viernes, 3 de abril de 2026

Mil mandarinos florecidos

 


Y si miro hacia aquí, ¿cuáles son las raíces del odio? En mi niñez, en la ciudad se miraba mal a los que emigraron desde los pueblos: no eran de aquí. Vivían en barrios de obreros levantados de prisa, con las calles sin asfaltar, construían viviendas ilegales en los márgenes de las cañadas, en las cercanías de los canales, en los caminos de las afueras, vestían y hablaban diferente y saturaban los colegios públicos y el sistema sanitario, que no había previsto con tiempo su llegada. El urbanismo de las ciudades aún recuerda aquella costura mal zurcida. En el centro se los veía como gente sin educación que asaltaba los parques en los festivos e incomodaba en las calles y en los bares por su aspecto, sus gritos y su facilidad para tener hijos. Se les necesitaba para la modernización del país, pero molestaban si se hacían visibles. De los gitanos perduraba una extraña conciencia histórica de que venían de fuera, de tierras exóticas entonces, por mucho que llevaran en la península más de cinco siglos: Egipto, India, Rumanía, quién sabe, se decía. Se les acusaba de no adaptarse a las costumbres generales y sobre ellos se contaban historias que provocaban la risa y la indignación, también el miedo: se decía que sabían cómo pedir todo tipo de ayudas para no trabajar y que eran los primeros en conseguir las viviendas de promoción públicas que, en pocos años, convertían en lugares sin ley. En sus barrios, se decía, tuvo origen el tráfico de droga que se convirtió en un problema nacional en los años ochenta del pasado siglo. Ahora son los inmigrantes de otros países los que vienen casi sin nada al calor de nuestro crecimiento económico y carencias demográficas y viven en aquellos barrios levantados hace unas décadas. Y seguimos así, sin darnos cuenta de que el verdadero problema es otro.

*

En el siglo XXI desaparecerá la propiedad privada porque todo pertenecerá a muy pocos y el resto solo seremos usuarios de las propiedades ajenas. No tendremos un sistema estatal de propiedad, como algunas viejas utopías pasadas querían, sino grandes servidores de cosas que competirán entre sí o se aliarán según sus intereses. De súbditos a ciudadanos para terminar siendo clientes. Clientes también de emociones fabricadas. Ya está pasando y muchos de nosotros seremos la última memoria de lo que fue. Por eso mismo, a veces saco del cajón en donde las guardo las alianzas de boda de mis padres y las aprieto. Mi madre mandó achicar la de mi padre para llevarla junto a la suya.

*

Las guerras modernas se parecen tanto a las guerras antiguas. Quizá la diferencia más notable es que ya no mueren generales ni reyes ni emperadores en el frente de batalla. Quizá la única diferencia.

*

Ayer me entretuve comiendo una mandarina. Quité la piel con lentitud, separé los gajos y los dispuse en círculo sobre un plato de postre para comerlos uno a uno. Recuerdo aún aquellas mandarinas de mi infancia, llenas de titos, que mi madre me daba para merendar en la calle. Eran más ácidas que las de ahora y algunas se pelaban muy mal y había que hincarles el diente. En cada gajo, uno, dos o tres titos, que los niños escupíamos trazando parábolas infinitas para que llegaran hasta nuestra vejez. Si no estuviera debajo del asfalto, en el suelo de mi infancia se levantarían ahora mil mandarinos florecidos de azahar con la carne de los recuerdos de la barriada.

jueves, 2 de abril de 2026

Si fuera que una abubilla

 


Desde hace un tiempo persigo más amaneceres. ¿Cómo eran los movimientos del sol que nos explicaron en la escuela? Hoy sé que esto que veo cada amanecer es aparente, provocado por el movimiento de la Tierra, por la inclinación del eje del planeta y la órbita elíptica, pero no le quita misterio. Nunca había prestado tanta atención como ahora, quizá es la certeza de que me quedan menos de los que me pasaron inadvertidos. A veces salgo a la terraza con la taza de desayuno en la mano, a nada, a ver amanecer. Hace nada, el sol me amanecía en el cerro y hoy ya está más al noreste y comenzará su camino de regreso al sureste a partir de San Juan. ¿Cuántos días así sobre la ciudad? Ni la Tierra ni el Sol están fijos, en su caminar hacia el verdadero tiempo que los hace y deshace.

