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martes, 13 de noviembre de 2018

El éxito de lo evidente. Política, poesía y el otoño de fondo.


Vivimos en una época tan banal que lo evidente tiene un éxito enorme. No me refiero a aquello que no sabíamos ver o expresar y que alguien nos hace ver o nos expresa, desvelándolo, como si acabara de crearse, sino a otro concepto de lo evidente, más de andar por casa. Por supuesto, este uso de lo evidente nada tiene que ver con la verdad y con lo comprobable, puesto que nace de la creencia.

Sucede en política: es la base de la propaganda de plastiquillo malo y redes sociales. Los políticos de hoy en día dicen lo evidente, lo que todo el sector de posibles votantes suyos ya piensa y habla, bien porque es lo que siempre han pensado y sentido -creído, mejor-, bien porque se lo han escuchado durante años a las personalidades del medio de comunicación que siguen preferentemente. Estos votantes se sienten reconfortados porque un político les da la razón y estrechan con él un compromiso de fidelidad porque él repite lo que ya tienen dentro de la cabeza. Hasta tal punto sucede, que políticos de diferentes posiciones ideológicas llegan a decir lo mismo y con las mismas palabras intentando pescar votos en un mismo caladero. Bastaría con que un político mandara hacer un extracto de lo que dice un comunicador estrella y lo repitiera para ganar, automáticamente decenas de miles de votos, si no lo hacen ya.

Pero no solo en la política o en la publicidad, en donde lo evidente reina. También en la cultura. Gran parte de la literatura actual se especializa en lo evidente, sobre todo en la poesía a la moda. A los poetas de éxito popular les basta con decir lo mismo que sus lectores potenciales ya dicen, piensan y sienten y podrían escribir por ellos mismos a poco que se esforzaran. Estos se convierten en sus seguidores no porque el escritor les haya descubierto un mundo, una nueva sentimentalidad o una nueva forma de escribir, puesto que lo que suelen decir y la manera en la que escriben son viejas, muy viejas. Se convierten en sus seguidores porque no les hace pensar ni les cuestiona nada ni les plantea ninguna dificultad, sino por lo dicho, porque sus poemas son evidentes, previsibles y cómodos tanto en lo que se dice como en la manera de decirlo. Lo evidente se convierte así en lo fácil: una literatura en la que no hay que esforzarse para nada, como en un  restaurante de comida basura. Curiosamente, esto se da en los dos tipos de poesía más alejados entre sí.

Mientras tanto, el otoño ha llegado, como debe ser. Está ahí. Esto sí merece la pena de ser disfrutado.  Lo digo por si alguien no lo ha percibido todavía. Evidente.

lunes, 5 de noviembre de 2018

Apunta ya el otoño


Hay un tipo de poetas que presume hoy de innovación formal (riesgo, incluso) y compromiso sin hacer ni una cosa ni la otra. A estos poetas solo les creen los que desconocen la historia de la poesía del pasado siglo, por ejemplo. No sé si presumen por ser ignorantes, porque piensan que los que les escuchan son ignorantes o porque son tan soberbios que han decidido desconocerlo todo del arte que practican. Quizá por no hacer esfuerzo: ni siquiera adanistas, puesto que se les ha pasado ya la edad casi siempre. Se tiene derecho a descubrir las cosas por uno mismo, pero no a vender por nuevo lo ya viejo. Pero me iba yo por las ramas, que venía a contar que apunta ya el otoño en la gradación de verdes de la sierra y que pronto llegarán los tierra y los rojizos y el arce será una llama. He visto la delicadeza de algunas humildes flores, violetas y rosas, y la ferocidad de las bayas rojas. El otoño sí merece ser estrenado cada año. 

jueves, 2 de agosto de 2018

Lo cursi


Ay, lo cursi, cómo se nos pega a los muros de la ciudad. Debe ser calidad del escritor evitarlo pero sin caer en el malditismo impostado por ello. En cuanto se baja la guardia nos caza una frase. Hay quien para no ser cursi rebusca entre lo bronco y al contrario. Siempre me ha llamado la atención la similitud de procedimientos retóricos de ambos extremos, tan parecidos en sus cosas a pesar del desprecio que suelen sentir los unos por los otros. Y si caes en uno de los dos extremos que sea con causa y con estilo.

domingo, 17 de junio de 2018

Anochecer rojo.


