miércoles, 8 de mayo de 2019

Navamuño


En el embalse de Navamuño salió el día invernizo. El embalse amansa el río Angostura -qué excelentes nombres los de los ríos de esta zona: Angostura, Cuerpo de Hombre, Ambroz-. Antonio dijo que parecía el mar del Norte, que es costumbre de poetas la hipérbole; Manolo, que es más de cosas concretas, se quedó con la experiencia puesto que allí había visto olas de algún metro en ocasiones y ni lluvia le parecía lo de hoy. A mí se me fue romántico el momento y en mitad de la galerna imaginé el paso fugaz de un bote de vela desarbolado con lord Byron de pie en la proa buscando un ideal que valiera una muerte. ¿Hay ideales que valen una muerte? Solo admito para iniciar el debate los que ponen en la mesa de juego la propia, no la ajena. Pero si la arriesgas por eso, piérdela. La concreción de todo ideal desmerece de la causa y ya no habrá tiempo de arrepentirse. Eso sí, aquellos que te sobrevivan te levantarán estatuas que ensuciarán las palomas.

martes, 7 de mayo de 2019

Esas cosas del prejuicio


La ortiga fétida (también ortiga manchada y ortiga muerta) espanta con el nombre. Sin embargo, no es urticante y sus flores tienen una sutil delicadeza. Es resistente al invierno y puede cubrir la parte baja del bosque y dicen que se puede consumir en ensaladas y sopas. Desapercibidas como hierbas, cuando florecen en mayo - o antes si el tiempo es benigno- no dejan de llamar la atención por la delicadeza de sus flores de un color púrpura sutil. Fétida, manchada y muerta. Esto es para que aprendamos a no prejuzgar las cosas.

lunes, 6 de mayo de 2019

Cornellá y Celidonia


Bandadas de niños y muchos ancianos. En San Ildefonso, un barrio de Cornellá de Llobregat levantado de la nada en los años del crecimiento económico de las décadas centrales del siglo XX, el excelente comunicador que es Jordi Évole -una de las mejores cosas que le han pasado a la televisión española en la última década- se despide del programa Salvados, del que he sido constante admirador en todos estos años. Incluso en los días en los que era más evidente el trabajo de guion que conducía hacia una respuesta ya conocida de antemano, ha sido una isla entre tanta mediocridad televisiva. En Salvados predominaba el diálogo y dejar hablar al entrevistado sea este quien fuera; la presencia de gente normal, el compromiso en los temas más áridos, sobre todo en los sociales; la valentía a la hora de afrontar temas que no suelen tener cabida en las horas de máxima audiencia. Es San Ildefonso un barrio de inmigrantes: andaluces, castellanos. Trabajadores inmigrantes que llegaron niños o jóvenes a una tierra nueva que les ofrecía la posibilidad de una vida mejor para ellos y para sus hijos y a la que entregaron todo su esfuerzo como mano de obra. A los ocho años, su padre y un amigo de este le pusieron frente a la cámara para narrar un documental sobre el barrio. Casi cuatro décadas después regresa para hablar, sobre todo, con la generación de su padre. Aquellos jóvenes trabajadores se han hecho ancianos jubilados después de una vida llena de todo lo que se llenan nuestras vidas: esfuerzo, incertidumbres, amor, desgracias y muertes, familia, alguna alegría. Este programa ha sido una excelente forma de cerrar un ciclo en la carrera profesional de Évole. Volver a los verdaderos orígenes biográficos y sociales del país que somos hoy y dejar hablar a la generación de nuestros padres, aquellos que han construido de verdad la España actual, el mundo en el que vivimos, más allá de las tensiones políticas y la macroeconomía, los que han luchado con la vida día a día desde las calles de su barrio tal y como venía y han visto cambiar la sociedad. En las imágenes del documental antiguo llaman la atención las bandadas de niños: decenas de niños corriendo de un lado para otro, por las calles sin asfaltar, saltando las vías del tren sin vallar, porque aquellos barrios tenían las calles sin asfaltar y las vías de los trenes no tenían vallas y en todas las calles había decenas de niños jugando en los solares sin construir. En el documental reciente, ancianos. Ancianos en los parques, hablando de todo, pero también haciendo cosas cotidianas y extraordinarias. Uno de ellos planta árboles en los parques y los cuida con mimo hasta que agarran fuerte y puede dejarlos a su ser. Otro cuida de su mujer enferma y sigue enamorado de ella aunque ya no puede mantener ninguna conversación sobre su pasado, los hijos o los recuerdos comunes. Viudas, muchas viudas echando o no de menos a sus maridos, añorando la juventud, pero también lamentándose de que la condición de mujer no fuera tan libre en sus tiempos como ahora, del peso de los miedos y la moral de aquellos días.

