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viernes, 13 de julio de 2018

Valladolid Letraherido




Letraherido, aficionado a la letras o a la lectura, apasionado por la literatura. El Valladolid letraherido: una ciudad que quiere a apostar por la literatura, un programa marco que acogerá todo lo relacionado con las letras promovido y alentado desde la concejalía de cultura del ayuntamiento de Valladolid en diálogo constante con otras instituciones y las asociaciones y colectivos culturales locales pero con una mirada constante hacia el ámbito nacional. Programa abierto y participativo que sumará a las acciones culturales que ya se han consolidado otras nuevas, con un formato que intentará ser actual y en el que el respeto sea la línea fundamental, que unirá las diferentes tendencias y manifestaciones literarias, asociaciones y grupos, instituciones y personas.

Tendré el honor y la responsabilidad de dirigir, en colaboración con Paz Altés, este programa coordinado desde el Centro de Publicaciones y Programas de Promoción del libro ubicado en la Casa de Zorrilla de Valladolid, que se ha convertido ya en un referente nacional en la organización de actividades culturales.

Esta mañana, con la concejala de cultura, Ana Redondo, y Juan Manuel Sanz, gerente de la Fundación Municipal de Cultura, hemos presentado el programa ante la prensa y los agentes culturales de la ciudad que pudieron acompañarnos. Ha sido bien acogido. Los que lo hemos trabajado desde hace meses hemos puesto mucho cariño y esfuerzo en el proyecto. Comenzamos en septiembre, con muchas ganas de escuchar propuestas y sugerencias para ediciones posteriores.


viernes, 26 de enero de 2018

Parada poética y ofrenda floral en homenaje a José Zorrilla


El pasado 23 de enero se cumplieron 125 años del fallecimiento del poeta José Zorrilla en Madrid. Por mucho que a algunos les pesara y les pese incluso hoy, Zorrilla era el poeta más famoso de la literatura española y ha conservado ese recuerdo en el imaginario colectivo gracias. Y esta condición se demostró en los actos de aquellos días, los que siguieron a su muerte, con la capilla ardiente en la sede de la Real Academia y su primer entierro. Nunca un escritor había alcanzado en España e Hispanoamérica semejante fama, tanto en círculos académicos como en el ámbito popular, en la prensa y en la trasmisión oral de sus obras, en poesía y teatro. De hecho, el  drama Don Juan Tenorio sigue presente como la obra más representada del teatro español. Quizá Lope de Vega es el único con el que podría compararse en este aspecto, con una diferencia: Zorrilla obtuvo esa fama con 19 años y no cesó -a veces contra su propia voluntad- hasta su fallecimiento, en una época en la que la prensa actuaba como difusor de las grandes personalidades del momento. El 21 de febrero hubiera cumplido 76 años. El 3 de mayo de 1896 se procedió a trasladar sus restos a Valladolid siguiendo los deseos expresos del escritor, que reposan definitivamente desde el 4 de abril de 1902 en el Panteón de Vallisoletanos ilustres, cuya construcción se proyectó para que fuera el primero que lo ocupara.

Desde el 21 de febrero del pasado año hasta el 21 de febrero de este 2018, se conmemora el bicentenario de su nacimiento y esta celebración coincide con esta fecha redonda de los 125 años del fallecimiento. Como saben los que leen habitualmente este espacio o siguen mi perfil en las redes sociales, estoy implicado en los actos del bicentenario bien como asesor académico del mismo en la Casa Zorrilla de Valladolid -que ha modelado una conmemoración ejemplar de la mano de Paz Altés y del que haré balance en los últimos días de febrero para que se comprenda la magnitud de lo conseguido en un país que se ha mostrado siempre cicatero en el homenaje a sus grandes personalidades- bien como conferenciante, autor de trabajos sobre el autor o también como organizador de algunos de ellos, singularmente a través del convenio firmado con el Círculo Mercantil e Industrial de Sevilla o el fin de semana que Béjar dedicó a Zorrilla.

