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jueves, 12 de febrero de 2015

Sobre literatura femenina para comenzar Entre visillos de Carmen Martín Gaite y noticias de nuestras lecturas.


Con Entre visillos de Carmen Martín Gaite, el Premio Nadal puso definitivamente en 1957 un debate en la realidad cultural española: ¿existe una literatura femenina? ¿Existe una forma de narrar diferente cuando el autor es un hombre o cuando es una mujer?

El Premio había comenzado su andadura en 1944, con Nada de Carmen Laforet (que hemos leído también en este curso). En años sucesivos se otorgó a Viento del Norte de Elena Quiroga (1950), Nosotros, los Rivero de Dolores Medio (1952), Siempre en capilla de Lluïsa Forrellad (1953). En 1969 se dio a Primera memoria de Ana María Matute. Curiosamente, tras provocar ese debate, no se volvería a otorgar a una mujer hasta 1981 (Cantiga de Agüero de Carmen Gómez Ojea). También se haría esperar el premio para Azul de Rosa Regás (1994) y a partir de ese momento es más regular: Lucía Etxebarria por Beatriz y los cuerpos celestes (1998), Ángela Vallvey por Los estados carenciales (2002), Maruja Torres por Esperadme en el cielo (2009), Clara Sánchez por Lo que esconde tu nombre (2010), Alicia Giménez Bartlett por Donde nadie te encuentre (2011) y Carmen Amoraga por La vida era eso (2014). Curiosamente, entre los finalistas solo hay seis nombres de mujeres.

Hoy el tema ha dado lugar a cientos de artículos, debates académicos, declaraciones provocativas en uno u otro sentido e incluso a un cierto hartazgo a la hora de abordarlo. De hecho, lleva años sin aparecer en los medios de comunicación y la mayoría de los que hacen declaraciones en este sentido -hombre o mujer- niegan las diferencias. Pero en aquellos años el debate sí estuvo en primera línea y, sobre todo, debido los fallos del jurado del Premio Nadal desde su inicio hasta 1969. El concedido a Carmen Martín Gaite fue la confirmación de que algo estaba ocurriendo en este sentido.

La creencia de que haya formas de narrar (o escribir poesía o teatro) diferentes entre hombres y mujeres es eso desde el punto de vista teórico: una creencia, no una realidad. No hay forma de distinguir entre lo que escribe una mujer y un hombre. Ni siquiera por el género en el que se expresa el poeta o el narrador. De hecho, hay manifestaciones literarias puestas en boca de mujer cuya voz femenina está seriamente cuestionada (por ejemplo, las jarchas), de la misma manera que muchos escritos de la Pardo Bazán no responden a la visión femenina tal y como se suele hacer.

Sin embargo, desde el punto de vista de la realidad social e histórica y de la oportunidad del planteamiento en algunos momentos concretos, no sucede así. En sociedades en los que los espacios públicos y las manifestaciones sociales se dividen tajantemente entre lo masculino y lo femenino, la aparición de la escritura realizada por mujeres aporta ángulos de visión a los que, por educación y costumbres sociales, no suele prestar atención el hombre. En algunos casos esto no es intencionado, sino producto de convenciones sociales, educación sentimental y roles tradicionales que no se cuestionan o no pueden cuestionarse y que en muchas ocasiones provocan formatos castradores a la hora de expresar las emociones o la ideología. Hasta el siglo XIX era frecuente que cuando una mujer escribía de temas tradicionalmente reservados en la sociedad para el hombre, se la denominara -como elogio- varona. No hay que decir que es un elogio que resta condición femenina a la escritora, por supuesto. Se era mucho más cruel con los hombres que escribían sobre las emociones de una manera convencionalmente femenina. Supóngase, además, el impacto de todo esto para la escritura de homosexuales o lesbianas que debieron durante siglos esconder su sexualidad y evitar ciertas maneras de escritura que pudieran significarlos.

En España se venía de una situación diferente Durante la II República, la igualdad de la mujer y el hombre en todos los campos había progresado mucho y en poco tiempo, aunque no se hubiera conseguido del todo en la práctica. En los años treinta apareció un nutrido grupo de científicas, profesionales de todo tipo y escritoras que ocuparon sin ningún rubor la primera fila de la cultura española. La Guerra civil y la dictadura de Franco terminó brutalmente con todo esto e implantó un modelo social en el que la mujer quedaba confinada a determinados espacios y su visibilidad cultural era muy difícil.

De ahí la trascendencia de que el Premio Nadal pusiera el acento, desde su primera convocatoria, en la literatura escrita por mujeres. Supongo que a estas alturas no seremos tan ingenuos de pensar que todo sucede de forma inocente. Aunque no se trate del Premio Planeta -el Nadal ha pasado recientemente a la órbita de Planeta y ha copiado los mismos modelos de actuación que la casa madre-, el Nadal optó por un tipo de literatura que apostaba por nombres nuevos y jóvenes y, especial y significativamente, por la literatura escrita por mujeres que planteaban precisamente eso, los problemas y circunstancias de las mujeres en la postguerra española. En la opción pesaría un poco de todo: innovación rupturista y valiente, cierta forma de oposición a la moralidad oficial del régimen, conciencia de que había que promocionar lo que en cultura estaban realizando las mujeres españolas cuya situación era peor para competir con lo que escribían los hombres y -por qué no- la búsqueda de un sector de público hasta entonces poco atendido por las editoriales de prestigio -el de la mujer que quiere leer novelas de calidad que le hablen de sus propios problemas y no reducirse a las novelas sentimentales de quiosco.

Con esto, el Premio Nadal no solo hacía justicia sino que promovía inteligentemente un tipo de escritura de mujeres novelistas que ponían encima de la mesa a través de sus obras una visión femenina que cuestionaba seriamente el papel reductor al que se la sometía sin que aparentemente fuera ese el objetivo de sus historias. La apuesta era inteligente: sin reivindicar directamente nada para no ofender al régimen, retratar la vida cotidiana desde la mirada de las mujeres que se veían constreñidas a unos espacios que, evidentemente, se les quedaban estrechos y así reivindicarse como mujeres y como escritoras en una época que las silenciaba si salían de su estrecho papel como esposas y madres. Y proponer unos textos que no eran solo de mujeres para mujeres sino de mujeres para la sociedad entera.

Noticias de nuestras lecturas


Mª Ángeles Merino nos da cuenta de cómo Rosita sigue asombrada de las novedades del tiempo. Pero me da a mí que esta mujer ya no puede volver al recato tradicional después de ver tanto ito...

