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jueves, 5 de marzo de 2015

El perspectivismo en Entre visillos para contarnos un fragmento de vidas cruzadas y noticias de nuestras lecturas, con anuncio de la próxima.


El perspectivismo es uno de los grandes aciertos de Entre visillos. No hay un único narrador en esta novela, sino varios. Y cuando aparece el narrador en tercera persona focaliza la acción a través de algún personaje, al que se pega. La historia, por lo tanto, no se nos cuenta con un único punto de vista y el lector la va construyendo según las visiones que le ofrece cada personaje. Singularmente a través de lo que narran en primera persona Natalia y Pablo pero también a través de lo que dicen en sus conversaciones el resto. Así, el narrador externo no sanciona directamente una única verdad y el lector tiene la sensación de que aquellos puntos de vista cruzados son como la realidad, un nudo en el que se juntan varias miradas cada una en posesión de su propia verdad. Poco a poco el lector comprenderá las razones de cada uno -es magnífica la formulación técnica que nos aporta, casi al final, del padre de Natalia- y entenderá las razones de sus actos. Incluso alguno de los que le parecían más nobles en sus primeras actuaciones -Elvira, Pablo- dejan en evidencia los lados más débiles de su carácter. Porque la realidad es así, poliédrica, y solo podemos llegar a comprenderla a través de aportaciones corales como en esta novela.

El lector ha asistido a tres meses en la vida de una ciudad de provincias. Falta mucho de esa vida: el mundo del trabajo, las clases más pobres... Se nos ofrece solo eso, un fragmento, una secuencia de una película que se vivía en la realidad y ante la que cada uno, como estos personajes, debía tomar sus propias decisiones de acuerdo con sus circunstancias y su psicología. También según los encuentros en el hilo que la vida teje cada día.

Me parece central el que tienen Natalia y Pablo. Aquella, para este, no es, en realidad nadie. Puede decirse que cuando habla con ella discursea. De hecho, el encuentro en la estación al final de la novela delata el verdadero carácter del profesor alemán: no quiere comprometerse con nada, en realidad. Sin embargo, lo que le dice a Natalia fortalece en ella la voluntad de vivir su propia individualidad por encima de cualquier presión familiar o social, para ella sí es trascendente porque le cambia la vida.

Otro encuentro en este cruce de vidas en tres meses se produce entre Elvira y Pablo. En realidad, Elvira tampoco es nadie para Pablo pero el encuentro con este supone una reacción violenta en la joven: es un hombre al que no podrá dominar y eso la lleva a buscar el control de aquel a quien sí puede tener a su servicio y adoptar la decisión de casarse lo antes posible, cosa que no esperaríamos al inicio.

Es curiosa la forma en la que Martín Gaite pone en evidencia a casi todos los personajes: tanto a los que se integran en la sociedad sin cuestionarla como a los que la cuestionan pero tampoco cuentan con una grandeza interior que pueda mejorarla a partir de su rebeldía. Cuando el tren sale de la estación, como lector, me agarro a la única esperanza de aquella adolescente que dejamos en el andén.

Noticias de nuestras lecturas


Mª Ángeles Merino se centra en su entrada de esta semana en el personaje de Elvira y sus circunstancias. Buen análisis para comprender a este personaje.

Paco Cuesta se fija en el luto como costumbre social para que podamos comprender mejor la sociedad que nos narra Martín Gaite en esta novela. Entrada iluminadora.

Coro Entreaguas se centra en las chicas pobres de la novela para llevarnos a las decisiones personales y un recuerdo propio. No os perdáis esta entrada.

Mª del Carmen Ugarte aborda un tema que en la novela aparece casi como sin darlo importancia pero que a muchos nos recordará conflictos familiares: la hora de regreso a casa, sobre todo para las mujeres jóvenes. Se jugaba más de lo que parecía.

El próximo martes día 10 de marzo tendremos la reunión mensual del Club de lectura en su versión presencial en el horario y lugar acostumbrados para comentar Entre visillos.

Próxima lectura


El próximo jueves comenzamos con los comentarios de la lectura que nos ocupará hasta el 9 de abril: El héroe discreto, la novela que Mario Vargas Llosa publicó en septiembre de 2013 en la editorial Alfaguara. Se trata de su regreso a la ficción tras haber obtenido el Premio Nobel en el 2010. Se ambienta en el Perú actual.


Ya sabéis que recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis.

Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

jueves, 26 de febrero de 2015

La vida en círculos de Entre visillos y noticias de nuestras lecturas.


