Mostrando entradas con la etiqueta Javier Dámaso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Javier Dámaso. Mostrar todas las entradas

martes, 16 de marzo de 2021

Poesía y mundo rural

 


La presencia del mundo rural en la poesía es permanente y universal. Hubo un tiempo en el que era el lugar natural del poeta. Después, cuando el ser humano se fue alejando del campo, el mundo rural en la literatura ha pasado por diferentes tratamientos, desde el desprecio en el habla y las costumbres rústicas, hasta su idealización en la poesía bucólica, en el mito o en la fabulación moderna. Son muchos los tópicos literarios que se asocian con este tema. Algunos, como el desprecio de corte y alabanza de aldea definen una época; otros una actitud ante la existencia, como el canto a la vida retirada.

El siglo XX ha significado, en España, el abandono del mundo rural y nuestros pueblos se han vaciado. Lo describió con exactitud Antonio Machado en 1912 en Campos de Castilla, libro cargado de ideología noventayochista, y la sangría ha continuado hasta nuestros días, en los que algunas comarcas son desiertos de población. La poesía acompañó la emigración y se hizo urbanita y hay poetas en los que no hay un solo atisbo de campo y en algunos críticos se observa un desprecio hacia todo lo que no huela a asfalto.

Desde los años sesenta ha aumentado la conciencia de la reintegración en la naturaleza, acompañando al ecologismo. Un puñado de poetas habían resistido y han servido de modelo para reparar al que hace unos años se puso nombre: la España vacía. Un nombre que ofendió a los que habitaban en ella y se ha derivado al más acertado España vaciada, un concepto que habla de una expropiación de un tipo de vida y que denuncia que la emigración se debió sobre todo a políticas industrializadoras acompañadas de una agresiva publicidad sobre una vida moderna basada en la urbanización de todo el territorio como concepto exclusivo y a la falta de interés político para aplicar medidas que solucionaran el abandono de los servicios públicos y mejoraran la dureza del trabajo en el mundo rural. A modo de ejemplo, aún no hay un tejido de comunicaciones digitales eficaz, se han cerrado líneas férreas y de autobús que vertebraban la vida en muchos pueblos, falta una política sanitaria y educativa en las zonas rurales, etc.

Ahora se ha definido el redescubrimiento del mundo rural en la poesía española como neorruralismo. Una etiqueta en la que se engloba por igual a un grupo heterogéneo de poetas que no tienen en común más que el hecho de que buena parte de su obra trate del mundo rural. La denominación, como otras similares, fracasa desde su origen, pero ha servido para que muchos se den cuenta de que existe una corriente literaria que nunca ha abandonado el campo, otra que regresa a él y al pueblo y también para que algunos poetas redescubran que es posible escribir sobre este tema sin avergonzarse.

Sobre estas y otras cuestiones tratarán las IV Jornadas de Poesía en Valladolid coordinadas por el poeta y profesor Javier Dámaso en el seno del programa Valladolid Letraherido, con la colaboración de la Universidad de Valladolid, y que ocuparán mi tiempo hasta el próximo viernes.

Como el tema y los poetas y ponentes que pasarán por ella me parecen de gran interés, dejo aquí el programa y actualizaré esta entrada cada día con el enlace al vídeo correspondiente de cada día.

  • Hoy martes 16, ha tenido lugar la inauguración y la sesión Poesía en vivo (I), en la que han intervenido los poetas Gloria Rivas, Sergio Fernández Salvador y Carmen Madreña Roja, esta última autora de la instalación que puede contemplarse en el jardín de la Casa de Zorrilla. Este es el enlace para ver la grabación del vídeo: https://fb.watch/4gQ3x0aGC0/
  • El miércoles 17, se ha realizado un merecido recuerdo y homenaje al Grupo Relieve de Valladolid. Un conjunto de escritores e intelectuales agrupados en torno a la librería Relieve de la ciudad que sostuvo la literatura de primera línea en la ciudad en tiempos muy difíciles. Han intervenido Cristina Rodríguez Vela, Fernando Herrero, Pablo Torío e Irene Rodríguez, repasando la historia de las aportaciones del grupo, su valor y los recuerdos personales. Aquí dejo el enlace a la grabación del vídeo (presenta algunos problemas de sonido durante unos minutos): https://fb.watch/4i6yNzV1-T/
  • El jueves 18 no pudo asistir Olga Novo por enfermedad, por lo que la sesión se centró en las intervenciones de los poetas Josep M. Rodríguez y Julio Espinosa Guerra y un sustancioso diálogo final entre ellos y Javier Dámaso y yo mismo, que ejercíamos de moderadores. Aquí os dejo el enlace al vídeo: https://fb.watch/4k26h-J2GA/





