miércoles, 8 de febrero de 2023

Cada día es un fracaso

 


A veces el mundo no quiere que participes. Sabes que está ahí fuera (piedra, sombra, árbol), pero no sabes en qué orden (árbol, sombra, piedra). El mundo, así, es un enigma que te expulsa. No vengas. Te obsesionas. No eres capaz de darte cuenta de que las cosas, en realidad, no estaban ahí por ti ni para ti, simplemente estaban, habían sucedido sin tenerte en cuenta. Incluso cuando puse aquel canto rodado encima del tronco caído. ¿Qué significa mi acción de tomar el canto, sopesarlo y posarlo con cuidado sobre el tronco para el siguiente que pasa por el camino? Así todo.

Si yo sueño que te sueño, ¿cómo sé que no me has soñado antes?

No me engaño, cada día es un fracaso.

Un gorrión vive unos tres años. Aprende a volar a los doce días de salir del cascarón. Yo todavía no sé qué hacer con mis manos.

Si no nos muriéramos, qué extraña la vida.


lunes, 6 de febrero de 2023

Apuntan ya los almendros a flor

 


Apuntan ya los almendros de esta tierra a flor. Los vigilo en mis paseos como si me fuera la vida en ello. Me va la vida, en realidad, apostada.

¿He contado ya que mi primer beso fue bajo un almendro en flor rodeado de hormigas aladas? Qué he hecho de mí desde entonces...

Si cierro los ojos veo cinco almendros en flor. Cuando los abro, es invierno.

Cuando el mundo se terminó, yo tenía en la mano una flor de almendro. Qué precisión de belleza última.


domingo, 5 de febrero de 2023

En ausencia de ti

 


Está el campo a la espera
de que un don acontezca.
Los chopos en silencio,
en ausencia de ti,
a la intemperie sorda
de este viejo febrero.
Alguien ha vaciado
el viento entre las ramas,
los cauces, los nidales
en los que proseguía
-con pulso temeroso-
la vida, tan pequeña
y frágil sin el cuenco
cálido de tus manos
del que brotara el mar
cuando pusimos nombre
a todos los paisajes.

© Pedro Ojeda Escudero, 2023.


jueves, 2 de febrero de 2023

Descansillos

 



Anula los rellanos ante la tentación de hacerlos escaleras de un único sentido.

¿Cuántos descansillos hay en tu mirada?

Hay escaleras que nunca se acaban.

Aquel hombre sacaba los rellanos de los bolsillos y los llenaba de palabras.

Aquella época en la que me sentaba despreocupadamente en los escalones y miraba sin prisa subir y bajar el tiempo. ¿Qué has hecho de ti, Pedro?

Decir descansillo y los labios se me llenan de infancia.

lunes, 30 de enero de 2023

La lección de la bañista. De Concha Méndez a Mateo Hernández

 


En las primeras décadas del siglo XX, los artistas de vanguardia quisieron reflejar la presencia de un tipo de mujer muy diferente al tradicional. Correspondía este interés artístico con la construcción del feminismo moderno, tan necesario. La pintura, la escultura, la ilustración, la literatura, mostraba ese nuevo tipo de mujer liberada de las normativas sociales sobre lo que se podía o no hacer, cómo podía o no vestirse o si se tenía acceso a la educación superior o no (hasta 1910, las españolas no pudieron acceder a a los estudios universitarios sin pedir previo permiso; el 1 de octubre de 1931 las mujeres consiguieron el derecho a voto). Es singular la atención prestada por el arte y la publicidad a la mujer deportista, que significaba la ruptura de una de las trabas más importantes para la presencia de la mujer en la vida pública. Maruja Mallo pintó a la poeta Concha Méndez en su cuadro Ciclista (1927) y Concha Méndez escribió un prodigioso poema que parece hecho hoy mismo, Nadadora, recogido en su libro Surtidor (1828), que Sheila Blanco ha musicalizado oportunamente y traído a la actualidad.

Mis brazos:
los remos.

La quilla:
mi cuerpo.
Timón:
mi pensamiento.

(Si fuera sirena,
mis cantos
serían mis versos.)

En este poema se igualan lo corporal, la actitud vital y la escritura y vale tanto como una poética.

Rafael Alberti compuso un soneto a una patinadora sobre el que María Teresa León escribió uno de los cuentos más importantes de la literatura española, Rosa Fría, patinadora de la Luna. Hay muchas más, pero sin Maruja Mallo, Concha Méndez y María Teresa León, ¿cómo contar la cultura española de las décadas iniciales del siglo XX? Hemos tenido que esperar hasta ahora mismo para que la editorial Cátedra publique El solitario, uno de los proyectos literarios más importantes de Concha Méndez y de la literatura española de los años treinta y cuarenta. Cuenta con un prólogo de María Zambrano, otra de las imprescindibles. La edición se debe a Berta Muñoz Cáliz y Diego Santos Sánchez. ¿Servirá todo esto para que incorporemos definitivamente a nuestras lecturas, nuestra imagen cultural colectiva y nuestros programas de enseñanza la obra de estas mujeres en igualdad con la labor de sus coetáneos varones?