Hoy, desde el tren, he asistido a un anochecer rojo en la llanada de Castilla. Uno de esos atardeceres que incendian el horizonte durante unos segundos como si la meseta entonara el canto del cisne. La más hermosa manera de cerrar un día. Mañana será otro, los días no se repiten jamás más que en nuestro tedio. Tomé algunas fotografías y al pasarlas al ordenador comprobé, de nuevo, que todo relato de lo vivido es metaliteratura. Frustración, en todo caso. Como todo poema.


miércoles, 21 de marzo de 2018

La poesía


Hoy, dicen, se celebra el día internacional de la poesía. Y yo, aquí, cerrando los ojos para recordar la última nevada, la del otro día. A ti, mirando caer los copos y dejando tu huella en la nieve virgen, con los pómulos sonrosados y los ojos brillantes.

domingo, 21 de enero de 2018

Permanece en la voz líquida


Sólo en la lámina de agua
en la que todo se ordena;
permanece en la voz líquida
como delicada huella.

© Pedro Ojeda Escudero, 2018


sábado, 20 de enero de 2018

Lo literario


Dos reflejos: el de la superficie del agua y el del fondo. Ambos mejores que los objetos que reflejan. La literatura nunca es la realidad, compañeros, sino esa lámina de agua que la permite.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Sky. Juan Ramón Jiménez y el cielo en inglés.


¿Es el mismo cielo, sky? ¡Cuántas cosas comienzan en el Diario de un poeta reciencasado (1916) de Juan Ramón Jiménez! Todo nuevo, como si se estrenara. En 1917 se publicaron dos libros fundacionales para la poesía en España: la primera edición de las Poesías completas de Antonio Machado y este Diario de un poeta reciencasado (1916).  Año fecundo donde los haya: desde ese momento la poesía española se preparaba para una época de esplendor. Mucho de lo que hoy pasa por innovador, por riesgo formal y por rupturista no llega ni de lejos a lo que supuso aquel año. Por eso me sonrío cuando leo o escucho estas afirmaciones entre poetas de hoy que ni siquiera conocen que hace cien años alguien se les adelantó y ellos no van más que al rebufo pero las usan alocadamente para refutarse unos a otros -es tanta la ignorancia soberbia- como los que se agreden con las palabras democracia o libertad en política. De estos dos libros derivan las mejores cotas de la poesía española hasta el presente.



¿Es el mismo cielo, sky? Juan Ramón Jiménez se había embarcado en un viaje físico para encontrarse con su esposa, Zenobia Camprubí, que se encontraba en los EE.UU., pero también -y sobre todo- en un viaje artístico. Dispuesto a profundizar en los elementos de la poesía de vanguardia busca su nueva voz poética y la halla precisamente en la misma búsqueda. Y llega a América y encuentra que el cielo ya no es cielo, sino sky. Los textos del Diario en los que juega con las palabras inglesas entre divertido y satírico, con los diferentes hábitos y paisajes -sobre todo con el urbano- son sustanciales para comprenderlo. Despojado del idioma, debe reiniciar la búsqueda porque es consciente de que es el lenguaje el que propicia el poema. A esta cuestión dedica el poema LX:

Como tu nombre es otro,
cielo, y su sentimiento
no es mío aún, aún no eres cielo.

El lenguaje y el sentimiento van unidos en el quehacer poético y arrastran al mismo objeto. Hasta el punto de que debe hacerse de nuevo el poema:

pues estoy aprendiendo
tu nombre, todavía...

