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lunes, 18 de enero de 2016

Cuando la fe mueve montañas (pero mejor ayúdate de una pala)


En la más que recomendable exposición temporal del Museo Nacional de Escultura de Valladolid sobre la figura de Santa Teresa de Jesús (Nada temas, dice ella. Cuando el arte revela verdades místicas), sobre la que hablaré otro día, se proyecta en la última sala el vídeo Cuando la fe mueve montañas, sobre el proyecto artístico del belga Francis Alÿs. Uno de los lemas de este artista es que "A veces hacer algo no conduce a nada" y con este motivo convocó el 11 de abril de 2002 a 500 personas en una zona desfavorecida de Perú con el objetivo de mover una duna de 500 metros de largo. La idea era moverla 10 cm. de su posición. Para sorpresa de quien esté leyendo esto consiguió que 500 voluntarios se presentaran en el lugar, tomaran una pala y trabajaran durante horas bajo un sol de justicia para dar cumplimiento al objetivo marcado. Un trabajo en apariencia inútil: en pocas horas el viento devolvería la arena removida a su lugar. El proyecto parecería, sin más, una estupidez o un simple divertimento artístico. Sin embargo, debemos contextualizarlo. Esa duna se movió a poco de salir del régimen de Fujimori y en unas durísimas condiciones sociales del entorno. Por una parte, proponerse mover una duna sin que sirva para nada sirve para mucho: el esfuerzo coordinado del ser humano para tareas absolutamente irracionales y sin sentido ha cambiado el mundo muchas veces. Incluso aunque se fracase, puesto que son semillas para el futuro. Un arte que no parece comprometido pero que lo es más que muchos otros que lo pretenden desde el inicio. En aquella ocasión era una verdadera forma de arte social, una iniciativa por la cual se visibilizó que la unión de muchos tiene un sentido. Aunque se tenga asegurado el fracaso. Pues eso, la fe mueve montañas, pero ayúdala con una pala y una fila de voluntarios.


(Doy las gracias a Jesús R. Martínez por corregir
 un dato erróneo en la primera versión de esta entrada.)