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jueves, 12 de febrero de 2015

Sobre literatura femenina para comenzar Entre visillos de Carmen Martín Gaite y noticias de nuestras lecturas.


Con Entre visillos de Carmen Martín Gaite, el Premio Nadal puso definitivamente en 1957 un debate en la realidad cultural española: ¿existe una literatura femenina? ¿Existe una forma de narrar diferente cuando el autor es un hombre o cuando es una mujer?

El Premio había comenzado su andadura en 1944, con Nada de Carmen Laforet (que hemos leído también en este curso). En años sucesivos se otorgó a Viento del Norte de Elena Quiroga (1950), Nosotros, los Rivero de Dolores Medio (1952), Siempre en capilla de Lluïsa Forrellad (1953). En 1969 se dio a Primera memoria de Ana María Matute. Curiosamente, tras provocar ese debate, no se volvería a otorgar a una mujer hasta 1981 (Cantiga de Agüero de Carmen Gómez Ojea). También se haría esperar el premio para Azul de Rosa Regás (1994) y a partir de ese momento es más regular: Lucía Etxebarria por Beatriz y los cuerpos celestes (1998), Ángela Vallvey por Los estados carenciales (2002), Maruja Torres por Esperadme en el cielo (2009), Clara Sánchez por Lo que esconde tu nombre (2010), Alicia Giménez Bartlett por Donde nadie te encuentre (2011) y Carmen Amoraga por La vida era eso (2014). Curiosamente, entre los finalistas solo hay seis nombres de mujeres.

Hoy el tema ha dado lugar a cientos de artículos, debates académicos, declaraciones provocativas en uno u otro sentido e incluso a un cierto hartazgo a la hora de abordarlo. De hecho, lleva años sin aparecer en los medios de comunicación y la mayoría de los que hacen declaraciones en este sentido -hombre o mujer- niegan las diferencias. Pero en aquellos años el debate sí estuvo en primera línea y, sobre todo, debido los fallos del jurado del Premio Nadal desde su inicio hasta 1969. El concedido a Carmen Martín Gaite fue la confirmación de que algo estaba ocurriendo en este sentido.

La creencia de que haya formas de narrar (o escribir poesía o teatro) diferentes entre hombres y mujeres es eso desde el punto de vista teórico: una creencia, no una realidad. No hay forma de distinguir entre lo que escribe una mujer y un hombre. Ni siquiera por el género en el que se expresa el poeta o el narrador. De hecho, hay manifestaciones literarias puestas en boca de mujer cuya voz femenina está seriamente cuestionada (por ejemplo, las jarchas), de la misma manera que muchos escritos de la Pardo Bazán no responden a la visión femenina tal y como se suele hacer.

Sin embargo, desde el punto de vista de la realidad social e histórica y de la oportunidad del planteamiento en algunos momentos concretos, no sucede así. En sociedades en los que los espacios públicos y las manifestaciones sociales se dividen tajantemente entre lo masculino y lo femenino, la aparición de la escritura realizada por mujeres aporta ángulos de visión a los que, por educación y costumbres sociales, no suele prestar atención el hombre. En algunos casos esto no es intencionado, sino producto de convenciones sociales, educación sentimental y roles tradicionales que no se cuestionan o no pueden cuestionarse y que en muchas ocasiones provocan formatos castradores a la hora de expresar las emociones o la ideología. Hasta el siglo XIX era frecuente que cuando una mujer escribía de temas tradicionalmente reservados en la sociedad para el hombre, se la denominara -como elogio- varona. No hay que decir que es un elogio que resta condición femenina a la escritora, por supuesto. Se era mucho más cruel con los hombres que escribían sobre las emociones de una manera convencionalmente femenina. Supóngase, además, el impacto de todo esto para la escritura de homosexuales o lesbianas que debieron durante siglos esconder su sexualidad y evitar ciertas maneras de escritura que pudieran significarlos.

En España se venía de una situación diferente Durante la II República, la igualdad de la mujer y el hombre en todos los campos había progresado mucho y en poco tiempo, aunque no se hubiera conseguido del todo en la práctica. En los años treinta apareció un nutrido grupo de científicas, profesionales de todo tipo y escritoras que ocuparon sin ningún rubor la primera fila de la cultura española. La Guerra civil y la dictadura de Franco terminó brutalmente con todo esto e implantó un modelo social en el que la mujer quedaba confinada a determinados espacios y su visibilidad cultural era muy difícil.

