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domingo, 25 de marzo de 2018

La enseñanza del león

Relieve en bronce de la basa de la escultura de Cervantes en Valladolid, hoy en la Casa de Cervantes de esa localidad tras el definitivo emplazamiento del monumento en la Plaza de la Universidad.

Uno de las mayores demostraciones de valor de don Quijote se da en el capítulo XVII de la segunda parte de la novela cervantina. Ya sabemos lo que ocurre: en su caminar se encuentra con un carro que trasporta dos leones enviados al Rey por el general de Orán. Contra la opinión de todos, hace abrir la puerta de la jaula. A su acto lo define don Quijote como verdadera valentía y apresura a adoptar el nombre de Caballero de los Leones. Todos se han alejado del riesgo y solo él permanece frente a las fieras. Pero, ¿es verdadera valentía la de don Quijote? Recordemos. Viene de quedar ridiculizado tras la aventura de los requesones; la torpeza y apresuramiento de Sancho le han dejado mal ante el Caballero del Verde Gabán, don Diego de Miranda. No es una tontería su acción: los leones son propiedad del Rey y atentar contra ellos supone ponerle fuera de la ley; por otra parte, aquellos leones no están amaestrados y pueden devorarlo. Cervantes parece poner a su héroe en lo más alto de la valentía ante una acción verdaderamente arriesgada. Parece.

Cervantes, que de hechos arriesgados y demostraciones de valentía sabía algo, deja que sea el pensamiento de Diego de Miranda quien ponga en su sitio la acción de don Quijote. No se trataría de valentía sino de locura, temeridad y disparate.

Una acción temeraria cuando no redunda en beneficio de nadie es disparate. Forzar la ley, arriesgar la vida y extremar la demostración de valentía sin más sentido que el reforzamiento de la propia identidad, es una acción estéril. Un héroe no lo es cuando está fuera de situación. Sobre todo porque, como sabemos, el león asomó a la puerta de la jaula, bostezó, se dio la vuelta y enseñó el culo a don Quijote, ignorándolo. No puede haber posterior subida la gloria de los héroes cuando la realidad se impone de esta manera y el cronista es fiel a los acontecimientos. Otra cosa sucede, claro, cuando se ocultan los hechos y se compone un retablo.

lunes, 19 de febrero de 2018

Noticias de los días que llevo desaparecido


Algún día daré cuenta de la actividad de estas últimas semanas, que me ha impedido publicar aquí al ritmo habitual desde mi aviso de la conferencia sobre las relaciones de Zorrilla con la vida social de su época en el Museo del Romanticismo. Después han venido varias actividades relacionadas con el bicentenario del autor romántico que se han sumado a lo habitual y a los compromisos adquiridos. Vengo aquí a decir que voy desocupándome y que poco a poco retomaré el ritmo de publicaciones del blog: esta semana daré varias entradas correspondientes al Club de lectura, que lo dejé con Pedro Páramo que si muerto o no y no he hincado el diente aún al próximo titulo, El hombre pez, de José Antonio Abella. Abella vendrá a Burgos la tarde del próximo martes 27 de febrero para encontrarse con los lectores que quieran acompañarnos.

Para los interesados comunico que mañana martes día 20 acompaño a Luis García Jambrina en la presentación en Burgos de su novela El manuscrito de fuego, una nueva entrega de la serie que dedica a Fernando de Rojas. A caballo entre la novela histórica y la novela de misterio, aborda el apasionante caso del asesinato del bufón Francesillo de Zúñiga. Recomiendo no perdérsela. La presentación tendrá lugar en el Palacio de la Isla a las 19:30. Entrada libre hasta completar el aforo. Para no perdérsela.



Y el resto, bien. En estas semanas explico a Góngora a un grupo de alumnos que demuestran una gran creatividad e interés. De ellos es la figurilla cuya fotografía encabeza esta entrada, que tiene mucha enjundia. Y en mi despacho he colocado el cuadro que me regaló en el 2009 Pilar Martínez Navarro con motivo de nuestra lectura del Quijote. Un buen sitio: es el fondo que verán los alumnos con los que me conecte por cámara desde mi ordenador. Tenía esa deuda con Pilar, que me hizo ese regalo con todo el cariño para conmemorar la primera lectura colectiva y virtual que se haya hecho del Quijote completo usando las redes sociales. No se lo dije en su día: llegó roto a mi domicilio por el trasporte y ahora luce como nuevo tras volverlo a enmarcar. Por supuesto, quien se decida a hacerme una visita tendrá café y pastas gratis.



jueves, 5 de enero de 2017

El hombre nuevo que surgió del plástico y noticias de nuestras lecturas con anuncio de la correspondiente al mes de enero

 

El final de Don Quijote en Manhattan llega al apocalipsis. En un mundo inundado, don Quijote y Sancho son los únicos supervivientes. Recorren una ciudad vacía en la que todo son elementos simbólicos de esa apología moral que nos propone Marina Perezagua: los edificios vacíos, las calles por las que corren ríos de libros entre los que don Quijote busca un ejemplar de la Biblia, la falta de alimento y la forma en la que lo obtienen... Llegan así a un establecimiento de Ikea en el que el protagonista pretende grabar el nombre de su amada Marcela en madera y encuentra que todo es plástico y lo que parece madera no lo es en realidad. En un momento determinado, la única tierra firme en la que pueden ponerse de pie es una gran isla de objetos de plástico... El mundo entero se ha convertido en algo falso, nada natural. Don Quijote y Sancho vuelven a estar desnudos y, como anuncia el título del capítulo XXIII, la risa ha terminado.

No ha pretendido Marina Perezagua reescribir el Quijote, por supuesto, sino llevar sus personajes a un género en el que no están concebidos por Cervantes. Este siempre fue un defensor de la novela realista y Perezagua traslada a don Quijote y Sancho a un mundo alegórico que está ambientado en el nuestro, cosa que va acentuándose capítulo a capítulo. Un mundo confuso tanto en lo moral como en los valores cotidianos, en el que la comida no es comida ni la cultura es cultura ni las relaciones humanas lo son. Pero Marina Perezagua, tras el apocalipsis, propone una esperanza nueva, también alegórica hasta en la simbología icónica. La aparición de un hombre nuevo cuyo valor fundamental es el libro y entre ellos, el libro de libros, el propio Quijote. Marina Perezagua lleva el Quijote cervantino del que parte a propuesta de regeneración moral del mundo. Entre escenas costumbristas que van destapando las contradicciones de nuestro mundo.

Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino escribe su última entrada sobre la novela de Marina Perezaguas con un pulso que lleva a su pobre Austri a ser un sueño de un sueño. Una entrada que no te dejará indiferente y que te hará pensar sobre si el mundo tiene o no remedio...

No os debéis perder la entrada en la que Myriam Goldenberg -a la que ya se echaba de menos en este club de lectura- analiza y explica la simbología alegórica de la novela de Marina Perezagua y, sobre todo, lo relacionado con el agua.


Pancho continúa con el comentario de Niebla, que nos ocupó hace unas semanas. En su penúltima entrega comenta certero el carácter de Víctor y el pulso narrativo de Unamuno girando continuamente la narración. No os la perdáis. Después, llega al final de la novela. Y qué magistral su pulso unamuniano para aclarar las últimas páginas de la novela. E ilustrarlo magníficamente (en fotografías y audio).

Lecturas de los meses de enero y febrero


Como saben los más antiguos participantes en este club de lectura, todo nació con la primera lectura colectiva del Quijote que se ha realizado usando los recursos de internet (y que se puede consultar en este espacio como la única guía de lectura gratuita y en abierto de la novela completa). Cervantes fue el punto de partida y a él volvimos el curso pasado con una selección de sus Novelas ejemplares. Quedó pendiente la lectura de alguna más y por eso os prongo, para lo que resta del mes de enero, la de tres de esas maravillas cervantinas: La gitanilla, Rinconete y Cortadillo y La española inglesa. Por ese orden. El comentario, aquí, terminará el jueves 2 de febrero para acometer en ese mes la lectura de Patria, de Fernando Aramburu, uno de los éxitos editoriales de la temporada, celebrada de forma casi unánime como la mejor novela publicada en español en año pasado y una de las mejores de las últimas décadas. Os recomiendo que comencéis cuanto antes la lectura de este texto, dada su extensión y aunque atrape en la lectura.


