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martes, 24 de julio de 2012

Los besos que te dé

Te besaré ahora entre la gente porque ya ha amanecido: ha venido el día carmín, amor mío, rojo fuego. Dame la mano. Bésame en la plaza, bésame de abrazos y caminemos. Ya somos cientos. A la calle, a las plazas: trabajo, grito, conciencia. Sabemos quiénes son los que no nos besan.

domingo, 22 de julio de 2012

No hay otra forma


No hay otra forma.. Al menos, te he besado mientras la ciudad entera se incendiaba. Pero Atlanta ya es solo cenizas y aun nos quedan batallas. El verano nos lo han trasformado en invierno y ya no va más porque han hollado nuestros jardines más secretos. Nos seguiremos besando pero el tiempo de siembra ha dado paso al de la cosecha: ya tengo el camino a tus labios memorizado y puedo salir a la intemperie porque sé que allí te abrigaré con mis brazos que tú buscas cuando te dejas ir hacia lo que queda de noche mientras yo hundo mi rostro en tu cabello para buscarte la nuca y besarla con la ternura precisa del beso que anucia ya la proximidad del sueño. Saldremos a ser derrotados todas las mañanas, pero qué hermoso. Al menos contaremos que hemos luchado cuando nos veamos en la noche de abrazos: espalda, manos, rostros. Bésame. Bésame. Y vamos juntos, porque no todas las películas terminan igual cuando las revisitamos.

viernes, 20 de julio de 2012

Cometeré errores


Cometeré errores porque todo es incierto menos tus labios. De donde vengo sé que ya todo es tierra quemada y el horizonte se anuncia rojo intenso: no queda ya nada a los lados del camino. A veces no comprendo bien lo que ocurre y el mundo se me llena de enigmas que intento desentrañar cuando me besas atrapándome entre tu pelo, que se desencadena sobre mi rostro con la suavidad de tu mirada, comprensiva y enamorada. Viene ya septiembre, amor mío, y deseo recibirlo a tu lado porque solo así seremos vencidos luchando. Déjame gritar el nombre justo de los amantes para que nadie pueda impedir que bajemos, de una vez, todas las escaleras, para reunirnos en la calle. Pero antes, déjame gritar tu nombre y venir a tus brazos. Será la mejor señal de que todo esto ha tenido un sentido: latido, mirada, beso. Viene ya septiembre, amor mío y ya no habrá coartadas. Todos los puertos que nos han servido de refugio tienen su señal registrada en la carta de marear que he dibujado en tu cuerpo para fondear en ellos en los próximos tiempos convulsos.

miércoles, 18 de julio de 2012

Nos dividirán y querrán convertirnos


Nos dividirán y querrán convertirnos a su doctrina: con una ley no escrita nos dirán que solo hay un camino. Comenzaremos a delatarnos los unos a los otros para demostrar nuestra condición servil y luego querremos justificarnos, pero será tarde. Y reinará la violencia: una violencia de golpes secos y sin sangre pero llena de ojos muertos y espaldas arqueadas. Nos golpearemos entre nosotros para marcar nuestras diferencias cometiendo el mayor error de nuestras vidas y querremos hacer méritos para mostrarnos sumisos, obedientes y dejarles expedito el camino creyendo así -¡qué ilusos!- que la vida nos será más fácil. Querrán privarme incluso del sosiego de tus labios y de tus brazos, que el beso sea casi delincuente, fugaz, de una urgencia que no se merece porque lo primero que nos habrán quitado es el tiempo.

Pero me niego a colaborar: prefiero estar en la lista.

Quiero besarte como nos merecemos, con la lentitud necesaria para llegar al sabor terciopelo de tu boca, con todo el tiempo preciso para hallarte. Separarme unos segundos de tus labios para mirarte a los ojos y decirte cuánto te amo antes de regresar a tu boca. Como si fuera esta noche la última de la que disponemos porque sin duda vendrán a por nosotros al amanecer, porque son insaciables. Y que la luz me sorprenda abrazándote -lo habré hecho toda la noche al velar tu sueño y dejar que te gires hacia mí para reposar tu cabeza en mi pecho cuando cambias de postura en la cama, empujándome con la suavidad de quien sabe que será obedecida-, pegado a tu espalda, y, durante un espejismo certero, la mañana se inicie con la suavidad de tus besos. Como si el mundo fuera hermoso y toda la gente buena.

