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martes, 17 de abril de 2018

La reina Juana en Tordesillas y noticias de nuestras lecturas, con anuncio de la próxima, Akúside de Ángel Vallecillo.


Como estaba anunciado, el pasado sábado 7 de abril nos desplazamos hasta Tordesillas un buen puñado de lectores de este club de lectura, patrocinado por Alumni UBU en su formato presencial, para comprender mejor el encierro de la reina Juana en aquella ciudad castellana. Fuimos acogidos magníficamente por José Luis Sainz y Montse Rubio, del Centro de de Iniciativas Turísticas de Tordesillas, a los que tenemos que agradecer sus atenciones y la cesión de la sala en donde celebramos el encuentro académico por la tarde. El CIT de Tordesillas es una iniciativa privada de voluntarios amantes de la historia de la localidad. Si tienes interés en una visita guiada de gran calidad ponte en contacto con ellos: los ingresos que consiguen de esta manera los invierten íntegramente en un interesante programa de actividades culturales, incluida la escenificación de la entrada de la reina Juana en Tordesillas cada mes de marzo.



Con José Luis y Montse realizamos la visita guiada a las Casas del Tratado por la mañana. Para comprender mejor las circunstancias de esta reina debemos incluirla en su contexto tanto geográfico como político. Castilla era, en su tiempo, el reino cristiano más importante y rico de Europa y Juana, sin duda, se vio afectada por esta circunstancia. Como hemos apreciado en la biografía escrita por Manuel Fernández Álvarez que nos ha ocupado estas semanas, gran parte de las decisiones que se tomaron para apartarla del poder están motivadas por esta cuestión clave. Tras la muerte de su madre, Isabel, ni su padre ni su marido ni su hijo se lo iban a poner fácil. A pesar de eso, pudo ostentar durante el resto de su vida el título de reina de Castilla, del que no fue desposeída en ningún momento por la Corte. De hecho, algo que muy pocas personas saben, Carlos fue rey durante escaso tiempo -desde la muerte de su madre hasta su abdicación.

No es menos significativo que el encierro de Juana tuviera lugar en Tordesillas, en el palacio real hoy desaparecido, en un territorio muy vinculado con su madre y muy cerca de las Cortes de Valladolid. Un territorio que fue sacudido también por una de las revoluciones más apasionantes de la Europa del siglo XVI, el movimiento comunero, que estuvo a punto de hacer caer el poder de Carlos V. Tordesillas ocupa un lugar trascendente en la historia del mundo gracias al tratado que allí se firmara el 7 de junio de 1494. En virtud de ese tratado España -Castilla y Aragón, en realidad- y Portugal se repartieron el mundo.

Fue en ese lugar, en apenas unos cientos de metros, en donde trascurrió la mayor parte de la vida de Juana. Encerrada, aislada del mundo, pasó más de cuatro décadas: un lugar tan cargado de historia para aislar a una reina. Poco sabemos de lo que ocurrió en su mente en esos años. Sin duda alguna, su estado mental debió resultar afectado por este encierro y aislamiento pero no sabemos en realidad hasta qué punto porque podemos sospechar que todas las informaciones sobre ella fueron controladas por quienes decidieron tenerla allí. El desequilibrio sufrido tras la muerte de Felipe y el parto de su hija (que agravaba las condiciones mentales de la joven) podría haberse tratado mejor en otras condiciones y haber evitado su apartamiento del gobierno, pero esto es jugar a la ficción histórica. Lo único real es que fue reina pero no llegó a gobernar nunca.

Todas las circunstancias de su vida han convertido a la reina Juana en un personaje legendario, favorable a la mistificación y al tratamiento literario romántico y una lectura feminista de la historia: una mujer pasional en una época trascendente del mudo. A veces se nos olvida esta condición humana de los grandes personajes históricos. Sobre Juana seguirá escribiéndose mucho, habrá ocasión de volver a ella y a su época.

