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jueves, 27 de febrero de 2014

Del mundo controlado al mundo libre en Dejar las cosas en sus días y noticias de nuestras lecturas, con anuncio de la próxima.


En la novela hay una tensión constante entre el mundo controlado y el mundo libre. En el coloquio mantenido con la autora el pasado martes, Laura Castañón nos reveló que tuvo acceso a un libro de registro de un guardia jurado de las antiguas explotaciones mineras asturianas. En él, como en Dejar las cosas en sus días, se anotaban con minuciosa dedicación las horas de entrada y salida, los nombres de los que blasfemaban o las riñas en el pilón de las mujeres mientras lavaban. Nada escapaba a la mirada de aquellos vigilantes.

En la narración se traslada directamente este afán controlador. Montañés escribe con toda esa información un informe diario al marqués de Comillas. El mundo cerrado de Bustiello debía seguir sin cambios. Pero este mismo mundo controlado se observa en el ámbito familiar, sobre todo a partir de la evolución psicológica de Sidra, que cumplía con su padre al final del día como este con el marqués. Hay personajes que desarrollan obsesivamente hasta la patología este afán de control y vigilancia: la misma Sidra o el ingeniero. De ahí que muchos personajes tengan que guardar secretos como los que mencionábamos hace unas semanas.

Frente a ello, hay un impulso hacia la libertad. Los dos jóvenes homosexuales, por ejemplo. O la tía de la protagonista que se enamora de un maquinista. El amor ejerce como palanca para buscar esa libertad, pero también la cultura o la ideología: todo lo que se relaciona con el personaje de Efrén está en este ámbito. Camino de la guerra civil, esta tensión deviene en tragedia por las circunstancias históricas. Solo aquellos que huyen pueden tener un tiempo de libertad. Especialmente significativo es el padre de Bruno: para sobrevivir tiene que ahogar la libertad individual que le caracterizó de joven.

Los personajes del presente tienen otras dificultades, lógicamente, pero también están atrapados por esa misma maraña de control con aspiraciones a libertad. Todos tienen dependencias, cicatrices biográficas, condicionantes de vida que dificultan esas aspiraciones. Y mientras no pacten con aquellas estas estarán lastradas.

Noticias de nuestras lecturas

Paco Cuesta da con una interesante clave de la novela de Laura Castañón: las relaciones entre Paloma y Aida y la narración de la memoria individual, familiar e histórica. Un acierto.

También es un acierto una de las afirmaciones de Pancho en su excelente entrada, la forma en la que usa la autora del humor para reducir el impacto de las situaciones tensas que se narran continuamente en la novela.

Luz del Olmo, que estuvo en el coloquio con Laura Castañón celebrado el pasado martes, le dirige un correo electrónico de agradecimiento que os recomiendo mucho leer.

Sobre la forma en la que la autora marca la tensión narrativa a lo largo de la novela escribe una magnífica entrada Pancho, para no perdérsela.

Mª Ángeles Merino escribe una detallada y oportuna reseña, ilustrada con fotos propias, del coloquio con Laura Castañón del pasado martes. Si alguien quiere conocer cómo trascurrió el acto, aquí tiene el relato.



Décima entrega de Gelu sobre nuestra lectura de La estafeta romántica, en la que se enfrenta a una conclusión galdosiana: la historia de verdad está lejos del ruido histórico.

Próxima lectura


Terminamos aquí con la lectura de Dejar las cosas en sus días. Esta lectura nos ha deparado, además, el contacto directo con la autora, a la que agradezco el cariño y el entusiasmo que nos demostró en el coloquio público que mantuvimos con ella el pasado martes en la Sala Polisón del Teatro Principal de Burgos, la primera experiencia de este tipo que tenemos en nuestro Club de lectura, una experiencia que repetiremos en próximas ediciones.

En el mes de marzo leemos La saga/fuga de J.B. de Gonzalo Torrente Ballester, una forma de reencontrarnos con la que fue considerada como obra maestra de este autor.Publicada originalmente en 1972 por la editorial barcelonesa Destino.

Ya sabéis que recojo en estas entradas de los jueves los comentarios que los seguidores del Club de lectura hacen en su blog hasta el miércoles y aquellos que me dé tiempo del mismo jueves. Si me he olvidado de alguno, os agradecería que me lo hicierais saber.

jueves, 20 de febrero de 2014

Del paraíso a la tragedia en Dejar las cosas en su sitio de Laura Castañón y noticias de nuestras lecturas.


El relato de la historia familiar de Aida nos lleva del paraíso a la tragedia. Por una parte, en lo social e histórico, el pueblo de Bustiello en el que se desarrolla la acción que trascurre en el pasado, fundado por el segundo marqués de Comillas, don Claudio López Bru, se regía por un ideario capitalista católico, proteccionista y paternalista. Los trabajadores de la Hullera Española tenían en él unas comodidades y ventajas de las que no gozaban otros mineros de la zona. El marqués supo gestionar la situación durante décadas e incluso transigir con ciertas novedades.

Este tipo de nuevas poblaciones -o incluso de barrios enteros en las afueras de las ciudades- se extendieron por toda España a finales del siglo XIX y en las primeras décadas del siglo XX y solían ordenar un territorio cerrado con casas para el personal técnico y los obreros, enfermería, tiendas de ultramarinos, lugares de diversión y una capilla. A veces -depende del tamaño- contaban también con escuela. Todo ello muy cerca de la fábrica o los pozos mineros. El objetivo era doble: crear un entorno agradable que facilitara la integración de toda la familia del trabajador en la empresa con la clara intención de que se sintiera parte de ella y considerara su bienestar ligado al éxito de la misma; construir un entorno cerrado y autosuficiente, que cohesionara como grupo jerarquizado a todos los que habitaban en él y que facilitara también tanto su formación como su adoctrinamiento y control. Este tipo de poblados han dejado su huella por toda la geografía peninsular, fueron imitados en las colonias franquistas y todavía hoy son reconocibles en la ordenación urbana.

En Dejar las cosas en sus días, Bustiello está magníficamente descrito y explica esta parte inicial del relato: es un lugar cerrado, controlado, alejado de la conflicitividad social y que pudo mantenerse más o menos al margen de la revolución asturiana. Sin embargo, la guerra civil terminará con él y quedará en aquellos que vivieron allí como un recuerdo de un tiempo que ya no puede repetirse precisamente porque la historia externa se introdujo definitivamente en el lugar cerrado. La muerte del marqués y de Benito Montañés contribuyen a este aspecto.

Por otra parte, los hechos familiares acontecidos en Bustiello tienen igual devenir del paraíso al infierno de la vida. En este caso el paso se explica por la misma evolución biográfica del grupo de niños que nacen en la casa de Montañés: del paraíso de la infancia a la incertidumbre de la adolescencia y la vida a partir de la juventud. Los conflictos personales, la madurez sexual, los intereses de terceras personas y la irrupción de los conflictos históricos convierten la infancia en un paraíso perdido que la única superviviente recuerda siempre con la conciencia de ser la última de la familia.

La misma Aida, en el tiempo presente de la novela, se encuentra herida por esa misma circunstancia. De su infancia sabemos poco en esta novela, pero su presente le ha llevado a un mundo de soledad. Su intento de reconstruir la historia familiar, la relación que mantiene con Bruno -tanto por el recuerdo de los Estudio 1 como por el secreto que esconde su identidad- y el regreso final a Bustiello ponen de relieve precisamente eso mismo, la pérdida de un paraíso al que se intenta regresar de alguna manera. O, al menos, comprender las claves perdidas de su esencia.

Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino desentraña las claves de la estructura poliédrica de la novela de Laura Castañón en su última entrada.

La tercera entrega de Pancho sobre Dejar las cosas en sus días nos evidencia la firme trabazón de espacios, personajes y tiempos de la novela.

Luz del Olmo, en su primera entrada sobre la novela, aborda la técnica por la que la autora nos propone lo que inicialmente parecen dos historias en una.


