Mostrando entradas con la etiqueta Diego Fernández Magdaleno. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Diego Fernández Magdaleno. Mostrar todas las entradas

viernes, 25 de noviembre de 2016

Bautismo poético en la Casa de Zorrilla de Valladolid

Entrada a la Casa de Zorrilla de Valladolid. Fotografía tomada de su perfil de Facebook.

Como en las vacunas, las responsables de la Casa de Zorrilla de Valladolid crearon hace unos años los Bautismos poéticos de recuerdo para los poetas con vinculación con esta ciudad y con la Casa. El poeta al que se recibe renueva, así, sus votos poéticos. El acto resulta muy entrañable y suele culminar en el salón principal de la Casa, junto al piano, brindando por la poesía.

Mi vinculación con la Casa -que depende del Ayuntamiento de Valladolid- viene de lejos. Cuando no se había reformado tal y como la podemos encontrar hoy -un espacio museístico aconsejable para todos los que pasen por Valladolid-, la visitaba como investigador para mis trabajos académicos. En sus dependencias se encontraba una donación que todos los estudiosos del siglo XIX español admirábamos y nos comunicábamos como quien sabe un secreto: la biblioteca de don Narciso Alonso Cortes (1875-1972), escritor, profesor de lengua y literatura e investigador al que se deben los mejores estudios sobre Zorrilla y gran parte de los escritores vallisoletanos. Por aquellos años ochenta y noventa, la Casa no tenía calefacción y contaba con pocos recursos materiales y los investigadores teníamos que trabajar con los guantes y las bufandas en los meses de duro invierno. Pero todo lo vencía el cariño, dedicación y esfuerzo de quien nos abría las dependencias, Ángela Hernández. A su voluntad, trabajo e inteligencia se debe gran parte de lo que hoy es la Casa. El testigo lo compartió y lo recogió con el mismo cariño, trabajo y eficacia Paz Altés, que promueve nuevas aventuras a partir del respeto de esa tradición, algo que una institución de este tipo no puede olvidar nunca. Gracias a esto, la Casa de Zorrilla se ha abierto a la cultura local, se organizan eventos artísticos y literarios de todo tipo, además de profundizar en una política museística moderna. Poco a poco, la Casa se ha convertido en un referente cultural de la ciudad y su jardín romántico en un pulmón de tranquilidad en pleno centro urbano, abierto a todo aquel que quiera pasearse por él. La reforma completa de la casa que se hizo hace unos años la dotó de todas las comodidades necesarias tanto para los visitantes como para los trabajadores. En ella ya no está la biblioteca, que se trasladó al Archivo municipal, pero la sala dedicada a Narciso Alonso Cortés se acondiciona para los eventos culturales.

Cuando Paz Altés me propuso ser recibido por la Casa Zorrilla en un Bautismo de recuerdo no lo dudé. Tras unos años alejado de la cultura de mi ciudad natal, me resultaba emocionante volver a un lugar como este, que tanto significó para mí cuando era joven y tenía el futuro por delante y las ilusiones intactas. Recuerdo todavía cómo abría aquellos libros y revistas del siglo XIX, cómo disfrutaba con la lectura de los textos satíricos, cómo recorría los viajes que proponían las ilustraciones... Como padrinos pensé inmediatamente en Ángela Hernández por lo que he dicho antes y porque yo también quiero respetar la tradición que marca el reconocimiento a las personas que han hecho tanto como ella. Y en mi amigo Diego Fernández Magdaleno, uno de los mejores pianistas europeos actuales, gran escritor y excelente persona, también ahijado de la Casa. La sala estaba llena de amigos y amantes de la poesía y tras el acto académico de bienvenida, juntos subimos a brindar por la poesía. Pensé un momento en muchas cosas personales -en mi padre, que no ha podido llegar a verlo, en mi trayectoria profesional, en mi abandono durante años de la escritura, en mi larga ausencia de la vida cultural de Valladolid- pero también en Zorrilla niño corriendo por esas estancias o ya anciano, visitando la casa en la que nació, como uno de los poetas más populares de su tiempo. Hay una foto suya en el jardín que siempre me ha llamado la atención por eso mismo, por el regreso a la infancia de una persona con un mundo entero dentro de él.

Quiero agradecer a todos la presencia ayer. A Paz Altés, a Ángela Hernández y a Diego Fernández Magdaleno por sus generosas palabras sobre mi persona y mi obra. También al personal de la Casa y, especialmente a Javier, que nos recibirá en los próximos años caracterizado de don José Zorrilla. No solo físicamente, Javier es un apasionado de su trabajo y tiene un excelente futuro por delante.

Como ahijado de la Casa Zorrilla me he comprometido a colaborar en todo lo que pueda con sus proyectos. Espero estar a la altura.




lunes, 5 de octubre de 2015

Inauguración del curso del Club de lectura con la presencia de Diego Fernández Magdaleno.

Diego Fernández Magdaleno. Fotografía de Amalia Trujillo.
El pasado viernes día 2 de octubre inauguramos oficialmente el curso en el Club de lectura de La Acequia y de la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos. El encuentro tuvo lugar en el Auditorio de la Fundación Caja Círculo de la calle Julio Sáez de la Hoya de Burgos. Tras la inauguración del acto por parte del Presidente de la Fundación que tan generosamente nos acogía y del Presidente de la Asociación, mantuve un coloquio con Diego Fernández Magdaleno que resultó muy interesante para conocerlo como persona, como músico y, especialmente, como escritor, que es lo que nos congregaba allí como club de lectura. Durante el mes de septiembre hemos leído El tiempo incinerado, su diario escrito en el año 2004. Es la primera vez que en el club leemos un diario y ha resultado una experiencia provechosa. Este diario de Fernández Magdaleno contiene los requisitos del género. Parte de una fecha -sin ella, como bien dijo el autor, no hay diario posible- y resume o evoca el día a partir de un punto concreto: una lectura, una persona, una noticia, un acontecimiento, una reflexión. Fernández Magadalno constató lo que ha cambiado desde la escritura de este diario. Aunque se reconoce en él hoy se percibe menos tajante en las afirmaciones. Es verdad, la escritura de un diario no solo ayuda a ordenar el día y dejar constancia de las impresiones. La escritura de un diario supone, por el propio acto de la escritura, la evolución de quien escribe. Sería ciertamente peligroso que siempre fuéramos los mismos que habitan nuestro pasado. No es el caso de Diego Fernández Magdaleno.

Pero el diario es algo más. Es el testimonio de una época -gracias, precisamente, a las fechas- y a unos hechos biográficos del autor. El diario se diferencia de las memorias precisamente en que no es lo exterior lo que protagoniza el texto pero en él quedan reflejados los impactos emocionales o ideológicos que las cosas provocan: un atentado terrorista, una circunstancia de  actualidad, la enfermedad o la muerte de un ser querido. Leer las reflexiones que alguien como Fernández Magdaleno escribe sobre estos acontecimientos siempre resulta interesante. El autor reflexiona sobre eso y nos deja ver un mundo interior como escritor -Fernández Magdaleno afronta la escritura diarística desde su condición de artista- pero también como persona a la que los sucesos históricos o personales no dejan indiferente. Resulta siempre interesante comparar con lo que nosotros pensamos o sentimos en las mismas circunstancias.

Hay otra faceta más en este diario. En él constatamos desde la estética artística a la que se suma el autor como pianista (y como pianista especializado en la música contemporánea) y escritor y sus reflexiones sobre su condición profesional de músico -es muy acertado lo que dice sobre los gestores culturales-. El núcleo de relaciones con otros artistas, sus lecturas, sus impresiones sobre el arte van expresándose a lo largo del año. Y también sobre la misma condición de la escritura del diario.

Tras las intervenciones interesantes de los lectores allí presentes y las respuestas a sus preguntas de Fernández Magdaleno, este nos brindó un breve recital de piano. Los que allí estuvimos tuvimos el privilegio de escuchar una selección de piezas que el autor hubiera querido que su padre escuchara hoy. La reunión en el mismo acto de estas dos facetas de la personalidad pública del autor -escritor y músico- contribuyó a que pudiéramos comprender mejor ambas, que son parte de una misma forma de enfocar el arte. Todo un privilegio que recordaremos.


Paco Cuesta resume sus impresiones sobre el acto en esta entrada de su blog.
María Ángeles Merino ha publicado una amplia reseña del acto, que me evita resumirlo aquí y que podéis encontrar en su blog.