lunes, 15 de junio de 2020

Del desamor y de las furias, de Javier Dámaso


Javier Dámaso (Valladolid, 1964) es un poeta de interesante y creciente trayectoria, que abarca desde la poesía más experimental a la más comprometida social e ideológicamente, como se aprecia en títulos como La edad de hierro (2014), Incluso sin palabras (2015), Viajero inmóvil (2017) o el que hasta ahora es la obra clave para explicar su quehacer poético, El ángel de la tempestad (2018), magníficamente editado por Páramo editorial. Recientemente ha visto la luz un antiguo proyecto suyo, Objeto para destruir, su primer libro de poemas escrito, publicado por la Universidad de Valladolid (2019). Profesor de Derecho en esta Universidad, es constante su dedicación a la promoción cultural, como demuestran las Jornadas de poesía en Valladolid que organiza o su permanente amor por el arte dramático.

Del desamor y de las furias es el libro más personal de este poeta. En él se halla el dolor de la experiencia amorosa convertida en desamor partiendo de referencias míticas como las furias que se hallan en el mismo título. Son claves explicativas las alusiones a otros mitos de la antigüedad grecolatina como Ticio, Prometeo, Sísifo, Ixión que se encuentran tanto en las citas de apertura (Virgilio, Jáuregui, Cervantes) como en el texto. Estos personajes han sido devastados por las pasiones y por su osadía contra los dioses y las costumbres sociales y castigados: a Ticio y Prometeo buitres, serpientes o águilas les devoran el hígado durante toda la eternidad; a Sísifo se le condena a arrastrar una enorme roca cuesta arriba una y otra vez, en una labor desesperadamente estéril y repetitiva; Ixión es atado con serpientes a una rueda ardiente en constante movimiento. Algo así es el efecto del desamor.

Javier Dámaso traduce esa devastación en una expresión muy personal (ese tono personal es uno de los logros más importantes de este libro) a partir de elementos muy concretos, reales y hasta cotidianos, con lo que consigue alcanzar con acierto una de las claves de la literatura, la universalización del sentimiento, de lo vivido. Todos los que hayan amado y sufrido el desamor, pueden reconocerse en esos versos.

El libro se estructura en dos secciones: Vegetal desamor y Del tiempo de las furias. En la primera se construye la realidad a partir de la dualidad constante temporal (antes/ahora), espacial (dentro/fuera) y moral (la naturaleza y la vida anterior/la ciudad pequeña de provincias). Por una parte, la geografía urbana de su ciudad en un tiempo anterior, pero también presente (Valladolid es reconocible en los versos), que se divide constantemente en intramuros y tras el cercado, desvelándonos la imagen de una ciudad provinciana en la que aparentemente nunca ocurre nada:

Intramuros,
la ciudad serpenteaba
entre el agua
de la Esgueva.
La vida, el orden,
el poder,
la Iglesia.

A la concreción en la descripción poética de la ciudad le basta con la enumeración para levantar la impresión que se nos quiere trasmitir con éxito expresivo:

Casas, gentes,
perros, gatos,
vagabundos.

Más allá está el resto del mundo:

Tras el cercado,
el mundo
volaba siempre
sin el dominio
absoluto
de la ciudad.

Es en ese lugar en donde la vida se asocia con la naturaleza, como se verá en algún poema que nos describe una vida anterior que el poeta no logró alcanzar, pero conoce por la memoria familiar. A partir de ahí el libro salta hacia la construcción del amor como una madreselva que cubre al que ama pero también lo atrapa y el poeta se pregunta cómo será el desamor. A responder a esta inquietante pregunta se dedica la segunda sección del poemario, con un intenso ritmo versal que se corta para trasmitir la intensidad de lo sentido, de lo sufrido, desde los dos primeros versos de apertura:

La vida
era un desgarro.