Somos lenguaje. El idioma en el que hablamos configura nuestro pensamiento. No solo la manera de decirlo o de expresar nuestro sentimiento, sino el mismo pensamiento o lo que sentimos. Mayor labor aún para el poeta al que le costó hacerse con el cielo y ahora debe llegar a sky. El poema no es la poesía, sino su expresión o, mejor, la forma en la que la cercamos, sin llegar nunca a vencerla. De ahí que Bécquer hablará del lenguaje insuficiente o que Juan Ramón concibiera su obra como Obra en marcha.

martes, 7 de noviembre de 2017

Incluso en su final la rosa es bella



Incluso en su final la rosa es bella,
cuando rinde su gesto
al otoño. Con suave
caricia la recojo
con temor de dañarla.
Todavía conserva
su aroma. ¿Ves? Es rosa hasta el final,
no necesita nada,
le sobro.
Qué delicada luz
la carne de la rosa
en este otoño extraño para el hombre.

© Pedro Ojeda Escudero, 2017


martes, 21 de marzo de 2017

El día internacional de la poesía


Dicen que hoy era el día internacional de la poesía. No lo he celebrado. He ido a mis cosas, una detrás de otra. Escribí algo, tomé café, comí con un amigo. Por la tarde di clase, de literatura escrita por mujeres y de la voz femenina en la Edad Media, hablé de las jarchas y me detuve en la número 8, la que habla de la negativa de la mujer ante la violencia ejercida contra ella: no quiero al que hace daño, le dice al hombre, ¡Basta! A todo me niego. Está escrita en el siglo XII y por mucho que algunos la consideren un mero juego amoroso es explícita: no quiero al que me hace daño, al que no respeta cuando digo no. Paseé un rato junto al río. Al salir de clase atravesé el Parral. Mis cosas, digo. Algunos piensan que la poesía es algo que existe fuera, como una fuerza o una ley física. Eso, como Bécquer. Siempre existirá la poesía. La poesía no existe, la creamos los seres humanos, no siempre es buena y no tiene ninguna existencia más allá de nosotros. A veces decimos demasiados tópicos cuando nos ponemos sublimes.

lunes, 13 de marzo de 2017

La belleza efímera del almendro en flor


Ocurre casi todos los años. Después de florecer los almendros regresa el frío. Iba yo a clase esta tarde y atravesé el Parral. Viento helado y nubes negras y haciendo frente, el almendro florecido. 

He hablado de la belleza y del arte como motor de la renovación literaria que impulsó Rubén Darío, de la frustración del artista al no alcanzar la plenitud y de su consecuencia, el texto literario. Los verdaderos poetas saben que todo poema es el ejercicio de una insatisfacción. La obra de arte como intento repetido por lograr el objetivo. Ante esta línea, la contraria, la que no quiere Darío: De más decir que en todo círculo de jóvenes que escriben todo se disuelve en chiste, ocurrencia de más o menos pimienta, o frase caricatural, que evita todo pensamiento grave. En aquella época predominaba una poesía prosaica y anecdótica que rivalizaba con otra retórica y hueca. Frente a ellos pedía Darío nuevos ritmos, nuevas melodías, nuevos artistas. Hay épocas que resultan ya sabidas y se debe buscar siempre algo que rompa las tendencias que llevan décadas establecidas. Darío pedía algo más: Por más que digan los juguetones ligeros o los niños envejecidos y amargos, fracasa solamente el que no entra con pie firme en la jaula e ese divino león: el Arte, que, como aquel que al gran rey Francisco fabricara el mismo Vinci, tiene el pecho lleno de lirios. A veces me pregunto si entre el arte que se vuelve escéptico de lo artístico y el arte con mera finalidad comercial y tanta superchería e impostura no vivimos hoy tiempos similares.

