Reconozcamos una evidencia: el proyecto de Las Edades del Hombre fue una magnífica idea que aúnaba la divulgación amable de los principios del dogma católico con su expresión cultural y la restauración y puesta en valor del patrimonio artístico castellano y leonés. Las dieciocho ediciones avalan el éxito del proyecto.
Desde la primera exposición, celebrada en Valladolid en 1988, hasta la actualidad, ha contado siempre con el favor del público y el apoyo de las instituciones y medios de comunicación de una forma que se echa de menos en otras ocasiones. Incluso ha salido fuera de las fronteras castellano-leonesas: Amberes (1995) y Nueva York (2002), con un olvidable paseo por Madrid (2005). En gran medida, el éxito se debe a que supo encontrar el punto exacto de unión entre la divulgación de las creencias católicas con un proyecto museístico y el interés económico de las sedes. Gracias a este proyecto se han restaurado cientos de piezas de enorme valor del gran patrimonio artístico de la region y se han mostrado al público. Gracias a este proyecto también se ha dinamizado el sector turístico de las localidades por donde ha pasado y se ha favorecido a la hostelería. Quizá el proyecto ha continuado más allá de lo que se pensaba en su inicio, pero esto no es criticable en sí mismo, aunque da lugar a algunas caídas en calidad, oportunidad y oferta (fue el caso de Medina del Campo, que no de Medina de Rioseco, localidad que salió favorecida del experimento de la doble sede puesto que cuidó mucho más la edición correspondiente a 2011; también sucedió en Oña en 2012) y a la obligada pregunta de cuánto más puede alargarse la idea. Pero bienvenido sea todo lo que permanezca si esto contribuye a poner en valor el patrimonio artístico castellano y leonés, divulgarlo, llamar la atención sobre lo mucho que debió hacerse en su tiempo y no se hizo -las pérdidas por ruina, ventas legales y fraudulentas, desidia y robos son incalculables- y lo que aún queda por hacer. Y debemos alegrarnos si se contribuye a levantar las cifras económicas de los sectores afectados en las localidades que sean sede. Pero llegará un momento en el que el proyecto, por su propio bien, deba tener fin para no caer en el oportunismo, el interés lucrativo por encima de la calidad y en la repetición. De hecho, en las últimas muestras hay una cierta sensación de ya visto en algunos momentos.
Hasta el próximo 3 de noviembre la sede de las Edades del Hombre del presente año es la localidad de Arévalo, con el título de Credo. La exposición, tanto en su parte divulgativa como en la artística, es irregular pero en su conjunto notable. En contra de lo esperado, el que se haya distribuido el contenido en tres espacios (iglesias de Santa María, San Martín y El Salvador) no perjudica el resultado. Las distancias son cortas y permiten al visitante pasear sin agobios ni de tiempo ni de trágico por el casco histórico de Arévalo. De las tres sedes, la primera es la más cuestionable en el contenido aunque en ella se halla lo que, desde mi punto de vista, es lo mejor de la exposición: el edificio mudéjar de la Iglesia de Santa María la Mayor y las impactantes pinturas de la cabecera con las que juega inteligentemente el audiovisual que se proyecta. Lo expuesto en las otras dos sedes es más previsible, aunque la colección de la iglesia de El Salvador deja un buen sabor de boca final. En ambas, la sorpresa se encuentra al salir de ellas: las esculturas en bronce de Venancio Blanco o Carmen dormida, la magnífica obra de Antonio López.
Como decía, estas exposiones aúnan otro interés: conocer los lugares en los que se muestran. Arévalo es una villa con gran importancia en la historia de España. Visitarla es comprender parte de la historia del Reino de Castilla. De aquellos tiempos queda lo suficiente para volver a Arévalo en cualquier ocasión: su casco histórico y el castillo, sobre todo. Del presente, su gastronomía es un buen reclamo. Sería deseable que cuidaran más algunos de los edificios que están fuera del circuito expositivo y que mantuvieran el interés por atender al visitante que han alcanzado en esta ocasión.
La próxima sede de Las Edades del Hombre será Aranda de Duero. Tengo razones para desear el éxito de esta convocatoria. Entre ellas, contar con un motivo más para volver a esta ciudad de tan grato recuerdo.

