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jueves, 7 de junio de 2012

El placer de la lectura colectiva y noticias de nuestra lecturas

Se puede leer para uno mismo. No importa el lugar ni el formato. Podemos leer para nosotros en el rincón más escondido de nuestra casa, en un jardín o en el metro. Podemos hacerlo con un libro en papel o en un soporte electrónico. Esta lectura íntima, que generalizó en occidente el desarrollo de la imprenta y la aparición de una clase social, la burguesía, que tenía el tiempo de ocio que construyó el hábito de la lectura, es necesaria: es la mejor forma de asimilar un texto, de hacerlo propio.

Pero también se puede leer en comunidad. Desde el inicio del texto escrito hay quien ha leído para otros que no sabían, no podían o no querían hacerlo. El texto leído así nos llega a través de la boca de otro, de la entonación de otro, de la expresión de otro, que puede ser un profesional o no de la lectura, pero que trasforma el texto para entregárnoslo. Curiosamente, esta forma, que era la más habitual hasta hace medio siglo, ha perdido fuerza e incluso muchos no logran adaptarse a ella con comodidad cuando alguien les lee. Hubo tiempos en los que se aprovechaban momentos en los que no se podía leer para que nos leyeran: en el trabajo, en el refectorio, en el oficio relgioso, un autor a la compañía a la que quería colocar su obra teatral, etc. Pero eran otros tiempos: para este tipo de lectura se necesita el tiempo y el sosiego necesario para reunirse en comunidad, cosa muy alejada de nuestro ritmo de vida actual.

Y hay otra forma de lectura colectiva que combina lo privado y lo público. Leer cada uno para sí el texto y luego comentarlo con un grupo, darlo vida entre varios y aprender unos de otros, porque cada texto se enrique con sus lectores. Desconfío siempre de aquellos que piden una única lectura para cada texto.

Desde el inicio del Club de lectura de La Acequia hemos construido una comunidad de lectores. Algunos siguen las lecturas de forma silenciosa, otros colaboran publicando sus comentarios o sus interpretaciones tanto aquí o en mi perfil de Facebook como en sus propios espacios.

Cerramos este curso del Club de lectura con mi agradecimiento a vuestra colaboración y participación en el proyecto. He aprendido mucho de vosotros y me gustaría seguir contando con vuestra ayuda a partir de septiembre.

Noticias de La Viuda valenciana


Paco Cuesta publicó una magnífica entrada subrayando las cuestiones esenciales de la adaptación televisiva de la obra de Lope. Imprescindible si queréis comprender las claves de cómo hacer bien este traspaso.

Algunas lecturas para el verano

A lo largo de las próximas semanas iré publicando, a sugerencia vuestra, algunos de los libros con los que llenaré mi verano. No os daré cuenta de los que pertenecen a mi profesión de forma específica, pero sí de aquellos que pueden ser de interés general.

Por ahora, os anuncio, porque sé que algunos necesitáis tiempo para locarlizar los títulos y otros queréis leerlos con calma antes, que el primer libro con el que comenzaremos el curso en septiembre será El lector de Julio Verne, de Almudena Grandes. Ya os anunciaré el día en el que comenzaré a publicar mis comentarios.

Entre los libros que me acompañarán este verano se encuentran algunos con los que quiero comprender cómo se afrontaron momentos de crisis en otros tiempos. Comienzo con la relectura de la trilogía titulada La lucha por la vida de Pío Baroja, compuesta por tres novelas básicas de la literatura española: La busca, Mala hierba y Aurora roja. Completa la leí hace más de veinte años. Creo que ya toca volver a ella.

jueves, 31 de mayo de 2012

Razones del éxito de Lope y noticias de nuestras lecturas




Toda obra de teatro clásico necesita adaptación para ser puesta en escena: ni los locales ni el público son el mismo. Tampoco, por supuesto, los actores. Más aun si el formato teatral se pasa al televisivo. La adaptación televisiva de La viuda valenciana de Lope es un buen ejemplo de lo que digo: no es la obra de Lope la que vemos. Pero esto es normal. Lope supo captar, como ningún otro dramaturgo español, al espectador medio, entendiendo como tal no tanto a un individuo que lo encarnara de forma ideal como a la mezcla de la composición heterogénea de los que acudían a los corrales de comedia. Por eso, la dramaturgia de Lope es compleja: su éxito es que parezca sencilla cuando no lo es, en absoluto. Lope se dirigía, en sus comedias, a hombres y mujeres, nobles y criados, comerciantes y campesinos, letrados e iletrados, viejos y jóvenes. No seleccionaba a su público discrimimando sino que lo aglutinaba, lo incorporaba. Eso no ha vuelto a darse en el teatro español. En la comedia lopesca hay fragmentos que hablan a las mujeres jóvenes, otros a las ancianas, algunos para los jóvenes mosqueteros, otros para los nobles, muchos para el sector popular de los espectadores, etc. Pero el zurcido final es de tanta calidad que no se ven las costuras. Y no tanto por el cierre de acuerdo a las convenciones morales o políticas del momento -la boda con la que termina la obra sea cual sea el enredo previo o la intervención del Rey que viene a sancionar lo que debe establecerse como norma de comportamiento-. El éxito procede del manejo en el tiempo dramático, la estructura del conflicto, que mantiene la atención de todos en lo principal aunque a cada uno le cause más empatía una de las partes. Y ese rasgo es de una maravillosa eficacia en Lope: en pocas escenas nos sitúa en lo más enredado del asunto y solo en los últimos minutos lo desenreda. En el medio, un juego de engaños, equívocos y vaivenes que mantienen el ánimo y la atención. La herramienta básica para conseguirlo es la palabra: toda la acción es verbalizada, cosa a la que no están acostrumbrados los espectadores del teatro actual, para los que tan importante es la acción física y a los que resulta tan difícil seguir el derroche verbal del teatro barroco. Los versificación fluida contribuye, por supuesto. Hay quien habla, hasta el exceso, de que Lope es pura acción. Lo es, pero solo si definimos esa acción en Lope como palabra.