El desamor se expresa aún más intensamente que el amor con cosas y situaciones concretas, gestos cotidianos y objetos. También con el silencio -una constante del dolor-, y lo negado, desde las palabras, un viaje nunca realizado a Estocolmo o la ausencia de contacto:

Ni la caricia,
ni el abrazo.

La consecuencia es inevitable:

Una casa en ruinas,
inundada,
anegados los suelos,
y por decoración,
goteras y verdín.
Los charcos
como lecho.

Del desamor y de la furia es un libro que se adentra en el dolor más intenso que provoca una ruptura amorosa y lo hace con la sequedad expresiva de un verso que corta la respiración, no se permite ningún proceso fácil de la emotividad a la que son tan dados otros poetas y consigue el efecto buscado de golpear al lector haciéndolo partícipe de lo sentido.

La primera edición del libro se debe al personalísimo proyecto editorial Ejemplar Único de Gabriel Viñals, la colección Poética y Peatonal que ya cuenta con 81 títulos. Consta de 25 ejemplares numerados y firmados por el autor y el editor más otros cinco como Prueba de Autor. Se acompañan de 25 obras pictóricas originales de Viñals sobre textil. Javier Dámaso prepara ya una segunda edición en la editorial Páramo que se publicará en los próximos meses.

(Esta crítica pertenece a la serie interrumpida por la pandemia y el confinamiento de la población que hemos sufrido y que retomo ahora.)

jueves, 16 de abril de 2020

Qué nos reserva el futuro


Hoy también ha llovido y, como ayer, después de la lluvia la luz lo ha inundado todo. Está la tierra lavada, la primavera suelta y la naturaleza más libre. He querido desentenderme de las noticias, que podré oír, matizadas, ampliadas o corregidas mañana. Aun así, me han llegado las recomendaciones para adaptar la docencia presencial al formato virtual en el ámbito universitario. Encuentro en todo un vacío: ¿qué pasará en el próximo curso? Por teléfono, para otras cuestiones, hablo con mi amigo, poeta y profesor universitario Javier Dámaso Vicente y charlamos un rato sobre esto. A pesar de que todo debe aparentar normalidad, la pregunta hoy es si podemos ignorar los riesgos que corremos si no nos preparamos suficientemente para que el próximo curso  escolar pueda comenzar de forma virtual, arbitrando todas las medidas y adecuando ya nuestras guías docentes y programas. Quizá no tengamos ya confinamiento, pero sí permanecerán muchas de las medidas que evitan las concentraciones y reuniones en espacios cerrados.

Me sorprende la manera en la que unos atacan las decisiones de otros cuando allá donde gobiernan los de los unos toman las mismas medidas que los otros antes o después. No veo que se haya aceptado que estamos en un tiempo en el que las antiguas formas de oposición política y de gobierno han cambiado. O deberían hacerlo. Saldrán más rápido y mejor los países que lo entiendan sin menoscabo de las bases democráticas de una sociedad. Si abundara la salida mala de esta crisis, aunque solo fuera por un pequeño tiempo, la civilización actual se entregaría a la catástrofe. Ya ha ocurrido antes.

Sobre lo anterior, releo un libro de J. Ferrater Mora, Las crisis humanas (es una selección de El hombre en la encrucijada, que no tengo aquí, publicada en 1972). Plantea cuestiones bien interesantes para nuestro tiempo, que hemos olvidado por el gran crecimiento que hubo en el mundo desde los años ochenta hasta principios de este siglo. Tras plantearse la dualidad entre progreso material y progreso moral, se pregunta: 

¿Cabe integrar en formas de vida material y moralmente más elevadas a sociedades cada día más vastas y, en último término, a la sociedad entera? ¿Es el hombre un ser capaz de renovarse y mejorar indefinidamente, o es una "mala bestia" cuya historia ha sido, es y será un tejido de insensateces y crueldades? ¿Nos reserva el futuro catástrofes sin cuento, alentadoras perspectivas o una mediocridad enfadosa?

Todo lo humano, dice Ferrater Mora hacia el final del libro, es una espada de dos filos. Lo que conviene es procurar que solo el filo mejor penetre por el futuro. 

