jueves, 19 de julio de 2018

Balance de un año en el club de lectura


Durante el presente curso hemos leído, de octubre a junio, una selección de novelas de María de Zayas (de su obra Novelas amorosas y ejemplares), La sirena de Gibraltar de Leandro Pérez, Don Juan Tenorio de José Zorrilla, La noche que no paró de llover de Laura Castañón, Pedro Páramo de Juan Rulfo, El hombre pez de José Antonio Abella, Juana la loca. La cautiva de Tordesillas de Manuel Fernández Álvarez, Akúside de Ángel Vallecillo, Los refugios de la memoria de José Luis Cancho y El pisito de Rafael Azcona. Unas han suscitado más interés que otras pero el conjunto es bien diverso y abre mucho el abanico de lo que suele leerse en los clubs de lectura al uso. Os invito a reflejar con vuestros comentarios las opiniones sobre lo leído en esta ocasión, más de diez años después del inicio del club.

Como es habitual, ha predominado el género narrativo en varios formatos (novela, novela breve, distopía...) pero también hemos abordado otros géneros como el teatro y, por primera vez, una biografía y un texto autobiográfico. Este año ha faltado la poesía, a la que parecen ser más reacios los lectores que siguen este club y cuya ausencia suelo compensar con muchas reseñas de poemarios en este blog. Los autores son de distintas épocas y hemos alternado autores vivos y autores ya fallecidos.

Como es habitual también en este club, hemos mantenido encuentros con algunos de estos autores (Leandro Pérez, José Antonio Abella y José Luis Cancho) y se frustró por el temporal de nieve el previsto con Laura Castañón.

También hemos aprovechado los títulos leídos para hacer excursiones que nos ayudaran a comprenderlos y con un excelente resultado tanto en el interés de lo visto como para estrechar las relaciones entre los lectores: José Zorrilla nos llevó a Valladolid con motivo de las celebraciones del bicentenario del autor y la reina Juana a Tordesillas para visitar los lugares en los que pasó sus últimos años.

Finalmente, el cierre de curso lo celebramos en otro espacio de gran interés: el palacio de la Isla de Burgos, actual sede del Instituto de la Lengua de Castilla y León, que nos puso sus instalaciones a nuestra disposición en una organización perfecta y una acogida cariñosa que agradecemos.

Ha sido un curso intenso y ahora toca descansar leyendo lo que a cada uno le apetezca porque el verano siempre ha sido un tiempo asociado a la lectura.

Como sabéis, admito sugerencias de lecturas en los próximos días: podéis dejarlas como comentarios en Facebook o en este mismo blog. O hacérmelas llegar por correo electrónico.

El próximo jueves facilitaré los primeros títulos que leeremos el próximo curso y la información para poder seguir el Club de lectura tanto en su formato presencial como en el virtual.

miércoles, 18 de julio de 2018

Un maniquí del siglo XVI


Contemplo este maniquí anatómico del siglo XVI realizado por el escultor Mateo Vangorla y pensado para que los estudiantes de cirugía de la Universidad de Salamanca practicaran vendajes y otras operaciones. Alejado ya de la función para la que fue concebido tiene algo que sobrecoge y atemoriza, como esos muñecos de las películas de terror que cobran vida para asesinar a los habitantes de una casa. Parece abstraído, como si escuchara el trino de los pájaros del jardín vecino o un violín lejano o quizá solo esté pensando en qué hará con nosotros cuando lo rescaten de la vitrina sus nietos, los androides. A su manera, se sonríe.



martes, 17 de julio de 2018

Atardecer


Hay un centro del centro de las cosas
en donde las vacía
el aire
con la dulzura firme del amor.

Atardece la tierra sobre el trigo
infinito del valle
y es todo espacio
rendido a la cosecha
del día:
el arroyo, la ermita, la bajada
hacia las fuentes,
las risas de los chopos,
la lentitud
del tiempo del verano.

Hay un refugio así,
al que se llega herido por la vida
como uno de esos corzos que escaparon
del miedo.

© Pedro Ojeda Escudero, 2018

lunes, 16 de julio de 2018

La invención del cuerpo



Desde que María Bolaños se puso al frente del Museo Nacional de Escultura de Valladolid y promovió un nuevo formato de exposiciones temporales, siempre que se inaugura una me dispongo al asombro. Desde Lo sagrado hecho real (2010) no recuerdo ni una sola que no me haya sorprendido, gustado y apreciado en lo que se muestra pero, sobre todo, en el sentido didáctico e investigador del recorrido expositivo. Acudo a ellas no solo a apreciar la calidad de cada una de las piezas sino también dispuesto a aprender una nueva manera de mirarlas y entender al artista que las realizó y su época.

