lunes, 18 de marzo de 2019

Gelu


La imagen es la portada del blog de Gelu

Gelu (María Ángeles Martín Rodríguez), ha fallecido este pasado sábado. Mi amistad con ella procedía de los primeros tiempos de los blogs. El suyo, Penélope aguarda en Ítaca (qué hermoso y significativo título), se hermanó pronto con el mío a partir de la lectura que hicimos del Quijote en el club de lectura que lleva el nombre de mi blog y que ha quedado registrada como una de las aventuras más importantes que haya usado la red 2.0 para leer esta novela de forma completa. Siguió colaborando con todas las lecturas posteriores hasta la última entrada que publicó, el pasado 19 de diciembre. Además, publicaba otras entradas con diversa temática pero siempre con un amor grande por la cultura y sensibilidad hacia la música. Tenía también otros blogs: uno con recuerdos certeros y entrañables sobre su relación con el cine y otro con textos que le habían emocionado especialmente. En sus colaboraciones en el club de lectura que dirijo encontró una manera propia de hacer las aportaciones: seleccionaba fragmentos de la obra que, leídos, aclaraban su lectura; añadía también enlaces que la enriquecían y cuidaba especialmente la música.


 No sabía que estaba enferma. Su pérdida me ha llegado a través de María Ángeles Merino, que daba cuenta de una emocionante carta que le dirigía su hijo en las redes sociales. Por inesperada, me dejó dolorosamente perplejo. Su pérdida se une a la de otros miembros de este club de lectura que se marcharon antes: mis queridos Jan Puerta y Manuel Rosa Pastor. Compañeros en esta aventura de leer, de formentar la cultura escrita para que entre todos hagamos un mundo mejor, lleno de abrazos y tiempos destinados a los demás.

Gracias, Gelu. Gracias por tantos años de complicidad lectora, de amistad y de bien hacer. Que la tierra te sea leve.

miércoles, 6 de marzo de 2019

Años de mayor cuantía, de Tomás Sánchez Santiago, Premio de la Crítica de Castilla y León


Ayer martes, el jurado del Premio de la Crítica de Castilla y León (mantenido por el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua), del que soy miembro, ha decidido otorgar a Años de mayor cuantía de Tomás Sánchez Santiago el correspondiente al mejor de los libros publicados en 2018 por autor castellano y leonés. Coincide, además, que el libro ha sido publicado por Eolas, una editorial leonesa que lleva años con un catálogo de interés e importancia, lo que es una doble alegría aunque esto no haya sido condición ninguna para el premio. Esta nota la redacto de urgencia, camino de Sevilla, en donde me encontraré con mi club de lectura y los miembros de la Alumni Burgos que se han apuntado a la visita a esa ciudad con motivo de las conmemoraciones de la figura y obra del pintor Murillo y la lectura de la novela histórica sobre su vida escrita por Eva Díaz Pérez, El color de los ángeles. Completaré la información más adelante, con una reseña de la obra, que el pasado mes de noviembre obtuvo también el Premio Tigre Juan de narrativa.

Sánchez Santiago (Zamora, 1957) es autor de una larga trayectoria, especialmente en la poesía. El volumen con el que ha obtenido el premio es muy especial y su género puede resumirse en el acertado subtítulo, que ya anticipa la clave del juego entre géneros que establece: Memoria y fábula. En él se reúne el relato de una vida a través de los recuerdos pero también la construcción de lo literario. En palabras del autor:

He aquí depositado en el aire -o casi- el testimonio de un hombre que para hablar ha escuchado antes mucho. [...] Hay, por tanto, un extraño juego de intersecciones entre esos verbos que configuran nuestra relación expresiva con el mundo. Con lo demás del mundo.

Una suma de formas de narrar con un gran peso de la oralidad que arrastra al lector. Aquellos que no conozcan la obra de Tomás Sánchez Santiago pueden entrar en ella de la mejora manera a partir de este texto; aquellos que ya la conozcan, disfrutarán enormemente con él.

