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jueves, 25 de mayo de 2017

ya es el siguiente minuto: la despedida traumática en Brillante de Luis Ángel Lobato y noticias de nuestras lecturas con anuncio de la próxima


No deberíamos olvidar que, aunque no fuera este el orden de publicación, Brillante abre la trilogía del desamor que continúan Lámparas y Dónde estabas el día del fin del mundo. Como tal, es una entrada conceptual en un mundo en el que yo el poético se tambalea víctima de la incertidumbre, el desamor y la contemplación de un mundo hostil ocupado por una ciudad nevada -una ciudad, todas las ciudades- en la que lo nocturno y las luces urbanas evidencian las grietas que separan la realidad de lo onírico. Quizá sea el poemario de más difícil lectura de los tres pero los prepara y reúne en un todo sólido y coherente.

El final de Brillante anticipa todos los finales de mundo que se encuentran en cualquier separación amorosa, más en la que poetiza con tanta fuerza. El yo poético y el tú objeto de la pasión (Perdóname:/ quiero ocuparme de tu vida) se separan y el primero queda en soledad dolorida, anticipada por la amada:

Pero se ondula
un movimiento añil
cuando repites:
ya es el siguiente minuto
no dejes de abrazarme.

El color azul es clave en este poemario -con su singular significado para el poeta- y aquí se torna añil, ese tono de azul oscuro y violeta que penetra directamente en la noche -antiguamente los pintores no usaban el negro para la sombra nocturna, sino tonos de violeta oscuro, morado-. Lo interesante de la expresión usada por Lobato es que dota al color de movimiento a partir de la propia palabra de la amada que anticipa la despedida. La separación se torna violenta y vertiginosa:

Después escupes
el vómito
sobre el retroceso
de todas las cerraduras
y las teclas sin números
de los ascensores.

Es tan doloroso el resultado de la separación, que solo puede expresarse con un intento de alejamiento a partir de la abstracción de las formas geométricas:

En adelante,
sobre la base científica
de otra escena,
el perímetro
de un pómulo que destroza
el ángulo recto
de cualquier pentagrama.

El yo poético queda desarmado y en la incertidumbre más absoluta, que ya no le garantiza ni siquiera la forma en la que la realidad conocida se le ha presentado hasta ese momento:

¿Y si a continuación
de la escalera
me recibe un puente
con un ser gritando?

Y el desamor lo condena casi a vagar por el mundo en el filo de la grieta entre lo conocido y lo que no lo es, lo real y el mundo onírico, cayendo hacia un lado o hacia otro guiándose solo por las luces de una ciudad para siempre nevada y nocturna:

Brillante.
Nada más.

Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino publica una glosa en verso de su hermano, Agustín, sobre el azul añil, en el poemario de Lobato. No hay que perdérselo, como tampoco esta otra entrada en la que Agustín también -Mª Ángeles aún nos debe entrada personal sobre este poemario- canta el amor constante.



Sigue Pancho disfrutando y haciéndonos disfrutar de La saga/fuga de J.B, la novela de Torrente que nos ocupó hace meses y que él ha decidido disfrutar a poquitos. Aquí nos trae personajes que son porque son una cosa y la contraria...

Próxima lectura:
Pasos en la piedra, de José Manuel de la Huerga



Durante el mes de junio leeremos Pasos en la piedra, de José Manuel de la Huerga. Este título obtuvo el Premio de la Crítica de Castilla y León al mejor libro publicado por autor castellano y leonés en el año 2016. José Manuel de la Huerga (Audanzas del Valle, León, 1967) es un escritor ya consolidado desde que obtuviera el Premio de las letras jóvenes de Castilla y León en 1992 por su relato Conjúrote, triste Plutón. Desde entonces, sus obras se han sucedido de forma regular alternando poesía, relato corto y novela. Con anterioridad había sido cuatro veces finalista del premio de la Crítica de Castilla y León.