No es difícil hallar buenas ediciones de las Novelas ejemplares cervantinas en el mercado. Por suerte, disponemos de muchas ediciones críticas dirigidas al público académico que pueden ser también usadas por los lectores no expertos y que están disponibles a buen precio.  Estos textos son también accesibles en buenas ediciones electrónicas en abierto que pueden hallarse en el más que recomendable portal dedicado al autor en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes en este enlace.

jueves, 22 de diciembre de 2016

En pos de Cervantes (la guía cervantina en Don Quijote en Manhattan de Marina Perezagua) y noticias de nuestras lecturas.


En pos de Cervantes, Marina Perezagua lleva a don Quijote y Sancho Panza al Instituto Cervantes de Nueva York (que ella conoce bien por haber trabajado en él durante años). Es un guiño inteligente de la autora, central en la historia y al que se llega de forma sutil. Hasta allí ha conducido don Quijote a Sancho para que reciba ilustración, a lo que Sancho contesta:

- Pues no sé yo quién pueda ser ese Cervantes, pero en siendo cristiano de buenas gramáticas, como por vuestra merced sospecho que es, no perdamos más tiempo y háblele, que yo no diré nones.

Esa ilustración es necesaria, a juicio de don Quijote, para cuando Sancho consiga ser gobernador de la ínsula (de esta ínsula concreta que es Manhattan). Esta promesa remite también directamente al texto cervantino. Don Quijote y Sancho pasean a pie, sin memoria y con conocimientos suficientes del mundo moderno, pero la autora no deja la guía cervantina que podemos rastrear siempre debajo del argumento.

Ese momento llega cuando Cervantes se hace presente en forma de la institución con su nombre. La novela se plantea también como un viaje y un permanente diálogo de los protagonistas. Caminando asisten a una sucesión de estampas, situaciones y personajes propios del Nueva York actual, pero esta estructura también remite a Cervantes. La posición central del sueño sobre Marcela -la nueva enamorada de don Quijote- tiene un significado parecido al de la Cueva de Montesinos, aunque sin el juego humorístico que tenía en Cervantes y cargado aquí de alegoría moral. También son parecidos los usos lingüísticos o los consejos sobre el buen gobierno o los nombres que adopta don Quijote.

Sobre ese esquema, Marina Pereazgua escribe una novela propia, con intención diferente, pero sin soltarse de la mano cervantina. Claramente se aprecia en el título del capítulo XXII, Que trata de lo que tratare este capítulo y cuenta lo que en él se verá, alusión directa a uno similar del Quijote. Sobre esta guía, la historia de Manhattan se va haciendo seria y en ella se repasa la vida contemporánea actual. De vez en cuando, alguna ironía divertida, como el juicio certero sobre gran parte de la poesía actual (recuérdese que en el Quijote el juicio sobre la literatura de su tiempo es permanente y hasta clave para entender la intención de Cervantes), puesto en boca de Sancho:

 se me da que eso de poner una línea bajo otra no hace un poema

Pues eso. Que no basta con poner líneas y trocear la prosa para que tengamos poesía.

Noticias de nuestras lecturas

De la entrada de Luz del Olmo sobre el sueño alegórico de las torres que introduce Marina Perezagua en la novela, interesa también el debate en los comentarios entre ella y Mª Ángeles Merino, en el que he intervenido. Invito a seguir el hilo y opinar.

Mª del Carmen Ugarte escribe una entrada excelente sobre cómo a través de la parodia de la parodia llegamos a los refranes de los personajes cervantinosperezaguanos. No os la perdáis.

Paco Cuesta se adentra por Nueva York de la mano de este don Quijote, un tanto perplejo pero siempre con ganas. Una inteligente entrada.

Mª Ángeles Merino se disculpa por no poder publicar la tercera entrada sobre la novela de Marina Perezaguas por algunos problemas técnicos. La esperaremos con ganas para cuando los solucione, entonces.




Pancho sigue enredado en el mundo unamuniano de Niebla, que leímos hace unas semanas. Aquí comenta el pasaje de la visita al experto en psicología femenina y a lo tonto a lo tonto, Pancho enhebra una entrada divertida y sutil sobre las intenciones de Unamuno incluso en crítica literaria... hasta llegar a Fosforito como solo él sabe hacerlo. No te la pierdas.


Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos. El listado de lecturas del presente curso, en este enlace`

jueves, 15 de diciembre de 2016

Don Quijote en Manhattan de Marina Perezagua como sátira moral y noticias de nuestras lecturas.


Desde el siglo XVIII, las lecturas inglesas del Quijote cervantino convirtieron la novela en una sátira moral y así fue comentada y editada durante un tiempo. Hay que recordar que fue en Inglaterra donde se apreció la novela antes que en ningún otro sitio como un relato más allá del entretenimiento y en donde se llevó a cabo la primera edición lujosa que contenía, además, el primer retrato del autor (cuatro tomos con papel y tipografía cuidados editados en Londres por J. y R. Tonson, 1738). Esta lectura en clave de sátira moral de la novela de Cervantes tuvo una gran influencia en la propia narrativa inglesa del XVIII y XIX y dejó un poso que aún continúa.
Como si Marina Perezagua quisiera partir de esa lectura, su Don Quijote en Manhattan se presenta en gran medida como tal, como sátira moral de la sociedad contemporánea centrada en uno de los núcleos más importantes de los modelos de vida actuales, Nueva York. Para ello, necesariamente los personajes protagonistas han perdido la memoria. Conservan pequeños retazos de lo que fueron, imágenes y algunas sensaciones, también las claves esenciales de su comportamiento y personalidad pero no conservan memoria de sus hechos anteriores a la aparición en las calles de Manhattan. Aparte de que es un recurso narrativo que le permite a la autora jugar con mayor libertad al enfrentarse al reto de levantar de nuevo a los personajes cervantinos, es una apuesta interesante desde el punto de vista interno en la construcción de la novela. No enreda a los personajes en disquisiciones sobre su vida anterior y su vida presente y los lanza directamente a su nueva aventura. Este adanismo se evidencia desde el principio en sus nuevas ropas. Adquiridas por Sancho en una tienda cercana, comenzarán su nueva andadura vestidos como C3PO y un ewok, personajes de La guerra de las galaxias. Quizá solo en Nueva York pueda ser posible caminar así sin causar demasiada extrañeza o, al menos, no mayor que la que podría causar a principios del siglo XVII la imagen de don Quijote ideada por Cervantes. De esta manera, consigue introducir las caracerísticas de los dos personajes manchegos cervantinos en dos creaciones del cine popular norteamericano y dejarlos pasear por las calles. En apariencia -y así se subraya en algún momento de la narración-, para quien ve las acciones desde fuera, no son don Quijote ni Sancho quienes se enfrentan a la sociedad norteamericana, sino dos personajes procedentes del cine de entretenimiento y, en concreto, de una saga que explica en buena medida el imaginario de los EE.UU.

Poco a poco va construyendo las claves de esa sátira moral. Procuraré no dar elementos del argumento que puedan estropear la sorpresa de la lectura a quien no haya terminado la novela. El punto de partida nuevo es la lectura de la Biblia que lleva a cabo don Quiojte y que le impulsará en sus acciones. Este cambio introduce al personaje plenamante en el mundo norteamericano. Recordemos que en España ni era frecuente la lectura de la Biblia en tiempos de Cervantes ni lo es ahora. Todo ocurre bajo ese prisma a partir de ese momento. Incluso la sustitución de Dulcinea en el corazón de don Quijote (es posible por su desmemoria) por Marcela, una alegoría de los hechos ocurridos en Nueva York el 11S. Hay un episodio también clave para comprender lo que decimos, que es la intervención de don Quijote en un establecimiento de la cadena Starbucks y el nuevo comportamiento de los pájaros a partir de ese momento. Pero todo sucede desde esta óptica, sobre todo los aspectos más críticos: las alusiones al racismo, la situación de los seguros médicos en los EE.UU, la huelga de hambre por los presos de Utah que intentan don Quijote y Sancho tras el debate sobre el uso de las armas de fuego, etc.

