Mostrando entradas con la etiqueta José Luis Cancho. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta José Luis Cancho. Mostrar todas las entradas

jueves, 31 de mayo de 2018

El escritor en Los refugios de la memoria de José Luis Cancho y noticias de nuestras leccturas con anuncio de la próxima


Con ser mucho el interés de lo biográfico y la forma de entender la vida por el autor, en Los refugios de la memoria a mí me ha interesado sobremanera el escritor.  Me explico.

Tal y como dije en la primera entrada sobre esta obra, es indudable el interés que despierta en el lector conocer las circunstancias personales de quien se convirtiera en uno de los nombres más conocidos de la oposición a la dictadura franquista en los años setenta del pasado siglo, todo lo que en este caso hay memoria individual y colectiva.

La segunda entrada la dediqué a la forma de comprender la vida por José Luis Cancho: el nómada que recorre el mundo con un hatillo en el que lleva la memoria de un barrio popular de Valladolid, que entiende su historia como ciclos que se abren y se cierran y cuya forma de ser ha sido marcada por las experiencias vividas, algunas tan extremas como las que le ocurrieron en el año 1974, pero no solo. Pero todo esto no existiría como esta narración autobiográfica sin el escritor que es José Luis Cancho. Los refugios de la memoria se anudan precisamente porque hay un momento en la vida de Cancho en el que este decide ser escritor antes que otras cosas: Durante varios años mi dedicación fundamental ha sido la escritura. Es desde ese escritor desde el que se nos cuenta la historia completa -o el autorretrato fragmentado-. No solo la materia de lo narrado o el presente desde el que se cuenta sino, sobre todo, la forma en la que se hace.

Como autor, Cancho ha publicado cuatro novelas (El viajero junto al mar, Grietas, Indicios y Lento proceso) y construido un territorio mítico personal en el que suceden varias de sus historias (el barrio del Carmen, que se corresponde al recordado barrio de su infancia), sobre las que habla en la parte final del libro. En estas páginas nos plantea también su tesis fundamental: He hablado del poder de la ficción, de la influencia que ejerce en nuestra percepción de la realidad, de cómo puede llegar a imponerse sobre esta. De hecho, el propio relato autobiográfico que son Los refugios de la memoria se ven afectados por esta circunstancia y el yo sobre el que se habla en la obra cada vez le parece más al propio autor un personaje de ficción. Plantea Cancho algo sumamente interesante que nos lleva al límite del pacto de lo autobiográfico: todo lo que se ha contado es cierto y no lo trasgrede pero la propia narración de los hechos nos lleva a cuestionarlo puesto que quizá lo haya ya superado. No solo lo narrado sino, sobre todo, la misma circunstancia de la narración y las técnicas que se emplean. Cancho, así, nos lleva de forma brillante a un interesante punto de reflexión sobre la propia vida y el relato que hacemos de ella, que se convierten a la vez en algo ajeno y apasionante.

Noticias de nuestras lecturas

Pancho comenta con todo acierto el murmullo fluido y constante del que brota la escritura autobiográfica de José Luis Cancho. Y termina con Luis Pastor...

Mª Ángeles Merino levanta acta de la última reunión del club de lectura en su formato presencial, algo diferente en su formato a las ordinarias. Comentamos las dos obras de reciente lectura (Akúside y Los refugios de la memoria) y visitamos la exposición El rostro de las letras en el Arco de Santa María.

Los escritores Ángel Vallecillo y José Luis Cancho serán los protagonistas de la sesión del sábado día 2 en la Feria del libro de Valladolid. Se les hará entrega del Premio de la Crítica de Castilla y León que obtuvieron ex aequo por Akúside y Los refugios de la memoria, que hemos leído y comentado estas últimas semanas en el club. Lamento no estar presente, pero invito a los interesados a acercarse al acto.

Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos.
Entrada del Club de lectura cada jueves, en este blog, aunque en las últimas semanas no haya podido cumplir esta promesa por diferentes cuestiones que espero se vayan remansando en las próximas.
Información sobre el presente curso en el club en este enlace.

Anuncio de la próxima lectura



Este curso ha resultado intenso y para cerrarlo os propongo la lectura, en el mes de junio, de una  novela que os sorprenderá: El pisito: novela de amor e inquilinato de Rafael Azcona. Rafael Azcona (Logroño, 1926 - Madrid, 2008) es, para muchos, el mejor guionista de la historia del cine español, pero lo que no es tan conocida es su faceta como escritor. El pisito se publicó en 1956 y sobre ella escribió el mismo Azcona el guion para la película dirigida por Marco Ferreri, estrenada en 1959, con el que debutara en el cine. La película es una de las obras clásicas del cine español de todos los tiempos. En 2009 se adaptó al teatro con relativo éxito de público, en una versión que a mí me dejó insatisfecho. Descubramos, pues, el relato original sobre el que se hicieran la película y la obra de teatro. Hay varias ediciones en el mercado. Os recomiendo la publicada en la editorial Cátedra por Juan A. Ríos Carratalá. Aparte de un magnífico estudio introductorio, cuenta con la incorporación de fragmentos que se suprimieron en 1956 para evitar la censura de la dictadura de Franco. El curso se cerrará a finales del mes de junio con una comida a la que todos los seguidores de este club podrán apuntarse.

jueves, 24 de mayo de 2018

El nómada en Los refugios de la memoria de José Luis Cancho y noticias de nuestras lecturas


En la isla de la Gomera, José Luis Cancho cierra un ciclo. Había obtenido allí una plaza como maestro y decide renunciar a ella y comenzar una vida como nómada. Esta tendencia ya había aparecido en su vida a los dieciséis años, cuando viaja durante meses por Europa, pero ahora tiene un significado más profundo: había cerrado ya su activismo político, su militancia en la primera fila que tanto le había expuesto y trasformado y a la edad en la que muchos piensan en asentarse en un lugar, formar familia, contar con un horario laboral y un trabajo estable, lo deja todo: Cumplía así con un nuevo abandono, con una nueva dimisión, con una nueva renuncia. Se echa al mundo y recorre Latinoamérica descubriendo en sí mismo una nueva faceta, un fragmento nuevo de ese autorretrato en que consisten estas memorias:

Antes me convertiría en un nómada, en un vagabundo, en un mendigo en busca no tanto de bellas ciudades como de rincones en los que ahuyentar la desazón permanente del que busca sin saber muy bien lo que busca.

De toda esa búsqueda nos cuenta apenas unos retazos pero tan intensos en la memoria escrita que bastan para fijar su imagen caminando por el mundo en una mirada hacia el exterior contaminada en parte de sus recuerdos más personales, aquellos que le suscita el barrio en el que vivió hasta que abandonó Valladolid (el barrio de San Pedro que construye en sus obras en espacio mítico como barrio del Carmen con tres elementos que levantan un triángulo mítico referencial: la casa de los padres, la antigua cárcel provincial de Valladolid y el cementerio del Carmen). Siguiendo a Proust -uno de sus autores-, Cancho atraviesa caminos polvorientos en Sudamérica como si todavía recorriera las calles sin asfaltar de aquel barrio, igual que el olor de las higueras o el sabor de la flor de la acacia son desencadenantes de los recuerdos. Pero cuando mira lo que tiene delante las imágenes que nos traslada son de una verdad tan intensa que alcanza factura poética, como el desierto de Atacama florecido, que se trasforma en él en una poderosa metáfora de la vida. El autor, como muchos de nosotros, camina por el mundo, atraviesa paisajes maravillosos y desconocidos, conoce gente, vive experiencias de todo tipo (a veces peligrosas) pero siempre lleva dentro el mapa del territorio de la infancia.

