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jueves, 3 de marzo de 2016

Andarás perdido por el mundo, de Óscar Esquivias y noticias de nuestras lecturas.


Andarás perdido por el mundo de Óscar Esquivias (Burgos, 1972) contiene catorce cuentos ya publicados por su autor con anterioridad (desde el año 2010 hasta el 2015), recogidos aquí en un volumen armonioso y cuidadosamente editado (qué magnífica la fotografía de Asís G. Ayerbe en la cubierta) tras corregirlos. Era necesario. La dispersión de estos relatos y alguno de los lugares de publicación los hacían inencontrables para el lector no especializado. Por otra parte, puestos en limpio y ofrecidos juntos ofrecen un aire común en cuanto a los personajes, el estilo y la temática que viene bien al conjunto dotándolo de una complicidad que agradece quien los lee. Los lectores habituales de Esquivias reconocerán al autor en cada uno de ellos: personajes un tanto desorientados que no viven esta condición como tragedia personal necesariamente, un uso del idioma brillante, giros argumentales sorprendentes pero bien preparados en la arquitectura del cuento, un ritmo muy cuidado en el planteamiento, espacio para lo que no se dice en el texto como parte sustancial de los relatos, cierto componente biográfico de todo un sector generacional de España, el amor por la música. Y un elemento que casi es un sello del autor y que no suele prodigarse en los narradores españoles: el humor.

El volumen se cierra con una Nota del autor clarificadora. En ella nos da la raíz del título, una cita bíblica que hace referencia a la maldición que Yavé dejó caer sobre Caín tras matar a Abel y negarlo: Andarás errante y perdido por el mundo o errante y vagabundo sobre la tierra, según las traducciones  (Génesis 4.12). Yavé condena a Caín a vagar por el mundo, pero no lo fulmina y protege su vida. La historia sagrada es bien conocida. Caín se refugia en el país de Nod, al oriente del Edén, y allí nacen sus descendientes. En el fondo, la humanidad tiene ese rasgo cainita y puedo llevarlo como drama permanente o como oportunidad de un cierto renacimiento. Hay muchas interpretaciones sobre el significado del pasaje pero a mí siempre me ha interesado esa condición de desterrado del ser humano. El arte y la literatura lo ha tratado muchas veces y de muchas maneras y a esa línea en la que están Demian de Herman Hesse, el motivo usado por Antonio Machado en su obra o Caín de José Saramago, se incorpora ahora Esquivias con sutileza y humor. El autor no ve en esa maldición divina un castigo sino una oportunidad, casi una definición de sí mismo: 

siempre me ha gustado perderme y andar a mi aire por el mundo.A menudo pienso que mi casa podría estar en cualquier sitio y es raro que visite un lugar en el que no me imagine feliz viviendo allí para siempre, da igual que sea un pueblo de la Bucovina, una colonia periférica de la Ciudad de México, la calle 3-34 de Gamonal, una colina de Estambul o la Via Garibaldi de Turín: hasta un submarino o una cápsula espacial me parecen lugares atractivos y perfectamente habitables (siempre que tengan libros y música, claro).

Y mucho de eso hay en los relatos que componen este libro, ambientados en diferentes partes del mundo. Es la línea vertebral que construye un volumen dándolo a la vez unidad y variedad, cosa no siempre fácil en este tipo de colecciones.Óscar Esquivias es uno de los autores de cuentos más interesantes del panorama español, con un estilo muy personal y reconocible. Sus dos anteriores libros de relatos (La marca de Creta y Pampanitos verdes) llamaron merecidamente la atención tanto de la crítica como del público.

Los más antiguos seguidores de este Club de lectura saben que, desde que leímos y comentamos aquí la trilogía dantesca (Inquietud en el Paraíso, La ciudad del Gran Rey y Viene la noche), nos habíamos prometido regresar a él en cuanto fuera posible. Al final de la lectura tendremos un encuentro con el autor en Burgos abierto a todo el público, previsiblemente en la tarde del jueves 31 de marzo. Informaré oportunamente. Mientras tanto, durante los próximos jueves comentaremos aquí las cuestiones esenciales de estos relatos. Que no son catorce, en realidad, sino quince, porque en la citada Nota del autor Esquivias nos regala un breve cuento que explica y cierra todo el conjunto de forma brillante y que invito a los lectores a no perderse.

Noticias de nuestras lecturas

Aviso a los lectores: alguna de las entradas que aquí relaciono cuentan con la intervención de Óscar Esquivias en suculentos comentarios.
Pancho comienza el comentario de la obra alabando -y con razón- el volumen como objeto agradable desde la fotografía de la portada -extraordinaria, obra de Asís G. Ayerbe- y el tacto del papel. Después pasa al primero de los cuentos, Ismael, en el que aprecia trazo cervantino y valentía del autor para dejar desde el inicio claros los focos del libro.

Luz del Olmo narra cómo asistió a la presentación madrileña del texto y deja reflejo fotográfico de la dedicatoria. Seguro que se atreverá comentando alguno de los relatos. Ya lo hace con el título de la colección.