Noticias de La viuda valenciana

Pancho contextualiza socialmente a Lope: claves para comprender adecuadamente mucho de lo que pasa en su teatro y la ideología que sostiene los argumentos y los conflictos, a veces como intento de poner diques ante una estructura que parecía sólida pero ya tenía serias grietas.

Mª Ángeles Merino juega con imágenes y versos de Lope para cerrar con todo acierto esta lectura. No dejéis de pasaros por su espacio.

Luz del Olmo resume sabiamente la obra para dar la clave del conflicto y su resolución en boda, como no podía ser menos...

El Sr. de la Vega junta los comentarios dejados en esta lectura y los hace crecer con contextualización y enlaces. Una entrada tan oportuna y recomendable, que habla por sí sola. Imprescindible.

Myriam analiza las claves de la adptación televisiva en comparación con la obra original. Todo es sustancia en esta entrada suya, que no debéis perderos para poder comprender la obra de Lope y el montaje para TVE.


El próximo jueves cerraré el curso de este Club de lectura. Intentaré cumplir con los que me habéis pedido sugerencias de lectura para este verano, aunque ya os anuncio que este verano yo volveré a algunos clásicos en los que buscar cobijo de la barbarie financiera que nos atenaza.

jueves, 24 de mayo de 2012

Juego de seducción y noticias de nuestras lecturas




La viuda valenciana es un buen ejemplo de la primera etapa de la fórmula de comedia fabricada por Lope a partir de los materiales previos ya conocidos (la influencia de la comedia del arte italiana en su vertiente convencional exportada a España en el XVI; los autores que, a partir de ella, dieron predominio al texto con intrigas más novelescas; las novedades introducidas desde los años ochenta por los dramaturgos españoles, especialmente en Madrid, Valencia y Sevilla y que contribuyeron a nacionalizar definitivamente la propuesta teatral italiana, etc.). La obra data, casi con toda seguridad, de los últimos años del siglo XVI. Lope, recién regresado a Madrid tras su destierro, comienza a dominar la escena de la Corte con un tipo de producción que logra entusiasmar al público heterogéneo de los corrales de comedias hasta un punto en el que consigue barrer de la programación cualquier obra que no se adecue a la fórmula de la comedia nueva. En este caso, además, utiliza su propia experiencia biográfica como materia dramática. Recrodemos la convulsa vida amorosa de Lope en su juventud.

Y aquí tenemos los ingredientes: juegos galantes de seducción en los que se mezclan una acción trepidante, un diálogo vivo expresado en unos magníficos versos, unos personajes caracterizados sin alardes de profundidad pero suficientemente reconocibles para que puedan ser encarnados y provocar la empatía del espectador, intrigas y equívocos que despiertan la curiosidad no tanto sobre el previsible final sino sobre la forma ingeniosa de conseguirlo, disposición del conflicto de tal manera que nos encontremos arrastrados por la acción y sin posibilidad de distraernos. A ello se suma la habilidad dramática para disponer las situaciones. Por ejemplo, en La viuda valenciana, observamos que Leonarda tiene tres pretendientes pero ella los rechaza todos para buscar otro, complicando la trama. Por lo tanto, Leonarda pasa de objeto a sujeto de la acción. Este personaje femenino es típico de una de las variantes del género creado por Lope y uno de los mayores actractivos para el espectador de la época, como ya dijimos: la mujer toma las riendas de su vida y quiere decidir ella misma sobre su vida amorosa y sexual. No olvidemos que, para dar verosimilitud a esta propuesta en una época como la suya, Lope debe hacer que la mujer sea viuda -sería impensable en una soltera la actitud de Leonarda y, además, retrata un tipo social bien definido de mujeres obligadas a casarse jóvenes con hombres mayores y que enviudan pronto-, que todo suceda en un ambiente de Carnaval -época en la que se permiten más libertades- y en Valencia -ciudad más liberal en las relaciones sociales que Madrid, por ejemplo-. Leonarda se encapricha de Camilo y lo seduce usando para ello todas las estrategias que puedan despertar la curiosidad del galán que, inevitablemente, debe rendirse ante la superior inteligencia de la dama. Pero Lope evita el riesgo de su propuesta y hace que todo termine en boda. Todo es un juego de ingenio, puesto que así se concibe también el amor en la literatura de la época y en las convenciones amatorias del siglo: Lope lleva al extremo la fórmula, complicando la propuesta porque es la raíz de la comedia nueva que ha fabricado. No faltará, tampoco, el paralelo del amor de los amos en los criados.