La invención del cuerpo. Desnudos, anatomía, pasiones (hasta el 4 de noviembre), organizada con el Museo de San Telmo de San Sebastián, muestra un centenar de piezas, todas ellas asombrosas. Reunidas permiten su lectura contextualizándolas en uno de los grandes avances del pensamiento renacentista: el cuerpo humano como centro de la reflexión filosófica, científica y artística, como portador de un propio significado y de una forma racional de comprender el mundo. Aquel cambio se extendió por todas las ramas del saber e implicó también a la literatura y el arte. Este no pudo entenderse desde ese momento sin los avances científicos que permitieron el conocimiento del cuerpo humano. No se trataba solo de un conocimiento anatómico sino de todo un cambio de perspectiva que desligaba su representación de lo teológico aunque aún debiera trabajar temas religiosos principalmente por quienes encargaban las obras y las pagaban.

Para un mayor conocimiento, muchos pintores y escultores practicaron disecciones y vaciados de cuerpos, trabajaron en sus talleres con cuerpos y esqueletos de ajusticiados, compraron ilegalmente cadáveres, rompieron todos los tabúes y prohiciones que sobre el cuerpo humano como vaso sagrado del alma se habían establecido. Fueron avanzados en la práctica de una nueva forma de pensar. A su vez, prestaron su técnica para realizar dibujos que luego se publicaban como grabados en los libros de anatomía, realizaron moldes en cera para las clases de anatomía y cirugía, etc. Todo ello supuso un salto cualitativo en la representación del cuerpo humano en la pintura y en la escultura, junto al estudio de los modelos clásicos entendidos ahora en su plenitud.

La exposición se estructura en seis secciones que nos muestran los aspectos más interesantes de ese proceso: Cuerpos en el taller del artista, Cuerpos en acción, hombres máquina, La anatomía y su sombra, El gran espectáculo de las emociones, La violencia, el cuerpo, lo sagrado, Carnositá, figuras de la plenitud. El recorrido se entiende sobre todo desde la cultura española y católica y por ello una parte sumamente interesante se dedica a la manera dramática de representación de pasajes bíblicos o figuras del imaginario católico en las que las pasiones se entendían como ejemplos de comportamiento cristiano relacionados con el sufrimiento, el sacrificio y el dolor que acercaban al ser humano a Dios. Es interesante recordar cómo en el norte de Europa, tras la reforma, estos mismos conocimientos se aplicaron a la representación del mundo burgués.

Confrontando los libros de estudios anatómicos expuestos, leídas algunas piezas como un muestrario de posiciones del cuerpo humano que sugieren las emociones de cada tema al espectador, contempladas algunas imágenes como un prodigioso ejercicio de dominio de todas las posiciones que puede adoptar un cuerpo, hasta el alarde técnico, se entiende mejor el arte renacentista y barroco, de otra manera, de forma más completa. Hay dos guiños interesantes en la exposición: comienza con una obra del taller de Rubens y termina con una pieza de Goya en la que la carnalidad es el tema esencial, mucho más que cualquier sentido alegórico que esconda el cuadro, el cuerpo se convierte definitivamente en el protagonista del arte sin ningún complejo o precaución moral.

Vayan a ver esta exposición.

Como sugerencia: consulten y descarguen el material que se encuentra en la página del Museo.

domingo, 15 de julio de 2018

Juan Genovés. La intensidad del silencio


Uno de los problemas de la obra de arte realizada con intención política para actuar en una situación histórica concreta, es que puede pasar su tiempo cuando las circunstancias cambian. Suele ocurrir, también, que el estilo en el que se realiza es propio de esa inmediatez y se subordina su calidad al efecto de denuncia que se busca. Cuando se revisita ese tipo de arte suele quedar solo el testimonio de una época y las marcas temáticas y los procedimientos usados amarillean como el papel de los periódicos viejos. Fueron útiles pero envejecen pronto. La obra de Juan Genovés (Valencia, 1930) es reconocible desde los años sesenta, cuando ejerció el compromiso social y político a través de su pintura, en la que creo un sello personal rápidamente identificable. Es innegable su inmediatez, su intención ideológica y su denuncia del régimen dictatorial de Franco como después ocurriera con su compromiso con la transición hacia la democracia. Sin embargo, con la obra de Genovés no ha ocurrido lo que sucede con aquellas obras de arte que no superan su condición de panfleto, sino todo lo contrario.

