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jueves, 8 de marzo de 2018

La inocencia como el tesoro más valioso que se tiene. Sobre el pensamiento de El Hombre pez de José Antonio Abella y noticias de nuestras lecturas.



El hombre pez es un relato del diferente y, en buena medida, de todos los que no protagonizan la historia en las crónicas oficiales. Por la novela pasan obispos, inquisidores y hasta un exorcista. También don Juan de la Cantolla, que apadrina al niño y algo más. Se habla del rey y de la infanta Margarita retratada por Velázquez, también de la corte. Pero el relato de Francisco es el de un ser diferente. Nace, de hecho, en el río como un segundo Lázaro -la referencia al Lazarillo de Tormes y sus continuaciones es evidente- y su vida está marcada desde ese mismo momento. La muerte de su padre en circunstancias brutales es otro paso más en esa vida, que el lector acepta como algo inevitable. Como aprendiz, en Bilbao, debe sufrir las burlas y quizá sea eso lo que motive finalmente su alejamiento de la gente. Después de los cinco años en los que anda en el mar, pierde el habla y solo puede balbucear el nombre de su lugar de nacimiento, Liérganes, y tres palabras: pan, vino, tabaco. Sin embargo, conoce el idioma de los delfines. Esta aproximación a la naturaleza de alguien que no encaja del todo en el mundo de los seres humanos explica la filosofía de esta novela apasionante. Francisco no encuentra su lugar y los pescadores que lo atrapan quieren exhibirlo como un monstruo para ganar dinero como el obispo y el exorcista -qué personaje este- quieren extraerle el demonio de dentro para que sea un cristiano más.

Pero Francisco conserva algo: la inocencia:

Su mirada, sí, tenía un don. Pero no para todos era fácil descubrirlo. El primer requisito para verlo era no estar en la edad de la inocencia, pero añorarla como el tesoro más valioso que alguna vez se tuvo. 

Es difícil la vida para el diferente que, además, no es un ser poderoso sino tan solo el hijo de dos labradores pobres en una tierra y una época como aquella en la que las personas del común no tenían valor social -el padre, Francisco el Viejo, no tenía orgullo, dice su mujer, solo años- y la naturaleza sufría la dureza de los inviernos más duros en los que se helaban todos los ríos de la península. A los diferentes solo puede salvarlos el anonimato de la naturaleza. La mayoría de las personas los mirarán con recelo y solo contarán con unas pocas capaces de comprender esa diferencia y aceptarlos. Lo que pasa en la mente de un diferente como Francisco, el hombre pez, es la materia que novela con gran dosis de humanidad José Antonio Abella. Eso no estaba en los documentos y es la gran riqueza -junto  al trabajo estilístico- de esta novela.


Noticias de nuestras lecturas: anuncio de la próxima


Comenzamos la lectura de Juana la loca. La cautiva de Tordesillas de Manuel Fernández Álvarez, que nos ocupará hasta el 5 de abril. Es la primera vez que propongo la lectura de una biografía y prometo que no será la última. Este género es más que interesante. Por una parte, nos ayuda a conocer la vida de una persona relevante en la historia y el contexto social en el que nació. Por otra, nos da claves del autor de la biografía y de su época. Una biografía no se escribe solo para levantar un monumento literario a la persona retratada sino también (y fundamentalmente) para la época en la que se redacta. Juana la loca. La cautiva de Tordesillas nos acerca a la apasionante vida de la reina Juana, la hija de los Reyes Católicos pero también a la interpretación que de su persona tiene el historiador que la escribe. Y nos enfrenta a nuestras propias interpretaciones de aquel pasaje de la historia que son, en realidad, afirmación de nuestras ideas y creencias presentes. Al hablar de Juana hablamos también de nosotros mismos. Lo desarrollaremos en los próximos días.

Con motivo de la lectura de esta biografía Alumni UBU ha organizado un viaje a Tordesillas, en el que visitaremos los lugares claves de la estancia de Juana en esa localidad y debatiremos sobre la obra. Una vez cumplimentado el plazo interno para los miembros del club de lectura en su faceta presencial, se ofrecerán las plazas libres. A fecha de hoy, muy pocas.

Espero que la lectura de esta biografía suscite el suficiente interés como para proseguir, en otros cursos, con este género. El personaje y la época lo merecen.

Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos.
Entrada del Club de lectura cada jueves, en este blog, aunque en las últimas semanas no haya podido cumplir esta promesa por diferentes cuestiones que espero se vayan remansando en las próximas.

Información sobre el presente curso en el club en este enlace.

martes, 6 de marzo de 2018

El hombre pez de José Antonio Abella y noticias de nuestras lecturas



Sin duda, José Antonio Abella tiene un gran olfato literario para descubrir historias que puede dar lugar a novelas apasionantes. Como ya lo hiciera en su título anterior, La sonrisa robada -una de las mejores novelas de las últimas décadas, que comentamos también en este club de lectura-, en El hombre pez (Valnera, 2017) parte de una historia que podemos documentar: está consignada en libros, hay memoria oral sobre ella, podemos recorrer los paisajes en los que sucedió y hasta ha sido analizada como un caso médico (recordemos que el propio Abella es médico y ha sabido refutar las conclusiones al respecto de Gregorio Marañón, que afirmó demasiado apresuradamente que se trataba de un caso de cretinismo, quizá por determinados prejuicios).

No es posible dudar de que el protagonista, Francisco de la Vega, natural de Liérganes, existiera y de que las circunstancias generales de su vida son las que se cuentan. Es decir, que desapareció en 1674 en la ría de Bilbao, a donde su madre le había enviado para trabajar como aprendiz de carpintero, y apareció cinco años después, en el golfo de Cádiz, en donde fue capturado por unos pescadores, llevado a tierra, sometido a investigación y devuelto a la madre en su pueblo natal, donde durante un tiempo llevó una vida tranquila hasta su desaparición. Tampoco se puede negar que sobre él se construyó el relato oral de un hombre pez, alguien que podría vivir en el agua. Este relato oral dio lugar a la leyenda y ciertas distorsiones, algunas de las cuales fueron desmentidas por quienes le conocieron -no tenía escamas, por ejemplo-, pero que han servido para debatir sobre si su historia pudo o no haber sucedido. Incluso hoy cuenta con un centro de interpretación en Liérganes, instalado en un antiguo molino del siglo XVII y algunos textos literarios anteriores a la novela que aquí nos convoca.

Abella se encontró con la historia al leer un ejemplar de la primera edición del Teatro Crítico Universal. Discursos varios en todo género de materias para desengaño de errores comunes, del padre Benito Jerónimo Feijoo que acaba de adquirir. El caso aparece en el Discurso octavo del Tomo sexto bajo el epígrafe Examen filosófico de un peregrino suceso de estos tiempos, inmediatamente posterior al que trata de Sátiros, tritones y nereidas. Feijoo dedica unos cuantos discursos de este volumen a la aparición  especies perdidas o la producción de nuevas intentando siempre aplicar, hasta donde le es posible, un pensamiento moderno y crítico, muy alejado de las leyendas y las supersticiones.