La última entrada de Pancho sobre Todo lo que era sólido llega a lo mejor de esta obra: las propuestas de mejora, que todos deberíamos grabar en la memoria.


Novena entrada de Gelu referida a nuestra lectura de La estafeta romántica. Retrata una España en la que nadie se creía a nadie.

Martes, 25 de febrero
Encuentro en Burgos con Laura Castañón


Laura Castañón, la autora de Dejar las cosas en sus días, novela que nos ocupa en este mes de febrero, estará con nosotros en la próxima reunión del Club de lectura presencial. Celebraremos un coloquio con la autora para debatir sobre su novela.. Con este motivo, ampliamos la convocatoria y, además de a los miembros del club presencial, invitamos todos los lectores y seguidores de La Acequia y a  cuantos estéis interesados. El coloquio tendrá lugar el martes 25 de febrero, a las 16:30 en la Sala Polisón del Teatro Principal de Burgos. Entrada libre hasta completar el aforo.

Coordinador y moderador: Pedro Ojeda Escudero
Organiza: Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos
Colaboran: Instituto Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Burgos y Editorial Alfaguara.

Formas de seguir el Club de lectura virtual


A partir de ahora, hay dos formas de seguir el Club de lectura virtual de La Acequia. Ambas gratis y abiertas a todos. En el bloghttp://goo.gl/E3RGwb y en Facebook: http://goo.gl/PIB1sd.

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jueves, 13 de febrero de 2014

Dejar las cosas en sus días, una historia de secretos y noticias de nuestras lecturas


Dejar las cosas en sus días es una historia de historias. Todos los personajes tienen la suya propia, sin perjudicar por ello a la acción principal. Cada uno tendría su relato breve si la autora quisiera: Laura Castañón ha pretendido retratar la vida en su riqueza múltiple. Y todos esos personajes guardan secretos. En el fondo, la novela -que ya vimos cómo se construye, en gran medida, como metanarrativa- es el intento de descifrar esos misterios que cada uno guarda. Algunos solo serán revelados para el lector, no para los personajes. El lector se engancha, sin duda, a ese caminar narrativo para descifrarlos. Algunos intuye -la autora tampoco los esconde demasiado, con lo que facilita el natural descubrimiento sin trucos engañosos finales- y confirma páginas más adelante en relatos cruzados. La mayoría de los secretos serán descubiertos por relatos de los personajes, que se confiesan, otros por la escritura secreta de un diario. Uno de ellos, el que más impacto tendrá en el presente de la protagonista, a través de la última tecnología.

Pero es tarea de los propios personajes y del tiempo -del transcurrir natural del tiempo pero también de la enfermedad o de la ideología o la necesidad- el ocultar esos secretos, no desvelarlos porque suponen lugares oscuros del pasado. Se han acostumbrado a vivir amputados de esa parte de su pasado. Incluso alguno de los personajes ha vivido toda su vida bajo otra identidad.

De ahí la relavancia que tiene la tarea de Aida como protagonista investigadora y escritora. destapar las capas de esos secretos para reconstuir la historia de su familia. Alguno de ellos puede herirla profundamente. Pero hay otra faceta no menos importante en la novela: ese proceso de reconstruir la historia a pesar de los secretos camina directamente hacia las facetas más dolorosas de la memoria colectiva española del siglo XX. La búsqueda del abuelo de Aida en las zanjas donde reposan los represaliados por el franquismo es todo un símbolo. Memoria histórica y mermoia personal se dan la mano.

Noticias de nuestras lecturas

Paco Cuesta concreta en una magnífica entrada, dos claves de lectura de esta novela de Laura Castañón: las historias de unos personajes nos llevan a otras y todo se hace metáfora en el juego de desmemoria y memoria.

Mª Ángeles Merino analiza una clave técnica de la novela: la construcción de la ficción a partir de la realidad más documentada. No os perdáis las ilustraciones.

Pancho analiza la forma en la que la autora usa del correo electrónico para interesar al lector y hacer avanzar la acción de la novela. Magníficas las fotografías con las que ilustra su comentario.

Encuentro en Burgos con Laura Castañón


Laura Castañón, la autora de Dejar las cosas en sus días, novela que nos ocupa en este mes de febrero, estará con nosotros en la próxima reunión del Club de lectura presencial. Celebraremos un coloquio con la autora para debatir sobre su novela.. Con este motivo, ampliamos la convocatoria y, además de a los miembros del club presencial, invitamos todos los lectores y seguidores de La Acequia y a  cuantos estéis interesados. El coloquio tendrá lugar el martes 25 de febrero, a las 16:30 en la Sala Polisón del Teatro Principal de Burgos. Entrada libre hasta completar el aforo.



Coordinador y moderador: Pedro Ojeda Escudero
Organiza: Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos
Colaboran: Instituto Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Burgos y Editorial Alfaguara.



En su comentario de la obra de Muñoz Molina, Pancho nos lleva a una de las raíces del deterioro de nuestra cultura democrática: la falta de verdadero debate, de cultura del intercambio de ideas y del pacto. Más necesario que nunca.



Gelu publica su octava entrada sobre La estafeta romántica, en la que se percibe esa mezcla galdosiana de intimidad, vida e historia.
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jueves, 30 de enero de 2014

Balance final de la lectura de los Veinte poemas de amor y una canción desesperada y noticias de nuestras lecturas, con anuncio de la próxima.

Diseño de Rita para la lectura del poemario de Neruda

Leer los Veinte poemas de amor y una canción desesperada en estas semanas me ha deparado pocas sorpresas con respecto a lo que me esperaba. Constato que Neruda acertó en aquel poemario publicado en 1924: nos presentó, desde Chile, quizá por su misma condición de joven poeta desde un punto alejado de los circuitos más estables de la poesía de su tiempo, una expresión amorosa que recogía y ampliaba el modernismo de Rubén Darío tanto en el tratamiento del amor desde la carnalidad misma hasta su ritmo y estructura métrica que ya predecía la ruptura con lo tradicional. Escribió Neruda los poemas desde el núcleo mismo de una concepción del modernismo que parte del romanticismo vitial. Por eso las contradicciones -contradicciones aparentes- entre el feroz deseo de que el amor salve al yo poético con la exaltación de la necesidad de la pasión y la felicidad entre los amantes y la inevitable angustia de la tristeza cuando no se tiene el amor o se ha perdido. Sabemos que  después Neruda evolució tanto en la perspectiva personal como en la poética en su tratamiento del amor.En el poemario también está algo imprescindible para la poesía de la modernidad: lo metapoético, la propia reflexión sobre la poesía hilada con el tema amoroso. La escritura como hecho conceptual está inevitablemente presente. También está algo que lastra un poco, visto desde hoy, el acercamiento a su poesía: hay demasiada torrentera de expresiones, una cierta tendencia a la retórica misma. Sin embargo, nada puede oscurecer la brillante oportunidad de su publicación y el feliz hallazgo de un buen puñado de versos y alguno de los poemas, que han pasado ya a la historia literaria.

No he podido terminar de montar el recitado del resto de los poemas, lo haré en próximas entregas.

Noticias de nuestras lecturas


Campurriana se une a nuestra lectura del poemario de Neruda. Siento que se me pasara informar de su entrada en su día. En ella podréis ver cómo nos marcan las lecturas hechas en el momento justo de nuestra vida.

Paco Cuesta encuentra la inteligente forma definitiva de dejarse llevar por la poesía de Neruda. Imprescindible.

Mª Ángeles Merino comenta el poema 19, con unas ilustraciones que son una glosa al mismo poema. Os invito a ver esta entrada.

Gelu comenta el poema 12 de Neruda y completa la información biográfica que nos ayuda a comprenderlo.


