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domingo, 24 de octubre de 2021

Relato de dos días en Belorado

 


Ha cambiado el tiempo y comienza el frío. Cuando escribo esto, estoy en Belorado. La noche ha sido fresca y amaneció el cielo limpio. Si sigue así, no tardarán las heladas. 

El viernes presenté, con el autor, la nueva obra de José Antonio Abella, Aquel mar que nunca vimos, una extraordinaria novela que contiene muchas cosas dentro. Fue emocionante hacerlo a menos de veinte quilómetros por carretera de Bañuelos de Bureba, el pequeño pueblo al que fue a parar el maestro Antoni Benaiges en 1934. Antes de que lo detuvieran, torturaran y asesinaran en el verano de 1936, arrojando sus restos (aún no encontrados, como los de miles de españoles) a una fosa común, estuvo tan solo dos cursos al frente de la escuelita rural de la localidad. En esos dos años sembró la esperanza de una vida mejor en sus alumnos. La esperanza, como las simientes, crece en la oscuridad y germina después. Desde que hace unos años se recuperara la memoria de este maestro -uno más de tantos maestros y maestras que fueron asesinados o depurados durante la guerra o tras la victoria de las tropas franquistas-, comprobamos la belleza de esta germinación. El libro de Abella cuenta esto, pero también otras muchas cosas, porque es la historia del silencio posterior. Le debo reseña.

A Belorado me trae siempre su bibliotecaria, Mercedes Álvarez. Fue alumna mía en la Facultad. Una alumna muy especial de una promoción muy especial a la que guardo muchísimo cariño y para la que escribí un discurso de graduación, El mapa del nuevo mundo, que publiqué en este blog (puede consultarse aquí), sobre lo que nos está ocurriendo. Acabo de releerlo y podría haberlo escrito hoy mismo. Cómo recuerdo aquella clase. Me alegra saber de ellos y de su fortuna o problemas en estos años. Qué bien acogido soy en Belorado por los concejales del Ayuntamiento, por el grupo lector de la biblioteca, por los alumnos matriculados en el Programa de la Experiencia de la Universidad de Burgos, por el resto de las personas que he conocido. Con qué alegría acepto siempre sus invitaciones.

En Belorado, un grupo de vecinos constituyeron una plataforma y luego, por obligación de la ley electoral, un partido político, hartos de la dinámica de los partidos políticos tradicionales. Lo integran personas de diversa condición e ideología que se han puesto de acuerdo en que lo importante es defender y hacer cosas por su localidad por encima de las diferencias. Afectado por la despoblación y la falta de proyectos ilusionantes, como gran parte de las tierras de interior españolas, este grupo de vecinos trabaja por su pueblo sin intereses personales. Este tipo de proyectos tiene otros notables ejemplos en España y parece ser que, en las próximas elecciones, se crearán más. Yo he podido comprobar la implicación en proyectos, las ganas de hacer cosas y no dejar que su pueblo caiga en el desánimo de otras localidades. Supongo que habrá gente descontenta, como en todos los lugares, pero este grupo de vecinos de Belorado me parece un buen ejemplo. Lo tienen difícil, porque la dinámica de abandono de estas tierras es muy fuerte, pero les deseo la mejor de las suertes.

Ahora, ya en mi casa, echo de menos el frescor de la mañana del sábado en Belorado, que me invitó a pasear la localidad y a subir al castillo por indicación de Federico Puentes cuando coincidimos en el bar El Paso en el desayuno. Levanto la mirada del escritorio. Anochece sobre la ciudad. Veo este anochecer y evoco otros que no olvidaré nunca.

viernes, 6 de mayo de 2016

Antonio Benaiges, de una fosa común a un proyecto de vida


A petición de los organizadores, mañana sábado 7 de mayo presentaré y moderaré el acto que tendrá lugar en Cultural Cordón, de Burgos, a partir de las siete de la tarde, con el título Antonio Benaiges, de una fosa común de 1936 a un proyecto de vida. La rehabilitación de su escuela para hacer un lugar de encuentro.

La jornada está dedicada, por un lado, a la memoria de Antoni Benaiges, maestro rural que ejercía en Bañuelos de Bureba. Uno de aquellos maestros y maestras que durante la II República dignificaron su profesión y lucharon por elevar el nivel cultural de España con el impulso decidido que a la educación dieron los gobiernos de aquellos años. En el pueblo, en el que obtuvo plaza en el curso 1934-1935, introdujo métodos de enseñanza innovadores que aún hoy sorprenden por su modernidad, como la elaboración de unos cuadernos que pronto circularon por toda España entre los partidarios del método Freinet. La aparición de una imprenta en un pueblo sin agua corriente, luz ni asfaltado, tuvo que suponer una convulsión para los niños que acudían a la escuela y trabajaban con un método pedagógico que les permitía desarrollar su creatividad en conexión con su entorno.

El maestro Benaiges prometió a los niños de su escuela que en el verano de 1936 los llevaría a ver el mar. Pero no pudo ser. Como tantos compañeros de profesión, desapareció al inicio de la guerra civil, tras la sublevación militar contra el gobierno republicano. Torturado en prisión, en Briviesca, fue fusilado y arrojado a una fosa común en La Pedraja. Algunos habitantes de Bañuelos de Bureba conservaron hasta hoy algunas de sus pertenencias y el recuerdo de aquel maestro que prometió a los niños que verían el mar como parte de su acción docente. Su asesinato y el silencio que se impuso en la dictadura franquista impidió que en España se valorara su nombre que, sin embargo, era conocido en México gracias a compañeros que se habían formado en las técnicas Freinet.

En la jornada, se celebrarán varias mesas redondas con expertos en la materia, descendientes del maestro y de alguno de sus alumnos y se proyectará el documental El retratista, de Alberto Bougleux, con idea original de Sergi Bernal.

Pero el acto no se quedará en el homenaje a Benaiges ni en la justa recuperación de su memoria y actividad. Tiene como objeto también llamar la atención de las autoridades y de la sociedad sobre la restauración de su antigua escuela y puesta en marcha en ella de un Museo y Taller Pedagógico que sirva como lugar de encuentro de toda la comunidad educativa. Y que todo sea inspirado por aquel maestro que se dedicó a ejercer su profesión con vocación e hizo soñar a los niños que, en algún momento, todos podemos aspirar a ver el mar.