Por primera vez desde su creación, el Premio de la Crítica de Castilla y León, de cuyo jurado soy miembro, ha recaído ex aequo en dos libros: El laberinto invisible, de Antonio Colinas y El rostro de Cristo, de Olegario González de Cardenal. El primero es un libro que viene a poner un punto seguido brillante a las obras completas del poeta leonés, uno de los mejores exponentes de la poesía española actual. El segundo, un ensayo cultural en el que se reflexiona desde la teología para comprender la presencia del tema al que hace referencia el título en el arte plástico y la literatura. Las deliberaciones han tenido lugar esta mañana, en el Teatro del Liceo de Salamanca.
Además de los premiados, entre los finalistas se encontraban los libros de poemas Los pies del horizonte, de José Gutiérrez Román, El eco anticipado de Carlos Contreras Elvira, Tempero de Fermín Herrero y La presencia invisible de la luz de Mauricio Herrero. También los libros de narrativa Cuentos del desamparo, de Tomás Val, Ejército enemigo de Alberto Olmos, El libro de las horas contadas de José María Merino, Apuntes de medicina interna de José Manuel de la Huerga y Baruc en el río de Rubén Abella. Quiero destacar la gran calidad media de los libros finalistas, su variedad estilística y de intenciones y, en especial, que entre los autores se hallan escritores pertenecientes a diferentes generaciones.