Mañana sábado intervendré como tal y en representación delegada del Instituto de la Lengua de Castilla y León en la Parada poética y ofrenda floral en homenaje a José Zorrilla que conmemora el 125 aniversario de su fallecimiento. Se ha pretendido rescatar el sentido que tenían estos actos en tiempos del mismo Zorrilla porque el bicentenario ha conseguido actualizar al poeta, su biografía y su obra y ponerlas a disposición del público actual. El evento está organizado por el Ayuntamiento de Valladolid y en él se repartirá una reproducción facsimilar de extraordinaria calidad y oportunidad de los ejemplares monográficos que publicara la revista ilustrada el Blanco y negro el 4 de febrero de 1893 y el 16 de mayo de 1896 (con motivo del fallecimiento y del traslado de los restos a Valladolid, respectivamente). En esta publicación ha colaborado el decano de la prensa española, El Norte de Castilla.



domingo, 2 de julio de 2017

De París a Torquemada


El puente de Torquemada tiene un trazado sinuoso para salvar el río Pisuerga. Por allí debió entrar José Zorrilla en la localidad en febrero de 1846. Casi al final del puente, a su derecha, pudo contemplar un imponente molino de cinco piedras. De frente, la iglesia parroquial de Santa Eulalia, en donde reposaron varios meses los restos mortales de Felipe I de Castilla, el Hermoso, en una de las etapas de aquella extraña peregrinación que lo condujo por tierras de Castilla para cumplir su petición de ser enterrado en Granada. Cuenta la leyenda que la reina Juana ordenó que ninguna mujer entrara en la iglesia porque quería a su esposo para ella sola. Algunos dicen que no fue allí donde esta muestra de enajenación de la reina sucediera sino en el convento de las Bernardas de Santa María del Escobar, en el cercano pago del Monjío, y que diera la orden para alejar a Felipe de las monjas, pero ese día no estaba Zorrilla para esas disquisiciones históricas. La estancia de la reina fue más larga de lo previsto porque allí le sobrevino el parto de su última hija, Catalina, que llegara a ser reina de Portugal. Pero también hubo de acortarse porque se declaro una epidemia de peste en la población.

Zorrilla iba a cumplir 29 años y llegaba desde París. Ya era uno de los escritores españoles de mayor fama de España, en pleno triunfo desde que se diera a conocer ante la tumba de Larra en 1837. En 1844 había estrenado su Don Juan Tenorio, el drama que, pasando algún tiempo, le otorgara una definitiva plaza en la literatura universal, se habían publicado varios volúmenes con su poesía y sus obras se representaban con éxito en los teatros de toda España. En París estaba en tratos con la editorial más importante de Europa, Baudry, se relacionaba con los grandes escritores franceses de aquellos tiempos y, sobre todo, disfrutaba de su condición de escritor, lo que había querido ser desde siempre, sobre todo desde que un día del inicio de verano de 1836 huyera de esa misma villa en la que ahora entraba. Había sido expulsado de la Universidad de Valladolid y temía con razón la reacción de su padre. Pudo más el miedo a enfrentarse a un padre rígido y severo, de ideas absolutistas, que había ejercido con mano dura el cargo de supertintendente de la policía en Madrid en los tiempos de la Década Ominosa de Fernando VII. Robó una yegua y no paró hasta Valladolid. Había decidido ser libre, ser escritor y hacer su propia vida rompiendo con la familia asumiendo todas las consecuencias. Tenía solo 19 años y todo el futuro por delante. En Valladolid vende la yegua robada y con el dinero se paga el pasaje a Madrid.

Diez años después regresa a Torquemada. Las relaciones con su familia no habían mejorado. Su padre no podía entender aún las razones para tirar sus estudios por la borda, que se dedicara a la literatura como profesión, que tuviera una vida desarreglada y que se hubiera casado con una viuda mayor que él. Nada de su hijo le gustaba ni admitía como compensación el rápido e innegable triunfo que había obtenido.

Zorrilla regresaba a Torquemada, en donde se encontraba la casa solariega de la familia, en la que había pasado largas estancias veraniegas de niño. En la iglesia de Santa Cruz de esta localidad palentina había situado el cuento en prosa La mujer negra o una antigua capilla de templario, con el que inauguraba en 1835 sus colaboraciones en El Artista, la más importante revista del romanticismo español. El cuento es propio del romanticismo, lleno de misterios y truculencias y podría haberse localizado en cualquier lugar pero Zorrilla imagina la historia en los lugares que conoció de niño y que estaban vinculados a su propio conflicto familiar.