Excelente la nueva entrada que publica Pancho sobre Todo lo que era sólido de Muñoz Molina, que nos ocupó en diciembre. Toca dos temas interesantes del libro: la comparación con los EE.UU. y la necesidad de dar testimonio de lo vivido. No menos interesante e imprescindible es la que dedica a la que podríamos pensar la verdadera causa de todo: el olvido de lo que éramos.

 

Gelu continúa con sus entradas sobre La estafeta romántica de Galdós, aquí para seleccionar y comentar las cartas XX y XXI. Buena oportunidad para engancharse a esta lectura que hicimos el año pasado.

Anuncio de la lectura del mes de febrero


En el mes de febrero leemos la novela de Laura Castañón Dejar las cosas en sus días, una magnífica saga familiar que atrapará al lector tanto por lo que cuenta como por la forma en la que lo hace. En este enlace podéis encontrar su página oficial en Facebook, con toda la información necesaria. La autora está al tanto de esta lectura y participará en la reunión de febrero del Club de lectura presencial, en Burgos. Todos aquellos seguidores de La Acequia estáis invitados a participar en ese acto, que se anunciará oportunamente.


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jueves, 26 de diciembre de 2013

La edad de la razón como final esperanzado de Todo lo que era sólido de Muñoz Molina y noticias de nuestras lecturas


Al final de su ensayo, Muñoz Molina proyecta la esperanza de que, a consecuencia de todo lo que nos ha sucedido, nos haya llegado, al fin la edad de la razón: "Ya no nos queda más remedio que empeñarnos en ver las cosas tal como son, a la sobria luz de lo real. Después de tantas alucinaciones, quizás sólo ahora hemos llegado a la edad de la razón". En el núcleo del texto, el autor había desarrollado la idea de que gran parte de lo que nos ha ocurrido como sociedad se debe a que hemos vivido en una ilusión como país, un espejismo que nos ha conducido a no distinguir lo real de lo no real. La circulación de dinero en un país que no tenía suficientemente asentadas las estructuras ni la mentalidad democráticas, en el que los partidos políticos pronto se convirtieron en estructuras fuertemente jerarquizadas, nos llevó a la necesaria catástrofe. En efecto, tiene razón Muñoz Molina al afirma que la democracia hay que enseñarla porque no es lo natural ni lo fácil. Y en España nadie ha hecho pedagogía democrática. Hubo entusiasmo de libertad en la época de la Transición y necesidad de acuerdos en la Constitución del 78, pero después el flujo del dinero se mezcló con las estructuras caciquiles y los intereses políticos. A partir de ahí falló todo: los medios de comunicación, los dirigentes políticos y la misma sociedad, anestesiada ante la cultura del todo gratis y la facilidad para vivir en un espejismo de opulencia. El dinero pervierte siempre. Y lo hace más tal y como llegó a España a partir de finales de los ochenta: fácil y sin control alguno en un país sin cultura democrática.

La esperanza de Muñoz Moilna es que hayamos aprendido, que los españoles dejemos de ser súbditos para ser ciudadanos con todo lo que implica este término. Ser ciudadano es un esfuerzo diario. Yo quisiera también caer en la esperanza pero las noticias no son felices: los partidos políticos siguen sin reaccionar y tienden a conservar las mismas estructuras que les han llevado a su descrédito; no hay renovación de los políticos y muchos de los que están en el poder nacional, autonómico o local son los mismos que tomaron las decisiones que nos han traído hasta aquí o que ayudaron a tomarlas sin que asuman las consecuencias de sus actos; todavía hoy la gente se mueve por las tripas y no por la razón en materias como los localismos y los nacionalismos; las nuevas caras que aparecen en la política dentro de esos partidos políticos son de una mediocridad aterradora -lo mismo sucede con las nuevas generaciones que ocupan cargos de todo tipo-; en general, los medios de comunicación siguen haciendo juego a los grandes poderes y la información más parece ruido tendencioso que investigación propia; la sociedad no termina de tomar conciencia de ciudadanía y aparece derrotada y resignada.

Me temo que no soy tan optimista como Muñoz Molina, aunque también pienso que la única solución para la verdadera y definitiva modernización de España es la que él señala: que los españoles decidamos, definitivamente, ser ciudadanos.

Un magnífico ensayo el de Muñoz Molina, que quedará como uno de los textos esenciales en el diagnóstico de lo que ha ocurrido en los últimos decenios en España y en el estudio de las claves como sociedad de este país desde el siglo XIX hasta nuestros días.

Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino, con sus mujeres galdosianas, nos  pone acertadamente sobre la mesa algunas de las claves del ensayo de Muñoz Molina: la religión, la educación, la cultura y el nacionalismo. Todo ello tan mal gestionado por nuestros políticos.

Pancho llega al análisis de la impotancia que el dinero fácil tuvo en la destrucción de nuestra sociedad. Y comenta una de las claves del tono sincero de la obra: lo autobiográfico, una de las esencias del estilo de Muñoz Molina.

Antonio Aguilera comenta, con todo acierto, algo esencial de Todo lo que era sólido: el narcisismo y megalomanía de nuestra clase política. Y nosotros, que se lo hemos tolerado.

Myriam concluye su aportación a la lectura de Todo lo que era sólido con el resumen de las claves histórico-sociológicas que nos han conducido hasta la situación presente.

Para aquellos que no pudisteis ver el programa Salvados del último domingo, os dejo el fragmento con la entrevista que Jordi Évole le hizo a Muñoz Molina en este enlace. Reconoceréis, en lo que dice el escritor, una buena parte de los contenidos del libro que hemos comentado en este mes de diciembre.


Termina Pancho su extraordinaria aportación a la lectura de La estafeta romántica de Galdós. Quiero resaltar dos cosas hoy de ella: la selección de las citas (una acertada antología de frases clave) y la forma de desentrañar la técnica galdosiana, aquí, por ejemplo, cómo nos hace desear la continuación.


Como sabéis, la próxima semana comenzamos la lectura de Veinte poemas de amor y una canción desesperada, el poemario de Pablo Neruda publicado en 1924 que nos ocupará durante el mes de enero.

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jueves, 19 de diciembre de 2013

Retrato de tipos y espacios en Todo lo que era sólido de Muñoz Molina y noticias de nuestras lecturas


Muñoz Molina siempre ha sido un gran retratista de personajes y ambientes. No solo en sus textos narrativos. Todavía recuerdo la magnífica serie de artículos publicados en 1998 en el periódico El País con motivo del juicio sobre el caso GAL en los que retrataba los personajes principales de aquella negra historia de terrorismo de estado. Esos artículos, además de toda una lección de periodismo judicial, supusieron un precedente claro de lo que encontramos en Todo lo que era sólido.

En Todo lo que era sólido, tras sentar las bases iniciales del ensayo, se dedica el autor a retratar ambientes y personajes. Destacan, por contraste, los despachos de la administración municipal en los que comenzó a trabajar y la desproporcionada terminal T4 del aeropuerto de Barajas. Pero también los tres retratos iniciales con los que arranca el libro: el constructor valenciano, el financiero brasileño y el presidente Rodríguez Zapatero. De los tres el lector saca la misma conclusión. la superficialidad de sus planteamientos, una sensación de que no saben bien lo que tienen entre manos pero se muestran muy seguros del camiino a seguir.

Entre esos espacios y esos personajes, el autor, Muñoz Molina, se convierte en un hombre asombrado ante la desproporción de todo, un observador al que la dirección tomada por la sociedad no deja de parecerle una pérdida del horizonte humano. Es impagable la descripción que de sí mismo hace cuando acude a visitar al financiero brasileño en la oficina de Nueva York en la que trabaja.

Noticias de nuestras lecturas

Pancho comenta con todo acierto los pasajes en los que Muñoz Molina retrata el crecimiento desmesurado en España de la circulación de dinero y la trasformación del urbanismo del país.

Antonio Aguilera nos muestra una de las facetas más presentes en Todo lo que era sólido: la corrupción y el saqueo de lo público que ha tenido lugar en España porque nos desentendimos de la política.