De ahí la trascendencia de que el Premio Nadal pusiera el acento, desde su primera convocatoria, en la literatura escrita por mujeres. Supongo que a estas alturas no seremos tan ingenuos de pensar que todo sucede de forma inocente. Aunque no se trate del Premio Planeta -el Nadal ha pasado recientemente a la órbita de Planeta y ha copiado los mismos modelos de actuación que la casa madre-, el Nadal optó por un tipo de literatura que apostaba por nombres nuevos y jóvenes y, especial y significativamente, por la literatura escrita por mujeres que planteaban precisamente eso, los problemas y circunstancias de las mujeres en la postguerra española. En la opción pesaría un poco de todo: innovación rupturista y valiente, cierta forma de oposición a la moralidad oficial del régimen, conciencia de que había que promocionar lo que en cultura estaban realizando las mujeres españolas cuya situación era peor para competir con lo que escribían los hombres y -por qué no- la búsqueda de un sector de público hasta entonces poco atendido por las editoriales de prestigio -el de la mujer que quiere leer novelas de calidad que le hablen de sus propios problemas y no reducirse a las novelas sentimentales de quiosco.

Con esto, el Premio Nadal no solo hacía justicia sino que promovía inteligentemente un tipo de escritura de mujeres novelistas que ponían encima de la mesa a través de sus obras una visión femenina que cuestionaba seriamente el papel reductor al que se la sometía sin que aparentemente fuera ese el objetivo de sus historias. La apuesta era inteligente: sin reivindicar directamente nada para no ofender al régimen, retratar la vida cotidiana desde la mirada de las mujeres que se veían constreñidas a unos espacios que, evidentemente, se les quedaban estrechos y así reivindicarse como mujeres y como escritoras en una época que las silenciaba si salían de su estrecho papel como esposas y madres. Y proponer unos textos que no eran solo de mujeres para mujeres sino de mujeres para la sociedad entera.

Noticias de nuestras lecturas


Mª Ángeles Merino nos da cuenta de cómo Rosita sigue asombrada de las novedades del tiempo. Pero me da a mí que esta mujer ya no puede volver al recato tradicional después de ver tanto ito...

Paco Cuesta cierra su comentario de los Usos amorosos abordando con todo acierto y vista uno de los núcleos de este ensayo: el uso de los términos. A través de la lengua se explican muchas cosas.



Pancho lleva a feliz término su locura de contarnos una locura sin término. De hecho, el loco acabó en el manicomio. No Pancho, sino este Quijote apócrifo, claro. Aunque prometía continuación...

Ya sabéis que recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis.

Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

jueves, 5 de febrero de 2015

La mujer en los Usos amorosos del dieciocho en España de Carmen Martín Gaite, noticias de nuestras lecturas, comienzo de Entre visillos y aviso del viaje a Tánger.


El estudio de Martín Gaite se titulaba, en su origen, Lengua y estilo amorosos en el siglo XVIII español. Partía de la filología para desentrañar en los textos algunas claves y costumbres de las relaciones sentimentales de aquella época. No deberíamos olvidar este punto de partida. En el siglo XVIII se desarrollan las nuevas ideas que se encuentran en nuestra concepción moderna de la vida, en política pero también en las relaciones interpersonales. La nueva posición de la mujer en estas es una de las claves más importantes que nosotros hemos heredado. La mujer consigue alcanzar su condición de individuo pleno. Aún tardará siglos en obtener todos los derechos en occidente -y aún no los ha obtenido en todo el mundo-, pero será en este siglo en el que se desarrolla la idea. Y con la idea viene la lucha por el desarrollo día a día de esa nueva posición que la situará no bajo la dependencia del hombre, sino a su altura. Aunque pueda parecer que Martín Gaite se centra en una costumbre un tanto frívola -la del cortejo- que aparece en España como moda afrancesada, se trata de otra cosa. La moda revelaba que las cosas cambiaban, que la mujer ya no estaba dispuesta a quedarse oculta en casa y a no manifestar sus necesidades, incluso las más banales.