Abella ha recogido toda la documentación posible sobre este hombre pez, el joven Francisco de Liérganes. Un trabajo de documentación serio que contextualiza su historia dentro la época que le tocó vivir. Hay algo que me gusta mucho de esta novela en este aspecto: el retrato de la sociedad española del siglo XVII, la frontera que se vivía ya entonces entre las creencias y supersticiones y la realidad y el juego consciente con el tipo de literatura narrativa que se hacía entonces: desde la picaresca hasta el retrato costumbrista, desde el relato oral hasta la crónica o el informe oficial. Es uno de los grandes valores de esta novela.

Pero una novela no se hace solo con documentación y Abella lo sabe. La documentación, si es excesiva, puede ahogar el placer de la lectura. Aquí no sucede esto. El lector queda atrapado tanto por la historia como por las formas de contarla. No solo porque la novela puede llegar donde no llega el documento histórico rellenando los huecos de la historia del hombre pez, sino porque estructura el material de una forma determinada para que el lector continúe un relato del que se conocen los aspectos esenciales con una mera consulta en un buscador de internet.

(Dada la extensión de esta entrada y la deuda con el club de lectura por el paréntesis de estas últimas semanas, continúo mañana el comentario.)

Noticias de nuestras lecturas

Luz del Olmo escribe una bellísima entrada con reportaje gráfico de su viaje a Liérganes, al lugar en el que nació el protagonista de la novela de Abella. No os la podéis perder si queréis comprender mejor a este hombre pez.

Paco Cuesta, sabiamente, define el punto de partida de la novela como una anécdota que nos conduce a algo mucho más profundo en una excelente entradaLuego, llama la atención sobre cómo leer una narración como esta que parece tener un argumento marcado: primero, con la proximidad del lenguaje usado por Abella, luego con la atención a cómo se nos cuenta.

Mª Ángeles Merino, tras recordar cómo fue la presentación de la novela en el marco de la pasada feria del libro de Burgos, no dejó ni las raspas de sus páginas. Luego, detalla cómo se puede ir desde una crónica documentada hasta una novela: apasionante recorrido en la que va acompañada de su amiga Austri y con las palabras de Abella.

Mª Carmen Ugarte lee la novela en un libro viajero. No tanto como el protagonista, pero casi. Su relato se agarra a las tapas y páginas de ese ejemplar y comenta con toda la razón la extraordinaria verosimilitud del relato.

De la primera entrada en la que Pancho comenta El hombre pez me gusta todo, incluidas las referencias a Óscar Esquivias y ese magnífico vídeo final (un regalo de Camarón y Paco de Lucía). En el contexto histórico que escribe nos detalla una época de cambio. He ahí uno de los ejes para comprender la novela.

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Mª Ángeles Merino da cuenta aquí del encuentro que mantuvimos en el Club de lectura con José Antonio Abella para comentar su novela El hombre pez en el Salón rojo del teatro Principal de Burgos el pasado martes 27 de febrero. A su crónica me remito para la información y documentación fotográfica. En esta entrada, la segunda parte de la crónica. Es una suerte contar con autores de la altura humana de Abella que sean tan cercanos a sus lectores.


Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos.
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lunes, 19 de febrero de 2018

Noticias de los días que llevo desaparecido


Algún día daré cuenta de la actividad de estas últimas semanas, que me ha impedido publicar aquí al ritmo habitual desde mi aviso de la conferencia sobre las relaciones de Zorrilla con la vida social de su época en el Museo del Romanticismo. Después han venido varias actividades relacionadas con el bicentenario del autor romántico que se han sumado a lo habitual y a los compromisos adquiridos. Vengo aquí a decir que voy desocupándome y que poco a poco retomaré el ritmo de publicaciones del blog: esta semana daré varias entradas correspondientes al Club de lectura, que lo dejé con Pedro Páramo que si muerto o no y no he hincado el diente aún al próximo titulo, El hombre pez, de José Antonio Abella. Abella vendrá a Burgos la tarde del próximo martes 27 de febrero para encontrarse con los lectores que quieran acompañarnos.

Para los interesados comunico que mañana martes día 20 acompaño a Luis García Jambrina en la presentación en Burgos de su novela El manuscrito de fuego, una nueva entrega de la serie que dedica a Fernando de Rojas. A caballo entre la novela histórica y la novela de misterio, aborda el apasionante caso del asesinato del bufón Francesillo de Zúñiga. Recomiendo no perdérsela. La presentación tendrá lugar en el Palacio de la Isla a las 19:30. Entrada libre hasta completar el aforo. Para no perdérsela.



Y el resto, bien. En estas semanas explico a Góngora a un grupo de alumnos que demuestran una gran creatividad e interés. De ellos es la figurilla cuya fotografía encabeza esta entrada, que tiene mucha enjundia. Y en mi despacho he colocado el cuadro que me regaló en el 2009 Pilar Martínez Navarro con motivo de nuestra lectura del Quijote. Un buen sitio: es el fondo que verán los alumnos con los que me conecte por cámara desde mi ordenador. Tenía esa deuda con Pilar, que me hizo ese regalo con todo el cariño para conmemorar la primera lectura colectiva y virtual que se haya hecho del Quijote completo usando las redes sociales. No se lo dije en su día: llegó roto a mi domicilio por el trasporte y ahora luce como nuevo tras volverlo a enmarcar. Por supuesto, quien se decida a hacerme una visita tendrá café y pastas gratis.



miércoles, 11 de febrero de 2015

La lectura como defensa de nuestra conciencia como individuos


En los suplementos atrasados que leo estos días, Javier Cercas publicó dos excelentes artículos con temas en común: El impostor de El impostor (a partir de la impresión de su último libro sobre la historia de Enric Marco, quien fingiera durante años haber sido uno de los supervivientes españoles del campo de concentración nazi de Mauthasen) y El punto ciego. Ambos son textos de altura teórica que esclarecen la perspectiva como escritor de Cercas, su visión sobre la función de la novela como género y la no ficción en la literatura. De lo mejor que he leído últimamente a un escritor a la hora de reflexionar sobre su manera de entender la literatura y la necesidad de esta para ayudarnos a trazar el mapa del ser humano en el mundo. Invito a leerlos en los enlaces de Internet que he facilitado a quienes no los conozcan. Y tiene razón Cercas, la mejor literatura narrativa que he leído desde hacer un par de décadas es de este tipo: novelas que no buscan la ficción sino la indagación sobre un hecho a partir del cual nos interrogan sobre nuestra forma de estar en el mundo y que no dudan en utilizar y mezclar los formatos de la crónica periodística, la biografía o el ensayo. Un camino que se comenzara a mediados del siglo pasado desde el otro lado, desde el nuevo periodismo, que usó el modelo de la literatura ficcional de la narrativa para hacer periodismo y revitalizar la crónica, y que pronto se extendiera a la novela. Hace poco hemos leído en el Club de lectura que mantengo en este espacio un buen ejemplo de todo esto: La sonrisa robada de José Antonio Abella.