He revisitado la obra plástica de Genovés en esta muestra antológica del Patio Herreriano de Valladolid (Juan Genovés. La intensidad del silencio, hasta el 23 de septiembre), comisariada por María Toral. Sesenta piezas que abarcan desde los años sesenta hasta la actualidad -Tempo es la primera vez que se exhibe-. Desde aquellas piezas en las que se jugaba con la imagen oficial del régimen para denunciar la grisura, la despediada caza del disidente (seres humanos sin rostro, igualados por un tratamiento de la ropa en la que se percibía toda la densidad del momento, el simbolismo de los gestos, de los detalles) hasta estos últimos movimientos de masas anónimas de individuos en los que predomina el ritmo de las líneas (casi siempre la curva) y los espacios vacíos que crean un movimiento en la pintura y una necesidad de acompañarlo en el ojo que la contempla...

Genovés no ha cerrado su significado con la caída del régimen dictatorial al que combatió o con el paso del tiempo sobre la transición que simbolizó con sus abrazos, todo lo contrario. Su obra superaba el panfleto o el manifiesto, es evidente, y ha trascendido su tiempo aunque pueda considerarse, también, un testimonio de la época en la que fue pintada.  Con el paso de tiempo, su obra de los años sesenta y setenta ha adquirido un valor universal de denuncia de los sistemas opresores, de la injusticia social y de la grisura de cualquier ideología que despersonaliza al ser humano.

Todo eso se confirma en las obras de las últimas décadas, especialmente en el uso de las masas de pintura acrílica mezclada con pequeños objetos para que cada uno de los personajes tengan su propia condición individual y que no la pierdan al ser tratados como masa anónima. Estos cuadros -especialmente los de gran formato- requieren la contemplación desde lejos y la cercana para apreciarlo. Desde lejos vemos grupos de seres humanos moviéndose en un espacio tratado a veces como terra incognita y en otras ocasiones como barrera. De alguna manera continúa el miedo retratado en sus primeros tiempos, la sensación de miedo hacia lo desconocido, hacia lo que se adivina violento y opresor, hacia todo aquello que nos hace huir y movernos, marcharnos de algún sitio sin saber muy bien dónde terminaremos. Los gestos de estos diminutos personajes mirados desde arriba para dimensionarlos en su debilidad son de espanto, de apresuramiento, de escape pero sin una meta que pueda liberarlos de ese miedo que se les ha instalado dentro.

Esta extraordinaria muestra de Genovés -que podría haberse cuidado un poco mejor en la disposición y en la explicación facilitada en los paneles pero cuyo folleto y catálogo animo a coleccionar- no deja indemne a quien la contempla puesto que se ve interpelado en un perfecto ejemplo de cómo el arte puede sumar la técnica y la propuesta del mensaje.


viernes, 13 de julio de 2018

Valladolid Letraherido




Letraherido, aficionado a la letras o a la lectura, apasionado por la literatura. El Valladolid letraherido: una ciudad que quiere a apostar por la literatura, un programa marco que acogerá todo lo relacionado con las letras promovido y alentado desde la concejalía de cultura del ayuntamiento de Valladolid en diálogo constante con otras instituciones y las asociaciones y colectivos culturales locales pero con una mirada constante hacia el ámbito nacional. Programa abierto y participativo que sumará a las acciones culturales que ya se han consolidado otras nuevas, con un formato que intentará ser actual y en el que el respeto sea la línea fundamental, que unirá las diferentes tendencias y manifestaciones literarias, asociaciones y grupos, instituciones y personas.

Tendré el honor y la responsabilidad de dirigir, en colaboración con Paz Altés, este programa coordinado desde el Centro de Publicaciones y Programas de Promoción del libro ubicado en la Casa de Zorrilla de Valladolid, que se ha convertido ya en un referente nacional en la organización de actividades culturales.

