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viernes, 2 de marzo de 2012

X Premio de la Crítica de Castilla y León

Por primera vez desde su creación, el Premio de la Crítica de Castilla y León, de cuyo jurado soy miembro, ha recaído ex aequo en dos libros: El laberinto invisible, de Antonio Colinas y El rostro de Cristo, de Olegario González de Cardenal. El primero es un libro que viene a poner un punto seguido brillante a las obras completas del poeta leonés, uno de los mejores exponentes de la poesía española actual. El segundo, un ensayo cultural en el que se reflexiona desde la teología para comprender la presencia del tema al que hace referencia el título en el arte plástico y la literatura. Las deliberaciones han tenido lugar esta mañana, en el Teatro del Liceo de Salamanca.

Además de los premiados, entre los finalistas se encontraban los libros de poemas Los pies del horizonte, de José Gutiérrez Román, El eco anticipado de Carlos Contreras Elvira, Tempero de Fermín Herrero y La presencia invisible de la luz de Mauricio Herrero. También los libros de narrativa Cuentos del desamparo, de Tomás Val, Ejército enemigo de Alberto Olmos, El libro de las horas contadas de José María Merino, Apuntes de medicina interna de José Manuel de la Huerga y Baruc en el río de Rubén Abella. Quiero destacar la gran calidad media de los libros finalistas, su variedad estilística y de intenciones y, en especial, que entre los autores se hallan escritores pertenecientes a diferentes generaciones.

martes, 6 de marzo de 2007

Resumen apresurado de doce días


He procurado recuperarme, aunque no he hecho mucho caso al médico puesto que no he faltado a mis clases. Y es que, según parece, necesito reposo para cortar esto.

Doce días.


He dedicado buena parte del tiempo a la lectura en el sofá. Devoré los libros que me faltaban por leer de la docena de títulos seleccionados para la fase final del V Premio de la Crítica de Castilla y León. Y entre los últimos, saltó la sorpresa: Autómata, de Adolfo García Ortega (Barcelona, Bruguera, 2006), que ya tenía en el montón de pendientes antes de que me llegara la lista definitiva.
Los miembros del Jurado nos reunimos en el Teatro Liceo de Salamanca el pasado viernes, día 2 de marzo. Y la mayoría coincidimos. Autómata es una magnífica novela que crecerá con el tiempo -se prepara ya su traducción al inglés-. El autor juega con diferentes niveles de narración. La historia, plagada de referencias literarias, se deja leer con apasionamiento en su ropaje de novela de aventuras que surca varios siglos. No desvelaré más sorpresas, porque animo a leerla. Y más cuando este tipo de literatura no es nada frecuente en este país. Enhorabuena a Adolfo García Ortega.

Entre los finalistas, quiero resaltar Calle del Paraíso, de Gustavo Martín Garzo, que se lee con placer. Y Leyendo las piedras, de Antonio Colinas: novela entreverada de relatos breves, o colección de relatos con consistencia de novela.

El año 2006 ha sido una buena cosecha para la literatura.

Por cierto: Salamanca, bellísima. Hace tiempo que no la visitaba (antes era casi obligada cita anual) y me reencontré con una ciudad que siempre me gustó.

Mi libro de cabecera no es novedad sino una novela de Vargas Llosa que se me pasó en su día: Historia de Mayta. Voy a saltos de cuarto de hora, así que tardaré en terminarla.

Fatigado del tren, del mismo cansancio y de mi cuerpo, he pasado estos días. Gracias a los amigos que se han preocupado. Y perdón a aquellos a los que no he podido dar debida cuenta de los trabajos pendientes. Los plazos de entrega incumplidos pesan sobre mi cabeza. Pero no doy más de mí (por ahora).