A pesar de que entramos en la ciudad de provincias en la que se desarrolla Entre visillos en sus fiestas patronales, pronto veremos que debajo del ambiente festivo las personas se mueven en círculo. Durante la primera parte de la novela todas las conversaciones son sobre las mismas cosas, una y otra vez. Martín Gaite las aborda con una naturalidad estilística que consigue dar mayor realismo a esa sensación. Especialmente los jóvenes y, sobre todo, las mujeres, quedan atrapados en ese círculo de conversaciones, de actividades y de calles. Otra sensación que angustia más al lector -porque, además, responde a la realidad de ese mundo provinciano-: todo sucede, como dice el título, entre visillos. Es decir, todos están atentos a lo que hacen todos. Martín Gaite resalta las miradas que vigilan a los que bailan o a los que hablan con otras personas y también cómo llega a la intimidad de cualquier casa -incluso la que se halla cerrada por un luto- la noticia que más puede alterar la emoción de una joven que se ha sentido atraída por un recién llegado a la ciudad. El lector recibe la intensidad de ese círculo asfixiante y tiene la sensación de que si volviera al año siguiente a los espacios -públicos y privados- en donde trascurre la acción, poco o nada hubiera cambiado y las conversaciones serían iguales aunque los personajes cambiaran.

De ahí la fragilidad de aquellas vidas, especialmente las de las mujeres. Todo está supeditado a que alguien cruce el salón de baile para sacarte a bailar o que llegue la carta oportuna que te saque de la rutina y solucione tu vida o que alguien de fuera abra la posibilidad de que existe otro mundo más allá de los límites conocidos. Mientras tanto, sin que haya más tragedias que las normales de una vida de aquellos tiempos, la opresión del ambiente se cierra sobre la biografía de estos personajes.

Noticias de nuestras lecturas

Mª del Carmen Ugarte comenta con acierto lo que supone hablar de Madrid para los jóvenes de provincias de la España de los cincuenta tal y como percibimos en la novela de Martín Gaite.

Coro Entreaguas, a partir del personaje de Rosa, comenta de forma sutilmente iluminadora la situación de las pobres chicas malas que aparecen en Entre visillos.

Mª Ángeles Merino se centra en la aparición de Pablo Klein en la ciudad de provincias, su llegada en tren y su forma de hacernos ver que aquel no es su mundo... No os perdáis sus excelentes ilustraciones que ayudan a contextualizar la lectura.

Pancho nos hace entrar en tren en la ciudad, con todo lo que eso significa oportunamente. Y añade unas ilustraciones que contribuyen a que pongamos imagen a lo narrado en Entre visillos.

Gelu comienza sus aportaciones sobre Entre visillos con una entrada que puede servir de iniciación a la lectura y puesta en situación para extraer a partir de ella lo mejor de las páginas de la novela. No te la pierdas.

Paco Cuesta escribe una entrada que ayuda a comprender mucho de lo que ocurre en Entre visillos: las emociones a flor de piel de los jóvenes encerradas en una ciudad de provincias, esperando que algo pueda romper la dinámica. Más que recomendable.

Don Quijote, ballet, en este año quijotesco 
de nuestro Club de lectura



El viernes pasado celebramos una reunión extraordinaria de la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos y el Club de lectura en el Museo del Libro Fadrique de Basilea de Burgos, que tan amablemente nos presta sus instalaciones para nuestras actividades. Con motivo de la celebración del cuarto centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote de Cervantes, el Aula de Danza de la Asociación promovió la proyección del ballet Don QuijotePara la ocasión se eligió la coreografía del ballet que para el American Ballet Theatre preparó en 1980 Mikhail Baryshnikov a partir de las clásicas de Marius Petipa y Alexander Gorsky. El ballet fue analizado por María López, profesora de Danza Clásica del Conservatorio Superior de Danza de Madrid María de Ávila y yo hice una aproximación al tratamiento escénico de la obra de Cervantes. Fue un encuentro agradable y académico que sirvió para iniciar las actividades quijotescas que llevaremos a cabo en el presente año.

Mª Ángeles Merino reseña el acto en una entrada en la que podéis encontrar fotografías y todos los detalles.

Y para recordarnos la lectura del Quijote que hicimos en este club, Luz del Olmo publica unos grabados quijotescos gracias a Miguel Vivanco, siempre tan atento con estas cosas.

Ya sabéis que recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis.

Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

jueves, 19 de febrero de 2015

Sobre el inicio de Entre visillos de Carmen Martín Gaite, noticias de nuestras lecturas y actividad para mañana viernes.


Sutilmente, Carmen Martín Gaite nos introduce en la materia que quiere novelar desde dos focalizaciones diferentes. El lector encuentra en el primer capítulo a Natalia, joven de 16 años, perteneciente a una familia de la burguesía acomodada; en el segundo, a Pablo Klein, un profesor nuevo de alemán en el Instituto de la ciudad en la que se ambienta la narración. La empatía que desarrolle el lector con estos dos personajes influirá en el resto de la recepción del texto.