Esta mañana, con la concejala de cultura, Ana Redondo, y Juan Manuel Sanz, gerente de la Fundación Municipal de Cultura, hemos presentado el programa ante la prensa y los agentes culturales de la ciudad que pudieron acompañarnos. Ha sido bien acogido. Los que lo hemos trabajado desde hace meses hemos puesto mucho cariño y esfuerzo en el proyecto. Comenzamos en septiembre, con muchas ganas de escuchar propuestas y sugerencias para ediciones posteriores.


jueves, 12 de julio de 2018

Como ya nos podemos casar, esta noche, si quieres... El final de El pisito y noticias de nuestras lecturas


Por muy absurdo que pareciera la situación, Rodolfo se casa con doña Martina: todo conspiraba para que así sucediera. Cuando la sociedad juega a la hipocresía moral y no abre las puertas de la libertad siempre hay personas que se quedan atrapadas en tierra de nadie, como les sucede a Rodolfo y Petrita y otras que se aprovechan de sus esperanzas. Ni siquiera hay que tener grandes sueños para que la realidad te los mate: basta con querer formar una familia en un piso propio y tener vidas normales. Y en su camino por la grisura de la vida que les ha tocado vivir no encuentran nada noble a lo que agarrarse, sino supervivientes de la situación, pícaros y especuladores. La risa se nos ha ido congelando y hay un momento en El pisito en el que recurrimos a ella -inteligentemente provocada por Rafael Azcona en algunos golpes humorísticos- como un mecanismo para superar la angustia que nos provoca todo. En uno de los momentos más tristes de la narración, Rodolfo y Petrita bailan en las Cuevas de Sésamo y se dan cuenta de que su vida, ajustada a las normas sociales, les ha impedido ser felices: se deberían haber casado jóvenes, cuando aún se amaban de verdad y no tenían nada más que ese amor. Los catorce años de largo noviazgo -incluidos los años de matrimonio blanco de Rodolfo- han matado sus ilusiones y su amor y solo les ha dejado la rutina y la necesidad de casarse, una necesidad angustiosa y patética. Querían cumplir con lo que las normas sociales les deparaba y han encontrado la tristeza y una espera angustiosa. No dejan de ser culpables ellos mismos: a Rodolfo se le fue pasando la pasión y su carácter era el de un pacato; Petrita también es egoísta, quiere tener una vida estable y burguesa y no se deja arrastrar por sus sentimientos. Solo cuando ha conseguido lo que busca -un piso- accede: Como ya nos podemos casar, esta noche, si quieres...

En el fondo, la sociedad española retratada por Azcona es opresiva, gris e hipócrita porque todo el sistema moral en el que se basa lo propicia y las personas se mueven en ella procurando una felicidad que nunca podrán alcanzar de forma intensa y plena.

Noticias de nuestras lecturas



El pasado sábado día 7 de julio celebramos el último encuentro del club en el Palacio de la Isla de Burgos, sede del Instituto de la Lengua de Castilla y León. Fue un día estupendo e intenso que comenzó con la visita guiada al Palacio de la Isla (Gerardo Alameda fue un excelente guía y le agradezco sus atenciones, que consiguieron que todo resultara muy bien),  y prosiguió con la explicación de la exposición de retratos de escritores castellano leoneses del pintor Félix de la Vega, recientemente fallecido, y la sesión de comentario sobre El pisito de Rafael Azcona, lectura con la que se cierra el curso. La comida posterior contribuyó a cerrarlo todo como se debe. Incluso la fuerte tormenta que descargó sobre Burgos nos pilló en la sobremesa y nos ofreció un magnífico espectáculo natural. Agradezco al Instituto de la Lengua de Castilla y León que nos permitiera usar sus instalaciones para clausurar el curso: todo han sido facilidades, cariño y apoyo.


Tal y como figuraba en el programa, regalé un ejemplar de mi poemario piel a la primera persona que apareció vestida a la pamplonica. El ejemplar tenía un poema autógrafo e inédito que figurará en mi próximo libro. La ganadora resultó Sakura y me alegra mucho que el libro haya sido para ella: es la hija de Neftis Paloma, que ha interpretado con tanta sensibilidad como profesionalidad mis poemas con su danza, como muchos sabéis.


Y aquí los cuatro lectores que resultaron ganadores en el sorteo de los ejemplares del mejor libro escrito sobre la obra literaria de Rafael Azcona donados al club tan generosamente por su autor, Juan Antonio Ríos Carratalá.

