A petición de los organizadores, mañana sábado 7 de mayo presentaré y moderaré el acto que tendrá lugar en Cultural Cordón, de Burgos, a partir de las siete de la tarde, con el título Antonio Benaiges, de una fosa común de 1936 a un proyecto de vida. La rehabilitación de su escuela para hacer un lugar de encuentro.
La jornada está dedicada, por un lado, a la memoria de Antoni Benaiges, maestro rural que ejercía en Bañuelos de Bureba. Uno de aquellos maestros y maestras que durante la II República dignificaron su profesión y lucharon por elevar el nivel cultural de España con el impulso decidido que a la educación dieron los gobiernos de aquellos años. En el pueblo, en el que obtuvo plaza en el curso 1934-1935, introdujo métodos de enseñanza innovadores que aún hoy sorprenden por su modernidad, como la elaboración de unos cuadernos que pronto circularon por toda España entre los partidarios del método Freinet. La aparición de una imprenta en un pueblo sin agua corriente, luz ni asfaltado, tuvo que suponer una convulsión para los niños que acudían a la escuela y trabajaban con un método pedagógico que les permitía desarrollar su creatividad en conexión con su entorno.
El maestro Benaiges prometió a los niños de su escuela que en el verano de 1936 los llevaría a ver el mar. Pero no pudo ser. Como tantos compañeros de profesión, desapareció al inicio de la guerra civil, tras la sublevación militar contra el gobierno republicano. Torturado en prisión, en Briviesca, fue fusilado y arrojado a una fosa común en La Pedraja. Algunos habitantes de Bañuelos de Bureba conservaron hasta hoy algunas de sus pertenencias y el recuerdo de aquel maestro que prometió a los niños que verían el mar como parte de su acción docente. Su asesinato y el silencio que se impuso en la dictadura franquista impidió que en España se valorara su nombre que, sin embargo, era conocido en México gracias a compañeros que se habían formado en las técnicas Freinet.
La jornada está dedicada, por un lado, a la memoria de Antoni Benaiges, maestro rural que ejercía en Bañuelos de Bureba. Uno de aquellos maestros y maestras que durante la II República dignificaron su profesión y lucharon por elevar el nivel cultural de España con el impulso decidido que a la educación dieron los gobiernos de aquellos años. En el pueblo, en el que obtuvo plaza en el curso 1934-1935, introdujo métodos de enseñanza innovadores que aún hoy sorprenden por su modernidad, como la elaboración de unos cuadernos que pronto circularon por toda España entre los partidarios del método Freinet. La aparición de una imprenta en un pueblo sin agua corriente, luz ni asfaltado, tuvo que suponer una convulsión para los niños que acudían a la escuela y trabajaban con un método pedagógico que les permitía desarrollar su creatividad en conexión con su entorno.
El maestro Benaiges prometió a los niños de su escuela que en el verano de 1936 los llevaría a ver el mar. Pero no pudo ser. Como tantos compañeros de profesión, desapareció al inicio de la guerra civil, tras la sublevación militar contra el gobierno republicano. Torturado en prisión, en Briviesca, fue fusilado y arrojado a una fosa común en La Pedraja. Algunos habitantes de Bañuelos de Bureba conservaron hasta hoy algunas de sus pertenencias y el recuerdo de aquel maestro que prometió a los niños que verían el mar como parte de su acción docente. Su asesinato y el silencio que se impuso en la dictadura franquista impidió que en España se valorara su nombre que, sin embargo, era conocido en México gracias a compañeros que se habían formado en las técnicas Freinet.
En la jornada, se celebrarán varias mesas redondas con expertos en la materia, descendientes del maestro y de alguno de sus alumnos y se proyectará el documental El retratista, de Alberto Bougleux, con idea original de Sergi Bernal.
Pero el acto no se quedará en el homenaje a Benaiges ni en la justa recuperación de su memoria y actividad. Tiene como objeto también llamar la atención de las autoridades y de la sociedad sobre la restauración de su antigua escuela y puesta en marcha en ella de un Museo y Taller Pedagógico que sirva como lugar de encuentro de toda la comunidad educativa. Y que todo sea inspirado por aquel maestro que se dedicó a ejercer su profesión con vocación e hizo soñar a los niños que, en algún momento, todos podemos aspirar a ver el mar.