Paco Cuesta no ha podido resistirse a comenzar el comentario de la novela e ilustra su primera entrada llamando a la memoria desde un Dodge 3700 GT...

Con esta lectura, que nos ocupará todo el mes de junio, cerramos el curso del Club de lectura. En julio anunciaré los primeros títulos del próximo curso. Admito sugerencias que me podéis hacer llegar a través de comentarios en el Facebook o en esta entrada del blog o por correo electrónico. Recordad que leemos por turnos un autor vivo y otro muerto. Para el próximo curso ya tenemos en cartera: La sirena de Gibraltar de Leandro Pérez, El hombre pez de José Antonio Abella, La noche que no paró de llover de Laura Castañón, Don Juan Tenorio de José Zorrilla y una selección de novelitas de María de Zayas.

Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos.
Entrada del Club de lectura cada jueves, en este blog.

lunes, 22 de mayo de 2017

Una hora contigo sobre la palabra asfalto: el poder de la expresión poética en Brillante de Luis Ángel Lobato y noticias de nuestras lecturas.


(Esta entrada, correspondiente al Club de lectura, debería haberse publicado el pasado jueves, como es habitual, pero mis compromisos en la Feria del libro de Burgos me lo impidieron.)

En Brillante todo gira entorno al sentimiento amoroso y adensa en pocos poemas el ciclo: espera y búsqueda, encuentro y pérdida. De hecho, el ritmo poético se ajusta perfectamente a este ciclo y la densidad que menciono solo puede expresarse por la misma conciencia de la palabra, que hace poético cualquier momento:

Una hora contigo
sobre la palabra
asfalto
es suficiente.

Me he quedado enredado durante horas en esta expresión usada por Luis Ángel Lobato. El encuentro en la calle con la amada se ha trasformado en poema y hasta una palabra no poética -asfalto- adquiere una tensión lírica extraordinaria (es un recurso hábilmente manejado en todo el libro). Se recupera unos poemas más adelante, desarrollando la imagen con la misma potencia:

Entonces
el voltaje de los adoquines,
la reluciente inexactitud
bajo el aguacero.

El amor, así, es poema que expresa la obsesión del sentimiento. La voz lírica nos conduce hasta el encuentro, en INTERIOR, de los amantes:

Muy pronto
cierras de golpe una puerta
que respira
y salgo a su interior.

El poeta sale de su propia soledad para entrar en un interior compartido. El encuentro es pleno pero no exento de angustia ante el amanecer. Lobato desarrolla aquí un tema clásico en la poesía de todo tiempo y condición: la desesperación de los amantes ante el nuevo día, que los separa. El encuentro está medido en tiempo:

Permanecemos
sin señal,
intuyendo
las ojeras del amanecer.

Ante el temor o la seguridad de la separación solo queda la expresión poética para remediar el mal, puesto que solo así se pueden vencer los tiempos verbales:

Por nosotros
medito una imagen adherente
que te leí
el próximo anochecer.
Porque 
yo te besé mañana.

Pero sobre ese mañana escribiré la próxima semana.

Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino continúa cediendo el puesto a su hermano Agustín a la hora de abordar Brillante, que se centra aquí en el color azul, tan repetido en la obra de Luis Ángel Lobato y luego aborda el misterio de lo poético.

Luz del Olmo continúa su glosa poética de Brillante: aquí se acerca a lo nocturno y a la simbología del color azul.




Pancho debate sobre la aparición del Yo en la novela de Torrente Ballester que nos ocupó hace meses y que a él sigue deparándole entradas memorables. ¿Es posible el yo cuando eres miembro de una saga? ¿Es posible la realidad en esa quinta provincia gallega? Aquí podéis verlo.


El próximo jueves terminamos con el comentario de Brillante, de Luis Ángel Lobato, y nos adentraremos en las páginas de la novela Pasos en la piedra, de José Manuel de la Huerga, último Premio Castilla y León de las Letras. Será el título con el que cerremos el presente curso del Club de lectura.

Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos. 

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jueves, 11 de mayo de 2017

Brillante o cómo guiar el ritmo de lectura de los poemas y noticias de nuestras lecturas.





Los primeros siete poemas de Brillante se nos presentan como una sucesión de imágenes difíciles de interpretar en una primera lectura:

Alguien como tú
no ha venido 
a esta respiración
convexa
del despertar.

El primer poema del libro relata eso, precisamente, la búsqueda de las grietas entre la realidad a través del lenguaje mismo (las referencias al manuscrito, el agrafismo), la palabra misma pierde su consistencia material. El poemario está escrito en versos cortos y estos primeros poemas nos presentan la acumulación de elementos, imágenes personales desarrolladas en frases perfectas sintácticamente pero de fuerte contenido enigmático y hasta surrealista. En esa frontera entre la realidad y lo que se vislumbra más allá todo se dice de la misma manera:

Son tenues
esos dedos de mujer
y se inclinan hacia mí.

Ante la falta de referencias que aclaren todavía el significado de estas imágenes la voz poética lleva al lector de la mano por un camino que lo zarandea en su querencia racional de significado pero que lo atrapan por su expresividad y sugerencia de misterio que aclarar:

Alzar despacio
la trampilla de aureolas
para que ningún grito
inseguro
se haga pedazos.

El lector intuye que entre las imágenes le han hurtado las conexiones, las explicaciones que pide su lógica, pero el poeta se las reserva aún porque busca conseguir precisamente esa misma sensación de una cierta desorientación en el caminar -la misma que tienen poeta y poema-. A la que responde también el nervio de esos versos cortos que no dan tregua en la lectura.

Pero llega el poema octavo y el poeta abre la mano para permitir que el lector entre en su mundo y comprenda lo que ha querido trasmitir hasta ese momento y dónde se halla, hasta el anuncio de la soledad futura. El poemario entero se abre:

Dentro de poco 
no sé qué voy a hacer
sin tus praderas
cotidianas:
quédate conmigo.

En estos primeros poemas Luis Ángel Lobato ha dominado perfectamente el tono con el que quiere que se lea su poemario, la forma en la que desarbola la lógica cotidiana del lector, al que ya ha hecho suyo y ha modelado en el ritmo querido. Una lección magistral para conducir el tono de lectura, ajustada a lo anunciado en la nota introductoria del poemario.

Noticias de nuestras lecturas

Luz del Olmo recrea en verso el dolor por la ausencia de la amada en Brillante. Un poema sobre otro poema. No te lo pierdas. Sigue después con la glosa de la necesidad de comunicación y el sentimiento que provoca su pérdida...

Se adensan las palabras con acierto en el comentario que Mª Ángeles Merino publica de Brillante: de su hermano, claro, que el de ella todavía se hace esperar. Aquí continúa también su hermano entre memoria de cicatrices y acertadas reflexiones.

Mª del Carmen Ugarte confiesa leer el poemario de Lobato en un mal momento en el que se le llenan de trágicas connotaciones. La poesía se recrea en cada momento de recepción, desde luego. Y Sabina...


Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos. 
Durante el resto del curso leeremos:
-Pasos en la piedra, de José Manuel de la Huerga (junio). Como es ya conocido, esta novela ha obtenido el XV Premio de la Crítica de Castilla y León, fallado el pasado día 8 en Ávila, lo que da mayor interés, si cabe, a su lectura.

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jueves, 4 de mayo de 2017

Una trilogía del desamor. Para comenzar la lectura de Brillante de Luis Ángel Lobato y noticias de nuestras lecturas.


