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viernes, 5 de marzo de 2010

Querido Nacho


Querido Nacho:

No pude resistirlo. Pasé por el mismo lugar que tú fotografiaste hace unos días y tomé esta imagen para recordar otros tiempos. Este tiempo de ahora, que quiere anunciar la primavera, se nos hace de paseos lentos en los que debemos aprovechar para mirar sin prisas. Hay quizá demasiada urgencia en todo lo que sucede y los minutos han perdido dimensión humana, esa que permite respirar mientras se piensa.

Pasé por el mismo lugar, pero tu cielo era más bello, como si hubieras esperado, acodado en el pretil del puente, el momento exacto en el que apretar el disparador de la cámara. Yo no pude esperar: fui menos sabio. Hasta te tuve que robar la idea. Y sé que nos debemos un café desde hace mucho.

miércoles, 23 de abril de 2008

Remite de entrada

La entrada de hoy se traslada a la página de mi amigo y admirado Nacho Carreras (entrada 189): allí encontraréis el texto que he escrito para una excelente foto suya puesto que estos días celebra el aniversario de su excelente página y me ha invitado a participar en la fiesta.
Podéis hacer el comentario allí o aquí.
Mañana, Cervantes.

miércoles, 2 de abril de 2008

Exposición de Nacho Carreras



Hoy, en el tren que me llevaba de Burgos a Valladolid camino de una cita con amigos, pensaba en mi fatiga y en cómo, a pesar de ella, deseo que lleguen estos minutos en los que me siento delante del ordenador a redactar las líneas de mi entrada diaria, a leer los blogs que me interesan y a comentar en ellos: sin este tiempo mi fatiga sería mayor. He tenido unos días de gran ajetreo y en las últimas horas me he resentido, hasta el punto de que la entrada de ayer a algunos os pareció ininteligible o ensoñada. Es curioso esto: la fatiga nos hace caminar en sueños entre las cosas y cuando releemos al día siguiente lo escrito nos parece de otro. Quizá porque es más nuestro que nunca: esa fue la aportación del surrealismo al arte, por ejemplo, camino que consagró en la técnica de la escritura automática. ¿Somos más nosotros cuando caminamos tan cansados que ni sentimos nuestros propios pasos?
Prometo dormir más en los próximos días: dar cuenta de premios recbidos, de un meme pendiente, de proyectos, disoluciones y óxidos. Hoy, por lo que veo, va siendo ya imposible.


He tenido el placer de presentar a Javier y Nacho esta tarde. Como sabéis, desde el principio he insistido en conocer personalmente a los autores de los blogs más próximos geográficamente (no descarto viajar más lejos para conocer a otros) y tomar con ellos los ya famosos cafés de La Acequia. Nacho Carreras inauguró el pasado martes su exposición Paisajes urbanos y el motivo era la excusa exacta para presentar a estos dos artistas fotográficos que tanto han influido en mi mirada en los últimos tiempos. De los dos he hablado ya suficientemente aquí, pero hoy he podido juntarlos en un encuentro que, estoy seguro, no será el último. Nacho ha realizado una magnífica selección de las fotografías publicadas en los últimos meses en su blog: coincide en casi todas con las que yo le hubiera elegido. Hubo convesaciones sobre arte, sobre vida y propuestas de nuevos encuentros como el que tuvimos él y yo en diciembre. Un placer, amigos.


Mañana habrá varias entradas de La Acequia, con cuestiones pendientes. Si sobrevivo a la fatiga, claro.

viernes, 18 de enero de 2008

Los amigos te salvan del caos del espejo.