Luz del Olmo tira de refranes en su entrada para comentar las cosas que nos han pasado y que tan bien retrata Muñoz Molina.

Paco Cuesta busca en cada uno de nosotros la falta de origen sobre la que otros han cimentado la catástrofe relatada en Todo lo que era sólido.

Los personajes galdosianos tomados por Mª Ángeles Merino siguen con su comentario de la obra de Muñoz Molina. Ahora hablan de pelotazos...

Myriam completa y desarrolla de manera admirable el tema del cainismo español que se refleja en la obra de Muñoz Molina.


No os perdáis la nueva entrada de Pancho sobre la novela de Galdós, con una excelente mirada sobre la ténica del autor para traernos noticias histórica o los avatares psicológicos de los protagonistas.


Ya tenemos cabecera para la lectura de Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda, poemario que leeremos en enero. Me la ha remitido una de las comentaristas habituales de La Acequia, Rita, a la que varios de nosotros tuvimos ocasión de conocer con motivo de la Ruta de El Hereje del pasado curso. Además, acaba de abrir su propio blog, que podéis conocer en este enlace.

Como prólogo de nuestra próxima lectura de los Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Neruda, bien puede valer la entrada que publicó Purificación (Pamisola) hace unos días, sobre Confieso que he vivido.

Manuel Casadiego también publicó una excelente interpretación del Poema 10 de los Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Más que recomendable.

El martes pasado tuvo lugar, en la sala habitual de la Biblioteca General de la Universidad de Burgos, la reunión de diciembre del Club de lectura en su formato presencial. Fue un encuentro intenso e interesante porque Todo lo que era sólido daba para hablar de lo que nos ha pasado en España. Hubo intercambio de opiniones y varios puntos de acuerdo: la ceguera en la que vivimos (casi) todos, la impunidad con la que dejamos actuar a los corruptos, a los corruptores y a los que facilitaron su indeseable labor y la calidad del texto de Muñoz Molina, no exento de esperanza. La siguiente reunión tendrá lugar el martes 21 de enero de 2014. Comentaremos Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda.

Ya sabéis que recojo, en estas entradas de los jueves, los comentarios que los seguidores del Club de lectura hacen en sus blogs hasta el miércoles y aquellos que me dé tiempo del mismo jueves. Si me he olvidado de alguno, os agradecería que me lo hicierais saber.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Ceguera y aspereza civil: dos claves de inicio en Todo lo que era sólido y noticias de nuestras lecturas.


Todo ensayo nace de premisas iniciales que soportan el resto de la argumentación. Muñoz Molina propone dos muy interesantes para comenzar Todo lo que era sólido: la ceguera ante lo que ocurría en la España de la burbuja inmobiliaria y lo que él llama la aspereza civil.

La primera es común a todos los países que han vivido una burbuja inmobiliaria como la que se dio en España a partir de los gobiernos del PP presididos por José María Aznar (1996-2004), en los que se liberalizó todo el suelo disponible y se dinamizó la economía española de forma casi exclusvia con el motor de la construcción sin establecer los controles necesarios. Si el efecto más inmediato fue la creación de millones de puestos de trabajo y la rápida circulación de dinero en España, las demoledoras consecuencias de aquello explican las causas de que en España la crisis última haya sido más profunda que en otros países: escasa formación de los trabajadores y fragilidad de los puestos de trabajo generados, corrupción generalizada, crecimiento irresponsable basado en la megalomanía de los políticos españoles, falta de inversión de los beneficios en el fomento de una economía sostenible y propia, extensión de una cultura de nuevo rico en la sociedad española, destrucción de los valores éticos y sociales que marcan un comportamiento cívico, etc. Como señala Muñoz Molina, los españoles demostramos un grado elevado de ceguera para no darnos cuenta de que repetíamos los mismos errores que otros países que habían tenido la misma tentación de crecimiento fácil. Es más, adorábamos a los políticos y a los personajes más significados que lo hacían posible y no veíamos ni sus malas maneras ni su interés personal ni los casos de corrupción que los salpicaban. O, lo que es peor, las disculpábamos. Pero esto es común a todos los países en los que ha sucedido una burbuja inmobiliaria de la magnitud que tuvo España. Una de las causas y de las consecuencias de este tipo de crisis es, precisamente, que la sociedad se convierte en sorda y ciega y pierde todo comportamiento basado en la buena ética.

La segunda base sobre la que construye su argumentación es más propia de España. Se explica en raíces históricas nacionales y es una idea que Muñoz Molina ha reiterado en varios de sus escritos. Me refiero a la aspereza civil y la violencia verbal con la que se manifesta. En contra de lo que podría esperarse, este clima de confrontación no ha sucedido en épocas de carencias o problemas graves. En la Transición española se dieron una serie de pactos -acuciados muchos por la excepcionales circunstancias históricas- que favorecieron la llegada de la Democracia. Aunque estos pactos fueron contestados por ambos extremos del abanico político -incluso con violencia y asesinatos-, la mayoría de los partidos políticos y de la sociedad española favoreció una salida constitucional en la que se integró. Ante la necesidad, la sociedad reclamó pacto, estabilidad y una altura histórica.

En efecto, en la época de euforia económica sucedió algo que merecerá un estudio por parte de los sociólogos e historiadores de años venideros precisamente por haber sucedido cuando nos creíamos ricos: la aparición en la primera línea política de un estado de confrontación permanente a pesar de que todo parecía ir bien en el país. Desde mi punto de vista, esto se debió a varias causas que paso a describir.

La primera, indiscutible, es la forma en la que salió del poder Felipe González. Sobre todo desde su última victoria electoral en 1993. Los últimos años de Felipe González en el gobierno evidenciaron una decadencia de su figura que fue aprovechada por los medios de comunicación contrarios para comenzar una crispación social como estrategia para terminar a toda costa con la larga etapa en el gobierno del PSOE. Aquello ha sido reconocido, explícitamente, por varios de los que participaron, por lo que no es rumorología sino historia. José María Aznar supo aprovecharse de esa política de crispación social y definirla políticamente mucho mejor que sus antecesores al frente del PP con aquella célebre frase: Váyase, señor González. Aznar es el típico ejemplo de político que llega en el momento oportuno y sabe aprovecharlo y que cinco minutos antes o cinco minutos después no hubieran pasado a la historia.

La segunda es la estrategia de varios medios de comunicación que radicalizaron sus mensajes. La política de los empresarios de este sector comenzó a extenderse más allá de la propiamente informativa. Aparte del fortalecimiento de la prensa en papel por aquellos años -aún Internet no les había hecho daño-, el reparto de las televisiones privadas y las nuevas emisoras radiofónicas fueron el objetivo fundamental de empresas que también se relacionaban con otros sectores, como el de la construcción. De hecho, los gobiernos nacionales de uno y otro color y los autonómicos comenzaron una estrategia a través de inversiones indirectas en estas empresas de la comunicación, favoreciendo a unas o a otras según su afinidad y lealtad. Hubo casos verdaderamente escandalosos. Estos medios de comunicación han radicalizado su mensaje desde entonces y hoy vivimos casi en un territorio de banderías que no beneficia a nadie y que se ha crispado más aún con la aparición de la conocida como TDTparty. Algunos empresarios, para terminar de potenciar esta radicalización, tienen acciones en medios de comunicación contrarios que procuran atizar el fuego del conflicto para ganar la fidelidad de sus seguidores, cada vez más repartidos en compartimentos estancos. Con ello se crea una base de audiencia potencial que se proyecta en su peso en la opinión publicada, con los consiguientes beneficios por ingresos publicitarios o por posicionamiento como herramientas para la divulgación de estrategias electorales.