Quiero recordar que esta semana comenzamos con el comentario de las dos novelas ejemplares cervantinas que nos ocuparán las próximas semanas: El licenciado vidriera y El casamiento engañoso y coloquio de los perros. Como sabéis, en el club alternamos un autor clásico con un autor contemporáneo. Podéis ver la información y las lecturas iniciales de este curso en este enlace.

Apertura del acto, con Diego Fernández Magdaleno, el Presidente de la Fundación Caja Círculo y el Presidente de la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos. Fotografía de Mª Esperanza Martínez.

En el coloquio. Fotografía de Amalia Trujillo.
Antes de la inauguración. Fotografía de Mª Esperanza Martínez.

jueves, 1 de octubre de 2015

Inauguración del curso en el Club de lectura, El tiempo incinerado como testimonio personal y noticias de nuestras lecturas.

Diego Fernández Magdaleno. (Fotografía tomada de Gestión Musical Lueno).

El pianista y escritor Diego Fernández Magdaleno (Premio Nacional de Música, 2010) inaugurará el presente curso en el Club de lectura de La Acequia y de la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos.

El acto tendrá lugar el viernes 2 de octubre, a las 20:00 horas en el auditorio de la Fundación Caja Círculo (Calle Julio Sáez de la Hoya, Burgos).

Tras la apertura del curso por el Presidente de la Asociación, Manuel Sancho, se celebrará el encuentro de Diego Fernández Magdaleno con los lectores. Después de un diálogo entre el autor y Pedro Ojeda Escudero, director del Club de lectura, se dará paso a las preguntas de los asistentes. Al terminar, Diego Fernández Magdaleno ofrecerá un breve recital al piano con una selección de piezas en recuerdo de su padre en consonancia con la lectura inicial del curso, El tiempo incinerado, diario que el autor escribió en el año 2004.

Este acto es el primero en el que se reúnen dos de las facetas públicas más interesantes del músico y escritor Fernández Magdaleno, uno de los grandes pianistas europeos actuales, especializado en música clásica contemporánea y Premio Nacional de Música en el año 2010.

La entrada es libre hasta completar el aforo. En la sala estarán disponibles para el público los pocos ejemplares que quedan de las ediciones de las obras del autor. 

Coordina: Pedro Ojeda Escudero.
Organiza: Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos.
Colaboran: Fundación Caja Círculo y Gestión Musical Lueno.


Noticias de nuestras lecturas


Durante el mes de septiembre, comentamos El tiempo incinerado [Diario, 2004] de Diego Fernández Magdaleno. Los que hemos oído tocar el piano al autor sabemos que afronta la escritura de la misma manera que la música. Leer este volumen no es solo asomar a la parte del diario publicada sino a toda la concepción artística del autor que es, por otra parte, su forma de pensar y su coherencia como ser humano. Porque Diego Fernández Magdaleno es eso ante todo, un ser coherente tanto en su comportamiento personal como en el artístico. De una cultura deslumbrante y gran capacidad para profundizar en las lecturas que le acompañan y que se registran en estas páginas pero también de una aproximación directa y descarnada a la aventura de vivir en sus días de reto llenos de enfermedad y muerte. Hay momentos en los que el lector percibe cómo solo los elementos básicos de una vida pueden salvar de la angustia -una parte de ella es la misma acción de escritura-: las relaciones familiares, la amistad, el ejercicio constante de la música.

Este libro también es un testimonio de un gran artista. En él quedan consignadas sus lecturas, su pensamiento ante las circunstancias, su ideología y su forma de entender la profesión de música, pero también sus redes de amistad y de familia, los núcleos vitales que lo sostienen -especialmente en Rioseco- y las lecturas que amplían sus horizontes. Hacer un listado de todo ello nos deja un mapa vital del autor.

Mª Ángeles Merino sigue el curso de este diario para acompasarlo a la presencia constante de la enfermedad y la muerte. A través de su diálogo ilustra, comenta y resume los pasajes más significativos de las lecturas y amigos que ocupan el tiempo del autor.

Gelu acompaña al autor en la parte central del volumen, para hacer testimonio ilustrado de la llegada de la enfermedad que trastoca la rutina al entorno de Fernández Magdaleno.



Entre animales con extraños comportamientos, un rey que considera su viudedad hipotética y Sabina. Así de mixto, certero y divertido es el comentario de Pancho sobre la novela de Torrente Ballester.

Recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os  agradezco que me lo comuniquéis. 

jueves, 24 de septiembre de 2015

Desde lo cercano en El tiempo incinerado de Diego Fernández Magdaleno, noticias de nuestras lecturas y anuncio de la inauguración oficial del curso en el Club de lectura.


El sábado 18 de diciembre, Diego Fernández Magdaleno anota en su diario:

Respondo negativamente a nuevas posibilidades profesionales. No sé si es real el valor que le doy a vivir en Medina de Rioseco, a no modificar mis hábitos y seguir naciendo la vida de siempre. Luis García Vegas [su representante] apoya mi postura: me conoce lo suficiente como para pensar en lo que verdaderamente me interesa, no en lo que él haría en mi lugar.
Es bien sencillo: quiero dedicarme a tocar la música que me importa, a leer los libros que convierten el mundo en una pasión inagotable y estar cerca de las personas sin las que todo esto perdería su más elemental sentido.

El autor expresa así las claves de una decisión personal. No levantará su casa para perseguir una carrera profesional más exitosa si eso le aparta de la raíz de su existencia. Escribe sobre el mundo y se compromete significativamente contra los dictadores de cualquier signo, contra las injusticias y a favor de la educación como una de las claves de la mejora del ser humano y de la responsabilidad del gestor de la cosa pública. Hasta Rioseco le llega el mundo por las noticias y los libros, también por sus viajes. Pero su hogar está en la villa castellana y allí construye su mundo de estudio constante, de lectura y escritura. Desde allí teje su mundo lleno de amigos -Luis Ángel Lobato, Jesús Capa, Gonzalo Franco...- y de familia, un mundo que lo sostiene. También con el paisaje. Así los paseos por sus calles y por los alrededores. Un paisaje en el que se juntan el presente y el pasado. Al final del año, la muerte de su abuela Amparo dispara el recuerdo de la casa en unos párrafos llenos de lirismo que parten de lo más sencillo, expresado tan directamente que sitúa al lector en el mismo lugar que describe: 

Hoy [26 de diciembre] ha caído la primera nieve de este invierno y ha cubierto el corral de la casa de mi abuela. Cuando era niño, disfrutaba jugando allí a la vez que adivinaba los secretos del desván. Subíamos a escondidas (...). Baúles desordenados, libros, periódicos y centenares de partituras, muchas elas, copiadas a mano por mi bisabuelo Toribio.

La secuencia del recuerdo es un prodigio de escritura. La primera nevada le lleva al corral de la abuela que lo traslada a su infancia y de allí a los secretos del desván, que desata el resto de la memoria en un ejercicio hacia dentro, hacia lo que le hace ser su presente. La evocación termina trayéndonos brúscamente hacia el momento de la escritura con uno de los deseos que su abuela expresaba cuando se acostaban los tres hermanos en la misma alcoba de su abuela:

como que fuera yo quien le bajase los párpados cuando muriera.

En la vida de una persona hay muchas oportunidades de ver el mundo, pero este solo puede comprenderse profundizando en aquello que le ha dotado de la mirada adecuada y le ha construido su propio mundo, del que siempre se está acompañado y que explica su comportamiento diario.

La obra puede ser difícil de encontrar, pero he podido reservar ejemplares para los lectores del club de lectura. Los que participan en su formato presencial (mantenido por la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos) recibirán por correo electrónico las instrucciones para hacerse con un ejemplar. El resto de los lectores pueden hacerse con un ejemplar escribiendo a felipe@lfediciones.com identificándose como seguidores del Club de lectura de La Acequia. Hago la observación de que se trata de una ocasión única que no debe dejarse pasar: los últimos ejemplares de un libro agotado en la práctica -y del que he conseguido coleccionar un puñado para esta lectura concreta solo disponibles durante los próximos dos meses- de una gran personalidad de la música española. Se entregará por riguroso orden de petición hasta agotar los pocos ejemplares disponibles.

Noticias de nuestras lecturas

Mª del Carmen Ugarte analiza las reflexiones del autor sobre la enfermedad y la muerte, una constante que viene a detener el tiempo de las otras cosas.

Mª Ángeles Merino ha cogido el tono de este diario y acompaña al autor magníficamente en su desgranar de tiempo, enfermedad y meditación sobre las cosas.


Gelu resume, ilustra y comenta el diario de mayo a julio: todo un apoyo para quienes sigan estas lecturas.