Paco Cuesta cierra su comentario de los Usos amorosos abordando con todo acierto y vista uno de los núcleos de este ensayo: el uso de los términos. A través de la lengua se explican muchas cosas.



Pancho lleva a feliz término su locura de contarnos una locura sin término. De hecho, el loco acabó en el manicomio. No Pancho, sino este Quijote apócrifo, claro. Aunque prometía continuación...

Ya sabéis que recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis.

Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

jueves, 5 de febrero de 2015

La mujer en los Usos amorosos del dieciocho en España de Carmen Martín Gaite, noticias de nuestras lecturas, comienzo de Entre visillos y aviso del viaje a Tánger.


El estudio de Martín Gaite se titulaba, en su origen, Lengua y estilo amorosos en el siglo XVIII español. Partía de la filología para desentrañar en los textos algunas claves y costumbres de las relaciones sentimentales de aquella época. No deberíamos olvidar este punto de partida. En el siglo XVIII se desarrollan las nuevas ideas que se encuentran en nuestra concepción moderna de la vida, en política pero también en las relaciones interpersonales. La nueva posición de la mujer en estas es una de las claves más importantes que nosotros hemos heredado. La mujer consigue alcanzar su condición de individuo pleno. Aún tardará siglos en obtener todos los derechos en occidente -y aún no los ha obtenido en todo el mundo-, pero será en este siglo en el que se desarrolla la idea. Y con la idea viene la lucha por el desarrollo día a día de esa nueva posición que la situará no bajo la dependencia del hombre, sino a su altura. Aunque pueda parecer que Martín Gaite se centra en una costumbre un tanto frívola -la del cortejo- que aparece en España como moda afrancesada, se trata de otra cosa. La moda revelaba que las cosas cambiaban, que la mujer ya no estaba dispuesta a quedarse oculta en casa y a no manifestar sus necesidades, incluso las más banales.

Evidentemente, todo tiene sus precedentes. En el siglo XVII, una escritora española, María de Zayas, consiguió éxito en Europa -inusitado para una mujer escritora en aquellos tiempos- gracias a un puñado de novelitas que, aparte de estar bien escritas y mostrar argumentos interesantes, proponían debates de salón sobre temas amorosos en los que participaban por igual hombres y mujeres jóvenes, lo que, con toda seguridad, remitía a una costumbre del momento y la fomentaba. Aunque todavía se trataba de un juego que se desarrollaba solo en el ámbito doméstico, era una brecha en la visión oficial sobre la mujer.

Lo que estudia Martín Gaite es más amplio: un fenómeno que se inicia en el ámbito doméstico pero también tiene su repercusión pública y social y, sobre todo, pone de relieve que las cosas cambian: las mujeres tienen derecho a amar, a mostrarse en público y a elegir sus relaciones sentimentales libremente. En esto no estuvieron solas. Un buen puñado de pensadores y escritores españoles secundaron las ideas que procedían, sobre todo, de Francia, pero que también tenían precedentes españoles. Estos escritores lo manifestaron en sus obras, especialmente en el teatro, que se convirtió en el escenario de un combate ideológico. El sí de las niñas, de Moratín, que comentamos el curso pasado, es un buen ejemplo de ello. Y no olvidemos que la literatura era, por entonces, el lugar en el que se educaban sentimentalmente gran parte de los jóvenes europeos.

Noticias de nuestras lecturas

El próximo martes día 10, en el horario y lugar habituales, tendremos la reunión del Club de lectura en su formato presencial para comentar Usos amorosos del dieciocho en España de Carmen Martín Gaite.

Un útil trabajo el de Gelu en su segunda entrada: pone de relieve la intención de la autora en este ensayo al centrarse en la mujer como tema.

Paco Cuesta señala la posición central de un tema esencial en este ensayo pero también en aquella época que estudia, el siglo XVIII: la imitación por parte de la aristocracia de las clases populares y cómo estas someten a crítica a los poderosos.

Luz del Olmo pone su atención en un fenómeno relacionado sin duda con la lectura de este ensayo: la voz de las mujeres que escribieron en el siglo XVIII.

Rosita sigue dando material a Mª Ángeles Merino en sus entradas sobre este ensayo. Aquí, aborda la razón esencial: la posición de la mujer y su acceso a la educación. Cuánta razón.


Hasta Eliseo Parra nos lleva Pancho tras comentar con todo acierto uno de los pasajes más interesantes de Avellaneda: cómo abandona Sancho a su amo. Cumple como su personaje y así el autor comienza a cerrar la novela por donde mejor le conviene a sus intereses ideológicos.

Ya sabéis que recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis.

Próxima lectura: Entre visillos, de Carmen Martín Gaite



Nos habrá resultado muy útil haber leído los Usos amorosos del dieciocho en España para comprender mejor una obra anterior de Carmen Martín Gaite, la que lanzó su fama literaria y la situó en el mostrador de la narrativa más importante de la literatura española de postguerra. Entre visillos (Premio Nadal, 1957) nos ocupará las próximas semanas en el Club de lectura. Comenzaremos el próximo jueves.

Viaje a Tánger


Como sabéis, el final del curso del Club de lectura nos llevará a Tánger con la que haremos de las Crónicas periodísticas de la guerra de África de Núñez de Arce, uno de los primeros cronistas de guerra de la historia del periodismo español. No solo con las palabras. A través de la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos, que sostiene el formato presencial de nuestro club, organizamos un viaje a esta ciudad para buscar en ella los pasajes literarios -y los no literarios, claro, que no solo de libros se vive-, que tendrá lugar del 26 al 30 de junio. Quien desee apuntarse, que me envíe un correo privado. Quedan pocas plazas libres.

Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

jueves, 29 de enero de 2015

La mirada de Martín Gaite a los Usos amorosos del dieciocho en España y noticias de nuestras lecturas.


Si la forma del ensayo de Martín Gaite procede de su origen como Tesis Doctoral, el núcleo consiste en la base de la mirada de la autora a sus intereses como novelista. En toda su producción late la misma preocupación por las relaciones personales en la intimidad antes que en la plaza pública, centradas en la posición de la mujer. Suele ocurrir que los escritores, cuando abordan trabajos académicos miran el objeto de su estudio con sus mismos intereses literarios -como Pedro Salinas y su estudio sobre el amor en Rubén Darío o los ensayos sobre narrativa de Vargas Llosa-. No hay mejor manera para entender a Martín Gaite que leer estos Usos amorosos del dieciocho como no hay mejor forma de comprender este ensayo que leer la narrativa de la autora. De hecho, ella misma es consciente tal y como dejó escrito en la Introducción de un ensayo complementario de este, los Usos amorosos de la postguerra en España (1987): 

Poco después, y alentada por la buena acogida que tuvo aquella monografía, que algunos amigos me comentaron haber leído «como una novela», empecé a reflexionar sobre la relación que tiene la historia con las historias y a pensar que, si había conseguido dar un tratamiento de novela a aquel material extraído de los archivos, también podía intentar un experimento al revés: es decir, aplicar un criterio de monografía histórica al material que, por proceder del archivo de mi propia memoria, otras veces había elaborado en forma de novela.

