Si no hay correspondencia, el sentido común y la decencia marcan una retirada lo más digna posible. Algunos se empeñan en el victimismo o el ridículo y lo dejan todo lleno de las lágrimas de frustración, como Apolo abrazado a Dafne, convertida ya en laurel, en el Soneto XIII de Garcilaso:
A Dafne ya los brazos le crecían
y en luengos ramos vueltos se mostraban;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos qu’el oro escurecían;
de áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros que aun bullendo ’staban;
los blancos pies en tierra se hincaban
y en torcidas raíces se volvían.
Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
este árbol, que con lágrimas regaba.
¡Oh miserable estado, oh mal tamaño,
que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón por que lloraba!
Sin darse cuenta, el dios, con su lamento, alejaba a Dafne de sí, como muchas personas que no soportan que el amante caiga en sentimentalismos y llantos cuando es rechazado, con lo que estropea la última posibilidad que aun le queda. En otras ocasiones funciona, pero queda establecida una cadena materno-filial que no es sana para una relación madura.
Pero me preguntaba qué pasaba cuando el deseo es compartido y no rechazado. Raúl Urbina, en sus últimas entradas insiste en ser aceptado por quien gusta también a Blogófago y otros. Supongamos, si no es mucho suponer, queridos amigos, que no somos rechazados ninguno de los tres. ¿Qué sucede entonces? ¿Como en Aute?
Me gustaría saber qué opinan las mujeres al respecto, puesto que hablo, ya me conocéis, de relaciones maduras y aceptadas. ¿Y si son ellas las que desean al mismo hombre que también las acepta por igual? Querida Bipolar, sé que te debo una entrada sobre el deseo: quizá mañana.
y en luengos ramos vueltos se mostraban;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos qu’el oro escurecían;
de áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros que aun bullendo ’staban;
los blancos pies en tierra se hincaban
y en torcidas raíces se volvían.
Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
este árbol, que con lágrimas regaba.
¡Oh miserable estado, oh mal tamaño,
que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón por que lloraba!
Sin darse cuenta, el dios, con su lamento, alejaba a Dafne de sí, como muchas personas que no soportan que el amante caiga en sentimentalismos y llantos cuando es rechazado, con lo que estropea la última posibilidad que aun le queda. En otras ocasiones funciona, pero queda establecida una cadena materno-filial que no es sana para una relación madura.
Pero me preguntaba qué pasaba cuando el deseo es compartido y no rechazado. Raúl Urbina, en sus últimas entradas insiste en ser aceptado por quien gusta también a Blogófago y otros. Supongamos, si no es mucho suponer, queridos amigos, que no somos rechazados ninguno de los tres. ¿Qué sucede entonces? ¿Como en Aute?
Me gustaría saber qué opinan las mujeres al respecto, puesto que hablo, ya me conocéis, de relaciones maduras y aceptadas. ¿Y si son ellas las que desean al mismo hombre que también las acepta por igual? Querida Bipolar, sé que te debo una entrada sobre el deseo: quizá mañana.