No deberíamos olvidar que, aunque no fuera este el orden de publicación, Brillante abre la trilogía del desamor que continúan Lámparas y Dónde estabas el día del fin del mundo. Como tal, es una entrada conceptual en un mundo en el que yo el poético se tambalea víctima de la incertidumbre, el desamor y la contemplación de un mundo hostil ocupado por una ciudad nevada -una ciudad, todas las ciudades- en la que lo nocturno y las luces urbanas evidencian las grietas que separan la realidad de lo onírico. Quizá sea el poemario de más difícil lectura de los tres pero los prepara y reúne en un todo sólido y coherente.
El final de Brillante anticipa todos los finales de mundo que se encuentran en cualquier separación amorosa, más en la que poetiza con tanta fuerza. El yo poético y el tú objeto de la pasión (Perdóname:/ quiero ocuparme de tu vida) se separan y el primero queda en soledad dolorida, anticipada por la amada:
Pero se ondula
un movimiento añil
cuando repites:
ya es el siguiente minuto
no dejes de abrazarme.
El color azul es clave en este poemario -con su singular significado para el poeta- y aquí se torna añil, ese tono de azul oscuro y violeta que penetra directamente en la noche -antiguamente los pintores no usaban el negro para la sombra nocturna, sino tonos de violeta oscuro, morado-. Lo interesante de la expresión usada por Lobato es que dota al color de movimiento a partir de la propia palabra de la amada que anticipa la despedida. La separación se torna violenta y vertiginosa:
Después escupes
el vómito
sobre el retroceso
de todas las cerraduras
y las teclas sin números
de los ascensores.
Es tan doloroso el resultado de la separación, que solo puede expresarse con un intento de alejamiento a partir de la abstracción de las formas geométricas:
En adelante,
sobre la base científica
de otra escena,
el perímetro
de un pómulo que destroza
el ángulo recto
de cualquier pentagrama.
El yo poético queda desarmado y en la incertidumbre más absoluta, que ya no le garantiza ni siquiera la forma en la que la realidad conocida se le ha presentado hasta ese momento:
¿Y si a continuación
de la escalera
me recibe un puente
con un ser gritando?
Y el desamor lo condena casi a vagar por el mundo en el filo de la grieta entre lo conocido y lo que no lo es, lo real y el mundo onírico, cayendo hacia un lado o hacia otro guiándose solo por las luces de una ciudad para siempre nevada y nocturna:
Brillante.
Nada más.
El final de Brillante anticipa todos los finales de mundo que se encuentran en cualquier separación amorosa, más en la que poetiza con tanta fuerza. El yo poético y el tú objeto de la pasión (Perdóname:/ quiero ocuparme de tu vida) se separan y el primero queda en soledad dolorida, anticipada por la amada:
Pero se ondula
un movimiento añil
cuando repites:
ya es el siguiente minuto
no dejes de abrazarme.
El color azul es clave en este poemario -con su singular significado para el poeta- y aquí se torna añil, ese tono de azul oscuro y violeta que penetra directamente en la noche -antiguamente los pintores no usaban el negro para la sombra nocturna, sino tonos de violeta oscuro, morado-. Lo interesante de la expresión usada por Lobato es que dota al color de movimiento a partir de la propia palabra de la amada que anticipa la despedida. La separación se torna violenta y vertiginosa:
Después escupes
el vómito
sobre el retroceso
de todas las cerraduras
y las teclas sin números
de los ascensores.
Es tan doloroso el resultado de la separación, que solo puede expresarse con un intento de alejamiento a partir de la abstracción de las formas geométricas:
En adelante,
sobre la base científica
de otra escena,
el perímetro
de un pómulo que destroza
el ángulo recto
de cualquier pentagrama.
El yo poético queda desarmado y en la incertidumbre más absoluta, que ya no le garantiza ni siquiera la forma en la que la realidad conocida se le ha presentado hasta ese momento:
¿Y si a continuación
de la escalera
me recibe un puente
con un ser gritando?
Y el desamor lo condena casi a vagar por el mundo en el filo de la grieta entre lo conocido y lo que no lo es, lo real y el mundo onírico, cayendo hacia un lado o hacia otro guiándose solo por las luces de una ciudad para siempre nevada y nocturna:
Brillante.
Nada más.
Noticias de nuestras lecturas
Mª Ángeles Merino publica una glosa en verso de su hermano, Agustín, sobre el azul añil, en el poemario de Lobato. No hay que perdérselo, como tampoco esta otra entrada en la que Agustín también -Mª Ángeles aún nos debe entrada personal sobre este poemario- canta el amor constante.
Sigue Pancho disfrutando y haciéndonos disfrutar de La saga/fuga de J.B, la novela de Torrente que nos ocupó hace meses y que él ha decidido disfrutar a poquitos. Aquí nos trae personajes que son porque son una cosa y la contraria...
Próxima lectura:
Pasos en la piedra, de José Manuel de la Huerga
Durante el mes de junio leeremos Pasos en la piedra, de José Manuel de la Huerga. Este título obtuvo el Premio de la Crítica de Castilla y León al mejor libro publicado por autor castellano y leonés en el año 2016. José Manuel de la Huerga (Audanzas del Valle, León, 1967) es un escritor ya consolidado desde que obtuviera el Premio de las letras jóvenes de Castilla y León en 1992 por su relato Conjúrote, triste Plutón. Desde entonces, sus obras se han sucedido de forma regular alternando poesía, relato corto y novela. Con anterioridad había sido cuatro veces finalista del premio de la Crítica de Castilla y León.
Paco Cuesta no ha podido resistirse a comenzar el comentario de la novela e ilustra su primera entrada llamando a la memoria desde un Dodge 3700 GT...
Paco Cuesta no ha podido resistirse a comenzar el comentario de la novela e ilustra su primera entrada llamando a la memoria desde un Dodge 3700 GT...
Con esta lectura, que nos ocupará todo el mes de junio, cerramos el curso del Club de lectura. En julio anunciaré los primeros títulos del próximo curso. Admito sugerencias que me podéis hacer llegar a través de comentarios en el Facebook o en esta entrada del blog o por correo electrónico. Recordad que leemos por turnos un autor vivo y otro muerto. Para el próximo curso ya tenemos en cartera: La sirena de Gibraltar de Leandro Pérez, El hombre pez de José Antonio Abella, La noche que no paró de llover de Laura Castañón, Don Juan Tenorio de José Zorrilla y una selección de novelitas de María de Zayas.
Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos.
Entrada del Club de lectura cada jueves, en este blog.










