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jueves, 22 de noviembre de 2018

Todo está escrito: Cien años de soledad como metaliteratura y noticias de nuestras lecturas, con anuncio de la próxima.


Al final de la novela, Aureliano Buendía (ya Babilonia por su relación con los textos de Melquíades) se encierra en la casa. Todo en ella es reflejo de la muerte, de un fin de ciclo del que no se salvan ni los rosales. En ese justo momento comprende todas las claves de los pergaminos de Melquíades que habían predicho, cien años antes, la historia de Macondo y de su familia, tan íntimamente unidas: El primero de la estirpe está amarrado en un árbol y al último se lo están comiendo las hormigas. Comprende que la clave de lectura no es un signo sino el mismo tiempo: esos cien años se han concentrado en un instante. Y sucede el prodigio: Aureliano lee su propia historia, la de su familia. Es decir, lee la novela que el lector externo -nosotros- tiene en sus manos. García Márquez juega sabiamente con la ansiedad de ese lector, encarnándola en la del propio Aureliano, que salta páginas para llegar a la última, su presente, como si se estuviera viendo en un espejo hablado.

En ese momento, todo lo que ha vivido en los últimos tiempos (la relación con su tía Amaranta Úrsula, que da a luz a un niño con cola de cerdo y muere desangrada en el parto; al niño se lo están comiendo las hormigas) ha quedado ya relegado a un pasado leído. También que Macondo desconociera finalmente a los Buendía y se convirtiera en un pueblo abandonado. La maldición que perseguía a la familia desde el inicio se cumple inexorablemente y los Buendía y Macondo están condenados a desaparecer. El ciclo se cumple, como si el tiempo circular fuera más poderoso que el lineal: la fundación y la extinción.

El lector ha leído Cien años de soledad asombrado por la prosa pero también por la historia de una saga familiar en la que lo real y lo fantástico parecen mezclarse. García Márquez siempre lo negó. El realismo mágico era, primero y sobre todo, realismo: lo mágico era la forma de contarlo, pero todos los sucesos pueden ser vividos porque hasta los más fantásticos son productos de los sueños producidos por las personas que los viven.

Muchas de las cuestiones que el lector se plantea al leer la novela de García Márquez, se deberían solucionar en ese final, que aclara algo esencial: todo lo leído está escrito, es decir, todo es literatura. Una narración en la que el último de los protagonistas puede leer su propio destino. Un prodigioso juego metaliteratura.

Noticias de nuestras lecturas

De tiempos míticos y la gestación de un héroe va la nueva entrada de Pancho sobre Cien años de soledad.  Y termina, no sé cómo, pero hace bien, con Lucho Gatica...

Y nuestro título del mes de noviembre

Comenzamos la lectura de Filek. El estafador que engañó a Franco, de Ignacio Martínez de Pisón, que comentaremos en la sesión presencial del próximo martes 27.

Paco Cuesta publicó su aportación. Su enfoque sobre cómo enfrentar la novela de Martínez de Pisón es tan adecuado desde el inicio hasta la personalización última, que te recomiendo que no te la pierdas.

Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles hayan publicado los blogs amigos. Entrada del Club de lectura cada jueves, en este blog, Información sobre el presente curso en el club en este enlace.

ADVERTENCIA: Las entradas de La Acequia tienen licencia Creative Commons 4.0 y están registradas como propiedad intelectual de Pedro Ojeda Escudero. Pueden ser usadas y reproducidas sin alterar, sin copias derivadas, citando la referencia y sin ánimo de lucro.

jueves, 15 de noviembre de 2018

El amor es una peste. Clave de lectura de Cien años de soledad y noticias de nuestras lecturas