Este alarde de ingenio -rebajado en el montaje televisivo para simplificar la acción y encajarla tanto en el tiempo de una representación teatral típica hoy como en el gusto del público actual- solo es posible cuando se dominan los resortes dramáticos como lo hacía Lope, por supuesto.


Noticias de La viuda valenciana

Pancho nos regala tres entradas en una: comentario del núcleo amoroso en la obra de Lope, comparativa con El médico de su honra, de Calderón y contexto histórico. No podemos pedir más.

Myriam termina su análisis de La viuda valenciana con el comentario de la resolución del conflicto y, especialmente, con una brillante exposición de la comparativa entre el original de Lope y la adaptación televisiva.

Mª Ángeles Merino, tras convertirse en confidente de Leonarda, nos traslada ahora sus palabras para mostrarnos lo que puede hacer una mujer cuando quiere algo con fuerza. Excelente propuesta de análisis desde dentro.

jueves, 17 de mayo de 2012

Cómo algo normal puede convertirse en extraordinario y noticias de nuestras lecturas




Antes de comenzar mi análisis de la obra, quiero dedicar esta entrada a los extras que acompañan la grabación del montaje para la Televisión Española de La viuda valenciana. Es un documental de una hora de duración de una gran calidad y que contiene todos los elementos necesarios para comprender qué se quiso hacer con esta producción y cómo se hizo.

En España suele ocurrir que lo que debería ser normal se convierte en extraordinario. En países como Francia, Inglaterra o Alemania se ven espectáculos escénicos de forma frecuente en las televisiones públicas. Tanto en estos casos como en los montajes más significativos para sus escenarios, se documenta con rigor todo el proceso: se conservan los decorados, los trajes, muestras de las telas, etc. Y, además, se graban documentales como el que acompaña a La viuda valenciana como parte de toda esa labor. Cualquier aficionado al teatro puede disponer de este material, que es especialmente valioso para los estudiosos del teatro y los profesionales que se encuentran en la etapa de formación. Y es un precioso documento para reponer, años después, los montajes esenciales que nos ayudan a comprender la historia del teatro que es, no lo olvidemos, antes la historia de la escena que de los textos.

Excepcionalmente, en España se han conservado algunos materiales que se encuentran ahora en archivos y museos elogiables, pero lo normal ha sido que la materialidad de los montajes, incluso los más importantes, aquellos que han contribuido a hacer evolucionar el hecho teatral en España, desaparecieran. Se reutilizaban los decorados o se almacenaban hasta que se destruían pasado un tiempo, no se grababan salvo milagro, se perdían los trajes, etc. De hecho, en España lo normal es que solo la memoria de los espectadores o de los actores cosnervaran recuerdo de estas cosas.

Por eso, no puedo más que alabar esta hora extra que acompaña a la grabación del montaje y lamentar que no sea normal lo que debería ser normal.

Noticias de La viuda valenciana

Mª Ángeles Merino escribe su tercera entrada sobre la obra, continuando su papel de confidente de la viuda protagonista. Todo un acierto en el enfoque, los comentarios y las ilustraciones.

Myriam hace un extraordinario análisis de la trama en su entrada, con sugerentes comentarios al hilo de los acontecimientos, en especial en lo relacionado con Camilo.

Como sabéis, esta será la última lectura de este curso. Os propongo continuar -tan solo una vez más, por ahora- con el comentario de un montaje teatral emitido en el programa de Televisión Española Estudio 1: La viuda valenciana de Lope de Vega, dirigida por Carlos Seres y protagonizada por Aitana Sánchez-Gijón. La experiencia de Urtaín ha sido muy positiva pero cambiamos ahora a un texto clásico. En este enlace encontraréis la obra. En este otro unos interesantes extras para comprender mejor el montaje. Y aquí el texto (en este lugar, un curioso manuscrito de la obra del siglo XVII). En este otro enlace, un interesante estudio sobre la obra. También os puede ser útil la consulta de la Biblioteca de Autor mantenida por la Biblioteca Cervantes Virtual.

jueves, 10 de mayo de 2012

Una nota sobre el feminismo en Lope y noticias de nuestras lecturas.



Una de las bases que contibuyó al éxito de la fórmula teatral que fabricó Lope de Vega a finales del siglo XVI -ya sabemos que con influencias de la comedia del arte italiana y varios dramaturgos surgidos a partir de ella en España, especialmente en Valencia, Sevilla y Madrid- consiste en presentarnos un tipo de mujer sobre la escena. Ayuda que, por herencia de la fórmula italiana de partida, los papeles femeninos puedan ser representados por actrices y no por jóvenes actores imberbes. En pocos lugares como en el teatro, los españoles -los espectadores-, tanto hombres como mujeres, pueden asistir a un encuentro amoroso entre galanes y damas. Si bien hay mucho de ritualización y coreografía, el que los personajes femeninos puedan hablar libremene de sus sentimientos y pasiones bien con criadas, amigas o amantes, debió resultar un atractivo para ir al teatro. La sociedad del momento no lo permitía: esta expresión de sentimientos estaba encorsetada por las normas sociales, sobre todo en las clases que detentaban el poder. No es tanto que no se diera el sentimiento, como que no se pudiera expresar. Por fuerza, las comedias de Lope debieron ejercer un impacto en la educación sentimental de los jóvenes de aquel siglo: de ahí una parte del celo moralizador con el que se condenaba la asistencia a los locales teatrales.