La tercera es la actitud con la que el PP ha accedido al Gobierno nacional tanto en 1996 como en 2011. No me refiero, ahora, a su ideario político, sino a las maneras. En ambos casos, significados miembros de este partido han demostrado un afán revanchista y un cierto tono de suficiencia, contrario a todas las maneras de la corrección política en una democracia asentada. Con ocasión de perder el poder en 2004 tampoco encajó bien la derrota y las acusaciones al PSOE de urdir una gran conjura siguen hasta hoy. Todo ello no ha contribuido a un clima de sosiego sino que ha fomentado, interesadamente, esa aspereza civil de la que habla Muñoz Molina.

La cuarta tiene su raíz en algunas claves de la política de José Luis Rodríguez Zapatero tras su acceso al poder en el 2004. Ni Zapatero ni Aznar son parte de la generación que protagonizó la Transición. A esto se suma que cada vez un sector mayor de la población se siente desvinculado de los pactos que llevaron a la Constitución española de 1978, bien por edad bien porque se han liberado de los temores y compromisos de aquellos años. Una de las grietas de esos pactos es, precisamente, todo lo englobado en la Memoria histórica. Un sector cada vez más amplio de la izquierda demanda la corrección o anulación de algunas de las bases que llevaron a aquel pacto: la concepción misma del Estado -República o Monarquía, centralismo o federalismo, independentismo, etc.-, la reparación de los derechos de las víctimas del franquismo o la condena de la dictadura de Franco a la manera de lo que sucede en Alemania con el nazismo. Esto ha provocado la reacción contraria, manifestada de una forma radical en los medios de comunicación afines a la derecha.

La quinta, el descrédito cada vez mayor de las instituciones básicas del estado español actual: partidos políticos, sistema parlamentario y Monarquía. Este descrédito se ha generado también en la época de abundancia: las imágenes de políticos imputados o condenados que no eran apartados por sus partidos, la conversión de la Monarquía en una familia mediática cada vez menos respetada por la opinión pública, el estado de algarabía continua del Congreso de Diputados, etc Sin duda, el perfecto ejemplo de cómo se ponen las semillas de la futura decadencia.

Todo ello está en la base de esa aspereza civil de la que habla Muñoz Molina. En España solo se amortiguaron los efectos de la Guerra civil provocada por el golpe de Estado de los generales en 1936 -que se sublevaron contra el poder legítimo del momento- en los pactos que llevaron a la Constitución de 1978. A partir de los últimos años de Felipe González la crispación ha regresado al país, alimentada por medios de comunicación necesitados de la cercanía al poder para subsistir y sedientos de cuotas de audiencia aun a costa de una escalada verbal que a todos perjudica. Hay poca altura política incluso para solucionar problemas históricos fácilmente solucionables, como las fosas comunes que aún existen en España con los cuerpos de las víctimas de los represaliados por el bando franquista.

La mediocridad cada vez mayor de nuestros gobernantes -tanto en sus maneras como en sus discursos- sirve, a la vez de espoleta y de mal ejemplo en un país que siempre ha estado abonado a estos radicalismos. Lo único sorprendente, en este caso, es que se diera en los mejores momentos económicos de los últimos cien años.

Ambas cosas, ceguera y aspereza civil llevaron a que no se pudiera llegar a un acuerdo de desarrollo sostenible del país que nos hubiera ahorrado las consecuencias más dramáticas de la crisis. Un ejemplo: uno de los mejores ministros de educación de los útlimos años ha sido Ángel Gabilondo (2009-2011). A pesar de que estuvo a punto de conseguir un gran pacto de estado para reformar la educación en España, a última hora todo fue imposible precisamente por la estrategia de crispación según la cual al enemigo político no se le debía dar esa baza. Es curioso que los dos grandes partidos políticos españoles solo hayan llegado a un gran acuerdo en los últimos tiempos: una reforma urgente de la Constitución española no sometida a referendum y obligada por la Unión Europea para limitar el déficit público.

Noticias de nuestras lecturas

Antonio Aguilera vuelve al Club de lectura por la puerta grande, con su primer comentario revulsivo de Todo lo que era sólido, abordando la burbuja inmobiliaria.

Pancho comienza su aportación sobre la obra de Muñoz Molina por el comentario de la portada, la cita y la autocomplacencia que nos cegó ante lo que iba a ocurrir. Excelente, como también su segunda entrada, en la que aborda las causas generales del descrédito del sistema parlamentario y una característica de la obra de Muñoz Molina: cómo parte del retrato de personajes concretos que adquieren calidad de tipos sociales que aclaran lo que en España ha pasado en los últimos años.

Paco Cuesta redacta un magnífico análisis de la perspectiva ideológica de Todo lo que era sólido, una reflexión que integra y no disgrega.

Mª Ángeles Merino sigue con su sagaz forma dialogada de comentar el ensayo de Muñoz Molina, aquí para explicar que donde había dinero ya no lo hay...

Myriam realiza una excelente aportación a la lectura: parte del texto de Muñoz Molina para hacer un análisis de las raíces de los comportamientos tan españoles mencionados por el autor y que están en la raiz de todo.

Gelu publica su tercera entrada sobre La estafeta romántica de Galdós. Llama mucho la atención el uso de las obras literarias en Galdós para la contextualización de una época.
 
Mª Ángeles Merino sigue con el comentario de Intemperie. Llega aquí al momento en el que el muchacho debe tomar las riendas de su vida y hacerse cargo incluso del pastor.

Ya sabéis que recojo en estas entradas de los jueves los comentarios que los seguidores del Club de lectura hacen en su blog hasta el miércoles y aquellos que me dé tiempo del mismo jueves. Si me he olvidado de alguno, os agradecería que me lo hicierais saber.

jueves, 5 de diciembre de 2013

El intelectual que opina (prólogo a una lectura de Todo lo que era sólido de Antonio Muñoz Molina) y noticias de nuestras lecturas, con el recuerdo del tercer aniversario de nuestra comida quijotesca


La publicación de J´Accuse el 13 de enero de 1898 en la primera página del periódico L´Aurore suele proponerse como la fecha de aparición del intelectual comprometido en los medios de comunicación modernos. Aunque no sea cierto puesto que toda la historia de la prensa no es otra cosa, la repercusión que tuvo el texto de Émile Zola por la personalidad del autor, la importancia del asunto que se trataba y la rápida difusión de esta carta abierta dirigida al presidente de la República francesa, consagra esta fecha como la cristalización de la idea moderna del intelectual. Desde entonces, esta figura ha tenido múltiples evoluciones y un cierto desgaste que, en algunos medios muy interesados, la han llevado al descrédito.

Cuando la filosofía o el pensamiento se limitaba a hablar de cosas en apariencia nada terrenales o su difusión se daba entre círculos minoritarios, el debate poco podía afectar a las personas que en él intervenían. A pesar de ello, Sócrates tuvo que tomar la cicuta que le tendió la mano del verdugo. A partir de la Ilustración, los pensadores comenzaron a tratar de asuntos muy concretos casi de forma única. Y, lo que es más interesante, usaron de la imprenta y de la prensa desde su inicio de una forma radicalmente nueva: ensayo y artículo de periódico son géneros hermanados desde entonces. De hecho, puede afirmarse que en las páginas de la historia de la prensa periódica está la historia del pensamiento occidental desde el siglo XIX hasta la actualidad y que no hay un solo pensador de relevancia en el último siglo que no haya sido colaborador en algún periódico. Y el diario, por su misma concepción, tiene un compromiso con la actualidad.

La generalización y el acceso a la información a través de Internet ha provocado, además, que aquellos pensadores que nos parecían tan alejados sean ahora una realidad muy próxima. Los vemos en televisión, conocemos su rostro por las fotografías y los avatares más pequeños de su biografía. Por eso, ser un intelectual que opina sobre cosas concretas de nuestra realidad tiene hoy mayor riesgo que nunca. Someterse a la mirada crítica de aquellos a los que les molesta lo que se dice exige una pulcritud y una coherencia que pocas personas tienen.  O ninguna, porque todos somos humanos y cometemos errores y caemos en la incogruencia mayor o menor entre nuestro pensamiento y nuestra vida. El problema no es esto sino cuánto margen nos darán nuestros enemigos y, sobre todo, cuánto nos perdonarán nuestros seguidores. Porque a veces tenemos esa cosa: no perdonamos al que opina aquellas cosas en las que incurrimos a diario.