Esta comunidad de mirada e intereses es lo que mejor explica cada pieza por separado y el conjunto entero. Martín Gaite se encaminó primero al XVIII por razones académicas pero terminó llevando la metodología de los Usos amorosos a su propio tiempo: biografía y estética.

Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino continúa publicando las cartas de Rosita, que aprende a leer y escribir a escondidas para contarnos que su señora se ha echado un cortejo... Una delicia.

Paco enfoca, con todo el acierto, su segundo comentario de la obra de Martín Gaite: entre petimetres y majos, dos arquetipos de la época que explican muchas cosas.

Gelu se mete de lleno en el ensayo y para eso primero define los conceptos más interesantes y busca contextualizar en el siglo XVIII las palabras de Martín Gaite.




Pancho termina con Extremoduro su entrada de esta semana sobre el Quijote de Avellaneda... quizá para resaltar cómo todo nos lleva a terminar como manda Dios... después de echar unas risas a costa de un loco.

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jueves, 22 de enero de 2015

Usos amorosos del dieciocho en España como retrato de una época de cambio y noticias de nuestras lecturas.


No podemos comprender la oportunidad del estudio de Carmen Martín Gaite si nos quedamos tan solo en las anécdotas que ilustran su ensayo. Lo que desvela, en primer lugar, con su análisis del lenguaje y las costumbres relacionadas con las cuestiones sentimentales centradas en el cortejo, es un profundo cambio de época que se instala poco a poco en la sociedad española. Y no fue solo una moda venida de Francia -que también- sino que llevaba dentro algunos de los elementos más renovadores de los principios ilustrados. Me refiero, en concreto, a la libertad individual para amar y para establecer las relaciones sentimentales. No es que un siglo antes no existieran personas que lo practicaran, es que ahora se ha establecido el principio ético que lo avala y comienza a fabricarse el principio filosófico y jurídico. Costará mucho -un par de siglos- pero finalmente esos principios triunfarán en occidente. Y en el centro de este principio, una nueva posición de la mujer como parte activa y visible de la sociedad que comienza a caminar en una de las revoluciones más importantes de la sociedad contemporánea: la igualdad de sexos.

Esta nueva posición de la mujer como centro de las reuniones sociales, que tiene libertad para recibir a hombres en sus aposentos aunque esté casada, que mantiene tertulias en sus salones y que sale a pasear sin el férreo control masculino pudiendo presentarse en sociedad más libremente que antes es la clave de este cambio. Una vez que la mujer se libera -poco a poco pero haciendo imposibles los pasos atrás- de la necesaria autoridad masculina para decidir a quién amar, todo el sistema social anquilosado se agrietará. Esta revolución, menos visible que la toma de la Bastilla, es más permanente, eficaz y duradera.

Evidentemente, la visibilidad inicial del fenómeno se da en las clases altas y sobre todo en las familias más influidas por el pensamiento y las modas que vienen de Francia. Es interesante pensar en el poder para cambiar el mundo de una moda que parece algo pasajero. Por imitación pasará luego a la alta burguesía para instalarse finalmente en las clases medias y mucho después en las clases populares.

Aunque parezca broma, el cortejo y el chischiveo fueron herramientas muy eficaces de una ideología que cambió el mundo para sacarlo de las estructuras rígidas del Antiguo Régimen. La mujer, finalmente, podía recibir en casa y salir a la calle en un trayecto que llevará hasta la libertad para amar.

Noticias de nuestras lecturas

Paco Cuesta comenzó la semana pasada con el comentario del ensayo de Martín Gaite contextualizando excelentemente el punto de partida social para que podamos comprender mejor las cosas que investiga la autora. Continúa esta semana abordando el punto de partida: la mujer del XVIII tomó conciencia de dónde se encontraba. Excelente.

Mª Ángeles Merino se mete de lleno en el comentario de los Usos amorosos del dieicocho en España abordando el cortejo... de la mano de lo que Rosita le cuenta a Mariquilla en un documento de la época. Buena sorpresa la de Mª Ángeles, adoptar la moda epistolar dieciochesca para trasladarnos a la época.


Mª Ángeles Merino termina con su reseña del encuentro que mantuvimos el martes 13 con José Antonio Abella, el autor de La sonrisa robada. No os lo perdáis.

Con fotografía del acto del pasado 12, Luz del Olmo concluye las líneas narrativas de la obra de Abella.

Gelu continúa apasionadamente seleccionando momentos de La sonrisa robada (citas, música, enlaces). Sin duda, ha quedado atrapada por esta novela.


Pancho continúa el comentario del Quijote apócrifo y ve los recelos de Cenobia y las negociaciones de Sancho, decidido a ir a lo suyo antes que a lo de su amo. Desde este momento se aprecia cómo el autor va cosiendo las cosas para conducirlas a su cierre. Y al fondo, Sabina.

Ya sabéis que recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis.

Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

jueves, 15 de enero de 2015

Encuentro de los lectores con José Antonio Abella, autor de La sonrisa robada, comienzo de los comentarios de Usos amorosos del dieciocho en España de Carmen Martín Gaite y noticias de nuestras lecturas



 (Las cuatro fotografías del encuentro con José Antonio Abella que publico en esta entrada son de Amalia Trujillo)

El pasado martes día 13 se celebró el encuentro con José Antonio Abella, autor de la novela La sonrisa robada, de los participantes de nuestro Club de lectura y todas las personas que quisieron acudir a las ocho de la tarde al Museo del Libro Fadrique de Basilea de Burgos. Quiero agradecer a todos su presencia en una sala completamente llena. También quiero agradecer la colaboración del Museo del Libro, un lugar especial y recomendable para todos los que amamos el libro sea cual sea su formato. Pocos lugares como este para un acto en el que lo que nos reúne es nuestro amor por la lectura. Y, por supuesto, agradecer el constante y cariñoso apoyo de la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos, que mantienen el club de lectura en su formato presencial.

