No todo iba a ser fácil: salí a buscar un pingüino con el calor que hace todavía por aquí y me costó encontrarlo. Cuando uno se echa a las calles sólo debe llevar los ojos abiertos y degustar lo que la vuelta de la esquina le depare.
Cada día tiene su afán, dice una amiga mía y bien dice. Por eso, después hay que dejarse guiar por las circunstancias. Cumplida la captura, mi amiga María me presentó, en un encuentro casual, a Stefano Marcaccini. Como buen científico (es un extraordinario químico italiano), es también un humanista.
Pronto la conversación derivó hacia una de sus últimas lecturas, la traducción italiana de los Comentarios Reales del Inca Garcilaso de la Vega. Me alegró la noticia: se ha traducido de nuevo al italiano un clásico español que ya apenas se lee en España. Comentamos las circunstancias que rodearon al Inca, la complejidad psicológica de un hombre que era un perfecto ejemplo de parte de la sociedad nacida tras el encuentro de los peninsulares con las poblaciones americanas. El Inca era hijo de un capitán español caído en desgracia y de una princesa inca: en su educación infantil recibió el cruce de ambas culturas, lo que se refleja en los Comentarios Reales. Y cuando llega a España su principal objetivo es rehacer el nombre de su padre y hacerse un hueco en la sociedad española.
Tuvo toda la grandeza de un mundo que se reinventaba y en el que cada uno debía buscar su propia historia, pero también todas sus contradicciones, como la participación en la represión de los moriscos de las Alpujarras. Como escritor fue extraordinario y merecería mejor fortuna editorial hoy. Eso sí, hay que advertir que en muchas de sus obras, incluidas los Comentarios Reales le conduce un afán reivindicativo de sí mismo y su familia, por lo que no hay que tomar como certezas todo lo que dice. Esta advertencia no es una crítica: en toda escritura con elementos autobiográficos pasa lo mismo.
Pronto la conversación derivó hacia una de sus últimas lecturas, la traducción italiana de los Comentarios Reales del Inca Garcilaso de la Vega. Me alegró la noticia: se ha traducido de nuevo al italiano un clásico español que ya apenas se lee en España. Comentamos las circunstancias que rodearon al Inca, la complejidad psicológica de un hombre que era un perfecto ejemplo de parte de la sociedad nacida tras el encuentro de los peninsulares con las poblaciones americanas. El Inca era hijo de un capitán español caído en desgracia y de una princesa inca: en su educación infantil recibió el cruce de ambas culturas, lo que se refleja en los Comentarios Reales. Y cuando llega a España su principal objetivo es rehacer el nombre de su padre y hacerse un hueco en la sociedad española.
Tuvo toda la grandeza de un mundo que se reinventaba y en el que cada uno debía buscar su propia historia, pero también todas sus contradicciones, como la participación en la represión de los moriscos de las Alpujarras. Como escritor fue extraordinario y merecería mejor fortuna editorial hoy. Eso sí, hay que advertir que en muchas de sus obras, incluidas los Comentarios Reales le conduce un afán reivindicativo de sí mismo y su familia, por lo que no hay que tomar como certezas todo lo que dice. Esta advertencia no es una crítica: en toda escritura con elementos autobiográficos pasa lo mismo.
Nunca sabe uno qué le depara un día. Salí a cazar un pingüino y conocí a un gran tipo con el que terminé hablando de un personaje extraordinario de la literatura española del siglo XVI tan atractivo que se encuentra debajo de la creación del carácter de Don Álvaro o la fuerza del sino del Duque de Rivas, obra maestra del romanticismo español. Debería salir más a buscar pingüinos. A ver si me vuelvo a encontrar con Stefano.