La madre de Zorrilla había enfermado unos meses antes -en septiembre hizo testamento- pero nadie le escribió para advertírselo. A París le llegó una carta de su padre que, en tres líneas le despachaba la noticia del fallecimiento de doña Nicomedes en Torquemada y le pedía que regresara sin pedírselo directamente, de una forma abrupta que ponía de manifiesto el difícil trato que había entre ambos. Zorrilla no lo dudó. Rompió los contratos, zanjó los negocios abiertos en París y marchó hacia Torquemada.

Es dífícil de comprender lo que podía pasar por su cabeza al cruzar el puente de Torquemada, camino de la casa familiar. A su padre le había avisado de su llegada a través de una carta fechada en Burgos el 8 de febrero. Se ponía a su disposición y le proponía pagar todas sus deudas y ayudarlo con sus problemas ante el gobierno liberal. Durante semanas soñó con retirarse a vivir en Torquemada, ampliar la casa, alejarse de la corte y de la vida que había llevado hasta ese momento. Zorrilla fue una persona emocionalmente dado a la inestabilidad, entregado a los afectos. Quizá en su propuesta viera la oportunidad de recuperar a su padre pero haciéndole ver que había triunfado por sus propios medios. Pero la convivencia debió ser difícil y aunque regresó en algunos momentos puntuales a Torquemada, su idea de refugiarse en la casa solariega no se llevó a efecto. Volvió de nuevo en octubre de 1849, cuando recibiera la noticia del fallecimiento de su padre, que tampoco lo llamó a su lado al sentirse enfermo. Su vida se rompía. Sus éxitos y fama no hacían más que crecer pero la inestabilidad emocional también. Sus padres habían muerto sin demandar su presencia, el matrimonio con Matilde estaba completamente roto. Zorrilla estuvo de nuevo en Torquemada desde octubre de 1840 hasta mayo de 1850 y allí se encontró con la enorme frustración de tener que vender la casa familiar por las deudas contraídas por el padre, de las que se hizo cargo. Desde ese momento, la vida de José Zorrilla fue una huida constante hacia adelante: marchó de España, estuvo en Francia, en México, en Cuba. Tardaría en regresar.

Torquemada fue un recuerdo constante para Zorrilla. Por una parte, los veranos de la infancia, los recuerdos de la casa solariega y la ilusión de una vida tranquila; por otra, el dolor asociado con el recuerdo de la ruptura familiar, de la muerte de sus padres. Aspectos de una biografía apasionante, moderna y que debe ser leída con mucha mayor atención de lo que ha sucedido hasta ahora, por lo general.

De todo eso y de algo más hablé ayer en el Salón de actos del Ayuntamiento de Torquemada, en los actos organizados por esta corporación para conmemorar el bicentenario del nacimiento de Zorrilla. Agradezco las atenciones prestadas por el alcalde, el teniente de alcalde y la concejala de cultura de Torquemada y por Paz Altes, que presentó el facsímil de Zorrilla: su vida y sus obras, el estudio de Narciso Alonso Cortés recientemente publicado por el Ayuntamiento de Valladolid. Fue un día muy agradable en una localidad castellana llena de interés para cualquier viajero que quiera pasar un tiempo entre su gente.



miércoles, 10 de mayo de 2017

Un acontecimiento editorial. Edición facsímil de Zorrilla: Su vida y sus obras, de Narciso Alonso Cortés


