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viernes, 18 de enero de 2008

Los amigos te salvan del caos del espejo.


Los espejos siempre han sido sospechosos de contener un mundo propio, desde que Alicia pasó al otro lado hasta las formulaciones surrealistas y La sangre de un poeta de Cocteau. El juego de espejos se ha usado desde siempre, posiblemente desde que Narciso se besara en la superficie del agua. En el barroco fue todo un género para lo metaliterario o mirar el mundo desde su reflejo para denunciar la hipocresía o dotarlo de sutil retórica.
En el siglo XIX, los espejos se convirtieron en juego de barraca de ferias: trucos de espejos servían para crear las fantasmagorías y engañaban a los incautos en los laberintos de las ferias. Y en la diversión ruda de las variedades se utilizó mucho el engaño del espejo por el que un personaje imitaba en inversión a otro haciéndose pasar por su reflejo. Así llegó este recurso a Sopa de ganso de los hermanos Marx o las actuaciones de cómicos de andar por casa.
Pero el misterio del espejo sigue ahí. Basta con mirarse con calma en la mañana tras levantase, mojarse la cara con agua fría y verse cansado de la fatiga nocturna, el rostro sincero denunciándonos sin máscara.
De ahí la foto, en espejo, luz y disolución de movimiento. Y cuando el caos del vidrio me llamaba, encontré, en la mañana, la compañía de los amigos: con Nacho cerré el reto fotográfico que tanto nos ha divertido desde diciembre, haciendo trampa, en efecto, como me dijo luego Javier. Hemos cambiado las primeras normas y tras hacer las fotos del lugar previsto, nos hemos sentado ante un café para seleccionar cada uno cuatro fotografías del otro. Y hemos hablado de muchas cosas. El domingo publicaremos el resultado, aunque eso suponga hacer un paréntesis en mis disoluciones. Merece la pena. Luego, con Javier, visitas a dos exposicones de fotografía, palabras, emociones y muchos planes de futuro.
Mañana por la mañana, tras la incertidumbre de la noche, volveré a sentir la dura imagen reflejada.