Durante más de una hora tuvimos entre nosotros a José Antonio Abella, que se sometió con gusto y cercanía a las preguntas de los presentes. Mª Ángeles Merino ha publicado una extensa reseña de sus palabras, que me ahorra a mí el trabajo de pormenorizar la intervención de Abella. Quiero resaltar varias cosas. En primer lugar, la personalidad de José Antonio Abella, un hombre apasionado por la literatura y por la vida, un médico humanista de los que tanta tradición hemos tenido en España. En segundo lugar, el relato de cómo se escribió esta novela a partir de la amistad, del apasionamiento con el tema -los dos temas: el del amor entre dos jóvenes europeos de la postguerra y el del sufrimiento de los individuos ante la historia- y el trabajo minucioso de documentación que no entorpece la lectura.

Como la novela ya la hemos analizado en la serie de entradas que le hemos dedicado en el último mes, de su intervención me quedo con las ideas vertebradoras de La sonrisa robada: el encuentro de la forma adecuada desde la que escribirla desde una primera persona y el hallazgo de la sabia mezcla entre realidad y ficción y el motor ideológico desde el que se percibe que un horror no puede borrar otro horror, sino que lo aumenta. Narrar la parte de la historia correspondiente a la joven alemana, de familia nazi, que resulta víctima de las atrocidades de los últimos momentos de la guerra mundial confiere una singularidad a la novela bien resuelta para no caer en el rechazable revisionismo histórico pero poner el foco de atención en unos acontecimientos hasta ahora casi olvidados y que ocurrieron: las consecuencias que tuvo para la población alemana el final de la guerra, no solo para aquellos que pudieron participar en las atrocidades nazis o consentirlas sino para todos en general, incluso para dos mujeres adolescentes. Una reflexión sobre cómo el fanatismo nacionalista puede cegar a casi toda una población y cómo el castigo generalizado posterior tampoco ahorró crímenes que cualquiera debe rechazar, convirtiendo la justicia en venganza. En el fondo, como dije en el acto, la historia acaba triturando las biografías de las personas y de este espanto solo puede salvarnos la esperanza del amor, como al protagonista de la novela.

Este encuentro es parte de los proyectos que tenemos en el Club y de los que iremos dando cuenta aquí para que puedan participar todas las personas interesadas.



Usos amorosos del dieciocho en España, 
de Carmen Martín Gaite


Comenzamos la lectura de Usos amorosos del dieciocho en España de Carmen Martín Gaite, que nos ocupará hasta el 5 de febrero. El ensayo de Carmen Martín Gaite tiene como origen su Tesis Doctoral defendida en 1972 en la Universidad Central de Madrid bajo el título de Lenguaje y estilo amorosos en los textos del siglo XVIII español, dirigida por el profesor Alonso Zamora Vicente. Este trabajo supone la culminación en la carrera académica de la autora cuando ya estaba cerca de los cincuenta años y contaba con varios textos literarios publicados con éxito. La Tesis fue revisada y publicada con el título definitivo por la editorial Siglo XXI y se convirtió inmediatamente en un éxito de crítica y público. En la actualidad sigue siendo un texto de referencia en los estudios de la historia, la cultura y la literatura del siglo XVIII.

Pero el lector medio no debe asustarse por este origen académico del texto. Precisamente por la faceta como escritora de Carmen Martín Gaite se lee con pasión no exenta de sorpresas. Pero no solo por el estilo. La obra conserva con pleno vigor lo que construyó la perspectiva ideológica de Martín Gaite a la hora de redactarla. Es uno de los primeros grandes ensayos españoles que prestan atención a la vida íntima de las personas, a los comportamientos habituales en las relaciones sociales y, en especial, a la perspectiva sentimental centrada en la mujer. Martín Gaite tuvo el acierto de buscar donde otros no habían sabido ver quizá por cerrazón ideológica o corsés académicos. El ensayo de Martín Gaite es, todavía hoy, fresco y moderno. Nos presenta la vida de las personas a la hora de relacionarse sentimentalmente, las modas y los hábitos generalizados y aquellos que comenzaban a entrar desde Francia para escándalo de los moralistas. Martín Gaite estudia la documentación dieciochesca para levantarnos una imagen de una época que cambió el mundo para siempre pero no deberíamos perder tampoco la perspectiva que contextualiza su estudio y que nos ayuda también a comprender mejor este tema en su narrativa. Martín Gaite habla de las mujeres y los hombres del XVIII pero su lección se dirigía también al contexto de la España franquista en la que vivía y en la que una moralidad de naftalina cerraba la libertad sentimental de las personas que vivían en la dictadura. Especialmente, las mujeres.


Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino publica un pormenorizado resumen del acto del martes pasado. Remito a él para tener una reseña amplia.

También reseña el acto Paco Cuesta en su entrada, pero lo hace desde las emociones que suscitó la presencia del autor y el comentario de su obra.

Gelu continúa su labor de cosechar las mejores citas de la novela, ya con el libro en la mano. Y nos remite, con todo acierto, a la parte musical de la misma, sin la que no puede comprenderse.


Pancho llega a un pasaje solucionado con mucho ingenio por Avellaneda: la presencia del Archipámpano y la Archipampanesa y el desafío de Sancho con sus sandeces siguen motivando la risa. Y no me digáis cómo pero es capaz de terminar su entrada con Sabina...


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jueves, 8 de enero de 2015

El tono narrativo de La sonrisa robada, anuncio del próximo encuentro en Burgos con el autor y noticias de nuestras lecturas.


José Antonio Abella ha conseguido hacer apasionadamente atractiva para todo tipo de lectores una novela compleja. En ella se mezclan tiempos (la postguerra mundial y la actualidad), géneros (la novela de no ficción, la correspondencia epistolar, el diario), momentos de gran intensidad sentimental y de profundo drama, lo mejor del ser humano y lo peor. Y sin embargo, la novela es sólida, no se desencuaderna y resiste todo esa complejidad gracias a dos cosas. En primer lugar, el interés argumental graduado sabiamente por el autor. A pesar de que el lector sabe pronto cómo termina la historia central -incluso puede saberlo antes de leer el libro porque está basado en una historia real-, el fruto de la investigación del narrador principal -el propio Abella- es atractivo porque nos va dejando la huella de un impulso de curiosidad que todos sentimos -¿qué pasó con la joven alemana?, ¿qué ocurre en la mente del joven español, José Fernández-Arroyo, cuando no puede cumplir sus promesas?- . En segundo lugar, por el acertado tono narrativo que emplea Abella en la novela y que lo aproxima decididamente a lo poético pero salvando a la historia del fácil recurso al sentimentalismo. Hay lirismo en la narración -imágenes de todo tipo, brillantes metáforas como la de los estorninos blancos pero sobre todo el tono sostenido en toda ella-. Y ese lirismo es lo que permite la solución final en la que todo -el pasado y el presente, lo deseado y lo sucedido- puede fundirse, como se suman las dos cabeceras de los dos protagonistas, enfermos, en diferentes lugares y en diferentes momentos pero en el mismo tiempo narrativo.