Noticias de nuestras lecturas.

Sigue María Ángeles Merino con su diálogo a tres voces para comentar la novela de Marina Perezaguas. En su entrada de esta semana llega al momento de (re)construcción de los personajes, adecuándolos para recorrer las calles de Nueva York.


Pancho continúa con el comentario de nuestra lectura anterior, Niebla de Unamuno, y llega al momento en el que todas sus indecisiones se le van enredando en los pies e impulsándolo en una única dirección... Y no sé cómo pero consigue meter a Bruce Springsteen en la historia...
Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos. El listado de lecturas del presente curso, en este enlace.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Don Quijote en Manhattan y noticias de nuestras lecturas


Sin haberlo pretendido intencionadamente, podríamos enlazar esta lectura con la precedente. En el capítulo XXXIII de Niebla, el protagonista, Augusto, pregunta a Unamuno, ya autor-personaje: ¿Cree usted posible resucitar a don Quijote? Unamuno se ha dormido y Augusto se le aparece en sueños para hablar con él. Aquel amenaza con resucitarlo por haberse muerto sin su permiso. Imposible, afirma el autor al contestar a la pregunta de su personaje. Quizá Cervantes matara a su don Quijote, entre otras cosas, para evitar que alguien lo continuara como hiciera Avellaneda y sacara provecho a su costa desvirtuando el personaje como lo hizo el apócrifo. Partidario del realismo narrativo, dejaba imposible esta resurrección a no ser que se recurriera a la ficción no verosímil o a la fábula. No consiguió del todo, sin embargo, su propósito. El personaje ha sido recreado, llevado y traído desde el momento mismo de su primera lectura hasta el presente, con mejor o peor fortuna. Es condición de los clásicos, por otra parte.

Continuaciones del mundo quijotesco ha habido muchas desde que se publicara en 1605 la primera parte escrita por Cervantes. En algunas de ellas se retoma la situación justo tras la muerte de don Alonso. Así, por ejemplo y por no ir más allá, Andrés Trapiello en dos narraciones escritas con la ocasión del cuarto centenario de la publicación de la primera parte y de la segunda (Al morir don Quijote y El final de Sancho Panza y otras suertes). Trapiello llevaba a los personajes cervantinos hasta América -a donde parece que quiso ir el propio Cervantes sin conseguirlo-. Y en América aparecen de nuevo de la mano de Marina Perezagua en la novela que nos ocupará en este club las próximas semanas. Pero en una América distinta. No es la de su tiempo, sino la actual. Y no en la América hispana sino en Manhattan, como reza el título que debería siempre citarse completo: Don Quijote en Manhattan (Testamento yankee). Esto de llevar los personajes cervantinos a Nueva York no es nuevo. Ya lo  hizo Albert Boadella con Els Joglars en Un lugar de Manhattan, escrita por encargo para conmemorar el cuarto aniversario de la primera parte y estrenada el 4 de noviembre de 2005 en el Teatro Salón Cervantes de Alcalá de Henares. La obra partía de un planteamiento inteligente, aunque algo fallido en su desarrollo: contrastar a los dos personajes cervantinos con la sociedad contemporánea y comprobar cómo esta estaba incapacitada para comprenderlos y aceptarlos. Jugaba Boadella al metateatro y la parodia de actitudes contemporáneas y nos presentaba unos Quijote y Sancho fontaneros en Manhattan. En ella, además, se construía una escena en la que se presentaba a dos actrices encarnando un don Quijote yankee y un Sancho hispano con la música de fondo de La guerra de las galaxias. Esta última referencia también está presente también en la novela de Marina Perezagua, aunque esto no tiene por qué significar ni que la autora conociera esta referencia ni que influyera en su novela.

Marina Perezagua hace aparecer a don Quijote y Sancho en Manhattan sin preguntarse inicialmente sobre su conexión con el argumento de la novela cervantina ni las razones de su presencia allí ni de su conocimiento del inglés o del manejo de las tarjetas de crédito. No importa: la razón inicial de esta novela es su condición de fábula. Partir de un elemento inicialmente inverosímil es característica de este género. Algunos lectores pueden sentir cierto rechazo inicial a esta situación pero es una convención literaria perfectamente asumible. Una inteligente manera de hacer pasear a los personajes cervantinos por la ciudad-metrópoli más significativa en el último siglo y permitir el contraste de su visión con la realidad contemporánea. Diego de Torres Villarroel rescató a su admirado Quevedo y lo acompañó por la corte madrileña en sus Sueños morales. Visiones y visitas de Torres con don Francisco de Quevedo por Madrid con la misma finalidad.

Don Quijote es una novela de camino y, como tal, una revista de la sociedad de su tiempo (entre otras muchas cosas, claro). Marina Perezagua rescata esta condición para que don Quijote y Sancho pasen revista de la nuestra. Pero de la estructura, los personajes y los temas hablaremos en las próximas entradas.

Noticias de nuestras lecturas

Mª del Carmen Ugarte entra en materia como la misma autora de la novela y así nos pone todos los principios para comenzar a leerla, paseo por Manhattan y muchas otras cosas...

Paco Cuesta arranca su lectura de la obra de Marina Perezagua con un inteligente guió que la une con la intervención de Sancho Panza al comenzar la segunda parte del Quijote. Como debe hacerse, claro.

Mª Ángeles Merino se lanza a la aventura de comentar la novela de la mano de Austri y el propio Cervantes... comienza en La Isla de Burgos y no me extrañaría que nos llevara hasta Manhattan mismo...


Pancho continúa con Niebla, el título que hemos leído estas pasadas semanas. En esta ocasión presta atención a la estructura que se repite en algunos capítulos y el ritmo que impone en la lectura... y termina con Coldplay.

Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos. El listado de lecturas del presente curso, en este enlace.

sábado, 25 de junio de 2016

Elogio de la libertad. Discurso pronunciado en la ceremonia de graduación de la promoción 2016 del Grado de español de la Universidad de Burgos


Elogio de la libertad.
Discurso pronunciado como padrino en la ceremonia de graduación 
del Grado de español de la Universidad de Burgos (24 de junio de 2016).



Sr. Vicerrector de Cultura, Deporte y Relaciones Institucionales, Sr. Decano de la Facultad de Humanidades y Comunicación, Sr. Coordinador del Grado de español, queridos alumnos graduados, compañeros, amigos y familiares:

CUANDO don Quijote se vio en la campaña rasa, libre y desembarazado de los requiebros de Altisidora, le pareció que estaba en su centro, y que los espíritus se le renovaban para proseguir de nuevo el asunto de sus caballerías, y, volviéndose a Sancho, le dijo:
-La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres. Digo esto, Sancho, porque bien has visto el regalo, la abundancia que en este castillo que dejamos hemos tenido; pues en mitad de aquellos banquetes sazonados y de aquellas bebidas de nieve, me parecía a mí que estaba metido entre las estrecheces de la hambre, porque no lo gozaba con la libertad que lo gozara si fueran míos; que las obligaciones de las recompensas de los beneficios y mercedes recibidas son ataduras que no dejan campear al ánimo libre. ¡Venturoso aquél a quien el cielo dio un pedazo de pan, sin que le quede obligación de agradecerlo a otro que al mismo cielo!

(Miguel de Cervantes, Don Quijote, capítulo LVIII de la Segunda parte)

Se cumplen cuatrocientos años del fallecimiento de quien escribiera estas palabras y en vuestra ceremonia de graduación no podían dejar de ser escuchadas porque no solo son el núcleo de la acción de don Alonso Quijano el Bueno cuando decide salir al mundo a reparar las injusticias que en él hallare tras transformarse primero a sí mismo sino el verdadero impulso de todo ser humano que tenga la esperanza de ser dueño de su destino.