Quien necesite saber la receta para terminar con una plaga de estorninos debe leer este comentario que Pancho le dedica a la novela de Torrente Ballester que tan buenos ratos nos hizo pasar cuando la leímos... y acaba con Gardel, ni más ni menos.

Recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os  agradezco que me lo comuniquéis. 

Inauguración del curso en el Club de lectura


El viernes 2 de octubre se celebrará la inauguración del curso del Club de lectura de la Acequia y de la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos. Tras la apertura del curso por el Presidente de la Asociación, Manuel Sancho, se celebrará el encuentro de Diego Fernández Magdaleno con los lectores. Tras un diálogo que mantendré con él se dará paso a las preguntas de los asistentes.

Al terminar, el autor ofrecerá un breve recital al piano con una selección de piezas. Le he pedido que elija aquellas que hoy le gustaría que escuchara su padre. Aquellos que hayan leído sus diarios (El tiempo incinerado, que nos ocupa y Razón y desencanto) y su poemario (El libro del miedo), comprenderán las razones de mi petición, a las que ha accedido el autor amablemente. Quiero resaltar el interés de este acto. Es el primero en el que se reúnen dos de las facetas públicas más interesantes de Fernández Magdaleno: es uno de los grandes pianistas europeos de hoy especializados en música clásica contemporánea y un escritor de mucho mérito. Este acto, por lo tanto, cobra un inusitado interés porque asistiremos a la conjunción de algo que el propio autor y músico entiende como partes iguales de una misma forma de entender el arte y la vida.

Quiero agradecer la colaboración en la organización de este acto de la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos, de la Fundación Caja Círculo -que nos cede el local y toda la infraestructura necesaria- y de Gestión Musical Lueno, la empresa que se ocupa de la representación de Fernández Magdaleno. Todos ellos se han volcado generosamente para que el acto del día 2 resulte inolvidable.

El acto tendrá lugar el viernes 2 de octubre a las ocho de la tarde, en el Auditorio que la Fundación Caja Círculo tiene en la calle Julio Sáez de la Hoya, en Burgos.

La entrada es libre hasta completar el aforo.

Se ruega encarecidamente que no se grabe en ningún soporte el recital del pianista.

En la sala estarán disponibles para el público los pocos ejemplares que quedan de las ediciones de las obras del autor.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Reducir a escombros los sofismas como forma de entender la educación y la sociedad en El tiempo incinerado de Diego Fernández Magdaleno y noticias de nuestras lecturas, con anuncio de la inauguración oficial del curso.




La entrada del viernes 11 de junio termina con esta frase: "Volar este edificio de barro es mi utópico objetivo: reducir a escombros los sofismas". Se refiere el autor a los lugares comunes y dogmas con los que se suele sembrar la educación de nuestros jóvenes. En varias ocasiones se siente muy preocupado por esta cuestión. A lo largo del diario es una referencia constante su quehacer docente pero no solo. Fernández Magdaleno se muestra agradecido a sus maestros como parte de una cadena que no debe ser rota. Se entiende que a sus buenos maestros, en especial a su profesor de piano, el gran intérprete Miguel Frechilla. De él aprendió algo que explica tanto al maestro como al discípulo: "amar la música sobre todas las cosas de este mundo". Y en esta frase se encierra muchas de las claves de este diario. Amar la música es el estudio constante, el perfeccionamiento de la técnica pero también una visión del mundo. De ahí nace también su constante defensa de la música y de su práctica profesional, incluso la denuncia del abandono institucional y social en que se la tiene en España.

Esta actitud del discípulo y docente que cuestiona los dogmas se extiende en Fernández Magdaleno más allá de las clases, es una forma de entender la vida. El 17 de febrero se reúne con un grupo de jóvenes y hablan de política. Constata cómo conciben la vida de forma mecánica: "Han caído en la trampa de la ética dominante, que se ha impuesto como una epidemia. Tras la conversación, les sugiero algunas lecturas. Estoy satisfecho: se han ido con más dudas de las que traían". El autor concibe su responsabilidad social, una ética diferente a la dominante que le lleva tanto al desasosiego personal como a cuestionar todo dogma establecido y a luchar contra la ignorancia de los responsables públicos y de los pretendidos intelectuales que la exhiben sin pudor en sus declaraciones: "únicamente la estupidez reparte dogmas en el mundo".

Evidentemente, Fernández Magdaleno asume también la consecuencia inevitable de esta forma de comprender la vida. Tendrá que luchar contracorriente.

La obra puede ser difícil de encontrar, pero he podido reservar ejemplares para los lectores del club de lectura. Los que participan en su formato presencial (mantenido por la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos) recibirán por correo electrónico las instrucciones para hacerse con un ejemplar. El resto de los lectores pueden hacerse con un ejemplar escribiendo a felipe@lfediciones.com identificándose como seguidores del Club de lectura de La Acequia. Hago la observación de que se trata de una ocasión única que no debe dejarse pasar: los últimos ejemplares de un libro agotado en la práctica -y del que he conseguido coleccionar un puñado para esta lectura concreta solo disponibles durante los próximos dos meses- de una gran personalidad de la música española. Se entregará por riguroso orden de petición hasta agotar los pocos ejemplares disponibles.

Noticias de nuestras lecturas

Mª del Carmen Ugarte comenta cómo en la segunda parte del diario la realidad reclama su protagonismo en el texto y el autor debe afrontarla.

Luz del Olmo glosa, en verso, el tiempo del diario cuando se detiene en esas horas largas de los hospitales...

Mª Ángeles Merino sigue ejemplarmente el discurrir de los días hacia la primavera, siguiendo el camino de la vida que embarca el diario desde la tragedia colectiva hasta la individual, soportable gracias a la escritura, la lectura y el estudio.

Gelu termina de resaltar las claves de la primera parte del Diario, ilustrándolas de tal manera que facilita mucho su comprensión. Y tiene certera visión en su comentario final.


En su nueva entrega de esta lectura, Pancho va de Gardel a Imperio Argentina para demostrar que el problema del disparate sucede cuando puede ser real, muy real.

Recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os  agradezco que me lo comuniquéis. 

 Inauguración del curso del club de lectura

La inauguración oficial del presente curso del Club de lectura tendrá lugar el próximo viernes día 2 de octubre a las ocho de la tarde. El acto, que se celebrará en el Auditorio de la Fundación Caja Círculo de la calle Julio Sáez de la Hoya de Burgos, contará con la presencia de Diego Fernández Magdaleno, el autor del título que comentamos en estas primeras semanas del curso, El tiempo incinerado [Diario, 2004]. En el encuentro con los lectores, tras comentar la obra, Fernández Magdaleno interpretará al piano unas piezas con un significado especial para él. Es una ocasión excepcional para contar entre nosotros con un músico y un escritor de tanto relieve. Esperamos contar con los participantes de este Club de lectura tanto en su formato presencial como virtual y de todos los lectores de este espacio, además de todos los amantes de la lectura y de la música. El acto está abierto al público en general hasta completar el aforo. En próximas entradas daré cuenta del programa completo de este acto auspiciado por la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos.

jueves, 10 de septiembre de 2015

La vida en fragmentos en El tiempo incinerado de Diego Fernández Magdaleno y noticias de nuestras lecturas


El diario son fragmentos de una vida seleccionados por el autor. Cuando se publica, son los fragmentos que que el autor quiere darnos a conocer. Entra dentro del pacto autobiográfico la honestidad pero esta no es contraria a la ocultación, a la elipsis o a la reserva de la intimidad. Muchas veces es más interesante el silencio que se halla entre las páginas o la forma indirecta de abordar los asuntos que han acontecido en el día que indica la fecha de cada entrada del diario. En realidad, en un diario con intención literaria no podemos entender lo que se dice en un día concreto sin haber leído todo el volumen.

El día 1 de enero de 2004 arranca el texto de Fernández Magdaleno de esta manera: Comienza el año con una llamada de Josep Soler. No nos lo imaginamos así: el año comenzaría -es un suponer- con la alegría tras las campanadas y las uvas con las que se atragantan las familias españolas, con los abrazos a los que están presentes y la añoranza de los ausentes, con las llamadas del amigo íntimo o el familiar que no ha podido acudir. El autor se levantaría a la mañana siguiente pensando en la comida de Año Nuevo, junto a sus seres queridos. Pero Fernández Magdaleno anota: Comienza el año con una llamada de Josep Soler. Es toda una declaración de intenciones. Estamos ante el diario de un artista, de un músico y escritor. Y para él lo primero del año 2004 es la llamada del gran compositor y amigo. El lector entra, pues, desde el principio, en un diario que expone sus condiciones y que no renuncia a ellas en ningún momento. Es el diario de un artista y gran parte de las anotaciones se remiten a esta condición de una manera en la que el lector podrá hacerse una idea de la poética de Fernández Magdaleno (de esto hablaremos en otro momento). De la misma manera expone todas las otras cosas: la actualidad que comenta, la actividad profesional, las lecturas, la relación con los amigos. Incluso cuando reflexiona sobre la muerte en esa frontera entre el sueño y la vigilia la condición inicial del diario artístico le lleva a componer un magnífico microrrelato que podríamos llamar Thomas Bernhard en Belmonte de Campos (texto del lunes 9 de febrero). Muchas de las entradas tienen esta densidad literaria: el autor toma un incidente o un pensamiento del día y a partir de él construye una historia para esclarecerlo con la profundidad de lo artístico. Queda el componente inicial, pero sublimado (iluminado y elevado a lo universal) por el ritmo de lo poético.