Mientras tanto, la belleza efímera del almendro en flor -un árbol humilde y escondido la mayor parte del año pero que lleva lirios en el pecho- en mitad de un día frío y gris en el que la primavera parece alejarse. 

sábado, 4 de marzo de 2017

Qué bien sienta un octosílabo


Qué bien sienta un octosílabo. Regreso a él cuando me siento cargado de tristeza o llevo un tiempo excesivo o cuando me paseo por el panorama poético actual en España, tan lleno de impostura, falto de ritmo y cargado de lugares comunes banales revestidos de trascendencia o de compraventa de emociones fáciles y tópicos ideologógicos mal digeridos. Apropiación de lo que otros han dicho mejor. Poemas sin ritmo alguno, poetas que tiene miedo al poema y llenan sus textos de ecos de ecos en busca del aplauso fácil. Se camina por los senderos de la poesía contemporánea y se vuelve lleno de polvo de obra a casa: un polvo gris e inútil, que no aporta ni la sustancia mínima sobre la que nazca nada. Menos mal que algunos te salvan, un puñado apenas.

Llevamos el octosílabo dentro. Los expertos en fonética y métrica demostraron hace tiempo que es el ritmo del hablante español medio, que suele hacer una pausa cada ocho sílabas. Por eso ha sido el verso en el que mejor se ha expresado siempre la poesía popular española. Salir de él es obligación de todo poeta para buscar nuevas fronteras, dominar el ritmo que no es propio hasta hacerlo natural y fácil. Pero volver a él también es obligación de todo poeta que se precie de verdad para refrescar la tendencia al engolamiento y lo sublime, la falta de verdad en el sentimiento y en la ideología, lo impostado. Aquí algunos buscan la postal romántica con exceso y otros la emisión de consignas en las que descubren lo que ya ha sido descubierto. En la España poética de hoy lo ñoño o lo soez acabarán matándonos sin crear nada perdurable. Es tan necesario huir del octosílabo como regresar a él en un ir y venir que te pula como poeta.

Y ahí está el octosílabo, esperando siempre para que volvamos de vez en cuando como esa ducha que nos limpia y nos refresca, nos hace humildes y nos acerca a las fuentes básicas de nuestra poesía. Y se encuentra uno mejor después de entrar en él, de la misma manera que nos sentimos al ponernos una camisa recién planchada después de la ducha reparadora que te ayuda a desprenderte de tantas cosas que no necesitabas.

martes, 31 de enero de 2017

Hoja de árbol sobre chapa con gotas de lluvia


¿Qué me llamó tanto la atención de esta hoja caída sobre una chapa metálica el último día de lluvia como para fotografiarla? El contraste, quizá. Entre lo natural y lo articial. O las diferentes texturas: la dureza fría de la chapa, el agua líquida, la flexible condición de la hoja. El azulado etéreo y el marrón exacto y concreto. Quizá solo la belleza, el momento frágil en el que esta se presenta cuando miras mientras vas a tus cosas y ya no puedes quitarte de la cabeza.

lunes, 12 de diciembre de 2016

Al pasar el puente de la Malena




Al pasar el puente de la Malena se ofrece el valle. Todo parece estar dispuesto: la pradera, la línea de árboles, el fresno solitario, al fondo la sierra con la niebla pegada a sus ondulaciones. La hierba aún guarda algo de la escarcha de esta noche de diciembre. El grupo se detiene un momento, como habrán hecho miles de viajeros antes. La Vía de la plata corta la península por este extremo de arriba abajo y por la ruta han pasado cargas, animales y seres humanos desde hace dos mil años. Se afanaban en llegar al destino, pensando en sus cosas y en su gente. ¿Cuántos de ellos, qué porcentaje, levantaban aquí la vista y guardaban silencio durante un tiempo?

lunes, 21 de noviembre de 2016

La densidad de la lluvia



Al entrar en Sevilla, la lluvia era intensa. Llovía como si todo en ese momento dependiera de eso, de la lluvia. Y así era.