Nos encontramos en las fiestas de septiembre de una ciudad de provincias de la España franquista de los años cincuenta, en la que todo debe suceder de acuerdo con unas rigurosas convenciones sociales que marcan el destino de los individuos, sus ritmos vitales y sus preocupaciones. Es todo tan previsible y asentado -incluido el desarrollo de los festejos según el programa oficial- que nada debería sorprendernos, ni siquiera las conversaciones en las que un grupo de amigas se cuentan sus historias sentimentales. El ritmo es tan lento como el que marcan las horas de la actividad diaria. Eso sí, ya aparece en la distancia un elemento que puede desestabilizarlo todo: Madrid, sus novedades y su influencia como ciudad más abierta y moderna.

Pero ahí es donde interviene la autora: nos hace entrar en ese mundo desde el foco de dos personajes que no se ajustan, que no encajan bien en esos ritmos y que nos provocan la extrañeza suficiente para darnos cuenta de que esa sociedad que rige todo de forma tan rutinaria no acogerá nunca al diferente ni amparará la individualidad.

El fragmento del diario de Natalia con el comienza la novela es un arriesgado prodigio. Un prodigio técnico puesto que imita la escritura de una adolescente de la época hasta representarnos su forma de hablar y sus preocupaciones. Todo en estos párrafos es relevante: la sintaxis, la sensación que manifiesta Natalia de que la dejen no sentirse mayor, sus diferencias evidentes con los pensamientos de su amiga. Pero también un prodigio ideológico. Al arriesgarse con unas líneas tan evidentemente mal escritas, Martín Gaite nos lanza el reto de que nos pongamos en la mente de Natalia y en su diferencia individual que la enfrenta con la sociedad. En sí mismo, este fragmento explica todo el resto de la novela. No podía continuar narrando desde la voz de Natalia de forma más extensa por una lógica cuestión de estilo y por eso pasa a la tercera persona para contarnos lo que ocurre con Natalia y su firme propósito de ponerse de largo a pesar de su edad y para darnos cuenta, a la vez, de las preocupaciones de otras jóvenes de su clase social -sus hermanas, la amiga de estas.

En el segundo capítulo nos encontramos con la narración en primera persona de la llegada de Pablo a la ciudad. Pronto percibimos que se trata de un hombre extraño con respecto al resto de los viajeros del tren o a los personajes con los que se encuentra en su trayecto al Instituto. Esa extrañeza se concreta cuando sube al autobús que lo llevará desde la estación hasta el Instituto y no logra encajar físicamente dentro de él. Pablo parece un ser perdido, un personaje del que tardaremos en saber su nombre pero del que pronto percibimos que tampoco se adapta muy bien en aquel ambiente de la ciudad que le recibe en fiestas, con una procesión religiosa que corta el tráfico y sin habitación para pasar la noche.

Martín Gaite ha seleccionado ya a su lector imaginado, provocando que perciba las grietas de una sociedad en la que, evidentemente, no pasa nada porque nunca pasa nada.

Noticias de nuestras lecturas

Luz del Olmo nos regala un testimonio sobre la personalidad de Carmen Martín Gaite que refleja la forma de ser de la escritora que nos ocupa en estas semanas. Imprescindible.

Coro Entreaguas nos enfrenta acertadamente con la llegada un tanto misteriosa de Pablo Klein a la ciudad de provincias para dar clase en el Instituto: a destiempo, como fuera de toda circunstancia lógica.

Para su comentario de Entre visillos, Paco Cuesta parte de una premisa bien cierta: la novela como herramienta metodológica para comprender mejor las circunstancias sociales de la España del nacionalcatolicismo de los años cincuenta en provincias.

Mª Ángeles Merino nos sitúa con todo acierto para comenzar la novela: sociedad de la época, literatura y recuerdos personales de un tiempo en el que debías ajustarte escrupulosamente a lo que se esperaba de ti.

Pancho consigue saltar de siglo en siglo para alcanzarnos al comienzo del comentario de esta novela de Martín Gaite y situarnos en la técnica de arranque empleada con la autora para ganarse la complicidad del lector.

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Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

Ballet  Don Quijote de Minkus

Para celebrar el IV Centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote de Cervantes (1615-2015), la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos y nuestro Club de lectura organizan, a lo largo del presente año, varios actos de los que iremos informando oportunamente, alguno de ellos en colaboración con el Museo del Libro Fadrique de Basilea.

Mañana viernes día 20 de febrero, organizado por el Aula de Danza de la Asociación y el Club de lectura, proyectaremos el ballet Don Quijote de Minkus, con los comentarios de María López, profesora de Danza Clásica del Conservatorio María de Ávila de Madrid. Yo haré una introducción sobre la condición escénica de la novela cervantina.

En el Museo del Libro Fadrique de Basilea de Burgos (Travesía del Mercado, 3, El Hondillo), a las 20:00 horas. Entrada libre hasta completar el aforo.

jueves, 12 de febrero de 2015

Sobre literatura femenina para comenzar Entre visillos de Carmen Martín Gaite y noticias de nuestras lecturas.


Con Entre visillos de Carmen Martín Gaite, el Premio Nadal puso definitivamente en 1957 un debate en la realidad cultural española: ¿existe una literatura femenina? ¿Existe una forma de narrar diferente cuando el autor es un hombre o cuando es una mujer?