Cuatro astronautas van ahora camino de la Luna en la nave Orion, dentro de la misión Artemis II. Artemisa/Diana fue una diosa muy popular en el mundo clásico. Era la divinidad de la caza y de la vida salvaje, hermana melliza de Apolo. Con el tiempo, Apolo sería el dios del Sol y Artemisa la diosa asociada a la Luna. En este viaje hay una mezcla, como en todo lo humano. Ahí van las ganas de aventuras, conocimiento, descubrimiento y perfeccionamiento técnico de esta curiosa especie que somos; ahí van también el ansia de dominio, la competencia entre países, los intereses comerciales y la necesidad de explotar todo lo que tenemos a nuestro alcance. El cohete más potente del mundo al servicio de la etapa de mayor desarrollo de la inteligencia humana mientras perviven los rasgos más sanguinarios y depredadores de lo que somos. Aquí abajo seguimos matándonos, permitiendo que los intereses más depredadores del mundo financiero controlen nuestras emociones y buscando cualquier grieta para demostrar nuestros sentimientos más despreciables. El ser humano capaz del prodigio y la ternura y de la violencia más extrema. Se nos olvida tan pronto todo lo conseguido.

A media mañana bajé a comprar miel de los montes Torozos que venden en la panadería del barrio. Miel de las colmenas de las ondulaciones del sur de Tierra de Campos, campos de encinas. En cada ocasión, cambio: miel de espliego, tomillo, encina. Se me está terminando el tarro de espliego y me he subido la miel de encina, más oscura. Al guardarla en la estantería he recordado los encinares desde el límite con Zamora hasta la misma ciudad de Palencia y su monte El Viejo, en donde colgamos hace tiempo la vieja estructura de un reloj de cuco con la esperanza de que se convirtiera en nido. Si fuera que una abubilla. 

miércoles, 1 de abril de 2026

En el mes más cruel, ha florecido el jaramago

 


Ahora que ya es el mes más cruel, ha florecido el jaramago. Se ha ido el invierno y la primavera ha comenzado variable, pero todo anuncia que subirán las temperaturas como si quisiera ser verano. En las cunetas, andan ya en flor la mostaza silvestre, los dientes de león, margaritas. Basta alejarse un poco de la ciudad o buscar en ella las huellas de las afueras, que mantienen su tozuda condición fronteriza con el campo. No tan lejos: las afueras están siempre en mí. Soy consciente de que todo lo demás es ropa de temporada.

Al salir del portal de mi edificio, me encontré con una vecina a la que hacía tiempo que no veía. La perrilla con la que paseaba de regreso a casa era otra, de color negro y blanco, retozona y animada. Me ha contado que la anterior, una perra ya vieja de hermoso pelo blanco, se le murió en noviembre y que ha pasado unos meses muy malos hasta que se decidió a tener esta otra. Hay nostalgia en sus palabras, pero también curiosidad por la alegría de esta nueva compañera.

En la frutería que regenta el joven peruano, compro cuatro cosillas que necesito y un manojo de cebolletas. Me advierte de que es más cara de lo habitual porque vende muy pocas y las adquiere en otra tienda, no en el mercado. Aquí, en el barrio, no compran muchas cebolletas. No es temporada, le digo, la costumbre es usarlas en las ensaladas refrescantes de verano, pero a mí también me gusta cocinar con ellas. Las tengo veinte céntimos más caras que donde las compro. No importa, veinte céntimos no es nada, pero pueden significar que el próximo mes siga esta frutería abierta.

Cada día, las noticias son más desalentadoras. ¿Se ha quebrado definitivamente el intento de establecer los valores humanos como derechos universales, el horizonte de que la ley nos lleve a ellos antes que a los intereses económicos y a la conducta depredadora que tanto recuerda al neocolonialismo de tiempos pasados? Cuántos acogen estos nuevos valores viejos pensando estar en el lado de los que saldrán triunfantes, conformándose con la migajas de los que comen en la mesa del poder.