Hay muchas formas de ser libre. Tantas como formas de ser esclavo. No todas ellas fáciles de identificar. Más allá de la necesidad de comer que nos conduce a aceptar aquello que de otra forma nos parecería inaceptable y del drama de las personas a las que la violencia –sea del tipo que sea, puesto que en este mundo globalizado que haya hambrunas en algunas regiones es parte de la violencia institucional de los intereses financieros y políticos- les ha afectado en la dignidad hasta el punto de que han caído en un estado que ha colapsado su voluntad y hasta su pensamiento, está en las decisiones que tomamos cada día la opción de ser libres o ser esclavos, la de comportarnos como seres humanos con criterio propio o hacerlo de forma servil. Incluso cuando necesitamos comer –nosotros o nuestros hijos- y aceptamos condiciones de esclavitud para poder hacerlo, deberíamos luchar para tener como un sello en el pecho la inquietud de la libertad, como le pasaba a don Quijote en casa de los duques.

Don Quijote aspira a ser libre. Porque la libertad es un camino, no un final ni una utopía. Recelad de quien os prometa utopías como esos parques temáticos propios de esta sociedad consumista que nos convierte el mundo en trampantojo para turistas. Don Quijote decide marchar a Barcelona porque alguien se ha empeñado en que cumpla un destino escrito que lo llevaba a Zaragoza, o decide liberar a los galeotes que iban encadenados por orden del rey. También apoya la libre elección de amor de los jóvenes frente a las convenciones sociales que obligaban a casarse por intereses familiares. Y lo hace arriesgándose en cada momento. La mayor parte de las veces acaba apaleado o apedreado o se ríen de él, porque es condición de serviles atacar a quien actúa con libertad. Pero de vez en cuando consigue el respeto de aquellos que tienen el suficiente interés como para detenerse a contemplarlo más allá de su extraño aspecto, de las armas anacrónicas que porta o de la bacía de barbero que le sirve de casco.

La libertad es ese camino que lleva a don Quijote de su pueblo manchego a la playa de Barcelona cuando el destino parecía no quererlo alejar de su aldea. En él hay que esforzarse a diario y transigir muchas veces cuando se trata del respeto a los otros. Cervantes quiere que su novela trascurra por un mapa reconocible de la España de su época porque sabe que la libertad debe trabajarse en el espacio de la realidad a pesar de que cada día puedan reírse de la persona extravagante que quiere hacer mejor el mundo. Se encontrará muchas veces solo, ninguneado e incluso acosado y difamado por el colectivo de seres gregarios al que ha decidido no pertenecer. También sabe Cervantes que para que una sociedad sea libre deben serlo primero sus individuos. Y que los más conscientes de esa condición deben comenzar el camino.

No sé bien qué os hemos enseñado estos años que habéis pasado bajo el amparo académico de la Universidad. Pero me bastaría con que os hayamos enseñado esto de lo que habla Cervantes por boca de don Quijote. Sin esa conciencia de la libertad no puede haber mejora individual, ni social. No puede haber un verdadero progreso material acorde con las necesidades del ser humano ni verdadera ciencia, porque todas las épocas en las que la ciencia y la tecnología se han puesto al servicio de la falta de libertad han supuesto un dolor intenso, expolios, guerras y gobiernos criminales.

El Quijote es la historia de un lector. Después de la descripción, lo primero que se nos dice de él es que su casa está llena de libros, que se gasta buena parte de su hacienda en adquirirlos y que se pasa las noches enteras leyéndolos. Siempre se ha tomado esto como parodia de los libros de caballerías pero en la novela cervantina hay otros personajes que también leen. La parodia no está en que don Quijote lea o que sus lecturas sean historias de caballerías sino en el juego narrativo de confrontar las historias fantásticas de las caballerías con el mundo real. En El licenciado Vidriera hay un estudiante que de tanto estudiar se vuelve loco y se cree hecho de frágil cristal. Este licenciado sí se ha trastornado, de don Quijote nos quedará siempre la duda. ¿Es locura, juego o voluntad de ser diferente haciendo lo que todos pensamos que debe hacerse pero no nos atrevemos? ¿No es parte de su libertad gastarse la hacienda como le dé la gana incluso en contra de sus herederos y amigos o salir al mundo aunque parezca extravagante su decisión? Después de ser salvajemente golpeado por el mozo de mulas en el capítulo IV de la primera parte, a don Quijote lo encuentra un labrador de su pueblo y ante lo que él entiende por desvarío del cerebro de su vecino, quiere volverlo a la sensatez:

-Mire vuestra merced, señor, pecador de mí, que yo no soy don Rodrigo de Narváez, ni el marqués de Mantua, sino Pedro Alonso, su vecino; ni vuestra merced es Valdovinos, ni Abindarráez, sino el honrado hidalgo del señor Quijana.

-Yo sé quien soy -respondió don Quijote-; y sé que puedo ser no sólo los que he dicho, sino todos los Doce Pares de Francia, y aun todos los Nueve de la Fama, pues a todas las hazañas que ellos todos juntos y cada uno por sí hicieron, se aventajarán las mías.

                Una gran parte de nuestra libertad proviene de la cultura. Me gustan mucho las definiciones que de ella da el Diccionario de la Real Academia. En su segunda acepción se trata del “Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico”. Es decir, la más pura esencia de la libertad. Podemos ser libres incluso en una sociedad que no nos lo permite con su estructura social, sus leyes y sus costumbres. Tosca, paternalmente o de forma tan sutil como en gran parte de nuestra vida actual. Podemos ser libres gracias a la cultura y desde nuestra libertad como individuos favorecer la libertad de toda la sociedad. Quizá por eso algunos gobiernos aparentemente democráticos no apoyan la cultura con entusiasmo, no invierten en este necesario alimento de todo ser humano. Y aquí es en donde entra la tercera acepción del Diccionario: “Conjunto de modos de vida y costumbre, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.”

                Lo sabía Cervantes. Por eso hace entrar a sus protagonistas en el mundo de los Duques. Estos han leído mucho: conocen, incluso, la primera parte del Quijote (ya sabemos que una de las genialidades de esta novela cervantina es que los personajes son conscientes de ser personajes). Pero su forma de entender la cultura no es la de la libertad sino que la instrumentalizan para que les sirvan todos los demás de entretenimiento y convierten a Don Quijote y Sancho en poco más que bufones aparentando respetarlos. Cuando la cultura está en manos de los otros, ni nosotros podemos ser libres como individuos ni la sociedad lo es. En la corte de los Duques sucede lo que siempre ocurre en cualquier sociedad en la que falta la verdadera libertad: hay serviles, delatores, interesados y se respira un ambiente de opresión y control del disidente aunque aparentemente vivamos de forma cómoda y regalada. Por eso quiere salir de allí don Quijote.

Incluso, aunque no lo puede racionalizar de la misma manera, lo sabe Sancho, que renuncia a ser gobernador porque ha dejado de ser libre y vuelve junto al hidalgo. Él proviene de otra forma de entender el mundo, más práctica y por eso continúa la cita con la que arrancábamos este discurso:

-Con todo eso -dijo Sancho- que vuesa merced me ha dicho, no es bien que se quede sin agradecimiento de nuestra parte doscientos escudos de oro que en una bolsilla me dio el mayordomo del duque, que como pócima y confortativo la llevo puesta sobre el corazón, para lo que se ofreciere; que no siempre hemos de hallar castillos donde nos regalen, que tal vez toparemos con algunas ventas donde nos apaleen.

Sancho no deja de ser Sancho aunque evolucione a lo largo de la novela. Pero no nos engañemos. La verdadera libertad es contagiosa cuando se conoce de cerca. Y Sancho, que no ha leído nada, que solo portaba en sí la cultura popular de su tiempo, la propia de un campesino de La Mancha (que es mucha y no debemos despreciarla pero no contenía el concepto de la libertad individual ni, mucho menos, el de la libertad social), ha visto el ejemplo del que antes era su amo y que se ha convertido ya en su amigo. Y decide seguir junto a él el resto del camino ya sin más interés que aquella aventura extravagante que les llevará hasta donde nunca había llegado ninguno de los personajes de la literatura universal. Igual que había decidido compartir comida y conversación con su vecino Ricote a pesar de que era consciente de estar incumpliendo una orden del rey que prohibía todo trato –y menos amistoso- con los moriscos expulsados. Pero era su vecino y lo conocía de toda la vida y las leyes son abstractas y no se adaptan bien a todas las circunstancias.