El Premio había comenzado su andadura en 1944, con Nada de Carmen Laforet (que hemos leído también en este curso). En años sucesivos se otorgó a Viento del Norte de Elena Quiroga (1950), Nosotros, los Rivero de Dolores Medio (1952), Siempre en capilla de Lluïsa Forrellad (1953). En 1969 se dio a Primera memoria de Ana María Matute. Curiosamente, tras provocar ese debate, no se volvería a otorgar a una mujer hasta 1981 (Cantiga de Agüero de Carmen Gómez Ojea). También se haría esperar el premio para Azul de Rosa Regás (1994) y a partir de ese momento es más regular: Lucía Etxebarria por Beatriz y los cuerpos celestes (1998), Ángela Vallvey por Los estados carenciales (2002), Maruja Torres por Esperadme en el cielo (2009), Clara Sánchez por Lo que esconde tu nombre (2010), Alicia Giménez Bartlett por Donde nadie te encuentre (2011) y Carmen Amoraga por La vida era eso (2014). Curiosamente, entre los finalistas solo hay seis nombres de mujeres.

Hoy el tema ha dado lugar a cientos de artículos, debates académicos, declaraciones provocativas en uno u otro sentido e incluso a un cierto hartazgo a la hora de abordarlo. De hecho, lleva años sin aparecer en los medios de comunicación y la mayoría de los que hacen declaraciones en este sentido -hombre o mujer- niegan las diferencias. Pero en aquellos años el debate sí estuvo en primera línea y, sobre todo, debido los fallos del jurado del Premio Nadal desde su inicio hasta 1969. El concedido a Carmen Martín Gaite fue la confirmación de que algo estaba ocurriendo en este sentido.

La creencia de que haya formas de narrar (o escribir poesía o teatro) diferentes entre hombres y mujeres es eso desde el punto de vista teórico: una creencia, no una realidad. No hay forma de distinguir entre lo que escribe una mujer y un hombre. Ni siquiera por el género en el que se expresa el poeta o el narrador. De hecho, hay manifestaciones literarias puestas en boca de mujer cuya voz femenina está seriamente cuestionada (por ejemplo, las jarchas), de la misma manera que muchos escritos de la Pardo Bazán no responden a la visión femenina tal y como se suele hacer.

Sin embargo, desde el punto de vista de la realidad social e histórica y de la oportunidad del planteamiento en algunos momentos concretos, no sucede así. En sociedades en los que los espacios públicos y las manifestaciones sociales se dividen tajantemente entre lo masculino y lo femenino, la aparición de la escritura realizada por mujeres aporta ángulos de visión a los que, por educación y costumbres sociales, no suele prestar atención el hombre. En algunos casos esto no es intencionado, sino producto de convenciones sociales, educación sentimental y roles tradicionales que no se cuestionan o no pueden cuestionarse y que en muchas ocasiones provocan formatos castradores a la hora de expresar las emociones o la ideología. Hasta el siglo XIX era frecuente que cuando una mujer escribía de temas tradicionalmente reservados en la sociedad para el hombre, se la denominara -como elogio- varona. No hay que decir que es un elogio que resta condición femenina a la escritora, por supuesto. Se era mucho más cruel con los hombres que escribían sobre las emociones de una manera convencionalmente femenina. Supóngase, además, el impacto de todo esto para la escritura de homosexuales o lesbianas que debieron durante siglos esconder su sexualidad y evitar ciertas maneras de escritura que pudieran significarlos.

En España se venía de una situación diferente Durante la II República, la igualdad de la mujer y el hombre en todos los campos había progresado mucho y en poco tiempo, aunque no se hubiera conseguido del todo en la práctica. En los años treinta apareció un nutrido grupo de científicas, profesionales de todo tipo y escritoras que ocuparon sin ningún rubor la primera fila de la cultura española. La Guerra civil y la dictadura de Franco terminó brutalmente con todo esto e implantó un modelo social en el que la mujer quedaba confinada a determinados espacios y su visibilidad cultural era muy difícil.

De ahí la trascendencia de que el Premio Nadal pusiera el acento, desde su primera convocatoria, en la literatura escrita por mujeres. Supongo que a estas alturas no seremos tan ingenuos de pensar que todo sucede de forma inocente. Aunque no se trate del Premio Planeta -el Nadal ha pasado recientemente a la órbita de Planeta y ha copiado los mismos modelos de actuación que la casa madre-, el Nadal optó por un tipo de literatura que apostaba por nombres nuevos y jóvenes y, especial y significativamente, por la literatura escrita por mujeres que planteaban precisamente eso, los problemas y circunstancias de las mujeres en la postguerra española. En la opción pesaría un poco de todo: innovación rupturista y valiente, cierta forma de oposición a la moralidad oficial del régimen, conciencia de que había que promocionar lo que en cultura estaban realizando las mujeres españolas cuya situación era peor para competir con lo que escribían los hombres y -por qué no- la búsqueda de un sector de público hasta entonces poco atendido por las editoriales de prestigio -el de la mujer que quiere leer novelas de calidad que le hablen de sus propios problemas y no reducirse a las novelas sentimentales de quiosco.