Asomarse a la vega de Tordesillas desde donde estuviera el palacio real y pasear las calles y la plaza mayor de esta localidad es comprender mejor la historia de la reina Juana. La visita merece la pena. A nosotros nos llovió pero eso no impidió que disfrutáramos de una jornada de encuentro, con comida incluida, que rematamos por la tarde con la visita al Real Monasterio de Santa Clara, un lugar único en Castilla que también tiene su propia e interesante historia desde que fue mandado levantar en 1340 por Alfonso XI como palacio de estilo mudéjar para celebrar la victoria de la batalla del Salado y acoger en él a su amante Leonor de Guzmán, con la que tuviera nueve hijos. Uno de estos hijos, Enrique II de Castilla fue el primer rey de la casa de Trastámara, nuestra Juana la última de la dinastía. Cuando le fue permitido, Juana pasaba al convento para visitar el cadáver momificado de su amado Felipe. Como si en Tordesillas se abriera y se cerrara un círculo dinástico tan vinculado con la grandeza de Castilla antes de dejar de ser para dar paso al imperio de los Austria.

Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino preparó excelentemente el viaje del sábado pasado a Tordesillas gracias al sueño que su amiga Austri tuvo, en el que recreó una entrevista entre el biógrafo y la biografíada... Para no perdérselo.

Y la misma Mª Ángeles, que como cronista y levantadora de actas no tiene precio, escribe fielmente lo que pasó en nuestra visita en Tordesillas, acompañada del reportaje de fotos de Yolanda Delgado, que completan todo. Un buen recuerdo de un día para recordar.



Pancho llega al relato final de la novela de Abella y comenta su giro estilístico acompañando al fraile caminante y a nuestro hombre pez... hasta Miguel Ríos. No te lo pierdas. Como tampoco puedes perderte el final (que suena a Leonard Cohen) en el que asistimos a la alegría del regreso a Liérganes con todo lo que supone. En las últimas frases de su entrada, Pancho define a la perfección el estilo de Abella.

Próxima lectura



Como saben los más antiguos seguidores de este club de lectura, suelo vincular alguna de las lecturas a los libros que obtienen el Premio de la Crítica de Castilla y León, de cuyo jurado soy miembro. En el presente año lo han obtenido ex aequo la novela Akúside, de Ángel Vallecillo (editorial Difácil) y Los refugios de la memoria de José Luis Cancho(editorial Papeles mínimos). Con este motivo, tras la lectura de la biografía de Juana la Loca -que terminamos la próxima semana-, iniciamos la de la novela de Vallecillo y en mayo abordaremos el libro de memorias de Cancho. Con ambos autores nos encontraremos durante la celebración de la Feria del Libro de Burgos.

Akúside es un libro valiente tanto en su estructura como en lo que dice: una distopía sobre el nacionalismo y, en concreto, sobre la posibilidad de que hubiera triunfado el terrorismo de ETA, construyendo un nuevo país y, por lo tanto, una nueva realidad entre lo mítico y lo histórico. No dejará a nadie indiferente.

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Paco Cuesta comienza con ganas el comentario de Akúside, reseñando su condición de narración diferente y rupturista. No te lo pierdas.

jueves, 5 de abril de 2018

La adolescente Juana y noticias de nuestras lecturas, con anuncio de las próximas.


¿Una joven de 16 años del cruce entre los siglos XV y el XVI era una adolescente? ¿Lo era una hija de los Reyes Católicos con esa edad? De la inestabilidad emocional y psicológica de Juana hay suficientes pruebas y testimonios de los que no podemos dudar. Sí cabe cuestionar la forma en la que se la apoyó y trató médicamente: los avances en la cura de las patologías de la mente son relativamente recientes.

No tardaron en llegar noticias y rumores de su extraño comportamiento a Castilla y sus padres enviaron al dominico fray Tomás de Matienzo, prior de Santa Cruz, a comprobar todo lo que se comentaba sobre su hija y, especialmente, la falta de devoción que parecía tener. Su relación es uno de los más tempranos testimonios sobre las depresiones sufridas por Juana (no faltarán los años posteriores). Los historiadores de todo tiempo se han puesto de acuerdo en una cuestión esencial más: la activa sexualidad de Juana y sus celos obsesivos. ¿Había fallado la educación moral recibida en Castilla o no había sido esta como suponemos?