Incluso en el momento en el que la realidad más dura asalta la rutina diaria -esa zozobra incomprensible que incinera la vida-, Fernández Magdaleno la trasciende pero no para evitarla sino para darle más luz, mayor profundidad en la mirada. Llega el 11 de marzo de 2004, día de los atentados terroristas en Madrid que causaron tantos muertos y tantas convulsiones políticas. Y el autor no anota, no necesita anotar, el motivo fundamental del día y lo aborda con una elipsis:

   Madrid, es, en estas horas, una reproducción exacta del infierno. Poco es posible decir, pese a que el día está lleno de llamadas (mi familia, Guillermo González, Miguel Huertas, Manuel Bocos, Carmen Domonte, Josep Soler, Rubén Ramiro, Luis García Vegas, Belén González, José-Ramón Echezarreta...). Antes de acostarme, escucharé el Officium Defunctorum de Tomás-Luis de Victoria.
   ¿Qué puedo hacer?

Otros autores de diario abordarían el tema directamente, dirían dónde estaban en el momento de los atentados, comentarían las noticias y lo que se dijo o no se dijo. Fernández Magdaleno necesita la escritura para ordenar el mundo con el desasosiego. Y en su forma de escribir la alta tensión de lo poético. En su texto sabemos exactamente todo sin que se nos narre: Madrid se había convertido en un infierno, la familia y los amigos estaban nerviosos por si a él le hubiera ocurrido algo, su estado anímico le lleva a elegir una pieza musical concreta y termina con esa pregunta que no es retórica sino que desvela mejor que mil palabras lo que sentía en ese momento, la impotencia del que no puede hacer nada ante tanto dolor. Esta es la clave estética de todo este diario, de la escritura y de la concepción de lo artístico en Fernández Magdaleno, que no le impide cerrar la tragedia con la pregunta del lunes 15 de marzo, llena de compromiso. Porque ambas cosas no son incompatibles sino que este nace de todo lo anterior.

La obra puede ser difícil de encontrar, pero he podido reservar ejemplares para los lectores del club de lectura. Los que participan en su formato presencial (mantenido por la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos) recibirán por correo electrónico las instrucciones para hacerse con un ejemplar. El resto de los lectores pueden hacerse con un ejemplar escribiendo a felipe@lfediciones.com identificándose como seguidores del Club de lectura de La Acequia. Hago la observación de que se trata de una ocasión única que no debe dejarse pasar: los últimos ejemplares de un libro agotado en la práctica -y del que he conseguido coleccionar un puñado para esta lectura concreta solo disponibles durante los próximos dos meses- de una gran personalidad de la música española. Se entregará por riguroso orden de petición hasta agotar los pocos ejemplares disponibles.

Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino enumera y describe los motivos de la zozobra y el insomnio relatados en el Diario, esas cosas que tejen la vida.

Paco Cuesta se interroga sobre el género de esta obra y cómo el Diario puede o no ser novela, así como sobre las obsesiones y el hilo principal que lo sostiene. Una certera entrada.

Sobre el silencio y los motivos artísticos reflexiona Gelu en su excelente e ilustrado resumen y comentario semanal de la obra de Fernández Magdaleno.

Luz del Olmo aborda el texto de Fernández Magdaleno desde la presentación directa del escritor ante esas páginas en las que nos desvela lo que de verdad le importa.

Mª del Carmen Ugarte se impulsa en el texto de Fernández Magdaleno para acercarnos a Virginia Woolf desde su propia experiencia, pero primero debate de forma muy inteligente sobre el uso de la segunda persona en el diario.


Pancho nos devuelve al mundo extraño y, a la vez, cotidiano, de Torrente Ballester con su decimocuarta entrega sobre esta novela que tanto nos hizo disfrutar. Ahora, con unos niños saliendo de alambiques y terminando con Sabina. Solo Pancho puede lograrlo. Su siguiente entrada es un buen ejemplo de cómo Torrente Ballester construía este relato desde el exceso teñido de un costumbrismo que lo ataba a la verosimilitud. Pancho lo retrata a la perfección.

Recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os  agradezco que me lo comuniquéis. 

En este enlace puede encontrarse la información del curso, el listado de las primeras lecturas y la forma de participar tanto en el formato virtual como en presencial.

Aviso: La inauguración oficial del curso se retrasa por problemas de agenda. No será finalmente el 25 de septiembre sino, previsiblemente, el viernes 2 de octubre. Avisaré aquí con tiempo suficiente. Todos los lectores de La Acequia, sigan o no estas lecturas, están invitados.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Comienzo del curso en el Club de lectura: El tiempo incinerado [Diario, 2004] de Diego Fernández Magdaleno y noticias de nuestras lecturas.


Escribir un diario es intentar ordenar la parcela del mundo a la que hemos asistido durante unas horas. El autor de un diario se explica el mundo a sí mismo. Intenta atrapar los hechos sustanciales, las emociones, los retazos de una conversación, las claves, en suma, que puedan orientarlo para comprender que ha sobrevivido durante una jornada más. A diferencia de unas memorias o de una autobiografía, el diario se escribe en casi presente y no debe tener intención de trascendencia: ni siquiera podemos estar seguros de vivir al día siguiente. De ahí también que los textos contengan una condición de fragmento apresurado con el que se quiere condensar lo que nos ha ocurrido.

Cuando el diario, como es el caso que nos ocupa, está escrito por un artista, el diario cobra también un nuevo significado. Diego Fernández Magadaleno es un pianista excepcional cuyo actividad se relaciona, sobre todo, con la música contemporánea española. En varias ocasiones me ha manifestado que concibe la escritura con el mismo sentido artístico con el que se sienta ante el piano. Y no encuentro mejor manera de comprender el ritmo de sus frases que habiéndolo oído tocar. La escritura de Fernández Magdaleno es tan brillante como su condición de pianista y nace de una misma manera de estar en el mundo.

Y así, el autor intenta comprender el tiempo vivido según se va quemando cada día, de ahí el título de este volumen. A veces ni eso, tan solo dejar constancia de alguno de los retazos vividos para intentar hallar en el mismo proceso de escritura una razón para evitar la desesperación que a veces pueden traernos los hechos que nos salen al paso cada día sin que podamos decidirlos nosotros:

No es detener el tiempo, no es narrar una vida la misión de este diario: es el desesperado intento por calmar la angustia de existir (quizá aumentándola), por borrar los engañosos reflejos que la conciencia derrama sobre los actos, muchas veces involuntarios, e indagar en su determinismo alienante.

En El tiempo incinerado están los fragmentos (un diario jamás es la totalidad de lo que nos sucede) que pueden ayudarle a armar un camino medianamente lógico al autor en la tarea de vivir. Este diario se inicia el jueves 1 de enero de 2004 y se cierra el viernes 31 de diciembre del mismo año. El autor anota cosas referidas a su profesión, a los amigos, las lecturas y la familia. Reflexiona sobre música, sobre el arte en general y sobre cuestiones de actualidad. Y profundiza hasta las mismas raíces de las cosas más importantes de un ser humano y en las emociones que nos despiertan. Dividido en tres partes irregulares (de enero a abril, de mayo a septiembre y de septiembre a diciembre), esta estructura tiene también la intención de ordenar el material, a la hora de publicarlo, para que pueda ayudarle a comprender lo vivido. Como si la vida pudiera tener un sentido o, al carecer de él, podamos contárnosla como si la tuviera.

Prologado por el poeta y profesor Antonio Carvajal a la manera de una carta dirigida al pianista Guillermo González, que fue quien le presentó al autor, este diario nos ocupará las próximas semanas. Carvajal interpreta este diario como una novela en la que al protagonista le impulsa, sobre todo, el amor y la creación artística. Puede tener razón. No hay otra forma mejor para afrontar la vida.

