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miércoles, 15 de enero de 2014

Dos propuestas para soportar el invierno: el Festival de Escena Abierta y de cómo cazar un diente de león.


Hoy tengo dos propuestas para pasar estas jornadas de duro invierno en las que todo parece haberse vuelto en contra. Dos propuestas, por supuesto, culturales porque la cultura es una de las mejores formas de soportar la lluvia cuando la lluvia es tan ácida y borrascosa.

La primera es el Festival Escena Abierta que se celebra en Burgos anualmente. Estos días, además, Burgos necesita noticias como esta. Desde el pasado sábado día 11 y hasta el domingo 19 de enero tiene lugar este Festival con acertada vocación de innovación. En esta ocasión, todas las propuestas tienen como punto en común la incorporación de las nuevas tecnologías a la escena. No es algo nuevo: el teatro siempre ha tenido vocación de experimentación con formatos nuevos. Por eso es oportuno poner el punto de atención en este hecho. Las personas que están al frente de este Festival merecen, además, todos los elogios por seguir adelante en tiempos tan duros de recortes y toma de medidas incomprensibles en España que tanto han afectado a la cultura. Por cierto, el que tenga oportunidad, que no deje de hacerse con una colección de los folletos que durante estos años ha editado el Festival, su diseño es excepcional.



La segunda es la inauguración hoy en La Curva Bar de Valladolid de una exposición de la sutil y apasionante artista, Casilda García, ya vieja conocida de los lectores de La Acequia. La propuesta de su muestra, en este caso, parte de algo tan frágil como el que se esconde en el concepto con el que la titula: de cómo cazar un diente de león.

No digamos que no tenemos refugio ante este despiadado invierno.

domingo, 12 de mayo de 2013

Una maestra que lee al borde del abismo de la cultura


Hace unos días informé del estreno del documental Las maestras de la República. A pesar de que mi trabajo me impidió aceptar la invitación al acto, me ha llegado, como regalo inesperado, una copia de la excelente película -cuya programación se tiene prevista en toda España en actos similares y que aconsejo después abrir al público gratis en Internet por su interés documental y acertada perspectiva de memoria histórica de un tiempo que supuso un salto cualitativo para la educación pública en España- y una figura de una maestra que lee. Venía con condición: hacer una fotografía del lugar en el que se la colocara puesto que cada una de ellas es diferente. Aquí está la mía, leyendo al borde del abismo de la cultura, sobre una vieja colección de obras completas de diversos autores. Detrás de ella, un cuadro de Casilda García Archilla. La cultura es siempre un abismo. Muchos no se atreven a asomarse a ese precipicio, a otros ni siquiera se les da la oportunidad. En estos tiempos, en los que la cultura y la educación han sufrido brutalmente los embates de los recortes presupuestarios en España justificados por la crisis, asomarse a este abismo es una necesidad cívica. Curiosamente, los países que mejor han resisitido esta crisis y aquellos que superaron otras similares hace tiempo y que ahora encabezan los listados de excelencia incluso en los parámetros neoliberales son aquellos que supieron apostar por la educación y dotar de sueldos dignos y las mejores condiciones a los profesionales que se dedicaban a la enseñanza pública. Por algo será. Quizá debamos recordar los nombres de los que aquí no están tomando medidas similares para que quede constancia para las generaciones que sufran las consecuencias.

viernes, 15 de febrero de 2013

Dibujos más o menos pequeños (y otras hierbas) de Casilda García Archilla




Casilda García Archilla, de cuya obra anterior ya hemos dado cuenta en este espacio, expone en la Sala municipal de exposiciones del Teatro Calderón de Valladolid (hasta el 3 de marzo) una muestra que recoge parte de sus trabajos de los últimos años. Dibujos más o menos pequeños (y otras hierbas) se centra, especialmente, en uno de sus temas predilectos: la investigación en una caligrafía propia, con resonancias orientales pero que también tiene su raíz en las formas de la naturaleza (semillas, cauces, estratos, deltas, hojas vegetales, etc.). Con esta escritura indaga en el espacio a través de formas que parecen dejar huellas frágiles en el soporte, casi siempre el papel vegetal. Hay una gran delicadeza en el trabajo de estas piezas tan frágiles, pero también una firmeza en encontrar un sentido al mundo a través de los mapas y los estratos que se dibujan lenta, minuciosa y obsesivamente. La escritura vegetal, la cartografía, la sección de estratos delata precisamente eso: luchar por ordenar el espacio en blanco. Sucede lo mismo con el trabajo escultórico que se muestra: frágil y recogido, amparando con delicadeza un pequeño lugar en el que resposar del espacio vacío. Porque fuera de esa escritura que explica sin necesidad de ser descifrada, de esos mapas que dibujan el mundo, da la impresión de que hace frío y domina un terrible espacio en blanco del que solo nos puede salvar el pulso minucioso del arte.

martes, 11 de enero de 2011

La voz poética y las víctimas. Orden de alejamiento, de Belén Artuñedo


Hay una forma de intimismo en la poesía que nos lleva inevitablemente hacia los otros: quizá es la forma más descarnada y veraz de ser poeta, la de convertir la palabra propia en interrogación solidaria sobre la situación de aquellos que están junto a nosotros y cuya condición de víctimas de diferentes situaciones no podemos ignorar a no ser que pasemos por la vida sin conciencia, alejados de todo más allá de la hipocresía de la limosna.