El amor es un tema central en toda la obra narrativa de García Márquez. En algunos casos, incluso desde el título adquiere protagonismo: El amor en los tiempos del cólera (1985), Del amor y otros demonios (1994). Este amor debe entenderse de forma amplia pero casi siempre tiene dentro la más primaria pasión sexual. El autor ha consignado este hecho en múltiples declaraciones y testimonios escritos. Y ahí está también en Cien años de soledad. En esta novela, el amor, el amor pasional, rompe todos los convencionalismos, trastoca todas las previsiones y modifica la historia individual y colectiva. Es la causa original del éxodo y la fundación de Macondo y también la que define a los Buendía, siempre en el riesgo de caer en la maldición que arrastran desde que se unieran dos primos para fundar una saga familiar. Los conflictos amorosos mueven gran parte de las acciones de la narración y tienen una incidencia absoluta en la acción que vertebra Cien años de soledad: El amor es una peste, llega a clamar José Arcadio Buendía.

José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán son dos primos que se casan a pesar de los presagios que pronosticaban que podrían engendrar iguanas (Si has de parir iguanas, criaremos iguanas) y de todos los temores que hasta causan un muerto; Aureliano Buendía y Remedios Moscote se unen a pesar de que ella es casi una niña y de que el patriarca se oponía al matrimonio. Amaranta padece la espina de un amor solitario e intenta impedir el matrimonio de Rebeca con Pietro Crespi... La historia de Macondo se entreteje con estas historias pasionales. García Márquez juega sabiamente la dosis justa para evitar que la novela caiga en el mero relato sentimental en el que podría derrumbarse y en el que, de hecho, caen muchas novelas que después han imitado la saga de los Buendía. Para evitarlo está el prodigioso uso del lenguaje, el trabajo con el espacio y tiempo mítico y la mezcla de fantasía y realidad de la que hablaremos en la próxima entrada.

Noticias de nuestras lecturas

Pancho continúa con el comentario de Cien años de soledad y en su entrada deja bien claro que el mundo de Macondo se mueve con las pasiones y que por allí aparecen los Dire Straits. Si queréis saber cómo y por qué, aquí...

Y nuestro título del mes de noviembre


Myriam Goldenberg comienza la lectura de Filek poniendo todas las bases para comprender el punto de partida: el carácter del estafador.

Dado el retraso acumulado en mis entradas correspondientes al club de lectura, no comenzaré a publicar las correspondientes a Filek, de Ignacio Martínez de Pisón (título del mes de noviembre), hasta el próximo jueves, 22 de noviembre. Sin embargo, la sesión presencial para comentarlo se mantiene para el martes 27.

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jueves, 8 de noviembre de 2018

La casa y la familia en Cien años de soledad de Gabriel García Márquez y noticias de nuestras lecturas.


El espacio mítico en el que trascurre Cien años de soledad es Macondo, una ciudad fundada en plena ciénaga por José Arcadio Buendía y un puñado de familias. Su carácter de patriarca, convierte a la familia Buendía en el eje central de ese espacio mítico, que solo ellos, los Buendía, parecen en condiciones de desentrañar, mantener y comprender.  Mientras que José Arcadio parece dedicarse a los grandes asuntos, Úrsula  Iguarán, su esposa, está dotada de sentido práctico. De hecho, ella sabe resolver mejor cualquier problema precisamente porque no se deja enredar por esas grandes cuestiones y pone todo su empeño en defender a su familia sin pararse a pensar demasiado en por qué suceden las cosas. Es más que significativa la forma en la que Úrsula acomete la reforma de la casa primitiva de los fundadores mientras José Arcadio Buendía intenta hallar a Dios en los daguerrotipos. Levantó Úrsula "no solo la casa más grande que habría nunca en el pueblo, sin la más hospitalaria y fresca que hubo jamás en el ámbito de la ciénaga". Esa casa es el núcleo espiritual de Macondo.

Sin embargo, a la estirpe fundada por ambos les persigue un pecado original. Son primos y cargan con el presagio de que sus descendientes pueden nacer con cola de cerdo. Sobre Macondo, por lo tanto, parece pesar esa condena primitiva de la sangre. Un Macondo fundado por gente que ha huido de otro pecado: José Arcadio dio muerte a Prudencio Aguilar y el fantasma de este se le aparece. La caravana de fugitivos se detiene allí donde José Arcadio tiene un sueño que le indica el lugar adecuado para la fundación.

