
Esta puerta ya ha salido
una y
otra vez. Pero hoy estaba abierta y he cruzado el umbral. Desde que decidí abrir esas puertas que tenía cerradas, he tenido la suerte de conocer mucha gente que merece la pena y he dado cuenta en
La Acequia de esos encuentros. Como me dice
mi celtíbero preferido, con el que debería tener
una caelia antes de despedir el año, quizá sea un activista de esta forma de comunicación creativa y nueva. Es cierto, pienso que el mundo de los
blogs y su evolución futura ofrecen muchas posibilidades para la comunicación horizontal entre las personas, que tejen sus propias redes de relaciones y a partir de ellas se construye una cultura que no se queda en lo virtual como los que denigran el medio pretenden.
Desde hace meses me he propuesto conocer a la gente que pasa por
La Acequia y deja sus comentarios. Los nudos de esta malla de relaciones me llevan a otros sitios en los que jamás pensé estar. Hoy, finalmente, he podido tomar el café tan apetecido con
Nacho Carreras. Han sido un par de horas que me han sabido a poco pero que se han llenado de palabras, retos y propuestas. Curiosamente, coincidimos en mucho más que en la edad. Como he hablado tantas veces con
Javier Garcìa Riobó, muchos de nosotros llegamos al mundo adulto cuando lo protagonizaban otros que todavía eran muy jóvenes y nos dedicamos a buscar una profesión y crear una familia, pero siempre se nos quedaron dentro las ganas de hacer algo más creativo. Cuando hemos llegado a un momento de nuestra vida en el que las urgencias han desaparecido, hemos vuelto a mirarnos y nos hemos encontrado en el lugar en el que menos nos esperábamos estar: los espacios libres de Internet en los que uno es responsable final del producto y nos permiten mostrar aquello que pensamos o hacemos, intercambiar opiniones de forma instantánea y globalizada y tener contacto con otros que hacen lo mismo. Ya no tenemos prisas por el triunfo ni tenemos que sacrificar nuestra libertad creadora o de opinión en aras del éxito: la edad nos lo permite.
De todo eso y de más hemos hablado. Nacho es un fotógrafo inteligente. Aunque su mirada es diferente a la mía (o quizá por eso), me atrae. Además, nos hemos pisado el uno al otro muchas fotografías. Me gustan mucho sus edificios, sobre todo aquellos que son menos turísticos. Y me atrae su forma de sorprender a las mujeres en actitudes lejanas a la pose. Sabe captar esos momentos que diferencian una foto correcta técnicamente de otra que es la que interesa porque es la que debe tomarse, y consigue, en muchas ocasiones, hacerlo con una gran dosis de humor y oportunidad.
Además, cuando habla, mira a los ojos con franqueza. Un gran tipo con el que me he retado a fotografiar un lugar concreto de Valladolid y mostrarnos el resultado a la vuelta de las Navidades. Daré cuenta.
Merece la pena abrir estas puertas.