Tengo que ordenar mi agenda. Estoy retrasando, no sé por qué, los análisis para mi urólogo y el de la vesícula para mi médica, cortarme el pelo, comprarme unas gafas nuevas, revisar el armario, ordenar las decenas de libros que han llegado a casa en estos meses, arreglar una persiana, escribir un par de cartas que me cuesta redactar, decidir si lo dejo todo ya o aguanto un poco más, darme crema en los nudillos, que me andan un poco resecos.

domingo, 15 de marzo de 2026

La pérdida de la intimidad

 


¿Existe aún la intimidad? No es solo aquello que expones en las redes sociales digitales voluntariamente, a veces de manera irresponsable; no es solo que todos tus datos sean ya productos que se compran y venden con cualquier fin; no es solo que tus contactos de confianza copien y compartan las confidencias, opiniones y bromas que escribes en una conversación privada de una aplicación de mensajería en tu móvil; no es solo que tantos graben con el teléfono las reuniones de trabajo o de familia, sin avisar al resto; no es solo que cualquiera pueda grabar tu imagen y compartirla en el instante sin que tú tengas conocimiento, seas o no famoso; no es solo que las aplicaciones basadas en la IA puedan duplicarte en un vídeo a partir de todos esos datos con los que se las alimenta sin tu permiso y hacerte decir lo que nunca has dicho.

En el año 2000, la actriz chilena Daniela Tovar vivió durante un tiempo en la Casa de Vidrio, una estructura trasparente en un centro comercial. Le sucedió un actor. La performance se presentaba como un experimento sociológico para analizar la actitud de quienes se acercaban a contemplar su vida.

En el año 1949, el arquitecto Philip Johnson diseñó la conocida Casa de Cristal en New Canaan, Connecticut, sin paredes interiores y completamente trasparente. Se declaró Monumento Histórico Nacional de EE.UU. por su modernidad y rediseñar la relación con el paisaje de la arquitectura. La casa se levanta en una finca de gran amplitud y rodeada de árboles.

Todavía existen algunas culturas en las que la vida en comunidad es lo habitual y en la que todo está sometido a las miradas de los demás. En parte, está detrás de algunas utopías comunitarias modernas en las que se veía al yo como el origen de todos los males mentales. Si cedes tu individualidad al grupo, es el control social el que rige tu vida, para bien o para mal. Sin embargo, ahora la comunidad no es un grupo pequeño de seres y no conoces a todos los que la componen, no sabes cuáles son las reglas aunque las intuyes (el consumismo, el control ideológico, la manipulación a escala global). Ya se ha ensayado en todos los regímenes totalitarios del mundo, en las ideologías y en las creencias que anulan al individuo.

Hoy la intimidad es el último reducto de libertad del ser humano y es cada vez un espacio más estrecho.


viernes, 13 de marzo de 2026

Azahar

 


Un día u otro, traes, dejas, vas, atiendes. Atento a tus cosas en esta Castilla infinita que se asoma al tiempo, acodada en los páramos. Abres cuadernos. Escribes. Has ventilado la casa y te sorprende el primer zumbido de un insecto. ¡Tan pronto! Anotas una pregunta: ¿Hay azahar ya en las calles de Sevilla?

lunes, 9 de marzo de 2026

La dificultad de los colores

 


En la cafetería, un grupo de hombres se queja porque ya no atienden en mesa. Cada vez peor, dicen. Uno del grupo se levanta a pedir en barra. No creo que vuelvan.

Estamos en una de esas épocas en las que todos los informativos comienzan con las noticias de las guerras. De las guerras que conocemos desde aquí, claro. Busco en el móvil noticias de cuándo fueron conscientes los europeos de que en 1914 se había declarado la Primera Guerra Mundial. Los historiadores parecen haber llegado al consenso de que comenzó el 28 de julio y en septiembre ya se hablaba de guerra mundial. No en todos los países. Muchos siguieron hablando durante un tiempo de la Gran Guerra o la Guerra Europea. Sin embargo, en el siglo XIX también se mencionaba el concepto de guerra mundial en ocasiones. Por el uso de la anterior, el término Segunda Guerra Mundial apareció pronto, casi al momento de que Alemania invadiera Polonia el 1 de septiembre de 1939. Pero todo es complejo: hay un consenso creciente de que se podría hablar de guerra mundial desde la Guerra Civil española de 1936. La Primera también vino precedida de enfrentamientos anteriores. Dejo el móvil, sorprendido de mi búsqueda. Fuera ha comenzado a llover, una lluvia débil, pero constante. Ver llover desde los cristales, mientras tomo con lentitud mi café, como si no quisiera ver vacía la taza.