Y aquí estáis vosotros. Habéis terminado vuestros estudios universitarios. Y si lo hemos hecho bien, si hemos servido de algo, habréis adquirido aquí lo necesario para que tengáis juicio crítico. Es decir, para que seáis libres. Debéis actuar como tales no solo por vosotros. Y debéis hacerlo en el plano real del mundo sin dejar de soñar en el horizonte aunque nunca pueda alcanzarse. Eso ya lo sabemos y no debería provocarnos frustraciones ni amargura ni rencor sino la alegría del camino en medio de todos los sinsabores, temores y golpes que nos deparen la vida y aquellos que sienten miedo ante la libertad ajena.

Esta sociedad está cambiando, nuestra época histórica se trasforma. Más rápidamente que nunca en la historia de la humanidad. Y en este momento os necesitamos libres. Necesitamos que cada uno de vosotros salgáis de vuestras casas, que salgáis de esta institución y que hagáis cada día vuestras vidas sin caer en servilismos, sin caer en la tentación de dejaros arrastrar por las consignas fáciles y cómodas y que extendáis esa libertad con vuestro trabajo diario y con vuestro ejemplo.

La cultura que habéis adquirido estos años tanto por nuestro estímulo como por vuestras propias inquietudes y la que adquiráis a partir de ahora en un proceso de sedimentación y renovación constante debe ayudaros a tomar decisiones que no suelen ser fáciles. De ellas dependerá vuestra libertad como individuos pero también algo más importante. Si vosotros sois libres la sociedad será mejor. 

Es la comisión que lleváis junto al título que acredita vuestros estudios y la beca que ahora vamos a imponeros. No hay otra forma de entender la Universidad, incluso en estos tiempos en los que parece predominar el mero valor mercantil de los estudios superiores y todo se traduce en cifras y parámetros de calidad que no miden lo importante. Porque lo importante no es que recordéis el año en el que fue escrito el Quijote para cumplimentar un formulario sino que en él se habla de libertad. Que hagáis esas palabras vuestras y que sepáis trasmitirlas a las generaciones siguientes.

Vuestros estudios son humanísticos, no lo olvidéis nunca, incluso aunque en vuestros trabajos futuros os pidan que pongáis valor económico a lo que hagáis. Vuestros estudios tratan sobre el ser humano y sus creaciones culturales. Es decir, sobre cómo un individuo alcanza el juicio crítico, como llega, por lo tanto, a ser libre y cómo puede hacer que la sociedad también lo sea y las razones por las que otros no pueden alcanzarlo.

No conozco misión más elevada que la vuestra. Estoy convencido de que estaréis a la altura de ese reto, os conozco y sé que seréis capaces.

Enhorabuena y muchas gracias.

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miércoles, 22 de junio de 2016

Ilustrar e interpretar gráficamente el Quijote cervantino



No se suele decir que, curiosamente, el primer ilustrador del Quijote fue el propio Cervantes. En el capítulo VIII de la primera parte, al narrador -ese personaje/narrador que se llama Miguel de Cervantes y que construye la principal arma de modernidad de la obra al dinamitar la fiabilidad que hasta ese momento sostenía a los narradores de este género de novelas- se le acaba el material usado para contarnos las aventuras de don Quijote. Es justo el momento en el que Cervantes pasa de escribir una gran novela a regalarnos la mejor novela que se ha escrito nunca. Remito aquí al comentario que escribí de este momento (aquí y aquí). Al arrancar el capítulo noveno resume la situación en pocas pero sabrosas palabras:

DEJAMOS en la primera parte desta historia al valeroso vizcaíno y al famoso don Quijote con las espadas altas y desnudas, en guisa de descargar dos furibundos fendientes, tales que, si en lleno se acertaban, por lo menos se dividirían y fenderían de arriba abajo y abrirían como una granada; y que en aquel punto tan dudoso paró y quedó destroncada tan sabrosa historia, sin que nos diese noticia su autor dónde se podría hallar lo que della faltaba.

Y pocas líneas después nos dice que, en el manuscrito arábigo hallado en el Alcaná de Toledo, hay una representación dibujada de la aventura con el vizcaíno, que detalla:

Estaba en el primero cartapacio, pintada muy al natural, la batalla de don Quijote con el vizcaíno, puestos en la mesma postura que la historia cuenta, levantadas las espadas, el uno cubierto de su rodela, el otro de la almohada, y la mula del vizcaíno tan al vivo, que estaba mostrando ser de alquiler a tiro de ballesta. Tenía a los pies escrito el vizcaíno un título que decía: Don Sancho de Azpetia, que, sin duda, debía de ser su nombre, y a los pies de Rocinante estaba otro que decía: Don Quijote. Estaba Rocinante maravillosamente pintado, tan largo y tendido, tan atenuado y flaco, con tanto espinazo, tan hético confirmado, que mostraba bien al descubierto con cuánta advertencia y propriedad se le había puesto el nombre de Rocinante. Junto a él estaba Sancho Panza, que tenía del cabestro a su asno, a los pies del cual estaba otro rétulo que decía: Sancho Zancas, y debía de ser que tenía, a lo que mostraba la pintura, la barriga grande, el talle corto y las zancas largas; y por esto se le debió de poner nombre de Panza y de Zancas, que con estos dos sobrenombres le llama algunas veces la historia.

Con esta ilustración verbal -que no hace más que jugar con todas las descripciones de los personajes que hay a lo largo de la novela-, Cervantes daba cuenta, por una parte, de la moda cada vez más extendida de publicar novelas con grabados más o menos elaborados y, por otra, de su capacidad para reflexionar sobre todos los aspectos que se relacionaban con el mundo de la escritura, incluida la divulgación de la obra manuscrita o impresa con dibujos alusivos. Recordemos también el juego del prólogo de las Novelas ejemplares en el que finge un retrato de Jáuregui para realizar un autorretrato. Un juego tramposo y de tan sutil inteligencia que ha tenido engañados a generaciones de cervantistas e incluso a la Real Academia.

Desde entonces, la iconografía cervantina y quijotesca es tan numerosa que va siendo inabarcable. Pronto las obras se acompañaron de grabados sobre el propio autor -es interesante comprobar cómo fue construyéndose edición a edición la imagen de la manquedad de Cervantes- y sobre sus personajes. En especial, como es lógico, de don Quijote y Sancho. Los que participaran en aquella aventura de leer el Quijote completo de forma colectiva usando por vez primera las posibilidades de la web 2.0 que lancé a través de este blog en el año 2008, recordarán que una interesante aportación fue la recopilación de imágenes alusivas a Cervantes y el Quijote, muchas de ellas no almacenadas en los varios repositorios que existen sobre la cuestión en Internet. Más allá de la mera ilustración del Quijote, a veces nos encontramos obras que parten de la novela para construir una obra personal por parte del autor.

Viene todo esto a cuento porque estos días he podido disfrutar de dos interesantes exposiciones con ilustraciones quijotescas. La primera, El Quijote. Reconstrucción de su historia. Ediciones e ilustraciones (Sala municipal de exposiciones de la Casa Revilla de Valladolid, hasta el 10 de julio), comisariada por Dolores Durán Úcar. Se muestran ella los ejemplares de la Colección Senovilla, una colección particular que reúne un fondo muy interesante. Evidentemente, no está todo -no conozco colección pública o privada que tenga todo Cervantes- pero lo mostrado es de excepcional calidad y merece ser conocido. Es fácil encontrar las imágenes en internet, pero verlas en su contexto físico -la lámina, la página del volumen-, es indispensable para conocer su relevancia y la evolución de la tradición de ilustrar el Quijote a lo largo del tiempo y las culturas -hay ejemplos excepcionales de Quijotes orientales.

