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jueves, 3 de noviembre de 2016

Niebla, Unamuno y la nivola como forma narrativa revolucionaria y noticias de nuestras lecturas.


Cuando publica Niebla en 1914, Miguel de Unamuno es una personalidad reconocida de la España de su tiempo. Profesor de Universidad, filósofo reconocido, articulista de éxito, poeta, novelista y dramaturgo. No solo eso, es famosa su condición pública de removedor de conciencias y hombre activo en cuestiones políticas y sociales. De hecho, aquel mismo año fue depuesto de su cargo de Rector de la Universidad de Salamanca por el gobierno. No fue un hombre cómodo para los gobernantes de su tiempo en ningún caso. Esta inquietud -que se correspondía con su misma psicología y actitud ante la vida- la traslada al orden de la literatura. Niebla significa un cambio de registro muy significativo en el orden de su pensamiento literario. Es tan consciente de ello que renuncia incluso a denominarla novela y construye un neologismo, nivola. Es definitorio que, en el juego literario, no sea ni siquiera él quien lo formule, sino un personaje de la narración, Víctor Goti, que llega al término casi por casualidad fonética tras relatar una anécdota atribuida a Eduardo Benot por Manuel Machado, quien calificara a un soneto en alejandrinos de este como sonite:

Pues así es como mi novela no va a ser novela sino..., ¿cómo dije?, navilo..., nebulo..., no, no, nivola, eso, ¡nivola! Así nadie tendrá derecho a decir que deroga las leyes de su género... Invento el género, e inventar un género no es más que darle un nombre nuevo, y le doy las leyes que me place. ¡Y mucho diálogo!

En pocos fragmentos está mejor condensando el afán de novedad que está construyendo el lenguaje de la modernidad literaria que nace con los autores de la mal llamada generación del 98 (Unamuno, Baroja, los Machado, Valle Inclán) y que en realidad pertenecen a la misma estirpe literaria del modernismo que cambiará la forma de afrontar el arte. En el citado fragmento hallamos radical deseo de modernidad, de novedad, de ruptura con lo anterior, de experimentación artística y libertad del artista, metaliteratura... Todo ello se presenta con ese magnífico juego que se establece entre el Prólogo (escrito por el personaje Víctor Goti, que presenta una obra de su creador, Miguel de Unamuno) y el Post-prólogo (escrito por el personaje Miguel de Unamuno que polemiza con su propio personaje, dándole, a la vez condición real). Entre estos juegos literarios, el tema esencial de la novela: el libre albedrío personal, la propia existencia más allá del creador -el autor o Dios.

Con ese pulso literario y el toque de humor, ironía y seriedad que encierran estas páginas iniciales Unamuno acaba de pasar de ser un buen novelista a ser un autor que revoluciona la manera de narrar: mayor riesgo, mayor experimentación y mayor profundidad sin que se note. No hay mejor razón para adentrarnos en la lectura de este texto.

Durante el mes de noviembre cumplimos con una deuda. Varios lectores me habían solicitado reiteradamente la inclusión de alguna de las obras de Unamuno en el listado anual. Y allá va Niebla, una de las más inquietantes. Me será interesante releerla con todos vosotros para comprobar su impacto actual. Hay suficientes buenas ediciones en el mercado. Os aconsejo alguna con notas aclaratorias y prólogo. También la tenéis disponible gratis en internet.

Noticias de nuestras lecturas

Pancho escribe una excelente entrada para comenzar con Niebla. En ella está toda una propuesta de cómo enfocar esta novela. Por algo ha sido uno de los más insistentes defensores de que don Miguel debía entrar en la lista de nuestras lecturas.

Mª del Carmen Ugarte comienza su lectura de Niebla resaltando muy acertadamente el juego que establece el autor con el lector desde la primera línea de la obra en ese Prólogo que nadie debería saltarse.

Gelu resume y comenta los aspectos iniciales de la obra que hacen de esta un ejemplo de la genialidad de Unamuno.