El fallo tuvo lugar en Ávila y Ávila lucía hermosa.

miércoles, 27 de febrero de 2019

Cuánta alharaca. Sobre la primavera y España


La primavera tiene la manía de llegar cuando le da la gana, sin esperar a calendarios ni astronomías que valgan. A veces prematura, otras tarda y lenta. Ando cansado detrás de ella, jugando al ratón y al gato, vistiéndome para salir de casa a buena mañana y desvistiéndome por capas a lo largo del día, con zapatos de verano y camisa de invierno o al revés, qué se yo si me compongo por la mañana a pedazos y regreso a casa por la noche despiezado, fatigado de calor antes de tiempo pero alegre de haber recibido la luz del sol a mediodía.

Anda España igual que la primavera, me temo. Entre prematura y tarda, desordenada y sin más plan que el de hacer bulla diaria sin que nadie -ni los unos ni los otros- piense en el medio plazo y en los problemas serios. Eso sí, qué gestos, qué de banderas y cuánta alharaca.

viernes, 22 de febrero de 2019

Un pintor se cae del andamio: inicio de la lectura de El color de los ángeles y noticias de nuestras lecturas.


Una leyenda sevillana cuenta que una gitana le leyó la mano a Bartolomé Esteban Murillo y le previno para que huyera de las bodas porque en una de ellas le ocurriría una desgracia. Dice también que el pintor era supersticioso y huyó de estas ceremonias hasta que se cayó de un andamio pintando los Desposorios místicos de Santa Catalina, un encargo del convento de los capuchinos de Cádiz para el retablo mayor de la ya desaparecida iglesia de Santa Catalina. Era enero de 1682 y el pintor contaba ya con sesenta años. El cuadro representa la unión mística de la santa con Dios. La misma leyenda dice que el pintor moriría el 3 de abril siguiente a consecuencia de aquella caída y que no pudo completar el cuadro. Esta leyenda tiene todo el aroma de un invento posterior y novelesco, pero sea como sea, aquel accidente provocó que Murillo dejara de pintar y tuvo mucho que ver con su fallecimiento.

La escritora y periodista Eva Díaz Pérez (Sevila, 1971) comienza El color de los ángeles (Planeta, 2017) narrando aquella caída del andamio con un lenguaje que nos introduce plenamente en el mundo de olores, color y sensaciones que rodeaban a Murillo en su taller. Obsesionado por conseguir el azul místico con el que dotar de vida propia al lienzo, el pintor sube al andamio, tropieza y cae. Guardando reposo en un intento de recuperación, el pintor recuerda su vida inevitablemente mezclada con la evolución de la ciudad. Sevilla es, sin duda, un personaje más de la narración: la ciudad cambia, como cambia España y el mundo. Esta tensión entre lo biográfico y la ciudad es uno de los aciertos de esta novela cuya lectura nos acompañará en las próximas semanas: Murillo y Sevilla, Murillo y la pintura.

De entre los títulos en los que Murillo ha sido personaje literario con motivo del cuarto centenario de su nacimiento, son reseñables dos novelas: la de Eva Díaz Pérez y El enigma Murillo de Andrés González Barba. Este narra el saqueo de cuadros de Murillo que protagonizaron las tropas francesas del mariscal Soult, del ejército napoleónico, en Sevilla (uno de los varios ejemplos de depredación del patrimonio cultural de las tropas francesas a su paso por España, que solían valorar y apreciar más el arte español que los propios nacionales). He elegido la de Díaz Pérez por remontarse a la Sevilla en de Murillo, reconstruir su vida a partir del accidente y levantarnos un cuadro fiel de los tiempos en los que le tocó vivir.


Y noticias de nuestras lecturas



Hasta Joaquín Sabina y Fito Páez lleva Pancho su comentario de Cien años de soledad, la novela de García Márquez que nos ocupó hace semanas. De su extraordinaria entrada me gusta mucho cómo ha sabido poner de relieve esos personajes de Macondo que se encierran durante años sin que el mundo parezca afectarles en su retiro...



Mª Ángeles Merino comenta con todo acierto el poemario de Luis Alberto de Cuenca que nos ocupó hace unos días, Cuaderno de vacaciones. No puedes dejar de leer su entrada.