Evidentemente, todo tiene sus precedentes. En el siglo XVII, una escritora española, María de Zayas, consiguió éxito en Europa -inusitado para una mujer escritora en aquellos tiempos- gracias a un puñado de novelitas que, aparte de estar bien escritas y mostrar argumentos interesantes, proponían debates de salón sobre temas amorosos en los que participaban por igual hombres y mujeres jóvenes, lo que, con toda seguridad, remitía a una costumbre del momento y la fomentaba. Aunque todavía se trataba de un juego que se desarrollaba solo en el ámbito doméstico, era una brecha en la visión oficial sobre la mujer.

Lo que estudia Martín Gaite es más amplio: un fenómeno que se inicia en el ámbito doméstico pero también tiene su repercusión pública y social y, sobre todo, pone de relieve que las cosas cambian: las mujeres tienen derecho a amar, a mostrarse en público y a elegir sus relaciones sentimentales libremente. En esto no estuvieron solas. Un buen puñado de pensadores y escritores españoles secundaron las ideas que procedían, sobre todo, de Francia, pero que también tenían precedentes españoles. Estos escritores lo manifestaron en sus obras, especialmente en el teatro, que se convirtió en el escenario de un combate ideológico. El sí de las niñas, de Moratín, que comentamos el curso pasado, es un buen ejemplo de ello. Y no olvidemos que la literatura era, por entonces, el lugar en el que se educaban sentimentalmente gran parte de los jóvenes europeos.

Noticias de nuestras lecturas

El próximo martes día 10, en el horario y lugar habituales, tendremos la reunión del Club de lectura en su formato presencial para comentar Usos amorosos del dieciocho en España de Carmen Martín Gaite.

Un útil trabajo el de Gelu en su segunda entrada: pone de relieve la intención de la autora en este ensayo al centrarse en la mujer como tema.

Paco Cuesta señala la posición central de un tema esencial en este ensayo pero también en aquella época que estudia, el siglo XVIII: la imitación por parte de la aristocracia de las clases populares y cómo estas someten a crítica a los poderosos.

Luz del Olmo pone su atención en un fenómeno relacionado sin duda con la lectura de este ensayo: la voz de las mujeres que escribieron en el siglo XVIII.

Rosita sigue dando material a Mª Ángeles Merino en sus entradas sobre este ensayo. Aquí, aborda la razón esencial: la posición de la mujer y su acceso a la educación. Cuánta razón.


Hasta Eliseo Parra nos lleva Pancho tras comentar con todo acierto uno de los pasajes más interesantes de Avellaneda: cómo abandona Sancho a su amo. Cumple como su personaje y así el autor comienza a cerrar la novela por donde mejor le conviene a sus intereses ideológicos.

Ya sabéis que recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis.

Próxima lectura: Entre visillos, de Carmen Martín Gaite



Nos habrá resultado muy útil haber leído los Usos amorosos del dieciocho en España para comprender mejor una obra anterior de Carmen Martín Gaite, la que lanzó su fama literaria y la situó en el mostrador de la narrativa más importante de la literatura española de postguerra. Entre visillos (Premio Nadal, 1957) nos ocupará las próximas semanas en el Club de lectura. Comenzaremos el próximo jueves.

Viaje a Tánger


Como sabéis, el final del curso del Club de lectura nos llevará a Tánger con la que haremos de las Crónicas periodísticas de la guerra de África de Núñez de Arce, uno de los primeros cronistas de guerra de la historia del periodismo español. No solo con las palabras. A través de la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos, que sostiene el formato presencial de nuestro club, organizamos un viaje a esta ciudad para buscar en ella los pasajes literarios -y los no literarios, claro, que no solo de libros se vive-, que tendrá lugar del 26 al 30 de junio. Quien desee apuntarse, que me envíe un correo privado. Quedan pocas plazas libres.

Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

jueves, 29 de enero de 2015

La mirada de Martín Gaite a los Usos amorosos del dieciocho en España y noticias de nuestras lecturas.


