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lunes, 2 de mayo de 2016

Visita a Alcázar de San Juan y Campo de Criptana


Así, para salir de dudas de si gigantes o molinos, el Club de lectura se ha desplazado a tierras manchegas. Como saben los más antiguos lectores de este espacio, el propósito de leer juntos desde este blog nació en el 2008 con la primera lectura colectiva completa y virtual del Quijote que se ha llevado a cabo usando los recursos propios de la web 2.0 (el proyecto ha quedado disponible, en abierto y gratuita, como la única guía de lectura de la novela completa en internet, en este enlace, para que aquellos que estén interesados la usen y puedan sumarse puesto que mi compromiso es continuar dando respuesta a estos lectores). No es el único tributo que hemos pagado a Cervantes y su obra. Un poco a traición leímos la continuación de Avellaneda y este mismo curso hemos comenzado -seguiremos más adelante- la lectura de las Novelas ejemplares. Tengo el proyecto de realizar un encuentro al final del año que cierre este centenario Cervantes, tan mal tratado ahora -y entonces- por el estado y por tantos que solo se han acercado a él para aprovecharse de su fama y negarle el mérito. Aquel soldado de escasa fortuna en vida ha visto cómo tantos han hecho dinero y fama gracias a sus obras.

He de reconocer que tengo una inclinación favorable hacia Cervantes. Un hombre que tuvo los vientos en contra a lo largo de su vida, cargado de deudas, de una familia que le dio problemas constantes, lisiado en una batalla que pronto dejó de interesar pero cuya importancia él siempre se encargó de reclamar como testigo de los acontecimientos, preso varios veces, ninguneado por los escritores de su tiempo, que vio cómo no solo se le negaba la importancia literaria que tiene sino que le quisieron robar el beneficio económico de su gran obra, etc., pero que nunca dejó de estar con la mente activa y luchadora y que, como escritor, fue un constante innovador. No solo en vida. Son muchos los que le han negado desde su fallecimiento hasta el presente. En su contra, está el Quijote, siempre renovado y listo, esperándonos. Ya lo he contado muchas veces. Sucede que a veces tengo que volver -por una charla, por una clase- a un pasaje u otro de esta novela. Y allí me quedo. Desde los quince años, cuando lo leí por vez primera en aquella edición de letra minúscula de la colección Austral que hoy no podría consultar ni con gafas.

El Club de lectura, en su formato presencial, mantenido por la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos, se ha trasladado a Alcázar de San Juan este pasado fin de semana. Los anfitriones, Carmen y Antonio, miembros del club, se han volcado en atenciones y han organizado un perfecto encuentro. No solo nos abrieron generosamente las puertas de su casa sino que también han facilitado las visitas a los puntos más importantes de la localidad. El sábado, concertaron unas gachas tradicionales en un bar de la Plaza de España (allí, por cierto, tuve un encuentro emocionante con un lector asiduo de este espacio, Luis Miguel. Situaciones como estas me suceden cada vez con más frecuencia y me deparan momentos de buena conversación y amistad). La comida, en el patio de su casa, nos reservaba la sorpresa de una buena ración del guiso de las bodas de Camacho, así que en ese momento fuimos más Sanchos que Quijotes.

Tras la comida mantuvimos un interesante encuentro con Jaime Covarsí, que nos habló de su novela, Confesiones del apócrifo Cervantes (TAU ediciones, 2016), que ya he comentado en este espacio, cuando la presenté en Cáceres el pasado 14 de abril. Se trata de una novela de intriga bien estructurada, ambientada en Sevilla en la actualidad pero que tiene como motivo el hallazgo de unos documentos que revelan la auténtica identidad de Avellaneda. Covarsí, filólogo, profesor de lengua y literatura en secundaria y buen conocedor de Cervantes, también contribuyó a que la conversación nos llevara hacia la personalidad y la obra de este autor. Fueron dos horas y media de amena e interesante charla en la que también estuvo presente su editor, Antonio Burillo. Covarsí es un autor que crece en cada obra, decidido a hacerse un hueco en la literatura actual, con gran capacidad para mejorar y que ya deparó un buen debut con El bastón de avellano (TAU, 2015), que ya ha alcanzado la segunda edición. Ambas novelas reúnen el interés de la trama con un cuidado por la prosa y juegos metaliterarios que no entorpecen su lectura. Estoy convencido de que no será su última relación con este club de lectura. Al día siguiente, se presentó la novela en la bodega de la Casa Museo de Esquivias.