Este es el punto de partida: un tiempo y un espacio mítico. Los primeros tiempos de Macondo se dan en el aislamiento, solo roto por los gitanos que llevan las novedades del mundo exterior. Novedades que son avances científicos que José Arcadio devuelve a un mundo en el que no rige la ciencia sino la creencia y la fe. Cuando se rompe el aislamiento, entra de golpe la civilización y el tiempo real: noticias del gobierno exterior, la modernidad, los desajustes sobre las normas que rigen el lugar desde su fundación... y la guerra civil. La armonía, el paraíso en el que nadie había muerto, se rompe.

En los próximos días seguiré con el comentario de esta novela de García Márquez antes de pasar al siguiente título del curso, para compensar en cierta medida que los últimos jueves me haya sido imposible publicar mis aportaciones a esta lectura.

Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino continúa con la lectura de Cien años de soledad: acierta en la clave quijotesca, también en la reintrepretación de la historia de soledad y círculo y me gusta mucho cómo lleva hacia sí misma la novela. Tanto la lleva que en esta nueva entrada se enfrenta a sus propios recuerdos de lectora del texto, buceando hasta cuando todo estaba por inventar...

Por supuesto, Mª Ángeles Merino levantó acta de la reunión mantenida por el club de lectura en su formato presencial y aquí tenéis el resumen de una sesión divertida e interesante.

Paco Cuesta relee Cien años de soledad y descubre que es la primera vez que lo hace para degustarlo. Solo los grandes clásicos de la literatura lo permiten, desde luego.

Pancho se incorpora a la lectura de Cien años de soledad. Y basta su primera entrada para comprender por qué leer la obra: argumento, técnica y una fiesta de la literatura. Y para llegar desde un cartel que afirma la existencia de Dios hasta María Dolores Pradera y hacerlo con exquisita oportunidad, hay que leer esta nueva entrega suya.  Y en su siguiente entrada, no sé cómo, pero a Pancho se le cuela Sabina en Macondo en el comentario de la parte de la novela en la que se remoza la casa y con ella, la memoria. Y cómo no, nos vuelve a sorprender llevándonos hasta un hombre atado a un castaño con música también de María Dolores Pradera... Y aquí nos lleva de la pubertad de Remedios al encontronazo sexual de Rebeca con su hermano adoptivo, de la mano de María Jiménez, claro. Luego se deja caer por el camino de la trasgresión del mundo que implica la pasión, con Aute, claro. Y pasa después a los Beatles para hablar de la posición central de la mujer en esta novela -de una u otra manera. Como no puede ser de otra manera, a Macondo llega la realidad en forma de guerra y violencias motivadas por los peores afanes de la gente. Y la política, claro. Así lo señala Pancho, que nos salva un poco con María Dolores Pradera, que así se nos parecerá siempre vinculada a Macondo.

Gelu sigue con su comentario de la obra y en la nota final de esta entrada nos ayuda a entender mejor la utilidad de esta herramienta para comprender mejor la novela. No dejéis de leerla. Y aquí aborda el primer capítulo. En esta entrada, además, incluye una entrevista con García Márquez que os puede resultar muy interesante. Y en esta otra termina con el primer capítulo reflexionando sobre la importancia de cada una de las frases del libro, difícil de seccionar por eso. En esta nueva entrada presta atención a algo que non debería pasársenos desapercibido: la cualidad poética de la prosa de García Márquez. Toda una lección de comprender el texto.

Luz del Olmo nos lleva a la tarea de relectura de una novela pasado el tiempo. ¿leemos, en verdad, la misma novela?

Myriam Goldenberg se incorpora a la lectura de la novela de García Márquez con poema y recuerdo de la primera lectura que hizo de la obra. Un recuerdo personal y certero.