La obra puede ser difícil de encontrar, pero he podido reservar ejemplares para los lectores del club de lectura. Los que participan en su formato presencial (mantenido por la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos) recibirán por correo electrónico las instrucciones para hacerse con un ejemplar. El resto de los lectores pueden hacerse con un ejemplar escribiendo a felipe@lfediciones.com identificándose como seguidores del Club de lectura de La Acequia. Hago la observación de que se trata de una ocasión única que no debe dejarse pasar: los últimos ejemplares de un libro agotado en la práctica -y del que he conseguido coleccionar un puñado para esta lectura concreta solo disponibles durante los próximos dos meses- de una gran personalidad de la música española. Se entregará por riguroso orden de petición hasta agotar los pocos ejemplares disponibles.

Noticias de nuestras lecturas

Comienza Mª del Carmen Ugarte con todo acierto su comentario del diario de Diego Fernández Magdaleno. En la primera página, todo ese mundo en el que nos vamos a sumergir es prácticamente desconocido para nosotros. El autor nos abre la puerta: ni él mismo sabe lo que le deparará el año.

María Ángeles Merino se enfrenta con el diario abriendo todas las puertas iniciales: la definición del tiempo y su densidad en este libro, las citas y referencias... para descubrir finalmente al ser humano que late debajo de estas páginas.

Luz del Olmo se empapa del ritmo de las frases del autor en este arranque del diario, bien adecuado para ese vídeo que enlaza en el que vemos al pianista ejecutando una obra de J. Soler.

Gelu comenta el diario seleccionando un puñado acertado de frases que pueden resumir su planteamiento inicial, así como una muestra de vídeos que no podéis dejar de ver.

Recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os  agradezco que me lo comuniquéis. 

Anuncio del curso 2015-2016 en el Club de lectura



En este enlace puede encontrarse la información del próximo curso, el listado de las primeras lecturas y la forma de participar tanto en el formato virtual como en presencial.

jueves, 30 de julio de 2015

El tiempo incinerado de Diego Fernández Magdaleno: Primer título del próximo curso en el Club de lectura y noticias de nuestras lecturas anteriores.


El jueves 3 de septiembre comenzaremos el nuevo curso del Club de lectura que sostenemos en este espacio con la lectura de El tiempo incinerado [Diario, 2004] de Diego Fernández Magdaleno. Diego Fernández Magdaleno es uno de los grandes intérpretes de piano de música clásica contemporánea y un gran escritor. Dichas ambas cosas sin sombra de adulación: hay pocas ocasiones en las que se aúnen estas facetas con tanta calidad. Premio Nacional de Música en 2010 su currículum profesional habla por sí solo y sus libros se han agotado porque quien conoce este aspecto suyo los procura. Quien lea sus trabajos literarios y tenga la suerte de verlo interpretar al piano lo mejor de la música clásica contemporánea compuesta para este instrumento sabe, además, que aborda ambas cosas como si fueran la misma.

El tiempo incinerado es el diario escrito por el autor en el año 2004. Como tal, tiene anotaciones diversas: cuestiones familiares y profesionales, pensamientos, opiniones sobre temas diversos, amistad y reflexión, etc. Algunas de las entradas de este diario sobrecogen, otras hacen reflexionar, ninguna deja indiferente y todas ellas están escritas con un castellano sobrio y atractivo. Por sí solo, el manejo del idioma  hace que leer este libro merezca la pena.

La obra puede ser difícil de encontrar, pero he podido reservar ejemplares para los lectores del club de lectura. Los que participan en su formato presencial (mantenido por la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos) recibirán por correo electrónico las instrucciones para hacerse con un ejemplar. El resto de los lectores pueden hacerse con un ejemplar escribiendo a felipe@lfediciones.com identificándose como seguidores del Club de lectura de La Acequia. Hago la observación de que se trata de una ocasión única que no debe dejarse pasar: los últimos ejemplares de un libro agotado en la práctica -y del que he conseguido coleccionar un puñado para esta lectura concreta solo disponibles durante los próximos dos meses- de una gran personalidad de la música española. Se venderá por riguroso orden de petición hasta agotar los pocos ejemplares disponibles.

Tendremos la suerte de contar con el autor en la inauguración oficial del curso, que tendrá lugar el día 25 de septiembre en Burgos y a la que podrá asistir el público en general. Más adelante daré a conocer los detalles del acto.

Mientras tanto, os deseo a todos un verano lleno de lecturas. Con un buen libro en las manos el mundo es siempre mejor.

Noticias de nuestras lecturas

Nueve palabras le bastan a Mª Ángeles Merino para resumir el curso de lecturas que cerramos ahora. Una entrada bien oportuna que no os podéis perder.

Gelu continúa con su resumen, ilustración y comentario de las Crónicas de la guerra de África de Núñez de Arce. No os perdáis su alegato final.

Recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os  agradezco que me lo comuniquéis. Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

Anuncio del próximo curso en el Club de lectura



En este enlace puede encontrarse la información del próximo curso, el listado de las primeras lecturas y la forma de participar tanto en el formato virtual como en presencial.

martes, 17 de junio de 2014

Dónde estabas el día del fin del mundo, de Luis Ángel Lobato


Conocí a Luis Ángel Lobato (Medina de Rioseco, Valladolid, 1958) en los años ochenta en los pasillos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Valladolid, entonces en el edificio noble de esta Universidad. Él cursaba Filología Hispánica en una promoción anterior a la mía. Nos sirvió de enganche Ramiro F. Mayo. Durante un tiempo frecuentamos los mismos ambientes y con otros compañeros de estudios establecimos una tertulia literaria en algunos bares que hoy no pasarían una inspección sanitaria y llegamos a editar una revista literaria, Almueza. En aquel grupo también estaba Antonio Candau, recientemente fallecido en los Estados Unidos, en donde era profesor. Cuando terminamos la carrera perdimos el contacto físico aunque conservo alguna de las cartas que nos intercambiamos. Retomamos la amistad hace unos años, gracias a Diego Fernández Magdaleno, riosecano como él. Desde aquellos tiempos en los que lo conocí ha tenido clara su voz poética, que hace abstracción de lo vivido y que es a la vez -por eso mismo- íntimo y universal, una voz que trasforma en poesía casi de forma angustiosa el mundo, quizá para trazar un camino por el que atravesarlo, un mapa para comprenderlo o, al menos, tolerarlo. En 1992 publicó Galería de la fiebre, poemario al que siguieron Pabellones de invierno (1997), Regreso al tiempo (2003) y un extraordinario Lámparas (2010). En todos ellos el individuo se enfrenta a la soledad, a los efectos del desamor y a un mundo urbano en el que se muestra desorientado en busca de un hilo de sensaciones que lo hagan seguir adelante.

Publica ahora Dónde estabas el día del fin del mundo (Palencia, Cálamo, 2014), extraordinario título que me hubiera gustado poder robarle. Los veinticuatro poemas que componen el libro cuentan la historia del desamor que acompaña una biografía entera en medio de un paisaje invernal, un mundo devastado. No en vano una de las citas iniciales del volumen remite a La carretera de Cormac McCarthy, un libro cuya lectura le ha impactado al poeta tanto como para convertirse en una referencia implícita de un paisaje por el que se atraviesa tras una catástrofe que ha dejado al individuo en un tránsito continuo con pocos referentes a los que agarrarse salvo la memoria.

La primera mitad del poemario nace de experiencias vividas en un pasado al que se hace referencia explícita en lugares y años. Son retales de una vivencia que acompañan el presente de una manera que impacta al lector al dejarlo asistir a la objetivación presente de un recuerdo que ha atravesado el tiempo de forma dolorosa pero necesaria para la materia poética, de una memoria que viene a través del sueño para golpear al poeta en su presente: 

Anoche tuve el mismo sueño:
tú y yo nos besábamos
durante el nevado amanecer
del 6 de enero de 1984.

La forma de los poemas acompaña a los retazos traídos de forma tan convulsa al presente. En los versos reconocemos estructuras métricas pero combinadas de forma aparentemente anárquica para conseguir ese efecto de desasosiego que domina la mente del yo poético, como las referencias son a paisajes interiores, calles invernales y lugares en los que encontrar algo del calor necesario: 

Algo habita
en este bar cobrizo
con combustión de queroseno.

El recuerdo de lugares y fechas concretos se convierte en reflexión más interior en la segunda parte del poemario. Reflexión marcada también por la misma angustia que libera y estrangula y que permite caminar a pesar de la soledad y el recuerdo:

Pero a esta misma hora
te necesito. Contraigo
el síndrome
al borde de la carretera,
entre los ángulos inertes
de este crepúsculo fracturado.