Por mucho que se anuncie con estrépito reiterado la muerte de la novela (hace unas décadas en curioso hermanamiento con ese peligroso final de la historia que algunos veían como el paraíso prometido que nos regalaba el liberalismo), esta sigue siendo necesaria. Sobre todo porque la novela es la forma más adecuada de contar la historia tanto del individuo como de sus relaciones con la colectividad desde que apareciera en el mundo la conciencia teórica del individuo y sus derechos y deberes ante la sociedad. Si se muriera de verdad la novela o esta se redujera a un mero entretenimiento como el que llena la mayor parte de los estantes de las librerías no especializadas, se debería a razones diferentes a las de su propio agotamiento como género. Si se muriera la novela o se la rebajara a la categoría de objeto desechable, estaríamos en un panorama preocupante, el de una sociedad que ha conseguido anular la conciencia individual o que la ha reducido tanto que ya solo habría campo en la narración para volver a la épica. Porque de la épica nació la novela para superarla precisamente por eso, porque alguien comenzó a cuestionar los modelos únicos de ser y más aún la novela moderna, que creara esa joya de la literatura universal que es el Lazarillo y que consiste precisamente en eso, en el cuestionamiento absoluto de una sociedad desde la conciencia de un individuo. Esto solo fue posible gracias también a un hecho perverso para los que quieren controlar la mente de los individuos: la lectura como placer solitario. Por eso los moralistas, los inquisidores y los censores no se cansaron de prevenir a la gente durante siglos de que leer a solas tenía consecuencias peligrosas y acusaron a la novela de inmoral y contraria a la sociedad, la persiguieron como género, prohibieron algunas de las mejores que se publicaron y censuraron párrafos completos de ellas. Digo esto por si todavía alguien duda de que la lectura es una de las herramientas que tenemos para defendernos como ciudadanos individuales frente a las tendencias del pensamiento único y que practicarla nos enriquece y nos prepara mejor para combatir las ganas que tienen algunos de que no pensemos en exceso por nuestra cuenta. Ser lector, por lo tanto, no es solo un pasatiempo sino un deber moral del individuo consciente.

jueves, 15 de enero de 2015

Encuentro de los lectores con José Antonio Abella, autor de La sonrisa robada, comienzo de los comentarios de Usos amorosos del dieciocho en España de Carmen Martín Gaite y noticias de nuestras lecturas



 (Las cuatro fotografías del encuentro con José Antonio Abella que publico en esta entrada son de Amalia Trujillo)

El pasado martes día 13 se celebró el encuentro con José Antonio Abella, autor de la novela La sonrisa robada, de los participantes de nuestro Club de lectura y todas las personas que quisieron acudir a las ocho de la tarde al Museo del Libro Fadrique de Basilea de Burgos. Quiero agradecer a todos su presencia en una sala completamente llena. También quiero agradecer la colaboración del Museo del Libro, un lugar especial y recomendable para todos los que amamos el libro sea cual sea su formato. Pocos lugares como este para un acto en el que lo que nos reúne es nuestro amor por la lectura. Y, por supuesto, agradecer el constante y cariñoso apoyo de la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos, que mantienen el club de lectura en su formato presencial.

Durante más de una hora tuvimos entre nosotros a José Antonio Abella, que se sometió con gusto y cercanía a las preguntas de los presentes. Mª Ángeles Merino ha publicado una extensa reseña de sus palabras, que me ahorra a mí el trabajo de pormenorizar la intervención de Abella. Quiero resaltar varias cosas. En primer lugar, la personalidad de José Antonio Abella, un hombre apasionado por la literatura y por la vida, un médico humanista de los que tanta tradición hemos tenido en España. En segundo lugar, el relato de cómo se escribió esta novela a partir de la amistad, del apasionamiento con el tema -los dos temas: el del amor entre dos jóvenes europeos de la postguerra y el del sufrimiento de los individuos ante la historia- y el trabajo minucioso de documentación que no entorpece la lectura.

Como la novela ya la hemos analizado en la serie de entradas que le hemos dedicado en el último mes, de su intervención me quedo con las ideas vertebradoras de La sonrisa robada: el encuentro de la forma adecuada desde la que escribirla desde una primera persona y el hallazgo de la sabia mezcla entre realidad y ficción y el motor ideológico desde el que se percibe que un horror no puede borrar otro horror, sino que lo aumenta. Narrar la parte de la historia correspondiente a la joven alemana, de familia nazi, que resulta víctima de las atrocidades de los últimos momentos de la guerra mundial confiere una singularidad a la novela bien resuelta para no caer en el rechazable revisionismo histórico pero poner el foco de atención en unos acontecimientos hasta ahora casi olvidados y que ocurrieron: las consecuencias que tuvo para la población alemana el final de la guerra, no solo para aquellos que pudieron participar en las atrocidades nazis o consentirlas sino para todos en general, incluso para dos mujeres adolescentes. Una reflexión sobre cómo el fanatismo nacionalista puede cegar a casi toda una población y cómo el castigo generalizado posterior tampoco ahorró crímenes que cualquiera debe rechazar, convirtiendo la justicia en venganza. En el fondo, como dije en el acto, la historia acaba triturando las biografías de las personas y de este espanto solo puede salvarnos la esperanza del amor, como al protagonista de la novela.

Este encuentro es parte de los proyectos que tenemos en el Club y de los que iremos dando cuenta aquí para que puedan participar todas las personas interesadas.



Usos amorosos del dieciocho en España, 
de Carmen Martín Gaite


Comenzamos la lectura de Usos amorosos del dieciocho en España de Carmen Martín Gaite, que nos ocupará hasta el 5 de febrero. El ensayo de Carmen Martín Gaite tiene como origen su Tesis Doctoral defendida en 1972 en la Universidad Central de Madrid bajo el título de Lenguaje y estilo amorosos en los textos del siglo XVIII español, dirigida por el profesor Alonso Zamora Vicente. Este trabajo supone la culminación en la carrera académica de la autora cuando ya estaba cerca de los cincuenta años y contaba con varios textos literarios publicados con éxito. La Tesis fue revisada y publicada con el título definitivo por la editorial Siglo XXI y se convirtió inmediatamente en un éxito de crítica y público. En la actualidad sigue siendo un texto de referencia en los estudios de la historia, la cultura y la literatura del siglo XVIII.