Fotografía de Miguel Martín Camarero para la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de  Burgos. A mi izquierda, Manuel Sancho, Presidente de la Asociación. A mi derecha, Miguel Ángel Santamarina.

El pasado jueves celebramos el encuentro de los lectores con Miguel Ángel Santamarina para comentar su novela Queremos que vuelvan. Se celebró en el Salón de actos de la Biblioteca pública de Burgos de la Plaza de San Juan, cuyas instalaciones fueron cedidas amablemente por sus responsables, a los que quiero agradecer aquí todas las facilidades dadas. El acto fue abierto por Manuel Sancho, el Presidente de la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos, con su habitual elegancia y acierto. Durante hora y media estuvimos debatiendo sobre la novela negra y su forma de enfocar la realidad y sobre todas las claves de Queremos que vuelvan, la primera novela de este autor que debuta en la literatura. Una de las cosas más sobresalientes de Miguel Ángel Santamarina es la claridad y entusiasmo a la hora de enfrentarse a su condición de escritor, lo que le hará mejorar. Sin duda, nos dará sorpresas agradables en el futuro.

Mª Ángeles Merino da cuenta detallada de lo ocurrido en ese encuentro con Santamarina, antes de pasar a Niebla. Esta es su entrada.



Gelu llega al comentario de las cartas LIII a LIX de esta obra que nos ocupó hace unas semanas. Y en ellas resalta la condición de político y hombre de bien... para tomar nota.

Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos. El listado de lecturas del presente curso, en este enlace.

jueves, 27 de octubre de 2016

El individuo contra el poder en la novela negra y noticias de nuestras lecturas, con anuncio de la próxima.


Dicen algunos que la novela negra es la mejor forma literaria de enfrentarnos a un espejo y presentarnos la realidad contemporánea en tiempos de crisis y cambios que afectan gravemente a las personas comunes. También la mejor para destapar la hipocresía de la sociedad porque desciende a donde no suele hacerlo otro tipo de novela. Por eso, muchos novelistas a los que no cabe calificar -ni a ellos ni a sus novelas- como autores de este tipo de género, usan de los procedimientos de la novela negra en sus obras. Su forma narrativa, por otra parte, no suele ser tan complicada en cuanto al ejercicio literario para el lector medio. Si sumamos todos estos factores comprendemos el creciente cultivo y su éxito. También las razones por las que a otros lectores no les gusta.

El autor de novela negra nos pone, desde el principio, ante una situación más o menos desagradable -casi siempre un asesinato violento, una desaparición, otro tipo de crimen- que se irá complicando a lo largo de la narración hasta conseguir forzar todos los principios sociales e individuales. El mundo, en ellas, no está hecho para los inocentes, que se convierten rápidamente en víctimas bien del sistema bien de los poderosos que se aprovechan del control que ejercen en él. Ya lo hemos dicho, en buena medida, el género se basa en el conflicto entre el individuo en casi absoluta soledad y el poder. En la mejor novela negra hay una moralidad de partida: lo que se retrata es malo, aunque sea imposible combatirlo en su globalidad o cambiar las dinámicas históricas.

Esto es lo que ocurre en Queremos que vuelvan. En la novela de Santamarina están claramente establecidos tres grupos de personas: los verdaderamente poderosos, que ejercen a capricho y voluntad su poder porque controlan las estructuras del sistema; los que los sirven para sus fines con la esperanza de alcanzar parte del reparto de ese poder aunque puedan convertirse de vez en cuando también en víctimas; finalmente, las personas que viven fuera completamente de esos círculos de poder, que diariamente sufren las consecuencias de sus decisiones pero que no son conscientes de todo ello hasta que el azar o una mala decisión los enfrenta a los poderosos. A partir de ahí se establece el conflicto. Los jóvenes a los que se refiere el título -no del todo ejemplares en sus vidas-, por una serie de malas decisiones, se encuentran en el peor lugar y en el peor momento. Y lo mismo le ocurre al protagonista, el periodista Javier. Él tampoco es un ejemplo a seguir en su vida, pero no pertenece en absoluto a la amoralidad de los poderosos ni a sus círculos de interés. Pero su decisión de seguir con la investigación, su ingenuidad y la inercia de las decisiones tomadas también le hacen cruzarse con esos mismos poderosos que toman fríamente las decisiones sobre su vida o sobre la vida de todos nosotros, como discurre la mente de uno de ellos:

Bien pensado, esta crisis era todo una bendición para él. La coartada perfecta para poder meter todo en el mismo saco, blanquear las irregularidades en la misma cuenta de pérdidas incobrables. Al fin y al cabo, como bien comentaba uno de sus colegas en las tertulias del club: esta situación se solucionaba de la misma forma que las anteriores, tirando de entropía, encomendándose a la termodinámica. Para que la clase adinerada pudiera seguir siéndolos los próximos años, la clase media debía empobrecerse las siguientes décadas, y la clase baja pudrirse en la miseria hasta el final de los tiempos.

Por mucha esperanza y pequeñas victorias parciales que se puedan conseguir, en la novela negra no hay forma de arreglar el mundo de verdad. quizá tan solo meter en la cárcel durante un tiempo a uno de los culpables, el menos listo o el más prescindible. Por muchos aliados que le salgan al protagonista poco más se puede hacer. Eso no quiere decir que no haya que dar la batalla según dicte la conciencia de cada uno. Como en la vida.

Esta tarde hemos mantenido el anunciado encuentro con Miguel Ángel Santamarina para comentar la novela. Doy las gracias por su colaboración cariñosa y eficaz a la Biblioteca Pública de Burgos de la Plaza de San Juan, que nos ha cedido su salón de actos, y a todos los asistentes. Por esta razón, esta entrada ha sido programada. Del encuentro daré cuenta el próximo jueves. A partir de la próxima semana comenzamos con la lectura de Niebla, de Miguel de Unamuno, como anuncio más abajo.

En octubre leeremos la novela negra Queremos que vuelvan, primera obra del novelista burgalés Miguel Ángel Santamarina. Con una narración ágil y un argumento ambientado en la España de nuestros días, aborda algunos de los temas que han protagonizado nuestra España reciente. Podéis encontrarla en la librería Luz y Vida de Burgos (también en otras de esta ciudad) y a través de Amazón, que la sirve en pocos días, en este enlace. También allí está disponible en libro electrónico de inmediata descarga. Más información en la página del autor. Como recordarán los lectores habituales de La Acequiatuve la fortuna de ser quien la presentara en Burgos. Al final de la lectura, el autor tendrá un encuentro con los lectores del club, abierto también al público general. Informaré del lugar y la hora en su momento.


Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino recupera a su amiga Austri para comentar, junto a alguno de los escenarios del libro, cuestiones esenciales de la novela de Santamarina. En especial, el papel del personaje de Lucía, la joven que abre y cierra el libro...


De la mente de don Asclepiadeo a Fran Sinatra nos lleva Pancho en su relectura de La saga /fuga de J.B. Tanto estoy disfrutando con ella, que soy capaz de volver a ponerla en la lista del próximo curso.

Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos. El listado de lecturas del presente curso, en este enlace.

Anuncio de la próxima lectura


El próximo mes de noviembre cumplimos con una deuda. Varios lectores me habían solicitado reiteradamente la inclusión de alguna de las obras de Unamuno en el listado anual. Y allá va Niebla, una de las más inquietantes. Me será interesante releerla con todos vosotros para comprobar su impacto actual. Hay suficientes buenas ediciones en el mercado. Os aconsejo alguna con notas aclaratorias y prólogo. También la tenéis disponible gratis en internet.

jueves, 20 de octubre de 2016

La estructura narrativa de Queremos que vuelvan y noticias de nuestras lecturas.