Una de las líneas esenciales del retrato biográfico de Juana levantado por Manuel Fernández Álvarez es la sensación de abandono y desvalimiento de la futura reina. Quizá uno de los atractivos de este personaje es que se manifiesta como cualquiera de nosotros, en contra de la lejanía que debería mostrar debido a su rango. Los tiempos, sin duda, estaban cambiando: la época de Juana ya avanzaba hacia la modernidad y había cosas que no se podían guardar entre las paredes de un palacio.

Quizá Juana hubiera podido tener otro tipo de vida si hubiera seguido en Castilla o si las circunstancias -la muerte de todos los que le precedían en la línea sucesoria- no le hubieran convertido en la heredera de Castilla y de Aragón. Pero la presión de las cosas no hizo más que agravar su tendencia a la depresión. Eso y que se convirtió en una pieza esencial de la política del momento: era hija de los reyes más poderosos de la Europa del momento y esposa de un joven ambicioso. Tuvo pocas oportunidades para una vida sosegada.

Además, sus padres habían elegido para ella un destino lejano y extraño en costumbres y clima y sin duda, se resintió de ello. De hecho, sus celos parecen causados por este choque cultural, al menos en parte.

Alguna de las cuestiones de la vida de Juana nos llaman la atención por su modernidad: el amor que sentía por su esposo, puesto incluso por encima de su posición social; la manifestación exaltada de las emociones -el apetito sexual, los celos-; una cierta independencia de carácter que le hizo enfrentarse a algunas decisión de Felipe, etc. Su madre, la reina Isabel, ya había iniciado ese camino.

Esta singularidad de Juana y su trascendencia como personaje histórico han propiciado su estudio desde diferentes perspectivas y metodologías y su tratamiento en el arte posterior. Algunos de los resultados se alejan de la realidad porque no contextualizan al personaje ni el código del pensamiento que regía en su tiempo y construyen un personaje demasiado actual que no puede corresponderse con aquella mujer encerrada en Tordesillas. Seguirá pasando porque, en el fondo, buscamos en el pasado las cosas que nos reafirman en nuestras propias creencias.


Noticias de nuestras lecturas

Luz del Olmo lee la biografía de Juana planteándose serias dudas sobre las razones de la depresión de la protagonista y si pudo o no elegir su destino... Una magnífica lectura.

Este sábado 7 de abril, el Club de lectura desembarca en Tordesillas para seguir los pasos de Juana. El viaje, organizado por el formato presencial del club (sostenido por Alumni UBU) asistirá a la visita teatralizada que allí se celebra y entrará en el monasterio de Santa Clara. También habrá lugar para el comentario de la biografía de Juana antes de regresar a Burgos. Una nueva experiencia de hermandad lectora. Daremos cuenta del viaje.


Pancho nos lleva a cerrar el círculo de red a red del protagonista de la novela de Abella: pero, como bien advierte, queda aún la coda final del libro, una de las más hermosas.

Próximas lecturas
Como saben los más antiguos seguidores de este club de lectura, suelo vincular alguna de las lecturas a los libros que obtienen el Premio de la Crítica de Castilla y León, de cuyo jurado soy miembro. En el presente año lo han obtenido ex aequo la novela Akúside, de Ángel Vallecillo (editorial Difácil) y Los refugios de la memoria de José Luis Cancho (editorial Papeles mínimos). Con este motivo, tras la lectura de la biografía de Juana la Loca -que terminamos la próxima semana-, iniciamos la de la novela de Vallecillo y en mayo abordaremos el libro de memorias de Cancho. Con ambos autores nos encontraremos durante la celebración de la Feria del Libro de Burgos.

Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos.
Entrada del Club de lectura cada jueves, en este blog, aunque en las últimas semanas no haya podido cumplir esta promesa por diferentes cuestiones que espero se vayan remansando en las próximas.
Información sobre el presente curso en el club en este enlace.

lunes, 2 de abril de 2018

Una boda de estado y noticias de nuestras lecturas.


