Recuerdo México como fusión de tiempos. En las calles vi el barrio español en el que me crie en los años sesenta y sus gentes, pero también la más avanzada tecnología. Vi tierras indígenas sin cobertura de internet en cientos de quilómetros cuadrados en las que se anunciaba cocacola en una tiendita. Vi barrios bohemios y hípsteres en los que se rodaban películas que ahora se estrenan y teporochos abandonados en las calles como intocables. Vi espacios culturales abarrotados de miles de libros completamente abiertos a cualquier interesado y niños que pintaban en cuadernos escolares en los andadores para ganarse unos pesos y que agradecían más la atención que se les dedicaba que la galleta que compartimos con ellos. Recuerdo los amigos de allá que me abrieron su corazón, que detuvieron su vida para compartirla conmigo y con los que tengo la sensación de no haber estado a la altura y tener una deuda inmensa. Recuerdo un México tan hermoso que aún no he sido capaz de escribirlo, gentes amables con ganas de conversar, el bullicio de los mercados tradicionales y el olor y el sabor de la comida. Recuerdo un castellano tan exacto, rico y perfecto -en una aldea de la Mixteca alta, en los taxistas, en el guarda de un museo, en los camareros de los restaurantes, en los indígenas artesanos-, que me hubiera instalado para siempre en esa lengua que en España estamos perdiendo.
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miércoles, 30 de enero de 2019
martes, 11 de septiembre de 2018
Imperio. Monólogo teatral
El sábado 26 de agosto asistí a la representación de Imperio, un monólogo basado en la novela homónima de Héctor Zagal adaptado y dirigido por Rodrigo González e interpretado por Ricardo Kleinbaum. No se trata de un montaje nuevo, puesto que se representa desde hace unos años y prolongará su presencia escénica, al menos, en el mes de octubre próximo. Para el espectador cuenta con una aliciente previo puesto que el escenario es el castillo de Chapultepec, que fuera habitado por el protagonista de la obra. En la ciudad de México tienen costumbre arraigada de representaciones en los edificios más nobles de su historia. Quiero recordar aquí la labor intensa, exitosa y de largo recorrido que lleva a cabo Juan Francisco Hernández Ramos al frente de la Compañía Nacional de Teatro Fénix Novohispano, que durante casi dos décadas ha propuesto varios montajes en el centro de la ciudad, especialmente en diferentes espacios y edificios del Zócalo y lugares cercanos.
Imperio aborda los últimos días de vida de Maximiliano I de México quien, desde su prisión en Querétaro, recuerda sus años como emperador. La aventura mexicana de Maximiliano es, de por sí, una historia apasionante y ha dado lugar a varias obras literarias, películas, esculturas y pinturas. Rodrigo González ha conseguido un montaje que mantiene la tensión y la atención del espectador en todo momento a partir de un escenario mínimo y una estructura del texto sabiamente conseguida y modulada que se desenvuelve con claridad. La obra expresa el conflicto interior de Maximiliano (hombre débil que debe asumir el peso de la historia que le corresponde como Habsburgo). En la caracterización del personaje, interpretado a gran altura por Ricardo Kleinbaum, se encarna un emperador que pasa por todos los registros, desde las dudas más profundas y los reproches a quienes le engañaron o a su madre y su mujer, hasta la forma final de asumir su destino trágico ante el pelotón de fusilamiento con un grito de amor a México.
La propuesta tiene un añadido más que interesante puesto que enfrenta a los espectadores, mayoritariamente mexicanos por el lugar de representación, con algunas de las circunstancias más conflictivas de su historia como país: la desunión constante, la trama de traiciones continuas, la cuestión social, la posición histórica de los pueblos indígenas, el cuestionamiento de alguno de sus símbolos más importantes, etc. El monólogo es muy valiente a la hora de profundizar en todo esto y lanzarlo como preguntas constantes al público que asiste, sumando el conflicto interior del personaje al de la construcción como país de México. Obras de este tipo son muy necesarias en todas las naciones puesto que las enfrenta con las circunstancias de su constitución.
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