viernes, 10 de enero de 2020

La construcción de un héroe. Entre la historia y la leyenda: Sidi de Pérez Reverte



De entre las varias posibilidades de enfrentarse a la figura del Cid que puede tener un escritor de novela histórica hoy, Arturo Pérez Reverte opta por una mezcla entre lo legendario y lo histórico para generar una novela plagada de aventuras en la frontera. Estas son casi siempre -como corresponde al personaje y la época-, de escaramuzas guerreras y enfrentamientos militares, pero hay tiempo también para que aparezcan las sentimentales en la corte del rey musulmán de Zaragoza (episodio que responde al tópico literario de la literatura morisca y obedece a una necesidad de amenidad novelesca: curiosamente, es la única ruptura concreta que se permite Pérez Reverte con respecto a la leyenda cidiana).

El Cid de Pérez Reverte tiene en su constitución de partida algunos episodios legendarios como la jura de Santa Gadea y el engaño a los judíos. El autor no ha querido renunciar a ellos a pesar de que no solo no son históricos sino que están contra la historia. Nutren una interpretación del personaje y lo insertan en una visión del héroe castellano muy concreta, la misma que se encuentra en el Cantar de mio Cid, que se corresponde mejor con los tiempos en los que se escribe el cantar que con aquellos en los que vivió Rodrigo Díaz. Consciente o inconscientemente, este Cid de Pérez Reverte parte de una lectura ideológica del personaje que se realizó en el siglo XII con la finalidad de fomentar una cierta idea de España desde Castilla que culminaría a finales del siglo XV. No rompe Pérez Reverte en ningún momento con la tradición literaria del personaje que lo inserta en este sendero en el que se mezcla leyenda e historia, lo que resulta más fácil para la identificación del personaje por el lector mayoritario puesto que es la variante más frecuentada en esa tradición y la que nutre, por ejemplo, La leyenda del Cid de José Zorrilla, una de las fuentes literarias y sentimentales de la novela.

El lector de Sidi se encuentra con el personaje a la altura del año 1080: ya en el destierro y viviendo en la frontera, con su pequeño ejército al servicio de quien lo contratara porque aquella tropa tenía que ganarse el pan con su oficio. La información de lo acontecido con anterioridad y de la situación peninsular se irá dosificando a lo largo de la novela, bien como recuerdo de los personajes, bien facilitado por el narrador, siempre pegado al héroe castellano. La descripción de las escaramuzas, la vida en continuo movimiento de de los hombres del Cid, el compañerismo entre ellos y su lealtad a quien los capitanea ocupan la primera parte de la novela. La segunda contiene la narración del crecimiento del personaje desde que entra al servicio del rey de Zaragoza hasta su victoria en la batalla en la que apresa al conde de Barcelona. Al final de la novela, el Cid mira hacia Valencia.

Pérez Reverte construye un relato muy eficaz de la vida de un soldado en la frontera medieval de la Península en tiempos convulsos y peligrosos. Bien documentada en lo militar y en lo histórico, la narración trascurre sin obstáculos y gana el interés del lector de forma creciente. El ritmo narrativo se intensifica adecuadamente en el relato. No abruma la documentación, sino que contribuye a dar el tono histórico necesario. En mitad de todo ello, utiliza las claves comunes a gran parte de su obra literaria: la fraternidad de los compañeros de armas por encima de cualquier componente ideológico, el respeto y lealtad a los valores personales y a la palabra dada, un propio sentido del heroísmo, la oposición entre los hombres de acción y los gobernantes siempre favorable a los primeros, etc.

(Continúa en la próxima entrada.)

Noticias de nuestras lecturas

Paco Cuesta nos regala una entrada brillante. Lleva la novela desde lo personal hasta la forma de concebirla por el autor, pasando por su historicidad y su condición de obra literaria.

Mª Ángeles Merino da cuenta de la reunión tenida el pasado 17 de diciembre en el formato presencial del club para comentar la novela de Pérez Reverte. A ella remito para ver la complejidad de lecturas que suscitó la obra, aunque aún nos debe su propia entrada.

Ahora leemos...