Como en toda la novela en la que la intriga tiene buena parte en la historia, en Queremos que vuelvan debemos fijarnos en la estructrura narrativa y en el proceso en el que se hace avanzar la investigación dosificando los datos. Ya hemos comentado que el tradicional policía o detective que investiga los hechos es sutituido aquí por un periodista. Este conserva alguno de los rasgos de una línea de la novela policíaca o negra (su vida es un desastre en lo profesional y en lo sentimental, es torpe, muestra una cierta desorientación tanto en las cosas más cotidianas como en la propia investigación, no entiende bien ni comparte éticamente los mecanismos más perversos de la sociedad, etc.). Sus acciones son parte fundamental de esa estructura entre otras cosas porque facilitan la identificación del lector con este personaje. A través de lo que sabe -o ignora o cree saber-, de lo que le ocurre y de su testimonio, se organizará buena parte de la historia. Por eso mismo, sus relaciones profesionales y personales forman parte de la trama. No como telón de fondo, sino como esencia misma de la novela. La investigación, en la novela negra, deriva en buena parte de la condición personal de quien investiga. También, por lo tanto, su relación conflictiva como individuo -héroe o, casi siempre, antihéroe- con la sociedad.

Opta Santamarina por un recurso que se demuestra muy eficaz en esta novela. La narración se fragmenta. Sin llegar a producir nunca una desorientación en el lector, los fragmentos y los saltos espacio-temporales provocan la participación del receptor, que necesita completar los datos que faltan. A veces estos se confirman unas páginas más adelante, provocando en quien lee la sorpresa ante los giros argumentales o la confirmación de sus sospechas. Este proceso es necesario para implicar al lector y el autor sabe muy bien como usarlo en la narración. Junto a estos saltos que nos llevan por los espacios y personajes más interesantes, facilitando los datos necesarios pero nunca completos del todo, hallamos párrafos diferentes, escritos en cursiva, que nos introducen en la experiencia brutal de los jóvenes desaparecidos. Son, sin duda, de una eficacia narrativa de primer orden. Primero, por su calidad (una expresión directa, sin ocultar nada); segundo por su colocación a lo largo de la novela, que aumenta la intriga y nos conducen hacia el final. Ayudándonos, al terminar la lectura, para completar el relato.

La próxima semana completaremos el análisis de esta novela para dar paso el jueves 3 de noviembre a la lectura del siguiente mes.

En octubre leeremos la novela negra Queremos que vuelvan, primera obra del novelista burgalés Miguel Ángel Santamarina. Con una narración ágil y un argumento ambientado en la España de nuestros días, aborda algunos de los temas que han protagonizado nuestra España reciente. Podéis encontrarla en la librería Luz y Vida de Burgos (también en otras de esta ciudad) y a través de Amazón, que la sirve en pocos días, en este enlace. También allí está disponible en libro electrónico de inmediata descarga. Más información en la página del autor. Como recordarán los lectores habituales de La Acequiatuve la fortuna de ser quien la presentara en Burgos. Al final de la lectura, el autor tendrá un encuentro con los lectores del club, abierto también al público general. Informaré del lugar y la hora en su momento.

Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino comenta -sin desvelar nada- las truculencias y la estructura criminal que aplasta a los individuos en la novela de Santamarina. Y no os perdáis la sutileza de la primera fotografía, todo un inteligente guiño...


Gelu continúa con la lectura de Cartas marruecas, que nos ocupó hace unas semanas. En las cartas correspondientes a esta entrada valora dos elementos esenciales de la obra de Cadalso: la amistad y la crítica de los superficial. Más que interesante su conclusión.



Pancho continúa gozando de la lectura atenta y morosa -como debe ser, por otra parte- de La saga / fuga de J.B., título que nos ocupó hace unos meses en el club y que a él le está proporcionando materia de publicación más que interesante. Aquí llega a la hija de un griego y una bailaora... Nos os perdáis tampoco la serie de fotos ni a Dylan, claro. En su siguiente entrada debemos fijarnos en dos cosas que el autor, con fina ironía y seguro que relamiéndose, nos regala: por un lado, el cotilleo elevado a categoria; por otra, la obsesión de clasificar el mundo y ordenarlo. Más que recomendable este regreso de Pancho al mundo de esta narración...

Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos. El listado de lecturas del presente curso, en este enlace.

jueves, 13 de octubre de 2016

Retrato descarnado de la sociedad española de los últimos años en Queremos que vuelvan y noticias de nuestras lecturas.


Desde el título de su novela, Santamarina nos propone un retrato descarnado de la sociedad española contemporánea. En un programa de televisión que trata como espectáculo -bajo la falsa apariencia del interés social- la desaparición de los jóvenes Bruno y Mario el 14 de agosto de 2012, la madre de uno de ellos grita, en mitad de un ataque de ansiedad, Queremos que vuelvan, queremos que vuelvan. El director y presentador del programa coge al vuelo la oportunidad de la escena: la frase le había parecido tan genial que había decidido que deberían incorporarla como título de los siguientes programas especiales. Esta banalización del dolor, la rápida forma en la que todo se convierte en espectáculo y producto para vender y obtener posiciones en la lucha despediada por la audiencia sin ningún escrúpulo moral, es la forma en la que entramos en este retrato de la sociedad española.

El primer caso notable en el que esto ocurriera en la televisión española se dio en enero de 1993 con la violación y asesinato de tres adolescentes de catorce a quince años en Alcàsser. Se suele fijar en ese momento el nacimiento de la telebasura en España. La emisión del programa De tú a tú, de Antena 3, cuyas caras visibles eran Nieves Herrero y Olga Viza, supuso el detonante de un tipo de televisión en el que la audiencia mandaba por encima de cualquier otra consideración. Ya conocemos el desarrollo de estos programas y el gusto de los espectadores por ellos. Aquellos hechos fueron tratados por Antonio Muñoz Molina en Plenilunio, novela publicada en 1997, en la que se introducía en la mente criminal. Esta obra contenía la primera clara condena moral en la literatura española de esta forma de hacer televisión. Ahora esto ya no es solo una forma de hacer televisión sino una manera de entender la sociedad española, la privacidad y la mercantilización del sufrimiento al tratarlo como mero espectáculo televisivo. Se genera empatía emocional en la audiencia y a partir de ahí se retuercen los argumentos para mantener su interés durante el tiempo suficiente para que el producto sea muy rentable económicante. Llegará un momento en el que ya no importe es o no verdad o está sustentado con hechos. El crecimiento en espiral es necesario para esa locura.

De esta manera -que es claramente una declaración de intenciones-, Santamarina nos sumerge en la historia. Por eso el investigador del caso, quien va desentrañando los sucesos, es un periodista y no un detective, Javier Redondo, aunque conserve algunos de los aspectos que suelen tener muchos de los detectives de la narración negra (vida personal desastrosa, una cierta desorientación personal, etc.).

Poco a poco, la historia nos va componiendo un mundo en el que el orden aparente en el que nos movemos está contaminado: políticos, personas de las altas finanzas, policías, comunicadores... todos, participan de un sistema corrupto en el que establecen juegos de poder y de satisfacción de todo tipo de deseos. Nada les detiene, salvo la excesiva publicidad y el escándalo público. Pero esto también pueden redirigirlo hacia sus propios intereses.

Como en las novelas canónicas del género, existe una lucha de individuos concretos frente a ese poder inmoral y corrupto. La narración es una forma de ponoer de manifiesto una verdad de las sociedades modernas que suele estar oculta bajo la apariencia de democracia y las leyes que nos rigen, en inicio iguales para todos. La relaciones de poder son tan desproporcionadas que, desde el principio, sabemos que acaerrá dificultades y consecuencias severas para esos personajes, fáciles víctimas de las tramas que de verdad controlan la sociedad. Al lector le queda la esperanza de que, al menos, son capaces de luchar y establecer una red de protección con otros indiduos como ellos, aunque no triunfen o no lo hagan del todo. En el fondo, bajo la aparente sencillez de la trama de cualquier novela negra hallamos elementos propios de la tragedia griega. Un individuo que lucha contra su destino en la casi absoluta soledad. Pero aquí no suele haber un deus ex machina, condición dramática del individuo moderno.