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Cambios en el listado de lecturas del presente curso
 y otras noticias

  • Como a la ocasión la pintan calva, los miembros del club de lectura nos sumamos al proyectado viaje de Alumni UBU a Sevilla con motivo de la exposición que conmemora a Bartolomé Esteban Murillo en el Museo de Bellas Artes de aquella ciudad. Por esta razón, en el mes de febrero leeremos la novela El color de los ángeles de Eva Díaz Pérez (Planeta, 2017), que recrea la vida del pintor y la Sevilla de su tiempo. Así, las lecturas continuarán de la siguiente manera:

- Febrero: El color de los ángeles, de Eva Díaz Pérez.
- Marzo: Los amores equivocados, de Cristina Peri Rossi.
- Abril: Concierto barroco, de Alejo Carpentier.
- Mayo: Tea Rooms, de Luisa Carnés.
- Junio: La Tesis de Nancy, de Ramón J. Sender.


Recojo en estas noticias las entradas que hayan publicado los blogs amigos. Entrada del Club de lectura cada jueves (salvo casos excepcionales) en este blog, Información sobre el presente curso en el club en este enlace.

ADVERTENCIA: Las entradas de La Acequia tienen licencia Creative Commons 4.0 y están registradas como propiedad intelectual de Pedro Ojeda Escudero. Pueden ser usadas y reproducidas sin alterar, sin copias derivadas, citando la referencia y sin ánimo de lucro.

martes, 19 de febrero de 2019

Días de invierno. Poemas



De Javier G. Riobó (Béjar, 1957) sé decir que es un artista plástico de larga trayectoria, sereno y coherente en su producción, siempre fiel a unos presupuestos iniciales. Sé decir también que es mi amigo y que me enseñó a mirar de otra manera. Sé decir que su mirada añade una comprensión del mundo, otorgándole profundidad a partir de la superposición, eliminación o reordenación de las capas en las que se nos presenta la realidad que, al sumarse de nuevo, significan algo diferente, algo que no estaba en el punto de partida.

En esta muestra, que se exhibe en la Casa de Zorrilla de Valladolid hasta el 31 de marzo de 2019 dentro del programa Valladolid Letraherido, ofrece un camino frecuente en él, pero siempre sorprendente en los resultados. Javier García Riobó parte de periódicos en papel, construye sus textos artísticos de manera casi artesanal y los trasforma en objetos digitales para pasar el resultado, de nuevo, a una realidad tangible. En este camino de ida y vuelta, la mirada del artista ilumina el mundo y lo explica. El recorte del periódico, trabajado como collage, nos dice algo que no estaba inicialmente. O que solo la mirada del artista puede mostrarnos.

En los meses de un invierno (de ahí el título, Días de invierno) fue seleccionando del periódico del día y recortando minuciosamente imágenes: fragmentos de fotografías, bandas de colores. Guardan, en su raíz, la condición diaria de la noticia o de la publicidad, su fugacidad. Fueron publicadas para ser consumidas en el día, olvidadas después, sustituidas por otras al día siguiente. Incluso podríamos reconstruir su punto de partida y estudiar el contexto en el que aparecieron. Es el latido profundo de estas imágenes. Sin embargo, Javier García Riobó las dota de un nuevo significado cuando las combina, haciendo que trasciendan esa condición frágil de lo diario, transformándolas gracias al poder de la mirada artística, llevándolas a un poder universal y permanente. En las imágenes hallará el espectador aquel origen cotidiano y su trascendencia, sumadas para significar algo nuevo.

Ese es el mismo procedimiento con el que trabaja los poemas visuales que se exhiben en el monitor de la sala. Palabras recortadas de la prensa y combinadas. El contexto en el que se publicaron ha desaparecido, omitido voluntariamente por el artista, que selecciona las palabras adecuadas. Su nueva combinación hace que trasciendan. Alcanzan un significado que se nos ocultaba. El camino es el mismo: del papel periódico cotidiano al mundo artístico.

La obra artística de Javier García Riobó tiene otra virtud: nos interroga. El espectador no sale indemne de esa profunda mirada al mundo, que reordena la apariencia para que lo comprendamos mejor o de otra manera, para que nos preguntemos sobre nuestra propia forma de entenderlo.

