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viernes, 8 de marzo de 2013

El río del edén, de José María Merino, XI Premio de la Crítica de Castilla y Léon


El río del Edén, de José María Merino, ha resultado ganador del XI Premio de la Critica de Castilla y León. Las deliberaciones del Jurado, del que soy miembro, han tenido lugar en el Palacio de los Verdugo, de Ávila.

José María Merino es un narrador de larga trayectoria, uno de los nombres más consolidados de la novela española actual y ya había sido, con anterioridad, finalista de este Premio. El río del Edén es una magnífica novela cuyo argumento se construye sobre las pocas horas en las que el protagonista, Daniel, acompañado de su hijo Silvio, con síndrome de Down, intenta cumplir la promesa dada a la madre del pequeño antes de morir: esparcir sus cenizas en una laguna situada en el alto Tajo en la que ambos vivieron los mejores momentos de su historia de amor. Bajo esta historia se esconde el drama de Daniel, que el lector conoce a través de sus recuerdos, del diálogo que establece con el hijo y de la evocación de algunos momentos junto a la que fue su esposa,  tanto en su juventud como en los últimos meses, cuando quedó paralítica a consecuencia de un accidente. Dentro de Daniel hay, como en todos nosotros, varias personalidades que luchan entre sí. Esta lucha es la que, en verdad, protagoniza el libro a través de los recuerdos del protagonista: conflicto entre un Daniel que amaba a Tere y otro que la traicionó, uno que rechazó a su hijo y otro que, finalmente, lo asume como parte de su vida.

Merino ha escrito una reflexión sobre la vida vista como ilusión y frustración, como compromiso y traición. Una vida que busca una felicidad que solo puede estar, en realidad, en asumir esa complejidad que es el ser humano y pactar con lo que uno tiene y con lo que uno es para seguir adelante. Asume técnicamente un reto: mantener la narración en una segunda persona del singular sin que resulte monónota, para trasladarnos, precisamente, ese conflicto psicológico del personaje. El paisaje -las montañas, el río, la laguna- y los fragmentos de vida que conocemos del protagonista son claves simbólicas de ese conflicto y su resolución. Es curioso cómo, sin abandonar nunca el pulso realista, consigue un aliento propio de la fábula (especialmente centrada en la laguna) y con una inspiración en el mito de Adán y Eva bíblico. Otro de los rasgos que hacen atractiva esta novela es la indagación en la mente del muchacho (una de las pocas veces en las que la literatura española se acerca con dignidad, decoro y altura de miras a los que tienen el síndrome de Down) y cómo se reconstruye, a partir de ella, la relación entre el padre y el hijo. Y todo ello sin caer nunca en la sensiblería ni derivar nunca hacia la facilidad de las emociones.

martes, 23 de febrero de 2010

Una novela de tesis sobre la historia de las guerras civiles en España (La sima, de José María Merino).


Hay quien sostiene -y no sin razón- que toda novela es una novela de tesis, como una marca de género. Algunas lo pretenden ser desde su concepción. Esto no es malo ni bueno en sí mismo para el relato: afecta a su recepción, en especial si no se comparte la intención ideológica del autor.

José María Merino ha escrito, en La sima (Barcelona, Seix Barral, 2009) una novela de tesis sin la carga retórica de las novelas de tesis decimonónicas. Para ello, construye un argumento según el cual Fidel, un profesor universitario, vuelve al pueblo de su familia para colaborar en la exploración de una sima a la que, según la creencia popular, fueron arrojados unos jóvenes fusilados por los falangistas en la Guerra Civil. A la vez, Fidel elabora una Tesis Doctoral sobre la guerra carlista. El argumento da pie para debatir sobre la raíz de la violencia en la historia de España que Fidel ve especialmente proclive al odio irracional que motiva las continuas guerras civiles que se han sucedido en la Península:

El odio como ingrediente habitual, normal, de la confrontación, el odio como elemento para componer la personalidad más rechazable y peligrosa del adversario, el ocio como un nutriente salutífero para dar vigor a las contrapuestas maneras de ver las cosas, un odio que no puede siquiera imaginar la negociación, el pacto con el que no piensa como nosotros, sino sólo su anulación, su desaparición.

Este argumento es rechazado, por acientífico, por el profesor que dirige su Tesis, que le exige basarse en datos y documentos, pero constituye el punto de partida ideológico del pensamiento del protagonista.

Hay dos procesos históricos en la novela. En primer lugar, la biografía de Fidel, cuya vida está plagada de incidencias vitales que le empujan a reflexionar continuamente sobre este tema. Su padre militó en el Partido Comunista durante la dictadura de Franco; la familia de su madre es muy conservadora y su abuelo materno fue uno de los dirigentes falangistas implicados en los fusilamientos. Fidel pasa su infancia y juventud durante la Transición española a la democracia y se confiesa socialdemócrata y heredero del espíritu de concordia que guió este período histórico de España: de hecho, gran parte de la novela es una forma de recuperación de los principios que rigieron aquellos momentos frente al aumento de la tensión social, del conflicto político y de la situación provocada después de que un sector muy importante del Partido Popular no asimilara bien la derrota en las elecciones de 2004. Los diálogos con sus familiares y con sus amigos completan el espectro ideológico de la España contemporánea: desde un amigo anarquista hasta su primo ultraconservador, pasando por comunistas, socialistas, conservadores, ateos, agnósticos, católicos, violentos y pacíficos, fanáticos y dialogantes, etc. El debate entre todos es continuo, pero uno siente la sensación de que nunca será posible una solución, por lo que sólo los que son partidarios de la tolerancia y la no violencia ganan las simpatías del narrador y del lector.

El segundo proceso histórico es la investigación sobre las guerras civiles que han llenado la historia de España, singularmente desde que la futura Isabel I arrebatara el trono a la reina Juana. En este sentido, Fidel intuye, sin poder demostrarlo, una especial tendencia al odio y la violencia contra el que no piensa igual en la historia de España, como si fuera una marca genética que lo diferenciara de otros. De ahí la crueldad y la intención de exterminar al contrario: entre los documentos de su Tesis abundan los ejemplos de crueldad sin límites. Incluso el protagonista siente, en un momento, la necesidad de sublimar la violencia, aunque sólo como recurso literario puesto que la rechazará como forma de actuación.

La novela se constuye como un diario redactado desde el 28 de diciembre de 2004 hasta el 6 de enero de 2005 y, como tal, incluye referencias concretas a la situación histórica y política de esos días tanto en España como en el extranjero.

En una interesante apuesta, José María Merino hace de esta novela un juego metaliterario: el protagonista pretende hacer una Tesis pero -por inclinación, desorden y pereza-, termina haciendo un diario que es, en realidad una novela, esta novela. En varias ocasiones se afirma en el texto que la novela es un procedimiento mucho mejor para poder comprender la realidad que un trabajo académico. Hay una evidente recuperación y defensa del género narrativo frente a las antiguas afirmaciones de hace unos años según la cual la novela había muerto. Merino pone todo ello al servicio de una propuesta de análisis de los conflictos civiles españoles y la defensa de que sólo la tolerancia y la comprensión del otro es una verdadera solución.