En enero leemos España invertebrada, el ensayo en el que José Ortega y Gasset analizó la problemática de la construcción moderna de España como país. El próximo año se celebrarán los cien años desde su publicación y la vigencia de gran parte de las cuestiones históricas, sociales y territoriales que plantea en su texto hacen recomendable volver a leerlo. Leerlo no significa estar obligatoriamente de acuerdo con Ortega. Él analiza la cuestión desde sus pensamiento y puede llegar el caso de que estemos más de acuerdo con su análisis del problema que con las soluciones que plantea. Tenemos unas semanas para abordar un ensayo clave para la cuestión española desde que el surgimiento de los nacionalismos a finales del siglo XIX pusieran en duda la forma en la que se había construido el país. No se puede negar la actualidad del tema, desde luego.

La reunión presencial para debatir sobre esta obra de Ortega se ha convocado para el próximo martes día 21.

Recojo en estas noticias las entradas que hayan publicado los blogs amigos. Entrada del Club de lectura cada jueves (salvo casos excepcionales) en este blog.

Para conocer la forma de seguir las lecturas de este club y la lista del presente curso, este enlace.

ADVERTENCIA: Las entradas de La Acequia tienen licencia Creative Commons 4.0 y están registradas como propiedad intelectual de Pedro Ojeda Escudero. Pueden ser usadas y reproducidas sin alterar, sin copias derivadas, citando la referencia y sin ánimo de lucro.

miércoles, 8 de enero de 2020

Niebla


Qué poca cosa son todos los caminos de regreso cuando los borra la niebla. Ya no están: es más cierto lo difuminado que lo más sólido, la nube que nos envuelve que todas las señales que pusimos al irnos. Se va echando la vida, digo la niebla, y nos quedamos en medio del páramo. Desvalidos.
*
¡Cómo nos engañamos al regresar! Nada ha quedado sin la mancha de óxido. El tiempo hace su labor, por suerte. Si hubiéramos muerto jóvenes el tiempo nos habría ahorrado ese óxido que mancha. No es regresar lo importante. Argos lo sabe tras esperar a su amo veinte años. Ni Ulises ni él son los mismos. En ellos anida el mentiroso engaño del sentimiento, el recuerdo fijado y obsesivo de aquellos que fuimos y ya no somos. Argos muere a los pies de su amo, este derrama una lágrima. si Ulises hubiera muerto joven y hermoso a las puertas de Troya hubiera sido Aquiles.
*
El otro día se echó la niebla sobre Valladolid como si devorara lentamente la ciudad, que fue desapareciendo. Yo ya no la recuerdo, tanta niebla llevo ya en los ojos. Soñé alguna vez atravesar la niebla y aparecer en mi barrio sin asfaltar, a las afueras, con los charcos congelados por la helada del invierno. Soñar la niebla es eso, estar en un lugar en el que te puedes encontrar con quien fuiste. Reconoceríamos con ternura al niño envuelto en guantes y bufanda, ¿pero reconoceríamos al que seremos o nos negaremos? No, no, yo no puedo ser ese. No puedo haber devenido en ese. Ni siquiera Argos ha sobrevivido a nuestra ausencia para reconocernos.

viernes, 3 de enero de 2020

El envés de los años


A los años hay que verlos por el envés.

El año pasado ha sido especialmente complicado para mí, como si estuviera jugando en un tablero inestable, en el que nadie tuviera conocimiento del número y posición de los escaques porque estos cambiaran caprichosamente. La vida, en suma, se me ha convertido en incertidumbre diaria y no estoy seguro de haber podido afrontarla con éxito en todo momento. En algunas ocasiones he tirado hacia adelante como he podido. Llegué al fin de año boqueando. Reconozco que el año pasado se me ha hecho especialmente largo y que este me ha comenzado en estado de desorientación y agotamiento. Sé que nuestro calendario es una medida convencional ajustada a los movimientos del planeta: un tanto de razón para organizar este azar que es la vida y tener previsto cuándo abonar, cuándo sembrar, cuándo llega la cosecha. Cuándo toca el tiempo de barbecho. Cuándo la tierra se hace cobertor y nos acoge.