Esta mañana amaneció como si al mundo le costara cobrar los colores. Un blanco y negro que se fue alargando en los primeros minutos del día. A veces ocurre así, un día sin colores. Como aquella tormenta de 2019, en la que se unieron un frente que venía del norte y otro del sur -por aquí es extraño, casi siempre las lluvias vienen desde el oeste o suroeste: desde la raya portuguesa y más allá el Atlántico-. Al terminar, parecía que habían borrado los colores. Una lluvia arenosa había tapado las cosas.

domingo, 8 de marzo de 2026

Las esquinas del ruido

 

Atardece. Hay guerra. Se levanta una brisa fría que viene del mar. Me levanto las solapas del abrigo, meto las manos en los bolsillos. Mañana es día laborable. Esta tarde he buscado una nota que escribí el otro día. Hoy la soledad viene buscando las esquinas del ruido.

miércoles, 4 de marzo de 2026

Pruno

 


Después de los almendros son los prunos ornamentales. Con delicadeza, como si el mundo se moviera de puntillas para no despertarse, salpican el paisaje urbano. Camino bajo ellos, en silencio, por si el rumor de mis pasos pudiera deshojar la flor.

La flor nos sobrevive,
es su misterio.

martes, 3 de marzo de 2026

Escribir a mano

 


Se adelanta la floración del cardo en la cuneta. El mundo de los seres humanos se deshace y él nos ignora limitándose a ser. Esbelta, la flor, se ofrece a la mirada de quien pase y sea capaz de levantar la cabeza que lleva mirando su penar ensimismado. Quizá sea la hora de la flor del cardo, de que cada uno porte la belleza en las manos y la ofrezca de la misma manera, solo por ser.

Hoy se celebra el Día Internacional del Escritor. Más allá de la celebración: cuando todo sea Inteligencia Artificial, ¿qué libertad de expresión habrá en manos de algoritmos? Cuando todo lo decida un programa de generación artificial, ¿habrá posibilidad de que la creatividad humana se salga de lo que ha sido diseñado? Ahora mismo, cuando escribo, si me equivoco, el programa me lo indica con una línea roja, pero errar es humano. ¿Los libres del futuro volverán a escribir a mano?

lunes, 2 de marzo de 2026

Rostros en el agua

 


Primero quitaron el polvo gris de los derrumbes; luego los trozos de hormigón, chapas, ladrillos, muebles; encontraron cadáveres y los recogieron con cuidado en grandes bolsas blancas con cremallera. Siguieron excavando, capa a capa, hasta llegar al primer núcleo de Troya, los restos de una humilde choza de madera junto a un manantial ahora seco.

Lo más cerca que he estado del horizonte es aquel día, con las montañas llenas de nieve.

Hay rostros en el agua de este río que, al pulsarlos delicadamente con las yemas de los dedos, son espiral hacia ti mismo.

sábado, 28 de febrero de 2026

Yira

 


El algoritmo me llevó a Yira, yira no sé la razón. Verás que todo es mentira, dice, cuando estén secas las pilas / de todos los timbres que vos apretás / buscando un pecho fraterno / para morir abrazao. Qué bien lo dice Gardel. También he pensado que me gustaría acercarme al mar para verlo un momento, nunca defrauda. Al pensarlo me acordé de todas las mujeres con las que he visto el mar, pero ese es otro cuento más largo y ya está anocheciendo.


viernes, 27 de febrero de 2026

Un estudio de Felipe II y sus relaciones sexuales y afectivas: El universo femenino de Felipe II de Antonio Martínez Llamas

 