Con esto, el Premio Nadal no solo hacía justicia sino que promovía inteligentemente un tipo de escritura de mujeres novelistas que ponían encima de la mesa a través de sus obras una visión femenina que cuestionaba seriamente el papel reductor al que se la sometía sin que aparentemente fuera ese el objetivo de sus historias. La apuesta era inteligente: sin reivindicar directamente nada para no ofender al régimen, retratar la vida cotidiana desde la mirada de las mujeres que se veían constreñidas a unos espacios que, evidentemente, se les quedaban estrechos y así reivindicarse como mujeres y como escritoras en una época que las silenciaba si salían de su estrecho papel como esposas y madres. Y proponer unos textos que no eran solo de mujeres para mujeres sino de mujeres para la sociedad entera.

Noticias de nuestras lecturas


Mª Ángeles Merino nos da cuenta de cómo Rosita sigue asombrada de las novedades del tiempo. Pero me da a mí que esta mujer ya no puede volver al recato tradicional después de ver tanto ito...

Paco Cuesta cierra su comentario de los Usos amorosos abordando con todo acierto y vista uno de los núcleos de este ensayo: el uso de los términos. A través de la lengua se explican muchas cosas.



Pancho lleva a feliz término su locura de contarnos una locura sin término. De hecho, el loco acabó en el manicomio. No Pancho, sino este Quijote apócrifo, claro. Aunque prometía continuación...

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jueves, 5 de febrero de 2015

La mujer en los Usos amorosos del dieciocho en España de Carmen Martín Gaite, noticias de nuestras lecturas, comienzo de Entre visillos y aviso del viaje a Tánger.


El estudio de Martín Gaite se titulaba, en su origen, Lengua y estilo amorosos en el siglo XVIII español. Partía de la filología para desentrañar en los textos algunas claves y costumbres de las relaciones sentimentales de aquella época. No deberíamos olvidar este punto de partida. En el siglo XVIII se desarrollan las nuevas ideas que se encuentran en nuestra concepción moderna de la vida, en política pero también en las relaciones interpersonales. La nueva posición de la mujer en estas es una de las claves más importantes que nosotros hemos heredado. La mujer consigue alcanzar su condición de individuo pleno. Aún tardará siglos en obtener todos los derechos en occidente -y aún no los ha obtenido en todo el mundo-, pero será en este siglo en el que se desarrolla la idea. Y con la idea viene la lucha por el desarrollo día a día de esa nueva posición que la situará no bajo la dependencia del hombre, sino a su altura. Aunque pueda parecer que Martín Gaite se centra en una costumbre un tanto frívola -la del cortejo- que aparece en España como moda afrancesada, se trata de otra cosa. La moda revelaba que las cosas cambiaban, que la mujer ya no estaba dispuesta a quedarse oculta en casa y a no manifestar sus necesidades, incluso las más banales.

Evidentemente, todo tiene sus precedentes. En el siglo XVII, una escritora española, María de Zayas, consiguió éxito en Europa -inusitado para una mujer escritora en aquellos tiempos- gracias a un puñado de novelitas que, aparte de estar bien escritas y mostrar argumentos interesantes, proponían debates de salón sobre temas amorosos en los que participaban por igual hombres y mujeres jóvenes, lo que, con toda seguridad, remitía a una costumbre del momento y la fomentaba. Aunque todavía se trataba de un juego que se desarrollaba solo en el ámbito doméstico, era una brecha en la visión oficial sobre la mujer.

Lo que estudia Martín Gaite es más amplio: un fenómeno que se inicia en el ámbito doméstico pero también tiene su repercusión pública y social y, sobre todo, pone de relieve que las cosas cambian: las mujeres tienen derecho a amar, a mostrarse en público y a elegir sus relaciones sentimentales libremente. En esto no estuvieron solas. Un buen puñado de pensadores y escritores españoles secundaron las ideas que procedían, sobre todo, de Francia, pero que también tenían precedentes españoles. Estos escritores lo manifestaron en sus obras, especialmente en el teatro, que se convirtió en el escenario de un combate ideológico. El sí de las niñas, de Moratín, que comentamos el curso pasado, es un buen ejemplo de ello. Y no olvidemos que la literatura era, por entonces, el lugar en el que se educaban sentimentalmente gran parte de los jóvenes europeos.

Noticias de nuestras lecturas

El próximo martes día 10, en el horario y lugar habituales, tendremos la reunión del Club de lectura en su formato presencial para comentar Usos amorosos del dieciocho en España de Carmen Martín Gaite.

Un útil trabajo el de Gelu en su segunda entrada: pone de relieve la intención de la autora en este ensayo al centrarse en la mujer como tema.