El 21 de agosto de 1496, partía Juana hacia Flandes para desposarse con Felipe, conde de Flandes. Como bien señala Manuel Fernández Álvarez en su biografía, poco pesaban en aquella decisión la voluntad o los sentimientos de la joven hija de los Reyes Católicos. En la estructura social de aquellos tiempos los padres decidían el destino de sus hijos y en las casas reinantes estos eran en muchas ocasiones mercancía con la que pactar acuerdos entre los reinos. Y esto es lo que sucedía con Juana: una pieza más de la política internacional de los Reyes Católicos que habían convertido sus reinos en la primera potencia europea y se hallaban en plena expansión hacia el Mediterráneo y las Indias.

Todo lo que podamos suponer de lo que ocurrió en la mente de Juana, que contaba 16 años, es mera especulación. Sabemos que su padre no la acompañó a Laredo pero su madre sí: Isabel llegó a pasar junto a su hija la última noche en el barco antes de partir hacia Flandes. Todos los indicios nos conducen a una joven que había sido educada para afrontar este momento, que sabía perfectamente cuál era su posición en el entramado político del momento. Si tuvo miedo, sentimientos contrapuestos o rechazo no quedó constancia. Es fácil suponer que lo hubo: de hecho, es la parte más sustanciosa para la leyenda de Juana y también para la literaturización de su biografía.

Lo único que sí sabemos es que aquel viaje a Flandes, el matrimonio posterior y los acontecimientos que siguieron convirtieron a Juana en la pieza esencial de un momento histórico que cambió la historia de los reinos españoles y del continente europeo. Juana se convertiría en la heredera del amplio imperio construido por sus padres y ese hecho hizo pasar de la dinastía Trastamara a la Austriaca; también -seamos sutiles con los nombres- del príncipe Juan de Aragón, heredero natural de los reinos de Castilla y de Aragón, a Carlos V de Alemania. No es una circunstancia menor: los reinos españoles pasaron al eje central de la convulsa situación europea del siglo XVI y sus reyes entendieron la forma de gobernar de manera bien distinta a como había ocurrido hasta ese momento.

Por lo tanto, esa jovencísima infanta que embarcaba rumbo a una tierra que no conocía llevaba en sí, sin saberlo, el cambio del pulso de la historia. 


Noticias de nuestras lecturas

Paco Cuesta, en su comentario de la biografía de la reina Juana, llega al momento en el que el emperador entra a ver su madre en su residencia de Tordesillas... ¿qué debieron pensar de verdad todos los protagonistas de la escena, qué debieron sentir? En su última entrada se pregunta sobre la guerra de las comunidades y su significado: un punto esencial en aquella época.




En su comentario de la novela de Abella que nos ocupó hace unas semanas, Pancho llega a un momento clave que cambiará la historia: cuando el protagonista comprende que su lugar no está entre los de su misma especie... Para disfrutar completamente de su entrada, no os perdáis al Dylan final...

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jueves, 22 de marzo de 2018

La época de Juana de Castilla y noticias de nuestras lecturas


La biografía escrita Manuel Fernández Álvarez comienza por situar a la hija de los Reyes Católicos en su contexto, indicando todas las circunstancias que le rodearon desde el mismo momento de su nacimiento (6 de noviembre de 1479). En primer lugar, situándola correctamente en una de las épocas de cambios más radicales para la historia del mundo. La vida de Juana fue marcada por muchas cuestiones personales y psicológicas pero estas no se entienden fuera de ese contexto. En aquel mismo año se cierra definitivamente la guerra que había partido Castilla entre el bando de Juana la Beltraneja (otra Juana I de Castilla) y el bando de su madre, Isabel I de Castilla. No es baladí: se decidía la fusión de Castilla con el reino de Portugal o con la Corona de Aragón, es decir, el nacimiento de unu o otro concepto de estado moderno.