Lámparas (Tansonville, 2010), Dónde estabas el día del fin del mundo (Cálamo, 2014) y Brillante (Playa de Ákaba, 2016) componen un conjunto de poemarios denominado por Luis Ángel Lobato (Medina de Rioseco, 1958) como trilogía del desamor. Es su sexto libro publicado de siete por ahora. Una trayectoria que comenzó con Galería de la fiebre (1992) y continuó con Pabellones de invierno (1997) y Regreso al tiempo (2002). Acaba de ver la luz Unos ojos en la travesía (2017). Se suma a esta lista su participación en antologías poéticas y obras colectivas como Sentados o de pie, 9 poetas en su sitio (2013), Generación Subway (2015) y Nada es lo que parece (2016), además de los poemas recogidos en revistas poéticas desde hace décadas.

Luis Ángel Lobato no ha escondido nunca sus deudas con la cultura de los ochenta en España -época en la que lo conocí en las aulas y reuniones poéticas de la Universidad de Valladolid en la que ambos estudiábamos Filología Hispánica- y se reconoce hijo de aquellos tiempos y su evolución posterior. De ahí la influencia de la música rock, de la literatura y el cine anglosajones o que sus poemas tengan una fuerte característica urbana en la que las calles y los ámbitos por las que trascurre el yo poético sean y no sean Medina de Rioseco, lugar en el que nació y vive, para convertirse, a la vez en una gran metrópoli y en el espacio de las emociones trasformadas por la voz lírica. Entiende la poesía como "el lugar donde se cumplen o se destruyen los sueños de los hombres" y es fiel a esta premisa, un lema poético que hace avanzar sus poemarios con un fuerte trasfondo biográfico. Pero más que una biografía trufada de anécdotas o de circunstancias, estamos ante una biografía esencial, de miradas y literatura que ayudan a reinterpretar lo ocurrido en la vida. Como si el yo poético viviera más en ese ámbito que en la propia vida.

En la historia que poetiza esta trilogía, Brillante enfrenta al lector "con una desesperada historia de amor entre un hombre (el yo poético) y una mujer entre el brillo de las luces nocturnas de una ciudad (de ahí el título: Brillante alude a esos brillos multicolores de las ciudades nocturnas y en la habitación de un hotel". Como dice en su nota introductoria:

los "brillos" que surgen por las grietas que nos comunican con otras dimensiones, como en algunos sueños,

a la manera de los pintores fotorrealistas norteamericanos. Esta unión -que no fractura- entre lo onírico y lo real contribuye a la profundidad del lenguaje de una historia, en apariencia, trivial y común mil veces llevada a la canción o al poema y que en Brillante se parte en dos, Exterior e Interior, con tratamientos diferentes dados por los espacios en los que trascurre (la calle y la habitación de un hotel). Así, Exterior:

En el libro se percibe una historia de amor, una especie de argumento dentro de lo posible. Un hombre camina por las calles de una ciudad pensando en su amada y avistando esa otra realidad antes aludida. También reflexiona sobre el hecho social, y acaso político, que supone el vivir en una gran ciudad. Encuentra a la mujer con la que ha quedado -su amor- y los dos deambulan por los "secretos itinerarios" de las calles.

En Interior se poetiza el encuentro amoroso en la habitación del hotel y la soledad profunda en la que queda el hombre cuando la mujer se marcha.

En Brillante predomina la condensación del significado y la sucesión de imágenes entre la realidad y lo soñado que componen un mundo poético que va empapando al lector.

Espero que la aventura de esta lectura, que nos ocupará el mes de mayo, resulte apasionante.


Noticias de nuestras lecturas

Mª del Carmen Ugarte da sus primeros pasos en el poemario de Lobato. Aunque afirme su dificultad en este caminar, acierta plenamente en su interpretación: desamor, mundo urbano, influencias anglosajonas y colores... Excelente entrada.

Mª Ángeles Merino termina su comentario de Media vida, de Care Santos, lectura que nos ocupó el pasado mes de abril. Retoma su encuentro casual con las cinco protagonistas en el Espolón de Burgos y juega con la ficción incluyendo en su diálogo la presentación de la novela de Care Santos que tuvimos en el Museo de la Evolución Humana hace unos días... Para disfrutar.