Mª Ángeles Merino nos da todo lo necesario para arrancar con ganas este libro: enlace con la lectura anterior, resumen de la presentación en Burgos del volumen y primeros comentarios sobre los hilos de continuidad y los matices de los catorce cuentos. Más no se puede pedir.

Myriam Goldenberg hace un exquisito y completo comentario del primero de los cuentos, Ismael. De absoluta y recomendable lectura.

Mª Luz Evangelio se estrena en nuestro club de lectura con el comentario del primer relato del volumen con todo el acierto porque pone las preguntas en los elementos esenciales de la estrategia narradora del autor.

Mª del Carmen Ugarte nos regala una pieza maravillosa, entre crónica de la presentación en Madrid y análisis de la personalidad de los presentadores y el presentado. No os pedáis esta entrada de ninguna manera...

Recojo en estas noticias las entradas que durante la semana han publicado los blogs amigos. El listado de lecturas para lo que queda de curso, en este enlace.

lunes, 9 de marzo de 2009

Todos los teatros tienen secretos. En el secreto Alcázar, de Óscar Esquivias y Asís G. Ayerbe.


Que los teatros tienen secretos es un hecho sabido por aquellos que hemos pisado los rincones más alejados del escenario, en el que todo aparenta un mundo en el que triunfa o naufraga la ilusión. Alguna vez me he despertado, por la noche, en medio de una pesadilla en la que recorría pasillos estrechos en los que se abrían puertas de camerinos, como bocas que susurraban ensayos apresurados de última hora, miserias de cómicos que se habían jugado sus últimos recursos en la compra de un esmoquin como quien lanza su vida a la ruleta rusa, sueños de meritorias que se dejan seducir con promesas de papeles.

Que todos los teatros tienen secretos lo gritan los crujidos de las tablas y de los cimientos, el polvo acumulado en los telones y en los desvanes, las miradas de los rostros de carteles avejentados.

Óscar Esquivias y Asís G. Ayerbe han escrito un gran libro con algunos de estos misterios: En el secreto Alcázar. Las fotografías de Ayerbe recorren los lugares del Teatro Alcázar, centro del libro, y desvelan que hasta la arquitectura es parte de la escena. En algunas de sus imágenes se ha detenido el tiempo y bastaría un pequeño esfuerzo para pensarse un principiante de hace décadas o un gran actor de hoy en día dispuesto a abrir las ventanas para que entre la luz hasta las últimas estancias. Pero siempre habrá una en la que lata todo lo vivido y representado: la fusión de la realidad y lo fingido. Asís ha llevado al mito dramático los objetos más cotidianos.

Esquivias publica en el volumen cuatro relatos que son piezas maestras: El chico de las flores, El técnico de sonido, La limpiadora y El hijo de la modista. Los cuatro tienen en común que se construyen como monólogos dramatizables que caracterizan a los personajes que los pronuncian.

Todos ellos tienen relación con el teatro: el chico de las flores es un estudiante de Filología hispánica que reparte flores a las actrices que estrenan en el Alcázar y que tiene algo de canalla y romántico; el técnico de sonido del teatro es un hombre que vive marcado por su padre y se ve preso en un círculo que parece condena; la limpiadora del local teatral es una mujer en la que el teatro se sublima para dar algún sentido a su vida cotidiana; el hijo de la modista que trabaja para las compañías es un eterno perdedor que no podrá escapar nunca de su destino.

Qué personajes estos cuatro que nos hablan. Inolvidables.

Qué gran libro esta pequeña joya, que tiene las dimensiones justas para la palma de la mano: para llevar en ella una obra maestra.

martes, 2 de septiembre de 2008

El arte en la palma de la mano.


En esta época, que tanto gusta de los grandes espectáculos y los millonarios presupuestos para actos efímeros, subvencionados y correctos, cada vez con mayor empeño vuelvo la mirada a las pequeñas cosas, al resultado artístico que cabe en la palma de la mano. O que me habla como si la intimidad se hubiera desvelado para ese justo momento de la recepción individual: es mi encuentro.

He asistido a tantos grandes momentos cantados como irrepetibles y grandiosos que ya mis oídos difícilmente captan el decibelio de más que intentan a través de la electrónica. A veces, los que encargan estos espectáculos y los artistas que se han especializado en ellos, nos tratan como si todos tuviéramos cinco o seis años. Lo que no está del todo mal de vez en cuando, pero al final siempre uno acaba cumpliendo la mayoría de edad. Quizá no todos.

Al comienzo del verano, Óscar Esquivias me remitió un libro que ha publicado junto a Asís G. Ayerbe: Secretos xxs. El volumen cabe en la palma de la mano. Cada hoja contiene puro arte: una fotografía en blanco y negro de Asís y un título de Óscar que la aclara, juega con la imagen o se la adjunta de forma sutil, no exenta de humor. Imágenes y palabras son excepcionales.

No puedo describir aquí cómo este libro me ha acompañado parte de estos días y cada vez que lo abría, al azar de las páginas, era distinto y me hablaba.