Aquellos que tengáis problemas para encontrar la novela, podéis adquirirla en este enlace de forma eficaz y rápida

Encuentro en Burgos con José Antonio Abella

Fotografía del autor tomada de la página de la editorial La isla del náufrago.

El próximo martes, día 13 de enero, tendremos con nosotros a José Antonio Abella, el autor de la novela La sonrisa robada que nos ocupa en las últimas semanas. Con tal motivo, el encuentro mensual del Club de lectura tendrá lugar en el Museo del Libro Fadrique de Basilea de Burgos (Travesía del Mercado, 3. El Hondillo) a las ocho de la tardeEntrada libre hasta completar el aforo. Será una buena ocasión para compartir con él nuestra experiencia como lectores y comentar los aspectos esenciales de su obra. Tendremos, además, la ocasión de disfrutar de la presencia de una persona con unas cualidades humanas relevantes. Te invito a acudir al acto.

José Antonio Abella (Burgos, 1956), es médico y escritor. Su primera novela, Yuda, se publicó en 1992. Desde entonces su producción literaria ha crecido notablemente hasta la publicación de La sonrisa robada, por la que ha obtenido el Premio de la Crítica de Castilla y León en su última edición.


Noticias de nuestras lecturas

Paco Cuesta escribe una excelente e imprescindible entrada que nos ayuda a comprender mejor las raíces de la novela de Abella. Aquí tenéis más razones para leerla. Después propone otra de las claves de la lectura: los contrastes entre lo lírico y la realidad, lo narrado por el narrador principal y lo contado por los protagonistas en sus cartas y diarios. Entrada imprescindible.

Mª del Carmen Ugarte decide comenzar el año en el buen camino y se lanza a la lectura de La sonrisa robada, analizando dos de las historias de la novela, ambas ejemplo de cómo las biografías son marcadas por la historia.

Mª Ángeles Merino comenta el encuentro de los dos jóvenes en Alemania y el conflicto entre realidad y sueño que vertebra toda la novela.

Gelu, a pesar de las dificultades, continúa su comentario de la novela a partir de los capítulos en distribución gratuita y llega a un punto esencial en la novela: la importancia de la música.



Pancho nos hace entrar en la Corte de la mano de Avellaneda. Toda una crítica social del Madrid de la época en unas pocas líneas.  Es en su siguiente entrada, en la que se desarrollan las burlas inventadas para don Quijote en donde mejor se aprecia la sutil lectura que de estos capítulos haría Cervantes... Y, además, está Serrat...

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jueves, 25 de diciembre de 2014

La implicación del narrador en La sonrisa robada de José Antonio Abella y noticias de nuestras lecturas.


Entreverar de forma sabia, como se hace en esta novela, pasado y presente, autobiografía y novela, fórmula epistolar y narración en tercera persona, lo más íntimo del corazón humano y el panorama histórico y social europeo de Europa tras la II Guerra mundial provoca en el lector una apasionada sensación de puzle que debe completar en busca de cada una de las piezas. Hay una acertada estrategia narrativa en La sonrisa robada por la que se miden los tiempos de los misterios: la resolución final de la historia de amor, las causas por las que la mujer no puede sonreír, el presente de cada uno de los personajes. Porque en el fondo el motor del narrador principal -el personaje en el que se trasforma José Antonio Abella- es la investigación. Una investigación que parte de la amistad y el cariño que siente por el protagonista de la historia de amor pero que también nace de la propia necesidad de completar el puzle incompleto de esa historia. El narrador ha quedado atrapado por esa pasión de los dos jóvenes de los años cuarenta que marcaría la vida de su amigo. Y en él se establece una lucha que nos expone continuamente en la narración de lo que investiga: las dudas sobre si podrá encontrar resultados; su intento de distanciarse como investigador -no deja de tener una formación científica- de la historia pasional; la forma de contarnos los horrores que descubre en la parte oculta de la mujer sin traicionar su propia conciencia; la manera de hacer llegar todo eso a su amigo. Es otro más de los varios planos interesantes de esta novela: el narrador no es alguien plano o completamente externo, está implicado por su amistad y su forma de pensar y debe meditar continuamente sobre todo esto para hallar la forma exacta de narrar lo ocurrido sin contaminarlo.

Aquellos que tengáis problemas para encontrar la novela, podéis adquirirla en este enlace de forma eficaz y rápida.

Noticias de nuestras lecturas

Mª del Carmen Ugarte comienza su lectura de La sonrisa robada poniéndonos en la situación correcta: la desolación que traen las guerras y sus consecuencias.

Hermosa entrada la que dedica Mª Ángeles Merino a la materia que impulsa la novela de Abella: la historia de un sueño en la realidad que traspasa tiempos, fronteras y formas narrativas. 


Pancho continúa su acertado comentario del Quijote apócrifo. Toca en esta entrada suya una de las mayores virtudes narrativas de Avellaneda: el uso de lo popular en esta segunda parte. Excelente entrada. Después sigue con el listón bien alto para comentar el encuentro con los comediantes y el juego con Bárbara y el intento de descristianar a don Quijote... Para no perdérselo.

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jueves, 18 de diciembre de 2014

Del diario a la novela: La sonrisa robada de José Antonio Abella y noticias de nuestras lecturas.


La sonrisa robada de José Antonio Abella (Premio de la Crítica de Castilla y León 2014) es una historia construida a partir de una pasión que se introduce en una época desoladorada para mostrarnos facetas que nadie había narrado antes. Inicialmente nos cuenta la investigación que el narrador principal -el propio Abella convertido en personaje- realiza para completar la historia que su amigo, el artista José Fernández-Arroyo, había dejado escrita en un Diario publicado tiempo atrás. Es, por lo tanto, una obra que se construye en un doble plano: en primer lugar, la narración extraída del Diario de Fernández-Arroyo, el conjunto de materiales que lo sostienen y la memoria de este manifestada en las conversaciones que mantiene con Abella; en segundo lugar, la narración de Abella en la que nos da cuenta de su investigación y de todo lo que afecta esta a la historia original. Se trata pues, de una novela muy actual en su propuesta literaria, insertada en el formato de la novela de no ficción que trata de forma literaria un material que procede directamente de la realidad. Es, además, una inteligente apuesta metaliteraria puesto que asistimos a la construcción de la propia novela manifestada continuamente en el personaje del narrador principal, sus dudas y temores.