Pocas veces se tiene la fortuna de participar en un proyecto que, desde el principio, se sabe tocado por el don de la oportunidad. El Ayuntamiento de Valladolid publica edición facsímil de un clásico de la filología española, uno de esos textos que se han convertido en imprescindibles para el estudio de una época y un autor. Este es el caso de Zorrilla: Su vida y sus obrasde Narciso Alonso Cortés. El libro se publicó por vez primera en tres volúmenes que aparecieron desde 1916 hasta 1920 y, desde el principio, se convirtió en una obra de referencia usada y copiada por todos los estudiosos sobre la historia literaria española del siglo XIX y sobre Zorrilla. El trabajo de Alonso Cortés fue metódico en la recopilación de datos, ordenación de las referencias, establecimiento de la biografía definitiva sobre Zorrilla e interpretación de la aportación del romántico a la literatura española. Aunque investigaciones posteriores han modificado parcialmente algunas cuestiones o aportado otras referencias y hallazgos, lo sustancial del trabajo sigue siendo válido e imprescindible para cualquier estudio sobre este autor. Por otra parte, Alonso Cortés consiguió un texto que también apasiona al mero aficionado a las biografías de personalidades o la reconstrucción de una época. En sus páginas se levanta una época entera.

Alonso Cortés publicó una segunda edición de su obra, corregida y ampliada, en 1943. Entre los libros donados a su fallecimiento al Ayuntamiento de Valladolid se conservaba un ejemplar de esta segunda edición con anotaciones del estudioso que es el que se ha tomado ahora como base para esta edición facsímil. He tenido la fortuna de redactar el estudio introductorio que acompaña al texto. Y, para que este sea del todo manejable y útil para el lector general y el especialista, se publica con una herramienta fundamental de la que carecía, un magnífico índice de nombres elaborado por la profesora Irene Vallejo González.

Por otra parte, la edición está cuidadísima y se ha conseguido un volumen cómodo y elegante, con un diseño atractivo y un precio asequible para todos -ha sido una de las preocupaciones de los editores siempre-. Paz Altés ha sido el alma de esta edición, un viejo proyecto suyo, y a ella se le tiene mucho que agradecer.

Editar el volumen en los actos del bicentenario de Zorrilla es también un gesto significativo porque pone en limpio y accesible el mejor estudio que existe sobre este autor. Una de las misiones más importantes de una institución pública. Y, a la vez, constituye una especie de homenaje al autor de la monografía, trabajador infatigable, profesor de varias generaciones de estudiantes que pasaron por las aulas del Instituto Zorrilla y promotor de la Casa Museo Zorrilla.

Se presenta oficialmente el libro mañana jueves día 11 a las 13:00 hs. en la Sala principal del Teatro Zorrilla de Valladolid, en los actos de la Feria del Libro de esa ciudad. Intervienen: Óscar Puente, alcalde de Valladolid, Teófanes Egido, cronista oficial de Valladolid, Pedro Ojeda Escudero e Irene Vallejo González.

[Actualización: En este enlace puede verse el vídeo completo con la presentación, en la que intervenimos, por este orden, Óscar Puente (Alcalde de Valladolid). Teófanes Egido (Cronista oficial de Valladolid), Pedro Ojeda Escudero (autor del estudio introductorio) e Irene Vallejo González (autora de los índices).

miércoles, 3 de mayo de 2017

Un drama desconocido de José Zorrilla: El condestable de Sicilia

Ayer acompañé a José Luis González Subías en la Casa Museo de Zorrilla en Valladolid en la presentación de su edición de El condestable de Sicilia, drama en tres actos y en verso de José Zorrilla (Juan de la Cuesta, 2016). En contadas ocasiones se puede asistir a un acto de esta relevancia, al ampliar el catálogo de obras conocidas de uno de los autores importantes de la historia de la literatura y por eso facilité la posibilidad de que la presentación oficial de este libro se hiciera en la vallisoletana Casa de Zorrilla, lugar central de los actos del bicentenario del autor. A sus responsables -especialmente a Paz Altés- cabe darles las gracias no solo por todas las facilidades dadas sino por apoyar con entusiasmo la idea, que marca un punto más que interesante en la bibliografía del dramaturgo romántico y abre un interesante debate entre los especialistas.

El hallazgo se debe a la labor investigadora de José Luis González Subías, un experto en la literatura dramática del siglo XIX con un amplio currículum de trabajos publicados en los que la constancia y la tenacidad le llevan a documentar con precisión todas sus afirmaciones. González Subías afirma convincentemente la autoría de esta obra desconocida hasta ahora basándose en datos precisos como la firma J. Zorrilla con la que se editó en la imprenta de la calle de la Luna de Madrid (este es uno de los misterios de esta edición) y que solía usar el vallisoletano en aquellos años  en la prensa y en cartas personales de diferentes épocas, aunque en las ediciones de Delgado figurara como José Zorrilla, la contextualización en un tiempo concreto y en determinados rasgos de estilo y la temática del drama.