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viernes, 21 de septiembre de 2018

El diamante más grande del mundo y noticias de nuestras lecturas.


Sobre el realismo mágico se han vertido opiniones de todo tipo desde que el concepto comenzara a circular en la época de la vanguardias europeas, inicialmente para la pintura. La extensión de su uso se debe al arraigo de la denominación para definir algunas de las características de la literatura producida por autores hispanoamericanos desde finales de los años cuarenta. Suele considerarse Cien años de soledad como el máximo exponente del mismo. Sin embargo, García Márquez dudó mucho del término y de lo que con él se definía. Antes de continuar, invito a leer este artículo del autor publicado en El País en 1981 y reflexionar a partir de él. Si lo contado por García Márquez sucedió estamos ante un texto verídico, de reflexión periodística, procedente del mundo de la realidad aunque tenga toques de estilo literario; si no sucedió, estamos ante lo ficcional verosímil, es decir, en el campo de la literatura. Ahora bien, en ese texto, ¿hasta cuánto nos importa esta división? García Márquez escribió Crónica de una muerte anunciada, una novela en la frontera con la crónica periodística; también escribió Noticia de un secuestro, una crónica periodística en la frontera con la novela. La diferencia entre ambas está fuera del texto: la primera parte de la ficción, la segunda de un hecho real.

García Márquez dejó escrito y dicho que concibió Cien años de soledad como una novela realista y que se asombraba cuando se habla de su imaginación para construir espacios no verosímiles. Si afrontamos así su lectura comprenderemos que mucho de lo que nos parece fantástico se debe sobre todo a la vivencia de los personajes: un panorama mental individual y colectivo que sorprende solo a los que tienen una forma estricta y purista de separar las cosas.

El juego literario está claro desde el primer capítulo: la invención del hielo es vivida por José Arcadio Buendía de tal manera que le lleva a definir un bloque de hielo como el diamante más grande del mundo, pero el gitano le corrige: Es hielo. García Márquez ha echado mano de un recurso que está en la genética de la literatura hispanoamericana desde su inicio, desde el primer diario de Colón: el lenguaje de la maravilla. Cuando no se conoce algo que nos produce un choque emocional porque no lo comprendemos se utiliza la palabra más cercana que se tiene para definirla. Una pura fiesta del lenguaje como herramienta de comunicación que produce, por sí misma, metáforas y símbolos. A pesar de que a José Arcadio Buendía le dan el término exacto, él continúa con su propia vivencia del hecho, pone la mano sobre el hielo "mientras el corazón se le hinchaba de temor y de júbilo al contacto del misterio". El hielo es la realidad, la vivencia es el misterio; la forma de contarlo todo, la literatura. Esa es la clave del realismo mágico y no otra.

(Esta entrada debió publicarse ayer jueves, como es habitual en las que corresponden al club de lectura, pero me lo impidieron mis obligaciones.)
Noticias de nuestras lecturas

Gelu continúa su lectura de la obra de García Márquez: además de su tradicional forma de seleccionar pasajes, aquí llama la atención sobre la imaginación que se derrocha en la novela.

Ya sabéis que esta lectura nos ocupará el mes de septiembre y el de octubre, por su importancia. El último martes de octubre tendremos el encuentro del club en su formato presencial para comentarla. Os recuerdo que es posible apuntarse en este formato porque todavía queda una o dos plazas libres. Puedes ver las condiciones en este enlace

La inauguración del curso la haremos en Burgos en abierto para todos aquellos que podáis y queráis acudir. Informaré la próxima semana.

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lunes, 17 de septiembre de 2018

El coronel Aureliano Buendía ante el pelotón de fusilamiento y noticias de nuestras lecturas.