(Esta intensidad de la lluvia me ha hecho pensar en la ligereza de nuestro tiempo. Ya no estamos en época de crisis financiera, no hay que confundirse. Ha quedado claro que aquellos meses sirvieron para que todo se reajustara tal y como lo vemos hoy. No queda nada de aquellas frases que nos hablaban de que había que refundar el capitalismo. Tampoco queda nada ya del espíritu del 15M en tan breve lapso de tiempo. En el fondo, todo tiene poca densidad en lo que se llama Occidente, en los países más desarrollados económica y socialmente, en los que la libertad y la igualdad ante la ley han conseguido logros más sutanciales, en los que la brecha social se redujo notablemente hasta llegar a la posibilidad de que se pudiera alcanzar el estado de bienestar general. Basta con salir fuera de las fronteras que nos son más reconocibles para comprender que el resto del mundo, la mayoría del mundo, no funciona así. En ese resto del mundo la brecha social es brutal, las diferencias son casi siempre insalvables, la vida de la mayoría de los seres humanos no vale nada, no hay una sanidad ni una educación generalizada, gratuita y de calidad. Hemos vivido en una isla y queremos seguir viviendo en ella pero sin ponernos frente al espejo y reconocerlo, sin querer pagar los costes, como si no fuera con nosotros lo que pasa afuera. Paralelamente a nuestro desarrollo económico en la época de bonanza se generalizó un sistema educativo y cultural en el que todo era demasiado fácil. No nos han acostumbrado al esfuerzo intelectual y la sociedad tampoco lo ha demandado, todo lo contrario, lo ha asumido como lo más democrático y natural y hemos pedido menos, no más aunque nos pareciera al contrario. Me extraña mucho, por ejemplo, ver a personas que se reconocen como opositores al sistema vigente practicar la educación fácil, la cultura fácil, la literatura fácil. No hay nada que mantenga más aquello contra lo que dicen luchar que anular el esfuerzo de comprensión intelectual de un poema o de una novela o convertir todo el sistema educativo en una prolongación del jardín de infancia. Hemos caído en la trampa. La democratización de la educación, de la cultura o de la literatura no es convertir todo esto en un parque temático de atracciones en el que se manipula con la emoción o la facilidad sino exigir que aquel que no pueda por razones económicas acceder al esfuerzo intelectual que supone la educación, la cultura o la literatura, lo consiga. Si quieres aprender, si quieres disfrutar de la literatura, por ejemplo, sospecha siempre de todo texto que comprendas a la primera. No confundas cultura con entretenimiento, no confundas la poesía con un encuentro de amigos en un bar o un libro de autoayuda. Huye del que no te enseña nada y solo quiere manipular tus emociones, buscar un aplauso fácil y compartir sentimientos contigo que ya estaban en el punto de partida pero no deberían estar también en el punto de llegada. Exígete un poco más a ti mismo si de verdad estás en contra de las cosas que pasan en el mundo. Intensidad. Como cuando llueve y parece que no puede pasar otra cosa más que eso, la lluvia.)

martes, 27 de septiembre de 2016

Aún quedan rosas


Aún quedan rosas
y más que flor
es la tentación de arrancarla
o el gozoso triunfo
de dejarla ser solo flor,
solo ser esa rosa.

© Pedro Ojeda Escudero


sábado, 26 de marzo de 2016

El que tira va a caras y si pega vale. Surtido sábadosantero de máximas, sentencias y algunos aforismos sobre la poesía española actual


Antes se jugaba mucho a las chapas. En Semana Santa, cuando todo estaba prohibido, se permitían los corros en la calle, en los que el baratero controlaba las apuestas. Se decía, sin demostración alguna, que alguien había perdido su fortuna a caras o lises, se había jugado el coche, la casa y la mujer (eran tiempos en los que por desgracia a la mujer se la consideraba una posesión de los hombres). Los municipales miraban para otro lado cuando sonaban las dos perras gordas porque se entendía que en esos días no regía la ley y dejaban que se gritara bien alto: El dinero al suelo, si pega vale y el que tira va a caras.

Pues eso, como estos días no rige la ley y con el susto de alguno de mis lectores que han pensado que se me ha ido la cabeza y secado el cerebro al salirme un tanto de mi moderado comportamiento habitual, he estado unas horas en esa quisicosa de Twitter jugando con (una parte de) la poesía española contemporánea. Aquí van las máximas, sentencias y algunos aforismos, nonadas al fin y al cabo. No todas las he publicado a lo largo del día. No me lo tengáis mucho en cuenta pero no prometo no volver a la andadas. Aunque no sea sábado santo. Eso sí, humor, que aquí no hablo de casos concretos sino generales. Ya sabéis que me gusta mucho apoyar a quien comienza a escribir pero no comprendo la soberbia ni el sectarismo literario. Aunque entiendo que algunos tengan mucho frío fuera de una escuela cualquiera.