Podéis acceder a una crónica más amplia en el excelente y completo texto que ha publicado Mª Ángeles Merino en su blog.

En próximas entradas del mes de julio daré a conocer los títulos que leeremos en el próximo curso.

Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles hayan publicado los blogs amigos. Entrada del Club de lectura cada jueves, en este blog, Información sobre el presente curso en el club en este enlace. Esta lectura de junio es la última del presente curso.

miércoles, 11 de julio de 2018

El silencio del hombre sin otro hombre de Rodrigo Garrido Paniagua


Anoten el nombre de Rodrigo Garrido Paniagua (Valladolid, 1978), es un autor que ha experimentado un crecimiento notable como poeta desde sus inicios en la escritura, hace apenas diez años, y en el que se adivina ya una buena y larga carrera como escritor con voz propia. Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Valladolid, profesor de Geografía e Historia en Secundaria, se lanzó a la poesía en el grupo Susurros a pleno pulmón de su ciudad natal, que naciera con el modelo de micrófono abierto común a tantas iniciativas similares en España. Desde entonces ha visto su nombre frecuentemente en festivales, revistas y antologías y publicado tres poemarios: Los dormidos (Origami, 2014), La primera vez que vi un animal muerto (DIFÁCIL, 2016) y ahora El silencio del hombre sin otro hombre (DIFÁCIL, 2018). 

Los dormidos tiene algunos de los defectos propios de un primer libro escrito por el impulso de la necesidad comprensible de escribir y publicar pero también toda la potencia creativa que era ya un anuncio de lo que vendría después. Se trataba de un poemario de contenido social que buscaba implicarse en la situación española del momento. La primera vez que vi un animal muerto supuso un salto cualitativo notable de calidad y propósito poético. El autor tomaba distancia y reflexión, profundizaba en la escritura y se medía con uno de los temas más importantes de la poesía de todos los tiempos, la condición mortal del ser humano y cómo lo dimensiona. El paso entre una poesía inmediata a otra de mayor calado sin perder por ello ni la conciencia social ni la propuesta moral ante la realidad humana. Ese poemario está muy enlazado con el que ahora nos ocupa. Ambos magníficamente editados por César Sanz para DIFÁCIL.

El silencio del hombre sin otro hombre se abre con una cita de un clásico de la divulgación científica de los años noventa, La más bella historia del mundo en una declaración de intenciones: pretende reflexionar sobre la historia del ser humano, su pasado, su presente y su futuro. Consta de cuatro partes (Fiesta de la luz, con la explosión inicial que dio nacimiento al universo conocido; En el principio de un nuevo mundo, con el nacimiento de la vida y el origen del ser humano; Todo el que nace está destinado a contar su tiempo, el núcleo del libro, desde el que se gestó, que atraviesa la conciencia del ser humano como especie hasta el presente tecnológico; Un astronauta envía por Twitter imágenes de la Tierra, en el que se abre el horizonte nuevo del espacio exterior al que se asoma con vértigo el ser humano que apenas hace nada pintaba bisontes en las cuevas). Cada parte se abre con una cita que es también un pista lectora para reconstruir el mundo de referencias del autor: Ángel Guinda, Lêdo Ivo, Jorge Riechmann y David Eloy Rodríguez. Si sumamos ensayos como Sapiens (2011) y películas ya clásicas de la ciencia ficción como 2001: Una odisea en el espacio (1968), Blade Runner (1982) y Her (2013), completaríamos el mundo de partida de la excelente propuesta de El silencio del hombre sin otro hombre que transita por uno de los caminos fundamentales de la poesía de todos los tiempos: el conocimiento del ser humano, de sus temores y esperanzas, de su posición en la historia de la Tierra y de sus horizontes futuros.

Los textos de este poemario se construyen minuciosa y estudiadamente contra la forma tradicional del poema. Trabaja Garrido Paniagua con una sucesión de pensamientos y aforismos y apenas algunos nexos sintácticos. Resulta cada poema casi por sedimentación de esos pensamientos y el ritmo procede precisamente de su disposición y de los silencios y saltos entre ellos. Estos silencios son importantísimos para ese ritmo pero también para la recepción porque dan pie a que el lector reflexione por sí mismo, encuentre sus propias respuestas a las preguntas planteadas en la escritura de Garrido. Tanto la estructura como la disposición rítmica del conjunto y de cada poema está muy trabajada y es una marca de estilo de los dos últimos poemarios del autor.