Por la tarde visitamos Alcázar de San Juan y, sobre todo, algunos espacios relacionados con Cervantes. En la iglesia parroquial de Santa María pudimos ver la copia de la famosa partida de bautismo que, junto a otros elementos, ha dado lugar a la creencia de que Cervantes nació en esta localidad manchega. Los cervantistas lo han descartado hace tiempo con sólidas razones, pero es ahora cuestión menor cuando se habla de un sentimiento muy arraigado en esa localidad. No voy a ser yo quien les quite ese sentimiento a quienes quieran sentir a Cervantes como propio. Cervantes, aunque naciera en Alcalá de Henares -o allí fuera bautizado, por lo menos-, lo hizo accidentalmente y terminaría convirtiéndose en un personaje universal, que es lo que es, en realidad. Pero quiso dotar a su obra más importante de carácter netamente manchego. No nació en Alcázar de San Juan, pero conocía todo aquel territorio a la perfección y lo llevó a ser referencia de un mito universal, como han hecho otros autores con una patria natal o adoptada. No puede entenderse el Quijote sin estos lugares de la Mancha, desde luego. Y Alcázar de San Juan es uno de los posibles "lugares de la Mancha de cuyo nombre" no quiso acordarse Cervantes.

Alcázar de San Juan es una localidad que merece ser visitada y conocida, también por sus habitantes, acogedores y abiertos al visitante y entusiastas en la promoción de todo lo propio. No puede dejar de visitarse el Museo del hidalgo, una reconstrucción muy ilustrativa de un tipo de casa notable de la zona en tiempos de Cervantes.

El domingo 1º de mayo nos acercamos a Campo de Criptana, en donde se conservan bien restaurados tres molinos tal y como debieron ser a finales del siglo XVI (tienen la declaración de Bien de interés cultural). No deberíamos olvidar que en los tiempos en los que se escribió el Quijote, los molinos de viento eran una innovación tecnológica radical, que trasformó esta industria y también el paisaje. El impacto visual, su interés técnico, los cambios introducidos en el sistema de producción de harina, la cierta liberación de propiedad y explotación que supusieron con respecto a los otros molinos, no pasaron desapercibidos a Cervantes. Su introducción en la novela es otra muestra más del retrato realista de su época en el Quijote. Y verlos por dentro es necesario para comprender la famosa aventura en la que don Quijote arremete contra ellos pensando que son gigantes. Posiblemente sea una de las más interesantes formas de contar la lucha del individuo contra la máquina.

Hacía frío en la sierra el domingo, pero pudimos disfrutar de unas detalladas y apasionadas explicaciones de un guía japonés sobre el funcionamiento de los molinos -una divertida anécdota que podría reflejar el carácter universal de la obra cervantina-, que también nos mostró -esto sí es un nuevo guiño de la historia- el museo dedicado a Sara Montiel, que se encuentra en uno de los molinos.

En definitiva, un viaje interesante, en el que hemos aprendido mucho, hemos intercambiado opiniones. Una experiencia para el recuerdo. Yo me he vuelto con la idea de que, gigantes o molinos, lo importante es que no hicieron parar a don Quijote y hoy los tenemos al servicio de Cervantes.