Pero el lector medio no debe asustarse por este origen académico del texto. Precisamente por la faceta como escritora de Carmen Martín Gaite se lee con pasión no exenta de sorpresas. Pero no solo por el estilo. La obra conserva con pleno vigor lo que construyó la perspectiva ideológica de Martín Gaite a la hora de redactarla. Es uno de los primeros grandes ensayos españoles que prestan atención a la vida íntima de las personas, a los comportamientos habituales en las relaciones sociales y, en especial, a la perspectiva sentimental centrada en la mujer. Martín Gaite tuvo el acierto de buscar donde otros no habían sabido ver quizá por cerrazón ideológica o corsés académicos. El ensayo de Martín Gaite es, todavía hoy, fresco y moderno. Nos presenta la vida de las personas a la hora de relacionarse sentimentalmente, las modas y los hábitos generalizados y aquellos que comenzaban a entrar desde Francia para escándalo de los moralistas. Martín Gaite estudia la documentación dieciochesca para levantarnos una imagen de una época que cambió el mundo para siempre pero no deberíamos perder tampoco la perspectiva que contextualiza su estudio y que nos ayuda también a comprender mejor este tema en su narrativa. Martín Gaite habla de las mujeres y los hombres del XVIII pero su lección se dirigía también al contexto de la España franquista en la que vivía y en la que una moralidad de naftalina cerraba la libertad sentimental de las personas que vivían en la dictadura. Especialmente, las mujeres.


Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino publica un pormenorizado resumen del acto del martes pasado. Remito a él para tener una reseña amplia.

También reseña el acto Paco Cuesta en su entrada, pero lo hace desde las emociones que suscitó la presencia del autor y el comentario de su obra.

Gelu continúa su labor de cosechar las mejores citas de la novela, ya con el libro en la mano. Y nos remite, con todo acierto, a la parte musical de la misma, sin la que no puede comprenderse.


Pancho llega a un pasaje solucionado con mucho ingenio por Avellaneda: la presencia del Archipámpano y la Archipampanesa y el desafío de Sancho con sus sandeces siguen motivando la risa. Y no me digáis cómo pero es capaz de terminar su entrada con Sabina...


Ya sabéis que recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis.

Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

miércoles, 14 de enero de 2015

Cada vez me parezco más a mi padre

Fotografía de Amalia Trujillo.

Cada día me parezco más a mi padre. O eso quiero creer. Lo pensaba esta mañana, cuando Amalia Trujillo me remitió una selección de las excelentes fotografías que tomó en el acto de ayer (Amalia crece día a día como fotógrafa y ya tiene un buen puñado de ellas que merecen exposición en Burgos). La ocasión fue el encuentro que mantuvimos en el Museo del Libro Fadrique de Basilea los miembros del Club de lectura de La Acequia con José Antonio Abella, el autor de La sonrisa robada, la novela que hemos leído en el último mes (mañana daré cuenta aquí del coloquio). A Amalia la conocí en los tiempos ilusionantes en los que constituíamos la Burgosfera porque ella, junto a otras bibliotecarias burgalesas, ponía en marcha el acertado blog Burgostecarios. A los integrantes del gremio de los bibliotecarios deberían condecorarlos todos los días del año por su meritoria y no siempre agradecida labor.

Cada día me parezco más a mi padre. Lo pensaba mirando las fotografías que me tomó Amalia. Me dejo el pelo más largo que mi padre -que se lo cortaba una vez al mes-, me visto de manera menos formal -mi padre casi siempre llevaba corbata y pañuelo en el bolsillo de la americana-, pero cada día me parezco más a mi padre. Incluso en la forma en la que me comienza a escasear el cabello en algunas zonas de la cabeza o en la sombra de la barba a las pocas horas de afeitarme. El perfil es suyo, así como las cejas. Cuando a mi padre le operaron de cataratas le cambió la forma de mirar, que era como la que yo tengo ahora. Lo que no le cambió ni la enfermedad que acabó con él fue la sonrisa, que dicen que yo tengo desde joven.

También me parezco cada día más a mi padre en querer más a los míos, en ser amable con todo el que se me acerca pero no aguantar a los hipócritas y falsos y desenmascararlos primero para luego apartarlos de mi lado. Soy cada vez más tolerante con la forma de ser de la gente humilde pero cada vez más intolerante con los que tienen poder -el que sea, del nivel que sea- y lo usan sin ninguna compasión ni piedad ni elegancia pudiendo hacerlo de otra manera -y siempre hay otra manera de usar el poder-. En eso también me parezco cada vez más a mi padre. Como cada vez me parezco más a mi padre en comprender las razones del otro pero no comprender la falta de empatía, de solidaridad y de respeto. Quisiera creer que en todo esto me parezco cada vez más a mi padre.

Según pasan los años mi rostro se parece más al de mi padre -él era un poco más alto que yo y más grueso, tenía una percha envidiable y siempre llevaba recta la espalda y la cabeza alta-. Lo único que me falta por saber es si cuando me llegue el momento lo afrontaré con la misma dignidad que él tuvo. No estaré aquí ya para contarlo.

lunes, 12 de enero de 2015

Encuentro de los lectores con el novelista José Antonio Abella

Fotografía del autor tomada de la página de la editorial La Isla del náufrago.

Mañana martes, día 13 de enero, tendremos con nosotros a José Antonio Abella, el autor de la novela La sonrisa robada que nos ocupa en las últimas semanas. Con tal motivo, el encuentro mensual del Club de lectura tendrá lugar en el Museo del Libro Fadrique de Basilea de Burgos (Travesía del Mercado, 3. El Hondillo) a las ocho de la tarde. Será una buena ocasión para compartir con él nuestra experiencia como lectores y comentar los aspectos esenciales de su obra. Tendremos la ocasión de disfrutar de la presencia de una persona con unas cualidades humanas relevantes.

Entrada libre hasta completar el aforo.

José Antonio Abella (Burgos, 1956), es médico y escritor. Su primera novela, Yuda, se publicó en 1992. Desde entonces su producción literaria ha crecido notablemente hasta la publicación de La sonrisa robada, por la que ha obtenido el Premio de la Crítica de Castilla y León en su última edición.


Aquellos que tengáis problemas para encontrar la novela, podéis adquirirla en este enlace de forma eficaz y rápida
Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

jueves, 8 de enero de 2015

El tono narrativo de La sonrisa robada, anuncio del próximo encuentro en Burgos con el autor y noticias de nuestras lecturas.


José Antonio Abella ha conseguido hacer apasionadamente atractiva para todo tipo de lectores una novela compleja. En ella se mezclan tiempos (la postguerra mundial y la actualidad), géneros (la novela de no ficción, la correspondencia epistolar, el diario), momentos de gran intensidad sentimental y de profundo drama, lo mejor del ser humano y lo peor. Y sin embargo, la novela es sólida, no se desencuaderna y resiste todo esa complejidad gracias a dos cosas. En primer lugar, el interés argumental graduado sabiamente por el autor. A pesar de que el lector sabe pronto cómo termina la historia central -incluso puede saberlo antes de leer el libro porque está basado en una historia real-, el fruto de la investigación del narrador principal -el propio Abella- es atractivo porque nos va dejando la huella de un impulso de curiosidad que todos sentimos -¿qué pasó con la joven alemana?, ¿qué ocurre en la mente del joven español, José Fernández-Arroyo, cuando no puede cumplir sus promesas?- . En segundo lugar, por el acertado tono narrativo que emplea Abella en la novela y que lo aproxima decididamente a lo poético pero salvando a la historia del fácil recurso al sentimentalismo. Hay lirismo en la narración -imágenes de todo tipo, brillantes metáforas como la de los estorninos blancos pero sobre todo el tono sostenido en toda ella-. Y ese lirismo es lo que permite la solución final en la que todo -el pasado y el presente, lo deseado y lo sucedido- puede fundirse, como se suman las dos cabeceras de los dos protagonistas, enfermos, en diferentes lugares y en diferentes momentos pero en el mismo tiempo narrativo.

