Mi amigo Teo me relata
el concierto del lunes pasado de la pianista
Judith Jáuregui, al que no pude asistir. Me insiste en su brillante interpretración de
Después de una lectura de Dante. Fantasía casi Sonata del músico romántico
Franz Liszt y me da pie forzado para esta entrada de hoy, a la que casi no llego, abrumado por el tiempo y la fatiga, a punto de convertirse en la entrada de
mañana. Después de una lectura
de la obra de
Dante, acompañado de la fantasía de Liszt, confieso de nuevo que me gustaría haber tenido la oportunidad de aprender música, descifrar el misterio de las notas más allá de leerlas en el pentagrama y comprender tantas cosas que ya para mí quedarán oscuras para siempre.
Con Liszt de fondo, reclamo el volumen de
La Divina Comedia mientras tengo un recuerdo para
Isaac González Toribio, que lo ha recorrido estas vacaciones, y para mi querido
Óscar Esquivias cuya trilogía dantesca ya he comentado
aquí y del que volveré a dar buenas noticias en breve. Acaricio el libro y lo recorro como un iniciado en la contemplación de sus secretos hasta llegar al
Paraíso y dejarme deslumbrar, anticipándola, por la aparición de Beatriz:
Fatto avea di là mane e di qua sera
tal foce, e quasi tutto era là bianco
quello emisperio, e l'altra parte nera,
quando Beatrice in sul sinistro fianco
vidi rivolta e riguardar nel sole:
aguglia sì non li s'affisse unquanco.
E sì come secondo raggio suole
uscir del primo e risalire in suso,
pur come pelegrin che tornar vuole,
così de l'atto suo, per li occhi infuso
ne l'imagine mia, il mio si fece,
e fissi li occhi al sole oltre nostr' uso.
Y miré fijo al sol, cual nunca hacemos: en este mundo extraño, encontrar la melena en
disolución de la amada, mientras resplandece al sol del rostro, es lo que tantas veces nos salva. Melena en disolución, como en la foto, decidida en cascada que nos refugia, un instante suficiente, del mundo.
Perdonadme, hoy es tarde, estoy cansado y tenía ganas de hablar de otras cosas antes de volver al
óxido de los días.