Aún así el poeta se agarra a ese sentimiento amoroso porque es lo único que en verdad le conforma y le da razón de existencia, tal como se cierra en el último poema del libro con una serie de interrogaciones demoledoras:

¿Qué quedará de nosotros
cuando el amor se haya ido?
(...)
¿Qué será
de nuestra muerte cuando el amor
se haya ido?
¿Qué ensueños cultivaré
sobre los tejados azules
de la infancia?

Luis Ángel Lobato ha expresado en alta poesía ese sentimiento de desolación que se sufre cuando el desamor se ceba en nosotros y es el más fiel compañero de nuestra existencia.


Tomé la foto el pasado sábado día 14 de junio en la presentación del poemario 
en la librería A pie de página. De izquierda a derecha: 
Jesús Capa (que presentó el libro), Luis Ángel Lobato y Enrique Señorans (que sirvió de anfitrión).

lunes, 24 de enero de 2011

Ritmo y silencio


Algunos os habéis mostrado sorprendidos por mi afirmación de que la poesía es ritmo y le habéis querido poner palabras que son conceptos: amor, denuncia, emociones, risas y llantos. Quitad el ritmo y sólo os quedará prosa o un ensayo sobre la pasión o sobre la cuestión social. La poesía es ritmo y no otra cosa: ritmo para poner palabras encima, palabras que sólo significan poéticamente porque tienen ritmo. Da igual que pensemos primero el tema o el ritmo: éste predomina siempre. Viento del pueblo de Miguel Hernández se escribió en romance porque era el ritmo del pueblo español de entonces.

Cada estilo, cada tipo de poesía tiene un ritmo propio y todos son válidos: a veces es el acento sólo, en otras  ocasiones es el acento más el número de versos y la rima. Podemos tener versículo, ritmo de ideas en el verso libre, ritmo visual en la poesía de vanguardia que ocupa el espacio de la página, tridimensional en la poesía electrónica. Da igual que hagamos un hexámetro, un soneto, un romance, un caligrama, un rap, la letra para una canción pop. Es el ritmo lo que confiere carácter al poema.

A veces el poeta busca el ritmo de la cacofonía o de la modificación del ritmo y si lo hace bien el resultado es inmejorable: un verso de ritmo par descoyunta un ritmo impar si hacemos una silva con endecasílabos y octosílabos. Si no hubiéramos perdido el oído levantaríamos la mirada y diríamos: aquí pasa algo. El poeta inteligente lo hace para subrayar lo que dice: a veces lo dice sin palabras. Como cuando se introduce un párrafo en prosa en un poema en verso libre y rompemos el ritmo sintáctico o ideológico. Como cuando Peret tocaba con la madera de la guitarra en sus rumbas, como cuando mi amigo Diego Fernández Magadaleno ejecuta una pieza para piano con partes del piano que no son las teclas.

Es el ritmo: el poeta debe buscarlo en las palabras, en la sintaxis, en los acentos, en las dimensiones de la página sobre la que se va a imprimir su poema, en la estructura del espacio virtual en el publica en Internet Quien piense que sólo sirve como subordinado a la palabra, debe pasearse por la poesía visual o por la poesía de vanguardia en la que la palabra no dice nada. Jorge Guillén, aparte del ritmo interno de sus poemas, buscaba la arquitectura del poema en la forma en la que se imprimían sus libros: no respetarlo es matar su ritmo.

Eso sí, no olvidemos que parte del ritmo es el silencio: y que colocar los silencios en un poema es la dificultad más grande para el poeta.

martes, 23 de noviembre de 2010

Diego Fernández Magdaleno Premio Nacional de Música 2010


Diego Fernández Magdaleno ha sido galardonado con el Premio Nacional de Música 2010 en la modalidad de interpretación. Todos los que conocemos a Diego lo queremos por su forma de ser, disfrutamos con su calidad como escritor y admiramos su entrega a la música en todos los campos: investigación, gestión e interpretación. Como intérprete es especialmente relevante su cultivo de la música contemporánea española -en la que es uno de los grandes expertos-. Además es amigo y su blog está enlazado con La Acequia desde hace mucho tiempo, como conocéis los más antiguos lectores de este espacio. Hace tiempo que hablé de mis sensaciones al oírlo tocar y de su faceta de escritor de diarios. Traigo aquí, ahora, una fotografía en disolución luminosa de veriticalidad, como homenaje.

Un premio más que merecido, sin duda.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Los hilos del Diario. Sobre Razón y desencanto de Diego Fernández Magdaleno


Ayer sábado, a las siete de la tarde, tuvo lugar el acto de presentación del nuevo libro de Diego Fernández Magdaleno en el Patio Herreriano de Valladolid. Además del autor, hablamos Amador Sánchez y yo mismo.

Os copio aquí el texto que leí, para que sirva de carta de presentación de Razón y desencanto, el segundo diario publicado por el autor, tras El tiempo incinerado (2004), del que también hablé aquí en su día.

Diego Fernández Magdaleno es un gran músico y escritor (podéis verlo en su blog, Las palabras del agua) y cualquier cosa que hace la lleva a cabo con honestidad, calidad y bonhomía.

--


PRESENTACIÓN DE RAZÓN Y DESENCANTO, DE DIEGO FERNÁNDEZ MAGDALENO


Un diario es un hilo que, desde el presente, tiramos hacia el pasado reciente, tan reciente que aún podemos pulsarlo, con la intención de explicárnoslo y de que nos explique. Este hilo parte de un yo narrador íntimo que se busca como primer interlocutor: en el diario, el que lo escribe asiste, sorprendido, a la primera recepción de su propia vida. Cuando ve la luz, impreso, resulta curioso comprobar cómo ese hilo se cruza con el del lector y depara sorpresas.

Por ejemplo, como autor de mi propio diario, yo no sabía, cuando a mediados de los años ochenta tomaba el coche de línea para investigar la vida del escritor riosecano Ventura García Escobar que, años después, el padre de Diego Fernández Magdaleno se encargaría de restaurar el panteón en el que el romántico está enterrado. No sabía que su padre se iba a convertir en la esencia de la memoria reciente de su hijo ni que provocaría páginas que yo devoraría como lector apasionado años después.

Yo no sabía, cuando recibí el encargo del Ayuntamiento de Valladolid de seleccionar fragmentos del Romancero de Cristóbal Colón, de García Escobar, con destino a un oratorio profano del maestro Blas Emilio Atehortúa (estrenado en la Plaza Mayor de Valladolid el 20 de mayo de 2006), que el actor que se iba a encargar de declamarlos, Emilio Gutiérrez Caba, terminaría ensayándolos con el acompañamiento y asesoramiento musical de Diego Fernández Magdaleno.

Yo no sabía, cuando conocí a su hermano Pablo, que se había matriculado en un Curso Superior de Filología Hispánica que organicé, junto a la profesora Irene Vallejo, para la Universidad de Valladolid, que años después lo reencontraría de la mano de Diego.

Yo no sabía que iba a volver a tener noticias de un amigo perdido en el tiempo, Luis Ángel Lobato, compañero de estudios universitarios, poeta excepcional y casi inédito, gracias a las páginas escritas por Diego.

Yo no sabía, cuando tomé el coche de línea en compañía de mi amigo y artista Javier García Riobó para conocer en persona a Luis Felipe Comendador, al que tanto había leído y con el que ya mantenía cierta correspondencia virtual, que Luis Felipe terminaría siendo el editor de este libro de Diego que hoy presentamos.

Yo no sabía, cuando puse nombre a mi blog cultural, La Acequia, que, en Medina de Rioseco, Diego meditaba bautizar el suyo como Las palabras del agua y que el agua, llena de emociones y palabras y pensamientos, nos iba a unir a partir de que él dejara su primer comentario en el mío.

No lo sabía, como mi hija, aquí presente, ignoraba todo esto cuando se sentó junto a mí en el estreno del oratorio sobre Colón y vino conmigo a un concierto de Diego y desconoce hoy, entre el público, a sus once años, que comienza a escribir las líneas de su propio diario, en el que estamos nosotros pero también todos aquellos que en el futuro crucen los hilos de su vida con ella y que deberá ser ella quien los ordene.

No lo sabía pero hoy todo se ha aclarado gracias a este volumen de Diego Fernández Magdaleno, Razón y desencanto, que ha ordenado el mundo, le ha dado sentido de forma esencial, descubriendo la raíz de todo, condensándolo en palabras.