Aquellos que tengáis problemas para encontrar la novela, podéis adquirirla en este enlace de forma eficaz y rápida

Encuentro en Burgos con José Antonio Abella

Fotografía del autor tomada de la página de la editorial La isla del náufrago.

El próximo martes, día 13 de enero, tendremos con nosotros a José Antonio Abella, el autor de la novela La sonrisa robada que nos ocupa en las últimas semanas. Con tal motivo, el encuentro mensual del Club de lectura tendrá lugar en el Museo del Libro Fadrique de Basilea de Burgos (Travesía del Mercado, 3. El Hondillo) a las ocho de la tardeEntrada libre hasta completar el aforo. Será una buena ocasión para compartir con él nuestra experiencia como lectores y comentar los aspectos esenciales de su obra. Tendremos, además, la ocasión de disfrutar de la presencia de una persona con unas cualidades humanas relevantes. Te invito a acudir al acto.

José Antonio Abella (Burgos, 1956), es médico y escritor. Su primera novela, Yuda, se publicó en 1992. Desde entonces su producción literaria ha crecido notablemente hasta la publicación de La sonrisa robada, por la que ha obtenido el Premio de la Crítica de Castilla y León en su última edición.


Noticias de nuestras lecturas

Paco Cuesta escribe una excelente e imprescindible entrada que nos ayuda a comprender mejor las raíces de la novela de Abella. Aquí tenéis más razones para leerla. Después propone otra de las claves de la lectura: los contrastes entre lo lírico y la realidad, lo narrado por el narrador principal y lo contado por los protagonistas en sus cartas y diarios. Entrada imprescindible.

Mª del Carmen Ugarte decide comenzar el año en el buen camino y se lanza a la lectura de La sonrisa robada, analizando dos de las historias de la novela, ambas ejemplo de cómo las biografías son marcadas por la historia.

Mª Ángeles Merino comenta el encuentro de los dos jóvenes en Alemania y el conflicto entre realidad y sueño que vertebra toda la novela.

Gelu, a pesar de las dificultades, continúa su comentario de la novela a partir de los capítulos en distribución gratuita y llega a un punto esencial en la novela: la importancia de la música.



Pancho nos hace entrar en la Corte de la mano de Avellaneda. Toda una crítica social del Madrid de la época en unas pocas líneas.  Es en su siguiente entrada, en la que se desarrollan las burlas inventadas para don Quijote en donde mejor se aprecia la sutil lectura que de estos capítulos haría Cervantes... Y, además, está Serrat...

Ya sabéis que recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis.

Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.



jueves, 1 de enero de 2015

Historia y biografía: la función de la novela en La sonrisa robada de José Antonio Abella y noticias de nuestras lecturas.


José Antonio Abella plantea la reconstrucción de la relación de los protagonistas en tiempo pasado y presente: lo que aconteciera en la postguerra mundial y lo que él mismo averigua en su investigación décadas después. Sin embargo, a pesar de los tiempos verbales usados por el narrador, ambas líneas narrativas son presentes: lo que se vivió en los años cuarenta y cincuenta se extrae del diario del joven español y las cartas de la joven alemana. Por su misma circunstancia, ambos materiales son siempre presentes. Como también lo son las indagaciones del personaje-narrador Abella tanto en Alemania como en las conversaciones con su amigo, ya anciano.

La reconstrucción de lo ocurrido -lo conocido y el misterio de lo que ocurriera con la joven alemana- levanta ante el lector las biografías de dos jóvenes europeos reales a los que les ocurrieron cosas similares a otras decenas de miles jóvenes europeos de su tiempo. Aunque algo les hace especiales para el lector -la historia de su pasión amorosa y las consecuencias que tiene para ambos- y marcará para siempre sus propias biografías, la novela juega con una doblez en la que está una de las claves más interesantes de su lectura. La biografía de estos dos jóvenes es real y coincide con miles de testimonios de aquellos tiempos y se fija en textos procedentes de la escritura del yo: un diario y una serie de cartas. Esta parte, por lo tanto, se somete al pacto autobiográfico según el cual el receptor la recibe como una materia real por mucho que en su elaboración entren elementos literarios. Lo mismo ocurre, en principio, con la opción tomada por Abella en la segunda parte de la materia con la que construye la novela: la investigación se somete a lo que hoy se llama literatura no ficcional. Estamos, pues, ante una novela que busca indagar en la realidad sin alterarla en sus elementos esenciales. Una de las modalidades que ha dado algunas de las mejores muestras narrativas en la literatura en español de las últimas décadas (Soldados de Salamina, La fiesta del Chivo, El impostor, etc.).

Esta fórmula narrativa adoptada por Abella, además de situarlo dentro de una de las corrientes más interesantes de la novela contemporánea, contribuye a resaltar con toda eficacia la clave de la lectura de la que hablaba antes: la Historia -es decir, la gran historia, aquella que no controlan las personas concretas, la que procede de las grandes ideologías- termina arrasando las biografías concretas de los individuos. Si en Soldados de Salamina, por ejemplo, el punto esperanzador ante esta catástrofe histórica que fue nuestro siglo XX es el compromiso del héroe anónimo -el miliciano al que busca el narrador durante gran parte de la novela, al darse cuenta de que su héroe no podía ser Sánchez Mazas- que termina significando un colectivo humano de perdedores de las guerras, en Abella el punto esperanzador está inspirado por el sentimiento amoroso y la memoria fiel que se guarda de que hasta en los momentos más duros puede hallarse algo positivo en el corazón humano. Abella sabe ver que la única salida posible ante el conflicto por el que la Historia tritura la biografía de los individuos es hallar esa luz de humanidad que nos salve de la intemperie y que nos haga más soportable lo que nos depara la Historia.

Aquellos que tengáis problemas para encontrar la novela, podéis adquirirla en este enlace de forma eficaz y rápida.

Noticias de nuestras lecturas

Por si no fueran suficientes las razones aducidas hasta ahora en nuestra lectura para acometer las páginas de La sonrisa robada, Paco Cuesta, en una entrada que me hubiera gustado escribir a mí por lo certera y oportuna, nos trae otra, sustancial: la razón editorial que está debajo de ella.  Después analiza una de las claves de la novela, para comprenderla: la trama avanza como investigación para poder comprender la vida... y la historia. Excelente lectura.

Luz del Olmo, en la entrada que dedica a la novela de Abella, señala la humanidad que rige su obra y se inspira en el inicio del capítulo 23 para escribir un poema que os recomiendo.