El extraordinario poemario Orden de alejamiento, de Belén Artuñedo (Béjar, lf ediciones, 2009) pertenece a este tipo de poesía que se aleja del retoricismo ideológico o la palabra hueca que intenta dar lecciones de solidaridad. No ve a los otros -ni a los lectores- desde una posición superior, sino que indaga desde dentro hasta el punto de que la palabra, el poema, el libro, sirven como forma de comprender tanto las emociones de la voz poética como la de aquellos que sufren la violencia, el exilio, la destrucción de la identidad por la historia. Estos poemas pesan tanto como cuando se siente en las propias entrañas el dolor ajeno. Artuñedo no nos muestra el resultado poético hasta el último poema: todo lo otro es el proceso de identificación, de empatía, de conocimiento. Antes que una racionalización ideológica, la autora nos muestra la solidaridad de las emociones: es la voz poética la que siente todas las formas de violencia, incluida la del silencio de la historia. Sólo así tiene sentido la página escrita, como muestra Insania, último poema que sirve como Epílogo del volumen y clave poética:

Más allá de la página ya no hay nada que ver.
Llama si quieres,
intenta que te dejen entrar
pero en tanto dolor ya no hay lugar
para miradas invitadas.
(...)
Es esta página nuestro asentamiento
al filo del arraigo y del desgarro.
(...)
De este lado la celda es confortable,
el muro hospitalario, la trampa imperceptible.
Al otro lado se encuentran los errantes

Esta profundización poética en el dolor del otro para comprenderlo y compartirlo, en su condición de víctima de múltiples forma de violencia, no puede dejarnos indiferentes y más allá de conmovernos nos daña inevitablemente por dentro si es auténtica:

Ni tu página ni la mía pueden pasar
y responder

indemnes

con voz de alma

a tanto ruido:

Dónde has nacido

Adónde vas

Por qué te marchas

El poemario se estructura en cuatro secciones: Orden de alejamiento (sobre la violencia ejercida en el ámbito doméstico e íntimo con el silencio de todos, la aceptación tácita por las estructuras tradicionales  -hay toda una reflexión sobre el hogar- y las emociones desatadas en la víctima que comprende que sólo la instrospección en sí misma puede sacarla de su situación), Éxodos (sobre la violencia histórica o económica ejercida sobre los otros a los que se les desarraiga hasta convertirlos en masas en movimiento constante), Desapariciones (una introspección biográfica de la voz poética sobre la propia ausencia y la de los otros) y el menmcionado Epílogo.

El volumen se completa con las ilustraciones de Casilda García Archilla, un trabajo tan minucioso y acertado que consigue subrayar la intidimidad y la solidaridad del texto.

domingo, 13 de junio de 2010

Los seres tan frágiles de Casilda García Archilla


La obra de Casilda García Archilla (que mantiene un interesante blog que os invito a visitar) crece con el silencio y la paciencia de quien investiga continuamente, sin ruidos innecesarios, con diversas técnicas. Pero todas ellas nos conducen hacia la mirada cercana y la minuciosidad certera en el tratamiento de los materiales en diálogo con un mensaje constante sobre el tiempo, la fragilidad y el arte como expresión de un mundo interior complejo que logra plasmar de la forma más delicada y sencilla: es una acertada tensión entre la reflexión artística y el pensamiento; la elaborada propuesta teórica y la sencillez del resultado último. Sus trabajos son fragmentos, pequeñas huellas que ocupan el espacio que los rodean sin alterarlos aparentemente, pero dotándolos de un nuevo significado. Son objetos artísticos -o magníficas ilustraciones- que una vez depositados en un lugar parecen haber estado siempre allí: ya son parte necesaria de ese ambiente para poder comprenderlo. Uno piensa que después de que los cambiamos de lugar han dejado una huella reconocible en donde los hemos dejado durante un tiempo.

Los seres tan frágiles, su último trabajo, se muestra en la Sala de exposiciones temporales "Carrillo Bernalt" del Museo de la Universidad de Valladolid hasta el próximo 30 de junio. Esta sala no es apropiada, tal y como se encuentra, como sala de exposiciones y mucho menos para trabajos de este tipo, pero ni aun así puede con lo atractivo del trabajo de Casilda García, que pide un lugar más cálido, con luz atenuada y pequeños espacios -rincones, incluso- que contribuyan a leer las obras y comprender el pensamiento que las sostiene y que la artista resume en el folleto en un acertado texto:

Frágil es lo que puede romperse fácilmente,/ por golpe, por desgarradura/ lo quebradizo/ También es frágil lo que es efímero, /de corta duración/ Pero también lo precario/ lo inestable/ lo ligero que cualquier viento lleva/ lo delicado/ lo que está prendido/ con alfileres/ o pende de un hilo/ lo pequeño/ lo que ya lleva en sí su deterioro/ Los seres frágiles han de ser protegidos, /guardados con cuidado/ para que perduren algo más/ -que nosotros, incluso- /o bien dejar que sigan su curso, /salgan volando, desaparezcan. /Y son inútiles.

Esta exposición de Casilda García nos muestra varias obras a partir de papel -de seda o sarakusui- y tintas o acaruelas trabajados en húmedo con punzón, móviles, pequeñas esculturas, trabajos con gasa o papel de fumar, etc. Hay una gran delicadeza en todo el trabajo, en la elección de los colores, en la técnica del punzón o la elección de las tintas, que crea, como dice el título, seres de una gran fragilidad que parecen reclamar la mirada amorosa del espectador, que despiertan la sensibilidad puesto que reclaman protección.

Siempre he pensado, ante este tipo de objetos artísticos, que es una forma de extraer de quien los contempla lo mejor de sí mismo en un contexto en el que el mundo nos pide actos duros. Hay muchas formas de serenar la historia y una de ellas es la que ha elegido Casilda García en esta exposición, que nos pide dialogar con cada obra como si asistiéramos a un secreto extraído del lado más humano que tenemos y que puede partir tanto de la serenidad como de nuestros demonios interiores para domesticarlos con la dulzura de quien dobla delicadamente un papel para dar significado al espacio que lo rodea.