Los espejos siempre han sido sospechosos de contener un mundo propio, desde que Alicia pasó al otro lado hasta las formulaciones surrealistas y La sangre de un poeta de Cocteau. El juego de espejos se ha usado desde siempre, posiblemente desde que Narciso se besara en la superficie del agua. En el barroco fue todo un género para lo metaliterario o mirar el mundo desde su reflejo para denunciar la hipocresía o dotarlo de sutil retórica.
En el siglo XIX, los espejos se convirtieron en juego de barraca de ferias: trucos de espejos servían para crear las fantasmagorías y engañaban a los incautos en los laberintos de las ferias. Y en la diversión ruda de las variedades se utilizó mucho el engaño del espejo por el que un personaje imitaba en inversión a otro haciéndose pasar por su reflejo. Así llegó este recurso a Sopa de ganso de los hermanos Marx o las actuaciones de cómicos de andar por casa.
Pero el misterio del espejo sigue ahí. Basta con mirarse con calma en la mañana tras levantase, mojarse la cara con agua fría y verse cansado de la fatiga nocturna, el rostro sincero denunciándonos sin máscara.
De ahí la foto, en espejo, luz y disolución de movimiento. Y cuando el caos del vidrio me llamaba, encontré, en la mañana, la compañía de los amigos: con Nacho cerré el reto fotográfico que tanto nos ha divertido desde diciembre, haciendo trampa, en efecto, como me dijo luego Javier. Hemos cambiado las primeras normas y tras hacer las fotos del lugar previsto, nos hemos sentado ante un café para seleccionar cada uno cuatro fotografías del otro. Y hemos hablado de muchas cosas. El domingo publicaremos el resultado, aunque eso suponga hacer un paréntesis en mis disoluciones. Merece la pena. Luego, con Javier, visitas a dos exposicones de fotografía, palabras, emociones y muchos planes de futuro.
Mañana por la mañana, tras la incertidumbre de la noche, volveré a sentir la dura imagen reflejada.

viernes, 14 de diciembre de 2007

Abrir puertas y encontrar personas.


Esta puerta ya ha salido una y otra vez. Pero hoy estaba abierta y he cruzado el umbral. Desde que decidí abrir esas puertas que tenía cerradas, he tenido la suerte de conocer mucha gente que merece la pena y he dado cuenta en La Acequia de esos encuentros. Como me dice mi celtíbero preferido, con el que debería tener una caelia antes de despedir el año, quizá sea un activista de esta forma de comunicación creativa y nueva. Es cierto, pienso que el mundo de los blogs y su evolución futura ofrecen muchas posibilidades para la comunicación horizontal entre las personas, que tejen sus propias redes de relaciones y a partir de ellas se construye una cultura que no se queda en lo virtual como los que denigran el medio pretenden.
Desde hace meses me he propuesto conocer a la gente que pasa por La Acequia y deja sus comentarios. Los nudos de esta malla de relaciones me llevan a otros sitios en los que jamás pensé estar. Hoy, finalmente, he podido tomar el café tan apetecido con Nacho Carreras. Han sido un par de horas que me han sabido a poco pero que se han llenado de palabras, retos y propuestas. Curiosamente, coincidimos en mucho más que en la edad. Como he hablado tantas veces con Javier Garcìa Riobó, muchos de nosotros llegamos al mundo adulto cuando lo protagonizaban otros que todavía eran muy jóvenes y nos dedicamos a buscar una profesión y crear una familia, pero siempre se nos quedaron dentro las ganas de hacer algo más creativo. Cuando hemos llegado a un momento de nuestra vida en el que las urgencias han desaparecido, hemos vuelto a mirarnos y nos hemos encontrado en el lugar en el que menos nos esperábamos estar: los espacios libres de Internet en los que uno es responsable final del producto y nos permiten mostrar aquello que pensamos o hacemos, intercambiar opiniones de forma instantánea y globalizada y tener contacto con otros que hacen lo mismo. Ya no tenemos prisas por el triunfo ni tenemos que sacrificar nuestra libertad creadora o de opinión en aras del éxito: la edad nos lo permite.
De todo eso y de más hemos hablado. Nacho es un fotógrafo inteligente. Aunque su mirada es diferente a la mía (o quizá por eso), me atrae. Además, nos hemos pisado el uno al otro muchas fotografías. Me gustan mucho sus edificios, sobre todo aquellos que son menos turísticos. Y me atrae su forma de sorprender a las mujeres en actitudes lejanas a la pose. Sabe captar esos momentos que diferencian una foto correcta técnicamente de otra que es la que interesa porque es la que debe tomarse, y consigue, en muchas ocasiones, hacerlo con una gran dosis de humor y oportunidad.
Además, cuando habla, mira a los ojos con franqueza. Un gran tipo con el que me he retado a fotografiar un lugar concreto de Valladolid y mostrarnos el resultado a la vuelta de las Navidades. Daré cuenta.
Merece la pena abrir estas puertas.