La segunda exposición, la he podido contemplar hace unas semanas en el Parador de Ayamonte, por recomendación oportuna de José Luis Rúa: Hombre perturbado en el país de las tentaciones, del artista ayamontino Manuel Moreno Morales. Este proyecto expositivo se suma a la edición limitada  (solo trescientos ejemplares) de AMC Editores en colaboración con el Museo Iconográfico del Quijote de Guanajuato (México), uno de los mejores sobre esta materia, en el que se reúnen veinte láminas a gran formato de Moreno Morales con El Quijote hoy. Diccionario de citas famosas del mexicano Manuel del Bosque. Moreno Morales ha conseguido algo que parece imposible hoy tras cuatrocientos años de iconografía quijotesca: realizar su propia visión del Quijote, diferente y personal. Es un Quijote onírico lleno de luz, en diferentes técnicas, con una innegable fuerza en la trasmisión de la visión del artista y una calidad excepcional. Nos introduce en el sueño quijotesco en el que todo puede ser posible bajo un propósito bien explicado en el folleto de la obra: "El Quijote es una lección de vida. Idealismo y realismo se funden como en cada uno de nosotros invitándonos a descubir que todo lo que hacemos y por lo que luchamos en nuestra vida tiene como propósito alcanzar una meta, cumplir un sueño, una ilusión". Tiene mucha razón el autor. De hecho, don Quijote cuando dejó de soñar con esa meta, se abandona en Alonso Quijano el bueno para morir.


sábado, 21 de mayo de 2016

Misterios del Quijote, monólogo teatral de El Brujo


El pasado mes de marzo tuvo lugar en el Teatro Zorrilla de Valladolid el estreno absoluto de los Misterios del Quijote, el nuevo monólogo teatral de Rafael Álvarez, el Brujo. El estreno se dio el 5 y yo vi la función del día siguiente, así que no pude asistir al acto de homenaje al actor con el que el empresario Enrique Cornejo le dedicaba una de las butacas del local que llevará para siempre su nombre.

Con motivo del cuarto centenario de la publicación de la primera parte del Quijote, el Brujo estrenó el 15 de junio de 2005, en el Claustro de los Dominicos de Almagro, un monólogo en dos actos, El ingenioso caballero de la palabra, basado en un texto con el que Emilio Pascual adaptaba la obra cervantina, que ha tenido buen recorrido nacional  e internacional. el espectáculo que nos propone el Brujo ahora, con motivo del cuarto centenario de la segunda parte retoma mucho de aquel, al que se hace referencia en el texto nuevo.

Misterios del Quijote, con texto del propio actor, mantiene el juego entre ficción y realidad en este espectáculo: juega el Brujo a ser él mismo -la historia de su padre, que contaba historias del Quijote, es de una emotividad profunda, aparte de un inteligente guiño metaliterario- y a ser los personajes en los que se desdobla sin dejar de ser siempre un actor, el actor, es decir, esencia teatral. Porque es desde ese lugar desde el que se construye este monólogo -más metateatral, si cabe, que los anteriores-, desde la esencia pura del actor que nos cuenta una historia y que nos engaña con la verdad o nos da la verdad con la mentira, teatro siempre. Así es, a la vez, un juglar primitivo, un narrador oral o un actor de método, todo sucesivamente, como si la forma de actuar se construyera con capas con las que juega entre divertido y serio el Brujo despojándose y vistiéndose magistralmente. Muchas de las situaciones son provocadas por ese juego actoral y pueden entenderse desde niveles muy diferentes: gustarán igual al que no sabe el trasfondo metateatral de lo que hace el Brujo como al que lo conoce perfectamente.

Es desde esa historia inicial desde donde debemos comprender la obra, su padre contando historias del Quijote a un niño que terminará representando el personaje contándonos las historias del Quijote para devolver toda la dignidad al padre y a su memoria, como si al final del viaje de la vida comprendiera que el padre tenía sus razones y todo fuera cuestión de perspectiva. Desde ese punto inicial se construye un texto guiado por la autoconciencia de los personajes de la novela cervantina (personajes que se saben personajes), el juego ficcional de la no autoría del propio Cervantes (el texto tendría origen en un manuscrito juglaresco), el difícil concepto de la libertad y el relato de alguno de los pasajes del Quijote, sin pretender agotar para nada el relato completo de la novela.

La obra se basa fundamentalmente en ese actor que encarna el Brujo y que ha construido -como hiciera el propio Cervantes- un personaje con una forma propia desde la que hacer teatro entre la comedia y el drama, entre el amaneramiento y la profundidad. Al Brujo se le ama o se le odia, pero no deja indiferente nunca. Su forma de actuar y construir a partir del cuerpo y la voz el escenario y la historia completa es ya sobradamente conocida y nadie es capaz de hacerlo hoy en día en el teatro español como lo hace él. Reconozco que no puedo ver muchas veces seguidas al Brujo pero ocasionalmente me admira, me seduce y me gana. En este montaje todo funciona y está medido en duración, alternancia de tonos y ritmos. Yo disfruté y el público del Teatro Zorrilla se apasionó.

lunes, 2 de mayo de 2016

Visita a Alcázar de San Juan y Campo de Criptana


Así, para salir de dudas de si gigantes o molinos, el Club de lectura se ha desplazado a tierras manchegas. Como saben los más antiguos lectores de este espacio, el propósito de leer juntos desde este blog nació en el 2008 con la primera lectura colectiva completa y virtual del Quijote que se ha llevado a cabo usando los recursos propios de la web 2.0 (el proyecto ha quedado disponible, en abierto y gratuita, como la única guía de lectura de la novela completa en internet, en este enlace, para que aquellos que estén interesados la usen y puedan sumarse puesto que mi compromiso es continuar dando respuesta a estos lectores). No es el único tributo que hemos pagado a Cervantes y su obra. Un poco a traición leímos la continuación de Avellaneda y este mismo curso hemos comenzado -seguiremos más adelante- la lectura de las Novelas ejemplares. Tengo el proyecto de realizar un encuentro al final del año que cierre este centenario Cervantes, tan mal tratado ahora -y entonces- por el estado y por tantos que solo se han acercado a él para aprovecharse de su fama y negarle el mérito. Aquel soldado de escasa fortuna en vida ha visto cómo tantos han hecho dinero y fama gracias a sus obras.

He de reconocer que tengo una inclinación favorable hacia Cervantes. Un hombre que tuvo los vientos en contra a lo largo de su vida, cargado de deudas, de una familia que le dio problemas constantes, lisiado en una batalla que pronto dejó de interesar pero cuya importancia él siempre se encargó de reclamar como testigo de los acontecimientos, preso varios veces, ninguneado por los escritores de su tiempo, que vio cómo no solo se le negaba la importancia literaria que tiene sino que le quisieron robar el beneficio económico de su gran obra, etc., pero que nunca dejó de estar con la mente activa y luchadora y que, como escritor, fue un constante innovador. No solo en vida. Son muchos los que le han negado desde su fallecimiento hasta el presente. En su contra, está el Quijote, siempre renovado y listo, esperándonos. Ya lo he contado muchas veces. Sucede que a veces tengo que volver -por una charla, por una clase- a un pasaje u otro de esta novela. Y allí me quedo. Desde los quince años, cuando lo leí por vez primera en aquella edición de letra minúscula de la colección Austral que hoy no podría consultar ni con gafas.

El Club de lectura, en su formato presencial, mantenido por la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos, se ha trasladado a Alcázar de San Juan este pasado fin de semana. Los anfitriones, Carmen y Antonio, miembros del club, se han volcado en atenciones y han organizado un perfecto encuentro. No solo nos abrieron generosamente las puertas de su casa sino que también han facilitado las visitas a los puntos más importantes de la localidad. El sábado, concertaron unas gachas tradicionales en un bar de la Plaza de España (allí, por cierto, tuve un encuentro emocionante con un lector asiduo de este espacio, Luis Miguel. Situaciones como estas me suceden cada vez con más frecuencia y me deparan momentos de buena conversación y amistad). La comida, en el patio de su casa, nos reservaba la sorpresa de una buena ración del guiso de las bodas de Camacho, así que en ese momento fuimos más Sanchos que Quijotes.