Parte del grupo (teníamos a unos cuantos perdidos por Alcázar de San Juan) con Jaime Covarsí, autor de Confesiones del apócrifo Cervantes (primero por la izquierda) y Antonio Burillo, su editor (TAU ediciones). En el monumento dedicado a don Quijote y Sancho Panza en la Plaza de España de Alcázar de San Juan.



Estas dos fotos corresponden al Museo dedicado a Sara Montiel (natural de Campo de Criptana) en el molino Culebro.
Vista desde el torreón del Gran prior Don Juan de Asutria (Alcázar de San Juan).

viernes, 29 de abril de 2016

Fin de semana cervantino. Visita a tierras del Quijote y presentación en el club de la novela Confesiones del apócrifo Cervantes de Jaime Covarsí


Este fin de semana será cervantino. Con los miembros del Club de lectura en su formato presencial (mantenido por la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos) y amigos que se han querido unir, marchamos a tierras quijotescas. Mañana sábado estaremos en Alcázar de San Juan para disfrutar de esa localidad y celebrar una comida en comunidad gracias a la invitación generosa de dos de los miembros. Queremos rendir homenaje a Cervantes en el año en el que se celebra el cuarto centenario de su fallecimiento.



Con ese motivo, el sábado celebraremos en esa localidad un café literario de cuatro y media a seis y media sobre Lo que no sabías de Cervantes y se presentará en el club la novela Confesiones del apócrifo Cervantes, de Jaime Covarsí (quien, el domingo por la mañana, la presentará en la Casa-Museo Miguel de Cervantes de Esquivias). Aunque el acto está inicialmente cerrado a los miembros del Club de lectura de la Acequia (en los formatos presencial y virtual), aquellos interesados en asistir, pueden escribirme un correo electrónico a la dirección que figura en mi perfil de blogger. Es un placer recibir a Jaime Covarsí en el seno de nuestro club.

El domingo visitaremos Campo de Criptana para decidir si gigantes o molinos. Y allí leeremos algunos pasajes del Quijote para cerrar un homenaje al autor y la obra que dio comienzo a esta aventura de lectura en común que nos dura ya ocho años.

Por esto, mañana sábado no habrá entrada en La Acequia, pero intentaré dar cuenta de los actos celebrados en mi perfil de Facebook.

miércoles, 13 de abril de 2016

Confesiones del apócrifo Cervantes, de Jaime Covarsí


Jaime Covarsí (Barcelona, 1975 pero residente en Extremadura) redacta su nueva novela alrededor de uno de los misterios más interesantes de Cervantes, la autoría de la segunda parte del Quijote publicada en Tarragona en 1614 bajo el pseudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda. La teoría que maneja no es nueva aunque sea sorprendente porque sigue una de las más extrañas, pero eso no le importará al lector de esta novela porque esta novela se teje a partir de este tema para hablar sobre todo de un juego de ocultaciones y descubrimientos a la manera de una novela policíaca y de misterio, que es el género al que pertenece.

Ambientada en Sevilla (en especial en los pocos centenares de metros que separan la calle Betis del Hospital de la Caridad), cuenta la historia de un catedrático de literatura española en la Universidad de esa ciudad, Jaime Sanchís, que tras atender una llamada teléfonica en la que se le encarga la redacción de una obra de creación sobre Cervantes para una nueva colección llamada Sembalanzas mínimas de la literatura castellana, recuerda los hechos ocurridos años antes, cuando recibió la noticia de que su maestro, al que sucediera en la cátedra, le había dejado un paquete con unas cartas que contenían documentos del siglo XVII en los que se desvelaba la autoría del Quijote de Avellaneda. Aunque bien introducidos en la historia (por razones evidentes, dado el género de la novela, no revelaré más datos), estos documentos tienen el papel que Hitchcock daba en sus películas al Macguffin: algo que está en el centro de la trama y motiva su avance pero que no debería desviárnos la atención de la historia tejida a su alrededor. Como en Hitchcock, aquí un inocente se ve envuelto en una investigación policial y en unos hechos que no solo lo aturden sino que en gran medida, lo superan: un asesinato, unos documentos que pueden hacer cambiar la historia de los estudios cervantinos, un amor intenso con el que carga toda la vida, la persecución de alguien extravagante, etc. Sobre todo ello reflexiona el protagonista de forma continua para comprender su propia situación, porque la historia se cuenta acertadamente desde la primera persona. En Confesiones del apócrifo Cervantes hay mucho del buen cine clásico de misterio, sobre todo en pequeños guiños estructurales y en la caracterización de los personajes. También hay muchos guiños literarios, algo que caracteriza la narrativa del autor desde su primera novela (El bastón de avellano, TAU, 2015).