El final del año ha venido envuelto en nieblas. Entre ellas he andado como quien no sabe posar el pie en tierra firme.

Acabo de recibir la terrible noticia del fallecimiento de una amiga. Una persona de la que no conozco que haya hecho daño a nadie nunca, ni a los que tanto le hicieron a ella. En todo momento dispuesta a hacer un favor, incluso a los que no podía considerar amigos. Las circunstancias de la vida nos separaron en los últimos tiempos. Siempre la tenía presente, imposible no hacerlo porque a diario toco objetos que ella me regaló. Muy atenta, todos sus obsequios de cumpleaños tenían una finalidad práctica. Se ha ido en silencio, sin molestar, como ella era.

¿Por qué no nos ponemos en contacto más con la gente a la que apreciamos? ¿Qué locura de vida es esta, qué vértigo, qué egoísmo nos impide dedicar cada día unos minutos a los que tanto han sido en nuestras vidas?

No empieza bien tampoco este año: me enseña el envés antes que el haz, quizá porque su cara real sea esta, fea, triste y dolorosa.

lunes, 16 de diciembre de 2019

Déjame acompañarte


Déjame acompañarte cuando el sol
camine hacia el ocaso, ese momento
de la brisa más fría, cuando pide
la piel el dulce abrazo de otro cuerpo.

En gradación de rojos sobre el agua esmeralda
del Guadiana, muy cerca ya del beso
último con el mar, se afana el día
en irse, hermoso y lento.

Te abrazo, busco el rizo
de tu cuello.
Como el río, también
te beso.

© Pedro Ojeda Escudero, 2019

domingo, 15 de diciembre de 2019

No hay cementerio que pueda recogerlos


Un día inventarán la máquina que tome las fotografías de las ausencias. En el fondo, vivir se nos llena de vacíos que nunca pueden rellenar las nuevas presencias. El mayor de esos vacíos es el de nosotros mismos, porque con cada elección solo tomamos una vida de entre las muchas que se nos ofrecen. Así, nuestra biografía es un retrato empobrecedor de quienes pudimos ser, aunque la opción nos haga felices o triunfadores. Algunas veces damos un golpe de timón y nos decimos que hasta allí hemos llegado y buscamos una parte de quienes pudimos ser. Encontramos entonces un montón de cadáveres con nuestro nombre y apellido. Como al anochecer en un campo de batalla, los que aún viven nos reclaman y caminamos entre ellos. A veces los tocamos para reconocernos en ellos sin algunas heridas que nos marcaron después de que nos desprendiéramos de ellos. Algunos nos sorprenden por su ternura. Lo más devastador es que la mayoría de nosotros han caído para siempre. No hay cementerio que pueda recogerlos.

viernes, 13 de diciembre de 2019

Sidi. Un relato de frontera, de Arturo Pérez Reverte. Un eslabón más en la cadena de la tradición


Valga una advertencia inicial, de esas que deberían ser tan de sentido común que no habría que expresar. Arturo Pérez Reverte escribe una novela que se suma a una tradición literaria que trata la figura histórica de Rodrigo Díaz, conocido como el Cid. Puede leerse sin conocer nada sobre el personaje histórico ni haber leído ningún tratamiento literario anterior; también con un conocimiento superficial sobre el Cid histórico y el literario, poco más que cuatro nociones que se creen saber o las lecturas escolares que se hacían antes -digo antes porque ahora la literatura de los clásicos es una especie en extinción en la escuela- y alguna información obtenida en un viaje a Burgos al toparse con la estatua dedicada al héroe castellano que se encuentra frente al Teatro Principal. Se puede leer Sidi y disfrutarlo sin saber nada más, pero solo conociendo el lugar que ocupa en esa tradición y las decisiones tomadas por el autor para caracterizar al personaje y trazar la línea argumental y temática de la novela, estaremos en condiciones de comprenderla mejor. Si, además, se conocen algunas de las cuestiones más significativas que los historiadores han fijado sobre la figura histórica que está detrás del Cid en los últimos años, mejor (aunque, bien es cierto, el lector medio no tiene por qué). Una novela histórica hay que tratarla como una obra literaria siempre, pero cuanto más conozcamos sobre las opciones que tenía el escritor mejor la comprenderemos. Como este no es un espacio para un trabajo académico sesudo, damos unas puntadas.