Vayan a ver esta exposición. Merece la pena.

lunes, 18 de febrero de 2019

El conflicto permanente


Nos hemos acostumbrado a dialogar solo con los que piensan como nosotros -que tiene mucho de monólogo ante el espejo-, pero como no todos piensan en todo como nosotros, rozamos el permanente conflicto y algunos ansían la soledad. Observo pocas ganas de entenderse con aquel que no piensa igual. Se aguanta la conversación con el diferente cuando nos une con él algún tipo de interés. No en vano, sobre estos intereses creados escribió una farsa Jacinto Benavente: teje una red de intereses y triunfarás.  Llevamos un tiempo jugando con el desencuentro y de tanto andar alborotados terminaremos sin encontrarnos o, lo que es peor, encontrando al otro como enemigo. Los políticos dan mal ejemplo, los comunicadores juegan a la tensión permanente y muchos tiran de insulto fácil, gracieta de patio de colegio y repetición de tópicos. Todo esto ha calado ya en la población. Hace tiempo que decidí remansar mis opiniones en este blog. No fue tanto para evitar enfrentamientos como para procurar un espacio lejos del ruido porque soy un firme partidario de que todos los conflictos que hoy nos entontecen solo podremos salir con el diálogo reposado y sereno que busca puntos de encuentro y construye a partir de ellos. Me temo que hoy se dialoga poco: se habla para los propios, los convencidos. No buscamos acuerdos sino adhesiones. De hecho, suele sorprendernos que en nuestra red social haya quien no piense como nosotros. ¿Cómo es posible que se nos haya colado este?, pensamos. ¿Es que no sabe quiénes somos? De las épocas en permanente conflicto, las sociedades suelen salir muy malparadas. Y, me temo, España se ha instalado en una larga época de estas a la que todavía no le intuimos el final.

sábado, 16 de febrero de 2019

Me pregunto dónde hemos quedado


En este lugar hubo un río y un mercado, unas sidrerías y una hamburguesería de las de antes, casas pegadas a la iglesia; en las sidrerías limpiaban con serrín el suelo y se tomaban culines bien escanciados. Cuando la hamburguesería, no habían llegado a la ciudad los restaurantes de comida rápida que ahora las venden. Antes fue campo a las afueras de la ciudad, una loma que hoy nos pasa desapercibida. A la salida de una de esas sidrerías reíamos: jóvenes, despreocupados, algo afectados por la bebida. Cuando paso ahora me pregunto dónde hemos quedado.

martes, 12 de febrero de 2019

Un puñado de aforismos


Los besos nos convierten en seres alados.

Era experta en primeros besos, pero sus últimos resultaban algorítmicos.

Se preguntaba continuamente la razón por la que había perdido tantos amigos en la vida. A los pocos que le quedaban los ataba con halagos.

Se quedó perplejo cuando alguien le dijo que era un amigo interesado, le habían pillado en un oxímoron.

No entendía nada, pero con mucha firmeza.

Gritó consignas hasta quedarse calvo.

domingo, 10 de febrero de 2019

El almendro en flor de la cuesta de las Olivillas


Están los amigos atentos a mi encuentro anual con la floración de los almendros. Si cierro los ojos veo con nitidez los almendros en flor de Villa Paulita en una Semana Santa y siento el beso en la mejilla -niños los dos, quién sabe qué sintió ella al dármelo, pero yo aún lo recuerdo-; seguro que me engaño al hacer coincidir aquel beso con el vuelo de unas hormigas aladas, pero allí se me juntan sus labios besando mi rostro, las hormigas en espiral como una bruja y los cinco almendros en flor como fogonazos de la memoria. Ninguno de nosotros llamaba así la finca Minaya, claro. Los almendros, junto a las casas de los empleados, se pasaban el año disimulando su belleza, sirviendo de postes para los tendederos, hasta que no podían esconderla más. Luego venía treparlos para tomar los almendrucos y comerlos, casi siempre verdes. No había paciencia.