Después de aquello vendrían otra serie de movimientos históricos trascendentales: Fernando asciende al trono en Aragón, la incorporación del reino de Navarra, la conquista de Granada, la extensión por el norte de África e Italia, la política de matrimonios que vinculará a Juana con todas las grandes casas reinantes europeas -y harán de su caso algo propio de la política internacional- y el descubrimiento y colonización de América. Vendrá seguida la implantación en Castilla de un poder absoluto basado en el control a partir de un gobierno de letrados en contra de los grandes nobles y la implantación de una inquisición adherida a la monarquía y no tanto a la iglesia romana; la expulsión de los judíos y el control de los moriscos en persecución de una forma única de entender el ser castellano; el definitivo asentamiento de esa realidad surgida de la unión de Castilla y Aragón como la primera potencia occidental en conflicto permanente con sus rivales -el reino de Francia y el Imperio otomano, luego la corona británica- y el asentamiento de su principal esencia como baluarte católico.

Aquella época de cambios se manifiesta en el avance del renacimiento, de la razón y el progreso de la ciencia y la tecnología que hacen a Castilla no solo una primera potencia militar o demográfica sino también cultural pero también la permanencia de elementos medievalizantes propios de una situación premoderna.

Y en aquel contexto nace Juana de Castilla: hija de la gran reina Isabel, una de las mujeres más notables de la historia occidental con una personalidad también compleja emocionalmente. No en vano la madre de esta, Isabel de Portugal, anda recluida en Arévalo; no en vano Isabel no era la heredera inicial del reino y solo un conjunto de azares y movimientos estratégicos le hicieron con la corona. La poliédrica personalidad de Isabel deja traslucir algunos de los sentimientos que se observan en Juana: Isabel, que tenía una poderosa visión de estado, sufría de celos por culpa de Fernando. Isabel rompió muchas veces la hierática imagen que debía mantener una reina convencionalmente para dejarse ver como mujer. Y eso es algo que sabemos que vivió Juana. Es decir, Juana tuvo dos ejemplos vivos de comportamiento de mujeres notables que debieron impactarla emocionalmente: su abuela y su madre.

Se supone que una mujer de la realeza de aquella época no debía mostrar determinadas emociones humanas, incluso que ni siquiera debía sentirlas porque estaba educada para ello. Se supone: pero la naturaleza humana siempre ha sido la misma. Otra cosa es que los cronistas hayan dejado testimonio más allá del tratamiento clásico de las pasiones inapropiadas de los gobernantes. Y este fue el caso de Isabel. Y este es el caso de Juana.

En aquellos tiempos comenzaba a ser difícil no solo que no trascendieran determinadas cosas sino también que no se dejara testimonio escrito y que se usara de una manera o de otra como propaganda de parte: Juana es un claro ejemplo de un mundo que comenzaba a regirse por la escritura moderna de los hechos de los reyes. Demasiados ojos vigilantes porque aquellas mujeres también eran parte de los movimientos de la gran política. Quizá nunca sepamos qué sintió Juana, qué pensó y hasta qué punto su carácter se resintió de todo ello, pero sí sabemos cómo se jugó con lo que le ocurrió para apartarla -con o sin razón- del ejercicio del gobierno y hasta hacerla invisible para buena parte de la sociedad de su tiempo (incluso para la historia posterior: muchos han pensado que Juana murió poco después de ser recluida en Tordesillas).

En las próximas entradas veremos cómo afecta todo esto a Juana no solo como persona sino especialmente como figura histórica. Sin olvidar su condición de pieza en el panorama político pero también su condición de mujer: como lo fueron Juana la Beltraneja o Isabel la Católica, por otra parte. No deberíamos olvidar cómo en Castilla estas tres mujeres protagonizaron algunas de las páginas esenciales de un siglo de tantos cambios.


Noticias de nuestras lecturas

Paco Cuesta narra y bien narrado el juego de encuentros entre el joven rey Carlos y el que lo había sido todo en Castilla, Cisneros. Era mucho el viejo cardenal, sin duda. Después realiza un magnífico repaso al tratamiento en el arte de la figura de la reina Juana y su significado: para no perdérselo.

Carmen Ugarte lleva a cabo una comparación entre dos biografías de Juana: la del historiador Fernández Álvarez y la de la periodista Mery Varona. La lectura de su entrada os sugerirá muchas cosas. Un acierto.

Mª Ángeles Merino, en conversación con Austri, inicia el comentario de la biografía por el punto clave: la llegada de los jóvenes esposos a Burgos y la temprana muerte de Felipe que causa el trastorno de Juana. Su pregunta final es la clave de todo...