Los personajes están bien caracterizados por Covarsí, en especial el del narrador, sin agotar nunca cada una de las razones de sus actos. El estilo se ajusta a la modalidad narrativa de la obra y lo hace avanzar con naturalidad a pesar de los saltos en el tiempo. La trama funciona y puede interesar a un público amplio, interesados o no en Cervantes, y está bien resuelta y resulta entretenida. En el número de obras de creación que estos años se escriben sobre Cervantes, faltaba una como esta, que toma un misterio cervantino y sobre él construye una historia contemporánea de intriga y pasiones diversas.

La edición de TAU ediciones (también información aquí) es cuidada, con un buen diseño y de agradable lectura.

Mañana jueves 14 presentaré esta novela en el Ateneo de Cáceres, a las ocho de la tarde, en compañía del autor. Será agradable recibir allí a todos los que puedan acudir.



martes, 12 de abril de 2016

Reorganizando la semana o me voy a buscar la primavera en Extremadura


Lo malo de un deltoides machacado es que con esta lesión ni siquiera puedes quejarte. Hay tantas cosas en el mundo que gruñir por una lesión en el deltoides, aunque te duela y te impida mover el brazo en algunas posiciones o ponerte el abrigo con comodidad, te convierte en un quejica. Pues así estoy. El médico me ha recomendado tener el brazo en reposo y dejar por unos días cualquier actividad deportiva. Cuando le comenté, bromeando, que así iba a coger unos quilos, me respondió lacónico: Come menos.

Después de unos días con dolores, durmiendo mal por las noches y gruñendo por todo durante el día, no toca más que reorganizar la semana, poner en orden lo que no has podido hacer y lo que te ha venido de nuevo, procurar hacer el mayor caso posible al médico en lo del reposo del brazo pero no desatender las obligaciones y las devociones. Así que así estoy, reorganizando mi docencia, mi trabajo ante el ordenador y otras cosas.

Os debía anunciar que el final de esta semana mía será muy extremeña. El jueves presentaré en el Ateneo de Cáceres a las 20:00 horas la nueva novela de Jaime Covarsí, Confesiones del apócrifo Cervantes (TAU ediciones). Como mañana sacaré reseña en este blog -si el deltoides no me impide escribirla-, hoy solo diré que se trata de una inteligente y amena narración sobre uno de los enigmas cervantinos. Aquellos que os queráis acercar al acto pasaréis un rato entretenido dedicado al autor del Quijote.

El viernes, a las 19:30, por gentileza también de TAU ediciones, que organiza el acto, presentaré en la Biblioteca Pública Antonio Rodríguez Moñiño de Cáceres mi poemario, piel, editado por lf ediciones en la colección Libros del consuelo, que contribuye a financiar las actividades de la ONG Sbq (que, por cierto, acaba de inaugurar perfil de Twitter que os invito a visitar y enlazar). Como sabéis, desde el pasado mes de diciembre he presentado este libro en varias ciudades y siempre me ha quedado un buen sabor de boca tanto por su recepción como por la finalidad social que tiene. Será un placer compartir esos momentos con aquellos que puedan acudir.

Y después de todo, creo que merezco -si el tiempo acompaña- ir a buscar la primavera al valle del Jerte, en el que los cerezos lucen ya como si acabaran de descubrir la vida.