Uno se fija así en un almendro, como si lo descubriera, incrédulo, como si no hubiera estado allí hasta que llegan las flores. Sucede lo mismo con este de la cuesta de las Olivillas de Béjar. De pronto, está: es un almendro. Me lo dijeron al bajar en grupo de la Francesa: Ha florecido el almendro de las Olivillas. ¡Han florecido los almendros de las Olivillas, a la solana! Ha hecho su labor el sol de enero.

viernes, 8 de febrero de 2019

Una puesta de sol en El Bosque de Béjar. Fuera, el griterío.



En la villa de El Bosque de Béjar, la puesta del sol se encaja como en una postal antigua. Supieron los duques dónde edificarla. La ventaja es que, hagamos lo que hagamos, el sol seguirá despidiéndose aquí cada tarde con esta elegancia de hoy. Enfurruñados como estamos con nuestras cosas, asistiendo a la innoble forma de hacer política de estos tiempos, no solemos levantar la vista y pararnos solo para esto, para dejar que el sol se vaya allá en el horizonte, hacia la peña de Francia mientras juega la luz en el estanque. ¿Seremos tan estúpidos que el griterío nos impida tener la conciencia de que lo importante -hoy más que nunca- está en el silencio y no en la consigna? Detén el ruido, no dejes que otros te impidan ver la belleza del momento.

jueves, 7 de febrero de 2019

De Borges a la madre del poeta, algunas claves de Luis Alberto de Cuenca y noticias de nuestras lecturas, con anuncio de la próxima.


Ya es conocido. Uno de los rasgos del estilo de Luis Alberto de Cuenca es la mezcla, en el mismo poema, de elementos que provienen de la más alta cultura clásica con otros propios de la cultura popular de las últimas décadas (cómic, cine, música, etc.). Todo ello, en este poeta, se gira siempre hacia la experiencia personal. Luis Alberto de Cuenca ve el mundo y lo siente a través de esa cultura heterogénea, jugando a uno y otro lado del canon clásico (de ahí que se le pueda aplicar el concepto de transculturalidad), pero abre la puerta a los momentos vividos que luego explica con este rasgo de estilo que definimos. Por ejemplo, en el poema Me acuerdo de..., se enumeran los recuerdos que de forma poco ordenada le asaltan: Borges a través de Marcos Barnatán, una tienda de tebeos de su infancia, el pelmazo de Proust cuando desayuna magdalenas, profesores de colegio a partir de Shakespeare, sus hijos Álvaro e Inés a través de la lectura de Espronceda o El mago de Oz, etc. Pero el verso final cierra el poema, desnudo de esas referencias:

Me acuerdo de mi madre a todas horas

Esto también sucede en la parte final del poemario, que contiene poemas de amor que parecen -solo parecen- desnudos de retórica y referencias y por eso algunos lectores los preferirán sobre los anteriores. En Eva presente se comienza con el mito de Afrodita, con referencias a Cyrano y Gautier, para decantarse a través de la referencia bíblica del título, en una soberbia imagen personal:

Y entonces Dios,
que había imaginado el paraíso
bajo la especie de tu cuerpo,
te confió a mis brazos para siempre.

Este elemento transcultural, como el de la transvanguardia o transarte, define a Luis Alberto de Cuenca y a un grupo de escritores y artistas que comenzaron a expresarse a partir de los años setenta del pasado siglo. A la muerte del arte o de la cultura seguía el no arte y uno de sus elementos claves es lo heterogéneo de los materiales requeridos, pero siempre asimilados a partir de las experiencias biográficas y de una lectura personalísima de todo. Por supuesto que hubo mucha vanidad y cosas superfluas, como en todas las propuestas estéticas, pero hacerlo bien suponía un esfuerzo notable que no siempre ha sido apreciado por los críticos fáciles de aquella postmodernidad, que suelen confundir el rábano con las hojas. Sucede lo mismo con la técnica formal de los poemas de este volumen: no hay nada más difícil que hacer poesía que no lo parezca ni en el ritmo aunque lo tenga, puesto que no se trata de escribir cualquier cosa disimulándola de poesía como suelen hacer muchos de los imitadores de este estilo. Pruebe el lector.