Pancho continúa con el comentario de la novela de José Antonio Abella, El hombre pez, que nos ocupó hasta hace poco. En esta entrada suya presta atención minuciosa a algunos de los secundarios que aparecen esta novela: no os perdáis ni la mención al Lazarillo ni el vídeo final que no sé cómo ha terminado ser de Fito & Fitipaldis...

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viernes, 16 de marzo de 2018

Juana la loca. La cautiva de Tordesillas y noticias de nuestras lecturas


Escribir una biografía tiene dos raíces conceptuales. Por una parte, contar quién fue el retratado, sus hechos biográficos, sus preocupaciones, el contexto social e histórico en el que vivió y el lugar que ocupó en él. Por otra parte, interpretarlo para el presente en el que se escribe.

Ninguna biografía resulta interesante si no nos dice algo a los lectores, si no nos llega. Por muy importante que fuera el retratado. El equilibrio entre ambas cosas -el retrato y la interpretación- es lo esencial. Por eso, algunas biografías no nos interesan, porque están escritas para otros tiempos, para otras culturas, para otras personas. Y por eso conviene reescribir la biografía de los grandes personajes de nuestra historia de vez en cuando: porque hay nuevos datos o porque nuestra mirada hacia el pasado ha cambiado. Sin embargo, también aquí debe haber un límite: hay biografías que resultan de imposible lectura como tales porque el autor inventa demasiado o fuerza la interpretación ideológica o metodológica del personaje para que calce en una visión que le interesa para demostar algo concreto desde el presente. Pasaríamos de la biografía al ensayo o a la novela.

Ese es el difícil equilibrio de toda biografía. Lo cuento hoy porque es nuestra primera experiencia con el género en este club de lectura y espero que no sea la última.

Sobre Juana de Castilla se ha dicho mucho desde el siglo XVI: en crónicas, en literatura, en libros de historia, en análisis forenses, en biografías. Incluso desde la misma forma de nombrarla: no es igual decir Juana la loca que Juana I de Castilla, por ejemplo. Hay dos formas convencionales y opuestas de interpretar su biografía: que estuviera loca o que no lo estuviera; si estaba loca se puede ejemplificar con otros reyes que también tuvieron fama de tales y no fueron apartados del gobierno en algunos casos y en otros sí y buscar las similitudes y diferencias con ella; si no lo estaba hay que interpretar las razones por las que se le privó de ejercer como reina. A todo esto se añade la evolución de la psiquiatría, que ya no considera el termino locura como se hacía en el siglo XVI y lo ha relegado a una expresión popular pero no médica. Hoy se habla más de patologías. Algunas de las cuales inhabilitan para determinadas cosas y otras no. Entre otras razones porque, por fortuna, el tratamiento de las mismas y su medicación no son las mismas que hace siglos.

Con la reina Juana se añaden dos elementos más. Por una parte, vivió en una época muy convulsa para España y para el mundo y eso ha pesado al hablar de su caso  y pesa todavía. Hablar de su caso es posicionarse ante el lugar que le correspondió en el contexto europeo a esa nueva entidad política que llamamos España surgida en 1479 tras la victoria de Isabel y Fernando, los reyes católicos, frente al bando de Juana de Trastámara (otro caso polémico: Juana I de Castilla, Juana la Beltraneja...); posicionarse también ante el conflicto provocado en el inicio del reinado del emperador Carlos (incluso sobre su legitimidad), batalla de las comunidades incluida (otro hecho histórico conflictivo a la hora de interpretarlo bien como una revuelta moderna o medievalizante).

Pasados los siglos, el caso de la reina Juana se ha cargado también de otros significados añadidos: el conflicto entre el absolutismo y el parlamentarismo; la visión de un nacionalismo castellano visto o bien como un extremo liberal romántico o bien como una ancla en un pasado medieval pero que acaba extinguido absorbido definitivamente en la nueva realidad española. Finalmente, la última interpretación conflictiva sobre su caso se añade en el siglo XX: la reina Juana es mujer y, por lo tanto, se puede interpretar a partir del feminismo y concluir que fue apartada del ejercicio del poder solo por serlo.