Paco Cuesta señala la posición central de un tema esencial en este ensayo pero también en aquella época que estudia, el siglo XVIII: la imitación por parte de la aristocracia de las clases populares y cómo estas someten a crítica a los poderosos.

Luz del Olmo pone su atención en un fenómeno relacionado sin duda con la lectura de este ensayo: la voz de las mujeres que escribieron en el siglo XVIII.

Rosita sigue dando material a Mª Ángeles Merino en sus entradas sobre este ensayo. Aquí, aborda la razón esencial: la posición de la mujer y su acceso a la educación. Cuánta razón.


Hasta Eliseo Parra nos lleva Pancho tras comentar con todo acierto uno de los pasajes más interesantes de Avellaneda: cómo abandona Sancho a su amo. Cumple como su personaje y así el autor comienza a cerrar la novela por donde mejor le conviene a sus intereses ideológicos.

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Próxima lectura: Entre visillos, de Carmen Martín Gaite



Nos habrá resultado muy útil haber leído los Usos amorosos del dieciocho en España para comprender mejor una obra anterior de Carmen Martín Gaite, la que lanzó su fama literaria y la situó en el mostrador de la narrativa más importante de la literatura española de postguerra. Entre visillos (Premio Nadal, 1957) nos ocupará las próximas semanas en el Club de lectura. Comenzaremos el próximo jueves.

Viaje a Tánger


Como sabéis, el final del curso del Club de lectura nos llevará a Tánger con la que haremos de las Crónicas periodísticas de la guerra de África de Núñez de Arce, uno de los primeros cronistas de guerra de la historia del periodismo español. No solo con las palabras. A través de la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos, que sostiene el formato presencial de nuestro club, organizamos un viaje a esta ciudad para buscar en ella los pasajes literarios -y los no literarios, claro, que no solo de libros se vive-, que tendrá lugar del 26 al 30 de junio. Quien desee apuntarse, que me envíe un correo privado. Quedan pocas plazas libres.

Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

jueves, 29 de enero de 2015

La mirada de Martín Gaite a los Usos amorosos del dieciocho en España y noticias de nuestras lecturas.


Si la forma del ensayo de Martín Gaite procede de su origen como Tesis Doctoral, el núcleo consiste en la base de la mirada de la autora a sus intereses como novelista. En toda su producción late la misma preocupación por las relaciones personales en la intimidad antes que en la plaza pública, centradas en la posición de la mujer. Suele ocurrir que los escritores, cuando abordan trabajos académicos miran el objeto de su estudio con sus mismos intereses literarios -como Pedro Salinas y su estudio sobre el amor en Rubén Darío o los ensayos sobre narrativa de Vargas Llosa-. No hay mejor manera para entender a Martín Gaite que leer estos Usos amorosos del dieciocho como no hay mejor forma de comprender este ensayo que leer la narrativa de la autora. De hecho, ella misma es consciente tal y como dejó escrito en la Introducción de un ensayo complementario de este, los Usos amorosos de la postguerra en España (1987): 

Poco después, y alentada por la buena acogida que tuvo aquella monografía, que algunos amigos me comentaron haber leído «como una novela», empecé a reflexionar sobre la relación que tiene la historia con las historias y a pensar que, si había conseguido dar un tratamiento de novela a aquel material extraído de los archivos, también podía intentar un experimento al revés: es decir, aplicar un criterio de monografía histórica al material que, por proceder del archivo de mi propia memoria, otras veces había elaborado en forma de novela.

Esta comunidad de mirada e intereses es lo que mejor explica cada pieza por separado y el conjunto entero. Martín Gaite se encaminó primero al XVIII por razones académicas pero terminó llevando la metodología de los Usos amorosos a su propio tiempo: biografía y estética.

Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino continúa publicando las cartas de Rosita, que aprende a leer y escribir a escondidas para contarnos que su señora se ha echado un cortejo... Una delicia.

Paco enfoca, con todo el acierto, su segundo comentario de la obra de Martín Gaite: entre petimetres y majos, dos arquetipos de la época que explican muchas cosas.

Gelu se mete de lleno en el ensayo y para eso primero define los conceptos más interesantes y busca contextualizar en el siglo XVIII las palabras de Martín Gaite.




Pancho termina con Extremoduro su entrada de esta semana sobre el Quijote de Avellaneda... quizá para resaltar cómo todo nos lleva a terminar como manda Dios... después de echar unas risas a costa de un loco.

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jueves, 22 de enero de 2015

Usos amorosos del dieciocho en España como retrato de una época de cambio y noticias de nuestras lecturas.