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uno. Últimamente me pasa mucho que me gustan más las portadas de los libros de poesía que los poemas que contienen. Felicito a los ilustradores, pero un buen ilustrador no hace un buen libro de poesía, sólo una buena portada. Demasiados libros de poesía que son solo portada.

dos. Es hora de decirlo: no escribas tu primer libro de poesía, sino el segundo y no publiques hasta el tercero.

tres. Sé honesto: si no has escrito un verdadero libro de poesía, llámalo antología.Tus poemas saldrán ganando.

cuatro. La mayoría de los libros de poesía que leo últimamente han sido escritos por adolescentes treintañeros.

cinco. Sospecha del editor de poesía cuyo objetivo principal sea vender, aunque sólo sea cien ejemplares.

seis. Para ser escritor, primero aprende gramática y ortografía. Luego ya tendrás tiempo de traicionarlas.

siete. No creas que la poesía es sentimiento. Al corazón se llega más fácil con una caricia que con un verso mal escrito.

ocho. Si no hay algún tipo de ritmo, no hay poesía. Si no lo comprendes, escribe prosa.

nueve. Si no hay algún tipo de ritmo, no hay poesía. Si no lo comprendes, escribe prosa o, como dice el gran Luis Felipe Comendador, mejor, no escribas.

diez. En la poesía española hay demasiadas sectas y gurús y pocos poetas.

once. Hay poetas españoles que escriben con el miedo de no gustar.

doce. Hay poetas españoles que escriben con el miedo de no gustar... a los suyos.

trece. Si no sabes métrica de verdad, no podrás romperla para llamarte poeta.

catorce. Un poeta no es mejor poeta porque un gurú lo acepte en su secta. Al contrario.

quince. No cambies tu forma de escribir poesía sólo para ganar unos juegos florales o que te publiquen un libro.

dieciséis. Si Bukowski es tu dios, no eres un buen poeta, sólo un fiel creyente. Él sí fue poeta, tú no.

diecisiete. Leí un texto curioso de un poeta de moda. Presumía de vender muchos ejemplares de sus libros de poesía, pero decía que eso no era lo importante.

dieciocho. El día en el que nazca un crítico literario en España, será el fin de los tiempos.

diecinueve. Si siempre necesitas hacer una gracia, un chiste o un sarcasmo para rebajar la tensión poética, deja de escribir. Ni epatas, ni haces gracia ni sabes escribir.

veinte. Se creía tan buen poeta que sólo admitía súbditos serviles entre los que administraba paternalmente posados fotográficos de grupo.

veinte. Si necesitas hacer reír siempre en tus recitales, no eres un poeta sino un bufón o un mal imitador del Club de la comedia.

veintiuno. Ser buena persona no te hace mejor poeta. Ser mala persona, tampoco.

veintidós. Puedes escribir muchas veces el mismo poema, pero jamás escribas el mismo libro.

veintitrés. Cuando termines de redactar un poema, pregúntante quién lo compuso antes.

veinticuatro. Cuando termines de redactar un poema, pregúntate quién lo compuso antes. Si no te importa la respuesta, no eres poeta. Si no lo sabes, tampoco.

veinticinco. Hay poetas que pueden escribir bien sin haber leído mucho antes... pero no los conozco.

veintiséis. Hay poetas que pueden escribir bien sin haber leído mucho antes... pero ninguno de ellos eres tú.

veintisiete. Érase que se era un poeta revolucionario que trabajaba en una universidad privada norteamericana.

veintiocho. Se decía poeta social pero no le gustaban el olor de las multitudes, las personas en sillas de ruedas, los sin techo (salvo como tópico literario) ni la gente pobre.

veintinueve. Decía que era un poeta social y comprometido, pero cuando le di la mano observé que sólo su reloj costaba más que lo que yo gano en medio año.