Es tan larga esta tradición y tan arraigada en la literatura española, que el Cantar de Mio Cid es el hito inicial, puesto que es el primer texto de entidad conservado casi completo (es conocido que le faltan algunas páginas cuyo contenido se ha podido reconstruir por su prosificación en otro texto). El Cantar nos sigue suscitando hoy casi las mismas preguntas que cuando comenzó a estudiarse -algunas se han solucionado ya con la investigación-: la fecha de su composición y la autoría, principalmente. Se han resuelto las cuestiones básicas: nos ha llegado en un manuscrito del siglo XIV que copia un texto del siglo XIII que fija una versión del texto que podemos datar en el siglo XII. Por mucho que se le haya dado vueltas a la cosa, la unidad de estilo y propósito es sólida, así que tanto si existía un primer texto parcial como si se partiera de varios, el autor final supo dar unidad fuerte al conjunto, si es que no lo escribió completo basándose en las crónicas y leyendas sobre el personaje, que existieron con toda seguridad tanto en el campo cristiano como en el musulmán.

Sobre las razones de su escritura hay varias hipótesis. Descartada ya la raíz popular que creía ver el romanticismo y sus secuelas, incluida la de la filología nacionalista (el pueblo no compone, lo hacen individuos concretos), el texto es obra de quien conocía bien el género y sus estrategias para llegar al público, un experto absoluto de la escritura de su época. El autor debió pertenecer al ámbito cortesano o estar muy próximo a él, con independencia de su origen o su condición. Y el objetivo no era otro que el que expresa al final del texto: engrandecer el proyecto de España a partir de la sangre del Cid. Recordemos que España no existía en la época de don Rodrigo y que su construcción como un proyecto político que se consolidó a finales del siglo XV fue fruto de una interesante alianza entre pensadores y monarcas, especialmente en Castilla, aunque no exclusivamente.

En el Cantar se nos muestra a Rodrigo Díaz desde su máxima desgracia hasta su crecimiento como héroe castellano. Al autor no le importa sumar elementos que son legendarios y no históricos, inventados a partir de elementos similares que podemos encontrar en otros textos medievales por toda Europa: el engaño a los judíos, toda la historia relacionada con los infantes de Carrión, las bodas y la afrenta de las hijas del héroe, etc. La suma de todos estos elementos procura la variedad para disfrute del público que escucha el Cantar, la confirmación de unos ideales y una forma de entender el mundo y una estructura moral en la que el bien triunfa frente al mal, la valentía frente a la cobardía, la rectitud y la justicia frente a la injusticia. El propósito es la demostración de la condición de castellano ejemplar  del Cid, quien, además, podrá casar a sus hijas tan bien en las segundas bodas que sus descendientes llegarán a ser reyes en el momento en el que se escribe el Cantar: esta sangre del Cid, según el autor, da honra a los monarcas de los reinos de España. Y esta es la clave de este texto y de la mayor parte de la leyenda cidiana. El Cid se convierte en el nudo de unión del proyecto de la construcción de un único reino cristiano en la España medieval que pueda aspirar, jerárquicamente, a ser el primero entre los reinos cristianos occidentales. 

El objetivo propagandístico del texto es evidente tanto para su consumo interno dentro del reino castellano como externo en todo el ámbito hispánico. Esto explica también los recelos que ha provocado su figura en aquellos lugares que han hecho la lectura ideológica de la leyenda y no se han reducido a las otras capas del personaje literario: la lealtad, la ejemplaridad como esposo y padre, el buen compañero de armas, el buen militar y gobernante, el hombre hecho a sí mismo con la fuerza de sus hechos, la condición de buen cristiano, el sentido de la aventura, la identificación de un pueblo con su héroe, las difíciles relaciones con un rey que peca de soberbia en un latente enfrentamiento entre León y Castilla, etc.