Y el poemario se adentra en la conciencia del ser humano, el conflicto entre el individuo y la identificación de especie, el tiempo como parte esencial de nuestra historia colectiva (Todo el que nace, / está destinado a contar su tiempoSomos nómadas en el tiempo), el constante temor y la presencia de todas las emociones que nos hacen humanos (Nazco cada vez que arranco a llorar) pero  también sus nuevas circunstancias en el mundo de hoy por los avances de la genética (Ser dioses después de los dioses) y nuevas perplejidades (Me he enamorado de una mujer artificial), la relación actual con la tecnología y la imagen y sus apasionantes fronteras: el transhumanismo, la inteligencia artificial, el pensamiento colectivo. La condición verdadera del arte como expresión humana que se pone en cuestión ahora con los avances tecnológicos (el poema Un robot pinta como Picasso). Por lo tanto, la esencia misma de lo que somos expresada de una manera radicalmente actual pero sin perder las claves de lo que siempre hemos sido, desde las primeras huellas que hemos dejado en el planeta (que juega con la huella en la Luna del último poema):

Observo una fotografía
del fondo de mis ojos.

En su precipicio
                           espero encontrar
una larga lista de antepasados
que me lleve,
                      obligatoriamente,
a las manos pintadas de una cueva.

Un poemario lleno de preguntas apasionantes sobre lo que somos los seres humanos, lo que nos hace precisamente humanos en un mundo que explora tantas posibilidades nuevas, resuelto con voz propia por el autor.

Rodrigo Garrido Paniagua es, además, coeditor en La penúltima editorial.
Durante la presentación del libro en el día de hoy, en la Casa Zorrilla de Valladolid,
 en un desayuno poético que no pudo celebrarse en el jardín por la amenaza de tormenta.
A mi derecha, el autor.  A mi izquierda, Charo Vergaz, que leyó una selección de poemas del libro.
Del perfil de Instagram de esta he tomado la fotografía.

Fotografía del acto tomada del perfil de Facebook de María José Amigo Gil.



martes, 10 de julio de 2018

Los cadáveres de las palabras de más


Van a desaparecer las cabinas de teléfono de las calles, convertidas en obsoletas por la telefonía móvil. Tendremos que buscar otro lugar en donde amontonar los cadáveres de las palabras de más: ahora las dejamos esparcidas por la calle después de pronunciarlas y hacemos que otros tropiecen con ellas.

lunes, 9 de julio de 2018

Cajas


Cajas. Es hora de recoger las cosas, almacenarlas ordenadas en las cajas. Aquí, aquí, aquí no. Apilar las cajas. Por colores, por tamaños, procurando llenar el espacio, aprovecharlo. Todo un año, antes de las vacaciones de verano. Rotularlas para encontrar enero o marzo o estas últimas lluvias o la nieve sobre tu nariz. Hay que escribir claro no vayamos a confundir los archivos y hallar mezclado lo malo y lo bueno, como en la vida. Separar el grano de la paja para cuando llegue el tiempo de sementera. Cuántos años caben en un año.

viernes, 6 de julio de 2018

Estamos como piojos en costura: razones para casarse por un piso y noticias de nuestras lecturas.


Tras la extraña e infructuosa entrevista con el casero, Rodolfo, en un arrebato colérico de los pocos que le permite su carácter indolente, exclamó que se casaría con la anciana doña Martina y heredaría el alquiler de su piso para después enviudar y casarse con Petrita. Esta se enfada con él y Rodolfo comienza un deambular por un Madrid que desvela ese interés por el segundo plano de la acción que tiene Azcona y que nos presenta, mejor que cualquier otra manera, la realidad de la sociedad madrileña y, por extensión, de la española.

El callista descuelga por la ventana una cesta para que en el bar de abajo la llenen de vino y queso; la Glorieta de Bilbao se antoja provinciana y ocupada por eternos opositores a Correos; la Gran Vía se figura cosmopolita y moderna y allí sueña Rodolfo con encontrarse con otra extranjera como la que estuvo a punto de ligarse tiempo atrás (como tope con una extranjera no se me va viva); su sombrero es recuperado por un barrendero con su escoba a cambio de aplastarlo contra un excremento de caballo (que la mierda trae suerte); en San Bernando se encuentra con un antiguo amigo que vive en provincias y que va de vez en cuando a la capital a desfogarse en los toros y a echar un polvo rapidito aprovechando la jaqueca de su mujer; el amigo, por supuesto, lo invita a gambas y cerveza y Rodolfo intenta sablearlo sin éxito; finalmente acabará su peregrinar en la calle del Limón porque no tiene más opción real en su vida que hacer las paces con su novia.