Antonio Muñoz Molina, novelista de éxito desde la aparición de su segunda novela (El invierno en Lisboa, 1987), es también uno de esos intelectuales que opinan en la prensa sobre cuestiones de actualidad y que también ha utilizado el ensayo con regularidad, especialmente sobre temas literarios. No puede entenderse la obra de Muñoz Molina sin esta faceta suya, tan constante e importante desde los primeros artículos publicados en el diario granadino Ideal (recopilados en el Robinson urbano, 1984). Son miles de páginas las que ha publicado así y que contribuyen a crearnos la imagen de un escritor con un pensamiento cívico cuya raíz es la postmodernidad (es decir, la poca solidez de las grandes ideologías, el individuo como un superviviente de la historia que debe pactar consigo mismo y buscar su integridad biográfica y ética en compromisos con los otros y su entorno) y la relación con una línea de pensamiento que lleva hasta lo mejor del republicanismo democrático español de las primeras décadas del siglo XX, especialemente en la defensa de la sociedad civil como máxima expresión de la democracia y la importancia de la educación y la cultura en el mundo actual.

Como pensador sobre cuestiones de actualidad, sus opiniones durante mucho tiempo han coincidido con lo que se conoce como socialdemocracia. Contrario al franquismo y a su influencia en el pensamiento de la derecha española tras la Transición, opuesto también a los maximalismos de la izquierda que sigue sosteniendo la pureza de las ideas marxistas a la manera del sueño soviético, ha coincidido en vivencias biográficas y en ideas con una mayoría amplia de la población española. Por su posicionamiento, no ha dejado de recibir críticas desde los sectores que quedan a un lado y a otro. Un cierto apartamiento de la vida pública española (junto al hecho de que haya residido durante gran parte de los últimos años en Nueva York) y la evolución de la población española, junto a la radicaliación de la opinión públicada por los medios de comunicación en los últimos tiempos hace que comience a parecer menos coincidente con la opinión mayoritaria, como suele pasar en tiempos de radicalización con aquellos que mantienen ideas más centradas y a los que se les exige un mayor compromiso con las ideas más radicales. Quizá no sea Muñoz Molina apropiado para tiempos de radicalización de opiniones pero, precisamente por eso, siempre es oportuno leerlo. Además, claro, de por estrictos motivos literarios.

Todo lo que era sólido nace como ensayo reflexivo sobre lo que ha ocurrido en España en las últimas décadas. Por eso mismo es arriesgado: todos hemos estado ahí y todos tenemos opinión sobre lo que ha ocurrido y todos podemos recordar dónde estuvo o no estuvo el autor o, mejor dicho, cada uno querrá opinar sobre dónde querría que hubiera estado el autor, como si este fuera un individuo obligado a pensar de una u otra manera. De ahí a la crítica feroz o incluso el ataque personal hay un paso. A Muñoz Molina le ha sucedido en varias ocasiones, tanto por ganar el Premio Pleneta como por haber aceptado el cargo de director del Instituo Cervantes de Nueva York o el Premio Jerusalén, o por no haber sido lo suficientemente crítico con algunos gobernantes próximos a su ideología. Este es uno de los mayores riesgos al que se somete el autor de un ensayo como el que nos ocupará el mes de diciembre. El otro será la relevancia del análisis al que somete a la sociedad española.


Noticias de nuestras lecturas

Cien años hay del comienzo de la entrada pórtico de Paco Cuesta sobre Todo lo que era sólido y su final. Cien años que explican cosas.

No os perdáis la acertada forma en la que enlaza Mª Ángeles Merino la lectura de La estafeta romántica con la de Todo lo que era sólido: una relación epistolar entre dos mujeres burgalesas. Aparte de eso, os recomiendo que prestéis atención a la selección de sus textos y sus enlaces.


Pancho acierta, de nuevo, al abordar La estafeta romántica: con cuánto acierto selecciona, comenta e ilumina los temas, los tonos de los personajes y la técnica epistolar galdosiana.

Luz del Olmo nos demuestra que para Galdós la relación epistolar no solo era una forma de escribir novelas sino parte de su vida. No os perdáis la anécdota reumática...

Myriam publica el colofón a su análisis de las relaciones sentimentales y la psicología de los personajes de La estafeta romántica de Galdós, relatando los casos más significados en los que se comienzan a dar los síntomas por los que se resquebrajará la moral tradicional de aquellos tiempos. Excelente e imprescindible contextualización.

Aniversario de la comida quijotesca


La lectura colectiva del Quijote que comenzamos el 24 de abril de 2008 tuvo como fin de fiesta la reunión en Ibeas de Juarros para comer una buena olla podrida. Ayer se cumplieron 3 años. De aquel proyecto, primera experiencia realizada de lectura completa y colectiva de la novela cervantina en la que se emplearon los medios de la web 2.0, proceden muchas cosas: la amistad entre todos los que tomamos parte, la lectura permanente del Quijote que se mantiene en este espacio, la idea de nuestro club de lectura y un gratísimo recuerdo de las horas que pasamos juntos aquellos que pudimos acudir.

Ya sabéis que recojo en estas entradas de los jueves los comentarios que los seguidores del Club de lectura hacen en su blog hasta el miércoles y aquellos que me dé tiempo del mismo jueves. Si me he olvidado de alguno, os agradecería que me lo hicierais saber.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Actualidad de La estafeta romántica y noticias de nuestras lecturas, con recordatorio de la que nos ocupará el mes de diciembre.


Una de las razones que me llevaron a proponer La estafeta romántica entre las lecturas del presente curso era comprobar cómo se sostenía hoy Galdós. Y no precisamente en los más aventureros episodios, con más acción y dinamismo, que sabía podían sostenerse sobre todo por la actualización del género que lleva a cabo especialmente Arturo Pérez Reverte -supongo que confeso seguidor de don Benito-, sino en uno muy diferente, escrito cuando don Benito miraba ya ceñudo a la burguesía española del siglo XIX, que le había decepcionado.

Siguen impecablemente vigentes las técnicas propias del folletín decimonónico. Esta novela nos lleva a querer leer la anterior y la siguiente, toda la serie, en verdad, precisamente porque nos aproxima a los personajes con sabiduría, a sus preocupaciones y a su tiempo y queremos saber más de ellos. Desde mi punto de vista, también sigue muy vigente la profundización psicológica en los personajes, retratando varios tipos sociales de la época: el romántico, los jóvenes, los adultos, los fanáticos, las mujeres que miran por su familia -estas son la principal razón del libro. El estilo está pegado a estos personajes, sobre todo a los que pertenecen a la burguesía. Con los matices propios del sesgo literario, podemos reconstruir la forma como se trataban en el formato ritualizado de la carta.

Hay algo que llama la atención al lector hoy. Sobre todo si el lector es joven o no está acostumbrado a la literatura epistolar. Con el correo electrónico, los sms y otros medios de mensajería inmediata electrónica, han desaparecido las cartas, aquellas cartas que se escribían de puño y letra. Galdós sabe adaptar el ritmo de la carta manuscrita en su obra: vemos todos los matices de esta escritura (el formato, los cambios de tono, la forma de tratarse, la postdata, etc.) y este ritmo y estos matices son parte esencial de La estafeta romántica desde el propio título. No estoy seguro de que muchos lectores sepan adaptarse a él hoy en día. Una lástima. Quizá vivamos demasiado deprisa.


Noticias de nuestras lecturas

Myriam aborda las relaciones sentimentales tejidas en la novela de Galdós a través de ese peculiar confesonario que son las cartas. Excelentes sus entradas (1 y 2), que recomiendo leer para comprender este punto esencial de La estafeta romántica.

