Los humanos compartimos el 99.9% de los genes. No existen las razas. La única diferencia que existe entre nosotros es la de las oportunidades. El azar de haber nacido en un lugar o en otro, en una situación o en otra. Las diferencias de nuestra realidad socioeconómica y estructural condiciona nuestra pertenencia a una comunidad y a una clase social, la oportunidad de tener acceso a unos bienes, a una buena sanidad o a una educación adecuada, las circunstancias que pueden hacer posible que no sean otros los que nos inventen nuestra historia y nos fabriquen nuestro presente y nuestro futuro de acuerdo a ideologías o creencias que tienen su raíz en la diferencia y en el enfrentamiento. No hay nada en nosotros que nos haga superiores a otros seres humanos hasta el punto del enfrentamiento. La mayoría de los enfrentamientos que se dan en nuestro mundo se deben al adoctrinamiento, a la construcción de enemigos exteriores para no ver a los verdaderos causantes del dolor verdadero de la humanidad: la desigualdad. Quienes dictan doctrina y consignas lo hace por intereses que no son refugio de humanidad sino frío cálculo de poder y ambición que aumenta la desigualdad y concentra el poder con herramientas tan viejas como el mundo: la desinformación y el miedo. Es muy complicado ser un individuo en el sentido más elevado de este término, más aún un individuo consciente y solidario con los otros en mitad del ruido. Sobre todo en tiempos en los que han desatado las furias.
Miro atardecer estos días. Hoy ya no es tan visible el humo provocado por los incendios forestales cercanos. Ha caído el sol con una hermosísima gama de rojizos. En el cálculo astronómico, el 6 de agosto es el día central del verano por estas tierras. La primera mitad ha pasado demasiado rápido, ¿en qué he estado ocupado? Queda tiempo. Siempre hay tiempo para comenzar.