Pero sobre todo esto se impone el núcleo principal: la historia de amor de dos jóvenes en una Europa desolada tras la II Guerra Mundial y sus consecuencias. Él es un joven español, habitante de una España gris, la franquista. Ella es una joven alemana cuya familia tiene un pasado vinculado con el nazismo. Ambos se conocen a través de las cartas que se intercambian a partir de los encuentros epistolares favorecidos por la prensa de la época. La historia de este amor y sus consecuencias no son solo algo que atañe a la biografía de ambos jóvenes, sino que afecta a millones de personas de su edad que tuvieron que afrontar una postguerra dura que rompió las vidas de tantos.

Hay una gran reflexión sobre la crueldad del ser humano y la desolación de las ideologías totalitarias, pero también una profunda apuesta por la ilusión basada en los sentimientos: la amistad y el amor.

De la mano de Abella nos trasladamos a la Europa de la postguerra y a la vivencia de un amor que marcará no solo la vida de los protagonistas sino también el recuerdo de los lectores. La sonrisa robada, cuya lectura nos ocupará hasta mediados de enero, es una de esas novelas que se olvidan difícilmente por lo que cuenta y, por supuesto, por cómo lo cuenta.

Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino capta en su introducción a la lectura de La sonrisa robada toda la profundidad que hay en esta novela: una historia que se te pega tan adentro que no puedes olvidar la vida de sus protagonistas.

Paco Cuesta contextualiza el punto de partida de la historia que narra La sonrisa robada: los protagonistas eran adolescentes cuando la guerra vino a truncar sus biografías,  Imprescindible su paseo con el cuello del abrigo subido para comprender la novela.


Penélope sigue leyendo Nada, de Carmen Laforet. Llega aquí a seleccionar citas a partir de la liberación de Andrea de Angustias... No os perdáis su trabajo de ilustración.



Pancho lleva a los protagonistas hasta Zaragoza y allí termina Sancho en la cárcel. No podía ser de otra manera: en este trío está todo lo que Avellaneda quiere destruir de su homenajeado Cervantes... Y acaba con los Beatles, aquí sabréis cómo.

Ya sabéis que recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis.

Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Relato de un año desde la calle Aribau y noticias de nuestras lecturas con anuncio de la próxima


¿Qué nos aporta una relectura hoy de Nada de Carmen Laforet? En primer lugar, la brillantez de la escritura en primera persona, la forma aparentemente sencilla pero magistralmente eficaz de estructurar la materia novelada a través de la vivencia de la protagonista. El año en la calle Aribau de Andrea comienza con la ruptura de todas las ilusiones con las que llegaba a Barcelona, antes incluso de atravesar la puerta de la casa familiar. La primera parte de la novela es la caída en una angustia creciente. Andrea se siente oprimida por la miseria que la rodea, las personalidades de todos los miembros de la familia y, especialmente, el control de su tía Angustias. De esta manera, ni siquiera puede disfrutar de la vida universitaria. Tras el episodio de fiebre sucede en ella un cambio en el que percibimos cómo va afirmando su personalidad, lo que quiere y cómo ese deseo choca inevitablemente con la realidad que le rodea, pero le permite gozar de la apertura a un mundo de relaciones fuera de la calle Aribau. Tras la marcha de Angustias este mundo crece: Andrea se ha liberado de la opresión, aunque no del hogar mediocre en el que todo parece aliarse para hacer desgraciados a todos y cada uno de los que allí viven, incapaces de salir de un círculo que les condena a la infelicidad, el hambre y la miseria (expresada en la suciedad, en el polvo, en los chinches y cucarachas). Pero Andrea se siente libre de esa opresión y ejerce su libertad incluso contra sí misma, permitiéndose caprichos que le llevan a pasar hambre cuando se le acaba la asignación mal gestionada. También choca contra el mundo externo en el que quiere vivir: no encaja. Hay algo en ella que se lo impide, en su propia psicología. Pero también en su sensación de huérfana que se extiende a varios ámbitos de su forma de ser: la rebeldía, la falta de expresividad para dar y recibir afectos. Y una tercera razón. Andrea procede de un mundo, el de la burguesía catalana, de perdedores. Y hay una cierta sensación de desclasada: por una parte, no existe ni rastro de presencia del mundo obrero, por otro, no puede entrar con pleno derecho en los núcleos burgueses. La historia con Pons es más que siginificativa. La única posibilidad de cariño verdadero y de pertenencia a un grupo que la proteja que tiene Andrea es la amistad con Ena y su ingreso en la familia de esta. Andrea, emocional y socialmente es dependiente de esta relación. Cuando Ena se aleja de ella, se encuentra débil y sin rumbo. De ahí que cuando recupere la amistad se abra un mundo de esperanza para ella. El final abierto del libro representa una huida de la oscuridad del piso de la calle de Aribau pero no tanto de la personalidad de Andrea. El lector termina el libro con la sensación de que Andrea solo podrá ser feliz mientras la protección de Ena y su familia sea eficaz, pero no por su fuerza interior. Cuando uno huye se lleva también su personalidad encima. Este es, sin duda, el sentido del título: el vacío interior de Andrea se debe a las circunstancias familiares y sociales pero, sobre todo, a su propia condición de joven sin la suficiente voluntad interior para poder salir de todo lo que le hace infeliz. Pero se justifica: la edad de Andrea y su condición de mujer y huérfana, en la sociedad española del momento, impedía en gran manera este desarrollo.

Es precisamente esa voz femenina lo que sorprende, en gran medida, en los años cuarenta: una mujer joven nos narra la vida íntima de una familia de la burguesía catalana venida a menos tras la guerra. En ese círculo de intimidad todo está dispuesto para que nadie pueda ser feliz. La sensación de extrañeza de Andrea, su desorientación, la frustración inicial de todas sus esperanzas y la necesidad de que se abra en algún momento una esperanza a la que agarrarse para huir de las circunstancias pudieron ser reconocidas por muchos jóvenes españoles del momento.

Y esto precisamente sigue siendo un universal reconocible incluso en momentos en los que la sociedad oprime menos que en aquella postguerra de los años cuarenta. El individuo que siente un malestar interior ante la vida, que no encuentra forma de disciplinarla, que cae en un círculo opresivo que amenaza con acabar con él y que busca desesperadamente que algo, desde fuera, le ilumine porque dentro de él no encuentra las fuerzas ni las oportunidades. Esto se halla relatado magníficamente en Nada como en pocas novelas contemporáneas.

