel confinamiento, estos receptores le permiten abrir los temas tratados hacia las noticias de otras vidas confinadas como la suya y hacia la intimidad y la complicidad de las relaciones personales, siempre pasadas por el tamiz de un texto público.

La carta del viernes 13 de marzo con la que arranca el volumen parte de la sensación común que pudimos tener todos al sufrir un paréntesis vital que no sabíamos bien cuánto iba a durar, la extrañeza ante un tiempo diferente:

Ayer ya no traje papeles para trabajar en casa y me deprimí: pero me vino la inspiración y escribí tres o cuatro folios; no sé bien para qué.

Se llenan las cartas de referencias cotidianas, de películas y de recuerdos. Cuando se nos detiene el presente, el tiempo se adensa hacia el pasado:

¿No te sucede que estos días, en los minutos más ténebres, aparece ante ti toda tu vida como un torbellino? No te atreves a mirar hacia el futuro y das un volantazo hacia el pasado, que es como decir hacia la infancia.

Un ir y venir en el tiempo en el que reconocemos lo mejor de la escritura de Avelino Fierro: el tratamiento de lo cotidiano trufado por lo cultural, un estilo que aparenta liviano pero lleva dentro la carga del pensamiento y el juego de las relaciones de ideas y referencias bien asentadas, la ironía y el humor incluso sobre sí mismo, y las referencias literarias constantes, puesto que la condición de lector del autor es casi una definición de su biografía:

Leo un libro tras otro, como quien pasa las cuentas de un rosario. Muevo a veces los labios.

También está presente la reflexión sobre lo que ocurre fuera:

Sólo el sufrimiento nos iguala. Será difícil curarnos de ese silencio venenoso que está ahí afuera, que nos oprime las sienes y el corazón. 

Su conclusión final no es esperanzadora. En cuanto se abandone el confinamiento, opina, saldremos en estampida sin mirar hacia atrás, para no convertirnos en estatuas de sal. Aún estamos en eso.

viernes, 15 de enero de 2021

Como si no le importaras

 


Vamos tan deprisa que nos olvidamos en cualquier sitio, como un trasto inservible ya.

Andar sobre las aguas y olvidar que no se puede pinchar la superficie del lago con la punta del paraguas.

Esta noche, en la calle Mayor, he oído ruidos y asomé al balcón. Por un lado, el pasado, por el otro, el futuro, así que miré al cielo nocturno como último recurso para sentirme en el presente.

Corría como gallina sin cabeza, pero su carne era muy dura para hacer pepitoria. Acabó como poeta a la moda.

El asfalto seguirá debajo cuando se vaya la nieve.

Todo funciona de forma mecánica, menos la tristeza.

El mundo está mejor que hace un siglo, pero no tanto.

El tataranieto de Abaham Van Helsing salió a la caza de vampiros. Un silencio temeroso se adueñó del mundo literario.

Procuro olvidar cada mañana lo que me sé de memoria.

El tiempo pasa como si no le importaras.

Anochece cuando estás asomado al mundo, solo tú eres prescindible en esa estampa.

jueves, 14 de enero de 2021

La voz narradora en Algunas historias no sirven para escribir canciones de amor de José Ignacio García

 

No hay buena narración si el autor no halla la voz narradora adecuada. Se cuenta que Margarite Yourcenar reescribió varias veces la historia de lo que serían finalmente las Memorias de Adriano hasta dar con la clave de que fuera el propio emperador, Adriano, el que dirigiera una larga epístola a su sucesor, Marco Aurelio. No es solo cuestión de decidir que la historia se cuente desde una persona verbal u otra, sino que esta empuja la perspectiva, el tiempo narrativo y hasta el género en el que se inscribe. Siendo esto clave para una novela, lo es más en un relato breve, en el que nada puede fallar y nada puede remediarse porque todo ha de resolverse en muy pocas páginas.