Esto no quiere decir, en absoluto, que Lope fuera feminista. Es frecuente oírlo o leerlo en las declaraciones de directores de escena o actores actuales. Aunque todo montaje exige la actualización de la obra al presente de la función -lo contrario es arqueología y esto solo nos interesa a unos pocos raros-, no deberíamos hacer decir a Lope lo que Lope no dijo. Y, si lo hacemos, debemos dejar claro que esa es nuestra lectura de la obra, no la del autor. Esta opción es válida, pero contiene el peligro de que hagamos de Lope un postmoderno. Lope no era feminista: era un dramaturgo inteligente que detectó una de las carencias de la sociedad española del momento y supo explotarla en el teatro. Mujeres que hablaban libremente de sus sentimientos, que se atrevían directamente con los hombres o incluso que se vestían como ellos: resultarían muy atractivas -físicamente y como reto- a los espectadores masculinos aunque pudieran en alta voz censurar su comportamiento; pero también a las mujeres, que vivían a través de ellas lo que no podían vivir en el día a día. Pero luego casaba a sus protagonistas y reconvertía toda la libertad en orden establecido. Sin embargo, es innegable que sembró, queriéndolo o no, una semilla que potenciaba la necesidad de poder hablar de los sentimientos más íntimos y defender la propia opción de elegir a quien se quería amar, aunque no coincidiera con la imposición de los padres o tutores...

Noticias de La viuda valenciana

Mª Ángeles Merino sigue ejerciendo su papel de confidente de la protagonista. Sabio acompañamiento y consejos, sin duda alguna...

Myriam analiza el inicio de la obra, con la clave de la puesta en antecedentes al espectador y el juego indudablemente seductor de la viuda valenciana del título.

Pancho redacta una soberbia entrada introductoria: no puedo más que remitiros a ella como herramienta básica para conocer la obra.

jueves, 3 de mayo de 2012

Ausencia del teatro clásico español en la televisión y noticias de nuestras lecturas.



Nunca he podido comprender el poco provecho que se le ha sacado, en la televisión española, al teatro clásico español. En concreto, a la fórmula creada por Lope de Vega a finales del siglo XVI. No es extrañeza: en España descubrimos, cada veinte o veinticinco años, que tenemos teatro clásico y volvemos a inventarlo como si no nos sirviera nada de lo anterior. Hasta mediados del siglo XX, el teatro clásico era parte del repertorio de cualquier compañía y los actores se sabían de memoria varias de esas obras cuyos papeles principales se consideraban la prueba sobre la altura de la profesionalidad de cada uno. Ocurrió que, hacia mediados del siglo XX nos entró complejo: un complejo de inferioridad muy español mezclado con papanatismo. Nuestro teatro clásico dejó de gustar a los que se hicieron modernos. Ni siquiera eran conscientes de que varios de los grandes directores y dramaturgos europeos a los que admiraban se entusiasmaban con Lope o Calderón y proponían sus personales montajes de sus obras. El caso es que el teatro clásico español comenzó a desaparecer de los repertorios de las compañías -salvo excepciones loables- y que las obras que permanecían eran a penas un puñado que se repetían una y otra vez, de las centenares posibles.

Más triste es que la televisión española haya dado la espalda a ese tipo de teatro, cuando reúne todas las características para tener éxito. El teatro clásico español, el de la comedia lopesca, no es nada encorsetado, sino todo lo contario: es pura acción e intriga y contiene en sí mismo una gran fuerza para la adptación televisiva. Aunque ahora veamos la comedia barroca española de otra manera, este tipo de teatro contiene aun todo lo que le hizo popular. Quizá algunas obras, en las que es más que evidente el mensaje ideológico de la sociedad barroca, necesiten un trabajo de guion mayor, un esfuerzo para adaptarlo a una mentalidad actual sin que rechine. Pero salvado ese obstáculo todo lo atractivo permanece.

Pero así estamos, condenados a ignorar una fuente de argumentos tan atractivos que merecería la pena que nos los comparan las cadenas norteramericanas para que nos fijáramos en ellos.

Por eso mismo, son más que necesario adaptaciones como la que nos ocupa en este mes de mayo.


Noticias de La viuda valenciana

Mª Ángeles Merino se apresta a la lectura bien informada -y hasta se mete en la ducha para no ser menos que la protagonista-. Magnífica la perspectiva con la que aborda el comentario después: dialogar con la protagonista. Seguro que desde allí podra desentrañarnos su alma.

Paco Cuesta sabe, sin duda, cómo animar a participar en esta lectura. He aquí una de las razones por las que aun me extraño más de lo que hacen la televisión española. Si leyeran más a Paco...

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Como sabéis, esta será la última lectura de este curso. Os propongo continuar -tan solo una vez más, por ahora- con el comentario de un montaje teatral emitido en el programa de Televisión Española Estudio 1: La viuda valenciana de Lope de Vega, dirigida por Carlos Seres y protagonizada por Aitana Sánchez-Gijón. La experiencia de Urtaín ha sido muy positiva pero cambiamos ahora a un texto clásico. En este enlace encontraréis la obra. En este otro unos interesantes extras para comprender mejor el montaje. Y aquí el texto (en este lugar, un curioso manuscrito de la obra del siglo XVII). En este otro enlace, un interesante estudio sobre la obra. También os puede ser útil la consulta de la Biblioteca de Autor mantenida por la Biblioteca Cervantes Virtual.