Esta descripción del nómada es una de las cosas más interesantes de este libro tan apasionante y bien escrito. El nómada atraviesa el mundo sin detenerse en fronteras, cargando encima todo lo que es -memoria y presente- y aprendiendo a vivir con la renuncia y la extrañeza, incluso de sí mismo: La vida es más insólita a medida que envejezco. El que fui me resulta cada vez más misterioso.

En pocas ocasiones se ha escrito con tanta precisión y armonía ese parte de la vida que nos convierte en nómadas, casi apátridas de nuestra propia biografía -si no fuera por esa persistencia del olor de la flor de la acacia.

Noticias de nuestras lecturas

Luz del Olmo comenta Los refugios de la memoria a partir de la misión de contar y de la falta de rencor de estas páginas. No os perdáis su aproximación.




El pasado sábado 19 de mayo presenté los Premios de la Crítica de Castilla y León en la Feria del libro de Burgos. Estuvo presente José Luis Cancho y con él hablamos de su obra Los refugios de la memoria en un encuentro más que agradable y en el que salieron a la luz todos los aspectos claves del libro: la memoria individual y la memoria colectiva, el nomadismo del autor, su dedicación a la escritura, las claves estéticas de la obra... Como siempre, la detallada y estupenda crónica de Mª Ángeles Merino me ahorra dar más datos. A ella os remito.



Pancho continúa su comentario de Akúside, de Ángel Vallecillo, nuestra anterior lectura. En el de esta semana llega al análisis de la hipocresía que se esconde en el nuevo régimen instalado tras el triunfo del nacionalismo independentista... y termina, para bien de todos, con unas bulerías del Cabrero.






Ayer miércoles, con los miembros del club que decidieron acercarse, visitamos la exposición El rostro de las letras en su actual ubicación, el Arco de Santa María de Burgos. Resulta interesante comprobar la importancia que la imagen fotográfica ha tenido en la relación de los escritores con el público: ha sido divulgadora, medida publicitaria, ha favorecido el coleccionismo, ha construido personalidades públicas... Como la exposición circula por España desde el 2015 (a veces ajustándose a temáticas concretas) seguro que tendréis oportunidad de visitarla en alguna ocasión, os lo recomiendo. Si no, podéis acceder a esta página para una visita virtual. Esta visita os reportará no solo información sobre esta relación entre escritores, fotógrafos y público sino también un recorrido apasionante por la historia del retrato fotográfico en España.

Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos.
Entrada del Club de lectura cada jueves, en este blog, aunque en las últimas semanas no haya podido cumplir esta promesa por diferentes cuestiones que espero se vayan remansando en las próximas.
Información sobre el presente curso en el club en este enlace.

jueves, 17 de mayo de 2018

El punto de partida de Los refugios de la memoria de José Luis Cancho y noticias de nuestras lecturas.


Hay varias formas posibles de abordar Los refugios de la memoria de José Luis Cancho. Algunos lectores buscarán en estas páginas el testimonio vital de aquel joven estudiante que en la mañana del 18 de enero de 1974 cayó desde el tercer piso de la comisaría de policía de Valladolid. Su caso es recordado aún porque conmocionó a la sociedad española -al menos a la que discrepaba de la dictadura franquista pero a muchos que no se contaban en ese lado no les pasó desapercibido lo que podía significar interna y externamente- a pesar del control que la censura ejercía sobre los medios de comunicación. El propio autor ha vivido con las consecuencias de esa fama y los efectos que tuvo su caso en la vida universitaria y en el activismo opositor de entonces. Suele ocurrir que muchas personas exigen del protagonista de un caso así que se quede detenido en el tiempo: como si estuviera condenado a caer repetidamente por aquella ventana. Cancho dedica cinco páginas al suceso que lo lanzara a una fama no buscada. Y de esas cinco páginas llama la atención la profundidad de las reflexiones expresadas a partir de las preguntas, no retóricas sino que entran en el terreno de la exploración de la memoria y de los hechos: la interrogación como forma de adentrarse más y más en la memoria y en el pensamiento, preguntas que quizá se haya hecho muchas veces el autor. De las cinco páginas, dos las dedica a un policía cuya declaración sobre los hechos coincidía con la suya en muchos aspectos y se pregunta quién fue y qué fue de él.

