A la salida de Salamanca el cielo se puso modelo de pintor, con intensidad dramática de azules. Camino de Béjar, la sierra brotó de pronto en el horizonte, con las cumbres nevadas. Anuncian más nieve para este fin de semana, así que quizá tenga ocasión de pisarla por primera vez en la temporada. Hasta hoy no se ha sentido el frío por estos lugares. Tengo ganas. Se ha prolongado demasiado el buen tiempo y a mí me gusta que las estaciones se marquen.
Traigo la maleta llena de libros pendientes y una abrumadora cantidad de trabajo atrasado. También necesito descansar del ajetreo de estos días, así que oscilaré entre el deber y la tentación de la montaña.
Decía Miguel Mihura que era un vago que trabajaba mucho, que la pereza le había convertido en un maestro de no hacer nada, pero que para eso había tenido que hacer muchas cosas, incluso trabajar. Otro que practicó con gran sutileza y constancia el arte de la pereza fue Pepín Bello, una de las personas más importantes del grupo inicial de la llamada Generación del 27 que jamás publicó nada. Álvaro Medina pudo titular el documental que hizo de su vida, Pepín Bello, el hombre que nunca hizo nada. Mihura y Bello no pararon de trabajar para no hacer nada. El trabajo está sobrevalorado, es evidente. Así que no descarto un puente de sofá, manta, lectura y películas. Por si acaso, por si decidiera no hacer nada, ya he abastecido de todo lo necesario la casa.