Un diario es una gran mentira que se transforma, precisamente por eso mismo, en la única verdad posible: el diario nos explica la vida, nos construye por dentro para que podamos apuntalar la débil existencia de nuestro presente. Rasguñar con palabras la vida propia para dotarla de sentido o para indagar si lo hay o todo es incierto. Por eso, cada diario refleja a su autor y es único.

Diego Fernández Magdaleno, en este segundo diario, selecciona su vida de los años 2005 y 2006 para explicársela y nos deja su yo literario abierto para que todos podamos verlo. Su calidad literaria es tal que aquellos que lo lean sin saber quién es Diego, dónde está Rioseco o Valladolid, encontrarán en sus páginas hilos que ayuden a explicarse su propia vida, a pesar de que todos los aquí presentes ya estemos muertos desde hace años.

Hay muchas formas posibles de recepción de un texto como éste. Aquellos que conocemos a Diego vemos, en primer lugar, los avatares de su vida y sus ideas y sus emociones. En el futuro, los investigadores que indaguen en la vida de Diego como músico y escritor buscarán a quién conoce, con quién se hablaba, dónde estaba en determinados momentos de su existencia y cómo pensaba o por qué se relacionó con Alfonso Guerra. El lector general se empapará de palabras que le ayuden a comprender su propia vida.

De 2005 a 2006, la vida de Diego se ordena desde poco antes de la muerte de su padre hasta poco después del nacimiento de su hijo. El Diario, que es la vida condensada, esencial y sin adjetivos, se hace en este volumen luz en el ciclo de la vida, la continua sucesión callada e inevitable de la muerte y de la vida. Ambas no existen si no hay alguien para recordarlas, para contarlas y transmitirlas. Nada somos sin una voz narradora y lo somos todos según nos quiera narrar esa voz.

Y la de Diego es excepcional. Lo primero que llama la atención es su mirada y su expresión: es una voz pausada, reflexiva que, hasta en las cosas que le molestan o le duelen muy adentro o le entusiasman, guarda el tono que la construye en una voz que nos habla al oído sosegadamente, como esas conversaciones que echamos de menos, ante un café, sin prisas, para que todo vuelva a tener sentido en esta locura de vida. Diego, en estas páginas, conversa consigo mismo frente al papel, y conversa con nosotros, lectores, convertido en yo narrador.

Y esta voz transita por los días de estos años condensando las preocupaciones de cada día y sacando las conclusiones a veces en una página, a veces en una línea densa y con alta reflexión filosófica. Y todo comienza, como debe ser, con el paso artificial del tiempo:

Sábado, 1 de enero de 2005: Iniciado el ritual del calendario: las promesas dispuestas a dar sentido a un número y hacerlo perdurable o pasajero.

Por eso, hay días llenos de preocupación por la salud de su padre o de otros familiares o amigos, días en los que una llamada de teléfono lo llena todo, días en los que todo se explica por la lectura de un libro:

Lunes, 3 de enero de 2005: La noche en unas páginas de Marguerite Duras. Descender hasta allí para salvarse.

o la lectura del periódico, o por una escena o un tipo vistos en una cafetería, mientras se espera a un amigo, días en los que ha dolido tanto la ausencia del padre que la mente no ha podido ver más cosas. Días en los que la espera del hijo augura el futuro.

Todo esto se vuelve en reflexiones sobre la política, sobre la música (desde entradas extensas hasta condensación de la greguería ramoniana: Tentación de la música: su materia de olvido, Lunes 28 de febrero de 2005; El dolor de la música que he tocado esta tarde: un espejo en la soledad del escenario, Martes, 24 de mayo de 2005), sobre su propia condición de escritor:

Domingo, 6 de marzo de 2005: No muestro mis poemas ni a las personas más cercanas. ¿Por qué ocultar lo que llevo haciendo desde siempre?

o reflexión de alta intención metaliteraria sobre el género:

Lunes, 21 de marzo de 2005: La mayoría de las anotaciones de mi agenda se refieren a lo menos importante de la vida: pequeñas señales de compromisos incómodos y reuniones inútiles. Las horas memorables, los instantes más nuestros, aparecen en blanco.

la sociedad, la vida, su vida (como cuando nos cuenta que acepta ser presidente en España de la Asociación Europea de Maestros de Piano, EPTA, o cuando anota: La enfermedad de mi padre parecía darnos una tregua, pero sólo ha durado un mes: nuevos medicamentos para aplacar el dolor y más visitas al hospital, Sábado 12 de marzo; Un silencio nuevo se extiende por la casa, Viernes, 1 de abril de 2005). A veces, se gira hacia el microrrelato –pero no lo es, en virtud del pacto de lo autobiográfico, el relato se hace huella de vida:

Lunes, 29 de agosto de 2005: Me despierto a las cuatro de la madrugada con náuseas, dolor de cabeza y una intensa sensación de cansancio en todo el cuerpo. La primera imagen: mi padre y su vitalidad después de cada sesión de quimioterapia, su arrojo y determinación frente al cáncer. Por eso, cuando voy a quejarme en un primer impulso, me calmo y recuerdo sus manos porque tengo frío.

Sábado, 17 de diciembre de 2005: Las cinco de la madrugada. Tere tampoco duerme. Se levanta a calentar leche. Pienso en mi padre. Cómo estará su cuerpo. Junto a la cama tengo tres libros a punto de terminar. Son los diarios de José-Carlos Llop, Andrés Sánchyez Robayna y Luis-Javier Moreno. La lectura es un lugar sin geografía, pero ninguno de estos textos me lleva hasta allí. Es demasiado tarde para el viaje.

A veces, hacia la condensación de vida en una sola línea, o de una emoción (Sé que mi padre ha muerto. Pero esta certeza, tan profundamente física, aún no forma parte de mi vida, Domingo, 31 de julio).

Un diario es una aventura frágil para el que lo lee porque todo depende de que la voz narradora logre que el hilo de lo contado se cruce con el suyo propio para que sea algo más que cosas que le pasan al autor. El Diario, como género, es la condensación de la dificultad artística en su más alto nivel porque todo, lo lírico, lo descriptivo, lo narrativo, debe ser aceptado por el que lo lee como vida. Incluso aunque el lector sea sólo el propio autor.

Por suerte, este volumen nos llega porque tiene altura de emoción y grandeza literaria, se nos cruza con los hilos de nuestras vidas y nos ayuda a explicárnosla con sus reflexiones, con sus anécdotas, con sus lecturas, nos emociona, reconocemos esa vida en la nuestra: es la textura que cada día percibimos muy dentro de nosotros al cepillarnos los dientes para irnos a la cama, al dar un beso a nuestro hijo antes de apagar la luz de su habitación, al abrazar el cuerpo de nuestra pareja, si la tenemos y nos puede salvar del abismo de la soledad, antes de sumirnos en la noche y esperar que el hilo de nuestra vida siga tejiéndose con el de otros al día siguiente.

domingo, 12 de octubre de 2008

Homenaje a Ramón Barce


Ayer asistí al Homenaje a Ramón Barce en su 80 aniversario celebrado en Valladolid. El acto se dividía en dos partes. En la primera, Diego Fernández Magdaleno (del que ya hemos hablado aquí porque es un autor de un recomendable blog, además de excelente pianista y escritor) presentó al homenajeado y condujo sus palabras con acertadas preguntas sobre la situación de la música española en la época en la que Barce apareció en escena.

Ramón Barce, que es uno de los compositores españoles más interesantes de la segunda mitad del siglo XX, conserva una gran lucidez a sus 80 años, tal y como demuestra cada vez que habla o escribe, y repasó, con tono reivindicativo y no exento de ironía, la situación de la música contemporánea en los años 50 del siglo pasado. Un panorama nada estimulante para un joven compositor: repetición de obras de más de un siglo, escaso afán de mejora e innovación entre los compositores, dominio de la música más fácil de componer pero de menor calidad y exigencia aunque más rentable, etc.

Ésta es una batalla continua. De vez en cuando, surgen ciertos autores que proyectan la música española a niveles comparables a otros países. Así sucedió en las primeras décadas del siglo XX. Pero nunca ha sido un camino fácil. Por eso hay que apoyar actos como éste, tan poco frecuentes, en los que se defiende y difunde la música contemporánea nacional.

En esta labor resaltan los esfuerzo de Diego Fernández Magdaleno quien, en la segunda parte del acto, interpretó, con su habitual eficacia y claridad, La nave volante, una brillante pieza que se considera la obra maestra de Barce.

