El final de Don Quijote en Manhattan llega al apocalipsis. En un mundo inundado, don Quijote y Sancho son los únicos supervivientes. Recorren una ciudad vacía en la que todo son elementos simbólicos de esa apología moral que nos propone Marina Perezagua: los edificios vacíos, las calles por las que corren ríos de libros entre los que don Quijote busca un ejemplar de la Biblia, la falta de alimento y la forma en la que lo obtienen... Llegan así a un establecimiento de Ikea en el que el protagonista pretende grabar el nombre de su amada Marcela en madera y encuentra que todo es plástico y lo que parece madera no lo es en realidad. En un momento determinado, la única tierra firme en la que pueden ponerse de pie es una gran isla de objetos de plástico... El mundo entero se ha convertido en algo falso, nada natural. Don Quijote y Sancho vuelven a estar desnudos y, como anuncia el título del capítulo XXIII, la risa ha terminado.
No ha pretendido Marina Perezagua reescribir el Quijote, por supuesto, sino llevar sus personajes a un género en el que no están concebidos por Cervantes. Este siempre fue un defensor de la novela realista y Perezagua traslada a don Quijote y Sancho a un mundo alegórico que está ambientado en el nuestro, cosa que va acentuándose capítulo a capítulo. Un mundo confuso tanto en lo moral como en los valores cotidianos, en el que la comida no es comida ni la cultura es cultura ni las relaciones humanas lo son. Pero Marina Perezagua, tras el apocalipsis, propone una esperanza nueva, también alegórica hasta en la simbología icónica. La aparición de un hombre nuevo cuyo valor fundamental es el libro y entre ellos, el libro de libros, el propio Quijote. Marina Perezagua lleva el Quijote cervantino del que parte a propuesta de regeneración moral del mundo. Entre escenas costumbristas que van destapando las contradicciones de nuestro mundo.
No ha pretendido Marina Perezagua reescribir el Quijote, por supuesto, sino llevar sus personajes a un género en el que no están concebidos por Cervantes. Este siempre fue un defensor de la novela realista y Perezagua traslada a don Quijote y Sancho a un mundo alegórico que está ambientado en el nuestro, cosa que va acentuándose capítulo a capítulo. Un mundo confuso tanto en lo moral como en los valores cotidianos, en el que la comida no es comida ni la cultura es cultura ni las relaciones humanas lo son. Pero Marina Perezagua, tras el apocalipsis, propone una esperanza nueva, también alegórica hasta en la simbología icónica. La aparición de un hombre nuevo cuyo valor fundamental es el libro y entre ellos, el libro de libros, el propio Quijote. Marina Perezagua lleva el Quijote cervantino del que parte a propuesta de regeneración moral del mundo. Entre escenas costumbristas que van destapando las contradicciones de nuestro mundo.
Noticias de nuestras lecturas
Mª Ángeles Merino escribe su última entrada sobre la novela de Marina Perezaguas con un pulso que lleva a su pobre Austri a ser un sueño de un sueño. Una entrada que no te dejará indiferente y que te hará pensar sobre si el mundo tiene o no remedio...
No os debéis perder la entrada en la que Myriam Goldenberg -a la que ya se echaba de menos en este club de lectura- analiza y explica la simbología alegórica de la novela de Marina Perezagua y, sobre todo, lo relacionado con el agua.
No os debéis perder la entrada en la que Myriam Goldenberg -a la que ya se echaba de menos en este club de lectura- analiza y explica la simbología alegórica de la novela de Marina Perezagua y, sobre todo, lo relacionado con el agua.
Pancho continúa con el comentario de Niebla, que nos ocupó hace unas semanas. En su penúltima entrega comenta certero el carácter de Víctor y el pulso narrativo de Unamuno girando continuamente la narración. No os la perdáis. Después, llega al final de la novela. Y qué magistral su pulso unamuniano para aclarar las últimas páginas de la novela. E ilustrarlo magníficamente (en fotografías y audio).
Lecturas de los meses de enero y febrero
Como saben los más antiguos participantes en este club de lectura, todo nació con la primera lectura colectiva del Quijote que se ha realizado usando los recursos de internet (y que se puede consultar en este espacio como la única guía de lectura gratuita y en abierto de la novela completa). Cervantes fue el punto de partida y a él volvimos el curso pasado con una selección de sus Novelas ejemplares. Quedó pendiente la lectura de alguna más y por eso os prongo, para lo que resta del mes de enero, la de tres de esas maravillas cervantinas: La gitanilla, Rinconete y Cortadillo y La española inglesa. Por ese orden. El comentario, aquí, terminará el jueves 2 de febrero para acometer en ese mes la lectura de Patria, de Fernando Aramburu, uno de los éxitos editoriales de la temporada, celebrada de forma casi unánime como la mejor novela publicada en español en año pasado y una de las mejores de las últimas décadas. Os recomiendo que comencéis cuanto antes la lectura de este texto, dada su extensión y aunque atrape en la lectura.
No es difícil hallar buenas ediciones de las Novelas ejemplares cervantinas en el mercado. Por suerte, disponemos de muchas ediciones críticas dirigidas al público académico que pueden ser también usadas por los lectores no expertos y que están disponibles a buen precio. Estos textos son también accesibles en buenas ediciones electrónicas en abierto que pueden hallarse en el más que recomendable portal dedicado al autor en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes en este enlace.