Mantendremos abierta esta lectura, en las condiciones habituales, hasta el 31 de mayo. Estáis invitados a participar con vuestros comentarios en las entradas del club de lectura de La Acequia que se publican los jueves y a colaborar en vuestros blogs. Avisadme aquellos cuyas entradas no queden reflejadas.

jueves, 26 de abril de 2012

Nos atrevemos con Lope de Vega y una viuda y noticias de nuestras lecturas




Os propongo continuar -tan solo una vez más, por ahora- con la lectura de un montaje teatral emitido en el programa de Televisión Española Estudio 1: La viuda valenciana de Lope de Vega, dirigida por Carlos Seres y protagonizada por Aitana Sánchez-Gijón. La experiencia de Urtaín ha sido muy positiva pero cambiamos ahora a un texto clásico. En este enlace encontraréis la obra. En este otro unos interesantes extras para comprender mejor el montaje. Y aquí el texto (en este lugar, un curioso manuscrito de la obra del siglo XVII). En este otro enlace, un interesante estudio sobre la obra. También os puede ser útil la consulta de la Biblioteca de Autor mantenida por la Biblioteca Cervantes Virtual.

Mantendremos abierta esta lectura, en las condiciones habituales, hasta el 31 de mayo. Estáis invitados a participar con vuestros comentarios en las entradas del club de lectura de La Acequia que se publican los jueves y a colaborar en vuestros blogs.

Os anuncio que será la última lectura del curso. Es bueno detenernos un tiempo y haremos un paréntesis en el club hasta septiembre, pero en junio os publicaré un avance de las primeras lecturas del siguiente curso por si alguien quiere llevarse alguno de ellos en la maleta de las vacaciones. Durante este tiempo me podéis remitir todo tipo de propuestas sobre la continuidad del club, sus posibles cambios y, sobre todo, lecturas posibles. Paco Cuesta me propuso volver a tener una aventura similar a la del Quijote: un proyecto que nos ocupe tiempo sin agobios. Espero vuestras ideas.


Noticias de Urtaín

La semana pasada se me olvidó reseñar la aportación de Luz del Olmo sobre Urtaín y ahora lo corrijo: la insatisfacción vital que arrastra el personaje desde que salió de su tierra es la clave de su oportuna interpretación.

Los que habéis seguido esta lectura colectiva del montaje de Animalario sabéis de la brillantez de las entradas que Myriam ha dedicado a la obra. Tengo una gran noticia al respecto. En su última entrada sobre Urtaín, el actor protagonista, Roberto Álamo, le dejó dos comentarios de agradecimiento que pienso serán de vuestro interés. Dejo aquí constancia de mi agradecimiento a Roberto Álamo y mi enhorabuena a Myriam.

Pancho escribe una lúcida entrada sobre una de las claves esenciales de interpretación de la obra. Y contiene una real ironía...

Noticias del Quijote

Con motivo del día del libro, Mª Ángeles Merino publicó una interesante entrada sobre la locura de don Quijote y la lectura. No os la perdáis.

Kety da cuenta de un segundo Quijote y de una exposición bien cervantina, de la que ya hablamos aquí.

miércoles, 4 de abril de 2012

Los celos que ciegan


Rodrigo, que ama y no es correspondido, no puede comprenderlo: no acepta el desdén de Inés, simplemente no lo entiende. Lope de Vega le hace expresarse como podría hacerlo un galán culto del momento. Cada época tiene su propia educación sentimental y en la del momento marcaba la retórica del amor cortés en la que amor y muerte van unidos:

Entre la vida y la muerte,
no sé qué medio tener,
pues amor no ha de querer
que con tu favor acierte;
y siendo fuerza quererte,
quiere el amor que te pida
que seas tú mi homicida.

Pero esta Inés de El caballero de Olmedo ya no es mujer de amor cortés y ha dado todos los pasos para recibir a Alonso y no tiene por qué ni dar explicaciones a Rodrigo ni soportarlo -de ahí la modernidad de Lope al plantear a los espectadores una mujer libre a la hora de la elección amorosa-. Lope juega con un doble referente -como se hacía en La Celestina-: por un lado la retórica bella pero trasnochada del amor cortés y por otra la de la expresión directa del amor. Visto así, Rodrigo no tenía nada que hacer: procede de otro libro y ha caído donde no le corresponde, por eso provocará la tragedia. En el fondo, los seres humanos actuamos así en la realidad cuando la educación sentimental que recibimos no es la adecuada, por anticuada o por patológica. Así pues, Rodrigo, haga lo que haga no será comprendido y, por muy hondo que sea su amor, al no aceptar el rechazo de Inés, comete un delito de amor: insistir y no retirarse. No aceptar el rechazo es el error de este tipo de amantes. Una patología: a veces porque piensan que la amada es de su propiedad; en otras, porque su obsesión les ciega el entendimiento y ya no son capaces de razonar con sensatez. El amor, así, se enturbia. Se ama, pero se daña. Rodrigo ya no puede dar un paso atrás ni levantar la cabeza para ver el cuadro en la distancia. De las siguientes decisiones del rechazado dependerá el concepto que tengamos de él. Rodrigo no sabe o no puede dar un paso atrás a tiempo. Y cae en los celos:

Mortal desmayo
cubre mi amor de celos y de enojos.