Tras la comida mantuvimos un interesante encuentro con Jaime Covarsí, que nos habló de su novela, Confesiones del apócrifo Cervantes (TAU ediciones, 2016), que ya he comentado en este espacio, cuando la presenté en Cáceres el pasado 14 de abril. Se trata de una novela de intriga bien estructurada, ambientada en Sevilla en la actualidad pero que tiene como motivo el hallazgo de unos documentos que revelan la auténtica identidad de Avellaneda. Covarsí, filólogo, profesor de lengua y literatura en secundaria y buen conocedor de Cervantes, también contribuyó a que la conversación nos llevara hacia la personalidad y la obra de este autor. Fueron dos horas y media de amena e interesante charla en la que también estuvo presente su editor, Antonio Burillo. Covarsí es un autor que crece en cada obra, decidido a hacerse un hueco en la literatura actual, con gran capacidad para mejorar y que ya deparó un buen debut con El bastón de avellano (TAU, 2015), que ya ha alcanzado la segunda edición. Ambas novelas reúnen el interés de la trama con un cuidado por la prosa y juegos metaliterarios que no entorpecen su lectura. Estoy convencido de que no será su última relación con este club de lectura. Al día siguiente, se presentó la novela en la bodega de la Casa Museo de Esquivias.

Por la tarde visitamos Alcázar de San Juan y, sobre todo, algunos espacios relacionados con Cervantes. En la iglesia parroquial de Santa María pudimos ver la copia de la famosa partida de bautismo que, junto a otros elementos, ha dado lugar a la creencia de que Cervantes nació en esta localidad manchega. Los cervantistas lo han descartado hace tiempo con sólidas razones, pero es ahora cuestión menor cuando se habla de un sentimiento muy arraigado en esa localidad. No voy a ser yo quien les quite ese sentimiento a quienes quieran sentir a Cervantes como propio. Cervantes, aunque naciera en Alcalá de Henares -o allí fuera bautizado, por lo menos-, lo hizo accidentalmente y terminaría convirtiéndose en un personaje universal, que es lo que es, en realidad. Pero quiso dotar a su obra más importante de carácter netamente manchego. No nació en Alcázar de San Juan, pero conocía todo aquel territorio a la perfección y lo llevó a ser referencia de un mito universal, como han hecho otros autores con una patria natal o adoptada. No puede entenderse el Quijote sin estos lugares de la Mancha, desde luego. Y Alcázar de San Juan es uno de los posibles "lugares de la Mancha de cuyo nombre" no quiso acordarse Cervantes.

Alcázar de San Juan es una localidad que merece ser visitada y conocida, también por sus habitantes, acogedores y abiertos al visitante y entusiastas en la promoción de todo lo propio. No puede dejar de visitarse el Museo del hidalgo, una reconstrucción muy ilustrativa de un tipo de casa notable de la zona en tiempos de Cervantes.

El domingo 1º de mayo nos acercamos a Campo de Criptana, en donde se conservan bien restaurados tres molinos tal y como debieron ser a finales del siglo XVI (tienen la declaración de Bien de interés cultural). No deberíamos olvidar que en los tiempos en los que se escribió el Quijote, los molinos de viento eran una innovación tecnológica radical, que trasformó esta industria y también el paisaje. El impacto visual, su interés técnico, los cambios introducidos en el sistema de producción de harina, la cierta liberación de propiedad y explotación que supusieron con respecto a los otros molinos, no pasaron desapercibidos a Cervantes. Su introducción en la novela es otra muestra más del retrato realista de su época en el Quijote. Y verlos por dentro es necesario para comprender la famosa aventura en la que don Quijote arremete contra ellos pensando que son gigantes. Posiblemente sea una de las más interesantes formas de contar la lucha del individuo contra la máquina.

Hacía frío en la sierra el domingo, pero pudimos disfrutar de unas detalladas y apasionadas explicaciones de un guía japonés sobre el funcionamiento de los molinos -una divertida anécdota que podría reflejar el carácter universal de la obra cervantina-, que también nos mostró -esto sí es un nuevo guiño de la historia- el museo dedicado a Sara Montiel, que se encuentra en uno de los molinos.

En definitiva, un viaje interesante, en el que hemos aprendido mucho, hemos intercambiado opiniones. Una experiencia para el recuerdo. Yo me he vuelto con la idea de que, gigantes o molinos, lo importante es que no hicieron parar a don Quijote y hoy los tenemos al servicio de Cervantes.


Parte del grupo (teníamos a unos cuantos perdidos por Alcázar de San Juan) con Jaime Covarsí, autor de Confesiones del apócrifo Cervantes (primero por la izquierda) y Antonio Burillo, su editor (TAU ediciones). En el monumento dedicado a don Quijote y Sancho Panza en la Plaza de España de Alcázar de San Juan.



Estas dos fotos corresponden al Museo dedicado a Sara Montiel (natural de Campo de Criptana) en el molino Culebro.
Vista desde el torreón del Gran prior Don Juan de Asutria (Alcázar de San Juan).

miércoles, 13 de abril de 2016

Confesiones del apócrifo Cervantes, de Jaime Covarsí


Jaime Covarsí (Barcelona, 1975 pero residente en Extremadura) redacta su nueva novela alrededor de uno de los misterios más interesantes de Cervantes, la autoría de la segunda parte del Quijote publicada en Tarragona en 1614 bajo el pseudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda. La teoría que maneja no es nueva aunque sea sorprendente porque sigue una de las más extrañas, pero eso no le importará al lector de esta novela porque esta novela se teje a partir de este tema para hablar sobre todo de un juego de ocultaciones y descubrimientos a la manera de una novela policíaca y de misterio, que es el género al que pertenece.

Ambientada en Sevilla (en especial en los pocos centenares de metros que separan la calle Betis del Hospital de la Caridad), cuenta la historia de un catedrático de literatura española en la Universidad de esa ciudad, Jaime Sanchís, que tras atender una llamada teléfonica en la que se le encarga la redacción de una obra de creación sobre Cervantes para una nueva colección llamada Sembalanzas mínimas de la literatura castellana, recuerda los hechos ocurridos años antes, cuando recibió la noticia de que su maestro, al que sucediera en la cátedra, le había dejado un paquete con unas cartas que contenían documentos del siglo XVII en los que se desvelaba la autoría del Quijote de Avellaneda. Aunque bien introducidos en la historia (por razones evidentes, dado el género de la novela, no revelaré más datos), estos documentos tienen el papel que Hitchcock daba en sus películas al Macguffin: algo que está en el centro de la trama y motiva su avance pero que no debería desviárnos la atención de la historia tejida a su alrededor. Como en Hitchcock, aquí un inocente se ve envuelto en una investigación policial y en unos hechos que no solo lo aturden sino que en gran medida, lo superan: un asesinato, unos documentos que pueden hacer cambiar la historia de los estudios cervantinos, un amor intenso con el que carga toda la vida, la persecución de alguien extravagante, etc. Sobre todo ello reflexiona el protagonista de forma continua para comprender su propia situación, porque la historia se cuenta acertadamente desde la primera persona. En Confesiones del apócrifo Cervantes hay mucho del buen cine clásico de misterio, sobre todo en pequeños guiños estructurales y en la caracterización de los personajes. También hay muchos guiños literarios, algo que caracteriza la narrativa del autor desde su primera novela (El bastón de avellano, TAU, 2015).

Los personajes están bien caracterizados por Covarsí, en especial el del narrador, sin agotar nunca cada una de las razones de sus actos. El estilo se ajusta a la modalidad narrativa de la obra y lo hace avanzar con naturalidad a pesar de los saltos en el tiempo. La trama funciona y puede interesar a un público amplio, interesados o no en Cervantes, y está bien resuelta y resulta entretenida. En el número de obras de creación que estos años se escriben sobre Cervantes, faltaba una como esta, que toma un misterio cervantino y sobre él construye una historia contemporánea de intriga y pasiones diversas.

La edición de TAU ediciones (también información aquí) es cuidada, con un buen diseño y de agradable lectura.

Mañana jueves 14 presentaré esta novela en el Ateneo de Cáceres, a las ocho de la tarde, en compañía del autor. Será agradable recibir allí a todos los que puedan acudir.



miércoles, 23 de marzo de 2016

Don Quijote, el manga o cómo traicionar a Cervantes para que no resulte peligroso


Mi hija Elena, que me conoce, me regaló para celebrar el Día del padre, no sin cierta ironía, un Don Quijote de la Mancha en versión manga. Publicado el pasado enero en español por la otra h, sello de la editorial Herder, es la traducción del original del equipo Variety Artworks para la japonesa East Press, que tiene una colección completa dedicada a adaptar y divulgar las grandes novelas mundiales y que lo publicó en marzo de 2009. Evidentemente, conozco la larga tradición de ilustraciones y cómics que se han enfrentado con el reto de trasladar la novela cervantina a lenguaje gráfico, pero esta me ha hecho singular gracia por las alteraciones acometidas. En su estética cumple las normas del manga y eso se lo dejaré a los expertos en este tipo de obras.