Petrita vive en una casa endemoniada, llena de gente, olores y gritos. Vive con Rosa, su hermana, y el marido de esta, Paco, un guardia municipal con sobrepeso que sufre de los pies. Y es allí en donde Rodolfo encuentra refuerzos inesperados para el descabellado plan de casarse con la anciana: Rosa está de nuevo embarazada y apoya la idea: estamos como piojos en costura. La mesa familiar es una puerta de madera colocada sobre la cama de matrimonio de la habitación con derecho a cocina. Todo conspira para que lo que parece una aberración deba hacerse:

Porque menuda ganga si os quedáis con el piso. Aparte, que mientras la vieja se muere se muere o no se muere, Petrita podía irse a vivir con vosotros, ¿no?

La necesidad derriba todos los frenos morales. E incluso el sentido común.
El próximo jueves terminamos con el comentario de El pisito.

Noticias de nuestras lecturas

Myriam Goldenberg nos regala dos cosas en su primera entrada sobre esta novela: un acertado análisis de la perspectiva del humor en la novela de Azcona y un muy buen diccionario de personajes, con su carácter. En su segunda entrega, analiza las relaciones entre los personajes y la forma de entenderlas. No os lo perdáis.

En una divertida y acertadísima entrada, Mª Ángeles Merino se desdobla con Austri para desdoblar Petritas: pasado y presente se dan la mano en una entrada que hace pensar. A ella os remito para salir del juego de palabras.

Para aquellos que duden sobre la textura real de la novelita de Azcona, recomiendo la entrada que le ha dedicado esta semana Luz del Olmo. Realidad hasta en el color del agua...

Os recuerdo:




miércoles, 4 de julio de 2018

Final de curso en el Club de lectura

La imagen de la maestra leyendo que se hizo para las presentaciones del excelente documental Las maestras de la república se convirtió inmediatamente en el símbolo de este club. Fui uno de los que tuvieron la fortuna de poseer esta estatuílla al presentar el documental en varias ocasiones.




Sábado 7 de julio.
Clausura del curso 2017-2018 y fiesta de despedida.

Este año el Club de lectura se clausura en un lugar muy especial. Con motivo de la exposición de la Galería de escritores modernos y contemporáneos de Castilla y León del pintor palentino Félix de la Vega, recientemente fallecido, el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua nos cede sus instalaciones en Burgos para celebrar nuestro fin de curso. Allí nos encontraremos para una visita cultural, celebrar nuestra reunión habitual, explicar las novedades del curso que viene y cerrar el año académico.

Esta actividad será gratuita y en abierto, hasta completar el aforo, con todos los que quieran acercarse a compartirla con los miembros del club de lectura. 

Atención: Aquellos que no sean miembros del club de lectura en su formato presencial es conveniente que reserven plaza en el teléfono que aparece en el cartel.

De todas las formas, los jueves de julio que restan seguiré publicando entradas en este blog para cerrar el comentario de El pisito, comentar las novedades del próximo club y facilitar el listado de las primeras lecturas. Admito sugerencias por medio de comentarios en esta entrada o en Facebook.

Programa:

12:00 hs. Recepción y visita guiada al Palacio de la Isla, que fue sede del gobierno militar de Franco durante la guerra civil pero que tiene una amplia historia que conoceremos.

12:30: Visita a la exposición Galería de escritores modernos y contemporáneos de Castilla y León de Félix de la Vega y sesión académica con el comentario de El pisito de Rafael Azcona. Se presentarán las novedades del próximo curso en el club de lectura y se cerrará informalmente el año.

(Tras el acto académico se celebrará una comida para los miembros del club a la que hay que apuntarse por los cauces habituales.)


Nota: dado el día de celebración del fin de curso, los participantes podrán acudir vestidos a la pamplonica. El profesor Pedro Ojeda regalará un ejemplar de su poemario piel ilustrado con un poema inédito de su próximo libro, al primero -miembro o no del club- que se presente vestido de dicha manera. La entrega del libro se cerrará con un fraternal abrazo.