Antonio Martínez Llamas, médico jubilado, lleva años investigando apasionadamente sobre Felipe II. En trabajos como Isabel de Valois, reina de España, Felipe II, el hombre y Felipe II, el enigma del hombre enfermo, ha hecho agudas aportaciones trasversales de gran interés que contribuyen a conocer mejor quién fue Felipe II, uno de los reyes más influyentes de la historia y sobre el que han caído como losas que impedían el conocimiento completo de su personalidad tanto la conocida como leyenda negra (una campaña de desprestigio contra el imperio español para cuya construcción, tan exitosa, se mezclaron verdades, rumores y las patrañas más burdas) como la mitificación de la corriente ideológica española que añora el pasado imperial. Ambos extremos impidieron conocer la personalidad de Felipe II y juzgar su obra hasta la aparición de los estudios de historiadores recientes como Geoffrey Parker, Henry Kamen, Fernández Álvarez o Martínez Ruiz. Sin duda, Felipe II fue un monarca que gobernó un mundo con una mirada providencialista y atrapado por una forma de entender la religión católica y el gobierno que le llevó a decretar miles de muertes y apoyar los autos de fe, pero el gobierno del mayor imperio jamás conocido hasta ese momento debe interesarnos siempre para saber cómo era la persona que estaba al frente en un mundo, por lo demás, en el que los otros gobernantes no diferían mucho en sus acciones. En un vasto universo de publicaciones sobre Felipe II y su época parecería difícil hallar un hueco para nuevas aportaciones, pero eso es lo que ha conseguido Antonio Martínez Llamas con El universo femenino de Felipe II  (León. Eolas & Menoslobos. 2025).

En este libro, Martínez Llamas se acerca a la figura del monarca analizando sus relaciones con las mujeres con las que tuvo trato, continuando el retrato de un rey muy alejado de la visión imperial oficial que lo caracterizaba como una persona adusta y alejada de toda conducta que estuviera mal vista. Evidentemente, se parte de que fueron muy pocas personas quienes le trataron directamente y de que la mayoría de la población estaba muy alejada de su conocimiento, como correspondía a la época. Los núcleos del libro corresponden a su madre y sus esposas, María Manuela de Portugal, María Tudor, Isabel de Valois y Anna de Austria, pero también se tratan las relaciones con sus amantes, Margarita de Austria o sus hijas.

El estudio abunda en referencias y es minucioso en el detalle, como corresponde a sus más de 700 págs. Parte de cómo le afectó la muerte de su madre, Isabel de Portugal, que lo crio con notables diferencias a como se estilaba en el mundo real del momento, encargándose personalmente de él en muchos momentos. Contrasta mucho esta proximidad de la madre con respecto al padre ausente: Carlos siempre estaba fuera, en los asuntos del Imperio. En el resto de la biografía de Felipe II, el autor percibe dos momentos. Aunque todos los matrimonios tenían la finalidad de perpetuar la dinastía, en los dos primeros percibimos un mayor alejamiento y despreocupación personal del rey. María Manuela de Portugal y él eran apenas unos adolescentes y poca decisión tuvieron en sus vidas; María Tudor fue un matrimonio claramente político en el que nada tuvo que ver el gusto personal de ambos. Sobre María Tudor, Martínez Llamas aclara de forma definitiva la cuestión de sus falsos embarazos, poniendo luz sobre la verdadera enfermedad de la reina de Inglaterra. El matrimonio con Isabel de Valois cambió el carácter del rey. En primer lugar, tuvo que esperar a la menarquia de la reina (tuvo varias amantes), pero después establecieron unas fuertes relaciones afectivas que contrastaban con la vida anterior de Felipe. Esta corriente afectiva continuó con Ana de Austria y se desarrolló también en la continua preocupación con sus hijas, una vez alejadas de la corte. De la menor, Catalina Micaela de Austria, sería el retrato conocido como La dama del armiño, que el autor ha querido situar significativamente en la cubierta del libro para afirmar esta identidad y la autoría de Sofonisba de Anguissola, entre toda las que se han barajado.

En el libro, aparte de abordar las cuestiones afectivas del rey, sobresale el trabajo de análisis de cada una de las mujeres que se relacionaron con él, de sus circunstancias y personalidad, tan diferentes. De todo el trabajo, podemos extraer un verosímil retrato de Felipe II como un monarca con una gran pulsión sexual que fue cambiando en sus relaciones afectivas a lo largo de los años. Esta evolución fue sin duda debida a las relaciones con mujeres tan diversas y la madurez de la persona que era, pero también al continuo quebranto emocional que pudo suponer enterrar a cuatro esposas, varios hijos y una larga relación con las enfermedades, singularmente con los ataques de gota. Una lectura atractiva y ágil, a pesar de su extensión, que retrata la personalidad del rey, pero también la de las mujeres que le rodearon y nos levanta un mundo mucho más variado del que las leyendas han trasmitido.