La posterior construcción literaria del personaje dependerá de la actitud que tomemos ante cada uno de los rasgos que lo constituyen. Así podemos encontrarlo en su forma tradicional, como héroe romántico que lucha por la libertad de su pueblo o como un misógino o sanguinario, como un mercenario (término que hay que cuidar aplicándolo aquí para no cometer un error histórico) o como un leal súbdito a su señor. La actualización de la leyenda ha traído muchas veces la consecuencia de sacar al personaje de su contexto de tiempo de frontera medieval anterior a la invención de la reconquista y así lo han llevado a su terreno desde un lado y desde otro. Si llamaron segundo Cid a Carlos V o a Franco, también lo hicieron con el héroe liberal romántico el Empecinado.

No caigamos ahora en la ingenuidad de pensar que una obra de arte de temática histórica pretende reconstruir el pasado sin más cuando lo que hace es leerlo desde el presente, con todo el derecho. Esa costumbre de leer novelas históricas para informarse del pasado ha traído funestas consecuencias y generado eruditos de salón. En la próxima entrada veremos cómo lo hace Pérez Reverte, que confiesa desde las páginas de su libro que el punto emocional de partida pudo ser el tratamiento del Cid que hiciera José Zorrilla en el siglo XIX, para tratarlo finalmente desde algunas de las claves más significativas de su pensamiento y estilo.


Noticias de nuestras lecturas

Paco Cuesta arranca la lectura de la novela de Pérez Reverte con las claves históricas que contextualizan el inicio de la vida de Rodrigo Díaz para concluir con la advertencia de que nos encontramos ante una obra literaria y como tal hay que leerla.

(Poco a poco recuperaré las aportaciones a las lecturas anteriores que los amigos seguidores del club de lectura han ido publicando en los meses pasados y a los que pido disculpas por mi ausencia desde febrero.)

Recojo en estas noticias las entradas que hayan publicado los blogs amigos. Entrada del Club de lectura cada jueves (salvo casos excepcionales) en este blog.


Para conocer la forma de seguir las lecturas de este club y la lista del presente curso, este enlace.

ADVERTENCIA: Las entradas de La Acequia tienen licencia Creative Commons 4.0 y están registradas como propiedad intelectual de Pedro Ojeda Escudero. Pueden ser usadas y reproducidas sin alterar, sin copias derivadas, citando la referencia y sin ánimo de lucro.

miércoles, 11 de diciembre de 2019

Contamos la Navidad. Y van once.


Ayer daba una parte de mis razones para felicitar este año la Navidad a quien pasa por aquí, hoy añado otra de las que se pueden decir. El escritor José Ignacio García me pidió que participara este año en el Proyecto cultural Contamos la Navidad que impulsó hace ya once. Desde entonces, cada Navidad se publica un volumen con relatos de escritores que colaboran generosamente en dicho proyecto. Entre los participantes hay nombres consagrados de la literatura nacional y autores locales, pero el resultado han sido once volúmenes de pequeño tamaño que suponen deliciosas joyas tanto por el contenido como por el formato elegido (la lista completa, aquí). Cada uno de los relatos ha sido ilustrado por magníficos artistas: merecería la pena una exposición de todas las ilustraciones tanto por el nombre de sus autores como por la calidad de cada una de ellas. A destacar, por supuesto, las once portadas, todas ellas antológicas. El resultado ha sido un universo literario relacionado con la Navidad, con diferentes temáticas, maneras de aproximación y estilo. Curiosamente, ninguno de los relatos ha coincidido en temas ni en enfoques en tantas ediciones, lo que viene a confirmar que hay tantas formas de sentir la Navidad como personas.

José Ignacio García es un entusiasta incorregible que dedica la mitad del año a este proyecto. Los textos y las ilustraciones se encargan en verano y se maqueta todo en noviembre. Con la ayuda inestimable de otro entusiasta como David Acebes y la edición de Diego Chamorro, ha fabricado ya once objetos de coleccionista que han marcado una forma de enfocar literariamente la Navidad desde España. No conozco proyectos de tanta envergadura y constancia ni aquí ni fuera y aquel que tenga los once volúmenes puede sentirse propietario de algo que dejará una huella. El correspondiente a este año cuenta con una portada de Mikel Ferradas y lleva por título un Feliz Navidad/Novedad. Parece mentira que después de tanto como se ha escrito sobre estas fechas pueda hablarse de algo nuevo, pero el resultado lo es. El listado completo de autores e ilustradores figura en la imagen que encabeza esta entrada y en él se suman, como es habitual en el proyecto, nombres con una trayectoria consolidada y nombres nuevos, populares y desconocidos. El conjunto es más que apreciable.