Y si el amor ciega, los celos no solo ciegan sino que vuelven loco a quien los sufre:

FERNANDO ¡Qué loco estáis!
RODRIGO Amor me desatina.

Además, Alonso lo vence en el torneo: ya no son solo celos, sino el orgullo herido. Mala suma de heridas. Rodrigo ya no verá más: ha de matar a Alonso. Mala suma hacen celos y orgullo.

martes, 3 de abril de 2012

Ceguera de amor


El amor ciega. Alonso regresa a Olmedo, de noche y atravesando un paisaje que se le ha vuelto misterioso a pesar de ser tan conocido, tras haber disfrutado unas horas en Medina del Campo junto a su amada Inés. Oye, a lo lejos, un cantar que le sobresalta en boca de un labrador: contiene presagios que le anuncian su propia muerte:

Que de noche le mataron
al Caballero,
la gala de Medina,
la flor de Olmedo.

Pero los aparta de sí: juzga que es una estratagema de su enamorada para que de la vuelta y regrese a su lado. El amor ciega: ciertamente es un aviso de lo que le aguarda junto a un arroyo. Allí le salen a su encuentro Rodrigo, antiguo pretendiente de Inés, y sus compañeros de Medina, molestos porque un forastero les robe a una de las mejores mozas del lugar. Lo rodean y lo asesinan. La embriaguez del amor le lleva a confundirlo todo. Alonso ve y escucha, pero el amor le ha nublado el entendimiento y desoye la noticia cierta de su propia muerte.

Desde el inicio de El caballero de Olmedo queda clara esta ceguera de amor: Alonso e Inés cuentan la misma historia de su enamoramiento a primera vista y casi con los mismos términos. El flechazo entró por los ojos y, desde entonces, ya no ven otra cosa que el objeto amado y la urgencia por gozarlo. Alonso no puede volverse, sin más, a Olmedo; a Inés ya no puede satisfacerle ningún joven de Medina del Campo. Recurren a una celestina, Fabia: Alonso tiene urgencia por entrar en tratos con aquella mujer que tanto le ha gustado; Inés deja que la vieja entre en su casa a pesar de la conocida reputación de tercerona. Ya nada importa: en realidad, Lope de Vega pinta el proceso de la pasión que nubla el razonamiento como una enfermedad de los sentidos: todos se concentran en un mismo punto y abandonan cualquier otra función. Desde ese mismo momento se han puesto las bases de la tragedia final. ¿Merece la pena ese momento de felicidad en el que los amantes pueden comunicarse con intensidad sus sentimientos? Una vida entera en unas horas.

Dicen que el amor es ciego. Al menos, así lo pintan.

martes, 18 de enero de 2011

Estrambote cervantino: el ritmo juguetón.


Es difícil innovar en un soneto: es un artefacto rítmico imponente y exacto. El soneto clásico español lo dejó perfecto Garcilaso, que sin duda tuvo un oído prodigioso para el ritmo poético. Lope definió la estrofa con ingenio, pero se guardó el secreto, como buen mago. Quien siga su definición al pie de la letra, sólo tendrá cómputo, pero no poesía. Lope lo sabía y escondió lo que importa para comprender el engranaje del soneto mostrándolo por debajo del argumento. Esto es muy barroco: engañar con la verdad, mostrar el truco para volver a ilusionarnos y que no lo veamos. Muchos se quedan solo con lo que dice que es un soneto y no leen más allá: se le nota la sonrisa a Lope.

Sin embargo, es posible jugar con el ritmo del soneto, usando otros versos, por ejemplo, pero hay que ser un buen poeta para hacerlo. O desbordándolo, haciendo que lo que rebase de los catorce versos sea, precisamente, lo que lo dé sentido completamente sin tocarlo. Cervantes, como en casi todos los géneros que tocó, tiró de parodia y amplió el género soneto con el estrambote. No fue el primero en hacerlo, pero sí fue el mejor:

Al túmulo del rey que se hizo en Sevilla


    «¡Voto a Dios que me espanta esta grandeza


y que diera un doblón por describilla!;


porque, ¿a quién no suspende y maravilla


esta máquina insigne, esta braveza?


    ¡Por Jesucristo vivo, cada pieza  5

vale más que un millón, y que es mancilla


que esto no dure un siglo, ¡oh gran Sevilla,


Roma triunfante en ánimo y riqueza!


    ¡Apostaré que la ánima del muerto,


por gozar este sitio, hoy ha dejado  10

el cielo, de que goza eternamente!»


    Esto oyó un valentón y dijo: «¡Es cierto


lo que dice voacé, seor soldado,


y quien dijere lo contrario miente!»


    Y luego encontinente  15

caló el chapeo, requirió la espada,


miró al soslayo, fuese, y no hubo nada.


Cuando el lector pensaba que el soneto moría en el verso catorce, Cervantes cambia el ritmo y dota al poema de un nuevo final: el desborde juega con todo lo anterior e implica el gesto (voz y mímica) del que recita el poema, advirtiéndolo al que escucha y al que declama con un prodigioso heptasílabo que es puro teatro, como tantas cosas en la obra de Cervantes (Y luego encontinente). Le ha cambiado el ritmo para que el poema sea más de lo que parecía: y no sólo porque en vez de 14 sean 17 los versos. Prodigioso sobre todo porque parece fácil. Lo parece.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Lope, una película insuficiente de Andrucha de Waddington.