No os podéis perder la entrada que dedica Mª Ángeles Merino al motor inicial de la novela de Abella y la forma en la que comienza a trabajar en ella. Imprescindible.

Excelente propuesta la de Gelu. Como aún no le ha llegado el libro, su búsqueda de datos sobre el autor y el libro da como resultado una entrada muy útil para nuestra lectura, con enlaces y textos que ayudan a su mejor comprensión.


Pancho llega a la escena teatral de Avellaneda, en donde mejor se puede notar el juego entre Cervantes-Avellaneda-Cervantes: un juego sutil, inteligente. Toda una delicia literaria. Pero si os parece poco, en la siguiente entrada junta a los pícaros estudiantes, una oferta sexual para ahorrar y la posada del Peine con los Beatles... eso solo puede lograrlo Pancho.

Ya sabéis que recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis.

Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

jueves, 25 de diciembre de 2014

La implicación del narrador en La sonrisa robada de José Antonio Abella y noticias de nuestras lecturas.


Entreverar de forma sabia, como se hace en esta novela, pasado y presente, autobiografía y novela, fórmula epistolar y narración en tercera persona, lo más íntimo del corazón humano y el panorama histórico y social europeo de Europa tras la II Guerra mundial provoca en el lector una apasionada sensación de puzle que debe completar en busca de cada una de las piezas. Hay una acertada estrategia narrativa en La sonrisa robada por la que se miden los tiempos de los misterios: la resolución final de la historia de amor, las causas por las que la mujer no puede sonreír, el presente de cada uno de los personajes. Porque en el fondo el motor del narrador principal -el personaje en el que se trasforma José Antonio Abella- es la investigación. Una investigación que parte de la amistad y el cariño que siente por el protagonista de la historia de amor pero que también nace de la propia necesidad de completar el puzle incompleto de esa historia. El narrador ha quedado atrapado por esa pasión de los dos jóvenes de los años cuarenta que marcaría la vida de su amigo. Y en él se establece una lucha que nos expone continuamente en la narración de lo que investiga: las dudas sobre si podrá encontrar resultados; su intento de distanciarse como investigador -no deja de tener una formación científica- de la historia pasional; la forma de contarnos los horrores que descubre en la parte oculta de la mujer sin traicionar su propia conciencia; la manera de hacer llegar todo eso a su amigo. Es otro más de los varios planos interesantes de esta novela: el narrador no es alguien plano o completamente externo, está implicado por su amistad y su forma de pensar y debe meditar continuamente sobre todo esto para hallar la forma exacta de narrar lo ocurrido sin contaminarlo.

Aquellos que tengáis problemas para encontrar la novela, podéis adquirirla en este enlace de forma eficaz y rápida.

Noticias de nuestras lecturas

Mª del Carmen Ugarte comienza su lectura de La sonrisa robada poniéndonos en la situación correcta: la desolación que traen las guerras y sus consecuencias.

Hermosa entrada la que dedica Mª Ángeles Merino a la materia que impulsa la novela de Abella: la historia de un sueño en la realidad que traspasa tiempos, fronteras y formas narrativas. 


Pancho continúa su acertado comentario del Quijote apócrifo. Toca en esta entrada suya una de las mayores virtudes narrativas de Avellaneda: el uso de lo popular en esta segunda parte. Excelente entrada. Después sigue con el listón bien alto para comentar el encuentro con los comediantes y el juego con Bárbara y el intento de descristianar a don Quijote... Para no perdérselo.

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jueves, 18 de diciembre de 2014

Del diario a la novela: La sonrisa robada de José Antonio Abella y noticias de nuestras lecturas.


La sonrisa robada de José Antonio Abella (Premio de la Crítica de Castilla y León 2014) es una historia construida a partir de una pasión que se introduce en una época desoladorada para mostrarnos facetas que nadie había narrado antes. Inicialmente nos cuenta la investigación que el narrador principal -el propio Abella convertido en personaje- realiza para completar la historia que su amigo, el artista José Fernández-Arroyo, había dejado escrita en un Diario publicado tiempo atrás. Es, por lo tanto, una obra que se construye en un doble plano: en primer lugar, la narración extraída del Diario de Fernández-Arroyo, el conjunto de materiales que lo sostienen y la memoria de este manifestada en las conversaciones que mantiene con Abella; en segundo lugar, la narración de Abella en la que nos da cuenta de su investigación y de todo lo que afecta esta a la historia original. Se trata pues, de una novela muy actual en su propuesta literaria, insertada en el formato de la novela de no ficción que trata de forma literaria un material que procede directamente de la realidad. Es, además, una inteligente apuesta metaliteraria puesto que asistimos a la construcción de la propia novela manifestada continuamente en el personaje del narrador principal, sus dudas y temores.

Pero sobre todo esto se impone el núcleo principal: la historia de amor de dos jóvenes en una Europa desolada tras la II Guerra Mundial y sus consecuencias. Él es un joven español, habitante de una España gris, la franquista. Ella es una joven alemana cuya familia tiene un pasado vinculado con el nazismo. Ambos se conocen a través de las cartas que se intercambian a partir de los encuentros epistolares favorecidos por la prensa de la época. La historia de este amor y sus consecuencias no son solo algo que atañe a la biografía de ambos jóvenes, sino que afecta a millones de personas de su edad que tuvieron que afrontar una postguerra dura que rompió las vidas de tantos.

Hay una gran reflexión sobre la crueldad del ser humano y la desolación de las ideologías totalitarias, pero también una profunda apuesta por la ilusión basada en los sentimientos: la amistad y el amor.

De la mano de Abella nos trasladamos a la Europa de la postguerra y a la vivencia de un amor que marcará no solo la vida de los protagonistas sino también el recuerdo de los lectores. La sonrisa robada, cuya lectura nos ocupará hasta mediados de enero, es una de esas novelas que se olvidan difícilmente por lo que cuenta y, por supuesto, por cómo lo cuenta.

Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino capta en su introducción a la lectura de La sonrisa robada toda la profundidad que hay en esta novela: una historia que se te pega tan adentro que no puedes olvidar la vida de sus protagonistas.

Paco Cuesta contextualiza el punto de partida de la historia que narra La sonrisa robada: los protagonistas eran adolescentes cuando la guerra vino a truncar sus biografías,  Imprescindible su paseo con el cuello del abrigo subido para comprender la novela.


Penélope sigue leyendo Nada, de Carmen Laforet. Llega aquí a seleccionar citas a partir de la liberación de Andrea de Angustias... No os perdáis su trabajo de ilustración.



Pancho lleva a los protagonistas hasta Zaragoza y allí termina Sancho en la cárcel. No podía ser de otra manera: en este trío está todo lo que Avellaneda quiere destruir de su homenajeado Cervantes... Y acaba con los Beatles, aquí sabréis cómo.