El conjunto de diecinueve relatos que componen Algunas historias no sirven para escribir canciones de amor de José Ignacio García es un ejemplo de sabias decisiones al respecto, felices hallazgos que permiten el ingreso del lector por la puerta adecuada a la historia que se cuenta en cada relato. Bastaría con la ingeniosa segunda persona del relato que abre la colección, Galanes. Como es sabido, la segunda persona es la más difícil de manejar y sostener en una narración y debe tener una razón que vaya más allá del mero alarde técnico. Y en Galanes tiene una poderosa razón que solo se desvela bien avanzado el relato. A esta segunda persona se le añade la tercera de La señorita Jéster Sú, que provoca el distanciamiento irónico necesario con la fábula, o de Héroes de hojalata, un prodigio de narración que nos sumerge en tiempos pasados gracias al tratamiento que se hace de ella y el retrato de personajes y ambientes. La primera persona de Solitario, hace que el cuento sea aún más sorprendente y tremendo porque el narrador guarda fielmente el secreto hasta el final. El juego con las personas narrativas de los relatos que siguen los hacen oscilar en una variedad que agradece el lector porque cada uno de ellos responde también a un género diferente, entre el costumbrismo y el análisis de los comportamientos humanos. Hasta Wine room, que nos ofrece las dos caras de la misma historia, dos primeras personas que la han vivido y que la abordan desde sus perspectivas particulares para ofrecerle al lector la posibilidad de construirla desde su propia lectura. El libro termina con un relato en primera persona, que se va confesando a sí misma su desgracia historia lo que el lector intuye y no puede hacer nada para evitar.

De esta manera, Ignacio García escribe cada relato desde una persona narrativa que lo configura, que le da forma para levantar cada uno desde el ángulo adecuado para contarlo. A partir de ahí, cada historia se llena acertada y coherentemente de personajes y ambientes y el autor se permite modular el tono que hace de cada uno de los relatos una experiencia diferente y del conjunto un edificio sólido de pisos habitados en los que suceden estas historias como mundos propios. El lector sube o baja por las escaleras o el ascensor para disfrutar de lo que le aguarda en cada uno de los rellanos.

Continuamos el próximo jueves.

Aviso para los participantes en el Club de lectura presencial

La evolución de la pandemia por COVID-19 en la llamada tercera ola, provoca que no podamos reunirnos presencialmente. Las instituciones con las que colaboramos habitualmente (Universidad de Burgos e Instituto de la Lengua de Castilla y León) tienen cerradas sus instalaciones para todo lo que no sea el funcionamiento ordinario de las mismas, por cuestiones sanitarias, y todo nos lleva a ser lo más prudentes posibles. Por este motivo, la sesión anunciada para el día 26 se candela en su formato presencial y los participantes recibirán la próxima semana, por correo electrónico, un saluda mío, una ficha del libro que estamos leyendo y enlaces a vídeos con comentarios de la misma. El día 26 recibirán un enlace a un comentario en vídeo que grabaré para orientar la lectura y responder a las preguntas que se me planteen por correo electrónico. Todo antes que detener completamente el funcionamiento del club. Sé que sabréis comprenderlo.

Noticias de nuestras lecturas

María Ángeles Merino regresa al blog para comentar el libro de relatos de José Ignacio García, del que alaba el título como un microrrelato en sí mismo. En su entrada enlaza el último relato con el primero como los que más impacto le han causado y selecciona las canciones de su juventud en las que sí había este tipo de historias. Seguro que todos los lectores se ven reconocidos.

Paco Cuesta, que rompió el fuego en este regreso del club de lectura, alaba también el título del libro y quizá siente nostalgia de esas historias que sí pueden dar lugar a canciones. Con lucidez, analiza cómo a los protagonistas de las historias les ocurre que no pueden realizar sus deseos.

Recojo en estas noticias las entradas que hayan publicado los blogs amigos. Entrada del Club de lectura cada jueves (salvo casos excepcionales) en este blog.

Para conocer la forma de seguir las lecturas de este club y sus características y la lista del presente curso, pinchar sobre este enlace.