Hay que perseverar para que el potencial de los jóvenes compositores tenga un camino más fácil en los próximos años, comparable a lo que sucede en otros países de nuestro entorno.
.
.
Esta noche publicaré la entrada correspondiente a la serie Pensar el mundo.

lunes, 14 de julio de 2008

El Quijote como parodia de libro (sobre las dos segundas partes) y noticias de nuestro Quijote


Habréis visto, antes del título de este capítulo IX, otro que alude a que aquí comienza la Segunda Parte del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Con una mera lectura del índice podréis comprobar que lo que nosotros hoy llamamos Primera parte está dividida en cuatro:

-Primera parte, correspondiente a los capítulos I a VIII.
-Segunda parte, correspondiente a los capítulos IX a XIV.
-Tercera parte, correspondiente a los capítulos XV a XXVII.
-Cuarta parte, correspondiente a los capítulos XXVIII a LII.

Quizá Cervantes, al entregar el libro, tuviera la intención de continuarlo, pero sabía que eso podía estar fuera de su voluntad. Él dio a su editor un volumen completo, que tituló El ingenioso hidalgo de la Mancha, tal y como comentamos aquí a partir de los recientes descubrimientos: entregó un libro, no una Primera parte, aunque en su mente -y en el texto- se prometiera la continuación (de hecho, él mismo tenía la experiencia de La Galatea, de la que nunca llegó a imprimirse la segunda parte prometida).

Hemos dicho también que no sólo la historia central es una parodia de los libros de caballería, sino que toda la confección del libro es una parodia de los libros del momento. De ahí, el Prólogo, los poemas preliminares y tantas cosas, como las que hemos comentado en el capítulo IX referidas al concepto de autoría y de narrador. Por eso mismo, El ingenioso hidalgo de la Mancha se estructura en cuatro partes, cada una de ellas asociada a una línea temática y argumental, a la manera de los libros parodiados por él: presentación de los personajes y primeras aventuras; historia pastoril; historias cruzadas en la venta; finalización de las historias intercaladas y vuelta a casa. La partición no supone que no haya líneas de continuidad entre las historias de las diferentes partes.

De hecho, algunas circunstancias que comentaremos con respecto al título del capítulo X y de cuestiones que afectan a la disposición de las historias intercaladas se verán afectadas por esta división. Cervantes, de hecho, decidirá, como veremos en su momento, algún cambio de lugar de ciertos pasajes para equilibrar la estructura y lograr una disposición narrativa apropiada de todo el material.

De todos estos cambios han quedado huellas en el texto que siempre han traído de cabeza a los editores y a los lectores. Algunas de estas huellas se corresponden con los famosos descuidos de Cervantes. Los hubo: debió trabajar con cierta aceleración en las últimas semanas puesto que se quería distribuir el libro lo antes posible, casi a pie de imprenta, como han sugerido algunos investigadores. Las consecuencias fueron que se le olvidaran -o no pudo, simplemente por falta de tiempo- borrar las huellas de esos cambios: títulos incorrectos que aluden a cosas que no pasan hasta más adelante o que ya han pasado; el famoso robo del asno de Sancho, etc.

Lo curioso es que Cervantes, cuando puede hacerlo porque el libro ya ha sido un éxito, no trabaja una segunda edición corrigiendo y limpiando estos descuidos, proponiendo un texto canónico sin ellos, sino que los integra como parte de la narración y hace que los propios protagonistas los comenten al inicio de la Segunda parte de 1615, con lo que de un error saca un filón de oro narratológico. Lo veremos.

Por esta misma razón, las Cuatro partes del volumen correspondiente al Ingenioso hidalgo quedan integradas, sin corrección en la denominación de los epígrafes, en la Primera parte del texto final. La segunda será la del Ingenioso caballero, como titulará a la que publicará en 1615 y que todos conocemos como Segunda parte. Entre el hidalgo del volumen de 1605 y el caballero del correspondiente a 1615 está toda la evolución que el mismo Cervantes sufre al escribir la Primera parte y la meditación, en los años siguientes, de lo que ha logrado con ella, lo que le hace proponer una continuación que no es repetición de lo conseguido, sino su crecimiento y maduración: de ahí que, en la Segunda parte, ya no haya divisiones internas pero sí conserve las que decidió en la Primera parte, sencillamente porque ambas corresponden a dos momentos en su interpretación del género novela que no se anulan puesto que la segunda nace de la primera. Ésta es un muestrario completo de formas narrativas del momento subordinadas a la narración realista. Aquélla es la prueba de madurez de este tipo de narración, que consigue integrar a las otras, asimilándolas, para construir el camino de la novela moderna.

Os pido que, si no he sido muy claro en esta explicación, me hagáis llegar vuestras dudas. Comprendo que algunas cuestiones son demasiado académicas, pero intento hacerlas asequibles.


Noticias de nuestro Quijote


Alatriste, el autor de un excelente blog en el que se aúna el debate ideológico y la difusión de la historia y la realidad de las tierras castellanas, La Comunidad del Castillo, difunde la iniciativa inventándose un logo que copio aquí y que le agradezco. Hace unos días dedicó una interesante entrada a un paisaje propio de estas páginas iniciales del Quijote: Los molinos de Don Quijote vuelven a girar.

Mi admirado Diego Fernández Magdaleno dedica unas elogiosas palabras al proyecto, que le agradezco con todo el corazón en su magnífico blog Las palabras del agua. Y a él le dedicaré una entrada sobre la música en el Quijote (que la hay) y sobre el Quijote (que también). Un abrazo, amigo.

Aldabra ha subido a su blog dos enlaces musicales con relación a nuestro Quijote, para poner banda sonora a la lectura, que cada uno escoja. Puede verse en la columna de la izquierda de su recomendable blog Congo y yo.

Antònia continúa su interesante labor de ver al Quijote en otros libros y en su entrada Cervantes, nos deja un poema de Leopoldo Cano y Masas que ha encontrado en el libro Páginas selectas. Promete, además, dar cuenta de la vida de Diego Vargas, Machuca, citado en el Quijote, a través de otro libro de lecturas escolares, Frases célebres. Es una labor de búsqueda llena de acierto y cariño. Antònia ha seguido colaborando activamente estos días en nuestra lectura colectiva y virtual. Ha colgado dos entradas muy cervantinas sobre el espíritu del Quijote en el pueblo saharaui. En la primera, El espíritu de don Quijote, copia un texto de Zahra Hasnaui (de Generación de la amistad) que actualiza el inicio del Primer capítulo a la situación del Sáhara, con glosario aclaratorio que también publicó en imágenes. Continuó el texto de Zahra Hasnaui en otra entrada, ya menos cervantina pero oportunamente reivindicativa. Me gusta mucho lo que dice en su entrada Como hierba cuajada de rocío, en la que subraya alguna las frases cervantinas más elocuentes del capítulo IX sobre el tiempo y la Historia. Una mirada muy acertada a estas perlas que Cervantes deja caer con tanta frecuencia en el texto y de las que puede hacerse un ensayo completo.
Juan Luis comenta el capítulo VI viendo la quema de libros entre el temor y la parodia, como es, añadiendo un recuerdo personal y poniéndonos ante una situación normal para un lector: salvar o condenar un libro, animándonos a hacer de cura y barbero por un día. Puede verse en su entrada El denso humo.

Mi querida Bipolar, que ya ha aportado cosas de sustancia a nuestras Noticias del Quijote, se decide a colgar una entrada en su blog -que tan recomendable es para los que gusten del género de micorrelatos-, Alonso y yo. En él hallaréis un divertido y cervantino cuento en el que una nueva Aldonza Lorenzo seduce en tanga a un juglar quijotesco. Muy recomendable.

DiaNna se ha puesto musical, en medio de sus problemas técnicos, y sube video y letra del Mago de Oz cantando Molinos de viento en su entrada del miércoles pasado, con el diálogo que ocurre después de esta aventura del Quijote, una lectura en la que triunfa la fantasía.
Javier prosigue su mirada en imágenes a los capítulos comentados, con su entrada sobre el capítulo IX. Aquí se centra en tres, de las que quiero reseñar la primera, con el autor ante su escrito y la última, con damas a a las que es lógico que don Quijote no negara nada. Hablaremos de por qué estas damas no desentonan en el Quijote.

Manuel ha preferido hablar esta vez de uno de los pensamientos más atractivos del Quijote en su entrada El Quijote y la diversidad, esta vez ilustrado por su hijo. Alude en ella a la presencia de lo judío y morisco en este capítulo IX.

Como siempre os digo, si he omitido alguna aportación, hacédmelo saber para corregirlo. Y no dejéis de enlazar vuestras entradas correspondientes a esta lectura virtual y colectiva del Quijote con La Acequia, para poderlas encontrar con mayor facilidad.

Vale.