Pancho sigue disfrutando y haciéndonos disfrutar de esta lectura minuciosa de La saga / fuga de J.B., que nos ocupó en el club hace meses. Me hizo caso, sin duda, cuando dije que esta novela es para disfrutar a pequeños sorbos. Aquí va de Paco de la Mirandolina a la lista de cosas, las grietas de las leyes físicas y los versos rítmicos tan paródicos y certeros de Torrente Ballester. Una gozada.

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Durante el resto del curso leeremos:
-Pasos en la piedra, de José Manuel de la Huerga (junio). Como es ya conocido, esta novela ha obtenido el XV Premio de la Crítica de Castilla y León, fallado el pasado día 8 en Ávila, lo que da mayor interés, si cabe, a su lectura.

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jueves, 27 de abril de 2017

Media vida como juego de géneros ante el lector y noticias de nuestras lecturas con anuncio de la próxima


Media vida plantea un interesantísimo juego de géneros al lector avisado que no estorba el hecho del interés argumental. El primer capítulo es un drama que podría haberse decantado por el terror o una historia oscura de venganzas. Los capítulos siguientes se trenzan entre el relato costumbrista, la novela sentimental de folletín, el relato político social de lo acontecido en España en los años que van de 1950 a 1981, la comedia teatral, etc. A algunos lectores les interesarán los misterios que se proponen y su resolución. Solo una novelista con el oficio de Care Santos puede resolver este planteamiento inicial de una manera tan eficaz para construir una novela que los enlaza y los supera a partir del cruce de las vidas de los protagonistas en un restaurante tras tres décadas sin verse.

Lo que más me ha interesado a mí de esta novela es, precisamente esto, cómo la autora no ha prescindido de la lectura argumental (todo lo contrario, la busca con respeto a buena parte de sus lectores habituales y los que buscan premios literarios como el Nadal) para saltar sobre ella y construir una narración que juega con algunas modalidades narrativas que suelen estar encorsetadas en sus características y reglas. Algunos lectores querrían que continuara una u otra (el relato dramático de lo que acontece a aquellas mujeres, la historia sociopolítica, la narración sentimental, incluso cierto aire almodovariano, etc.) pero esa no es la novela que ha escrito Care Santos, que ha sabido construir con inteligencia un novela de confidencias y vidas que camina hacia la comedia teatral o televisiva en la que alternan, de forma moderna -como en la vida misma- los sentimientos, las alegrías y las tristezas, el drama y la comedia, las coincidencias forzadas como recursos técnicos y la investigación histórica como memoria de lo acontecido, etc. A mí me gusta mucho este rasgo personal de la autora y, sobre todo, la resolución final, en la que se aleja de cualquier drama de imposible resolución o un ajuste de cuentas con el pasado para llevar la narración hacia la posibilidad del reencuentro y la empatía entre personas que han tenido vidas diferentes. Y aunque la novela termina, queda en la mente del lector la posible continuación de los años siguientes.

Noticias de nuestras lecturas


Como saben los seguidores de estas entradas del club de lectura, el pasado martes tuvimos la fortuna de reunirnos con Care Santos en el Museo de la Evolución Humana. El encuentro tuvo dos partes. En la primera, nos vimos varios clubs de lectura de Burgos exponiendo nuestras actividades y experiencias y, en la segunda, se presentó Media vida ante un público que intervino con ganas y la presencia de Óscar Esquivias, recientemente galardonado con el Premio de las Letras de Castilla y León y amigo personal de Care Santos. Se generó un ambiente de complicidad y cercanía entre todos. El relato de lo acontecido puede encontrarse, como siempre, en el blog de Mª Ángeles Merino, que me ahorra el trabajo.

Luz del Olmo termina su relato de internado, suscitado a partir de la lectura de Media vida y cuenta por qué el final de la novela de Care Santos le ha dejado algo insatisfecha.

