
La exposición
Corsarios. 25 años de teatro sirve de muestra y homenaje a la labor de este grupo teatral. La vi en la Sala de Las Francesas de Valladolid, pero ahora está en la Sala de Caja España en León y girará por más lugares en los próximos meses, así que el aficionado deberá estar atento y no perdérsela.
El visitante observaba todos estos objetos que ocupaban lo que fue una antigua capilla. Y había cierto interés en ver teatralizado este lugar tan escénico en sí mismo y recuperado desde hace años como espacio para la cultura. Si se ocurría levantar la mirada se veían las antiguas rejas por las que las monjas
francesas asistían a misa sin romper la clausura. Creo que a Fernando Urdiales, el director de
Teatro Corsario, le habrá divertido el juego, tan barroco y tan propio de la estética de Corsario.
Corsario, al que tuve el placer de votar para el Premio Max al mejor espectáculo revelación de 2007 por
La Barraca de Colón, es una referencia en estas tierras de cómo se pueden hacer montajes de calidad sin perder una línea coherente. Además, es una de las pocas compañías españolas con repertorio, cosa más que sorprendente en una época en la que la cultura –y más el teatro- se hace para unos días -a veces horas-, mientras dure la subvención. No es una exageración decir que han dado nuevo sentido a este concepto en España.
Sigo su trayectoria desde 1984, año en el que asistí al montaje de las Comedias rápidas sobre textos de Jardiel Poncela en una fresca noche de septiembre en la añorada Muestra de Teatro de Valladolid, si no me falla la memoria tan fragil ya. Desde entonces, cuando me pierdo por unas u otras razones un estreno suyo, lo persigo por la cartelera hasta cubrir esa laguna.
Ahora, a Corsario le falta no morir de éxito, renovarse y tomar aliento para los próximos años. Su suerte y acierto será, en gran medida, la del espectáculo teatral en Castilla y León, tan necesitado de casi todo.