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jueves, 11 de diciembre de 2014

Relato de un año desde la calle Aribau y noticias de nuestras lecturas con anuncio de la próxima


¿Qué nos aporta una relectura hoy de Nada de Carmen Laforet? En primer lugar, la brillantez de la escritura en primera persona, la forma aparentemente sencilla pero magistralmente eficaz de estructurar la materia novelada a través de la vivencia de la protagonista. El año en la calle Aribau de Andrea comienza con la ruptura de todas las ilusiones con las que llegaba a Barcelona, antes incluso de atravesar la puerta de la casa familiar. La primera parte de la novela es la caída en una angustia creciente. Andrea se siente oprimida por la miseria que la rodea, las personalidades de todos los miembros de la familia y, especialmente, el control de su tía Angustias. De esta manera, ni siquiera puede disfrutar de la vida universitaria. Tras el episodio de fiebre sucede en ella un cambio en el que percibimos cómo va afirmando su personalidad, lo que quiere y cómo ese deseo choca inevitablemente con la realidad que le rodea, pero le permite gozar de la apertura a un mundo de relaciones fuera de la calle Aribau. Tras la marcha de Angustias este mundo crece: Andrea se ha liberado de la opresión, aunque no del hogar mediocre en el que todo parece aliarse para hacer desgraciados a todos y cada uno de los que allí viven, incapaces de salir de un círculo que les condena a la infelicidad, el hambre y la miseria (expresada en la suciedad, en el polvo, en los chinches y cucarachas). Pero Andrea se siente libre de esa opresión y ejerce su libertad incluso contra sí misma, permitiéndose caprichos que le llevan a pasar hambre cuando se le acaba la asignación mal gestionada. También choca contra el mundo externo en el que quiere vivir: no encaja. Hay algo en ella que se lo impide, en su propia psicología. Pero también en su sensación de huérfana que se extiende a varios ámbitos de su forma de ser: la rebeldía, la falta de expresividad para dar y recibir afectos. Y una tercera razón. Andrea procede de un mundo, el de la burguesía catalana, de perdedores. Y hay una cierta sensación de desclasada: por una parte, no existe ni rastro de presencia del mundo obrero, por otro, no puede entrar con pleno derecho en los núcleos burgueses. La historia con Pons es más que siginificativa. La única posibilidad de cariño verdadero y de pertenencia a un grupo que la proteja que tiene Andrea es la amistad con Ena y su ingreso en la familia de esta. Andrea, emocional y socialmente es dependiente de esta relación. Cuando Ena se aleja de ella, se encuentra débil y sin rumbo. De ahí que cuando recupere la amistad se abra un mundo de esperanza para ella. El final abierto del libro representa una huida de la oscuridad del piso de la calle de Aribau pero no tanto de la personalidad de Andrea. El lector termina el libro con la sensación de que Andrea solo podrá ser feliz mientras la protección de Ena y su familia sea eficaz, pero no por su fuerza interior. Cuando uno huye se lleva también su personalidad encima. Este es, sin duda, el sentido del título: el vacío interior de Andrea se debe a las circunstancias familiares y sociales pero, sobre todo, a su propia condición de joven sin la suficiente voluntad interior para poder salir de todo lo que le hace infeliz. Pero se justifica: la edad de Andrea y su condición de mujer y huérfana, en la sociedad española del momento, impedía en gran manera este desarrollo.

Es precisamente esa voz femenina lo que sorprende, en gran medida, en los años cuarenta: una mujer joven nos narra la vida íntima de una familia de la burguesía catalana venida a menos tras la guerra. En ese círculo de intimidad todo está dispuesto para que nadie pueda ser feliz. La sensación de extrañeza de Andrea, su desorientación, la frustración inicial de todas sus esperanzas y la necesidad de que se abra en algún momento una esperanza a la que agarrarse para huir de las circunstancias pudieron ser reconocidas por muchos jóvenes españoles del momento.

Y esto precisamente sigue siendo un universal reconocible incluso en momentos en los que la sociedad oprime menos que en aquella postguerra de los años cuarenta. El individuo que siente un malestar interior ante la vida, que no encuentra forma de disciplinarla, que cae en un círculo opresivo que amenaza con acabar con él y que busca desesperadamente que algo, desde fuera, le ilumine porque dentro de él no encuentra las fuerzas ni las oportunidades. Esto se halla relatado magníficamente en Nada como en pocas novelas contemporáneas.

Noticias de nuestras lecturas

Tal y como informamos, el pasado martes tuvo lugar la sesión presencial del Club de lectura en la Biblioteca General de la Universidad de Burgos. Para aquellos que no pudisteis asistir, Mª Ángeles Merino comenta con Andrea lo que allí se habló.

Paco Cuesta cierra balances interesantes en su lectura de Nada y la enlaza con la del próximo título, La sonrisa robada de una forma muy inteligente porque ambos tienen más que ver de lo que podría parecer en un primer momento.


Sigue Pancho uniendo con maestría a los Beatles con el Quijote apócrifo. Llega aquí de su mano hasta Bárbara y la narración de las desdichas de esta mujer tan importante para el resto de la narración.

Ya sabéis que recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis.

Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

Próxima lectura


Leemos ahora La sonrisa robada, de José Antonio Abella. Nos ocupará hasta el jueves 16 de enero. Podéis hallar más información sobre esta obra en este enlace. Aquellos que tengáis problemas para encontrarla en las librerías podéis solicitarla directamente a la editorial en este enlace. Son muy eficaces, fiables y rápidos en los envíos.

martes, 3 de junio de 2014

Coloquio con José Antonio Abella, autor de La sonrisa robada, en la Feria del Libro de Burgos 2014.


El sábado pasado participé en los actos de la Feria del Libro 2014 organizada por el Ayuntamiento de Burgos. Siempre es un placer ver las casetas de las librerías tomar la calle -nunca entenderé las Ferias de Libro que se hacen en sitios cerrados-, asomar los ejemplares al mundo en sorpresa del caminante que va a lo suyo y que en muchas ocasiones desconoce el motivo de la celebración y exponer al escritor a la mirada curiosa de su público. Hay muchas anécdotas sobre esto, pero desde hace unos años los escritores saben que es parte de su oficio. Por eso me gustan mucho las presentaciones de libros, sobre todo aquellas que aportan un valor añadido más allá de la mera formalidad del acto.

Participé en la Sala Polisón del Teatro Principal de Burgos en un coloquio con José Antonio Abella (Burgos, 1956), último Premio de la Crítica de Castilla y León junto a Gonzalo Santonja (Director del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, que patrocina el Premio, de cuyo jurado soy miembro). El encuentro fue distendido y se alargó casi dos horas sin que agotáramos los temas. A nuestras preguntas, el autor comentó las circunstancias biográficas que le llevaron de Burgos a Segovia, en donde vive y ejerce la medicina. José Antonio Abella ha cultivado la literatura con regularidad desde 1992, año en el que publicó su primera novela, Yuda. En su currículum figura un premio de relatos tan prestigioso como el ya desaparecido Hucha de Oro, víctima inocente de lo que ha ocurrido con las Cajas de Ahorro en este país o un libro tan vendido como Crónicas de Umbroso (2001). También se habló de su aventura editorial al frente de La isla del náufrago, un ejemplo del camino que tienen que seguir muchos amantes de la literatura ante lo que sucede con los grandes sellos editoriales del país que, por ejemplo, rechazaron el manuscrito de La sonrisa robada, que ha merecido el Premio de la Crítica.