En el paseo de hoy, mientras pensaba en todo esto, veía la sierra baja amarilleando por la flor de la celidonia. Un amarillo decidido y fuerte. La celidonia sirve para quitar las verrugas y los callos. Yo la he visto hoy en su labor diaria. Y es hermosa.

domingo, 5 de mayo de 2019

De la luz, el agua y la lengua de buey


En la dehesa todo era luz. En la sombra frío, al sol calor.  Metí el brazo hasta el codo en el agua fría del arroyo que corría bravo y joven hacia el Cuerpo de Hombre. Bajaba nevoso aún pero con el sol de mayo en la piel. A la hora de preparar la ensalada de limones, tan típica por esta sierra a primeros de mayo, me hice el perdido y busqué las maravillas: la flor del ranúnculo silvestre, orgullosamente amarilla; los elegantes jacintos del bosque, que están sin mirar nada de lo que les rodea; las diminutas gotas de extraño azul de la lengua de buey. Volví a tiempo del primer descorche, que celebramos con un bocadillo de panceta. Todo fue así, con la sencillez de las cosas del monte. Llegó la paella, a la que saludamos con vehemencia. Y la conversación amena y en su debido orden. Miraba de vez en cuando a mis amigos, cada uno de su vez y manera, todos sabiéndose mejores juntos. Y el sol, desde lo alto. Primavera al fin, primavera.  Ranúnculos, jacintos. Es curiosa la lengua de buey, llamada así por la forma de sus hojas, pero azurea en latín: azul profundo. Gotas de sangre azul por todo el monte. Y arriba la luz de este feliz sol de mayo.



viernes, 3 de mayo de 2019

Elvis vive


Elvis, con un collar de flores, vive
sabiéndose morir todas las noches.

Al atardecer, sale a la terraza
con una cola muy fría en un vaso
y un sándwich de tocino y cacahuete.
Elvis Aaron Presley recuerda Berlín
mientras piensa que no tiene sentido
vivir sin vida más de lo sensato.

Se sienta frente al mar y nos espera.

© Pedro Ojeda Escudero, 2019

jueves, 2 de mayo de 2019

Y me dejé ir



Comencé el año botando un barco en la barriada de Canela junto a un puñado de poetas convocados ante unas papas con choco. Al estero, el frágil barquito de papel con unos versos. Desde entonces, el año ha ido dando tumbos, como todos los años, con sus cosas buenas y sus cosas malas, sus alegrías y tristezas, sus esperanzas y decepciones. Nada del otro mundo. La vida, dicen. He perdido la cuenta de los quilómetros que me han llevado desde Ayamonte hasta Frías y me devolvieron hace unos días a las marismas de Huelva, con todos los meandros del río que es la biografía. El río Guadiana ha seguido su curso mientras yo perseguía la floración de los almendros y los naranjos, las últimas nieves. Este año, inútilmente, porque siempre llegaba tarde. Se me han muerto amigos y familiares. A diferencia de otras ocasiones, nunca he pensado dejar de escribir aquí durante estos meses, pero no podía, no podía. Y me dejé ir, como hay que hacer de vez en cuando. Sin dejar de hacer cosas, de estar allá y acá, donde la gente o el trabajo me reclamaban, pero notaba un silencio de mí. Me sigue por dentro el silencio, pero hoy me he mirado al espejo y ya estoy conmigo.

miércoles, 1 de mayo de 2019

Esto no es un cardo

Joan Brossa. Barret-A, 1988.

Esto no es un cardo, tampoco es la letra A ni un sombrero, pero es todas esas cosas: un sombrero, la letra A y un cardo. Esto es una fotografía de todas esas cosas que es y que no es. Y un juego de reflejos en el que se ve el que mira. Todas esas cosas y también ninguna de ellas. Es una broma muy seria. Como el arte que a mí me interesa.

Supongo que regreso.

viernes, 12 de abril de 2019

Una flor de cardo mientras regreso.


No me he ido. Alguna complicación, un bajón físico, un cierto cansancio, acumulación de trabajo..., pero no me ido. Mientras regreso a este espacio, en unos días, os dejo lo más hermoso que he visto en el campo últimamente en estas tierras en las que se avecinan consignas, panfletos y mucho electoralismo estos días. Una flor de cardo. Qué certeza la de esta flor que busca el aire.