La mejor definición de la calidad de una novela negra es que, cuando el lector cierra sus páginas, lo que le han contado no le parezca verosímil sino verídico. Y esto sucede con esta novela de Santamarina: así es la España en la que hemos vivido.

El próximo jueves comentaré la figura del narrador y la estructura de la narración.

En octubre leeremos la novela negra Queremos que vuelvan, primera obra del novelista burgalés Miguel Ángel Santamarina. Con una narración ágil y un argumento ambientado en la España de nuestros días, aborda algunos de los temas que han protagonizado nuestra España reciente. Podéis encontrarla en la librería Luz y Vida de Burgos (también en otras de esta ciudad) y a través de Amazón, que la sirve en pocos días, en este enlace. También allí está disponible en libro electrónico de inmediata descarga. Más información en la página del autor. Como recordarán los lectores habituales de La Acequia, tuve la fortuna de ser quien la presentara en Burgos. Al final de la lectura, el autor tendrá un encuentro con los lectores del club, abierto también al público general. Informaré del lugar y la hora en su momento.

Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino arranca su comentario de la novela de Santamarina presentándonos minuciosamente al autor y con la sensación -que yo también tuve- de que desde las primeras páginas estamos en terreno conocido...



Gelu continúa con el comentario de la novela de Cadalso y presta atención a uno de los puntos claves de su filosofía: el conflicto entre las normas sociales y la libertad del individuo. No os lo perdáis.

Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos. El listado de lecturas del presente curso, en este enlace.

jueves, 6 de octubre de 2016

Queremos que vuelvan de Miguel Ángel Santamarina y la novela negra y noticias de nuestras lecturas.


Queremos que vuelvan es la primera novela de Miguel Ángel Santamarina (Burgos, 1972). Con ella, el autor se estrena en un género que ha cobrado cierto auge desde hace unos años aunque, desde su construcción canónica hace casi un siglo, nunca ha dejado de escribirse ni de leerse. Durante mucho tiempo era parte de lo que se conocía como subliteratura, con una posición casi marginal en la estimación de los críticos y las editoriales. Sin embargo, a partir de los años cincuenta son muchos los autores consolidados que incorporaron las claves del género en su obra como forma adecuada para regenerar la novela y retratar la sociedad de su tiempo, lo que ha llevado a rescatar en la valoración general a los primeros cultivadores de este tipo de narración.

Tiene su origen en la especialización en algunos temas y ambientes de la novela de investigación o policial, que nace en el siglo XIX. Aunque el nombre del género hace referencia al formato de las primeras ediciones, se entiende también por el espesor de los temas tratados que se dirigen sobre todo a crímenes de sangre y a la parte más oscura de la sociedad. Esto es lo que la distingue, especialmente. La novela negra siempre ha tenido la intención de mostrarnos los lados menos amables de nuestro mundo, aquellos en los que son norma la hipocresía basada en las relaciones de poder y dinero, el cinismo, la tendencia a la violencia. Frente a ellos, el individuo está desarbolado y desprotegido porque descubre que, en realidad, aquellos que deberían ampararlo (la adminitración, las leyes, la comunidad)  no lo hacen porque o bien miran hacia otro lado para no complicarse la vida o bien son cómplices o encubridores de los delitos de una u otra manera. La sociedad solo funciona aparentemente, mientras tengas la fortuna de no cruzarte con aquellos que harán cualquier cosa para conseguir sus fines. En esta realidad turbia son partícipes prohombres, políticos, funcionarios, policías, jueces, etc. La novela negra rescata un viejo tema y motor de la acción de la literatura clásica, como es la lucha fatal del ser humano frente a unas dinámicas que lo superan. En la mayoría de las obras de la literatura negra (o del cine negro), no hay posibilidad de enmienda, la lucha está perdida de antemano pero tiene que darse como si fuera un destino trágico de los protagonistas que, de esta manera, se convierten en solitarios a los que admiramos aunque, a veces, tengan ellos mismos zonas oscuras en su biografía o en su comportamiento. Hay algo que los salva y es que, por muy escépticos que sean, aún les queda un resquicio para creer en el bien, en la solidaridad o en el amor.