Sólo aquellos que aun no hayan destruido ni sus sentidos ni sus emociones podrán degustar esta obra, que sin pretender nada lo es todo y nos dice a cada uno una invitación o un recuerdo con la imagen y la palabra, de las que surgen, en el cerebro, sinestesias. Sé de lo que hablo, pero éste es un secreto que no puedo compartir con nadie.

viernes, 11 de abril de 2008

Cena y fuegos artificiales


Ayer, en el bar Ancón de Valladolid, uno de esos pocos locales que se han salvado de la despersonalización y conservan la estética de los años cincuenta y que es peculiar en casi todo, cené con Óscar Esquivias, que anda de gira cumpliendo esa faceta, hoy obligatoria en todo escritor, que es la presentación y divulgación de su obra. Como los actores o los directores de cine, los meses siguientes o previos a que salga un nuevo título, son de continuo trajín que aleja del trabajo cotidiano y provechoso. De eso hablamos también (además de mucha literatura), de cómo puede influir en la vida de un artista esta parte que no solemos apreciar. Los dos comprendíamos que se impongan muchas veces la tarea de decir que no sistemáticamente a ofertas de conferencias, charlas o entrevistas a pesar de que quien invite se pueda molestar. Habría escritores que no se dedicarían a otra cosa, aunque muchos de estos que están continuamente de gira y participan con asiduidad en los medios de comunicación tampoco están presentes cuando se redactan sus textos. No es nuevo. Se cuenta de Dumas padre que se encontró con su hijo (evidentemente, Dumas hijo) y le preguntó si había leído su última novela, a lo que éste contestó:
-Yo no, amado padre, ¿y usted?

Fue una cena tranquila y de conversación agradable. Óscar me ha pedido presentar su próximo libro en la Feria del Libro de Valladolid, el día dos de mayo.
De paso, me trajo un regalo hermoso: Fuegos artificiales, un volumen agradable compuesto por láminas, publicado por la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Mérida en este año de 2008. Se trata de una selección de textos suyos, ya publicados, con un excelente poema venatorio e inédito, En la Biblioteca Nacional. El volumen se ilustra con excelentes fotografías -véase, como ejemplo, la de la portada- de otro gran artista de estas tierras: Asís G. Ayerbe que recientemente ha estado embarcado en la serie Camino del Cid (de la que salió un libro de fotografías muy recomendable) y que siempre sorprende en todo lo que hace. En cuanto Óscar me puso encima de la mesa su libro me acordé de que aun no había agradecido a Asís el envío de [interail], su magnífico libro de fotografías publicado en Burgos por Los Duelistas en el 2007. No tengo perdón, Asís.

martes, 30 de octubre de 2007

Premio de poesía y relato breve de la UBU y Ortega Gasset esquinado.


Esta tarde nos hemos reunido los miembros del Jurado de los Premios de poesía y relatos breves de la Universidad de Burgos. Ha sido un tiempo muy agradable compartido primero con Luis Delgado (Vicerrector de Estudiantes y Extensión Universitaria) y Carlos Lozano (factótum de la cultura de la UBU), amigos ambos de hace tiempo, y luego con Pedro Olaya y Asís González Ayerbe, con los que terminé tomando algo en la cafetería. Nos facilitó todos los trámites, con su habitual eficacia, Juan de la Cruz, secretario del Vicerrectorado. El fallo se hará público en breve.
La conversación con Pedro y Asís es agradable y de profundidad artística. Ambos están embarcados en ese interesante empeño de Los duelistas.
Los jóvenes siguen persiguiendo la escritura, como siempre. Pero, ¿qué se hace en la literatura joven española actual? ¿Son significativos los textos presentados al certamen de las nuevas marcas estéticas o sólo repiten lo ya asentado? Es una pregunta eterna. Ortega, en La deshumanización del arte también se la hacía, distinguiendo entre arte nuevo y arte viejo -como lo hizo con la política-. Si le quitáramos a este magnífico volumen el concepto metodológico de la sociología según la entendía Ortega, nos quedan guiños muy válidos incluso en estos tiempos en los que ya se ha superado la dicotomía orteguiana entre arte de masas (decimonónico o humano) y arte de minorías (deshumanizado o arte artístico, para entendernos). ¿Qué pensaría Ortega de haber vivido en una época en la que el diseño, la divulgación del producto artístico de minorías hasta en la ropa, el calzado y las vajillas, su democratización y las nuevas fronteras del arte -del pop a Internet- han dinamitado los principios en los que en buena manera se inspirara? Son cosas de la postmodernidad que no intuyó Ortega, tan imbuido de su tiempo.
Pero Ortega sí ejemplificaba con eficacia de cirujano de precisión. Decía que el verdadero artista, si mirara por una ventana no vería el paisaje, sino el vidrio. Para ello hace falta pulirlo, como se debe pulir insistentemente la obra literaria. Incluso para luego enlodarlo si llegara el caso. Y otra cosa: hay que practicar la musculatura. A escribir se aprende sumando la lectura constante y atenta y la escritura diaria y trabajada. No hay otra forma.
Suerte a estos jóvenes que comienzan.