Parece obvio que ese puede ser el punto de partida de un relato autobiográfico. Pero no lo es, en absoluto, la manera en la que lo trabaja el autor. A partir de ahí comienza un intenso relato cuya reflexión principal es el paso del tiempo y la manera de contarlo. Predomina la elipsis, que da un atractivo especial al texto puesto que no en vano Cancho lo denomina autorretrato fragmentario. El autor, en efecto, se detiene en aquello que le importa hoy: la mencionada reflexión sobre el paso del tiempo, la manera en la que ha llegado a ser el que es y su declarada relación con la escritura. No solo con las novelas que ha escrito sino con el mismo proceso de la escritura:

He hablado del poder de la ficción, de la influencia que ejerce en nuestra percepción de la realidad, de cómo puede llegar a imponerse sobre esta.

En ese proceso -que es a la vez el del escritor y el de la persona- se llega a una cierta desnudez, incluso en el lenguaje (A medida que envejezco mi lengua se empobrece), también en un cierto distanciamiento de sí mismo que le permite la reflexión directa sobre su pasado. El estilo de este libro, contenido y poético y siempre exacto, lo refleja.

En un texto como este es inevitable que los que lo lean con profundidad se interroguen sobre sí mismos: su compromiso, su vida, su forma de entender las cosas. Aquellos que buscan solo el testimonio de un activista político que da cuenta de su lucha contra el franquismo pronto perderán el interés puesto que ese no es el texto que ha escrito José Luis Cancho. Sale ganando el lector que busca más allá, que sabe apreciar el relato del tiempo que pasa y los efectos que causa. Además, claro, está el propio interés por la escritura de Cancho, autor de novelas como El viajero junto al mar (1999), Grietas (2001), Indicios (2004) y Lento proceso (2013). De todo ello hablaremos en las próximas entradas de los jueves.


Noticias de nuestras lecturas

Mª del Carmen Ugarte se adentra por las páginas del libro de José Luis Cancho deteniéndose en algunas de las claves más importantes del mismo: lo autobiográfico y la experiencia literaria; la memoria individual y colectiva. No os perdáis este comentario para comprender el libro.

Mª Ángeles Merino escribe una extraordinaria entrada introductoria a la lectura de la obra de Cancho. En ella están sus recuerdos y las claves para abordar este trabajo de la memoria.

Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos.
Entrada del Club de lectura cada jueves, en este blog, aunque en las últimas semanas no haya podido cumplir esta promesa por diferentes cuestiones que espero se vayan remansando en las próximas.
Información sobre el presente curso en el club en este enlace.





Desde hace unos años colaboro de forma asidua con la Feria del libro de Burgos. La presente edición se inaugura este viernes 18 y se clausura el 27 de mayo. El sábado 19 participo presentando los últimos Premios de la Crítica de Castilla y León. Estará presente José Luis Cancho, autor de Los refugios de la memoria y sobre esta obra y otras muchas cosas hablaremos con él. El acto tendrá lugar a las 13:00 hs. en la Sala Polisón del Teatro Principal. Entrada libre hasta completar el aforo.

jueves, 15 de marzo de 2018

XVI Premio de la Crítica de Castilla y León: Akúside de Ángel Vallecillo y Los refugios de la memoria de José Luis Cancho


Akúside de Ángel Vallecillo y Los refugios de la memoria de José Luis Cancho han resultado ganadores de la XVI edición del Premio de la Crítica de Castilla y León, de cuyo jurado soy miembro como saben los asiduos de este blog.

