Cuentan que las lágrimas que Malvina derramó al tener noticia de que su amado había fallecido en combate, convirtieron las flores moradas del brezo en flores blancas. No acaba ahí la leyenda, puesto que la joven deseó que aquel brezo blanco trajera buena suerte a quien la encontrara. Desde entonces, los enamorados lucen ramas de esta planta en los ojales y las prenden en sus vestidos. El llanto que sana y trasforma. Transitar por el dolor para depurar las emociones. A este brezo de la sierra le faltan unos meses para florecer al principio de la primavera. Regresaré entonces para tomar una ramita y ponerla sobre mi pecho, quizá las lágrimas de aquella joven despejen las últimas nubes del invierno.
Si destruimos la naturaleza, cómo salir del dolor.
Rama de brezo blanco
florecido en la verde
condición de tus ojos.
¡La sierra se hace abril
a pesar del invierno!
Cómo salir de mí para encontrarte.
© Pedro Ojeda Escudero (2020)