Me caben pocas dudas de que podamos atribuir la autoría de este drama a José Zorrilla. Aunque siempre con las lógicas reservas hasta que la investigación posterior lo confirme definitivamente, estoy de acuerdo con Subías: nos encontramos ante la que sería la primera obra teatral de Zorrilla de la que tenemos noticia. Una obra que se plantea como refundición de Casarse por vengarse de Rojas Zorrilla (quizá la elección de una obra de este autor no sea casual) en la que el vallisoletano introduce todos los componentes de la pasión romántica bajo la influencia de los grandes dramas iniciales del romanticismo español y, singularmente, de Don Álvaro o la fuerza del sino. En su versificación, la forma de proponer algunos arrebatos pasionales y en varias formas lingüísticas podemos reconocer fórmulas desarrolladas después por Zorrilla.

Evidentemente, no estamos ante un drama perfecto ni podemos considerar El condestable de Sicilia una obra maestra o que venga a corregir la visión del canon de Zorrilla que tenemos. Es un drama inicial de un joven que aprende, escaso para ocupar los pretendidos tres actos. Sin embargo, el autor acierta: en él hallamos la pasión del romanticismo escénico español de los años treinta; el gusto por refundir obras y temas tratados por los grandes autores del barroco español y llevarlos a un nuevo sentir propio de la época; el dinamismo del diálogo y de las escenas, etc. También es plausible la afirmación de Subías al proponer una lectura histórico política con respecto a la posible introducción de la guerra carlista como lección indirecta del drama y a la interpretación del conflicto con el padre, que no aparece en Rojas Zorrilla y que es una de las claves temáticas en José Zorrilla.

Siempre es de interés ampliar el conocimiento de los grandes autores de la literatura. Subías sitúa este drama en los meses en los que Zorrilla está en Madrid huido de su familia, antes de su consagración ante la tumba de Larra. En la presentación lancé la hipótesis de que quizá fuera un drama que había escrito en el período de estudiante universitario en Valladolid -si es que a lo que hizo Zorrilla en ese tiempo se puede calificar como estudiar- con el que intentara presentarse en Madrid y, al ser rechazado por las empresas teatrales, lo publicara como aval ante el mundo literario de la corte o como autoafirmación de su voluntad de escritor. Quedan algunas dudas por resolver como el que se atreviera a publicar la obra cuando la familia estaba buscándolo (quizá por eso lo hizo en una extraña imprenta sin nombre y, posiblemente, con una cortísima tirada). A mí no me plantea dudas que intentara el teatro tan pronto puesto que era la forma más rápida que encontraba un autor joven de la época para darse a conocer y para ganar un dinero que le procurara estabilidad económica y sostenerse en Madrid durante una temporada. Tampoco que no se publicara posteriormente en las obras del autor, que Zorrilla no la mencionara en sus memorias o que pasara desapercibido con posterioridad. La obra, aunque apunta maneras, no es propia de la calidad posterior del autor -aunque no desmerece de otras muchas publicadas por aquella época- y quizá eso pesara para que la olvidara. Cuando redactó los Recuerdos del tiempo viejo habían pasado demasiados años y demasiadas cosas también. Incluso pudo ocurrir que el propio autor perdiera el manuscrito y se quedara sin ejemplares.

En todo caso, una puerta apasionante para investigaciones posteriores que profundicen en los primeros meses de la estancia en Madrid de aquel jovencísimo Zorrilla. Como suelo afirmar, aunque muchos piensen lo contrario, no todo está hecho en los estudios de la historia literaria.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Bautismo poético en la Casa de Zorrilla de Valladolid

Entrada a la Casa de Zorrilla de Valladolid. Fotografía tomada de su perfil de Facebook.

Como en las vacunas, las responsables de la Casa de Zorrilla de Valladolid crearon hace unos años los Bautismos poéticos de recuerdo para los poetas con vinculación con esta ciudad y con la Casa. El poeta al que se recibe renueva, así, sus votos poéticos. El acto resulta muy entrañable y suele culminar en el salón principal de la Casa, junto al piano, brindando por la poesía.