jueves, 21 de marzo de 2019

lunes, 18 de marzo de 2019

Gelu


La imagen es la portada del blog de Gelu

Gelu (María Ángeles Martín Rodríguez), ha fallecido este pasado sábado. Mi amistad con ella procedía de los primeros tiempos de los blogs. El suyo, Penélope aguarda en Ítaca (qué hermoso y significativo título), se hermanó pronto con el mío a partir de la lectura que hicimos del Quijote en el club de lectura que lleva el nombre de mi blog y que ha quedado registrada como una de las aventuras más importantes que haya usado la red 2.0 para leer esta novela de forma completa. Siguió colaborando con todas las lecturas posteriores hasta la última entrada que publicó, el pasado 19 de diciembre. Además, publicaba otras entradas con diversa temática pero siempre con un amor grande por la cultura y sensibilidad hacia la música. Tenía también otros blogs: uno con recuerdos certeros y entrañables sobre su relación con el cine y otro con textos que le habían emocionado especialmente. En sus colaboraciones en el club de lectura que dirijo encontró una manera propia de hacer las aportaciones: seleccionaba fragmentos de la obra que, leídos, aclaraban su lectura; añadía también enlaces que la enriquecían y cuidaba especialmente la música.


 No sabía que estaba enferma. Su pérdida me ha llegado a través de María Ángeles Merino, que daba cuenta de una emocionante carta que le dirigía su hijo en las redes sociales. Por inesperada, me dejó dolorosamente perplejo. Su pérdida se une a la de otros miembros de este club de lectura que se marcharon antes: mis queridos Jan Puerta y Manuel Rosa Pastor. Compañeros en esta aventura de leer, de formentar la cultura escrita para que entre todos hagamos un mundo mejor, lleno de abrazos y tiempos destinados a los demás.

Gracias, Gelu. Gracias por tantos años de complicidad lectora, de amistad y de bien hacer. Que la tierra te sea leve.

miércoles, 6 de marzo de 2019

Años de mayor cuantía, de Tomás Sánchez Santiago, Premio de la Crítica de Castilla y León


Ayer martes, el jurado del Premio de la Crítica de Castilla y León (mantenido por el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua), del que soy miembro, ha decidido otorgar a Años de mayor cuantía de Tomás Sánchez Santiago el correspondiente al mejor de los libros publicados en 2018 por autor castellano y leonés. Coincide, además, que el libro ha sido publicado por Eolas, una editorial leonesa que lleva años con un catálogo de interés e importancia, lo que es una doble alegría aunque esto no haya sido condición ninguna para el premio. Esta nota la redacto de urgencia, camino de Sevilla, en donde me encontraré con mi club de lectura y los miembros de la Alumni Burgos que se han apuntado a la visita a esa ciudad con motivo de las conmemoraciones de la figura y obra del pintor Murillo y la lectura de la novela histórica sobre su vida escrita por Eva Díaz Pérez, El color de los ángeles. Completaré la información más adelante, con una reseña de la obra, que el pasado mes de noviembre obtuvo también el Premio Tigre Juan de narrativa.

Sánchez Santiago (Zamora, 1957) es autor de una larga trayectoria, especialmente en la poesía. El volumen con el que ha obtenido el premio es muy especial y su género puede resumirse en el acertado subtítulo, que ya anticipa la clave del juego entre géneros que establece: Memoria y fábula. En él se reúne el relato de una vida a través de los recuerdos pero también la construcción de lo literario. En palabras del autor:

He aquí depositado en el aire -o casi- el testimonio de un hombre que para hablar ha escuchado antes mucho. [...] Hay, por tanto, un extraño juego de intersecciones entre esos verbos que configuran nuestra relación expresiva con el mundo. Con lo demás del mundo.

Una suma de formas de narrar con un gran peso de la oralidad que arrastra al lector. Aquellos que no conozcan la obra de Tomás Sánchez Santiago pueden entrar en ella de la mejora manera a partir de este texto; aquellos que ya la conozcan, disfrutarán enormemente con él.

El fallo tuvo lugar en Ávila y Ávila lucía hermosa.

miércoles, 27 de febrero de 2019

Cuánta alharaca. Sobre la primavera y España


La primavera tiene la manía de llegar cuando le da la gana, sin esperar a calendarios ni astronomías que valgan. A veces prematura, otras tarda y lenta. Ando cansado detrás de ella, jugando al ratón y al gato, vistiéndome para salir de casa a buena mañana y desvistiéndome por capas a lo largo del día, con zapatos de verano y camisa de invierno o al revés, qué se yo si me compongo por la mañana a pedazos y regreso a casa por la noche despiezado, fatigado de calor antes de tiempo pero alegre de haber recibido la luz del sol a mediodía.

Anda España igual que la primavera, me temo. Entre prematura y tarda, desordenada y sin más plan que el de hacer bulla diaria sin que nadie -ni los unos ni los otros- piense en el medio plazo y en los problemas serios. Eso sí, qué gestos, qué de banderas y cuánta alharaca.