No aprendemos. La historia de España está llena de hechos y biografías atractivas que no suelen tener éxito en su traslado al cine. La personalidad, los avatares biográficos y la obra de Lope de Vega tienen una intensidad tan grande que debería hacernos disfrutar cada cierto tiempo de producciones cinematográficas que abordaran todos los aspectos y matices posibles tanto de su vida como de su producción literaria.

Lope es una película que trata de una época crucial en la vida del dramaturgo español: el periodo en el que se decanta por el teatro como forma de ganar popularidad y dinero -que no prestigio literario, que lo daba la poesía-, el paso de la juventud a la madurez y los primeros atisbos de lo que se convertirá en la fórmula que dominará la escena española durante las siguientes décadas, la comedia nueva que, con las variaciones introducidas por los dramaturgos y autores de compañía posteriores, permanecerá en lo sustancial hasta bien entrado el siglo XVIII; el momento histórico en el que queda definitivamente claro que España dejará en pocos años de ser la primera potencia del mundo para ser superada por Inglaterra y Francia: un Imperio en el que se pone en evidencia los pies de barro.

Pero la película se decanta por no reflexionar en serio sobre nada de eso: ni sobre la biografía de Lope, ni sobre su obra ni sobre la España del momento, lo toca todo sin concluir nada. Son tantas las carencias en cada uno de estos aspectos, que alarma que se hayan querido cubrir con publicidad las deficiencias, como si la película fuera buena porque se hablara mucho de ella. El argumento pasa muy por encima sobre todo, dando pequeñas pinceladas que no componen bien el cuadro: finalmente, la obra no es ni un buen biopic ni una buena película histórica puesto que no sirve ni para reflexionar sobre el biografiado ni sobre la época. Quiere ser una reconstrucción de la pasión de Lope por las mujeres y la literatura, pero le falta profundidad para lograrlo, apunta el cambio de estética teatral pero con tan escasos -y hasta erróneos, con falsedades notables- motivos que quedan cosidos con alfileres, pretende retratar la sociedad española del momento pero no pasa de recrear la suciedad y unos pocos tópicos escasamente desarrollados. Eso sí lo hace bien: una excelente reconstrucción del ambiente que le dará premios seguros. Pero esta pretensión de fidelidad en la reconstrucción se da de cabezazos con la infidelidad en el retrato de la psicología de los personajes: no vale lo uno sin lo otro.

A veces quiere ser Cyrano de Bergerac, a veces Shakespeare in Love sin que tenga ni sus buenos guiones ni su magnífica dirección de actores ni su profundidad temática y análisis de personajes. Se queda en culebrón histórico de lujo bien ambientado, que contentará a los seguidores de este tipo de género televisivo.

El argumento se pierde y acaba por no saber dónde va, hay situaciones que se hacen excesivamente largas y tediosas, repeticiones de motivos ya suficientemente desarrollados, etc. Los actores están mal dirigidos y desaprovechados -el reparto es notable, lo que hace más grave el resultado- hasta el punto de que el mejor es un secundario Luis Tosar que ni siquiera está brillante como suele. La cámara tampoco ayuda: exceso de planos cortos sin sentido a la manera de las series televisivas que destrozan a unos actores que no saben muy bien qué hacer porque no acaban de creerse a sus personajes y que intentan tirar de oficio para salir del apuro. Algunos lo consiguen en escasos momentos, como Pilar López de Ayala. Juan Diego tira de todo lo que sabe para salvar algunas secuencias, pero se pierde rotundamente en otras. Miguel Ángel Muñoz está, simplemente, ridículo desde la caracterización física. El protagonista no sabe dónde llevar su personaje: es un actor que sobresale en los momentos más físicos pero no ha interiorizado el papel. Por cierto: destroza algunos de los versos de Lope que recita porque alguien le ha debido decir que no parezcan verso, cuando si algo es Lope, es verso que suena a verso. Véase el soneto con el que termina la película, como ejemplo. Mejor pero falta de altura suficiente para el papel es la actuación de Leonor Watling. Si todos estos actores han demostrado sobradamente su capacidad en otras películas y aquí no, está claro que la responsabilidad se reparte entre los que decidieron del reparto y la dirección.

La película no es más que un largometraje para pasar el rato, entretenido a veces pero ni siquiera siempre, espectacular en la ambientación, pero que no profundiza en ningún tema, que pasa por las cosas importantes de prisa y que ni siquiera sirve para comprender de verdad al personaje que pretende retratar ni la época en la que vivió. Quizá lo peor es que peca de ambiciosa para el resultado final. Tendremos que esperara a otro Lope.

jueves, 1 de mayo de 2008

Desocupado lector. (La construcción de una novela o cómo Cervantes nos engaña mostrándonos el truco.)