Mi vinculación con la Casa -que depende del Ayuntamiento de Valladolid- viene de lejos. Cuando no se había reformado tal y como la podemos encontrar hoy -un espacio museístico aconsejable para todos los que pasen por Valladolid-, la visitaba como investigador para mis trabajos académicos. En sus dependencias se encontraba una donación que todos los estudiosos del siglo XIX español admirábamos y nos comunicábamos como quien sabe un secreto: la biblioteca de don Narciso Alonso Cortes (1875-1972), escritor, profesor de lengua y literatura e investigador al que se deben los mejores estudios sobre Zorrilla y gran parte de los escritores vallisoletanos. Por aquellos años ochenta y noventa, la Casa no tenía calefacción y contaba con pocos recursos materiales y los investigadores teníamos que trabajar con los guantes y las bufandas en los meses de duro invierno. Pero todo lo vencía el cariño, dedicación y esfuerzo de quien nos abría las dependencias, Ángela Hernández. A su voluntad, trabajo e inteligencia se debe gran parte de lo que hoy es la Casa. El testigo lo compartió y lo recogió con el mismo cariño, trabajo y eficacia Paz Altés, que promueve nuevas aventuras a partir del respeto de esa tradición, algo que una institución de este tipo no puede olvidar nunca. Gracias a esto, la Casa de Zorrilla se ha abierto a la cultura local, se organizan eventos artísticos y literarios de todo tipo, además de profundizar en una política museística moderna. Poco a poco, la Casa se ha convertido en un referente cultural de la ciudad y su jardín romántico en un pulmón de tranquilidad en pleno centro urbano, abierto a todo aquel que quiera pasearse por él. La reforma completa de la casa que se hizo hace unos años la dotó de todas las comodidades necesarias tanto para los visitantes como para los trabajadores. En ella ya no está la biblioteca, que se trasladó al Archivo municipal, pero la sala dedicada a Narciso Alonso Cortés se acondiciona para los eventos culturales.

Cuando Paz Altés me propuso ser recibido por la Casa Zorrilla en un Bautismo de recuerdo no lo dudé. Tras unos años alejado de la cultura de mi ciudad natal, me resultaba emocionante volver a un lugar como este, que tanto significó para mí cuando era joven y tenía el futuro por delante y las ilusiones intactas. Recuerdo todavía cómo abría aquellos libros y revistas del siglo XIX, cómo disfrutaba con la lectura de los textos satíricos, cómo recorría los viajes que proponían las ilustraciones... Como padrinos pensé inmediatamente en Ángela Hernández por lo que he dicho antes y porque yo también quiero respetar la tradición que marca el reconocimiento a las personas que han hecho tanto como ella. Y en mi amigo Diego Fernández Magdaleno, uno de los mejores pianistas europeos actuales, gran escritor y excelente persona, también ahijado de la Casa. La sala estaba llena de amigos y amantes de la poesía y tras el acto académico de bienvenida, juntos subimos a brindar por la poesía. Pensé un momento en muchas cosas personales -en mi padre, que no ha podido llegar a verlo, en mi trayectoria profesional, en mi abandono durante años de la escritura, en mi larga ausencia de la vida cultural de Valladolid- pero también en Zorrilla niño corriendo por esas estancias o ya anciano, visitando la casa en la que nació, como uno de los poetas más populares de su tiempo. Hay una foto suya en el jardín que siempre me ha llamado la atención por eso mismo, por el regreso a la infancia de una persona con un mundo entero dentro de él.

Quiero agradecer a todos la presencia ayer. A Paz Altés, a Ángela Hernández y a Diego Fernández Magdaleno por sus generosas palabras sobre mi persona y mi obra. También al personal de la Casa y, especialmente a Javier, que nos recibirá en los próximos años caracterizado de don José Zorrilla. No solo físicamente, Javier es un apasionado de su trabajo y tiene un excelente futuro por delante.

Como ahijado de la Casa Zorrilla me he comprometido a colaborar en todo lo que pueda con sus proyectos. Espero estar a la altura.