Esta versión cuenta con un buen trabajo de asesores literarios. Se nota que alguien ha leído la novela -cosa que no es tan evidente en otras adaptaciones para el cómic- y que sobre ese trabajo otros han hecho lo que les ha dado la gana. La trasformación de la historia es total pero conserva un sentido de lectura muy moderno y que podría aprobar el cervantista más riguroso: don Quijote resulta no estar tan loco al final como parecía puesto que él mismo reconoce, en gran medida, su voluntad de juego y trasformación de su vida a partir de sentir un vacío interior cuando se para a considerar que no ha hecho nada de interés en los años que ha vivido. Los libros de caballería le dan la oportunidad de hacer algo, de intentar cambiar el mundo por su acción individual. También está en la novela original ese conflicto que presenta este manga entre el individuo que quiere vivir su propia aventura y el resto de la comunidad que quiere encerrarlo en su pueblo y en su casa para que deje de hacer locuras. A partir de ahí, todo se adapta para encajarlo en un tipo de lector que no puede ahondar en complicaciones ni sutilezas y al que se le termina explicando todo para que nada quede a su propia reflexión. Solo hay una salida y no tres. Don Quijote resulta marxista: su lucha más interior es reparar la injusticia creada por las diferencias de clases -lo dice, pero no lo demuestra antes en la historieta-. Todos los personajes son amables, incluso el Duque, que resulta comprensivo y humano y termina solucionando el problema que plantea el reto del personaje a la sociedad. Es curioso cómo, de forma muy amable, las fuerzas que controlan la sociedad triunfan (Sansón Carrasco dice que puede resultar peligroso que otros lo imiten) y consiguen que don Quijote retorne a casa sin haber sido vencido y recibiendo la comprensión y el cariño de todos. Es decir, los autores de la adaptación al manga le dejan soltar su denuncia de las injusticias sociales pero terminan haciéndolo volver a su casa dejando la solución en manos de los gobernantes... que se comportan con él de forma tan cariñosa y paternalista como sus amigos o su familia. Un juego muy sutil para destruir el mensaje comprometido, arriesgado y diferenciador de Cervantes en su novela. Solo Avellaneda se había atrevido a tanto (eso sí, sin demostrar ningún cariño por el personaje).

miércoles, 18 de marzo de 2015

Los huesos de Cervantes y el verdadero homenaje que le debemos.


Se han dado a conocer los primeros resultados de la investigación que trataba de localizar los restos de Miguel de Cervantes en la madrileña iglesia de las Trinitarias. Es curioso el abanico de titulares en los medios de comunicación: desde los que celebran inequívocamente su hallazgo e identificación hasta los que se limitan a afirmar lo que dicen los expertos que han acometido el trabajo encargado y subvencionado por el Ayuntamiento de Madrid, que parece interesado en sacar rendimiento turístico del asunto. Ya había ocurrido lo mismo hace unas semanas, cuando los investigadores encontraron un ataúd identificado con una M y una C formadas con tachuelas que resultó ser de un período muy posterior a 1616.

Lo que han afirmado los expertos es que quizá alguno de los huesos correspondientes a los 16 cuerpos (seis de hombres, cinco de mujeres y seis de niños) agrupados en la cripta del convento tras una remodelación de la iglesia entre el siglo XVII y el XVIII puede ser de Cervantes y de su esposa. Es decir, nada porque no han podido ni reconstruir su esqueleto ni comparar con el ADN de algún familiar. Esta costumbre de trasladar los huesos de personas enterradas y agruparlos en un lugar común es tan habitual que tampoco debe inquietarnos ni hacernos sospechar de nada. Como también es costumbre y deporte nacional el andar jugando con los huesos de los muertos ilustres a los que en vida no se hizo demasiado caso o incluso se llegó a ningunear o maltratar. De que Cervantes fuera enterrado en el convento de las Trinitarias Descalzas el 23 de abril con el sayal franciscano como sudario no había ninguna duda, así como tampoco la había de que en algún lugar del convento seguían sus restos. Por ahora, a la espera de la próxima fase de la investigación, seguimos tal y como estábamos aunque con una nueva representación de la farsa nacional.

Aunque Cervantes no muriera en la situación de olvido, penuria económica y desamparo que cuenta la leyenda, sí es cierto lo esencial de lo que expresara el Licenciado Márquez Torres en la Aprobación que figura al frente de la Segunda Parte, impresa un año antes de que el escritor falleciera (aunque larga y conocida, la cita merece ser leída otra vez en estos momentos): 

Certifico con verdad que en veinte y cinco de febrero deste año de seiscientos y quince, habiendo ido el ilustrísimo señor don Bernardo de Sandoval y Rojas, cardenal arzobispo de Toledo, mi señor, a pagar la visita que a Su Ilustrísima hizo el embajador de Francia, que vino a tratar cosas tocantes a los casamientos de sus príncipes y los de España, muchos caballeros franceses, de los que vinieron acompañando al embajador, tan corteses como entendidos y amigos de buenas letras, se llegaron a mí y a otros capellanes del cardenal mi señor, deseosos de saber qué libros de ingenio andaban más validos; y, tocando acaso en éste que yo estaba censurando, apenas oyeron el nombre de Miguel de Cervantes, cuando se comenzaron a hacer lenguas, encareciendo la estimación en que, así en Francia como en los reinos sus confinantes, se tenían sus obras: la Galatea, que alguno dellos tiene casi de memoria la primera parte désta, y las Novelas. Fueron tantos sus encarecimientos, que me ofrecí llevarles que viesen el autor dellas, que estimaron con mil demostraciones de vivos deseos. Preguntáronme muy por menor su edad, su profesión, calidad y cantidad. Halléme obligado a decir que era viejo, soldado, hidalgo y pobre, a que uno respondió estas formales palabras: «Pues, ¿a tal hombre no le tiene España muy rico y sustentado del erario público?» Acudió otro de aquellos caballeros con este pensamiento y con mucha agudeza, y dijo: «Si necesidad le ha de obligar a escribir, plega a Dios que nunca tenga abundancia, para que con sus obras, siendo él pobre, haga rico a todo el mundo».

España ha sido demasiado propensa a endiosar medianías y negar el pan y la sal a muchas de sus grandes personalidades mientras están vivas. Una de ellas fue Cervantes, sin duda alguna. Incluso hoy hay quien -por hacerse el moderno, el extravagante o por mera ignorancia que, como se sabe, suele ir acompañada de osadía- niegan su relevancia en la historia de la literatura universal.

No voy a decir que no es interesante hallar los huesos de Cervantes y, si se llegaran a identificar correctamente, trasladarnos a un lugar visitable aunque esto nos cueste dinero (también debería destinarse dinero para otras cosas iguales o más urgentes que hallar los huesos de don Miguel, puesto que lo que no parece oportuno es el momento elegido para destinar fondos a esta investigación) y el impacto de las fotos de la inauguración ostentosa y previsiblemente cateta con políticos que jamás se han ocupado por la cultura más que para abatirla. Estos serán anécdota y pasarán, como pasaremos todos y seguirá quedando la obra de Cervantes.

Por eso mismo, el mejor homenaje que le debemos a Miguel de Cervantes es leerlo, disfrutarlo y difundirlo. Y no solo ahora por los fastos conmemorativos, sino siempre. Recuerdo, para quien quiera lanzarse a la tarea, que aquí se promovió la primera lectura completa colectiva que se ha hecho del Quijote usando las herramientas que ha puesto a nuestra disposición el mundo digital e Internet. Y que esta lectura sigue abierta, pública y gratuita, para quien quiera arriesgarse a su primera lectura o la relectura que de vez en cuando debemos llevar a cabo para disfrutar con su legado.

Toda la información de aquel proyecto puede encontrarse en este enlace. La lectura colectiva del Quijote, que comenzó el jueves 24 de abril de 2008 y sigue abierta, dio lugar al Club de lectura que sostenemos aquí todos los jueves.