Paco Cuesta, de una manera oportuna, relata la pregunta que planteó el martes pasado a Care Santos y su respuesta. Una pregunta sustancial para comprender la novela en gran medida.

Anuncio de la próxima lectura


Que Luis Ángel Lobato es un gran poeta, uno de los mejores poetas españoles actuales, con voz y personalidad propias, lo sabemos quienes conocemos su obra y, hasta ahora, nos guárdabamos el secreto como iniciados en una secta religiosa secreta. Y ya es hora de que deje de serlo. Luis Ángel Lobato escribe poesía desde siempre y sus publicaciones han ido esparciéndose a lo largo de su recorrido biográfico pero, especialmente, en los últimos años. Tras la publicación de la que quizá sea su obra más importante (Lámparas, 2010) dio a conocer su magnífico poemario ¿Dónde estabas en el fin del mundo? (2014), reseñado aquí. Ahora abordamos la lectura de Brillante (Madrid, Playa de Ákaba, 2016), que cierra lo que se puede entender como trilogía del desamor, aunque acaba de publicar Unos ojos en la travesía (2017). Sé que el reto puede ser algo difícil para aquellos que no están acostumbrados a leer poesía de esta calidad en mitad de la banalización del género que se da hoy en día, pero siempre resulta interesante y animo a los seguidores del club. Para ello pueden servir de guía mis comentarios en los próximos jueves.

Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos. 

Durante el resto del curso leeremos:
-Pasos en la piedra, de José Manuel de la Huerga (junio). Como es ya conocido, esta novela ha obtenido el XV Premio de la Crítica de Castilla y León, fallado el pasado día 8 en Ávila, lo que da mayor interés, si cabe, a su lectura.

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viernes, 13 de enero de 2017

Hace frío y releo


Hace frío y releo a Luis Ángel Lobato en Lámparas (Tansonville, 2010):

Parece que el frío
repercute
en el latente metal
de estas tardes.

He tenido que subirme el cuello del abrigo y encoger el mentón buscando la bufanda. Luis Ángel me hace caminar por Medina de Rioseco que es y no es la ciudad castellana, helada y vacía:

Me conducen
esos grumos de reflejos
a -7º C
hasta comprobar
que yo circulé
por lo más oculto
de su consistencia.

Da igual a donde nos lleve el poeta:

20 de enero de 1965:
toda la noche
estuvo nevando

Ajusto mi paso al suyo, que transita entre la realidad y el sueño o la ficción. El frío se atenúa por el recuerdo del amor que se hace presente como si se enciendiera de pronto una llama o por los pocos momentos de refugio. Hace frío y escarcha estos días por estas tierras, la cencellada cubre el paisaje de cristales blancos, tan certeramente mortales como hermosos. En ese filo en el que caminamos a veces, en busca de ese calor que nos refugie porque el mundo a veces se hace un camino despoblado e invernizo. Suerte, hermano, si lo hallas. Llévate esa chispa siempre dentro del pecho, hazla estrella para caminar en la intemperie. Pobre de ti si lo pierdes. Desgraciado si nunca tienes dónde calentar tu esperanza. Hiela estos días en estas tierras, con la hermosa exactitud del tiempo que cumple con su labor siempre:

Se trata de la edad.
Nos zarandea.

Hace frío. Hiela por las noches y al despertarnos el paisaje es tan hermosamente difícil que parece la vida.