Seguiré leyendo unos días más este libro. En estos días es normal que el presente sea lo urgente, sobre todo en los casos individuales de aquellos que vivan en la angustia o que se encuentren luchando en primera línea contra la epidemia, pero el resto no debemos caer en el despotismo del presente, que es un tiempo frágil, engañoso e inexistente por sí mismo. A mi edad, veo el mundo desde un páramo elevado. No sé lo que me resta de vida, quizá me lleve por delante este virus o quizá tenga aún un buen puñado de años que me permitan ver los cambios que vendrán, quizá después de unos años convulsos, pero yo solo podré contribuir ligeramente al futuro, que es siempre cosa de los más jóvenes, ¿pero qué piensan los jóvenes sobre lo que está ocurriendo?

Vuelve a llover cuando redacto esto. ¡Qué hermoso otoño tendremos!

miércoles, 15 de marzo de 2017

De Aranda de Duero a Sevilla pasando por el Pisuerga


Salgo de viaje. Mañana jueves día 16 de marzo me encontraré en la librería Bayo de Aranda de Duero (Burgos) a las 20 hs. junto a Ape Rotoma. Ape ha nacido y vive en Aranda. Es autor de dos libros que tienen su merecida posición en la poesía española de carácter urbano que afronta la vida y la experiencia artística desde la realidad más cotidiana. Acaba de reeditarse su primer poemario, 149 PCE y Mensajes de texto y otros mensajes es un libro que va teniendo aire de clásico dentro de esa línea poética. A Ape Rotoma lo conocí personalmente en Olmillos de Sasamón hace un par de años, en las jornadas poéticas que allí se celebran todos los veranos y en la que los asistentes somos tratados con tanto cariño que repetimos siempre que nos es posible, y nos volvemos a ver ahora. Es evidente que la poética de ambos es diferente pero por eso me resulta más interesante este encuentro porque la poesía debe buscar el diálogo y ofrecer un ábanico múltiple de posibilidades. No soy de los que encierran lo poético en una voz única y en normas. Como dice el cartel que anuncia el acto, Poesía entre amigos. El tercer amigo es Tinín Bayo, el librero, lo que ya define a este hombre inquieto, impulsor de la cultura en Aranda y tantas otras cosas. El acto termina con la posibilidad de recitar por quien desee hacerlo.

En la librería Bayo presenté el 29 de junio de 2013 Esguevas, en compañía de mi querido amigo y autor de las fotografías de ese libro, Javier García Riobó, y ante un público atento que llenó el local. El trato de Tinín Bayo fue tan cariñoso que siempre he querido volver por allí, pero no pude hacerlo ni con Echo al fuego los restos del naufragio ni con piel, que llevo ahora. Ser librero -librero de verdad- en una localidad pequeña se asemeja mucho a ser una institución que debe protegerse y alentarse. En tiempos de grandes superficies y librerías virtuales entrar en uno de estos espacios culturales en una localidad del tamaño de Aranda es encontrar el sosiego suficiente para detener durante unos minutos la velocidad de la vida.

Después de Aranda bajaré a Salamanca y a Béjar, para encontrarme con amigos y con la sierra. Allí daré un abrazo muy fuerte a Luis Felipe Comendador, que está mimoso. No sé si me dejará ver las pruebas de imprenta de la antología de su poesía que se publicará en las próximas semanas y que era tan necesaria como justa. De todas las formas, hablaremos de poesía y del mundo, no importa el orden.

Y la próxima semana en Valladolid en el magnífico ciclo organizado por Javier Dámaso sobre Poesía en Vallladolid. Presento y modero la mesa de las 19:30 del miércoles 22, con Belén Artuñedo, Angélica Tanarro y Mario Pérez Antolín.


No terminan ahí mis quilómetros de estos días. El miércoles 23 estaré en la presentación oficial de los actos que conmemoran en Sevilla el bicentenario del nacimiento de José Zorrilla a través del convenio firmado entre la Casa Zorrilla del Ayuntamiento de Valladolid y el Círculo Mercantil e Industrial de Sevilla, del que soy coordinador académico.

Os pido disculpas si no tengo el suficiente sosiego para actualizar el blog durante estos días.