No podemos comprender la oportunidad del estudio de Carmen Martín Gaite si nos quedamos tan solo en las anécdotas que ilustran su ensayo. Lo que desvela, en primer lugar, con su análisis del lenguaje y las costumbres relacionadas con las cuestiones sentimentales centradas en el cortejo, es un profundo cambio de época que se instala poco a poco en la sociedad española. Y no fue solo una moda venida de Francia -que también- sino que llevaba dentro algunos de los elementos más renovadores de los principios ilustrados. Me refiero, en concreto, a la libertad individual para amar y para establecer las relaciones sentimentales. No es que un siglo antes no existieran personas que lo practicaran, es que ahora se ha establecido el principio ético que lo avala y comienza a fabricarse el principio filosófico y jurídico. Costará mucho -un par de siglos- pero finalmente esos principios triunfarán en occidente. Y en el centro de este principio, una nueva posición de la mujer como parte activa y visible de la sociedad que comienza a caminar en una de las revoluciones más importantes de la sociedad contemporánea: la igualdad de sexos.

Esta nueva posición de la mujer como centro de las reuniones sociales, que tiene libertad para recibir a hombres en sus aposentos aunque esté casada, que mantiene tertulias en sus salones y que sale a pasear sin el férreo control masculino pudiendo presentarse en sociedad más libremente que antes es la clave de este cambio. Una vez que la mujer se libera -poco a poco pero haciendo imposibles los pasos atrás- de la necesaria autoridad masculina para decidir a quién amar, todo el sistema social anquilosado se agrietará. Esta revolución, menos visible que la toma de la Bastilla, es más permanente, eficaz y duradera.

Evidentemente, la visibilidad inicial del fenómeno se da en las clases altas y sobre todo en las familias más influidas por el pensamiento y las modas que vienen de Francia. Es interesante pensar en el poder para cambiar el mundo de una moda que parece algo pasajero. Por imitación pasará luego a la alta burguesía para instalarse finalmente en las clases medias y mucho después en las clases populares.

Aunque parezca broma, el cortejo y el chischiveo fueron herramientas muy eficaces de una ideología que cambió el mundo para sacarlo de las estructuras rígidas del Antiguo Régimen. La mujer, finalmente, podía recibir en casa y salir a la calle en un trayecto que llevará hasta la libertad para amar.

Noticias de nuestras lecturas

Paco Cuesta comenzó la semana pasada con el comentario del ensayo de Martín Gaite contextualizando excelentemente el punto de partida social para que podamos comprender mejor las cosas que investiga la autora. Continúa esta semana abordando el punto de partida: la mujer del XVIII tomó conciencia de dónde se encontraba. Excelente.

Mª Ángeles Merino se mete de lleno en el comentario de los Usos amorosos del dieicocho en España abordando el cortejo... de la mano de lo que Rosita le cuenta a Mariquilla en un documento de la época. Buena sorpresa la de Mª Ángeles, adoptar la moda epistolar dieciochesca para trasladarnos a la época.


Mª Ángeles Merino termina con su reseña del encuentro que mantuvimos el martes 13 con José Antonio Abella, el autor de La sonrisa robada. No os lo perdáis.

Con fotografía del acto del pasado 12, Luz del Olmo concluye las líneas narrativas de la obra de Abella.

Gelu continúa apasionadamente seleccionando momentos de La sonrisa robada (citas, música, enlaces). Sin duda, ha quedado atrapada por esta novela.


Pancho continúa el comentario del Quijote apócrifo y ve los recelos de Cenobia y las negociaciones de Sancho, decidido a ir a lo suyo antes que a lo de su amo. Desde este momento se aprecia cómo el autor va cosiendo las cosas para conducirlas a su cierre. Y al fondo, Sabina.

Ya sabéis que recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis.

Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

jueves, 15 de enero de 2015

Encuentro de los lectores con José Antonio Abella, autor de La sonrisa robada, comienzo de los comentarios de Usos amorosos del dieciocho en España de Carmen Martín Gaite y noticias de nuestras lecturas



 (Las cuatro fotografías del encuentro con José Antonio Abella que publico en esta entrada son de Amalia Trujillo)

El pasado martes día 13 se celebró el encuentro con José Antonio Abella, autor de la novela La sonrisa robada, de los participantes de nuestro Club de lectura y todas las personas que quisieron acudir a las ocho de la tarde al Museo del Libro Fadrique de Basilea de Burgos. Quiero agradecer a todos su presencia en una sala completamente llena. También quiero agradecer la colaboración del Museo del Libro, un lugar especial y recomendable para todos los que amamos el libro sea cual sea su formato. Pocos lugares como este para un acto en el que lo que nos reúne es nuestro amor por la lectura. Y, por supuesto, agradecer el constante y cariñoso apoyo de la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos, que mantienen el club de lectura en su formato presencial.

Durante más de una hora tuvimos entre nosotros a José Antonio Abella, que se sometió con gusto y cercanía a las preguntas de los presentes. Mª Ángeles Merino ha publicado una extensa reseña de sus palabras, que me ahorra a mí el trabajo de pormenorizar la intervención de Abella. Quiero resaltar varias cosas. En primer lugar, la personalidad de José Antonio Abella, un hombre apasionado por la literatura y por la vida, un médico humanista de los que tanta tradición hemos tenido en España. En segundo lugar, el relato de cómo se escribió esta novela a partir de la amistad, del apasionamiento con el tema -los dos temas: el del amor entre dos jóvenes europeos de la postguerra y el del sufrimiento de los individuos ante la historia- y el trabajo minucioso de documentación que no entorpece la lectura.