Mientras tanto se nos va difuminando el hecho de raíz que es incuestionable puesto que los testimonios son innegables: Juana sufrió un trastorno psiquiátrico. Las raíces de este trastorno nos interesan mucho puesto que nos hablan de una persona de la realeza que manifiesta emociones que, según la tradición y los principios legales de su tiempo no debería mostrar. Hay casos de reyes que sufrieron tastornos y fueron apartados del poder, hay casos también en los que no fueron apartados. ¿Influyó en Juana especialmente su condición de mujer? ¿Influyeron más las luchas entre partidarios de unos y otros, los enfrentamientos entre los nobles castellanos, las presiones de Fernado el católico? ¿El trastorno de Juana era suficiente para apartarla del gobierno y evitar ser gobernados por una persona que no podía hacerlo? Juana no era solo una mujer: era una parte del conflicto y una parte más de la forma de entender el mundo en el siglo XVI. Ver su caso solo desde su condición de mujer es no comprender la época y forzar la visión desde nuestra mentalidad.

Las raíces de su trastorno psiquiátrico nos interesan: antecedentes familiares, educación que tuvo, carácter psicológico, su vivencia de la experiencia biográfica de ser alejada de su tierra y su cultura y sus relaciones con Felipe el hermoso (no está nada mal la forma de calificar a los reyes popularmente). También nos interesan las formas en las que se manifestó y que pueden constatarse (celos, ataques de ira, inestabilidad emocional, obsesión, pérdida de la razón) y la manera en la que se la trató médicamente, que no difiere esencialmente de otros casos pertenecientes a su estamento social.

De todo ello nos ocuparemos hasta el mes de abril en nuestra entrada semanal. También de cómo se la ha interpretado posteriormente. De entre todas las posibilidades se ha elegido la biografía escrita por Manuel Fernández Álvarez, un buen punto de partida porque no extrema ninguna de las posibles lecturas y no ignora el punto inicial (el evidente trastorno mental de Juana que la incapacita para reinar bien de forma temporal bien de forma permanente). Otra cosa es que nos gusten más aspectos novelescos de su personaje o que tengamos más afinidad con visiones ideológicas concretas de aquellos acontecimientos (castellanistas, liberales, feministas), que también debemos tener en cuenta en su justa medida puesto que tuvieron su influencia en la vida de Juana y en la manera en la que nos contamos su historia.


Noticias de nuestras lecturas

Paco Cuesta da un ejemplo de cómo afrontar la lectura de esta biografía: por derecho. Para abrir boca pero previamente nos había advertido, en una extraordinaria entrada, sobre una de las características más llamativas sobre la historia de Juana: esta mujer manifestó sentimientos más que comprensibles en un ser humano pero que parecía no permitirse a los gobernantes. En su entrada de esta semana nos recuerda el momento clave en el que todo cambió para Juana: la muerte de su esposo, el rey Felipe, acontecida en Burgos. Finalmente, nos pone sobre el camino correcto: el trastorno de la reina Juana y su capacidad o no para gobernar.

Mª Ángeles Merino nos abre el apetito para leer la biografía de Juana I de Castilla con un diálogo a varias voces en el que se salta de la vida de Juana a la actualidad. Un ir y venir que no deja indiferente.



Pancho sigue disfrutando con la novela de Abella que nos ocupó el mes pasado: aquí llega al cambio del Sur al Norte, de un curioso exorcista a un nacimiento en el agua premonitorio... Y termina con Sabina.

También queda atrapada por la novela de Abella Myriam Goldenberg, que presta atención a la sensibilidad del autor por los diferentes...


Gelu continúa inmersa en el universo de Juan Rulfo que nos ocupó hace meses. Indagando sobre Rulfo encuentra un dato sugerente sobre sus preferencias cinematográficas y aquí nos trae algo de eso.

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jueves, 8 de marzo de 2018

La inocencia como el tesoro más valioso que se tiene. Sobre el pensamiento de El Hombre pez de José Antonio Abella y noticias de nuestras lecturas.



