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martes, 16 de octubre de 2007

Premio Planeta 2007

De nuevo se ha fallado el paripé del Premio Planeta (edición número 56), que el año pasado recayó en Álvaro Pombo sin que tuviera demasiada trascendencia ni para la carrera literaria de este autor ni para las letras españolas actuales.
Esta vez los agraciados han sido Juan José Millás, ganador con una novela de corte autobiográfico, El mundo, y Boris Izaguirre, finalista con otra que los medios de comunicación califican de melodrama, Villa Diamante. Se cumple, por lo tanto, la costumbre de los últimos años de premiar a un escritor de nombre consolidado junto a una figura popular habitual en los medios de comunicación.
Juan José Millás es uno de los mejores articulistas españoles de hoy y un gran novelista. Boris Izaguirre es un hombre mediático -como se dice ahora- que comenzó su carrera como escritor de guiones para telenovelas en su país natal. Ambos, pues, saben escribir y conocen el mercado literario en el que se han especializado cada uno. Si cumplen con sus biografías serán dos textos que debemos leer. Mi opinión sobre el hecho de que se presten a estas cosas me la reservo porque ya, a estas alturas, no voy a criticar que alguien que escribe vea pagado su trabajo de esta forma. Ni que quien arriesga su dinero como empresario privado del objeto literario dote un premio para lanzar publicitariamente un texto. Es mucho dinero. Otra cosa es que todavía haya quien se preste a contar las cosas de otra manera. O esos premios que llevan nombres de ciudades pero que son decididos de la misma manera por los editores con la aquiescencia de las instituciones públicas.
Espero que Millás e Izaguirre lo disfruten y que la editorial, con este sello o con otro de los que posee, utilice las ganancias para publicar y lanzar a jóvenes que necesitan ese respaldo. Leeré, por supuesto, las novelas y, si merecen comentario, aquí dejaré constancia.

lunes, 16 de octubre de 2006

Premio Planeta 2006

A mucha gente le irrita el Premio Planeta. Algunos escritores lo denigran porque nunca lo han ganado. Otros lo detestan con la hipócrita acusación de que ya está dado de antemano. Y lo dicen como si hicieran un gran descubrimiento sólo difundido entre iniciados o como si no fuera lo habitual en este tipo de premios. Bien es cierto que gran parte de los premios literarios -de los cientos de premios- que hay en España no se dan por encargo. No es así, pero las presiones que reciben los miembros de los Jurados, para los que las plicas son tan evidentes como el nombre, apellidos y DNI de los escritores, son incontables -por su número y por lo que se llega a intrigar en estos casos- y condicionan la mayoría de los fallos. El Premio Planeta del año 2006 se ha vuelto a conocer días antes de que se resolviera. Pero este año sí se ha premiado a un buen escritor, Álvaro Pombo. De la novela no hablo aun, porque no la he leído. Los resultados de estos premios son variopintos: pésimas narraciones como la que produjo la indignación de Marsé el año pasado (supongo que Marsé conocía cómo funciona el Planeta, así que su reacción debió ser más porque se hubiera aceptado como resultado final tan mala obra); escándalos aun mal resueltos, como el de Cela; magníficas novelas -no exentas de defectos quizá debidos a premuras finales por el plazo de entrega- como el Jinete Polaco de Muñoz Molina. Sin embargo, y a pesar de todo, bien sea el Planeta en cualquier caso, si con él se habla de literatura y promueve la lectura. Si, además, un buen escritor puede no agobiarse durante un tiempo gracias al dinero conseguido y crear con más calma, mejor. Lo que me gustaría que alguien, discretamente, me explicara es qué hacen las más de 400 novelas presentadas al Premio. ¿Ingenuidad o méritos? Conocí a un escritor con fama local que, entre los méritos de su currículum enumeraba las obras presentadas a concursos, resaltando detalladamente la importancia de cada uno de los Premios, sin que hubiera obtenido ninguno. Pero eso es otra historia.