Pancho analiza en su entrada extraordinariamente la variedad de tonos y temas de las cartas que avanzan ya hacia el conflicto central de la obra.

Mª Ángeles Merino escribe a doña Pilar Loaysa y le comenta los pormenores del cruce de historias. Juega con ventaja, pero se pone en la piel de un personaje más que escribe cartas...

Luz del Olmo nos regala un listado de amores galdosianos. Don Benito no para de darnos sorpresas.

Gelu continúa su tarea de seleccionar fragmentos de la novela galdosiana e ilustrarlos, con oportunos enlaces incluidos que merecen visita.

 Lectura del mes de diciembre


Comenzamos con la lectura de Todo lo que era sólido, la última obra de Antonio Muñoz Molina, un ensayo sobre lo que ha ocurrido en España en los últimos años. Nos ocupará todos los jueves del mes de diciembre. Una buena oportunidad para reflexionar sobre lo que nos ha ocurrido como sociedad y como país.

jueves, 21 de noviembre de 2013

La historia es algo que pasa lejos y noticias de nuestras lecturas


Al leer La estafeta romántica percibimos que para los personajes que escriben estas cartas, la historia es algo que pasa por allí, en las proximidades, pero no forma parte sustancial de sus vidas. Ya se ha comentado el cambio de actitud de Galdós a lo largo de los Episodios nacionales. En las primeras series, la historia española del siglo XIX -la gran historia- está más presente en la vida de los protagonistas, algo que afecta profundamente a sus vidas y que los impulsa a acciones o cambios de planes. Sin embargo, en la serie a la que pertenece esta novelita la historia se ha alejado de sus vidas. No es que no importe, es que es algo que ocurre lejos y de lo que llegan ecos que no tienen gran efecto en la vida cotidiana. Galdós tejió los Episodios para dar un cuadro del siglo XIX y para ello echa mano de acontecimientos históricos, personajes reales, sucesos de todo tipo, vida cultural y vida cotidiana. Pero sobre todo toma el pulso a la historia de España desde la mentalidad de la clase burguesa que tenía que haber encabezado el cambio y que poco a poco se acomoda a la nueva situación y deja de ser el necesario impulso revolucionario que trasformara el país. Por eso, muy inteligentemente, centra La estafeta romántica en las intrigas de dos mujeres cuyo principal objetivo es concertar matrimonios que aumenten el patrimonio familiar, independiententeme de las guerras carlistas o de las modas románticas. La historia es algo que conocen indirectamente porque su sentido práctico les dice que se dediquen a otras cosas de más provecho. Es un guiño inteligente por parte de Galdós quien, a finales del siglo XIX, ya había comprendido el hondo fracaso de todo un siglo revolucionario. Por eso lo mira desde estas dos mujeres que se escriben alejadas de la corte madrileña o de todo escenario que las aproximara a la historia convulsa del siglo.

Noticias de nuestras lecturas

La estafeta romántica, de Benito Pérez Galdós

Mª Ángeles Merino se dirige a Fernando para comentarle las cartas que de él y de su romanticismo -y del romanticismo en general- se escriben en el texto. No os perdáis las ilustraciones.

Myriam se lanza a una tarea necesaria para comprender la novela -y la obra narrativa entera de Galdós-, su acercamiento a la mente femeninda. Aquí, con más necesidad, dado el carácter de las mujeres que escriben las cartas de la obra. En su primera entrada estudia a Doña María Tirgo, Juana Teresa, Demetria, Gracia. En la segunda, Valvanera, Pilar, Aura, Nicolasa, Pepita, Justina, Jerónima, Carlota y Consolación. Finalmente, concluye su primera aportación sobre la caracterización psicológica de estas mujeres. Son entradas imprescindibles por la forma de penetrar en el carácter de estas mujeres.

Del magnífico análisis de las seis cartas correspondientes que hace Pancho se puede desprender el gran conocimiento de la psicología humana que tenía Galdós. No puedo estar más de acuerdo con la afirmación inicial de su entrada.

Ele Bergón rescata una interesantísima curiosidad: la noticia del final de la revisión de las pruebas de imprenta de La estafeta romántica y el testimonio del trabajo infatigable de don Benito. No os lo perdáis.

Paco Cuesta va del bosque de personajes de la obra a la individualidad y se hace una interesante pregunta al final de la entrada.

Gelu realiza su primera aportación sobre la novela de Galdós y repasa adaptaciones al cine de su obra y la biografía del autor. No os perdáis sus enlaces.


Ya sabéis que recojo en estas entradas de los jueves los comentarios que los seguidores del Club de lectura hacen en su blog hasta el miércoles y aquellos que me dé tiempo del mismo jueves. Si me he olvidado de alguno, os agradecería que me lo hicierais saber.

El pasado martes, día 19, tuvo lugar la sesión del Club de lectura presencial correspondiente al mes de noviembre. Aunque en ella dimos cuenta de la lectura de La estafeta romántica, en los blogs todavía seguiremos ocupándonos de esta obra el resto del mes. En diciembre leeremos Todo lo que era sólido, de Antonio Muñoz Molina. En la citada sesión se procedió a la primera selección de textos para el próximo curso a propuesta de los participantes.


jueves, 14 de noviembre de 2013

Las dos cartas iniciales de La estafeta romántica como ejemplo de la técnica epistolar en Benito Pérez Galdós y noticias de nuestras lecturas


Las dos cartas iniciales de La estafeta romántica son un prodigio de habilidad narrativa. En ellas se condensa todo el tono que quiere dar Galdós a este episodio. A la altura de 1899, cuando Galdós lo redacta y publica, el novelista es dueño de una intención clara en estas novelitas. Su pretensión de dar cuenta de la historia de España del siglo XIX no ha cambiado, pero sí se han modificado sus entusiasmos iniciales. Pasada la Revolución de la Gloriosa, en medio de la Restauración y abocado el país a una decadencia que supone su pérdida de peso internacional, a Galdós le ha decepcionado la burguesía que debería haberse encargado de la modernización del país: aquella burguesía revolucionaria ha fracasado, en buena medida, y no ha cambiado suficientemente ni las estructuras socioeconómicas ni las mentales de la nación. De ahí que estos elementos burgueses que aparecen en la serie a la que pertenece La estafeta romántica sean vistos desde un ángulo menos heroico: este heroísmo irá depositándose cada vez más en el pueblo. A esto se suma la crítica que realiza Galdós de los excesos románticos, a los que ve fruto de impulsos infructuosos que desgastaron a una generación idealista sin conseguir unos avances concretos.

Mucho de eso hay en la elección de las dos mujeres que se escriben estas dos primeras cartas. Alejadas de todo heroísmo y todas las veleidades políticas, ambas hablan, fundamentalmente, de "su asunto" que no es otro que la preocupación por los jóvenes, su estabilidad emocional y la forma de concertarles la boda que a ellas les gustaría, siempre en beneficio de la familia, claro.Estas dos cartas facilitan el acceso a la novela a aquellos lectores que no hayan leído los episodios anteriores de la serie. Se nos informa de los datos más relevantes para que podamos comprender las circunstancias en las que se encuentran los protagonistas, con un resumen rápido de los antecedentes. A doña María Tirgo y a la marquesa de Sariñán, a la altura de febrero de 1837, lo que verdaderamente les intersa es saber cómo está Demetria y si Fernando Calpena puede suponer o no una molestia que tuerza los planes que tienen para ella. Galdós sabe adentrarse en el carácter de estas dos mujeres. Sabe captar muy bien Galdós la mentalidad de este tipo de mujeres cuya preocupación fundamental son esas circunstancias familiares y a las que las cosas del mundo les llega como telón de fondo. Su edad y su carácter práctico, además, las hacen criticar tanto los romanticismos de los jóvenes como las calaveradas de los mayores. Pertenecen a una burguesía acomodada -incluso ennoblecida- conservadora, que no quiere más sustos que los naturales de la vida, que ya les parecen mucho. Y así van, en sus cartas, hablando de todo pero centrándose, sobre todo, en las estrategias que les procuren el final feliz de sus planes. Hasta en ese ir y venir de las cartas y en lenguaje, Galdós sabe captar el espíritu de esa clase social.