El Prólogo de la primera parte de El Quijote, que todo lector no advertido se salta porque así se acostumbra, contiene varias de las claves para comprender la profundidad, como novela, de la obra.
Podemos leer este libro de muchas formas, pero una de ellas es, sin duda, como una lección de novelar puesta en práctica, en vez de a través de un sesudo ensayo. Es tal la sabia condensación de cuestiones técnicas que encontramos en estas páginas preliminares, que aun me pregunto cómo se pudo afirmar la condición de Cervantes como autor con escasos conocimientos literarios. Si, además, pensamos en que están escritas de forma tan atractiva no hay más remedio que rendirse ante un hombre que, a tan avanzada edad para lo que se estilaba y tras tantos años como llevaba retirado de la primera línea editorial (desde la publicación de La Galatea en 1585 hasta la redacción de este Prólogo en 1604), juega con la literatura de tal manera que nos ofrece tan inteligente y arriesgada experimentación formal en lo tocante a la narrativa.
En el Prólogo encontramos varias cosas que quiero resaltaros:
1º.- La construcción de la figura del narrador (que continuará a lo largo de toda la obra, como veremos, al igual que en los prólogos de sus Novelas ejemplares y los Ocho comedias y entremeses nuevos, nunca representados). No es don Miguel quien nos cuenta la historia de Don Quijote, sino este personaje llamado Cervantes que encontramos aquí. Nuestro narrador será un personaje inseguro, que necesitará los consejos de un amigo puesto que él estaba dispuesto a sepultar la obra al no poder rematarla con un prólogo adecuado.
Más adelante, bien avanzada la narración, sabremos que ni siquiera es el verdadero autor de la obra, pues éste no es ni más ni menos que Cide Hamete Benengeli, un historiador arábigo (y, como tal, en el imaginario de la época, poco fiable). Como el narrador no conoce el árabe, tendrá que recurrir a un traductor (por lo tanto, también poco fiable, nada si le sumamos que es un morisco aljamiado). Este que creíamos autor, se convierte así en un mero adaptador literario de una crónica. Veremos, en la segunda parte, que aun se complica y cuestiona más todo el lío de narradores, hasta llegar a la conclusión de que el verdadero autor es uno de los encantadores que persiguen a Don Quijote. Por no recordar el cuestionamiento que se hará del autor de la otra segunda parte, la de Avellaneda
Es decir, el Prólogo nos avanza ya la figura de un narrador radicalmente moderno: no conoce todos los datos de sus personajes (y algunos de los que conoce, como el lugar de origen del héroe no nos lo facilita voluntariamente -de cuyo nombre no quiero acordarme), se muestra inseguro a la hora de escribir, trabaja sobre textos que no son suyos y que incluso no tiene completos. Es decir: es un narrador poco fiable, del que cabe desconfiar.
2º.- Por lógica, al construir de forma tan evidente la figura del narrador, se proyecta la del lector, desde el arranque: Desocupado lector. Toda la narración moderna se basa en un juego entre narrador y lector, sabiamente manejado aquí por Cervantes, en el que aquél adquiere una singularidad que no tenía antes y éste, también nuevo, es exigido por la obra a desentrañar todos los trucos, juegos intertextuales y malas jugadas del narrador. Bajar la guardia será disfrutar de la novela sólo en el nivel argumental -lo que es válido en sí mismo, por supuesto, pero no suficiente para comprenderla: de ahí la frustración de muchos lectores-. Cervantes, como partícipe de las técnicas artísticas del barroco, requiere pericia lectora para ser disfrutado plenamente, aunque una lectura de menor grado también pueda ser gozosa. Esto mismo lo encontraremos en artes no literarias: la música, la pintura, la arquitectura, el urbanismo, etc.
Además, con el epíteto Desocupado, nos da un testimonio del lector tipo de estas obras: es alguien a quien le sobra tiempo y tiene un tipo de vida que le permite dedicar unos minutos a la lectura a solas, en el silencio del gabinete.
3º.- Se ha insistido mucho en que Don Quijote es una parodia de las novelas de caballería. Y es verdad. Pero hay más: este prólogo es una parodia de prólogo, género de gran interés en la época en la que se escribió la novela. Con la irrupción del amigo y su conversación, Cervantes parodia los prólogos y preliminares a la moda, en especial los escritos por Lope de Vega. En un juego metaliterario, al decir que no sabe cómo hacer un prólogo vemos construirse delante de nosotros, como si asistiéramos al día a día del taller del escritor, el prólogo que no sabía escribirse (como, por ejemplo, hace Javier Cercas en la escritura de Soldados de Salamina, en juego cervantino). Burla burlando se ha terminado el prólogo con los suficientes argumentos para comprender que no sólo se parodia la narrativa de caballeros andantes, sino que el mismo libro es una parodia de los libros del momento: el prólogo es una parodia de prólogo, los versos preliminares son parodia de versos preliminares, la narración es una parodia de narración.
En el fondo, Cervantes, quien razonablemente puede dudar de si volverá a publicar nada en su vida (por sus años, por los muchos de silencio previo, por tantas circunstancias adversas de su vida), quiere dar lo mejor de sí mismo: un libro que sea un muestrario de todas las formas posibles de narración en el momento, pero giradas, con un sello personal, para permitirle introducir novedades en cada una de ellas: toca todas las posibilidades dejando en cada una de ellas la marca de su ingenio. Incluso en el Prólogo.
Esto ya va siendo largo. Espero vuestras aportaciones, preguntas, sugerencias, experiencias como lectores de esta novela, etc. (como comentarios a esta entrada o vía correo electrónico). El próximo jueves, cerraremos el comentario del Prólogo y veremos los versos preliminares. Vale.