Como la novela ya la hemos analizado en la serie de entradas que le hemos dedicado en el último mes, de su intervención me quedo con las ideas vertebradoras de La sonrisa robada: el encuentro de la forma adecuada desde la que escribirla desde una primera persona y el hallazgo de la sabia mezcla entre realidad y ficción y el motor ideológico desde el que se percibe que un horror no puede borrar otro horror, sino que lo aumenta. Narrar la parte de la historia correspondiente a la joven alemana, de familia nazi, que resulta víctima de las atrocidades de los últimos momentos de la guerra mundial confiere una singularidad a la novela bien resuelta para no caer en el rechazable revisionismo histórico pero poner el foco de atención en unos acontecimientos hasta ahora casi olvidados y que ocurrieron: las consecuencias que tuvo para la población alemana el final de la guerra, no solo para aquellos que pudieron participar en las atrocidades nazis o consentirlas sino para todos en general, incluso para dos mujeres adolescentes. Una reflexión sobre cómo el fanatismo nacionalista puede cegar a casi toda una población y cómo el castigo generalizado posterior tampoco ahorró crímenes que cualquiera debe rechazar, convirtiendo la justicia en venganza. En el fondo, como dije en el acto, la historia acaba triturando las biografías de las personas y de este espanto solo puede salvarnos la esperanza del amor, como al protagonista de la novela.

Este encuentro es parte de los proyectos que tenemos en el Club y de los que iremos dando cuenta aquí para que puedan participar todas las personas interesadas.



Usos amorosos del dieciocho en España, 
de Carmen Martín Gaite


Comenzamos la lectura de Usos amorosos del dieciocho en España de Carmen Martín Gaite, que nos ocupará hasta el 5 de febrero. El ensayo de Carmen Martín Gaite tiene como origen su Tesis Doctoral defendida en 1972 en la Universidad Central de Madrid bajo el título de Lenguaje y estilo amorosos en los textos del siglo XVIII español, dirigida por el profesor Alonso Zamora Vicente. Este trabajo supone la culminación en la carrera académica de la autora cuando ya estaba cerca de los cincuenta años y contaba con varios textos literarios publicados con éxito. La Tesis fue revisada y publicada con el título definitivo por la editorial Siglo XXI y se convirtió inmediatamente en un éxito de crítica y público. En la actualidad sigue siendo un texto de referencia en los estudios de la historia, la cultura y la literatura del siglo XVIII.

Pero el lector medio no debe asustarse por este origen académico del texto. Precisamente por la faceta como escritora de Carmen Martín Gaite se lee con pasión no exenta de sorpresas. Pero no solo por el estilo. La obra conserva con pleno vigor lo que construyó la perspectiva ideológica de Martín Gaite a la hora de redactarla. Es uno de los primeros grandes ensayos españoles que prestan atención a la vida íntima de las personas, a los comportamientos habituales en las relaciones sociales y, en especial, a la perspectiva sentimental centrada en la mujer. Martín Gaite tuvo el acierto de buscar donde otros no habían sabido ver quizá por cerrazón ideológica o corsés académicos. El ensayo de Martín Gaite es, todavía hoy, fresco y moderno. Nos presenta la vida de las personas a la hora de relacionarse sentimentalmente, las modas y los hábitos generalizados y aquellos que comenzaban a entrar desde Francia para escándalo de los moralistas. Martín Gaite estudia la documentación dieciochesca para levantarnos una imagen de una época que cambió el mundo para siempre pero no deberíamos perder tampoco la perspectiva que contextualiza su estudio y que nos ayuda también a comprender mejor este tema en su narrativa. Martín Gaite habla de las mujeres y los hombres del XVIII pero su lección se dirigía también al contexto de la España franquista en la que vivía y en la que una moralidad de naftalina cerraba la libertad sentimental de las personas que vivían en la dictadura. Especialmente, las mujeres.


Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino publica un pormenorizado resumen del acto del martes pasado. Remito a él para tener una reseña amplia.

También reseña el acto Paco Cuesta en su entrada, pero lo hace desde las emociones que suscitó la presencia del autor y el comentario de su obra.

Gelu continúa su labor de cosechar las mejores citas de la novela, ya con el libro en la mano. Y nos remite, con todo acierto, a la parte musical de la misma, sin la que no puede comprenderse.


Pancho llega a un pasaje solucionado con mucho ingenio por Avellaneda: la presencia del Archipámpano y la Archipampanesa y el desafío de Sancho con sus sandeces siguen motivando la risa. Y no me digáis cómo pero es capaz de terminar su entrada con Sabina...


Ya sabéis que recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis.

Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.