La exposición Miró. Su lucha contra la dictadura, que ayer se clausuraba en Valladolid, muestra los trabajos de este artista a partir de la lectura de Ubú rey de Alfred Jarry y su actualización en los tiempos de la lucha antifranquista, proponiendo la analogía de Ubú con Franco.
Miró realizó tres series de su obra gráfica sobre Ubú y culminó su propuesta con la colaboración en el montaje Mori el Merma, inspirado en ella, que llevó a cabo el grupo de teatro mallorquín La Claca en los tiempos convulsos del postfranquismo. Ubú era fácil de identificar con Franco: la degradación del personaje hasta niveles de farsa son una forma de evidenciar la corrupción de un sistema político como el de la dictadura militar que gobernó España desde 1939 hasta 1975. En parte, la obra de Alfred Jarry se presta fácilmente a ello. Quizá deberíamos comenzar a añorar los tiempos en los que tan fácilmente se podía identificar al gobernante dictatorial: al menos se podía poner cara al enemigo y ridiculizarlo. La farsa ha sido un género siempre de defensa del pueblo frente a la autoridad opresora. Cuando la vanguardia, en los años treinta del pasado siglo, abandonó su aspiración de arte puro e intrascendente para comprometerse sin abandonar las técnicas que le habían sido propias recurrió en muchas ocasiones a la farsa como el género teatral más puramente artístico que permitía dar este salto. No es nada extraño que Miró llegara, en el franquismo, a Ubú rey.
Al salir de la exposición me pregunté cuál es el verdadero rostro de quienes nos gobiernan ahora: la dificultad que tenemos para identificarlo hoy y poder ponerlo en la máscara de Ubú.