El hombre pez es un relato del diferente y, en buena medida, de todos los que no protagonizan la historia en las crónicas oficiales. Por la novela pasan obispos, inquisidores y hasta un exorcista. También don Juan de la Cantolla, que apadrina al niño y algo más. Se habla del rey y de la infanta Margarita retratada por Velázquez, también de la corte. Pero el relato de Francisco es el de un ser diferente. Nace, de hecho, en el río como un segundo Lázaro -la referencia al Lazarillo de Tormes y sus continuaciones es evidente- y su vida está marcada desde ese mismo momento. La muerte de su padre en circunstancias brutales es otro paso más en esa vida, que el lector acepta como algo inevitable. Como aprendiz, en Bilbao, debe sufrir las burlas y quizá sea eso lo que motive finalmente su alejamiento de la gente. Después de los cinco años en los que anda en el mar, pierde el habla y solo puede balbucear el nombre de su lugar de nacimiento, Liérganes, y tres palabras: pan, vino, tabaco. Sin embargo, conoce el idioma de los delfines. Esta aproximación a la naturaleza de alguien que no encaja del todo en el mundo de los seres humanos explica la filosofía de esta novela apasionante. Francisco no encuentra su lugar y los pescadores que lo atrapan quieren exhibirlo como un monstruo para ganar dinero como el obispo y el exorcista -qué personaje este- quieren extraerle el demonio de dentro para que sea un cristiano más.

Pero Francisco conserva algo: la inocencia:

Su mirada, sí, tenía un don. Pero no para todos era fácil descubrirlo. El primer requisito para verlo era no estar en la edad de la inocencia, pero añorarla como el tesoro más valioso que alguna vez se tuvo. 

Es difícil la vida para el diferente que, además, no es un ser poderoso sino tan solo el hijo de dos labradores pobres en una tierra y una época como aquella en la que las personas del común no tenían valor social -el padre, Francisco el Viejo, no tenía orgullo, dice su mujer, solo años- y la naturaleza sufría la dureza de los inviernos más duros en los que se helaban todos los ríos de la península. A los diferentes solo puede salvarlos el anonimato de la naturaleza. La mayoría de las personas los mirarán con recelo y solo contarán con unas pocas capaces de comprender esa diferencia y aceptarlos. Lo que pasa en la mente de un diferente como Francisco, el hombre pez, es la materia que novela con gran dosis de humanidad José Antonio Abella. Eso no estaba en los documentos y es la gran riqueza -junto  al trabajo estilístico- de esta novela.


Noticias de nuestras lecturas: anuncio de la próxima


Comenzamos la lectura de Juana la loca. La cautiva de Tordesillas de Manuel Fernández Álvarez, que nos ocupará hasta el 5 de abril. Es la primera vez que propongo la lectura de una biografía y prometo que no será la última. Este género es más que interesante. Por una parte, nos ayuda a conocer la vida de una persona relevante en la historia y el contexto social en el que nació. Por otra, nos da claves del autor de la biografía y de su época. Una biografía no se escribe solo para levantar un monumento literario a la persona retratada sino también (y fundamentalmente) para la época en la que se redacta. Juana la loca. La cautiva de Tordesillas nos acerca a la apasionante vida de la reina Juana, la hija de los Reyes Católicos pero también a la interpretación que de su persona tiene el historiador que la escribe. Y nos enfrenta a nuestras propias interpretaciones de aquel pasaje de la historia que son, en realidad, afirmación de nuestras ideas y creencias presentes. Al hablar de Juana hablamos también de nosotros mismos. Lo desarrollaremos en los próximos días.

Con motivo de la lectura de esta biografía Alumni UBU ha organizado un viaje a Tordesillas, en el que visitaremos los lugares claves de la estancia de Juana en esa localidad y debatiremos sobre la obra. Una vez cumplimentado el plazo interno para los miembros del club de lectura en su faceta presencial, se ofrecerán las plazas libres. A fecha de hoy, muy pocas.

Espero que la lectura de esta biografía suscite el suficiente interés como para proseguir, en otros cursos, con este género. El personaje y la época lo merecen.

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