Noticias de nuestras lecturas

Tal y como informamos, el pasado martes tuvo lugar la sesión presencial del Club de lectura en la Biblioteca General de la Universidad de Burgos. Para aquellos que no pudisteis asistir, Mª Ángeles Merino comenta con Andrea lo que allí se habló.

Paco Cuesta cierra balances interesantes en su lectura de Nada y la enlaza con la del próximo título, La sonrisa robada de una forma muy inteligente porque ambos tienen más que ver de lo que podría parecer en un primer momento.


Sigue Pancho uniendo con maestría a los Beatles con el Quijote apócrifo. Llega aquí de su mano hasta Bárbara y la narración de las desdichas de esta mujer tan importante para el resto de la narración.

Ya sabéis que recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis.

Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

Próxima lectura


Leemos ahora La sonrisa robada, de José Antonio Abella. Nos ocupará hasta el jueves 16 de enero. Podéis hallar más información sobre esta obra en este enlace. Aquellos que tengáis problemas para encontrarla en las librerías podéis solicitarla directamente a la editorial en este enlace. Son muy eficaces, fiables y rápidos en los envíos.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Angustias y Andrea como modelos femeninos en Nada de Carmen Laforet y noticias de nuestras lecturas con recordatorio del aniversario de la olla podrida quijotesca


¿Dónde se habían ido las hijas pudibundas, cargadas con enormes sombreros, que al pisar -custodiadas por su padre- la acera de la alegre y un poco revuelta calle de Aribau, donde vivían, bajaban los ojos para mirar escondidas a los transeúntes?

La relación de Angustias con Andrea marca una de las claves de comprensión de la novela. Angustias es un mundo en decadencia, que desaparece. De hecho, la tía de Andrea intenta mantener la apariencia de que ese mundo sigue vivo y guarda todas las normas que una mujer bien de la burguesía anterior a la guerra debe guardar, fundadas sobre todo en aparentar virtud y guardar con celo los secretos individuales y familiares. Hasta en su cuarto, tan diferente al resto de la casa. Por eso choca con los otros componentes de la familia: aquel mundo ha muerto, se ha desintegrado con la guerra y sus consecuencias, aunque podría no parecerlo ante el régimen instalado en España tras ella. Intenta gobernar con mano de hierro la casa, pero fracasa. También fracasa en el intento de controlar a su sobrina.

Dado que la narradora no nos cuenta con detalle los hechos por los que Angustias la califica de rebelde, debemos acudir al cruce de acusaciones que surgen en los diálogos. No importan esos datos concretos, lo que hace o no hace Andrea sino cómo sienten los mismos ambas. Esta novela no trata tanto de realidades como de la forma emocional como se viven. Así, la Andrea de la primera parte de la novela es rebelde no tanto por sus acciones como por lo que dicen de ella o por las emociones que manifiesta.

Frente a Angustias, Andrea es una mujer joven, con ganas de ser libre. Esta libertad la lleva a la desprotección. De hecho, ese vacío interior que manifiesta sentir en muchas ocasiones es producto de su propia libertad. Al asumir sus deseos todo, antes o después, termina decepcionándola. Lo primero de todo, su familia, encabezada por su tía, Angustias, que representa para ella una mano opresora que protege pero impide ser libre.

Tras la novelesca marcha de Angustias -porque no podía desaparecer de otra manera que a la antigua, tanto en su decisión de ingresar en un convento como la única forma decente de refugio para una mujer soltera de su clase como en la despedida en la estación-, Andrea es libre. Pero asumir esta libertad la lleva a territorios que al lector le extrañan. El primero de ellos, el hambre. Asumido casi como un sacrificio necesario para alcanzar la independencia.

Noticias de nuestras lecturas

Pamisola se incorpora a nuestra lectura de Nada y lo hace desde las emociones que le despiertan la novela, que muchos lectores compartirán.

Mª Ángeles Merino comenta el momento de crisis de Andrea gracias sus citas de té y dulces con la protagonista.

Coro Entreaguas nos regala con una magnífica entrada más que recomendable. En ella nos une a todos los participantes con sus emociones en la relectura de la obra y una valoración de la misma.

Gelu resalta las frases más significativas de los capítulos en los que se comienza a desenvolver la primera parte de la  novela. Hasta el tamaño de sus citas importa.

No os podéis perder la forma tan atractiva con la que Paco Cuesta consigue introducirnos en los obstáculos de Andrea en Nada. Imprescindible.

Pancho termina, de la mano de los canónigos, las narraciones intercaladas en el Quijote apócrifo, acierta plenamente en la forma de enfocar el cuento tradicional de Sancho y su uso y nos deja con la miel en los labios al aparecer una misteriosa voz femenina...

Ya sabéis que recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis.

Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

Próxima lectura



El jueves de la próxima semana termino con el comentario de Nada, de Carmen Laforet. Nos ocupará después, hasta el jueves 16 de enero, la lectura de La sonrisa robada, de José Antonio Abella. Podéis encontrar más información sobre esta obra en este enlace.

Los participantes en el Club de lectura en su formato presencial tendremos nuestro próximo encuentro el martes 9 en la Biblioteca General de la Universidad de Burgos en el horario habitual.

Aniversario de la olla podrida quijotesca



Hoy se cumplen cuatro años de la olla podrida quijotesca con la que los participantes en la lectura del Quijote celebrábamos en Ibeas de Juarros (Burgos) la conclusión de la misma. Aquella aventura de leer el Quijote a razón de un capítulo por semana y comentarlo usando para ello todos los medios de la web 2.0 -algo inédito y que ha quedado como uno de los hitos significativos del cervantismo en el mundo digital tanto por la idea como por su realización- fue la razón de que se fundara el Club de lectura de La Acequia. Quizá el año que viene, cuando se cumplan cinco años y celebremos el aniversario de la publicación de la segunda parte de la novela sea un buen momento para repetir la experiencia.

jueves, 27 de noviembre de 2014

La fiebre en Nada y noticias de nuestras lecturas


Hasta la crisis ocurrida cuando Andrea cae enferma, invadida por una fiebre motivada por una gripe que, en realidad, es una consecuencia simbólica de todo lo vivido en sus primeras semanas de estancia en Barcelona, la protagonista de Nada se encuentra en un estado de irrealidad, como si viviera de forma automática en permanente encerramiento en sí misma. Se da cuenta de todo, percibe todo pero nada le gusta de aquello que ve, le parece mediocre, sin alicientes. El abatimiento de las ilusiones que había puesto en la gran ciudad y la grisura de su familia y de la casa de la calle Aribau hacen que no viva ni siquiera sus estudios universitarios. Esta no vida será señalada por todos pero especialmente se la muestran sus compañeros de clase cuando consigue abrirse a ellos. Hasta esa crisis, los días se habían sucedido, uno tras otros, de forma opresiva:

¡Cuántos días sin importancia! Los días sin importancia que habían trascurrido desde mi llegada me pesaban encima, cuando arrastraba los pies al volver de la Universidad. Me pesaban como una cuadrada piedra gris en el cerebro.