Si la forma del ensayo de Martín Gaite procede de su origen como Tesis Doctoral, el núcleo consiste en la base de la mirada de la autora a sus intereses como novelista. En toda su producción late la misma preocupación por las relaciones personales en la intimidad antes que en la plaza pública, centradas en la posición de la mujer. Suele ocurrir que los escritores, cuando abordan trabajos académicos miran el objeto de su estudio con sus mismos intereses literarios -como Pedro Salinas y su estudio sobre el amor en Rubén Darío o los ensayos sobre narrativa de Vargas Llosa-. No hay mejor manera para entender a Martín Gaite que leer estos Usos amorosos del dieciocho como no hay mejor forma de comprender este ensayo que leer la narrativa de la autora. De hecho, ella misma es consciente tal y como dejó escrito en la Introducción de un ensayo complementario de este, los Usos amorosos de la postguerra en España (1987): 

Poco después, y alentada por la buena acogida que tuvo aquella monografía, que algunos amigos me comentaron haber leído «como una novela», empecé a reflexionar sobre la relación que tiene la historia con las historias y a pensar que, si había conseguido dar un tratamiento de novela a aquel material extraído de los archivos, también podía intentar un experimento al revés: es decir, aplicar un criterio de monografía histórica al material que, por proceder del archivo de mi propia memoria, otras veces había elaborado en forma de novela.

Esta comunidad de mirada e intereses es lo que mejor explica cada pieza por separado y el conjunto entero. Martín Gaite se encaminó primero al XVIII por razones académicas pero terminó llevando la metodología de los Usos amorosos a su propio tiempo: biografía y estética.

Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino continúa publicando las cartas de Rosita, que aprende a leer y escribir a escondidas para contarnos que su señora se ha echado un cortejo... Una delicia.

Paco enfoca, con todo el acierto, su segundo comentario de la obra de Martín Gaite: entre petimetres y majos, dos arquetipos de la época que explican muchas cosas.

Gelu se mete de lleno en el ensayo y para eso primero define los conceptos más interesantes y busca contextualizar en el siglo XVIII las palabras de Martín Gaite.




Pancho termina con Extremoduro su entrada de esta semana sobre el Quijote de Avellaneda... quizá para resaltar cómo todo nos lleva a terminar como manda Dios... después de echar unas risas a costa de un loco.

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Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

jueves, 22 de enero de 2015

Usos amorosos del dieciocho en España como retrato de una época de cambio y noticias de nuestras lecturas.


No podemos comprender la oportunidad del estudio de Carmen Martín Gaite si nos quedamos tan solo en las anécdotas que ilustran su ensayo. Lo que desvela, en primer lugar, con su análisis del lenguaje y las costumbres relacionadas con las cuestiones sentimentales centradas en el cortejo, es un profundo cambio de época que se instala poco a poco en la sociedad española. Y no fue solo una moda venida de Francia -que también- sino que llevaba dentro algunos de los elementos más renovadores de los principios ilustrados. Me refiero, en concreto, a la libertad individual para amar y para establecer las relaciones sentimentales. No es que un siglo antes no existieran personas que lo practicaran, es que ahora se ha establecido el principio ético que lo avala y comienza a fabricarse el principio filosófico y jurídico. Costará mucho -un par de siglos- pero finalmente esos principios triunfarán en occidente. Y en el centro de este principio, una nueva posición de la mujer como parte activa y visible de la sociedad que comienza a caminar en una de las revoluciones más importantes de la sociedad contemporánea: la igualdad de sexos.

Esta nueva posición de la mujer como centro de las reuniones sociales, que tiene libertad para recibir a hombres en sus aposentos aunque esté casada, que mantiene tertulias en sus salones y que sale a pasear sin el férreo control masculino pudiendo presentarse en sociedad más libremente que antes es la clave de este cambio. Una vez que la mujer se libera -poco a poco pero haciendo imposibles los pasos atrás- de la necesaria autoridad masculina para decidir a quién amar, todo el sistema social anquilosado se agrietará. Esta revolución, menos visible que la toma de la Bastilla, es más permanente, eficaz y duradera.

Evidentemente, la visibilidad inicial del fenómeno se da en las clases altas y sobre todo en las familias más influidas por el pensamiento y las modas que vienen de Francia. Es interesante pensar en el poder para cambiar el mundo de una moda que parece algo pasajero. Por imitación pasará luego a la alta burguesía para instalarse finalmente en las clases medias y mucho después en las clases populares.