martes, 17 de junio de 2014

Dónde estabas el día del fin del mundo, de Luis Ángel Lobato


Conocí a Luis Ángel Lobato (Medina de Rioseco, Valladolid, 1958) en los años ochenta en los pasillos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Valladolid, entonces en el edificio noble de esta Universidad. Él cursaba Filología Hispánica en una promoción anterior a la mía. Nos sirvió de enganche Ramiro F. Mayo. Durante un tiempo frecuentamos los mismos ambientes y con otros compañeros de estudios establecimos una tertulia literaria en algunos bares que hoy no pasarían una inspección sanitaria y llegamos a editar una revista literaria, Almueza. En aquel grupo también estaba Antonio Candau, recientemente fallecido en los Estados Unidos, en donde era profesor. Cuando terminamos la carrera perdimos el contacto físico aunque conservo alguna de las cartas que nos intercambiamos. Retomamos la amistad hace unos años, gracias a Diego Fernández Magdaleno, riosecano como él. Desde aquellos tiempos en los que lo conocí ha tenido clara su voz poética, que hace abstracción de lo vivido y que es a la vez -por eso mismo- íntimo y universal, una voz que trasforma en poesía casi de forma angustiosa el mundo, quizá para trazar un camino por el que atravesarlo, un mapa para comprenderlo o, al menos, tolerarlo. En 1992 publicó Galería de la fiebre, poemario al que siguieron Pabellones de invierno (1997), Regreso al tiempo (2003) y un extraordinario Lámparas (2010). En todos ellos el individuo se enfrenta a la soledad, a los efectos del desamor y a un mundo urbano en el que se muestra desorientado en busca de un hilo de sensaciones que lo hagan seguir adelante.

Publica ahora Dónde estabas el día del fin del mundo (Palencia, Cálamo, 2014), extraordinario título que me hubiera gustado poder robarle. Los veinticuatro poemas que componen el libro cuentan la historia del desamor que acompaña una biografía entera en medio de un paisaje invernal, un mundo devastado. No en vano una de las citas iniciales del volumen remite a La carretera de Cormac McCarthy, un libro cuya lectura le ha impactado al poeta tanto como para convertirse en una referencia implícita de un paisaje por el que se atraviesa tras una catástrofe que ha dejado al individuo en un tránsito continuo con pocos referentes a los que agarrarse salvo la memoria.

La primera mitad del poemario nace de experiencias vividas en un pasado al que se hace referencia explícita en lugares y años. Son retales de una vivencia que acompañan el presente de una manera que impacta al lector al dejarlo asistir a la objetivación presente de un recuerdo que ha atravesado el tiempo de forma dolorosa pero necesaria para la materia poética, de una memoria que viene a través del sueño para golpear al poeta en su presente: 

Anoche tuve el mismo sueño:
tú y yo nos besábamos
durante el nevado amanecer
del 6 de enero de 1984.

La forma de los poemas acompaña a los retazos traídos de forma tan convulsa al presente. En los versos reconocemos estructuras métricas pero combinadas de forma aparentemente anárquica para conseguir ese efecto de desasosiego que domina la mente del yo poético, como las referencias son a paisajes interiores, calles invernales y lugares en los que encontrar algo del calor necesario: 

Algo habita
en este bar cobrizo
con combustión de queroseno.

El recuerdo de lugares y fechas concretos se convierte en reflexión más interior en la segunda parte del poemario. Reflexión marcada también por la misma angustia que libera y estrangula y que permite caminar a pesar de la soledad y el recuerdo:

Pero a esta misma hora
te necesito. Contraigo
el síndrome
al borde de la carretera,
entre los ángulos inertes
de este crepúsculo fracturado.

Aún así el poeta se agarra a ese sentimiento amoroso porque es lo único que en verdad le conforma y le da razón de existencia, tal como se cierra en el último poema del libro con una serie de interrogaciones demoledoras:

¿Qué quedará de nosotros
cuando el amor se haya ido?
(...)
¿Qué será
de nuestra muerte cuando el amor
se haya ido?
¿Qué ensueños cultivaré
sobre los tejados azules
de la infancia?

Luis Ángel Lobato ha expresado en alta poesía ese sentimiento de desolación que se sufre cuando el desamor se ceba en nosotros y es el más fiel compañero de nuestra existencia.


Tomé la foto el pasado sábado día 14 de junio en la presentación del poemario 
en la librería A pie de página. De izquierda a derecha: 
Jesús Capa (que presentó el libro), Luis Ángel Lobato y Enrique Señorans (que sirvió de anfitrión).