Otra de las características esenciales de la novela negra es que suele ocurrir que la intriga policial (el caso que motiva la acción) no es lo sustancial, solo un hilo argumental necesario que sostiene la atención de la obra para mantener el interés del lector y jugar con el ritmo narrativo y cuya resolución o conocer el final antes de tiempo, en muchos casos no importa. Lo más importante es esa lucha, la del individuo frente a una maquinaria corrupta y criminal, el retrato de una sociedad llena de apariencias y gobernanda, en realidad, por el mal y los intereses que genera. De ahí la empatía que desarrolla en la mente del lector. Todos deseamos que el protagonista triunfe, tenga éxito, aunque ese éxito -imposible en sí mismo-, si fuera completo, desvirtuaría el realismo crudo de la obra. Nos debemos conformar, casi siempre, con éxitos parciales que suelen tener consecuencias en el protagonista.

Se suele vincular el nacimiento de la novela negra con la situación norteamericana de los años veinte: las consecuencias de la I Guerra mundial, el auge del hampa organizado y la corrupción del sistema político con la ley seca y, finalmente, lo que provocó la crisis económica de finales de esa década. El clima social era propició para que se retratara con crudeza crítica lo que ocurría y que eso interesara a los lectores. De ahí también que el género se recupere con especial incidencia en las épocas de cambio social, de mayor corrupción e hipocresía social o de fuertes crisis como la que atravesamos. De hecho, en la actualidad, la novela negra es una forma muy útil para poner en evidencia esas zonas oscuras de nuestra sociedad.

Veremos, a lo largo de este mes, cómo lo hace Miguel Ángel Santamarina en Queremos que vuelvan, en la que retrata con crudeza y una narración ágil algunas de las zonas oscuras de la España contemporánea y de la hipocresía que nos mantiene como sociedad. Al terminar de leer esta novela uno no se pregunta si pudo o no haber ocurrido lo que se cuenta en ella, sino que lo da por hecho.

En octubre leeremos la novela negra Queremos que vuelvan, primera obra del novelista burgalés Miguel Ángel Santamarina. Con una narración ágil y un argumento ambientado en la España de nuestros días, aborda algunos de los temas que han protagonizado nuestra España reciente. Podéis encontrarla en la librería Luz y Vida de Burgos (también en otras de esta ciudad) y a través de Amazón, que la sirve en pocos días, en este enlace. También allí está disponible en libro electrónico de inmediata descarga. Más información en la página del autor. Como recordarán los lectores habituales de La Acequia, tuve la fortuna de ser quien la presentara en Burgos. Al final de la lectura, el autor tendrá un encuentro con los lectores del club, abierto también al público general. Informaré del lugar y la hora en su momento.

Noticias de nuestras lecturas

Luz del Olmo comenta las líneas generales de la novela negra como género en relación con la de de Santamarina y a través de ella da su opinión sobre las cuestiones esenciales de esta novela.`


Mª Ángeles Merino sigue contándonos el trabajo de su antiguo alumno, Mohamed, comentando las Cartas marruecas. Real, muy real.

Pancho comenta la defensa de la bonhomía en las Cartas marruecas, en medio de una sociedad que se encamina hacia otro lado. ¿Como ahora? Además, termina su entrada con Aute.

Gelu nos lleva hacia las palabras de Cadalso con un remate bien acertado. Qué difícil es cambiar un país hacia mejor y qué fácil es empeorarlo rápidamente...


Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos. El listado de lecturas del presente curso, en este enlace.