lunes, 16 de julio de 2012

Nos perseguirán y llamarán culpables


Nos perseguirán y llamarán culpables: querrán aislarnos, arrancarnos de nuestra vida, querrán matarnos. Que caminemos por las calles con sensación de ahogo y culpa, que vivamos tristes y resignados. Nos dirán que ha sido nuestra la responsabilidad de todo lo que ha sucedido y tomarán medidas para que no podamos replicarlos, nos cortarán los afectos y la voz y recortarán todo lo que habíamos conseguido. Llegaremos a dudar de todo y de todos e incluso de nosotros mismos. Habrá un momento en el que no sepamos quiénes somos ni quiénes son los nuestros. Entonces deberemos recurrir a lo que nos salva para ser más nosotros y nos encontraremos: no te diré que soy inocente porque lo sabrás nada más verme de la misma manera que yo sabré que no me negarás el abrazo y los besos. Ni tu piel. Querrán reducirnos a la mera condición de perseguidos sin decirnos la verdadera causa de nuestra culpa porque la causa son ellos mismos, que piensan que ya no nos necesitan más que como peones. Pero no saben que aun queda un tren -quizá tan solo uno- en donde encontrarse y ampararse en un beso largo. Te voy a besar como nunca te han besado porque el próximo beso será de verdad y no tendrá tiempo ni urgencia de relojes. Te voy a besar de labios y mis manos recorrerán tu espalda pero primero te habré mirado hacia dentro de ti para hallarte. Y en ese momento sabré que quizá consigan vencernos pero no nos habrán derrotado porque la lucha estará ya iniciada desde el sabor de tu boca y de tu piel y de tu cuello. No conseguiré vencer porque el inocente nunca gana, pero qué más da ya si he bajado en la estación correcta tras el probar el sabor de tus labios. Y subirán otros a otros trenes para besarse. Quizá, entonces, seamos los suficientes para saber que aun hay esperanza.

sábado, 14 de julio de 2012

Róbame


Cuánta belleza cabe en tu susurro. Todo es ya complicidad y mirada desde el mismo momento en el que me hiciste sentar a tu lado con ese gesto tan tuyo. Amanecerá y vendrá la batalla: habrá que tomar las calles, pero queda noche que compartir y aun la alondra no anuncia el día, queda noche de verano y todo está -todavía- en calma. Es pronto, es pronto aun y hay una red de caricias y anuncios de besos que me ata a este momento en el que ya he dejado todas las puertas abiertas. Róbame, me dices, antes de irte pero no te vayas, cuando te vayas y cierre la puerta de casa, imaginaré que todo ha sido un sueño, pero no te vayas. Y no puedo, porque ya todo el deseo se concentra en tus labios, solo labios, solo susurros, solo mirada, solo cuello. La brisa mueve -¡con qué cuidado!- la cortina: tu ventana a la calle, donde habrá que estar mañana.

jueves, 12 de julio de 2012

El último beso de Gregory Peck





Si yo fuera Gregory Peck querría que me mataras para besarte. Porque solo entonces comprenderías cuánto me amas y solo entonces comprendería cuánto te amo. Esta vez acertaste, te diría, es inútil que siga mintiendo, se acabó todo. Quiero verte. Tengo que verte. Te quiero. Ven. Date prisa. Cuando llegues a mí sabré que el mundo, al fin, ha adquirido todo su verdadero sentido. Este tiempo pasado tendrá valor porque tus labios -¡qué certeros!- me habrán enseñado cómo seguir adelante bajo el sol que nos castiga. No es la urgencia de la muerte, sino la urgencia del beso, mucho más fuerte. He aprendido en tu piel y en tus ojos que puedo regresar ya porque he trazado las rutas que debo transitar mañana.

martes, 10 de julio de 2012

El beso prolongado


Hay besos que no se terminan nunca: juego de palabras, labios y abrazos. Se entrecortan de frases cotidianas que se pronuncian sin que tengan más significado que retener a quien abrazamos un minuto más, tan solo un minuto. No te vayas, pensamos, mientras proponemos una cena improvisada o un trámite que apenas importa que solo es excusa para no romper el encuentro.

- Nuestro amor es bastante extraño. Porque a lo mejor tú no me quieres.
- Cuando deje de quererte ya te avisaré.
- Pero, ¿me quieres?
- Los actos importan más que las palabras.

Hay un momento en el que debemos salir al trabajo o a hacer un recado, pero nos llevamos ese beso dentro, celosamente guardado, para continuarlo, interminable y encadenado a sonrisas y tristezas, quizá a la tarde, quizá años después, mientras te llevo en brazos al bajar esa escalera y te subo al automóvil para alejarnos, donde el beso ya no pueda ser interrumpido por nadie. Mientras tanto, quizá, el mundo se esté terminando. Y qué importa ya si nada ha conseguido separarme de tus brazos y tus labios.