Noticias de nuestras lecturas

La estafeta romántica de Benito Pérez Galdós

Myriam introduce la lectura y anuncia los objetivos de sus entradas al analizar la obra desde el punto de vista de los personajes femeninos y las relaciones sentimentales. Excelente aperitivo.

Paco Cuesta analiza con fineza extraordinaria el motivo del suicidio de Larra en la obra.

No os perdáis la entrada de Pancho sobre los pasajes de la obra en los que se relata la muerte y el entierro de Larra. Quiero llamaros la atención sobre las ilustraciones que elige.

Mimosa también se lanza a una oportunísima aportación: las conexiones entre Larra, Werther y Fernando Calpena, que aclaran muchas cosas.

Juega inteligentemente nuestra Mª Ángeles Merino con un diálogo epistolar con nuestro Fernando Calpena, a ver si pone los pies en la tierra el pobre.

Intemperie de Jesús Carrasco

Mª Ángeles Merino continúa narrando desde dentro del niño la historia de esta novela, lo que da otra perspectiva al texto. Llega ahora a su encuentro con el tullido.

Gelu publica su aportación a nuestra lectura de este libro, fijándose en algunos fragmentos y resaltando la altura poética de alguno de ellos.

La ciudad del Gran Rey de Óscar Esquivias

Esta novela de Esquivias -al que tendremos que volver tarde o temprano en el Club de lectura-, compite en una lista de las mejores novelas distópicas. Hay que recordar que fue una de las primeras novelas que comentamos en el club de lectura. Podéis verlo en este enlace.

Ya sabéis que recojo en estas entradas de los jueves los comentarios que los seguidores del Club de lectura hacen en su blog hasta el miércoles y aquellos que me dé tiempo del mismo jueves. Si me he olvidado de alguno, os agradecería que me lo hicierais saber.

jueves, 7 de noviembre de 2013

La estafeta romántica y los Episodios nacionales de Benito Pérez Galdós y noticias de nuestras lecturas


Los Episodios nacionales de Benito Pérez Galdós son el gran cuadro narrativo de la España del siglo XIX hasta el punto de que si alguien deseara conocer la historia convulsa de este siglo podría tomarlos como una fiable aproximación: en ellos se encuentran los principales avatares históricos como los sentimientos, las formas de pensar y las costumbres del país. A partir de 1873 y con la idea de contar un panorama completo de la sociedad de su tiempo (Galdós usaba la novela como herramienta de conocimiento del mundo), dio a la imprenta cuatro series completas de diez novelas cada una (la primera abarca la Guerra de la Indepencia y su protagonista es Gabriel Araceli; la segunda nos lleva hasta la muerte de Fernando VII y se ocupa del conflicto entre liberarles y absolutistas y es protagonizada por el Salvador Monsalud; la tercera trata de la Primera Guerra carlista y la protagoniza Fernando Calpena y la cuarta del período comprendido entre la Revolución de 1848 y la de 1868, protagonizada por José García Fajardo)  y una que quedó imcompleta (que nos llevaría hasta la Restauración borbónica y está protagonizada por el narrador, Tito). El proyecto, que durante algún tiempo mereció críticas de un sector de los escritores y estudiosos españoles, nunca perdió el atractivo para los lectores y ha sido muy imitado por diferentes autores hasta hoy. Algunos rindiéndole un homenaje explícito recientemente, como Arturo Pérez Reverte (sobre todo en Cabo Trafalgar, pero también en Un día de cólera o El asedio). Posiblemente, Pérez Reverte sea quien mejor haya sabido ocupar el hueco ocupado en su día por Galdós en la narrativa española.

Los protagonistas de cada serie nos marcan las perspectivas argumentales adoptadas por el autor, puesto que junto a la explicación de los grandes acontecimientos históricos no dejaba de reflejar la forma de ser y pensar de los españoles del momento, sus costumbres, etc. Así, Gabriel Araceli es un joven aventurero que surca todos los cambios del momento y explica la modernización de la estructura social del país; Salvador Monsalud es un joven liberal luchador constante por el triunfo de esta ideología; Fernando Calpena es un romántico; José García Fajardo es una persona a la que la política ya no le interesa como a los anteriores y Tito es un narrador en primera persona que reflexiona con cierta distancia sobre lo que ocurre.

Galdós nos dejó en estas novelitas su visión de lo que ocurrió en la España del siglo XIX. Su mirada a la historia de España contiene un elemento esencial que la explica: España no ha tenido suerte con sus dirigentes y el pueblo se ha llevado por manifestaciones emocionales. De él surgen los héroes que lo representan y que sacrifican su esfuerzo y en muchas ocasiones su vida sin obtener una recompensa a la altura de sus acciones. Así, la historia de la revolución -y de la contrarrevolución- española del siglo XIX es un complejo entramado que avanza pero no llega nunca a concretarse en grandes realidades. Sobre esta visión de la historia de España Galdós suele adoptar la mirada del cronista. De las épocas anteriores a su llegada a Madrid en 1862 se informó a través de entrevistas con los protagonistas vivos, la memoria oral y, sobre todo, la prensa y las muchas memorias escritas que se ocupan del período. Levantó con ello un testimonio histórico en el que no falta nada de lo esencial y por el que circulan, de una u otra manera, todos los protagonistas, aunque siempre busque un héroe de ficción que explique los hechos.

La novela escogida para comentar en este mes, La estafeta romántica, pertenece a la tercera serie. Al no ser la primera de ella, puede suponer una cierta dificultad para los lectores que necesiten una previa presentación de los personajes, pero este reto es interesante para aquellos que no hayan leído las novelas anteriores puesto que exige una mayor atención de la que se sacará mayor deleite. Supone un significativo cambio técnio al elegir la modalidad epistolar. Aparte de buscar la variedad y no caer en la monotonía de la crónica novelada, Galdós usa esta técnica para otras cosas: abordar una modalidad, la de  la narrativa epistolar, poco cultivada en España pero, sobre todo, para dar paso a la voz femenina en su mayor intimidad. En efecto, Galdós, que siempre mostró una aproximación a los personajes femeninos en su novela, los relata aquí desde dentro, adoptando inteligentemente la fórmula epistolar para ganar en verosimilitud.

Noticias de nuestras lecturas
Intemperie

Mª Ángeles Merino comenta con fina perspectiva una de las notas características de Intemperie de Jesús Carrasco: la ausencia de personajes femeninos.

Anabel Rodríguez escribe sus impresiones de Intemperie a partir de la idea de que en ella hay una extraordinaria película del oeste. Y eso que no le gusta leer en otoño...

La estafeta romántica

Mª Ángeles Merino le busca la forma a la novela para entrar dentro de ella a la misma altura de los personajes. No os lo perdáis.

Paco Cuesta nos lleva de un lado a otro para introducirnos en La estafeta romántica: parece que se dispersa, pero no, ata las muchas cosas de su entrada, como quien no quiere la cosa, de forma certera.

Mimosa escribe una entrada oportuna. Tras regalarnos un relato impagable de su vinculación con Galdós, nos facilita una guía de personajes y cartas que será muy útil para aquellos lectores que la necesiten.

Excelente entrada la de Pancho para comenzar su lectura de La estafeta romántica. Desde el inicio hasta el final y todo ello bien ilustrado.

Ele Bergón -Luz del Olmo- nos regala una preciosidad para quien no conozca la relación que exitió entre Galdós y doña Emilia Pardo Bazán. No digo más.

Ya sabéis que recojo en estas entradas de los jueves los comentarios que los seguidores del Club de lectura hacen en su blog hasta el miércoles y aquellos que me dé tiempo del mismo jueves. Si me he olvidado de alguno, os agradecería que me lo hicierais saber.