En las escaleras de entrada al Museo dedicado a Mateo Hernández en su ciudad natal, Béjar, se encuentra esta Bañista que he fotografíado el pasado sábado, reproducción en bronce del original realizado en 1925, a tamaño natural, en granito coral de Finlandia, hoy en en el Museo Reina Sofía de Madrid. Mateo Hernández, que procedía de familia de canteros, recuperó la talla directa sobre materiales duros y su técnica asombró en el París que bullía de innovación y modernidad, a pesar de que en España nunca ha tenido el reconocimiento que de verdad merece. La mujer retratada es Fernande Carton Millet, su compañera. En esta obra está la modernidad plena: el escultor atacando directamente la piedra y la mujer libre. No deberíamos olvidar estas lecciones.

domingo, 29 de enero de 2023

¿Sería yo capaz de tanto? Hoy he mirado a Gandhi

 

Si me miro desde el otro que me mira, ¿cómo me veo?

Tu diferencia es buscar en ti lo que te iguala a los demás.

No ser más que cauce de los otros. Los otros que vinieron antes, los que llegaron contigo, los que vendrán después. Y como en los cauces de los ríos, que la corriente escarbe tu piel y en ella escriba la mano de quien te ama. Una caligrafía amorosa que vaya deshaciéndote.

Este parque se llama Parque de la Paz. Antes fue solar junto a un cuartel, terreno de nadie que yo vi ocupado por vehículos blindados. La presión vecinal lo ganó en los años ochenta como espacio verde para la ciudad. En el corazón del mismo, una escultura de Mahatma Gandhi meditando donada por el Gobierno de la India, obra del escultor Ram Vanji Sutar. Esta mañana la he contemplado durante unos minutos, pensando en la acción no violenta que proponía Gandhi como lucha frente a los conflictos y las injusticias, una búsqueda de la subversión del orden establecido. Frente a aquellos que prefieren ignorar las circunstancias o se acomodan. No se trata de no hacer, sino de hacer de la forma más humana, de la manera más altamente humana. ¿Sería yo capaz de tanto?

martes, 24 de enero de 2023

Friura

 


A media mañana flotaban en el aire pequeñas chispas de nieve helada. En el Parral, todo parecía haberse suspendido. El cielo, opaco. Me paré en mitad del parque, a contemplar el frío, la danza suave de las motas blancas que se resistían a caer y se posaban en mi abrigo, en mi pelo. Eche de menos el verdugo azul marino de mi infancia y la bufanda anudada en la nuca por mi madre. Un nudo firme, que me ataba al mundo mientras pasaba junto a los almendros aún invernizos, camino del colegio. Hacía hoy un frío de aliento en las manos, llanto en los ojos y lana húmeda. Mi madre encendía la bilbaína con las hojas arrugadas del periódico del día anterior, ramitas y piñas secas, antes de echar el cisco con el badil. En aquellas llamas ardía Franco inaugurando pantanos, alcaldes con bigotín y trajes oscuros, los gatos de El Norte, las esquelas de los difuntos, la programación de los cines de sesión doble, la conjuración judeomasónica, la moda de París y el lujo de Montecarlo, la bendición papal urbi et orbi, las noticias de suceso, la última proeza deportiva del Zorrilla, las cejas partidas de los boxeadores, los entrelineados y las gacetillas curiosas. En la chapa bailaban las castañas asándose. Yo las miraba desde la mesa de la cocina en donde hacía los deberes. No he vuelto a sentir nunca un nudo como el que me hacía mi madre en la bufanda, encima del verdugo azul marino. Ando perdido por el mundo, talaron hace mucho aquellos almendros que nevaban marzo de ramitos de novia, bajo los que recibí mi primer beso en los labios siendo aún un niño que no sabía nada de las cosas, si es que hoy sé algo más que entonces, ni siquiera el camino de regreso. Y hace frío.

martes, 17 de enero de 2023

Camino entre las varas azotadas por el viento

 




En el paseo, me ha detenido el leve zumbido del viento al agitar el carrizo seco junto a la acequia. Un sonido constante, leve. Luego, el viento marchaba más allá, a frotarse con los edificios de la ciudad, con saña, como si quisiera empujarlos al mar.

Sobre el mundo se extiende la saña con la que algunos pretenden arrebatar derechos que tanto han costado obtener y que todavía no se han universalizado en todas las regiones del planeta. Como siempre, este proceso de globalización procede de la primera ola, la avaricia. Tardará en llegar la justicia.

Camino entre las varas azotadas por el viento.