Y se habló mucho de la obra ganadora del premio. La sonrisa robada es una novela arriesgada desde el principio, pero de estos riesgos bebe la verdadera literatura. Se nos presenta como la investigación que el narrador -el propio autor- realiza para completar la información suministrada por su amigo, el poeta pintor y escultor José Fernández-Arroyo (Manzanares, Ciudad Real, 1928) tanto en sus conversaciones como en el diario en el que contó la historia de una apasionante historia de amor que vivió con Edelgard Lambrecht entre los años 1949 y 1953. El lector pronto comprende la necesidad de esta investigación dado que es imprescindible comprender el punto de vista de la joven.

En la novela encontramos una hermosa historia de amor y el panorama de Europa tras la Segunda Guerra Mundial. Edelgard es hija de un militar alemán y víctima de los horrores de la guerra y de la postguerra. Esta es la segunda dificultad de la novela: contar la historia desde una perspectiva no frecuentada, la de la población alemana que perdió la guerra pero que participó de la exaltación militarista de Hitler. El narrador se plantea en varias ocasiones este problema puesto que su planteamiento está muy lejos de ser revisionista o filonazi, pero queda atrapado -como le ocurrió al propio Fernández-Arroyo y le ocurrirá al lector- por la personalidad de aquella joven y el horror que vivió tanto personal como familiarmente, semejante a tantos millones de personas víctimas de los fanatismos y de las ideologías sin rostro humano. La misma Edelgard, como toda la población alemana, hubo de hacer su transición para aceptar lo que pasó y lo que a ella misma le ocurrió. 

Por otro lado, la acertada conversión de José Fernández-Arroyo en personaje literario a partir de su apasionante vida. Un joven que procede de una España nacionalcatólica y que sale de una país aislado en el mundo por el apoyo prestado por el régimen franquista al III Reich para encontrarse con la mujer a la que ama y a la que solo conoce por la correspondencia epistolar y unas pocas fotos. Un joven que también debe hacer su propia transición desde aquella España gris y plomiza, sin horizontes hasta ese personaje anciano que cuenta a su amigo la historia de aquel amor que marcó su vida.

Una historia de amor apasionante entre dos jóvenes de un mundo en ruinas pero que no pierden la esperanza, la aventura de toda Europa para reconstruirse tras el conflicto y el misterio de la enfermedad de la mujer al que hace referencia el título de la novela. Todo ello bien contado a través del relato contemporáneo del narrador que busca los rastros de Edelgard y que adopta la técnica de la novela dentro de la novela, el relato que se va construyendo delante de nosotros pero que también enfrenta al narrador -y a nosotros mismos- a una mirada reflexiva sobre lo transcurrido en estas décadas. No se esconde el horror ni la tragedia, pero se trata todo con la sutileza del lirismo y de una prosa bien trabajada. Agradará al lector que busca la trama argumental, pero también al que busca reflexionar sobre la literatura y las claves del proceso histórico de Europa.

Tiene otra virtud esta novela, rescatar del olvido el excelente diario de José Fernández-Arroyo que es, en sí mismo, una gran pieza literaria. Ha sido reeditado en los meses últimos por La isla del náufrago e invito a leerlo tras la novela porque cuando se cierra el libro de Abella hay cosas que se le quedan pegadas al lector, necesitado de conocer más sobre esta historia.


sábado, 31 de mayo de 2014

Presentación de La sonrisa robada de José Antonio Abella en la Feria del Libro de Burgos


Dentro de los actos programados en la Feria del Libro de Burgos, a esta hora da comienzo la presentación del último Premio de la Crítica de Castilla y León, de cuyo jurado soy miembro. El premio recayó en la presente edición en la novela La sonrisa robada, de José Antonio Abella (Segovia, La isla del náufrago, 2013) y acompaño al autor en la presentación del libro, acto que tiene lugar a las ocho y media en la Sala Polisón del Teatro Principal de Burgos.

Podéis acceder a mi reseña de la novela en este enlace.

miércoles, 5 de marzo de 2014

La sonrisa robada, de José Antonio Abella, XII Premio de la Crítica de Castilla y León


El Jurado del Premio de la Crítica de Castilla y León, del que soy miembro, reunido esta mañana en el Palacio de los Verdugo de Ávila, ha otorgado el Premio correspondiente al año 2013 a La sonrisa robada de José Antonio Abella (Segovia, La Isla del Náufrago, 2013).

La novela reconstruye la historia de las relaciones entre el poeta y escultor José Fernández-Arroyo y una joven alemana, Edelgard Lambrecht a partir del diario del artista y la correspondencia de Edelgard, mantenida entre los años 1949 y 1953. Se enmarca y completa con el viaje del narrador a Alemania con la finalidad de conocer los lugares en donde vivió la joven y encontrar los datos que proporcionen la visión desde su perspectiva. Este doble tiempo (presente-pasado) y doble y hasta triple ángulo (narrador / José Fernández / Edelgard) es sutilmente usado como parte de la fábula y viene a cumplir, en un juego metaliterario, el impulso interno de lo que se cuenta hacia su necesaria construcción como novela.

En La sonrisa robada hay una historia de amor intenso y hermoso que marca la vida de los protagonistas, pero también mucho más. Es también la historia de un sueño que impulsa al protagonista y atrapa al lector, un viaje hacia los sentimientos y hacia la ilusión que mantiene una vida en medio de la devastación propia de una postguerra como la de la II Guerra mundial. Abella nos guía por el extraordinario viaje que lleva a un joven desde la España de los primeros años de la gris dictadura franquista hasta la Alemania que intenta reconstruirse pero vive marcada por las huellas de la guerra en todos los sentidos: el pasado nazi, la irrupción de los soldados soviéticos y la desmembración del país y el presente de Edelgard en el que no todos podrán encontrar un hueco en la nueva realidad. Es un triple viaje: el del narrador, el del protagonista y el de toda una generación de europeos, contado desde una perspectiva poco frecuente. Un riesgo asumido por el autor del que ha salido con éxito gracias, en gran medida, a una narración precisa no exenta de lirismo y pasajes sobrecogedores. Los inicios de cada capítulo son magníficos. Todo, además, lleno de referencias musicales que potencian lo contado.

La sonrisa robada, sin duda alguna, es una novela atractiva para un lector muy variado: atrapa por el argumento -una gran historia de amor-, por las dosis de intriga con las que se desgrana, por la profundidad del análisis de los sentimientos más nobles en tiempos violentos y poco propicios, por la reconstrucción individual y colectiva de una Europa que sale de un conflicto tan brutal como fue la II Guerra mundial y por el estilo narrativo.