Una de las fuentes de inspiración de Picasso fue, sin duda alguna, el erotismo. No es solo que le sirviera de metáfora para hablar de arte y de la relación del artista con la creación -que es, en gran medida, el tema por excelencia de Picasso- sino que se convirtió en tema directo de su obra. Un erotismo franco, que no se esconde sino que se pone en el primer plano como símbolo de la fertilidad del arte y, por lo tanto, del mundo. Esta temática se fue agudizando en Picasso con el paso de los años y las circunstancias históricas: explota como celebración de la vida tras la Segunda guerra mundial. A este tema se le han dedicado ya varias monografías y exposiciones del artista, como la magnífica Picasso erótico del 2001.
El pasado viernes se inauguró en la Sala de las Francesas de Valladolid, otra exposición que nos devuelve a este núcleo de la pintura de Picasso: Picasso. La mujer y la seducción clásica. Aunque -por lo dicho en el primer párrafo- suene a ya vista y sea un tanto amalgama de cosas sin profundizar en ninguna, siempre es apreciable el afán por divulgar la obra de uno de los artistas más significados del siglo XX. Consta de varios capítulos: Bajo el signo de Apolo (en donde Picasso se enfrenta con el mundo clásico a partir de la figura del dios, a la vez imagen de la belleza y del artista), La metamorfosis de Ovidio (en la que se muestra una selección de dibujos en los que Picasso interpreta esta obra clásica), Nuda veritas (celebración del cuerpo desnudo), Ecos de Cranach (a partir del diálogo de Picasso con la obra de Lucas Cranach el Viejo, pintor renacentista), Atracción y deseo (que muestra la explosión de la carne en Picasso), Harén y gineceo (sobre la figura de la mujer en lugares cerrados) y Musa (una serie de obras que muestran la inspiración concreta a partir de la relación con las modelos del pintor).
Esta exposición no sorprenderá a los conocedores de Picasso, pero siempre es grato volver a enfrentarse a la obra de este artista y celebrar con él la vida y el erotismo. Es decir, el arte.