José Ignacio me dio a elegir entre el prólogo y un cuento y me decidí por lo primero sin saber dónde me metía. Me informé, leí y analicé y redacté un sesudo y académico prólogo para el volumen, pero no me convencía. Pensaba e el lector, saltándose el prólogo. Finalmente opté por un prólogo que es un cuento sin dejar de ser un prólogo que explique todas las características de lo que es un cuento de Navidad y en lo que consiste el proyecto de Contamos la Navidad. A José Ignacio le hice pasar las de Caín, porque le retrasé hasta el límite la entrega, hasta estar satisfecho del resultado. No sé si me lo ha perdonado, pero su gran corazón me dice que sí. Un gran corazón que cada año nos regala una Navidad literaria en la que cabe todo, hasta los relatos que niegan la Navidad. Pero no diré más, dejaré que sea el lector el que juzgue.

En la imagen de abajo puede verse un listado de las presentaciones, un buen momento para hacerse con un ejemplar. En el programa Valladolid Letraherido lo presentaremos el viernes 20 de diciembre en la Casa de Zorrilla a las 20:00 hs. con entrada libre hasta completar el aforo. Un buen momento para despedirnos y desearnos una Feliz Navidad, incluso aunque se esté en contra.



martes, 10 de diciembre de 2019

Yo también os felicito la Navidad y el Año Nuevo



Yo, que para esto de la Navidad y del Año Nuevo soy gruñón y escéptico, me sé deseando que alguien me saque del mohín y me dé motivos para seguir el camino de los buenos deseos. Muchos andan enfadados con la Navidad por carácter, otros por creencia, ideología y estética. Los hay molestos con la Navidad y el Año Nuevo por considerar estas fechas un mercado consumista e hipócrita. Hay quien está dispuesto a demandar a la Navidad por frustrante y engañosa, otros por ruidosa. Incluso por empalagosa. Lo mío es una mezcla de todo y un poco de postureo, como se dice ahora. Este año, en el que tengo en mi casa algún hueco más que no se podrá llenar andaba temiendo la Navidad, casi huyéndola, pero llega. Y con ella, los gestos de amor de los amigos. Tengo varios esta vez. Algunos podré publicarlos aquí, otros no. Un gesto anual de cariño y buen hacer lo tiene Mónica, del blog Neogéminis. El extraño mundo de Neo, que todos los años nos reúne a un puñado de autores de blogs para regalarnos una postal y sus buenos deseos. Aquí están las mías, que agradezco como cada año a Mónica porque sé que llevan trabajo y nervios para llegar a tiempo. Solo por eso merece la pena felicitar la Navidad y el Año Nuevo, que los buenos deseos no deben hacernos nunca daño, no andemos tan remilgados.

En breve daré cuenta de otro motivo público por el que este año los amigos me reconcilian con la Navidad.

lunes, 9 de diciembre de 2019

Me he dejado algo


En la estación de Chamartín me tomé el segundo café del día. Iba de paso entre cientos de personas que regresaban a casa después de los días de puente. Pensaba en que me había dejado algo. No allí, no en el tren que me llevó hasta Madrid. Más abajo. Recordé la vista del Guadiana, casi mar, desde el mirador. La luz, el color esmeralda, el sosiego. Pagué el café, cabizbajo.

domingo, 8 de diciembre de 2019

Mujeres: corto y cambio. Una mirada a las mujeres de la generación del 27 a través del collage, de Maribel Muñoz


Hasta el día 15 de diciembre puede contemplarse en la Casa de Zorrilla de Valladolid, dentro del programa Valladolid Letraherido, la exposición de Maribel Muñoz Mujeres: corto y cambio. Una mirada a las mujeres de la generación del 27 a través del collage. Es una muestra excepcional tanto en su idea como en su realización técnica. Aunque en la Casa no se ha podido instalar completa, lo que se expone es tan significativo que los interesados no pueden perder la oportunidad. Puede visitarse en las horas habituales del Museo Casa Zorrilla.

