El río del Edén, de José María Merino, ha resultado ganador del XI Premio de la Critica de Castilla y León. Las deliberaciones del Jurado, del que soy miembro, han tenido lugar en el Palacio de los Verdugo, de Ávila.
José María Merino es un narrador de larga trayectoria, uno de los nombres más consolidados de la novela española actual y ya había sido, con anterioridad, finalista de este Premio. El río del Edén es una magnífica novela cuyo argumento se construye sobre las pocas horas en las que el protagonista, Daniel, acompañado de su hijo Silvio, con síndrome de Down, intenta cumplir la promesa dada a la madre del pequeño antes de morir: esparcir sus cenizas en una laguna situada en el alto Tajo en la que ambos vivieron los mejores momentos de su historia de amor. Bajo esta historia se esconde el drama de Daniel, que el lector conoce a través de sus recuerdos, del diálogo que establece con el hijo y de la evocación de algunos momentos junto a la que fue su esposa, tanto en su juventud como en los últimos meses, cuando quedó paralítica a consecuencia de un accidente. Dentro de Daniel hay, como en todos nosotros, varias personalidades que luchan entre sí. Esta lucha es la que, en verdad, protagoniza el libro a través de los recuerdos del protagonista: conflicto entre un Daniel que amaba a Tere y otro que la traicionó, uno que rechazó a su hijo y otro que, finalmente, lo asume como parte de su vida.
Merino ha escrito una reflexión sobre la vida vista como ilusión y frustración, como compromiso y traición. Una vida que busca una felicidad que solo puede estar, en realidad, en asumir esa complejidad que es el ser humano y pactar con lo que uno tiene y con lo que uno es para seguir adelante. Asume técnicamente un reto: mantener la narración en una segunda persona del singular sin que resulte monónota, para trasladarnos, precisamente, ese conflicto psicológico del personaje. El paisaje -las montañas, el río, la laguna- y los fragmentos de vida que conocemos del protagonista son claves simbólicas de ese conflicto y su resolución. Es curioso cómo, sin abandonar nunca el pulso realista, consigue un aliento propio de la fábula (especialmente centrada en la laguna) y con una inspiración en el mito de Adán y Eva bíblico. Otro de los rasgos que hacen atractiva esta novela es la indagación en la mente del muchacho (una de las pocas veces en las que la literatura española se acerca con dignidad, decoro y altura de miras a los que tienen el síndrome de Down) y cómo se reconstruye, a partir de ella, la relación entre el padre y el hijo. Y todo ello sin caer nunca en la sensiblería ni derivar nunca hacia la facilidad de las emociones.