Entre los libros finalistas, además, se encontraban No habría sido igual sin la lluvia de Rubén Abella, La carroña de Enrique Andrés Ruiz, La librería de Michelle de Verónica Fernández, La vida a medias de Avelino Fierro, Unos ojos en la travesía de Luis Ángel Lobato, Vicisitudes de Luis Mateo Díez, Boreal de Andrés Martín y No hay amor en la muerte de Gustavo Martín Garzo. Una interesante suma de narrativa, ensayo, poesía, diario y memorias en la que se ve reflejada lo mejor producido por castellanoleoneses en los últimos meses y en la que pueden observarse autores ya consagrados y con una larga y exitosa trayectoria y otros menos conocidos por el público, algunos que ya han estado en otras ediciones del premio junto a nombres que aparecen por vez primera, grandes editoriales y pequeños editores. Recuerdo que el premio se otorga a la mejor obra literaria escrita por un autor castellano y leonés publicada en el año inmediatamente anterior. En este caso, a una obra publicada en el 2017.

La convocatoria hubo de aplazarse debido al temporal que azotó la comunidad el pasado 28 de febrero, que impidió la llegada a Ávila de los miembros del jurado. Finalmente, el jurado pudo reunirse a deliberar ayer  miércoles 14 de marzo y comunicar el fallo a la hora acostumbrada, la una de la tarde. Por segunda vez en la historia del premio lo han obtenido dos obras ex aequo. La ocasión anterior fue en el año 2012 (lo obtuvieron El laberinto invisible de Antonio Colinas y El rostro de Cristo de Olgario González de Cardedal).

Akúside de Ángel Vallecillo (Valladolid, Difácil, 2017) es una distopía contra los efectos de los nacionalismos. La construcción de Akúside, sus leyendas y mitos originarios, la forja de su identidad excluyente y obligatoria y todos los acontecimientos que en ella se tratan son inspirados por acontecimientos vividos en el País Vasco durante el período de actividad del terrorismo de ETA pero el resultado final los trasciende hasta llevarlos a un universal que puede recordarnos todos los movimientos nacionalistas de cualquier parte del mundo y de cualquier época. Esta característica del libro le otorga un magnífico valor de reflexión sobre la constitución de los países y de las culturas de forma excluyente y la locura de la espiral posterior. Vallecillo, además, ha demostrado una valentía extrema al escribir un libro con una estructura diferente, original y rupturista, muy interesante y moderna.

Los refugios de la memoria de José Luis Cancho (Madrid, papeles mínimos, 2017) es un libro en el que el autor relata su experiencia personal desde que en la mañana del 18 de enero de 1974 cayera al vacío desde una de las ventanas del tercer piso de la comisaría de policía de Valladolid sita en la calle de Felipe II. Este trabajo de la memoria le lleva a narrar la represión del régimen dictatorial de Franco y sus crímenes contra la libertad pero también la maquinaria de las organizaciones en las que militó, que anulaban al individuo. Aquellos que lean este libro solo como un testimonio antifranquista escrito por alguien que se hizo famoso en España por aquellos hechos de 1974 en los que pertenecer a la oposición era jugarse la vida se equivocan completamente. Cancho abandonó la militancia activa y comenzó la búsqueda de su propia identidad hasta encontrarla en un viajero nómada que pudo desarrollar, finalmente, su dedicación a la escritura. El valor de este libro definido por el autor como un autorretrato fragmentario no está solo en el trabajo de la memoria y el testimonio de un tiempo de transición y una vida sino también en la propia escritura: un estilo depurado, esencial, desnudo casi, lleno de magníficos hallazgos trabajados con la elipsis, la eliminación de lo superficial y el lirismo en ocasiones. También con la reflexión sobre la escritura. Siempre interesante.

Otra cosa que debemos añadir a estos dos libros es que ambos han sido publicados por editoriales pequeñas con un catálogo a tener en cuenta construido con paciencia y sacrificio.

De ambos títulos volveré a dedicarme en las próximas semanas, por separado.