Aunque parezca broma, el cortejo y el chischiveo fueron herramientas muy eficaces de una ideología que cambió el mundo para sacarlo de las estructuras rígidas del Antiguo Régimen. La mujer, finalmente, podía recibir en casa y salir a la calle en un trayecto que llevará hasta la libertad para amar.

Noticias de nuestras lecturas

Paco Cuesta comenzó la semana pasada con el comentario del ensayo de Martín Gaite contextualizando excelentemente el punto de partida social para que podamos comprender mejor las cosas que investiga la autora. Continúa esta semana abordando el punto de partida: la mujer del XVIII tomó conciencia de dónde se encontraba. Excelente.

Mª Ángeles Merino se mete de lleno en el comentario de los Usos amorosos del dieicocho en España abordando el cortejo... de la mano de lo que Rosita le cuenta a Mariquilla en un documento de la época. Buena sorpresa la de Mª Ángeles, adoptar la moda epistolar dieciochesca para trasladarnos a la época.


Mª Ángeles Merino termina con su reseña del encuentro que mantuvimos el martes 13 con José Antonio Abella, el autor de La sonrisa robada. No os lo perdáis.

Con fotografía del acto del pasado 12, Luz del Olmo concluye las líneas narrativas de la obra de Abella.

Gelu continúa apasionadamente seleccionando momentos de La sonrisa robada (citas, música, enlaces). Sin duda, ha quedado atrapada por esta novela.


Pancho continúa el comentario del Quijote apócrifo y ve los recelos de Cenobia y las negociaciones de Sancho, decidido a ir a lo suyo antes que a lo de su amo. Desde este momento se aprecia cómo el autor va cosiendo las cosas para conducirlas a su cierre. Y al fondo, Sabina.

Ya sabéis que recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis.

Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

jueves, 15 de enero de 2015

Encuentro de los lectores con José Antonio Abella, autor de La sonrisa robada, comienzo de los comentarios de Usos amorosos del dieciocho en España de Carmen Martín Gaite y noticias de nuestras lecturas



 (Las cuatro fotografías del encuentro con José Antonio Abella que publico en esta entrada son de Amalia Trujillo)

El pasado martes día 13 se celebró el encuentro con José Antonio Abella, autor de la novela La sonrisa robada, de los participantes de nuestro Club de lectura y todas las personas que quisieron acudir a las ocho de la tarde al Museo del Libro Fadrique de Basilea de Burgos. Quiero agradecer a todos su presencia en una sala completamente llena. También quiero agradecer la colaboración del Museo del Libro, un lugar especial y recomendable para todos los que amamos el libro sea cual sea su formato. Pocos lugares como este para un acto en el que lo que nos reúne es nuestro amor por la lectura. Y, por supuesto, agradecer el constante y cariñoso apoyo de la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos, que mantienen el club de lectura en su formato presencial.

Durante más de una hora tuvimos entre nosotros a José Antonio Abella, que se sometió con gusto y cercanía a las preguntas de los presentes. Mª Ángeles Merino ha publicado una extensa reseña de sus palabras, que me ahorra a mí el trabajo de pormenorizar la intervención de Abella. Quiero resaltar varias cosas. En primer lugar, la personalidad de José Antonio Abella, un hombre apasionado por la literatura y por la vida, un médico humanista de los que tanta tradición hemos tenido en España. En segundo lugar, el relato de cómo se escribió esta novela a partir de la amistad, del apasionamiento con el tema -los dos temas: el del amor entre dos jóvenes europeos de la postguerra y el del sufrimiento de los individuos ante la historia- y el trabajo minucioso de documentación que no entorpece la lectura.