treinta. Escribe sólo en el espacio que queda entre las sectas poéticas.

treinta y uno. Era un poeta maldito con línea directa en una editorial de prestigio.

treinta y dos. Era un poeta maldito con línea directa en una editorial de prestigio a la que sólo recomendaba a quienes lo veneraban y escribían peor que él.

treinta y tres. No te puede gustar un poeta sin leerlo en su lengua original.

treinta y cuatro. Son legión las personas como el pequeño Nicolás en el mundo de la poesía española.

treinta y cinco. Hay poetas que parecen temer tanto la poesía que la niegan tres veces en cada poema que escriben.

treinta y seis. Si quieres que la literatura que te gusta no te cueste nada leerla... nada tendrás.

treinta y siete. Si te alaban mucho en una escuela de escritores, piensa que te están vendiendo su siguiente curso o la cuota para participar en la antología conjunta de los alumnos.

treinta y ocho. Cuando en una escuela de escritores te alaben mucho, pregúntate qué estás haciendo mal.

treinta y nueve. Si dicen de ti que eres la voz poética de una generación, sospecha. Puede no ser un elogio.

cuarenta. Si en las entrevistas y reseñas que te hagan citan siempre que trabajas en lugares poco poéticos como máximo elogio y arranque del comentario, posiblemente no le intereses nada al crítico. Y a tus lectores puede que sólo les interese tu biografía aunque no escribas bien. Y aunque escribas bien.

cuarenta y uno. Me gustaría saber cuánta parte de la carencia de ritmo en tantos poetas españoles de hoy se debe a que aquí la poesía extranjera se ha leído en malas traducciones o traducciones prosificadas y han creído que era así como escribían en los textos originales.

cuarenta y dos. Si sólo lees los poemas de tus amigos, sólo escribirás como tus amigos.

cuarenta y tres. Si sólo escribes como tus amigos, vuestros poemas serán intercambiables.

cuarenta y cuatro. Un poeta con Twitter abierto en Semana Santa es como cuando sólo estaba permitido jugar a las chapas esos días porque no regía la ley. Al día siguiente comienza la persecución.

sábado, 6 de febrero de 2016

Cacharrería poética


De la poesía que leo cada vez me interesa más cómo respeta los silencios y menos el ruido de cacharrería que generan algunos poetas.

miércoles, 10 de junio de 2015

lunes, 8 de junio de 2015

Poesía de circunstancias


La abundancia, predominio y extensión de la poesía de circunstancias hoy es tan abrumadora en España que uno no comprende por qué insisten estos poetas en que nadie les hace caso. Este rasgo victimista del poeta de circunstancias (en las múltiples variantes en las que se presenta en nuestros días), me temo, tiene más que ver con su propio carácter antes que con la realidad y con unas creencias que no se ajustan a lo que pasa. Tienen sus editoriales, las mismas posibilidades de autoedición que el resto, sus revistas, sus espacios en las redes sociales, sus grupos en todas las ciudades españolas y sus amigos que les compran los libros con mayor solidaridad que a los otros, su presencia activa en la sociedad, su visibilidad en los medios de comunicación, que cada vez recurren más a ellos. Es más, definen, por sí mismos, la generalidad de la mayor parte de la poesía de nuestra época y hasta la esencia cultural de nuestros tiempos. A no ser, claro, que su queja venga porque no pueden entender que otros escriban de otra manera.

A mí, que tantas veces he recurrido a la poesía de circunstancias y la he leído, dramatizado y escrito en muchos momentos de mi vida sabiendo que este tipo de poesía es caduca y no supera la finalidad para la que ha sido escrita, cada vez me parece más que la verdadera circunstancia es la de esa pequeña flor que nace en la cuneta más humilde. Lo que les suele ocurrir a los poetas de circunstancias de hoy en día es que se han elevado y envanecido tanto en sus propios grupos -parecen sobrevivir solo en ecosistemas cerrados en los que no suele haber más libros que los suyos- que ya no son capaces de agacharse para verla. Mucho menos para saber mirarla.