ADVERTENCIA: Las entradas de La Acequia tienen licencia Creative Commons 4.0 y están registradas como propiedad intelectual de Pedro Ojeda Escudero. Pueden ser usadas y reproducidas sin alterar, sin copias derivadas, citando la referencia y sin ánimo de lucro.

miércoles, 13 de enero de 2021

Ritual de náufragos de Luis Ángel Lobato

 


Luis Ángel Lobato (Medina de Rioseco, 1958), ha levantado una obra poética con una voz personal y bien reconocible. Desde su primer poemario publicado, Galería de la fiebre (1992), las entregas se han sucedido con cierta regularidad: Pabellones de invierno (1997), Regreso al tiempo (2002), Lámparas (2010), Dónde estabas el día del fin del mundo (2014), Brillante (2016), Unos ojos en la travesía (2017, finalista en el Premio de la Crítica de Castilla y León) y Cambio disperso (2018). Si en este último ya se anunciaba, en la sección final, un cierto cambio de estilo, el inicio de un proyecto nuevo, faltaba por publicar el primero de los libros escritos, que permanecía inédito, el origen de este edificio sólido y coherente, que pide ahora una publicación conjunta para que el lector pueda apreciar la trayectoria de una voz poética fiel a sí misma durante cuatro décadas.

Ritual de náufragos (1920), escrito entre 1981 y 1983 y revisado durante los meses centrales del año pasado, nos devuelve al origen de esa voz poética. Como en la simiente, aquí ya está todo lo que crecerá después: el neorromanticismo surrealista; la influencia del simbolismo del siglo XIX (origen en gran medida de la poética moderna) y de Luis Cernuda, a las que aquí se suman expresamente Miguel Velasco, Vicente Aleixandre, Blanca Andreu, Carlos Medrano, Arthur Rimbaud y Paul Eluard, formando una constelación de referencias esclarecedoras; las imágenes plásticas en las que se suman conceptos opuestos para adentrarse en la brecha que producen y comprender mejor el mundo; la delicada medida del espacio y del tiempo; el ritmo que acompaña a la temática, ajustándose para crear una melodía interna que conduce al lector; la sutura irregular e incompleta entre el sueño y la realidad y, sobre todo, el amor como impulso de la voz poética en el primero de todos los naufragios que lleva al poeta a convertirse en un paseante solitario que camina por un mundo en conflicto permanente cargado de nostalgia, llevado por el deseo y sin renunciar a un reencuentro que explique la vida y la reordene.

El libro se estructura en cinco secciones. En el principio, la primera de ellas, precedida por una cita de Vicente Aleixandre, consta de un único poema que sirve de pórtico de entrada al conjunto y que nos introduce directamente en la búsqueda amorosa:

recordé alguna vez
cuando las lanzas
abrieron el cielo y brotaron
mariposas incendiadas
expandiendo el aire
desde su origen

La segunda sección, Premoniciones, que comienza con una cita de Blanca Andreu, contiene seis poemas en los que el poeta se ve en el mundo tras el combate y la derrota, que es la del mundo completo a la manera del mejor romanticismo literario. El poema central contiene una imagen deslumbrante sobre el recuerdo amoroso y lo que supone su pérdida:

entré en los grises cenadores
y vi caer
como las hojas
trazos de tus labios

Sombra perseguida se introduce con una cita de Carlos Medrano y en ella el amor se ha convertido en un recuerdo obsesivo, que lo llena todo. Una de las características del estilo de Luis Ángel Lobato es el tratamiento de las sensaciones físicas, evocadas siempre desde el recuerdo y la proyección del deseo:

Quiero ver tus ojos de gris cristal suicida,
tocar un trozo de tus labios de amanecer cansado

Ritual de náufragos es la parte central del poemario y explica el título. Al frente se encuentran dos versos de Arthur Rimbaud. En ella se agudiza el conflicto entre el deseo y la pérdida y el naufragio consiste en su relato ante la imposibilidad del olvido

Y yo volveré hacia los ritos y las olas,
hacia tus párpados donde se ocultan
las últimas lágrimas
de la tormenta.

Retorno indestructible cierra, con un único poema, el libro, tras una cita de Paul Eluard. El amor se hace retorno constante, convirtiéndose en la medida exacta de la estatura del amante y la amada.

Era muy necesaria la publicación de este libro no solo para comprender la trayectoria total de Luis Ángel Lobato como poeta, sino en sí mismo, como uno de los mejores poemarios amorosos de las últimas décadas.