Como la novela ya la hemos analizado en la serie de entradas que le hemos dedicado en el último mes, de su intervención me quedo con las ideas vertebradoras de La sonrisa robada: el encuentro de la forma adecuada desde la que escribirla desde una primera persona y el hallazgo de la sabia mezcla entre realidad y ficción y el motor ideológico desde el que se percibe que un horror no puede borrar otro horror, sino que lo aumenta. Narrar la parte de la historia correspondiente a la joven alemana, de familia nazi, que resulta víctima de las atrocidades de los últimos momentos de la guerra mundial confiere una singularidad a la novela bien resuelta para no caer en el rechazable revisionismo histórico pero poner el foco de atención en unos acontecimientos hasta ahora casi olvidados y que ocurrieron: las consecuencias que tuvo para la población alemana el final de la guerra, no solo para aquellos que pudieron participar en las atrocidades nazis o consentirlas sino para todos en general, incluso para dos mujeres adolescentes. Una reflexión sobre cómo el fanatismo nacionalista puede cegar a casi toda una población y cómo el castigo generalizado posterior tampoco ahorró crímenes que cualquiera debe rechazar, convirtiendo la justicia en venganza. En el fondo, como dije en el acto, la historia acaba triturando las biografías de las personas y de este espanto solo puede salvarnos la esperanza del amor, como al protagonista de la novela.

Este encuentro es parte de los proyectos que tenemos en el Club y de los que iremos dando cuenta aquí para que puedan participar todas las personas interesadas.



Usos amorosos del dieciocho en España, 
de Carmen Martín Gaite


Comenzamos la lectura de Usos amorosos del dieciocho en España de Carmen Martín Gaite, que nos ocupará hasta el 5 de febrero. El ensayo de Carmen Martín Gaite tiene como origen su Tesis Doctoral defendida en 1972 en la Universidad Central de Madrid bajo el título de Lenguaje y estilo amorosos en los textos del siglo XVIII español, dirigida por el profesor Alonso Zamora Vicente. Este trabajo supone la culminación en la carrera académica de la autora cuando ya estaba cerca de los cincuenta años y contaba con varios textos literarios publicados con éxito. La Tesis fue revisada y publicada con el título definitivo por la editorial Siglo XXI y se convirtió inmediatamente en un éxito de crítica y público. En la actualidad sigue siendo un texto de referencia en los estudios de la historia, la cultura y la literatura del siglo XVIII.

Pero el lector medio no debe asustarse por este origen académico del texto. Precisamente por la faceta como escritora de Carmen Martín Gaite se lee con pasión no exenta de sorpresas. Pero no solo por el estilo. La obra conserva con pleno vigor lo que construyó la perspectiva ideológica de Martín Gaite a la hora de redactarla. Es uno de los primeros grandes ensayos españoles que prestan atención a la vida íntima de las personas, a los comportamientos habituales en las relaciones sociales y, en especial, a la perspectiva sentimental centrada en la mujer. Martín Gaite tuvo el acierto de buscar donde otros no habían sabido ver quizá por cerrazón ideológica o corsés académicos. El ensayo de Martín Gaite es, todavía hoy, fresco y moderno. Nos presenta la vida de las personas a la hora de relacionarse sentimentalmente, las modas y los hábitos generalizados y aquellos que comenzaban a entrar desde Francia para escándalo de los moralistas. Martín Gaite estudia la documentación dieciochesca para levantarnos una imagen de una época que cambió el mundo para siempre pero no deberíamos perder tampoco la perspectiva que contextualiza su estudio y que nos ayuda también a comprender mejor este tema en su narrativa. Martín Gaite habla de las mujeres y los hombres del XVIII pero su lección se dirigía también al contexto de la España franquista en la que vivía y en la que una moralidad de naftalina cerraba la libertad sentimental de las personas que vivían en la dictadura. Especialmente, las mujeres.


Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino publica un pormenorizado resumen del acto del martes pasado. Remito a él para tener una reseña amplia.

También reseña el acto Paco Cuesta en su entrada, pero lo hace desde las emociones que suscitó la presencia del autor y el comentario de su obra.

Gelu continúa su labor de cosechar las mejores citas de la novela, ya con el libro en la mano. Y nos remite, con todo acierto, a la parte musical de la misma, sin la que no puede comprenderse.


Pancho llega a un pasaje solucionado con mucho ingenio por Avellaneda: la presencia del Archipámpano y la Archipampanesa y el desafío de Sancho con sus sandeces siguen motivando la risa. Y no me digáis cómo pero es capaz de terminar su entrada con Sabina...


Ya sabéis que recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis.

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