Uno de los grandes logros de Cien años de soledad es su inicio, que contribuye a excitar al lector para seguir leyendo. Hay todo un misterio que atrapa al lector en esa magnífica frase (Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo). Quien se acerca a la novela intuye que ese después nos llevará a una historia que merece la pena, que explicará por qué el coronel va a ser fusilado y por qué, justo en ese momento, se acuerda de su infancia. Nos habla también de un momento de violencia en la historia individual pero también colectiva y de una época en la que se inventa la máquina de hacer el hielo. Una de las mejores formas de abrir la puerta de una narración.

En el inicio de Cien años de soledad, García Márquez pone en juego el cruce entre la historia particular de una saga familiar (los Buendía) y la historia de una región (Macondo). Pronto percibimos que el coronel no es solo un individuo concreto sino que su vida explica un espacio y un tiempo, unidos todos los elementos en un ciclo a caballo entre lo histórico y lo mítico.

El argumento, desde su arranque atrapa a diferentes lectores, tiene un amplio abanico de posibilidades de acercamiento. Desde aquellos que buscan una mera lectura argumental hasta los que interpretan cada motivo como un símbolo, desde los que gustan de las historias de sagas familiares hasta los que se apasionan por novelas que abordan la historia. Lo veremos.

Por ahora, os invito a adentraros en la vida de Aureliano Buendía, conocer las razones para que se encuentre ante un pelotón de fusilamiento y asistir a la invención del hielo.

(Esta entrada debió publicarse el jueves pasado, pero mis obligaciones en Valladolid Letraherido me han impedido escribir en el blog desde entonces. Continuamos las entradas del Club de lectura el jueves que viene.)

Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino madrugó con las tareas hechas y acompañada de varios grandes nombres d ela literatura. La semana pasada nos proponía una excelente manera de comenzar la lectura de Cien años de soledad, como la reinvención de la historia, una reescritura bien quijotesca.

Kety disfruta de su relectura de la novela de García Márquez y aquí lo declara.

Gelu inicia su relectura de Cien años de soledad encontrando las huellas de su anterior apasionamiento por García Márquez y aquí nos lo dice...



Pancho ha continuado con su lectura de Akúside, la novela de Ángel Vallecillo que leímos hace unos meses. Su última entrada da cuenta del balance final y del regusto que queda a quien lea esta novela con la atención debida.

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lunes, 8 de enero de 2018

García Márquez descubre la nieve


Levanto la vista de la mesa de trabajo en la que me afano por buscar una palabra que se esconde. Nieva. No sé desde cuando, quizá justo en el momento de caer me llamó la nieve. En el edificio de enfrente, una familia de peruanos han salido al balcón a mirar la nieve y sonríen mientras graban la escena con sus teléfonos móviles: uno, dos, cuatro. Solo es eso, nieve. No sé dónde leí que García Márquez descubrió la nieve en su estancia en España: no la nieve sino ver nevar. Miro la nieve y no voy a levantarme para comprobarlo en el ordenador. Me gusta así: García Márquez descubrió cómo nieva igual que el coronel Aureliano Buendía conoció el hielo y se cuenta un mundo; pero quizá fuera Vargas Llosa quien descubriera cómo nieva cuando llegó a Madrid, joven aún, para estudiar en la Universidad Complutense y alguien lo subió a la sierra de Guadarrama en coche a ver nevar. Sí, creo que fue Vargas Llosa. Ver nevar. En otra ventana del edificio de enfrente asoman dos gatos y miran cómo caen los copos blandamente. Miro caer la nieve, como los gatos. Los peruanos ya se han refugiado en su casa y estarán llamando a sus familias diciendo que han visto nevar. ¿Qué hizo Vargas Llosa cuando vio nevar? Creo recordar -¿quién lo contaba, Carmen Balcells en una entrevista de hace muchos años?- que aquel joven escritor se arrojó a la nieve como un chiquillo. Quizá fuera un familiar de Vargas Llosa o cualquier otro joven escritor sudamericano quien descubriera la nieve cuando acudió a visitarlo y lo contó él en algún artículo de prensa. No soy consciente de haber hecho aún el descubrimiento de la nieve. No de la nieve, de cómo nieva. He visto nevar muchas veces, he corrido bajo la nieve, me ha sorprendido en la montaña, pero no sé si he descubierto la nieve, si la nieve me ha liberado de verdad de todo lo que soy y me ha devuelto a ese estado en el que todo sucede por vez primera. Quizá el próximo invierno, si tengo la fortuna de estar ahí cuando suceda.