domingo, 8 de julio de 2012

El beso adivinado

A veces un beso se nos impone desde la primera mirada, adivinado e inevitable. Una carambola de billar hace que se crucen las miradas que no esperaban la sorpresa y por eso quedan más atrapadas y desde entonces ya no se separan. Pero el primer beso debe tener su momento preciso. Todo parece una coreografía que debemos bailar porque un nudo en la boca del estómago nos impide alejarnos más de un metro del rostro deseado. No son ya los ojos los que miran, sino la piel entera. Nos olvidamos entonces de todas las precauciones que nos dictaban que no perdiéramos la cabeza. ¿Cuál era ya nuestro primer objetivo y qué importa? Ya nada nos pertenece en realidad porque ya lo tenemos todo. Suena la música y todo se hace cintura y espalda y mejillas, suavidad armoniosa que contrasta con el impulso que nos empuja el uno hacia el otro. Oigo tu respiración entrecortada y no puedo dejar de susurrarte al oído que te quiero. Llega, al fin, el beso, adivinado desde aquella primera mirada. Y todo se desencadena: qué más da ya cómo acaba y qué poco importa mientras el sabor de tu boca me acompañe.

viernes, 6 de julio de 2012

Un beso en la playa


¿Has visto cómo se miran justo antes del beso? Cuando el mundo parece llegar al final y todo adquiere una textura gelatinosa que asfixia hay que mirarse así para detener el tiempo: que nos lleve a la eternidad de un latido. Buscar el momento justo para precipitarse en los labios y dejarse ir hacia el abrazo y la humedad deseada de tu boca. Más allá de las rocas acecha la historia y habrá que afrontarla, a pecho abierto, aunque nos sepamos ya derrotados porque hay batallas que debemos perder para que otros las ganen. Pero seremos héroes mañana: hoy toca abrazarte como si no hubiera más piel en el mundo que la tuya, respirar tu aliento, mirarte hacia dentro de tus pupilas, acercar mi rostro al tuyo y dejar que seas tú quien recorra el último centímetro que nos separa.

miércoles, 4 de julio de 2012

Miénteme

 
Cuando la pasión llega al punto en el que los labios no pueden retener más lo que se lleva dentro, se claudica. Decir amor desde las entrañas del sentimiento es ya desbordarse y entregarse al otro. Dos amantes se han reencontrado tras cinco años en los que han intentado olvidarse en otros cuerpos, desesperadamente, como si la vida ya no les perteneciera desde el instante justo en el que se separaron y destruirse fuera el alcohol de todos los olvidos. Quien no ha sentido ese desgarro que convierte el dolor en piel dada la vuelta, no lo comprende.

Se miran, por primera vez después de tanto tiempo, frente a frente como si, a la vez, se desafiaran, se protegieran y desearan, al fin, arrojarse el uno en brazos del otro. Todo el temor del mundo, toda la rabia del mundo, todo el deseo del mundo. No va más: después de años cicatriz, todo se juega en la próxima frase y ambos son conscientes.

- Dime algo bonito.
- Claro, ¿qué deseas oír?
- Miénteme. Dime que me has esperado estos cinco años. Dímelo.

Todo estalla en un juego de mordiscos y besos, de mentiras que son verdades, de reproches y sueños, de deseo retenido en el que parece anularse el tiempo sin que sea eso posible porque el tiempo tiene sus propias normas y juegos.

- Miénteme. Dime que nunca me harás daño.
- Te haré daño. Mucho daño.
- Miénteme. Dime que todas y cada una de tus caricias serán auténticas.
- Los besos que te dé no los sentiré jamás. Cuando acaricie tu cuerpo no te haré sentir nada.
- He estado perdido y ciego. No me daba cuenta de que todos los caminos me conducían hasta aquí aunque parecieran alejarme.
- Cómo te he esperado. ¿Por qué has tardado tanto?

Hay momentos en los que se siente un nudo en la boca del estómago y desatarlo solo es posible en los brazos de la persona a la que se ama, aunque se juegue la vida en el gesto. Pero qué pequeño precio es la vida en algunas batallas.

Es curioso. Cada vez que veo esta película tiene un final diferente. Debería volver a verla para saber cómo termina ahora porque en cada etapa de la vida todo es diferente. Y cada relación es nueva y marca sus propias normas.He comprado una copia que me llegará en unos días.

lunes, 2 de julio de 2012

Para que haya septiembre


Habrá septiembre. Habrá septiembre, aunque querrán también quitárnoslo, pero este verano tendrá la textura de los veranos de la juventud: largo e incierto. Aquellos veranos que parecían durar una historia completa en la que había un momento en el que alguien pulsaba un botón y todo se aceleraba, las noches se hacían frescas y asomaba el rostro del fin de las cosas mientras se oía, en la plaza, la última verbena y el estómago dolía ante la cercana despedida. Este verano tendrá la sensualidad de los de antes, cuando el amor estaba por inventarse y todas las Provenzas del mundo acogían a los amantes. Nos refugiaremos en los besos y los abrazos y en la caricia, el olor dulce de tu pelo, para redescubrir el mundo y hacerlo menos inhóspito. Tendremos que descubrir el mundo en la piel amada para dibujar las fronteras de aquello que no queremos que nos roben. Nunca, como este verano, será tan necesario aprender lo que de verdad importa porque a nuestro regreso habrán querido robarnos septiembre y convertir el otoño en invierno. Si nos dejamos.