El carrizo se mece al viento sin troncharse. Un ejercicio de supervivencia.

lunes, 16 de enero de 2023

Y se hizo el blues

 


Suena Since i met you, baby con BB King y Katie Webster mientras corrijo los exámenes de mis alumnos: una de las mejores guitarras del blues y uno de los mejores pianos. Me hubiera gustado escribir esa letra, tan aparentemente sencilla y llena de felicidad. Me gusta esta versión de la canción que escribiera Marfil Joe Hunter en los años cincuenta y que lo consagrara como compositor. Lo llamaban el hombre vivo más feliz del mundo. Se percibe esta felicidad en la canción, como se percibe el dolor en otras. De forma directa, sin complicaciones. Soy feliz, estoy triste. Ya está. Afuera hace frío y viento, llegan las primeras nieves. No sé por qué, el blues es para escuchar de noche en la carretera, mientras los faros abren la oscuridad. Estoy solo y te echo de menos o estoy feliz por haberte encontrado. Toda una biografía está en los tres o cuatro minutos de un blues. En 1957, Hunter visitó a Elvis Presley a Graceland y pasaron el día tocando y cantando juntos, sobre todo I almost lost my mind. A veces ocurren cosas así.

sábado, 14 de enero de 2023

Como si no pudiera hacer otra cosa

 


Amanece, como si no pudiera hacer otra cosa.

Es el ruiseñor, no la alondra, lo que se escucha, posado en aquel granado del jardín, todavía queda noche y podemos seguir abrazados, no marches, dice ella. No, no , es la alondra porque ya amanece y me anuncia que si me quedo aquí, moriré, dice él. No, no es el alba, es solo un cometa que la finge, no te vayas, insiste ella. De acuerdo, si tú lo pides, porque se me da encontrar la muerte aquí. Sigamos, aún dura la noche, responde él. No, amor, vete, es la alondra, la fea y ronca alondra la que canta y anuncia la luz del día, se duele ella. ¿Luz? No. Amanece lo más oscuro y triste de nuestro destino, se desespera él.

Hay un momento, antes del amanecer, en el que las aves despiertan al horizonte y descosen los abrazos.

La mayoría piensa
que sucederá el fin
en el último día
(la mañana de un lunes
seguramente).
Se engañan:
todo ocurrirá cuando
en la primera hora
del domingo siguiente
no haya quien te retenga
entre las sábanas.


viernes, 13 de enero de 2023

Como si hubiera un plan

 

Atardecer de enero.
Camino por las calles
como si hubiera un plan
en todo esto que pasa.
Yo,
que me he perdido siempre.

© Pedro Ojeda Escudero, 2023.

jueves, 12 de enero de 2023

Leemos Solo triste de oboe de Yolanda Izard.

 


No es la primera vez que Yolanda Izard asoma a este club de lectura. Comentamos su magnífica novela La hora del sosiego en octubre de 2021 y su escritura dejó tan buen sabor de boca que traemos aquí esta novedad editorial -salió al mercado el pasado mes de diciembre-, Solo triste de oboe (Castilla ediciones, 2022), para comentarla en este mes de enero. Sobre esta escritora también he hablado en otras ocasiones en este espacio con motivo de otras obras suyas, lo que me ahora hoy presentaciones.

Solo triste de oboe se publica en la exitosa colección Cuentenario narrativa dirigida por José Ignacio García, que se iniciara con una recopilación que ya ha marcado un hito en la historia del relato breve en Castilla y León y sin la cual es imposible contar la historia reciente de este género, Cuentos pendientes. Cuarenta y tres voces del cuento castellano y leonés del siglo XXI (2021). 

El volumen de Yolanda Izard recoge treinta y dos relatos breves, incluyendo el que da título al libro, que la autora sitúa acertadamente en la parte central estructurando un certero ritmo de lectura. Se inicia con una cita de Rainer María Rilke que sirve casi de declaración poética de la autora y no solo para este libro: Pues lo hermoso no es otra cosa que el comienzo de lo terrible en un grado que todavía no podemos soportar. Esta forma de entender la vida -o la vida a través de la literatura o la literatura a través de la vida-, queda clara desde el primer relato, El barranco. En él hay una transición luminosa hacia la belleza y la infancia (la nostalgia de lo perdido en Yolanda Izard es una categoría estética y moral), una transición no exenta de dolor físico y espiritual que culmina en el sosiego, casi como en un camino ascético hacia la iluminación.

Abran las páginas de este libro y déjense sorprender. Lo comentaremos las próximas semanas.


Noticias de nuestras lecturas



Paco Cuesta acierta con su lectura de la obra plenamente, sobre todo al marcar lo autobiográfico y el amor del poeta por su propio amor más que por Teresa.

Luz del Olmo asistió a la presentación en el Museo del Romanticismo de Madrid de la edición ilustrada del Canto a Teresa que nos sirve de base para nuestro comentario, celebrada el pasado 9 de diciembre. Lo cuenta en esta entrada de su blog y la lectura del texto le provoca el reto de escribir en verso su comentario. ¡Gracias por este regalo!

María Ángeles Merino acomete de nuevo el trabajo de dar cuenta fiel de lo acontecido en nuestra reunión mensual del formato presencial del club. Fue alegría volvernos a ver, desde luego. Para quien no pudo acudir, aquí dejo el enlace a su magnífica entrada.