viernes, 18 de abril de 2014

García Márquez en el camino de Rubén Darío: la hispanidad como proyecto


En Literatura hispanoamericana, una de las asignaturas que imparto este semestre, tenía previsto culminar la materia con el comentario de Cien años de soledad de García Márquez. Más ahora, tras su fallecimiento.

Me gusta estructurar mis asignaturas con un hilo argumental más allá de los temarios tradicionales que ahora pueden encontrarse con facilidad en manuales, monografías y otro tipo de materiales didácticos. En este caso he querido explicar la construcción del imaginario colectivo hispanoamericano a través de la literatura, lo que me llevaba desde los Diarios de Colón a Rubén Darío. Este poeta es la cristalización definitiva y prodigiosa de la explicación de una idea de lo americano y su puesta en valor para el siglo XX. A principios de aquel siglo, Darío encabeza y da forma a la corriente de pensamiento que reúne lo indígena con lo español, las creencias tradicionales de los pueblos precolombinos con la espiritualidad católica, lo antiguo americano y el substrato grecorromano del Mediterráneo. Todo ello sin renunciar a la modernidad que recorre Europa. Este sincretismo que se define entonces como hispanidad se hace bandera frente a lo anglosajón. En él los elementos no están subordinados sino que nutren por igual la sangre de Hispania fecunda que cantó Darío. La hispanidad tal y como nació no es un concepto peninsular sino que tiene un fuerte sentimiento americanista. Rubén Darío, como su creador vitalista, cantó con entusiasmo las bases que sostenían lo hispánico. A él se debe también la reconciliación de los intelectuales americanos con lo español puesto que todo el siglo XIX había buscado la culpabilización de todos los males de la sociedad americana a la herencia española. Fue grande Rubén Darío por muchas cosas, pero sobre todo por esta mirada integradora que logró fusionar en un proyecto de lo americano cosas que hasta ese momento se habían pensado irreconciliables. Harían bien algunos intelectuales en revisitar estas ideas.

Después de Darío, nadie como García Márquez en el mismo sentido. En él es muy notoria esta construcción del imaginario colectivo americano que comenzara a fabricar Cristóbal Colón en las páginas del Diario de su primer viaje trascrito por fray Bartolomé de las Casas . Sus famosas declaraciones en las que temía que España, al ingresar en la Unión Europea en 1986, se olvidara de América evidencian que García Márquez participaba de la misma corriente encabezada por Darío.

La obra del colombiano es una construcción de esa conciencia de la historia americana en la que se integran los mismos elementos de la hispanidad pero actualizados a las corrientes de pensamiento político de mediados del siglo XX. Culmina todo ello en Cien años de soledad: Macondo es el espacio simbólico en el que toda esa historia se hace presente. Pero donde mejor se ve esta cualidad es en el uso del lenguaje español que en García Márquez se hace castizo, americano, moderno y antiguo, todo ello a la vez, para dejarnos el testimonio de un idioma para todos los hispanohablantes. Es una obra maestra por muchas razones pero sobre todo porque en su lenguaje consigue unir de verdad ese proyecto de la hispanidad que latía en Darío. Es una de las obras  literarias que más han hecho por la unidad del idioma en el último siglo. Se puede afirmar, sin ningún género de dudas, que en los textos de García Márquez -mucho más que en laos de Vargas Llosa, otro de los grandes pero con un pensamiento más occidentalizador- el idioma español deja definitivamente de ser peninsular hasta para los más recalcitrantes academicistas para hacerse eso, español, en el sentido de hispánico. García Márquez merece pasar a la historia por muchas razones -es uno de los maestros más importantes del periodismo en lengua española, trabajó como pocos la frontera entre la realidad y la ficción, construyó prodigiosas historias de amor y tiempo, etc.- pero sobre todo porque en él se hace realidad el proyecto de ese concepto de lo hispánico tanto en la materia narrativa como en el idioma.