Noticias de nuestras lecturas




Pancho continúa su atenta  lectura de Cien años de soledad, que nos ocupó hace unas semanas. Y aquí llega a una buena demostración de cómo se salta en la novela de lo real a lo mítico y viceversa...

Anuncio de la próxima lectura


El año pasado se conmemoraba el cuarto centenario del nacimiento del pintor sevillano Bartolomé Esteban Murillo. Con ese motivo, aparte de exposiciones, ciclos de conferencias y libros académicos, se publicaron varias obras que abordaban su vida desde la literatura. 

Sin pretensión de agotar el tema, la presencia de Murillo en obras literarias data de los tiempos en los que el pintor vivía, aunque sorprende la escasa atención que ha merecido uno de los pintores más importantes de todos los tiempos. De su tiempo, podemos señalar el romance El mulato de Murillo (1656). Del sevillano hablaron famosos viajeros románticos por España : G.H. Borrow y Richard Ford; también Bécquer, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Pedro Antonio de Alarcón, Campoamor e incluso Verne (el capitán tenía en el Nautilus una Asunción de Murillo); no faltaron referencias en Rubén Darío, Cansinos Assens, etc.

En el año del cuarto centenario se publicaron dos novelas escritas por periodistas sevillanos: El color de los ángeles, de Eva Díaz Pérez y El enigma Murillo de Andrés González Barba. La primera nos sitúa en la vida del pintor; la segunda trata del saqueo de sus obras en Sevilla por las tropas napoleónicas y está ambientada, por lo tanto, en el siglo XIX. Esa es una de las razones que me ha llevado a seleccionar la de Eva Díaz Pérez como lectura de las próximas semanas.

Cambios en el listado de lecturas del presente curso
 y otras noticias


  • Como a la ocasión la pintan calva, los miembros del club de lectura nos sumamos al proyectado viaje de Alumni UBU a Sevilla con motivo de la exposición que conmemora a Bartolomé Esteban Murillo en el Museo de Bellas Artes de aquella ciudad. Por esta razón, en el mes de febrero leeremos la novela El color de los ángeles de Eva Díaz Pérez (Planeta, 2017), que recrea la vida del pintor y la Sevilla de su tiempo. Así, las lecturas continuarán de la siguiente manera:

- Febrero: El color de los ángeles, de Eva Díaz Pérez.
- Marzo: Los amores equivocados, de Cristina Peri Rossi.
- Abril: Concierto barroco, de Alejo Carpentier.
- Mayo: Tea Rooms, de Luisa Carnés.
- Junio: La Tesis de Nancy, de Ramón J. Sender.


Recojo en estas noticias las entradas que hayan publicado los blogs amigos. Entrada del Club de lectura cada jueves (salvo casos excepcionales) en este blog, Información sobre el presente curso en el club en este enlace.

ADVERTENCIA: Las entradas de La Acequia tienen licencia Creative Commons 4.0 y están registradas como propiedad intelectual de Pedro Ojeda Escudero. Pueden ser usadas y reproducidas sin alterar, sin copias derivadas, citando la referencia y sin ánimo de lucro.

miércoles, 6 de febrero de 2019

Algunos buenos poetas abren puertas nuevas por las que se cuela el virus de la gripe


La mejor forma de saber si eres gigante es sentarte en una silla de la pretendida talla.

Le hicieron un traje de poeta. No supo ponérselo, claro.

A sus poemas se le saltaban todas las costuras.

Cuando se quiso dar cuenta, había publicado un puñado de libros. Fue entonces cuando sintió la necesidad de aprender a escribir.

Un poema no hace falta explicarlo, decía. En su caso era cierto, no tenía explicación posible.

Una vez fui a la presentación de un libro que se basaba en el Quijote y el presentador demostró, con lo que dijo, que no se había leído la novela de Cervantes o que no la había entendido, que viene a ser lo mismo. Luego ha criticado que los profesores de literatura no vayan a las presentaciones de libros. Hice bien en no identificarme.

Algunos buenos poetas abren puertas nuevas por las que se cuela el virus de la gripe.