Acompañado de textos explicativos de Alberto Gómez Font, Pedro Ojeda y Diego Irimia, más una breve nota del autor, el libro ha sido cuidadosamente editado por Cuatro y el gato, con una magnífica cubierta, tipografía y diseño editorial de Julia Altés, que añaden valor al volumen y lo separan, por su elegancia y originalidad, de lo que suele ser habitual en las ediciones de poesía.

martes, 12 de enero de 2021

El valle, cuajado de nieve

 


Desde la ventanilla, contemplo la nieve caída sobre el páramo y los valles. Se adivinan mejor los regatos, las lindes y las matas de árboles, la geografía pura de la tierra castellana. En el cielo, pasan las nubes hacia el atardecer. Comienza a helar. Toco el cristal con la palma de la mano, frío y lúcido. Debajo de la nieve, ya la primavera.

Leo que, en algunas redes sociales de negacionistas, afirman que la nieve es plástica y falsa e invitan a salir a probarlo quemando un pedazo. Corre un vídeo en el que se ve a alguien levantar la nieve con una mano y aplicar sobre ella la llama de un encendedor. La nieve comienza a arder como lo hace un material plástico, liberando partículas cancerígenas. Una mujer quema una bola de nieve en su balcón y sin comprender la verdadera razón de lo que pasa, comprueba que no se deshace como el sentido común dice que debe hacerlo. Allí está la mujer, en el balcón, en zapatillas de andar por casa, demostrando que no hay que estudiar para saber, que basta una nevada, un balcón, unas zapatillas y un mechero. Cuántas muertes ha causado el sentido común, tan acientífico él, tan humano.

Jake Angeli se disfrazó de guerrero sioux para asaltar el Capitolio, con un gorro de piel de búfalo y cuernos. Se ha negado a comer desde que fuera detenido. Su abogado dice que, quizá por razones religiosas, solo come alimentos orgánicos, que no se encuentran en el menú normal de su prisión. Desde el 2012 solía manifestarse ante el Capitolio gritando los eslóganes típicos de los partidarios de Donald Trump, contra lo que ellos llaman el Estado Profundo, un gobierno a la sombra al que obedecerían todos los mandatarios mundiales. Es un temor tan antiguo como la humanidad, que todo obedezca a la planificación maligna de unos pocos que quieren esclavizar al resto de los seres humanos. En casi todos los casos, los que participan de estas ideas buscan un personaje mesiánico que salve a la humanidad y pronostican fechas para que se cumpla dicho objetivo. Según ellos, el próximo 20 de enero se verá un gran movimiento encabezado por los militares norteamericanos y la gente de bien agrupada en milicias, que impedirá que Joe Biden tome posesión de su cargo como cuadragésimo sexto presidente de los Estados Unidos de América, y abrirá una época de luz y prosperidad. El 21 de enero buscarán otra fecha, otra causa, otro mesías, como desde los primeros tiempos de la humanidad, instalados en el pensamiento mítico en el que se sienten protegidos y a salvo de la razón. No quieren transitar por esta, por el temor a no sentirse miembros de algo, reconocerse en un grupo poseedor de la verdad y guardianes del secreto de la vida. Jake Angeli no es un guerrero sioux. Además de su atuendo, su cuerpo luce tatuajes de origen celta nórdico y gnóstico. Una confusa amalgama de mitos en la que ha encontrado su razón de vivir y su fama popular. La madre de Angeli está preocupada por la salud de su hijo y pide que lo alimenten según su dieta habitual. 

Observo el campo desde la ventanilla del automóvil. A la altura del valle del Guareña, el camino desciende suavemente hacia un paisaje asombrosamente hermoso en cualquier época del año. La comarca zamorana de La Guareña cuenta con población constante desde la Prehistoria, gente que ha trabajado el campo con laboriosa constancia. Cuando las tareas les dan un respiro, sus habitantes levantan la vista y ven la extensión de tierra encajada en el páramo. El Guareña va desde La Orbada hasta Toro, en donde cumple viaje en el Duero. Además de fuentes y arroyuelos, recibe el agua del Mazores y el Poveda en Olmo de la Guareña, población de un par de decenas de habitantes. Desde la ribera del Guareña las puestas del sol son un espectáculo de asombros. El valle, cuajado de blanco, se sabe ya verdor de primavera.