La casa de la calle Aribau resulta irrespirable. Todos se han fabricado pequeñas covachuelas en ella para aislarse de los demás. Juntarse es enfrentarse a una realidad que a nadie les gusta, entablar continuas riñas ante la escasez, la suciedad y la destrucción de toda esperanza. La vida en el hogar es la mejor forma de ser infeliz y de no alcanzar nunca aquello que se desea. Poco a poco Andrea irá enterándose de la vida de los demás, de sus frustraciones, de sus desilusiones y de cómo han llegado hasta la situación presente. Es una combinación nefasta en la que se ha juntado una situación exterior provocada por la guerra civil y sus consecuencias y una descomposición de la familia en la que ni los individuos pueden salvar al grupo ni este puede amparar a ninguno de ellos para hacerlos felices.

Por eso es tan importante el simbolismo de aquella fiebre que de pronto acomete a Andrea y tiene un efecto liberador en ella:

No sé a qué fueron debidas aquellas fiebres , que pasaron como una ventolera dolorosa, removiendo los rincones de mi espíritu, pero barriendo también sus nubes negras (...). El primer día que pude levantarme tuve la impresión de que al tirar la manta hacia los pies quitaba también de sobre mí aquel ambiente opresivo que me anulaba desde mi llegada a casa.

A partir de ahí, la vida de Andrea da un giro y ella se muestra más consciente de su propia situación: el individuo consciente encuentra ese camino liberador en sí mismo y en su forma de afrontar las cosas y analizar lo que le rodea.

Noticias de nuestras lecturas

Coro Entreaguas tras jugar a los paralelismos y a la necesaria entrada de aire puro, junta excelentemente tiempos paralelos para hablar de mujeres como Andrea y sus esperanzas comunes de estudios universitarios en diferentes tiempos.

Luz del Olmo motiva en el hambre y una extraña sensación el reencuentro de la protagonista con Pons para darse cuenta de sus vidad y une la fiebre de su Andrea nonagenaria con la recordada y nos regala un poema de Hierro.

Gelu sigue su selección de fragmentos de la novela. Gracias a ellos se resaltan más las sensaciones que se trasmiten al lector: hambre, nada, sorpresas...

Mª Ángeles Merino trata con sumo acierto de desentrañar la razón de una tristeza que hace rara a una mujer joven sin que podamos más que quedarnos atrapados...

Es tan buena la entrada que Paco Cuesta dedica a la voz narradora en Nada que no podéis dejar de leerla para comprender una de las claves de lectura de esta novela.


Pancho consigue unir el tratamiento católico del arrepentimiento y la unión reparadora en el buen camino con los Beatles en el Quijote apócrifo. No podéis dejar de verlo.

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jueves, 20 de noviembre de 2014

¿Tienes miedo? El inicio de Nada de Carmen Laforet y noticias de nuestras lecturas.


La pregunta que le hace Gloria Andrea al inicio de la novela (¿Tienes miedo?) resume el punto de partida de Nada. Pocas veces una novela nos introduce con tanto acierto en un ambiente como ocurre en el primer capítulo de esta narración.

Andrea es una joven que llega a Barcelona para estudiar Letras en la Universidad. La energía de la juventud, la decisión personal de salir de su lugar -en el que se comporta de forma rebelde para imponer su firme planteamiento de que la manden a estudiar a Barcelona- para ir a la gran ciudad y sentirse libre, la emoción de la llegada, le impide en los primeros momentos comprender dónde se encuentra: el tren ha llegado con tres horas de retraso, la ciudad no se presenta amable ante sus ojos, pronto se hace referencia a la guerra civil tan reciente y sus consecuencias, su abrigo es viejo y la maleta no es la adecuada. No importa, ella lleva su impulso personal dentro y el recuerdo de una Barcelona que conoció de niña, llena de gente alegre, anchas calles y tranvías.

Pero le basta el primer vistazo desde la puerta a la casa de la calle Aribau donde vive su familia, la que la acogerá en su estancia en Barcelona y a la que apenas conoce, para que todo se desmorone. El ambiente de aquella casa es asfixiante: apenas hay luz, todo está sucio, sus familiares tienen extraños comportamientos, hasta los animales que viven allí -un gato, un loro, un perro- se comportan con rareza. Las primeras conversaciones, los rostros, la manera en la que aparecen poco a poco cada uno de los habitantes, la experiencia de la ducha, todo incrementa la angustia en Andrea. Sí, llega a tener miedo. Sin duda intuye que el infierno puede estar en su propia casa, en aquel hogar que conoció mejores tiempos y ahora es un caos lleno de muebles amontonados, en el que las cosas en su desorden y suciedad -como le dice Román- parecen provocar los gritos. El pasillo oscuro que se abre ante la mirada de Andrea es un pozo hacia la tristeza. De ahí que los momentos que vive fuera de la cadena del hogar y de la familia sean tan liberadores.

En estas primeras páginas ya tenemos planteado uno de los temas centrales de Nada: la posibilidad de libertad y felicidad de un individuo -más aún si este es mujer- en un ambiente hostil y su capacidad de supervivencia como tal, como individuo con derecho a la libertad y la felicidad. La calle Aribau condensa lo peor del ambiente denso e irrespirable de la España de los años cuarenta.

Noticias de nuestras lecturas

Coro Entreaguas retoma sus colaboraciones con este Club y, de forma certera, nos muestra una de las virtudes del libro de Carmen Laforet: la capacidad de explicar vidas de varias generaciones.

Mª Ángeles Merino nos cuenta el resultado de su cita a té y literatura con Andrea... y nos ayuda a comprender Nada desde dentro del personaje.

Paco Cuesta pasea el otoño para comprender Nada y aborda en su propio monólogo la concepción de herramienta para conocer la sociedad del momento que es la novela en manos de Carmen Laforet. Una entrada muy inteligente.


Pancho continúa su caminar junto a don Quijote y es capaz de juntar a los Beatles con Avellaneda con tanta habilidad como suele. Llega al núcleo ideológico de la novela con esta oportuna entrada.

Ya sabéis que recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis.

Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.