Mostrando entradas con la etiqueta Mateo Maté. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mateo Maté. Mostrar todas las entradas

lunes, 18 de agosto de 2008

Te vendo un hueso.


Si los artistas se han endiosado tanto que muchos de ellos se han convertido en guías espirituales que tienen el secreto de nuestra cultura y los nuevos templos son los grandes museos, a los que peregrinan miles de devotos que reverencian un arte que no comprenden y sobre el que ejercen su culto sacerdotes que pronuncian mensajes enigmáticos mientras calculan su valor económico, ¿por qué no disputarnos las partes de sus cuerpos como reliquias de santos?

Este es el irónico punto de partida de la instalación de Mateo Maté (Madrid, 1964), Reliquias de artista, que se exhibe, hasta el 21 de septiembre, en el Patio Herreriano de Valladolid. Maté parece haberse especializado en sus instalaciones en una visión desmitificadora del arte y de muchos de los principios que algunos quieren sagrados de nuestra cultura.

La instalación consiste en la exposición de las radiografías del cuerpo del artista y los correspondientes contratos de compra-venta de sus huesos, debidamente formalizados y preparados para su firma tras alcanzar un acuerdo entre el artista y el comprador. Se adjuntan todos los documentos oportunos.

Es una tomadura de pelo irreverente sobre otras tomaduras de pelo a las que habitualmente asistimos en los grandes espacios artísticos. No sé si Maté se gana la vida con esto, pero me parecería bien: otros lo hacen con menos.

Al salir, pregunté si se había formalizado ya alguna compra. Me dijeron que no, así que el visitante aun tiene a su disposición todos y cada uno de los huesos de Mateo Maté, que le serán entregados tras cumplir la normativa correspondiente sobre salud pública y, por supuesto, después de la muerte del artista y debidamente descarnados. Luego, podrá exponerlos en un reliquiario en el salón de su casa.

Cosas más extrañas se han visto. Yo salí con una sonrisa del Museo, pero no volvería a ver esta instalación. Efímera, como casi todo lo que hacemos ahora.