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viernes, 13 de septiembre de 2013

Indë en Béjar

Las integrantes de Indë con las organizadoras.

El pasado 17 de agosto Indë dio un concierto en La Alquitara de Béjar, una sala de referencia en la ciudad salmantina. Organizado por la Asociación de Mujeres Deobriga Vetonum (AMDEVE), una infatigable Asociación bejara que trabaja por la igualdad de la mujer y en contra de la discriminación por género, tuvo como lema por la visibilización de las muejres jóvenes. A la música precedió la lectura de un Manifiesto redactado por las organizadoras en el que se ponía de relieve lo mucho que todavía queda por hacer para apoyar a la juventud y, en especial, a las mujeres jóvenes. Podéis encontrar información de Indë y de este concierto en su página de Facebook. AMDEVE lo organizó todo de forma ejemplar, el personal de La Alquitara tuvo un compartimiento exquisito y al público le gustó.

Sandra (guitarra y voz), Marta (violonchelo), Julia (voz) y Elena (guitarra y violín).

Como sabéis, mi hija Elena es una de las integrantes del grupo. La música ha formado parte de su vida desde aquellos primeros cursos de iniciación en los que hacía claves de sol con plastilina. Todavía recuerdo cuando tomó sus primeras clases de violín o cuando le regalé su primera guitarra. Ahora quiere una batería. Toca como es ella, responsable y con ganas de explorar. Y el padre, que soy yo, que no está nada dotado para la música, la escucha tocar y siente que esos momentos son pura vida y los disfruta mientras ella crece.




domingo, 5 de mayo de 2013

Noticias de un paréntesis


Estos días no he podido acudir a mi cita habitual con vosotros en La Acequia. El entreverado de cosas en las que consiste la vida me lo ha impedido. Ingresos hospitalarios de familiares, un problema de cervicales, acumulación de trabajo, noticias de enfermedades. Doy cuenta aquí de las cosas buenas.

El viernes, Javier García Riobó y yo presentamos Esguevas en la Librería Sandoval de Valladolid. Como ocurrió en Béjar, el espacio inicialmente previsto se quedó pequeño y tuvimos que poner más sillas para los amigos que quisieron acompañarnos en la presentación de todo el Proyecto agua, del que es parte este libro del que os vengo hablando en las útlimas fechas. Resultó emotivo por la presencia de tanta gente querida y porque yo tenía un secreto que no confesé hasta iniciar el acto.

Hace más de tres décadas entré por primera vez en el local que Sandoval tenía -y tiene- en la Plaza de Santa Cruz, muy cerca del edificio que albergaba la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Valladolid en la que estudié Filología Hispánica. Y lo hice porque mi padre no hacía más que recomendármelo. Mi padre, por motivos relacionados con su trabajo, tenía que pasar un tiempo, todos los días laborables, en aquella Plaza. Y comenzó a entrar en Sandoval. Mi padre, que solo tenía estudios primarios, me animaba a leer y a estudiar. Y parte de aquel estímulo le hizo visitar casi a diario, durante años, la librería de Miguel. Comenzó a gastar parte de su asignación familiar -en mi casa, como en muchas del mundo obrero español de entonces, quien manejaba el jornal que se ganaba era la mujer- en comprarme algunos libros que le atraían. Tanto insistió que Sandoval se convirtió en mi librería de referencia en cuanto pude comprender las razones de mi padre, nada más conocer y tratar al dueño de esta librería. Como es lógico, he entrado en muchas otras a lo largo de mi vida, pero Sandoval es mi librería. Y ahora que lo pienso, es la referencia más constante y fiel de mi vida. Cuando cambió su sede de la Plaza de Santa Cruz a la Plazuela del Salvador, lo seguí. Ha creado allí un local admirablemente acogedor. Y conserva sus señas de identidad, entre ellas, el que es una de las pocas librerías que quedan con fondo propio. A lo largo de los años se ha ido quedando con los libros que considera que debe conservar y no devolver a las distribuidoras, como hacen casi todos los otros libreros. Y su oferta de títulos es amplia y selectiva: huye de algunos títulos que puedes encontrar en cualquier gran superficie comercial, pero aprecia aquellos que han acumulado el saber. Esguevas tiene dentro a mi padre pero también, gracias a él, los libros que he leído en estas décadas comprados en Sandoval. Por eso, la librería Sandoval era el lugar lógico en el que presentarlo en Valladolid.


El sábado, Indë, el grupo musical del que es miembro mi hija Elena, presentó en el Espacio Joven de Valladolid -una de las naves del antiguo matadero de la ciudad recuperado así para necesarias y elogiables labores culturales-, su primer disco. No puedo más que recomendaros visitar su espacio, en el que hallaréis los videos con parte de su actuación, que fue todo un éxito.



La vida es esto, una mezcla de emociones y vivencias -buenas, malas, regualares-, que uno debe decantar para seguir adelante. En los próximos días publicaré las entradas que os debo correspondientes al Club de lectura y visitaré vuestros espacios. Sé que sabréis comprender mi ausencia.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Indë, en el Café Teatro


Mañana jueves, 20 de diciembre, a las 22 horas, concierto de Indë en el Café Teatro de Valladolid. En el orden de la fotografía del cartel, de izquierda a derecha: Marta García (violonchelo), Elena Ojeda (guitarra y violín), Sandra García (guitarra y voz) y Julia Escribano (voz).

lunes, 26 de noviembre de 2012

Debut de Indë



Ya hay un nuevo grupo en el panorama musical español: Indë. Son jóvenes y les gusta lo que hacen. Y lo hacen bien y con ganas. Debutaron ayer domingo gracias a la feliz y ya consolidada iniciativa del Open Mic Pucela, que tantas oportunidades ha dado a los que comienzan, en el Bar Borsalino de Valladolid. Porque siempre hay comienzos, aun en tiempos en los que parece imposible. Por lo demás, qué os voy a decir, ya sabéis que una de las componentes es mi hija Elena.


lunes, 19 de noviembre de 2012

La vida está llena de posibilidades

Todo está mal, es cierto, pero es justo en estos momentos cuando se debe emprender el viaje. No importa si de ida o de regreso, cada uno debe llevar encima la experiencia y las ilusiones que atesora y caminar junto a aquellos a los que decide acompasar el paso. Sin ilusiones no se viaja, uno se deja llevar por la vida como una rama en la corriente del río. Llegará un momento en el que nos sucederá que ya nada nos ilusione y sea el momento de ir a la deriva: hay derivas hermosas si uno sabe adoptar la postura adecuada. Pero todavía no es hora de abandonarse y dejarse vencer. Por eso mismo, me veo en los ojos de mi hija y los del resto de las componentes de su nuevo grupo y sé que ellas buscan el lugar adecuado para respirar, aunque todo esté tan difícil y sé que son ellas las que deberán encontrar el camino adecuado entre tanto desencanto que nos han impuesto.

La fotografía es obra de Esther Frutos.