España, que está desorientada desde hace demasiado tiempo en lo económico, en la innovación industrial, en lo cultural, ha buscado con lógica una proyección europea pero lo ha hecho casi como expiación de un sentimiento de inferioridad y nunca ha llegado a presentarse en Europa como lo que debería ser, el puente de conexión con Hispanoamérica encabezando un proyecto común. Ha habido notables esfuerzos -las Cumbres Iberoamericanas, cada vez más descafeinadas; el certero proceder de la Real Academia Española al construir nuevos modelos de diccionarios, gramática y ortografía basados en lo hispánico y ya no en lo peninsular-, pero falta la construcción de un verdadero proyecto integrador. Para ello quizá deba asumir el concepto de hispanidad que está sobre todo en la obra de Darío y de García Márquez y no en la rancia celebración que nos dejó el franquismo.

viernes, 8 de junio de 2007

Prensa y literatura.



Aunque para algunos todavía pueda ser una sorpresa, las relaciones entre prensa y literatura han sido constantes desde el nacimiento de las primeras gacetillas. Constantes y provechosas para ambas. En la historia del periodismo español, especialmente desde Mesonero y Larra para acá, gran parte de la mejor literatura se encuentra en los periódicos y revistas de cada momento: publicación de textos literarios en el cuerpo del periódico o en los folletines, suplementos, etc. Todavía hoy los periódicos regalan o venden conjuntamente novelas como reclamo de ventas.
Además, el juego fronterizo entre prensa y literatura ha significado descubrir nuevos géneros. Los mencionados Larra y Mesonero crearon un formato de artículos y unos recursos que encontramos en la historia del periodismo español hasta hoy.
Una de las grandes experimentaciones artísticas del siglo XX fue el nuevo periodismo, formulado especialmente por Truman Capote en A sangre fría, junto a otros escritores como Tom Wolf, y que tuvo grandes logros en el género del reportaje. En la literatura española, este sendero ha sido explorado con deslumbrante acierto por García Márquez desde ambas laderas: Noticia de un secuestro desde el periodismo y Crónica de una muerte anunciada desde la literatura. Hay muchos otros ejemplos y hoy sólo quiero resaltar a Manuel Vázquez Montalbán o Juan José Millás.
Herederos directos de esta última aventura son los artículos recogidos por Francisco Gutiérrez Carbajo y José Luis Martín Nogales en Artículos literarios en la prensa (1975-2005), Madrid, Cátedra, 2007, que viene a rellenar un hueco en la oferta editorial de la literatura de estas últimas décadas: una antología de una parte muy significativa de la historia de la creación literaria de este país. Es un correcto volumen, recomendable para los estudiosos y para el lector general, aunque se le nota mucho que está pensado en los estudiantes de secundaria y bachillerato y, en parte, en servir de ejemplar de uso entre profesores cómodos de las escuelas de periodismo. La introducción es oportuna, contextualizando los textos y dando su caracterización. La selección, como siempre, discutible, pero debemos apresurarnos a decir que todos los que están deben estar. De algunos yo hubiera escogido otros textos. Faltan nombres aunque no sean de mi gusto ideológico, pero que escribieron muy bien. Pero el libro cumple con creces su objetivo.
Eso sí, los lectores deberán tener en cuenta que a estos textos se les ha desgajado de su lugar natural. Si no los llevamos físicamente con la imaginación al periódico en el que fueron publicados, la página correcta (y lo que le rodeaba: otros artículos, publicidad, noticias de actualidad, etc.), los estaremos disfrutando a medias. No hubiera costado nada acompañarlos con una imagen reducida de la página en la que fueron publicados.