viernes, 1 de enero de 2016
Piel en Béjar y una pausa de unos días
miércoles, 23 de diciembre de 2015
No digo que me haya reconciliado con la Navidad
miércoles, 2 de septiembre de 2015
Como en esas canciones que te gustan
Qué pellizco en la boca del estómago
y en la garganta qué nudo. Te fuiste
a tus días en Ríos Rosas porque
llegaba ya tu metro,
como si hubiera escrito a vuelavida
un relato de adioses y hastaluegos
cuando eras una niña y te llevaba
la merienda a la puerta del colegio.
Te me quedé mirando:
en tus ojos llevabas la inocencia
de quien busca explorar todas las calles
de todas las ciudades de este mundo.
Que se abran para ti por las mañanas,
como en esas canciones que te gustan.
domingo, 22 de junio de 2014
Un día para la música
viernes, 20 de junio de 2014
La calle de los versos
viernes, 13 de septiembre de 2013
Indë en Béjar
sábado, 20 de septiembre de 2008
Mamma mia!
viernes, 20 de junio de 2008
La casa llena de ruido.
lunes, 22 de octubre de 2007
Saltar la tapia.
jueves, 4 de octubre de 2007
El creador de leyendas.
El mundo es tan frágil e incierto que, para sobrellevarlo, necesitamos apoyarnos en narraciones mágicas. Todas ellas fueron creadas por alguien aunque no conozcamos su nombre. Algunas nos manipulan para ponernos el bocado como a las caballerías: freno a la originalidad del pensamiento o cauce forzado de sentimientos colectivos. A veces el bocado lo aceptamos mansamente por nuestro miedo a ser libres. Pero no quiero hoy caer en lo teórico y llevar la argumentación a lo político, lo teológico ni lo histórico. He pasado mala noche y llevo un mal día, estoy cansado y con desgana. Qué se le va a hacer. Quizá necesite descansar la mirada.
Voy a contar un secreto. Uno, en su vida, ha hecho muchas cosas, como todos. De algunas no quiero acordarme, de otras voy haciéndolo por aquí. De joven trabajé como guía turístico una temporada. Hablo de hace más de veinte años. Ya contaré mis experiencias en el interior de la Catedral de Burgos que merecerían ser narradas por Esquivias no sé si en su purgatorio o en su infierno. Pero hoy toca esta fachada barroca, la de la Universidad de Valladolid.
Un verano, con un grupo al que había acompañado a Salamanca mostrándoles el manido tópico de la rana de la fachada de la portada de la Universidad, surgió la pregunta de si en la de Valladolid no había animal emblemático. No sé por qué les dije que no pero que, si tuvieran la osadía de contar el número de columnas de la fachada, corría la tradición de que no aprobarían jamás los estudios. Algunos, los menos supersticiosos, iniciaron la suma. Otros se taparon los oídos, alarmados. Reconozco haber pasado un rato divertido. Volví a contar la anécdota varias veces ese mismo año y en los siguientes, a grupos de visitantes pero también a amigos y compañeros. Lo gracioso del asunto es que, tiempo después, cuando yo mismo lo había olvidado, una persona me la contó como algo que se decía desde antiguo. Ya no sé bien si me inventé la historia o la había oído de niño y la rememoré de forma inconsciente.
Quizá ahora debería pensar algo para mis gárgolas del Hospital del Rey de Burgos para recibirlo cuando esté a punto de jubilarme y dude ya, definitivamente, de todo. Si me sobrevivo.
Todavía hoy no he sumado el número de columnas, pero sí que le he contado la leyenda a mi hija Elena.
viernes, 7 de septiembre de 2007
Cajón de sastre. Unas (pocas) noticias locales.
lunes, 13 de agosto de 2007
Yo es que soy de letras.
martes, 5 de junio de 2007
Dos diablillas.