A partir de la técnica de collage, la artista bejarana residente en Madrid, homenajea a las mujeres de la vanguardia española cuya recuperación completa sigue siendo necesaria para que la historia de la cultura española de aquellos tiempos esté completa. Su técnica es mixta, introduciendo objetos y texturas diferentes que aportan interrogantes al espectador, que se ve aludido por lo que observa. El impulso inicial parte de una fotografía de juventud de la escritora Ernestina de Champourcin (1905-1999) y desde ella reflexiona y juega inteligentemente sobre su ausencia, la ocultación y el significado de todo ello. Pero no solo en la historia: haría mal el observador en pensar que lo que ve es solo una recuperación de esta y de otras mujeres artistas del pasado, puesto que la actualización a nuestros días nos lleva a preguntarnos sobre nuestra posición hoy al respecto.

Maribel Muñoz es precisa en el trabajo con el collage, desde la técnica primera hasta su deriva hacia la pintura, profunda en la reflexión, firme en la intención y delicada en el resultado final. Todo ello es una suma de la que no podemos eliminar ningún elemento.

Hace unos días anunció en su perfil de Facebook (de allí tomo las fotografías de abajo) el hallazgo de un fragmento de azulejo del siglo XIX en la finca conocida como La Francesa, junto al cedro centenario de Béjar. Prometió devolverlo a su lugar contando una historia sobre la ruina, el tiempo y la infancia. El sábado pasado dio cuenta del resultado con el que devolvía el objeto a su lugar de procedencia con un contenido ampliado por ese misterioso cruce de biografías y experiencias personales. Solo el arte puede resultar tan certero.






Móvil. Intervención sobre un cuadro de Maruja Mallo de 1928 (Dos mujeres en la playa).

sábado, 7 de diciembre de 2019

Tan poético yo, tan de diario el mundo que atardece


Atardecer en el Guadiana bajo -ese hermoso atardecer regalado de cada día-. La ligera brisa que subía desde el río ya casi mar, piel. Un estremecimiento, carne de gallina. Vengo yo desde Castilla (hace solo unas pocas horas), que mira hacia el invierno con su pretensión severa. Este otoño, por arriba, ha llovido como no lo ha hecho en los otoños pasados. Aquí la tierra parece necesitada de agua, tan cerca del agua. Baja lento y hermoso el río esmeralda. El atardecer desde el mirador del castillo, la caída del sol, más lento que allá arriba. Abajo, un pastor recogía sus ovejas en una parcela con gallinas, dos mulas y un par de burros. Festejan las gallinas su llegada. Más abajo, en el río dos pequeños barcos pesqueros van o vuelven del trabajo. Tan poético yo, tan de diario el mundo. En el horizonte, acaba de ponerse la tarde.

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Luz

 

Si todo fuera luz, no existiríamos.
*
En el arranque de La voz a ti debida, Pedro Salinas invierte los valores habituales del amado y el amante. En este caso, se deja hacer. En ese maravilloso primer fragmento, el yo poético ya no es quien ama sino el amado y carga con el significado de la duda y de la oscuridad frente a la acción luminosa del ser amante. El trabajo poético es eso: desvelar lo que estaba oculto, a veces de tan evidente que parecía.
*
A los cielos con luces sucias, dan ganas de ponerse la cofia más velazqueña posible y pasarles una bayeta para abrillantarlos.
*
El filósofo Diógenes buscaba un hombre honrado en Atenas con la luz de un candil a pleno día. Amplió tanto su búsqueda que ahora proyecta un viaje a otros planetas, sin esperanza alguna.
*
Solo Machado pudo guardar la luz de la infancia en un verso. Necesitó toda una vida, una situación dramática y una tragedia histórica.
*
La memoria de la luz en tus ojos, solo en ellos. Una luz que se hace aguamarina y tornasola hacia verde denso y mar. Que sea el último calor que me lleve.